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Ensalada de tomate y espárragos con pesto ligero de nueces

septiembre 10, 2026
Hace diez años, un poco sin ton ni son  -como suele ser norma en mí- me lié la manta a la cabeza y te hablé de OCEAN y el Big Data a costa de un artículo que leí por la red. Sin saberlo, estaba divagando con algo que se destapó un año después: en marzo de 2018 salió lo de Cambridge Analytica, que había explotado el modelo Big Five con datos de 50 millones de usuarios de Facebook (sacados de una app de personalidad que también absorbía datos de los amigos de quien la usaba) para construir perfiles psicográficos que se vendieron a campañas como la de Cruz y luego la de Trump. Este caso fue un misil moral que nos dejó un poco hechos polvo a todos por aquello de lo fácil que es para las élites demoler los procesos democráticos.

Claro, esto ahora da risa. Suena casi hasta infantil. Porque en tan solo una década hemos elevado el concepto de la ciber-manipulación al nivel dios. Hoy pueden no solo leer nuestras mentes para saber qué nos asusta o nos emociona, sino que además los algoritmos escriben y generan contenidos concretos y deliberados para desbocar ciertas emociones dónde y cuándo quieran. El bombardeo emocional es tan brutal que primero, nos manejan y malean con sus temas y luego, casi sin tiempo para reflexionar, nos noquean en un periquete generando saturación de fakes. Porque las ciber-milongas pueden con la mente más templada, eso es seguro.

Pero lo mismo estoy corriendo demasiado. ¿Qué es eso del Big Five? Te lo cuento bien picadito: los humanos somos más sencillitos de lo que parece y todos nosotros estamos clasificados en tan solo 5 perfiles:

Openness: Evalúa la creatividad, la curiosidad; personas que siguen páginas de arte, ciencia, viajes o consumen contenidos fuera de la corriente principal.

Conscientiousness: Mide la autodisciplina, la organización; personas que buscan publicaciones estructuradas, un uso frecuente de herramientas de productividad y planificación.

Extraversion: Señala la sociabilidad; personas que se identifican por la cantidad de amigos o seguidores, la frecuencia de publicaciones, las fotos o interacciones.

Agreeableness: Mide el nivel de empatía y confianza; son personas que usan palabras positivas, interacciones pacíficas, apoyos en campañas sociales y evitan la confrontación.

Neuroticism: Evalúa la tendencia a emociones como la ansiedad o la vulnerabilidad; personas que recurren a palabras con carga emocional negativa, quejas y demás mierdis.

Así que cuando los Big Five los cruzaron con el Big Data, a todos nos calaron con el OCEAN que no deja rastro de sal ni resaca. Sin decir esta boca es mía, nos empujan a sus profundidades. Sean las que sean.
Dicho lo dicho ¿qué es lo que ha cambiado desde las trufas de Baileys? Todo querido lector. No es por asustarte -o sí- pero se han transformado mucho, tanto en el campo de acción como las herramientas necesarias para que no solo las élites se zampen el pastel. Necesitan ruido de por medio para que no nos fijemos en sus movidas. Además, ya no hace falta robar likes de Facebook para perfilar a alguien; ahora la IA generativa hace todo el trabajo. Desde analizar los patrones de navegación y redes para segmentar a los parroquianos en microgrupos, hasta generar contenidos a imagen y semejanza de cada internauta. Ya ni siquiera hace falta que sean deepfakes requeteelaborados. Los cheapfakes -manipulaciones con IA mucho más cutres- funcionan de maravilla y solo hay que ver el éxito que tuvieron en las elecciones argentinas de 2025. O ver las redes sociales de la Casa Blanca, que son puro insulto a la inteligencia humana. Y ahí están.

Saben cuándo y qué compramos, a dónde vamos, costumbres y rutinas. Saben cuáles son nuestras dinámicas domésticas y familiares porque cruzan información de los dispositivos de una misma red Wifi o router. ¿No has tenido la certeza de que te están escuchando o viendo? Pues la verdad es mucho más retorcida. Si esto pasara, lo sabríamos porque dejarían rastro: batería, indicador visual y tráfico de datos detectable. No, no necesitan exponerse tanto porque con toda la información que recogen de nosotros, de nuestro entorno, de las cookies y de nuestros pasos -porque ya no somos capaces de irnos a hacer pis sin la pantalla en la mano- tienen más que de sobra para bombardearnos con publicidad o con manipulación político-social; o simplemente para influenciar en nuestros hábitos por lo que sea, que mi mente retorcida no llega a tanto. Y sobre ese "lo que sea" que bien podríamos llamarlo adicción, si te interesa lo hablamos la próxima vez.

No hay salida. Esa es la realidad. Qué bonito es tener tanto conocimiento al alcance de la mano. Poder seguir la actualidad del mundo -en mi caso, seguir conectada a mi Heimat-, no perder del radar emocional a amistades, familiares, colegas... inspiración, diversión, divulgación; calidad de contenidos que están enterrados en toneladas de basura, tendencias virales absurdas y demás tontadas que entrenan nuestra mente para absorber lo que sea sin pestañear.

En fin, que en una década hemos pasado de las fábricas de datos a las fábricas de contenido. Ya no merece la pena clasificarnos porque por el mismo precio, caballero, se lleva usted un dos por uno: porque para qué etiquetarnos respetando el libre albedrío si con el mismo esfuerzo, es factible manipularnos de forma que si el Five nos considera una C o E, una IA generativa nos puede convertir de un plumazo en N; para qué acumular perfiles a lo tonto cuando pueden cambiarnos -reclutarnos- a su antojo cuando sea necesario. Mira lo que ha pasado en Ceuta y dime tú cómo hubiera sido posible polarizar y generar esta crisis política, social y humanitaria sin las pantallas. Piensa en ello.
Y ahora ¿en qué punto estamos?

Mientras el mundo se esfuerza en querer legislar las redes sociales y las IAs, las compañías y corporaciones se escapan una y otra vez. No cumplen con sus compromisos éticos, lo arreglan todo pagando multas e indemnizaciones que en los titulares quedan como cifras espectaculares -para unos pobretones como tú o yo- pero que para ellos es pura calderilla.

Y por más que los legisladores quieren avanzar, más rápido se escapan ellos de sus deberes, obligaciones o responsabilidades. Hacen lo que les da la gana y sin ruborizarse. El RGPD europeo de 2018 obliga a pedir consentimiento para este tipo de rastreos y espionajes a los que nos someten y tendríamos derecho a oponernos. El problema es que la ley está bajo un asedio infinito y requetebien financiado para salirse por la tangente y que quede en papel mojado.

Por su parte, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha advertido sobre cómo las capacidades de los agentes de IA autónomos están avanzando mucho más rápido que las regulaciones para frenarlos. Es decir, hasta ahora la IA generativa ha sido reactiva: un humano tiene que intervenir para que la máquina genere un texto o una imagen falsa.

En cambio, la IA Agéntica opera con total autonomía. Se le da un objetivo general y ella aplicará su propia estrategia y medirá los resultados sin intervención humana. Y no es disparatado imaginar, que esos ataques incontrolados de desinformación llegarán a destruir, por un lado los sistemas democráticos por razones obvias; y por otro llegarán a intoxicar tanto la información que perderemos nuestras referencias pasadas y futuras. Y es de suponer que la competencia entre ellas -si nadie lo impide-, las llevará a querer engañarse unas a otras hasta que un día ya no queden "hechos". Ya no habrá diferencia entre la verdad y el relato que nos quieran inculcar.

Así que ya es hora de que pensemos todos juntos en qué hacer y cuáles van a ser los próximos pasos para detener toda esta locura. No frenar el progreso, sino regularlo ahora que estamos a tiempo. Las redes sociales, las IAs no son el problema sino los que están tomando las decisiones sobre ellas. Estos tipos están pirados y son peligrosos. Se han despegado de la realidad y de la ética. Es hora de que nosotros, los adultos, hagamos más ruido pidiendo más transparencia y control legislativo. Es hora de que los niños y adolescentes sepan lo que les viene encima. Expertos deberían recorrer los colegios e institutos informando a los más jóvenes sobre cómo protegerse del peligro.

No es solo controlar la exposición a las pantallas o alertarlos de las adicciones. Es contarles que o se para esto, o el mundo tal y como lo conocemos se irá a la mierda. Y de paso, también informar a todo dios -como siempre, aunque no sirva de nada- de que el progreso no es el enemigo. Es la ignorancia.
Ingredientes a tu gusto:
  • Tomates variados
  • Espárragos blancos
  • Huevo duro
Pesto ligero:
  • Nueces a tu gusto
  • Unas hojas de albahaca
  • 1-2 dientes de ajo
  • Un buen chorro de limón
  • Un chorrito de aceite de oliva
  • Sal y pimienta
Nota: cuando tritures el pesto, deja que se noten los trocitos de nueces. Le da un toque más rico.

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga

marzo 27, 2026
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
azabache
Del ár. hisp. azzabáǧ, este del ár. clás. sabaǧ, y este del pelvi šabag.
m. Variedad de lignito, dura, compacta, de color negro y susceptible de pulimento, que se emplea como adorno en collares, pendientes, etc., y para hacer esculturas.
m. Pájaro de unos ocho centímetros de largo, con el lomo de color ceniciento oscuro, el vientre blanco y la cabeza y las alas negras.
m. pl. Conjunto de dijes de azabache.
adj. Dicho de un color: Negro intenso y brillante semejante al del azabache. U. t. c. s. m.
adj. De color azabache.
Palabra bonita a rabiar que se me antoja como la mejor compañera de viaje para esta crema naranja salpicada de lentejas azabache con ese negro intenso, brillante y profundo tan característico de las beluga. ¿No es un contraste hermoso? además, ahora que hablamos de viajes y viajeros,  es una piedra semipreciosa -o así la llaman como si su belleza estuviera marcada por su valor de mercado- que para muchos peregrinos del Camino de Santiago ha sido símbolo de protección usándola  a modo de talismán en el deseo -o esperanza- de no sufrir tropiezos ni desdichas en su viaje de regreso a casa.

Pero nosotros aún no regresamos a "casa". Tenemos más camino por delante. ¿Recuerdas que con esta otra crema te advertí que íbamos a estar viajando por la historia? Pues seguimos nuestro personal peregrinaje que iniciamos en Bombay, para luego viajar a Inglaterra y de nuevo regresar a Bombay con el Mulligatawny de Rukhmabai.

Nuestro nuevo compañero de viaje se llamaba Salomón, un hermoso elefante asiático que regalaron a un rey portugués hace ya unos cuantos siglos y que tras años languideciendo en la corte, olvidado por todos menos por su cuidador, tuvo que emprender el camino a Viena, su nuevo hogar porque aprovechando que se casaba su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, el monarca se lo regaló de buena gana ya que se contaba que se le iban los demonios a su majestad cada vez que le contaban cuánto costaba alimentar al animal.

Así que Salomón, acompañado siempre por Subhro -su cornaca hindú y única familia que el elefante había conocido- emprendieron la marcha al noreste en dirección a los Alpes, esos gigantes que se interponían en su camino a Viena,  gesta que ya en su tiempo culminó Aníbal con sus 37 elefantes africanos cruzando los Alpes camino de Roma y se cuenta que al igual que Salomón, consiguieron cruzar los Alpes con dignidad y fortaleza, la cual se vio mermada posteriormente por culpa del frío y de las enfermedades.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Pero sigamos acompañando a Salomón y a Subhro en esta odisea que Saramago relata, como siempre, con maestría evidenciando con sus serenas e inocentes palabras, el despotismo de los poderosos, caprichosos siempre y crueles por ende en su afán de ignorar o explotar a sus súbditos sin desplegar ni una pizca de compasión. 

¿Os imagináis lo que costaba alimentar a Salomón durante el viaje? En cada aldea y pueblo donde se detenían, sus habitantes ya exhaustos de por sí, debían desprenderse de sus provisiones para alimentar al paquidermo en su travesía. En Padua, por ejemplo, el clero pensó que la fiera atraería a muchos fieles así que obligaron a Subhro, el pobre cuidador que nada entendía de esta gente tan veleidosa, a que forzara al gigante a arrodillarse en la Basílica de San Antonio. 

Mientras los curiosos veían a una bestia exótica doblegándose ante dios, solo el cuidador sabía que ese gesto obedecía al cansancio y el hambre del animal, que no dudó en hacer lo que se pedía por un bocado. Y es que así es como siempre los poderosos se salen con la suya: ignorando al necesitado, al desarraigado y al humilde para reafirmar su poder y su autoridad.

Pobre Salomón y pobre Subhro. En Viena le cambiaron el nombre a Solimán, por aquello de estar siempre el Turco acechando y el pobre animal, terminó muriendo de lo mismo que los de Aníbal, de frío y enfermedades contraídas durante el viaje. 

Y sin nadie a quien cuidar, el cornaca cayó en el olvido. Durante un tiempo permaneció en la corte pasando desapercibido para todos hasta que un día el Emperador, o alguien a su servicio, lo despachó regalándole una mula y unas monedas. Nadie sabe qué fue de él. Imagino que quedó atrapado entre dos mundos; entre el desarraigo de sus raíces que quedaban ya tan lejanas y olvidadas; y entre el otro desarraigo, el de quien nunca encajó ni decidió por sí mismo estar donde estaba algo que solo su compañero sabía compensarle haciéndole la vida más digna. Más hermosa. Así que solo y sin rumbo, se le perdió la pista. 

Y así nos lo contó Saramago, entre las dulzuras y los aromas de una bonita historia de amistad entre un elefante y un cornaca, con esa serenidad y ternura de quien ya sabe que se apaga. 

Lo cierto es que sus letras susurran injusticias, las mismas de siempre que avanzan en espiral a lo largo de los siglos; porque a veces la única manera de decir las cosas sin que la gente se cierre en banda es envolverlas en una historia hermosa, en una receta, en la definición de una palabra preciosa como azabache. 

Y pensar en ellos, en sus protagonistas, también es una forma de resistir contra la injusticia, las muertes y las miserias a las que los poderosos una y otra vez nos condenan por puro despotismo. Hace siglos, ayer, hoy. Y dentro de una hora.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Aún no puedes saber cómo pero esta historia nos va a llevar a otra, a la de una mujer poderosa y regia que permaneció siempre fiel a su destino y que éste, que a cruel no hay quien le gane, la ha ninguneado reduciendo su existencia a la nada. Ya sabes cómo va: mujeres que solo nos han contado que nacieron, se casaron y tuvieron hijos pero nadie quiso valorar ni sus logros ni sus sacrificios. Como tantas, qué rabia.

Ahora sí: con esta receta, participo en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, teníamos dos ingredientes a elegir: jengibre en polvo y boniato asado. En esta receta, si bien es cierto que el boniato que he usado no es asado, la he adaptado al jengibre en polvo aunque siempre podrás hacerla con el fresco. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Ingredientes:
  • 100gr. de lentejas beluga cocidas en caldo de verduras, 1 cebolla, 1 diente de ajo y laurel
  • 1 diente de ajo
  • 1 puerro mediano
  • 1/2 cebolla
  • 2-3 zanahorias
  • 200-250gr. de calabaza
  • 200-250gr. de boniato
  • 1 cdta. de comino
  • 1 cdta. de jengibre molido (o fresco rallado)
  • 2 cdas. de concentrado de tomate (o el doble de salsa de tomate)
  • 2 cdas. de mantequilla de cacahuete
  • extracto de caldo de verduras
  • 300ml. de agua
  • 300ml. de leche de coco
  • Para servir: un aliño de aceite de sésamo con zumo y algo de ralladura de lima.

Preparación:
  1. Cuece las lentejas unos 15 minutos y deja que reposen otros 10.Cuélalas y reserva.
  2. Trocea las verduras y en una cazuela con un poco de mantequilla, saltea brevemente.
  3. Incorpora las especias, el concentrado de tomate, la mantequilla de cacahuete y el concentrado de caldo. Agrega agua hasta que cubra.
  4. Después de 15 minutos, añade la leche de coco, rectifica de sal si hiciera falta y deja que repose otros 5 minutos antes de triturar con la batidora eléctrica o la licuadora.
  5. Prepara el aliño a tu gusto con más o menos lima. Puedes servir en vasos poniendo una capa de lentejas en la base, añadiendo la crema y decorando con un poco de leche de coco batida y un chorrito del aliño por encima.

Mulligatawny, por fin con todas sus lentejas

marzo 25, 2026
Mulligatawny original

Querido lector, tú aún no lo sabes pero hemos iniciado un viaje en el tiempo. Viajaremos al pasado pero no en línea recta porque al fin y al cabo los humanos conectamos el pasado y el futuro en espiral. Quién sabe, lo mismo vivimos en mundos paralelos y todo está ocurriendo ahora. Hablar de esto no nos llevará nada más que a fantasear pero yo tengo un plan. De momento oculto pero para nada secreto. 

Voy a intentar que conectes con cosas e intentaré ser fiel a cómo he llegado a mezclar tantas historias y sabores... o no, porque lo mismo todo es más parecido de lo que aparenta: legumbres de colores que cumplen su misión, jengibres en polvo o frescos que nos transportan por el mundo y aunque hablaré de personajes errantes, luego de puro sin querer, echaremos raíces en algún caso y en otros el desarraigo hará heridas. 

Pero debes ser paciente y disfrutar del viaje. Éste empieza aquí:

Rukhmabai nació en una familia marathi. A penas conoció a su padre. Tenía dos años cuando él murió. Algún tiempo después, su madre volvió a contraer matrimonio y lo hizo con Sakharam Arjun, un eminente médico y activista social de Bombay. Fue bajo su influencia, cuando la niña se animó a estudiar y alimentó sus ideales progresistas en un tiempo -estamos a finales del SXIX- donde la incultura y las costumbres retrogradas seguían firmes en el día a día por todo el país. La colonización inglesa no vino a traer humanidades ni desarrollo cultural. En fin, que ya sabemos de que pie cojean los imperialismos y ellos fueron a lo que fueron: a lo suyo.

Así que, siguiendo las costumbres locales, el abuelo materno de Rukhmabai arregló su matrimonio con Dadaji, un muchacho de 19 años no muy centrado pero lo más terrible -aunque fuera muy común- es que ella tan solo tenía 11 años.  Sakharam se negó a que ese matrimonio se consumara evitando a toda costa que su hijastra cohabitara con el esposo.

Y éste, como tantos, salió bala perdida: Dadaji resultó ser un borracho, calavera y libertino, que por el motivo que sea -parecía que tenía endeudadas hasta las suelas de sus zapatos- se emperró en que su esposa debía vivir con él y ante la negativa, el tipo llevó a Rukhmabai a los tribunales a santo de "restitución de derechos conyugales" o algo por el estilo. Menuda necedad.

Mulligatawny original

Y mientras el juicio seguía su curso, Rukhmabai comenzó a escribir para el Times of India bajo el seudónimo de A Hindu Lady, abogando por sus derechos y por la necesidad urgente de reformar una sociedad que no solo ninguneaba a las mujeres sino que las trataba peor que a las ratas. 

Y así las cosas, en 1887, el juez lanzó un órdago a Rukhmabai: o te vas a casa con tu esposo o seis meses a la cárcel. Y con un par de moños y el Sari bien puesto dijo que si había que ir a prisión pues se iba. Entiende que eran cárceles del SXIX y encima de mujeres. La de cosas terribles que debían pasar ahí dentro pero  Rukhmabai tiró para adelante, la lió parda y no contenta con el follón que se montó, apeló a la Queen -era la Victoria- , quien anuló el juicio y disolvió el matrimonio. Otra con más moño que corona.

Y ¿Colorín colorado, este cuento se ha acabado? Ni de refilón. Fue la primera mujer hindú en obtener legalmente el divorcio en la India, y luchó con garra por mejorar las leyes respecto a las niñas, mujeres y viudas que muchas eran -y aún se siguen escuchando cosillas- quemadas vivas porque muerto el marido, eran una carga para la familia. 

Rukhmabai estudió medicina y lo hizo en Inglaterra gracias a la Dra. Edith Pechey que recaudó fondos para que se produjera el milagro. Y vaya sí se hizo. Nuestra divorciada número uno regresó a su país a hacer lo que mejor sabía hacer: ayudar a las mujeres para darles derechos y atender su salud como se merecían; cuerpo y alma trabajando en la misma dirección. El mundo necesita muchas pero muchas más Rukhmabai porque solo ellas nos pueden salvar de este desastre.

Y bueno, aquí estamos; hace años publiqué un mulligatawny de urgencia, con escarlatina de por medio y sin lentejas. Cosas de la vida que me pasaban antes. Hoy, con Rukhmabai de protagonista, le doy su forma más auténtica porque es en sí mismo un plato que relata dos historias: una sopa densa y cremosa, casi un dal que nació en el sur de India y su nombre viene del tamil, milagu tannir (agua de pimienta) y era un guiso de lentejas especiado que los cocineros indios adaptaron para los paladares británicos. El triturado es su forma más auténtica.

Así que ya ves; aquel Mulligatawny que cociné con escarlatina, no era ni Mulli, ni gataw ni ny, fue una mutación sin lentejas de lo que ya venía rodando por los blogs anglosajones que no es por criticar pero ya sabemos lo que les pasa a muchas recetas "étnicas" que pasan por el filtro norteamericano: se estandarizan, se tunean al gusto local y se fotografían todas igual. Muy monas, sí pero bastante alejadas del original.

Y hoy me veo en la necesidad de hacer justicia y recordar al mundo que no es oro todo lo que reluce ni azabache solo el carbón porque los algoritmos premian la estética y en ese afán por buscar la viralidad acabamos creando burbujas donde todas las recetas de un mismo plato se parecen entre sí. Y éste es el enemigo más amargo de la cocina con historia. 

En la próxima entrada, continuaremos viajando; coge solo lo que puedas cargar que el viaje es largo. Y come algo, anda.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Ingredientes:
  • 1 cda. de mantequilla (si es clarificada mejor)
  • 1 cebolla o cebolleta grande
  • 3 dientes de ajo
  • 2-3 zanahorias 
  • 2 cdtas. de curry de madrás
  • 1 trocito de jengibre fresco 
  • 1/2 cda. de cúrcuma
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • pimienta negra a tu gusto
  • 900-1.000ml. caldo de verduras
  • 200gr. lentejas rojas
  • 200ml. de leche de coco
  • 1 manzana 
  • zumo de limón a tu gusto
  • opcional: 1 cda. de mantequilla de cacahuete

Preparación:
  1. En una cazuela grande, sofríe la cebolla picada y los ajos con la mantequilla a fuego medio para que poche pero no se dore. Añade el jengibre y rehoga un par de minutos más.
  2. Baja el fuego y añade el  curry, la cúrcuma, el comino y la pimienta negra. Remueve durante 1 minuto para que las especias se tuesten sin quemarse. 
  3. Incorpora las zanahorias cortadas en rodajas y las lentejas rojas que habrás lavado previamente. Remueve bien para que todo se impregne de las especias.
  4. Añade el caldo, deja que rompa a hervir y cuece a fuego suave unos 10 minutos. Añade entonces la manzana cortada en trocitos y vuelve a dejar que se cocine otros 5 minutos.
  5. Incorpora la mantequilla de cacahuete y un poquito de la leche de coco. Lo integras bien y deja que repose (ya sin fuego) otros 5 minutos más.
  6. Tritura la sopa con una batidora de mano o licuadora según te venga mejor. Incorpora la leche de coco y el zumo de limón. Si queda muy espesa, añade un poco más de leche de coco.


Muffins de zanahoria y naranja sin harina ni grasa

marzo 07, 2026
verbalizar. De verbal e -izar.
tr. Expresar una idea o un sentimiento por medio de palabras.
tr. Gram. Convertir en verbo una palabra o un grupo de palabras.

Querido lector del presente y del futuro -al del pasado le dejo fuera para cuando me anime a hacer una huija- hay un consejo universal que es la madre de todas las ciencias, el sistema decimal de nuestras emociones, la piedra roseta del entendimiento; es el consejazo que con mucho gusto voy a compartir contigo porque tú te lo vales más que un champú de L'Oréal.

No importa cual es tu circunstancia presente y pasada, no importa tu estatus, nivel de estudios o experiencias vividas; da igual, siempre pero siempre y digo siempre -o casi siempre- hay que verbalizar, verbalizar y verbalizar. Y no te embales alma cándida, que como comprenderás no se trata de verborrea irreflexiva, autolabia abusiva que suele dejar al oyente en un estado de agotamiento crónico e irreversible... no, no. No es ésto.

A los que les cuesta chaspar, tendrán que hacer un esfuerzo para lanzarse y los que estamos abonados a la charlatanería  tendremos que focalizar nuestro relato y hablar con el cúter en la lengua para cortar a tiempo esas historietas que se mezclan unas con otras y que suelen concluir en guisos de poca sustancia... y porque nos cortan el gas, que sino seguiríamos chaspa que chaspa.

No. Quédate con el concepto y los contextos ya los dejamos para más adelante. Verbalizar quita hierro a los problemas; espanta fantasmas; reduce la congestión emocional y aligera la carga evitando caer en ansiedades y demás dramas vitales que nos pueden destrozar la vida o cuando menos, amargarnos innecesariamente. 

Verbalizar no solo ayuda a nuestra salud mental, sino que también mejora nuestras relaciones, aplaca malos modos en los conflictos y fortalece los vínculos con la gente que nos importa. Pero claro, no nos han enseñado a hacerlo y eso supone, por un lado, dejar a las claras nuestra incapacidad de instruir en tan sana costumbre a nuestros pequeñajos; y por otro, pues pasa que cuando un marcianito de a pie se lanza a contar sus cositas, el supuesto oyente en lugar de hacer lo que le corresponde, salta con saña y cierta inquina como si tuviera que defenderse o hacer de menos las cosillas de los demás.

Porque claro, verbalizar no sirve sin un oyente experto en ponerse en zapatos ajenos; tampoco aporta mucho si quien verbaliza nunca ha ejercitado el necesario arte de compartir silencios, dejar hueco al de al lado para reiniciar el espíritu porque hay voces interiores que tienen que asimilar sus movidas.

Pero a ver ¿Qué te creías, que eso de verbalizar es coser y cantar? Ni modo. Hay gente que habla de más y con mala chufa, consciente o inconsciente, porque la mala chufa no atiende a razones. Algunos ejemplos:

  • Era solo una broma, no tienes sentido del humor.
  • Es broma, que piel más fina, ¿no?
  • No es para tanto con la de gente que...
  • Te soy muy sincera así que...
  • No es culpa mía que...
  • No esperes que cambie.
  • No me extraña que nadie te aguante.
  • A ver, a mí que me cuentas.
  • No, si yo solo...
  • Todos piensan como yo menos tú.
Bueno, hay muchas más frases tóxicas que nos impiden verbalizar en armonía y estos es algo que todos sin excepción deberíamos cuidar más porque con eso de que las palabras se las lleva el viento, ya se sabe. Y no, para nada. Las palabras del derecho o del revés pueden machacarnos o salvarnos el alma.
Ingredientes para 18-20 muffins:
  • 250gr. de zanahorias
  • 1 naranja bio
  • 3 huevos
  • 150ml. de yogur griego
  • 250gr. de almendras molidas (ó 200gr. almendras y 50gr. nueces molidas)
  • 1 sobre de polvos de hornear (yo uso cremor tártaro)
  • 60gr. de jarabe de arce
  • 60gr. de azúcar de coco o panela
  • un poco de allspice o pimienta de Jamaica
  • un poco de canela
  • vainilla
  • cobertura: mezcla a partes iguales de crema de coco y yogur griego

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 170ºC.
  2. Tritura la zanahoria y media naranja con su cáscara y la otra mitad solo el zumo. Luego añade el resto de ingredientes. Pásalo a moldes de silicona así no tendrás que engrasarlos.
  3. Hornea hasta que estén doraditos y firmes. Deja enfriar antes de desmoldar. Cubre con la cobertura que más te guste. Yo he hecho una de crema de coco y yogur que le ha dado un toque fantástico.

Albóndigas de lentejas

febrero 01, 2026
cancamusa
f. coloq. desus. Dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto.
Querido lector; no dejemos que esta palabra tan bonita y retorcida desaparezca de nuestra lengua por puro desuso porque entre otras muchas razones -que ahora no caigo pero seguro que existen- es un termino que describe maravillosamente bien los famosos fakes que sin pudor ninguno preferimos acuñar en lengua extranjera haciendo luz de gas a nuestro rico vocabulario.

Qué injusto todo. Pobres palabras olvidadas que ya ni los señores ilustres de las letras se molestan ni en describir en el diccionario a pesar de que su definición esté de rabiosa actualidad. Porque aunque no se cite, cancamusas son hechos falsos y rastreros creados para confundir, para hacernos el lío; para llevarnos de calle y no por donde te apetezca sino arrastrándote a callejones sin salida para darte el palo de mala manera.
Ejemplos hay miles. Digo. Millones. Anda que no. Y es que el ser humano es de lo más creativo a la hora de manipular, mentir, estafar, trampear y contar cuentos chinos a diestro y siniestro por pura flojera. A veces sin pretensiones pero la mayoría del tiempo las cancamusas se abren paso para abusar y engañar sin grandes argumentos ni grandilocuencias. Se recurren a medio verdades para reforzar sentimientos de validez, se usan eslóganes facilones para que cualquier tonto no se pierda en el relato y se le añaden gotitas de miedo y se empapan en salseos egoístas a lo de "nosotros primero". Y segundos y terceros e infinitamente nosotros, es decir, yo, yo y mil veces yo.

No nos enteramos que el rollo asocial nunca ha funcionado, que somos lo que somos por la conciencia y comportamientos social y aún así... en fin. No hace falta -lo sé- pero ¡venga! pongo un ejemplo:

No voy a perder más tiempo del necesario en mencionar a los antivacunas y sus catálogos de cancamusas: que si nos quitan la libertad, que nos introducen chips, que nos envenenan, que nos quieren silenciar, que nos quieren marginar... pues bien, gracias a estas mentes tan sabias y solidarias, el sarampión está azotando de nuevo Europa. Una vacuna barata y segura que cuida de la vida de lo que más queremos: nuestros niños. 

Y gracias a esos papás, que a pesar de tener los medios y la oportunidad, han optado por sus bemoles en no inmunizar a sus hijos, el sarampión aumenta peligrosamente. Tanto que entre 1 y 3 de cada 1.000 niños infectados, morirán. 

Y si tienes en cuenta que no se puede vacunar a los bebés antes de los 9 meses, pues no hay que ser un lumbreras para entender que son estas criaturitas las que están pagando con su vida y salud, el pato al agua de los zotes,  de los cancamuseros que por alguna razón que se me escapa son incapaces de hacer actos de fe y confianza por el bien de nuestros peques. Y si para salvar a un enano hay que comerse la libertad personal, pues ¡hombre! trágate tu tontería.
Estas albóndigas de lentejas están de muerte. Puedes freírlas pero no merece la pena. En el horno o en una airfryer -que perra con acuñar vocablos de guiris- quedan maravillosas. Solo un consejo: quedan más crujientes sin cuando empiecen a dorarse les añades unas gotitas más de aceite para evitar que el horno las reseque. Que ya sabes que en foto todo queda muy bonito pero el plan es que estén de rechupete en el plato.
Ingredientes:
  • 450-500gr. de lentejas
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 dientes de ajo
  • 60gr. de pan rallado
  • 40gr. de queso parmesano
  • 1 huevo
  • orégano y perejil
  • Sal y pimienta
  • unas gotas de aceite de oliva
  • opcional: una cda. de pesto roso o tomate concentrado

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 190ºC.
  2. Pon todos los ingredientes (menos el aceite de oliva) en un procesador o picadora. Haz bolitas del mismo tamaño y las colocas en la fuente del horno con un papel de hornear para que no se peguen.
  3. Antes de hornear, pincela con un poquito de aceite de oliva. Cuando comiencen a coger color, abre el horno y vuelve a mojarlas ligeramente en algo más de aceite. Dejar que se doren por completo.
  4. Puedes servir con tus salsas favoritas. 

Barritas energéticas

noviembre 23, 2025
La organización Greenpeace en Austria quiso investigar qué pasaba con la ropa que depositamos en los contenedores de reciclaje. Para ello, colocó rastreadores GPS en 20 prendas y las donó a diferentes empresas de recogida de ropa. Pues ya puedes imaginarte, ¿no? Casi todas -o gran parte- terminaron, después de recorrer varios continentes, incineradas o enterradas en países pobres que compran todo tipo de basura a Occidente. China, por ejemplo, tiene ciudades basura y no es una metáfora es literal.

Esto se hace, primero, porque queda bonito. Nos ponen un montón de puntos de recogida de ropa, creemos que llegará a necesitados la que esté en mejores condiciones y las prendas que no, damos por hecho que serán recicladas. Y todos tan contentos porque así nos pesa menos comprar ropa que viaja, primero en una dirección desde los países más pobres con mano de obra esclava, que compramos porque es barata pero que después de una temporada, hace el viaje de vuelta para ser incinerada. 

Pero como reciclamos y usamos muchos hashtag de contaminación cero, huella de carbono y demás pepinos en vinagre, pues nos quedamos tan contentos y relajados. Eso nos da licencia -y me incluyo- a defender causas medioambientales o éticas sin que nos tiemble la voz.

Pero es mentira. Todo es mentira. Aparte de las emisiones directas e indirectas que se producen con tantas toneladas de ropa vieja viajando y gestionándose por medio mundo, este sistema esconde un hecho de lo más asqueroso: eso es, el dinero, que ya estaba tardando en salir a flote. Porque si estas prendas salen del país bajo la premisa de "residuo" las empresas involucradas tienen que pagar un pastizal pero si salen como "reutilizables" pues la cosa cambia por completo porque reciben todo tipo de ayudas. 
El informe denunciaba a empresas como Mango y H&M que hacen uso de promesas engañosas de reciclaje para publicitar su imagen de empresas eco responsables, esos conceptos verdes que están tan de moda en marketing pero no es que engañen, es que estafan sin que se les caigan los anillos.

Las personas de a pie tampoco hemos salido de rositas. Se señala el gran problema de la moda rápida (fast fashion) y la sobreproducción de ropa que no necesitamos porque se estima que más de la mitad de la ropa que tenemos en casa no la usamos. Repito, no la usamos o se estropea al primer lavado o se deteriora rápido... en fin, qué te voy a contar que tú no sepas.

Aquí te dejo la conclusión del informe, por aquello de poner foco en las cosas que podemos solucionar:
  • Prohibir por ley la destrucción de ropa nueva que no ha sido vendida.
  • Fomentar la reparación y la reutilización de prendas. 
  • Implementar un sistema de economía circular real y eficiente que garantice la reutilización y se aprovechen sus beneficios. 
  • Concienciar que menos es más; reducir el consumo de moda rápida y dar una segunda vida a la ropa mediante la reutilización o la donación a organizaciones transparentes que garanticen un tratamiento adecuado o simplemente, regala tú mismo ropa en buen estado a vecinos, conocidos, etc. 
Venga, manos a la obra.  

Estamos en domingo de reto con Elvira y Estela de Homenajeblog. Ya lo sabrás pero esto va de entrar en cocinas ajenas y versionar alguna receta del homenajeado del mes. Hoy publicamos todas las compis recetas de María Antonia del blog las Recetas de María Antonia. Estoy muy enganchada a la granola y el muesli casero así que en cuanto vi esta receta de barritas energéticas no busqué más. María Antonia las hace sin horno, directamente en el congelador pero el otoño austriaco no acompaña bien con el consumo de cosas heladas y además no podría usarlas para llevar en los almuerzos así que las he horneado en plan clásico pero para ello he tenido que hacer algún ajuste para garantizar que compactara bien la granola. Espero que te gusten. A nosotros nos han chiflado. Gracias María Antonia.
Ingredientes:
  • 2 cups de muesli o cereales a tu gusto
  • 1/4 cup de semillas (sésamo, lino, chía...)
  • 1/2 cup de frutas secas (cramberries, arándanos...)
  • 1/2 cup de nueces variadas (nuez, almendra, anacardos, avellanas...)
  • 1 manzana
  • 2 cdas. de miel
  • opcional: un par de cdas. de coco rallado
  • Nota: la medida es de cup americana

Preparación:
  1. Precalentamos el horno a 180ºC .
  2. Ponemos en una bolsa, los cereales, las semillas, los frutos y secos y las nueces y con un martillo lo picamos un poco.
  3. En un bol, mezclamos éstos con la manzana rallada, la miel y el coco rallado y lo colocamos sobre la bandeja del horno. Usé el borde un molde rectangular desamoldadle para darle forma.
  4. Horneamos hasta que veas que coge color doradito. Lo sacas y lo cortas en barritas del tamaño que mejor te encaje. Deja que enfríen por completo antes de guardar. Yo las guardé en un tarro de cristal.

Salteado de garbanzos con champis y salchicha

noviembre 15, 2025
carisma
Del lat. tardío charisma, y este del gr. χάρισμα chárisma, der. de χαρίζεσθαι charízesthai 'agradar', 'hacer favores'.
1. m. Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar.
2. m. Rel. Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad.
Pues ahora los científicos dicen que el carisma se puede medir y se puede aprender. Sinceramente, creo que se han venido un poco arriba con esto. Con la acepción religiosa desde luego que sí porque lo que Dios otorga no lo descuartiza la ciencia y no lo digo por el pleito eterno entre las escrituras y la empírica del investigador. No, qué va, lo digo porque la ciencia no puede entrometerse en los dogmas de fe porque cada uno se tiene que ocupar de sus asuntos para que el mundo gire sin marearse.

Para entender ésto, primero hay que saber qué es el carisma. ¿Encanto, simpatía, personalidad, duende, don de gentes? ¿En qué se basa la ciencia para estudiar esta jaula de grillos?

He buscado por aquí y por allá, y me he encontrado con un experimento de una universidad canadiense que ha llegado a la conclusión que un parroquiano de a pie no tiene ni pajolera idea de cómo detectar a un personaje con carisma (y digo de a pie que no sea psicólogo, filósofo o licenciado en alguna ciencia parecida). A ver, me ha sonado de lo más arrogante pero claro, si partimos que para un estudioso no es cosa divina sino aprendida pues relacionarlo con el conocimiento para las ratucas de laboratorio tiene todo el sentido del mundo.

Y claro, parece ser que se basan en 6 premisas a la hora de detectar carismáticos:
  • Tienes que tener presencia.
  • Tienes que ser capaz de influenciar a otros.
  • Tienes que saber liderar grupos.
  • Tienes que hacer que los demás se sientan a gusto.
  • Tienes que ser sonriente y empático.
  • Tienes que ser capaz de llevarte bien con cualquiera. 
Como ves, se han definido valores de liderazgo, buena presencia e influencia y hala, a tirar millas. Mecachis. Así nos va. Así estamos donde estamos, tan carentes de intelectuales con magnetismo moral y ético, con cultura y capacidad divulgadora más allá de personajes con muchos seguidores, arreglillos estéticos y un social media manager en la mesilla de noche. 

Así que ya sabes; esa chispa, ese duende dicen ahora que no es innato, que es postureo. Toma ya. Te puedes apuntar a un curso online impartido por cualquier zoquete con proteínas en polvo hasta las orejas que despacha sermones adoctrinando al personal contra perdedores mileuristas y supuestamente, imparte las claves del éxito y la escalada económica y social. Por cien eurillos de nada puedes ser alguien en la vida.
Qué quieres, me hago mayor y cada vez soy menos dócil para enredarme en semejantes chorradas. Si tener carisma fuera tan fácil, el mundo estaría tan trillado que ya no sería una cualidad creíble puesto que cualquier cantamañanas nos pondría la cabeza como un bombo con sus estupideces. 

El verdadero carisma es tan escaso que por eso le damos tanto valor. Y menos mal, porque el mundo ha parido a personajes tremendamente crueles que levantando a las masas, han hecho un daño terrible a la humanidad y puesta la ciencia a hacer estudios y experimentos deberían dirigir su mirada en esa dirección: cómo detectar a tiempo a los monstruos carismáticos antes de que hagan daño. 

Hoy garbanzos, ejemplo de ingrediente carismático y bondadoso donde los haya. Algo ruidoso, no digo que no, pero nada que no se arregle masticando mejor y en el peor de los casos, abriendo las ventanas. 

Ingredientes:
  • 2 zanahorias grandes
  • 300-350gr. de champiñones
  • Salchicha a tu gusto
  • 2 dientes de ajo
  • 2 tomates
  • 7 especias árabes (Pimienta de Jamaica, nuez moscada, pimienta, cardamomo, jengibre, clavo y canela)
  • Perejil, sal y unas gotas de aceite de oliva

Preparación:
  1. En una sartén con unas gotas de aceite de oliva, saltea los champiñones y la zanahoria cortada en trocitos pequeños.
  2. Añade la salchicha en trocitos y el ajo machacado. Rehoga un poco hasta que se empiece a marcar.
  3. Añade los tomates rallados o picados muy finos y las especias. Rehoga a fuego medio alto hasta que se termine marcar el salteado. Añade sal y un poco de perejil muy picado.

Flan de caquis y chocolate con nueces caramelizadas

noviembre 11, 2025
Concepción Arenal dijo que cuando la culpa es de todos, no es de nadie. No tengo ni idea de si eso es bueno, malo o mejor que peor. La culpa es tan retorcida que no es fácil de racionalizar y menos aún cuando la tipa transita en ambas direcciones. Creo que no me equivoco en exceso si digo que siempre va acompañada de daños, inmadurez emocional en mayor o menor medida, permanente o transitoria, y algo de ego maltratado bien sea por exceso o por carencia.

En cualquier caso o situación, analizar como canalizamos la culpa dice mucho sobre nosotros mismos. Los victimillas de la vida la adoran; nada más reconfortante que extender el dedo acusador y buscar nuevas vías de ensanchar sus pleitos de medio pelo manipulando a su audiencia. Entre otras cosas, porque cualquier persona medianamente sensata no va contradecir al victimizado por esa responsabilidad no escrita de no abusar del prójimo en horas bajas así que los damnificados por su propio teatro obtienen de este modo la atención que necesitan para mangonear a su entorno a puro antojo.

Para cualquier persona con el ego de capa caída, culparse a sí mismo puede ser mortificador así que recurrir al famoso dedillo pues es casi disculpable ya que de puro sin querer se obtienen resultados fabulosos en cuanto a reducir la culpa, la vergüenza, la frustración... mecachis, las vías rápidas suelen ser algo mezquinas. Pero, oye, cada uno gestiona como puede y si una vez malversada la culpa, uno reflexiona y reconduce sus actos de forma correcta -o más positiva- pues mira, experiencias que nos enseñan a vivir. 
Pero el de ego gordo, ese -ay ese- desplegará todo tipo de triquiñuelas para señalar sin tregua al vulnerable, al confuso, al errático ocasional... a quién se le ponga por delante, vamos, con una capacidad de criticar al paso lo ajeno casi infinita. Estos no se cansan jamás, son imbatibles, y todo su exceso de ombligocentrismo y vanidad se mide a la par con su insufrible capacidad de marcar como chungo, feo, absurdo, cutre, birrioso o hasta cosas peores cualquier circunstancia del prójimo sea pariente, amigo, compañero o personaje de los de "yo pasaba por aquí".

En fin, que como una vez oí decir en CSI Las Vegas, todos al microscopio estamos sucios -o algo así que de eso ya hace muchos años- y lo mismo por eso el aforismo de la Arenal suena tan certero. Es verdad que las culpas no nos definen pero mucho ojito a como las gestionamos porque ahí sí que sí; ahí nos van a calar al primer vistazo.

Y respecto a la receta de hoy, que sepas que me genera cargo de conciencia. Culpa, no diría tanto pero el caso es que he sido -y soy- muy crítica con esas recetas virales a lo "con solo dos ingredientes" o tres o cuatro. Videos de 15 segundos donde nos venden requete bien unas guarradas del ocho.

Yo vi un video de esos con dos caquis y tres cucharadas de cacao, dos horas de refrigeración y un flan de choco requete mono. Lo probé. Muy mono pero sabor indescifrable y soso. Es posible que con un poco de azúcar o miel y algo de ralladura de naranja la cosa mejore. Ahí lo dejo. Luego lo probé con chocolate derretido y a mí me ha gustado. Günter dijo que interesante y Lucas que no es su cosa.

Yo si me los como con gusto porque soy sufrida y víctima de mis esfuerzos por reducir carbohidratos aunque lleve dos meses que ya no pierdo ni medio kilo. Pero ahí sigo. En cualquier caso, es un apaño saludable que a mí me ha convencido pero solo me sigue pareciendo algo soso. Necesita acompañamiento. Yo con nueces caramelizadas pero vale cualquier otra cosa que tu mente retorcida imagine (salsa de chocolate, helado...)
Ingredientes para 3 flanes:
  • 2 caquis
  • 125gr. de chocolate al 70%

  • Para las nueces: nueces a tu gusto y 3 cdas. de sirope de arce o miel

Preparación:
  1. Pela y trocea los caquis y los pones en el vaso de la licuadora o trituradora.
  2. Añade el chocolate derretido y tritura hasta que tengas una crema suave.
  3. Reparte la crema en 3 recipientes y deja que enfríe al menos 2 horas en el frigorífico. 
  4. Puedes servir con nueces caramelizadas: las pones en una sartén a fuego medio alto junto con el sirope de arce o miel y mueves hasta que queden caramelizadas.

Delicias de coco y limas low carb

noviembre 04, 2025
Dieciséis años de blog me han dado para mucho. Es verdad que en recetas no he sido muy prolija porque por un lado, apenas atesoro 600 que aunque parezcan muchas, estoy muy por debajo de la media de otros colegas de blogoficio; y por otro lado, con el paso del tiempo he dedicado mucho más tiempo a cuidar mi fondo de armario que a generar nuevo contenido.

He borrado muchas entradas que no han pasado el control de calidad que ahora aplico. Eran otros tiempos, hacíamos muchos retos y concursos donde fui publicando recetas con las que no me identificaba en absoluto y otras, por su parte, eran de esas que pasaron por mi cocina sin pena ni gloria. Y si no han conseguido calar en mí ¿Cómo voy a recomendarlas?

También han sido muchas las que he dejado sin publicar porque no me terminaban de convencer o simplemente fueron fracasos estrepitosos. Eso me está volviendo a pasar ahora que me he centrado tanto en probar cosas bajas en carbohidratos y desde aquí, te aseguro, que casi todos los panes y panecillos que se vuelven virales con la leyenda "sin harina" son más falsos que un duro sevillano. Pero esta es otra historia que ya te contaré cualquier día de estos.
El asunto es que he aprovechado cualquier oportunidad de renovar fotos -en esos casos añado una nota recordando la fecha de actualización para tener referencia de la evolución de la receta- o en otras ocasiones he terminado haciendo remakes porque el plato ha evolucionado tanto que bien se merece entrar al blog por la puerta grande y con alfombra roja.

Éste es el caso de hoy. Estas delicias ya las publiqué en marzo de 14 y hoy despliego la alfombra para la versión baja en carbohidratos, aquí sí, sin harinas y con azúcares menos malignos y con menos calorías. Igual de ricas. Leer la entrada de entonces, me ha hecho reír al recordar como hace diez años nos parecía tan ridículo todo ese postureo de madres que se hacen virales con estupideces dejando aparcados las auténticas premisas y deberes de la maternidad. 

Recordar ese cartel en la puerta de la clase de Lucas y ver ahora cualquier Tiktok o reel de Instagram usando a los hijos para conseguir likes o espónsores. Como nos están haciendo pasar por aro, madre mía.

Pero me he detenido a pensar en el joven que es ahora Lucas y en si he sabido cumplir con aquel mantra:

1.- Te quiero
2.- Te escucho
3.- Bien hecho
4.- Eres especial
5.- Estoy orgullosa de ti

La 1, 3 y 5 sigo con ellas casi a diario. La 4 aún nos hace hablar mucho sobre ella; falta que él se la crea. Dice que son cosas de madres. Con la 2 es donde más le fallo. A veces le corto, me impongo porque creo que lo se todo, que mi experiencia es infalible y no le dejo terminar las frases. Me disculpo a toro pasado pero eso no es suficiente. Tengo que dejarle terminar sus argumentaciones porque aunque sepa que están basadas en fakes o verdades a medias, cómo voy a permitirle madurar si no tengo paciencia para escuchar sus razones. Qué difícil y como siempre sin manual de instrucciones. 
Ingredientes:
  • 100gr. de anacardos o almendras molidas
  • 50gr. de harina de coco (o más almendras o anacardos molidos)
  • 40gr. de coco rallado
  • 50gr. de azúcar de abedul o eritritol
  • 75gr. de panela molida
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • zumo de 3 limas y 1 limón
  • ralladura de 2 limas
  • 300ml. de leche
  • vainilla
  • 50gr. de mantequilla derretida
  • 3 huevos XL
  • opcional: unas gotas de Stevia

Nota:
  • Esta receta puedes hacerla montando las claras a puntos de nieve y añadiéndolas al final pero al llevar polvos de hornear yo no noto gran diferencia así que las he hecho sin complicarme licuando los huevos sin tratar las claras. Tómate la licencia de hacerlo como mejor te parezca.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC,
  2. Si tienes licuadora o procesadora de alimentos, pon todos los ingredientes secos y muélelos un poco para que queden más en fino (los anacardos, los azúcares, las ralladuras, los polvos de hornear y el coco).
  3. Añade ingredientes húmedos (el zumo, la leche, los huevos, la mantequilla y la vainilla) y licua todo junto unos segundos.
  4. Engrasa los moldes que vayas a usar (mejor tipo flaneras o moldes de soufflé para que tengan un poco de fondo. Contra más plano sea menos sube)
  5. Hornea hasta que estén doraditos pero al presionar con el dedo por encima notes que cada delicia está firme.
  6. De templar o enfriar a tu gusto. Templadas están fantásticas.

Granola de calabaza y chocolate

octubre 30, 2025
El libro para leer no es el que piensa por ti, sino el que te hace pensar
Si ocultas tu ignorancia, nadie te golpeará y nunca aprenderás
La mayoría de nosotros no podemos andar corriendo por ahí, hablando con todo el mundo, ni conocer todas las ciudades del mundo, pues carecemos de tiempo, de dinero o de amigos. Lo que usted anda buscando, Montag, está en el mundo, pero el único medio para que una persona corriente vea el noventa y nueve por ciento de ello está en un libro
No quería saber cómo se hacía algo, sino por qué
Vive como si fueras a caer muerto en diez segundos. Ve el mundo. Es más fantástico que cualquier sueño
Quizá los libros nos saquen un poco de esta oscuridad. Quizá eviten que cometamos los mismos condenados errores
No importa lo que hagas en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos
Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde
Ray Bradbury ya vislumbró muchas de las cosas que nos iban a pasar y las plasmó en Fahrenheit 451. La sociedad dejó de interesarse por los libros y los bomberos, que ya no tenían fuegos que apagar, eran los encargados de quemar los libros así que a escondidas, había sabios que memorizaban libros o fragmentos que transmitían de viva voz. Eran proscritos porque el pensamiento no se puede quemar.

Ingredientes:

  • 3-4 cdas. de calabaza al vapor y triturada con su piel
  • 50ml. de mantequilla derretida (yo usé aceite de semillas de lino)
  • 60ml. de jarabe de arce
  • all spices a tu gusto (o pimienta de jamaica)
  • vainilla
  • una pizca de sal
  • 100gr. de nueces variadas (yo usé almendras, pecanas y anacardos)
  • 150gr. de copos de avena
  • 125gr. de copos integrales, de maíz o de arroz
  • 125gr. de trocitos o pepitas de chocolate

Preparación:
  1. Calienta el horno a 190ºC.
  2. En un bol, mezcla la calabaza, el aceite o mantequilla, el jarabe de arce, las especias, la vainilla y una pizca de sal.
  3. Añade las nueces, la avena, los copos integrales y la mitad de las pepitas de chocolate. Mézclalo bien y extiéndelo sobre la bandeja del horno. 
  4. Hornea hasta que esté dorada la granola. Deja que temple y desmiga con los dedos para que se formen pegotes. Añade el resto de las pepitas de chocolate y listo.

Tortitas de calabaza y avena

octubre 10, 2025
Dicen que la curiosidad mató al gato aunque más que un aforismo, parece una amenaza en toda regla porque si te pasas de curioso, de preguntón o de "listillo" te la puedes cargar. Prueba a hacerlo: ve a tu reunión de vecinos, a una junta de padres, concentración, mitin, congreso o incluso a una misa de domingo, y empieza a lanzar "porqués" a diestro y siniestro a ver que pasa. Ya no entro en la calidad o relevancia de las preguntas porque tu curiosidad, si le das rienda suelta, se va a interpretar en el mejor de los casos como "el plomazo de turno" aunque me temo que serás tachado con más facilidad de irreverente, irrespetuoso, blasfemo, agitador, ácrata o antisistema. O terrorista, que todo puede ser.

Y luego que si hemos perdido la curiosidad, dicen los psicólogos. Ya me contarás que vamos a hacer si calladitos estamos más guapos, mejor que mejor si damos perfil bajo y virgencita que me quede como estoy. Ya me contarás que vamos a hacer si la cultura del porqué nunca ha cuajado en la humanidad, algo que muy poquitos han podido ejercer de forma abierta sin terminar encarcelados, quemados por la inquisición o en instituciones psiquiátricas. 

Eso de ser curiosos solo se lo permitimos a los nenes, que nos parecen tan tiernos e ingenuos pero esa displicencia solo dura hasta que empiezan el cole y sus porqués más vitales de repente son faltas de respeto, retos a la autoridad, desobediencia o indisciplina. 
Así que mejor callar porque por todos es sabido que en boca cerrada no entran moscas. Y al perder incentivos pues la vamos arrinconado, que no perdiendo. Nos conformamos con lo "suficientemente bueno" o "lo menos malo" nos evadimos con simplezas y mira, a mí que me registren que yo solo quiero que me dejen en paz. Y el precio a grandes rasgos es que leemos menos, escuchamos menos y reflexionamos menos. 

Ahora les ha dado por alertarnos que una vida sin curiosidad y sin incentivos intelectuales parece que nos acorta la vida, nos predispone a padecer Alzheimer o cuando menos a tener una vejez de asco. Porque la curiosidad activa positivamente nuestro cerebro y cada vez que una curiosidad cualquiera se ve satisfecha, nuestro cerebro despliega la misma química que cuando comemos un trozo de chocolate. Así es, somos más felices. 
Por tanto, verás por ahí rondando artículos sobre qué hacer para recuperar la curiosidad con consejos facilones en plan " entra en la cultura del porqué" "pierde el miedo al error" "rechaza la angustia por el no saber" "aprende a aburrirte"... cosillas en esta onda que hacen que por un momento te replantees tu esquema de cosas en la cabeza. Pero cuidado, recuerda al gato. No vayas por ahí pregonando en plan curioso con cualquiera. Rodéate de personas que sepan cosas interesante y aprovecha pero no vayas de curioso indiscriminado que la broma te puede salir cara. Vamos, digo yo, que lo mismo me equivoco.

A mí la curiosidad me llevó a estas tortitas de avena a las que le he añadido calabaza y especias. Y tan bien, que me han encantado. Para hacerlas más importantes, caramelicé las nueces, que desde hace meses no hay día que no me zampe unas cuantas, con un poquito de sirope de arce y no te imaginas lo grandiosas que están. Para darle un toque fresco al asunto, pues un puñado de arándanos que nunca fallan. Y a disfrutar que son dos días.

Ingredientes:
  • 150gr. de calabaza asada o cocida
  • 100gr. de avena (mejor molida)
  • 2 huevos
  • 100ml. de leche
  • 1/2 cdta. de polvos de hornear
  • canela, vainilla y allspice a tu gusto
  • 1 cucharada de sirope de arce
  • mantequilla para mojar la sartén
  • a la hora de servir: nueces caramelizadas con un chorrito de sirope de arce y arándanos

Preparación:
  1. Mezcla todos los ingredientes en la licuadora o con la batidora.
  2. Pon a calentar una sartén antiadherente a fuego medio, pon un poquito de mantequilla y sirve como un cazo de masa. Cuida que no sean muy grandes para que puedes voltearlas sin romperlas (la masa es algo más sensible que la masa clásica). Haz tantas tortitas como desees.
  3. En la misma sartén, pon un poquito de mantequilla, añade las nueces y el chorrito de sirope. Carameliza unos segundos y sirve sobre las tortitas. Acompaña con unos arándanos o cualquier otra fruta que te apetezca.
 
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