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Hoppin' John para Phillis

mayo 09, 2026
Una pequeña de siete años, recién llegada de África, es vendida en el puerto de Boston. Estamos en 1761. La han llamado Phillis, el mismo nombre que acuña la goleta de esclavos que la ha transportado a Estados Unidos. A Susanna Wheatley le enternece esa niña asustada y medio muerta de frío que los mercaderes exhiben como si fuera una res.  La familia Wheatley no se lo piensa dos veces. Ha sido instalada en la casa como criada pero el talante progresista de esta familia les lleva a educar y cristianizar a la niña. 

Pronto John y Susanna Wheatley se dan cuenta de que Phillis es extremadamente lista así que tras ser liberada de sus tareas domésticas, se ha decidido que recibirá la misma educación que Mary y Nathaniel, los hijos de los Wheatley. Aprende rápido y ya se maneja con soltura en materias como lenguas clásicas, religión, literatura o astrología. 

La joven se convierte en la sensación de Boston. Unos cierran filas y afirman que una salvaje africana no está dotada por dios para igualar el intelecto de cualquier blanco. Y menos aún superarlo. Otros estiman que ella es la prueba que confirma que, si un esclavo es educado igual que un blanco, tendrá sus mismas capacidades e ingenio. El dilema -o la provocación- en la sociedad bostoniana está servida y Susanna pasea su pequeño prodigio por toda la ciudad.

Con 13 años, Phillis publica su primer poema en el periódico de Rhode Island gracias a la tenacidad e influencia de Susanna, quien logra que poco a poco sus poemas se publiquen en Boston e incluso en Londres, donde la popularidad de la esclava poeta gana simpatizantes. Susanna quiere reunir sus poemas y publicarlos pero en Boston se niegan. Se llega a decir que son plagios. Insisten en que una esclava negra no tiene ni inteligencia ni talento suficiente para escribir esos poemas.

En 1772 el matrimonio Wheatley consigue que se forme un tribunal que verifique las capacidades de Phillis y certifique que sus poemas son genuinos. Dieciocho empelucados con cara de pocos amigos la interrogan, acosan y espulgan sin piedad. Lo consigue y aun así, ninguna editorial accede a publicarlo. 

Susanna tira de toda su influencia en Londres -son de las pocas familias bostonianas leales a la corona- y un año después, tras un viaje de Phillis y Nathaniel a la capital londinense, el 1 de septiembre de 1773 para ser exactos, se imprime su libro de poemas convirtiéndose en la primera persona de color en publicar un libro.
Y sin embargo su poesía parece casi por encargo. No habla de sus sentimientos, emociones o percepciones. Escribe sobre la muerte de Whitefield, sobre Washington, sobre la fe cristiana; y es casi inevitable pensar que lo mismo Phillis escribe para Susanna, para hacerla feliz y para que su mejor amiga -así la define ella misma- cumpla con las expectativas creadas entorno a sus poemas.

Y aún con todo, se dice que en Inglaterra Phillis se niega a volver a Boston como esclava. A pesar de los apegos afectivos con los Wheatley, éstos nunca se han planteado concederle su libertad. Si bien es cierto que Susanna adora a la joven, el suyo parece un amor que no alcanza a reconocer la igualdad que la joven se merece. En cualquier caso, un par de meses después, es emancipada consiguiendo por fin su tan ansiada libertad. Phillis Wheatley tiene 20 años y es la africana más famosa de la faz del mundo. Y es libre.

La felicidad en casa de Phillis dura poco. Un año más tarde, Susanna fallece. La guerra por la independencia se está fraguando y se adhiere a la causa rebelde alejándose de los Wheatley leales a los británicos. Esta situación hace que pierda sus contactos en Londres y descubre que nadie en Nueva Inglaterra está dispuesto a publicar nada suyo. La guerra no ayuda y su fama se diluye casi por completo.

Pero los afectos siguen fuertemente anclados y Phillis se establece con Mary. Nathaniel es hecho prisionero por un barco de guerra inglés y no se sabe de él hasta el termino de la guerra. Un año después, Mary y su padre John mueren con unos meses de diferencia. Su red de seguridad en la vida queda completamente destruida. Ha perdido a todos los que ama y la han amado. Está sola en un mundo hostil sin subsidio ni cobijo. 
Se casa -posiblemente porque no tiene otra opción- con John Peters, un esclavo emancipado y verdulero de profesión, con el que vive en muy malas condiciones. A medida que da a luz a sus hijos, los va perdiendo uno a uno. La pobreza y las deudas la devoran. Su marido es encarcelado por culpa de dichas deudas y ella, embarazada de nuevo, se ve obligada a trabajar en la cocina de una fonda para poder comer. 

Murió de sobreparto. Puede que ya estuviera enferma o no. Puede que se la llevaran los mismos males que sufrían la mayoría de las parturientas. Sea como sea, esta vez no vivió para ver morir a su bebé que apenas la sobrevivió un día. 

Murió el 5 de diciembre de 1784 sola, en la cocina de una fonda, sin que nadie contara su historia, como si de algún modo, nunca fue del todo suya. Murió sin que nadie guardara sus poemas, como si nunca la hubieran pertenecido. Su obra, salvo los poemas publicados en Inglaterra, se ha perdido. Tenía 31 años.
“Fue llamada Phillips, porque así se llamaba el barco que la trajo, y Wheatley, que era el nombre del mercader que la compró. Había nacido en Senegal. En Boston, los negreros la pusieron en venta:

– ¡Tiene siete años! ¡Será una buena yegua!

Fue palpada, desnuda, por muchas manos. A los trece años, ya escribía poemas en una lengua que no era la suya. Nadie creía que ella fuera la autora. A los veinte años, Phillips fue interrogada por un tribunal de dieciocho ilustrados caballeros con toga y peluca. Tuvo que recitar textos de Virgilio y Milton y algunos pasajes de la Biblia, y también tuvo que jurar que los poemas que había escrito no eran plagiados.

Desde una silla, rindió su largo examen, hasta que el tribunal la aceptó: era mujer, era negra, era esclava, pero era poeta”.
 Eduardo Galeano , “El cazador de historias”

Nota: la ilustración de Phillis W. pertenece a la edición original de su libro y se le atribuye a Scipio Moorhead, también esclavo.
Ingredientes para 3-4:
  • 200gr. de alubias de ojo negro secas (caupíes)
  • 150-200gr. de cerdo ahumado (panceta o similar)
  • 1 cebolla
  • 1 tallo de apio
  • 1 punta de pimiento verde
  • 2 dientes de ajo
  • 1 hoja de laurel y 1 ramita de tomillo fresco
  • chile molido, pimienta blanca y sazonador criollo al gusto
  • algo de aceite neutro (girasol o maíz)
  • agua
  • arroz blanco cocido del día anterior al gusto

Notas:
  • Lo tradicional es usar codillo ahumado (ham hock) pero si no lo encuentras, costillas o panceta ahumadas funcionan igual de bien.
  • Las alubias de ojo negro las encuentras fácilmente en tiendas de alimentación internacional, herbolarios o por internet. Si no las consigues, las alubias negras o incluso las pintas pueden sustituirlas aunque el sabor cambia un poco.
  • El sazonador criollo puedes encontrarlo en tiendas especializadas o hacerlo en casa mezclando pimentón dulce, ajo en polvo, cebolla en polvo, orégano, tomillo, cayena y pimienta negra. Cada casa tiene su mezcla.
  • El arroz del día anterior no es capricho; el almidón resistente que se forma al enfriarse es más beneficioso para la digestión. 
  • El Hoppin' John se cocinaba el 1 de enero en las casas del sur de Estados Unidos. Los esclavos lo preparaban ese día para atraer prosperidad al año nuevo. Ellos trajeron no solo las semillas, sino también la técnica para cultivar arroz en terrenos pantanosos, algo que los colonos británicos desconocían. 

Preparación:
  1. Pon las alubias en remojo entre 3 y 4 horas, hasta que la piel esté tersa y sin arrugas.
  2. Trocea el cerdo y dóralo en una cazuela con un poco de aceite a fuego medio-alto hasta que coja color.
  3. Pica muy fino la cebolla, el apio, el pimiento y el ajo. Añádelos a la cazuela y rehoga hasta que estén blanditos. Incorpora las especias y remueve bien para que se integren.
  4. Añade las alubias escurridas, el laurel, el tomillo y agua apenas hasta cubrir. Cuece a fuego lento 15 minutos. Sube a fuego medio otros 10 minutos hasta que las alubias estén tiernas y el caldo se haya concentrado ligeramente.
  5. Añade el arroz ya cocido y rehoga 3 minutos a fuego suave. Apaga y deja reposar. El arroz terminará de absorber los líquidos y el plato se asentará.

Payasam de Kerala y la deuda infinita

abril 05, 2026
Querido lector, nuestro viaje toca a su fin. Es hora de descansar y que mejor forma de hacerlo que degustando un buen dulce y una buena historia:

La leyenda cuenta que en un templo cerca de Cochín, en Kerala, el mismo puerto donde Catarina vio por última vez su tierra, el dios Krishna ganó una partida de ajedrez a un rey requetesoberbio. Krishna hizo un poquito de trampas y se presentó disfrazado de viejo mendigo en el templo de Ambalappuzha donde este soberano vivía. A éste, además de tirarse el pisto de lo estupendo que era, le encantaba jugar al ajedrez y le pareció divertido fanfarronear un poco con el mendigo en plan sobrado. 

Entre guasas le preguntó qué le gustaría de regalo si ganaba la partida, algo de lo que estaba convencido que no pasaría pero le resultó gracioso ilusionar al anciano, que tan solo pidió un grano de arroz que tendría que duplicar en cada casilla del tablero. 

Menuda nadería, pensó el rey. Y jugaron. Y perdió claro. Y cuando el mendigo reclamó su premio, a la que el monarca iba colocando granos de arroz, comprendió que ni todo el arroz del mundo bastaría para pagar esa deuda; ni una montaña de granos tan grande como el Everest sería suficiente. 

Pero Krishna mostró su misericordia, no para con un rey necio sino para con su pueblo que como siempre, sería quien tendría que pagar a costa de su miseria.  Le dijo al monarca que, puesto que no podía sufragar la deuda de golpe, la pagaría todos los días de su vida, hasta el fin de los tiempos.

Desde aquel día, en el templo de Ambalappuzha, el soberano y sus sucesores han tenido que cocinar Payasam de arroz todos los días y repartirlo gratis a los peregrinos y pobres. Esta es  la deuda impagable de Kerala.
¿Crees que Catarina llegó a probar el payasam? En sus sueños, cuando sus padres llegaban a Puebla llorando de rodillas y ella los perdonaba, en esos delirios ¿conseguiría recordar el aroma del cardamomo y el jengibre? Imagino que para la pobre mujer, la locura fue más reconfortante que la realidad. Eso duele.

Yo ahora, con este arroz de hoy, el mejor que he podido comprar en el colmado hindú de mi ciudad, confío en aportar algo a la deuda impagable que el universo tiene con las Catarinas esclavizadas y maltratadas del mundo. Ojalá esta deuda moral tuviera el poder de imbuir algo de cordura a la humanidad que no es que la haya perdido; es que nunca la ha tenido. No importa dónde mires ni cuánto viajes a través del tiempo. 

Este arroz con leche, además, representa la inquebrantable voluntad de Rukhmabai que no se dejó malear por las leyes injustas del país. Representa al payasam más tradicional, que no ha mutado para adaptarse a ningún intruso. Es el Kheer por excelencia, que viajó a Persia y de allí saltó a Europa, a África y a América pero aún así, el que se hace con basmati de grano largo y firme, ha luchado contra la estandarización manteniendo su memoria.  

Es además con esa forma de cocinarlo, sofriéndolo antes de cocer para que sellen bien los granos y no se pasen, como ha perdurado su excelencia no solo en la cocina hindú sino que también lo ha hecho en España gracias a la cocina heredada del Al-Ándalus, quienes -casi al tiempo que echábamos a unos y descubríamos a otros-  lo introdujo a su vez en México; es un mapa por sí mismo que representa lo perdurable e inexorable de la cultura humana; es también el origen de los desarraigados, los que tuvieron que irse a la fuerza, como Salomón y  Subhro y Catarina. 
Quiero pensar que este payasam sagrado es el puerto de llegada de todos esos viajes rotos que no entienden ni de siglos ni de fronteras; es el consuelo para la "locura" de Carlota, la justicia para la "santidad" de Catarina, la libertad de Rukhmabai, el descanso para Salomón y la identidad olvidada de Imilce.

Qué bonito sería pensar que este arroz con leche -Kheer- con sus aromas a rosas, a jengibre y cardamomo no es un postre más en el blog. No sé si suena retorcido pero en este viaje de cuatro mujeres y un elefante, hemos desenterrado vidas sin  profanar la memoria, sin dañar el recuerdo pero vociferando a los cuatro vientos o a aquel que desee escuchar, que los ricos y poderosos han sido siempre los mismos a lo largo de la historia. Ellos traen eternamente penurias, maldad, injusticias y dolor. 

Es tan grande la deuda infinita que tienen para con la humanidad que deberían estar todos ellos, todos los días, cocinando arroz con leche para los desplazados, los pobres, los marginados y los desarraigados. Son ellos, los que deberían ser borrados y ninguneados por la historia. No sus víctimas.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Notas:
  • Cada ingrediente es necesario. Son clave para que no termines cocinando un arroz con leche europeo con especias. 
  • La diferencia entre un Kheer del norte o del sur (como éste nuestro que se llama payasam) está en la leche de coco. Se usa una más diluida o clara (mira en los ingredientes que tenga un 60% de pulpa de coco más o menos) y otra más solida, que conserva separada la crema del agua (en los ingredientes verás que es 90% pulpa de coco). La cremosidad es importantísima y dependerá de este detalle.
  • En los Kheer del sur se usan anacardos y pasas aunque en el norte también lo acompañan con almendras y últimamente pistachos que están tan de moda. No caigas en la trampa. Para nuestro payasam solo pasas y anacardos tostados con un poco de ghee.
  • Si puedes muele el cardamomo en un mortero y luego lo cuelas con un colador para quitarle la cascara y usas solo el polvo.
  • Las gotas de agua de rosa, si puedes, no las omitas. Son un verdadero puntazo de olor y el viaje va a ser completo.
  • Si no dispones de ghee siempre podrás usar mantequilla pero no tardas nada en hacerlo casero: derrite mantequilla sin sal de buena calidad sin mezclar con nada y la derrites hasta hervir a fuego medio-bajo. Forma una espuma blanca chisporroteante  que no debes retirar. Esta espuma bajará y se convertirá en un polvito que se deposita abajo en el cazo. Cuando ese polvo coja color dorado, lo retiras del fuego, cuelas bien el ghee y lo guardas en un frasco. 
  • una vez hecho el payasam, si ves que esta dulce para tu gusto le puedes añadir un poco más de leche de coco espesa. 

Ingredientes:
  • 160gr. de arroz basmati
  • 2-3 cdas de ghee líquido para sofreír el arroz
  • 200-220gr. de jaggery rubio (o piloncillo de panela oscuro o panera molida)
  • un poquito de agua para diluir el jaggery
  • 400ml. de leche de coco clara (60% más o menos)
  • 3-4 vainas de cardamomo recién molidas y filtradas con el colador
  • 1/2 cdta. de jengibre molido
  • 400ml. de de leche de coco espesa (90% más o menos)
  • anacardos y pasas a tu gusto salteadas en 1 cda. de ghee líquido
  • 2 gotas de agua de rosas

Preparación:
  1. Lava muy bien el arroz y sécalo un poco con un trapo.
  2. Calienta el ghee en una cacerola a fuego medio y sofríe el arroz seco hasta que los granos brillen ligeramente. Así evitamos que pierda su punto cuando le añadamos el jaggery.
  3. Vierte la leche de coco ligera y cocina a fuego muy lento hasta que el arroz esté tierno pero mantenga su forma íntegra. Depende del arroz pero te llevará unos 15 minutos. Puede que algo más.
  4. Mientras, derrite el jaggery con un poquito de agua en un cazo a parte. Lo viertes sobre el arroz y lo integras bien. Añade el cardamomo y el jengibre. Deja que el arroz cueza durante 5 minutos más. Ya apartado del fuego, le añades la leche de coco espesa. Remueves bien hasta que esté cremoso. Por último, agrega un par de gotas de agua de rosas y vas dejando que enfríe a temperatura ambiente. 
  5. En una sartén pequeña a fuego medio, tuesta los anacardos y las pasas en un poco más de ghee hasta que éstas se inflen y los anacardos cojan color dorado. Viértelo todo sobre el Payasam.

Arroz rojo mexicano

abril 03, 2026

Querido compañero de viaje. Estamos en nuestra quinta etapa y quiero imaginar que sigues los pasos de nuestros protagonistas con la misma ilusión y emoción que siento yo. Recuerda que la palabra escrita es papel mojado sin unos ojos que la engullan y la hagan suya. Sin ti no hay historia y la de hoy es la más dura y cruel de todas.

Es vital que me centre sin pasión en los hechos, en lo que sabemos, porque su vida, obra y milagros es producto de la más pura y horrenda invención pero que ha calado tanto en la cultura mexicana, que aún nadie ha reestablecido oficialmente su verdadera historia. Es la más borrada de nuestras cuatros protagonistas. Y si bien el pueblo mexicano la ensalza con orgullo y admiración, nadie aún -o casi- ha rebuscado entre las capas del personaje de ficción para descubrir a la verdadera Catarina de San Juan, la China de Puebla.

Vale, cojo aire y voy a resumirte lo que se sabe de su vida, ignorando las barbaridades que contó su cuentista mayor, Alonso Ramos. Y que quede por delante que no soy yo quien desmonta a este farsante porque de eso ya se ocupó la Inquisición que, por lo que sea, dijo basta al cuento de la princesa santa y milagrera que llegó a México por mandato divino para sufrir en Puebla. ¿Con qué fin? Pues a sufrir por sufrir que es lo que hacen las santas. En cualquiera de los casos, me he resistido a darle veracidad a ninguno de los jesuitas que construyeron al personaje de la Santa de Puebla. Esto es lo que se sabe de ella:

Hacia 1605, nace en la India en el seno de una familia pobre siendo vendida a unos comerciantes de esclavos portugueses posiblemente cuando tenía 11 años de edad, la misma edad que tenía Rukhmabai cuando la casaron. No era una princesa raptada por piratas. Tristemente, estamos ante otro uso muy común en comunidades de pobreza extrema. Vender a tus propios hijos para sobrevivir sigue vigente hoy. 

La cría fue bautizada a la fuerza porque los esclavos cristianos tenían un valor de mercado más jugoso y en Manila se le pierde la pista durante 6 años. Hoy sabemos por cientos de informes fiables, como funciona la trata infantil por lo que no es descabellado afirmar que la niña fue violada, forzada, esclavizada y maltratada por cualquiera porque en aquel entonces la esclavitud y el maltrato era legítimo. 

Fíjate si esto era sabido, que sus "biógrafos" decían que los hombres que intentaban acercarse a ella quedaban cegados o paralizados por una fuerza divina. De nuevo, el recurso celestial para tapar atrocidades que desvirtuaban a las víctimas y la santa había que conservarla muy santa. Y para ser santa hay que ser virgen y pura porque por todos es sabido el latazo que el mundo nos ha dado con eso de ser solteras y enteras; pues si nos quieren puras,  ¿Por qué nos violan? Pero sigamos.

Las esclavas eran valiosas porque parían esclavitos -no hijos- que a su vez eran vendidos y así se rentabilizaba con creces la inversión. Ella, en cambio, nunca tuvo hijos lo que hace que mi mente retorcida sospeche que algún malnacido la reventó por dentro -ésto también está tristemente documentado en los informes oficiales contra la trata infantil- y a consecuencia de ello, de ser cierto, fue marcada como producto defectuoso. Insisto, es mi teoría, nada de esto quedaba documentado en aquella época.

Un mercader la compró a buen precio en Manila y la embarca hasta Acapulco donde en 1621, a la edad de 17, es comprada por Miguel de Sosa, vecino adinerado de Puebla donde ella reside hasta la muerte del amo, 25 años después.

Parece que Catarina "es la joyita" de la casa, porque también está documentado lo valiosas que eran las chinas de origen hindú -todas las asiáticos eran llamadas chinas- un lujo que no está al alcance de cualquiera. Estas esclavas son escasas y caras pero Sosa la adquiere al precio regular del mercado. Es posible que ya se supiera o hubiera sospecha de que estaba traumatizada, algo perturbada. Puede que por eso se la conservó en la casa a pesar de no haber sido capaz de aprender bien el español, hablando esa mezcla confusa de hindi, portugués, filipino y español. 

No parece que se la mantuviera en la casa por cariño porque los términos del testamento del amo no demostraron mucho apego sino una intención clara de despacharla de la casa pero sin que quedara en la calle sin posibles. Así que, además de servir dos años más como esclava al servicio de su viuda, le daba la libertad siempre que eligiera una de estas dos opciones: entrar como donada en el convento en el escalafón más bajo, es decir, seguir siendo esclava de las monjas o casarse con Domingo Suárez, un esclavo liberado también chino que, para cerrar el trato con el hombre, recibiría una dote de 400 pesos y alguna cosilla más siempre que cumpliera con su parte.

Catarina aceptó casarse con él con una única condición: no debía tocarla, compartir lecho ni consumar el matrimonio cosa que el hombre aceptó y cumplió porque a saber todo lo que ya había visto en sus años de esclavo y cómo no sentir compasión por una mujer cercana a los 40 años, que se marchitaba y que sufría a menudo episodios de delirio que la gente ya empezaba a cuchichear que eran rarezas místicas. 

Imagino que el hombre puso de su parte, pero un esclavo que nunca tuvo nada y que de repente se ve con una pequeña fortuna, pues despilfarró a saco hasta que no quedó ni un peso. Y aunque poco se conoce de la vida del matrimonio, se sabe que vivieron muy miserablemente en el barrio de los libertos de Puebla, sin otro remedio que seguir trabajando precariamente en talleres textiles y cosiendo prendas para los acomodados.

Malvivía en una covacha, descalza y con un par de harapos por toda vestimenta, algo que choca tremendamente con el mito de la China de Puebla que puso de moda la falda floreada con la camisa blanca y escotada. La China de Puebla, no fue Catarina. Los hechos nos llevan lejos de esa fantasía. Lo cierto y probado es que ella no fue nunca esa mujer; fue una liberta que a medida que se deterioraba impidiéndola trabajar, no tenía que llevarse a la boca y le tocó subsistir gracias a limosnas. 

Por lo tanto ¿Qué pasó para que le atribuyeran esas dotes divinas de beata convencida que hablaba con la virgen y obraba milagros? No soy experta pero creo que hoy lo llamarían trastorno de estrés postraumático derivado de tantos años de trata, violencia y despojo de su dignidad. Esos brotes los tuvo a menudo pero fueron creciendo a medida que Catarina envejecía y para cuando enviudó ya no tuvo quien la sustentara en absoluto. Vivía de la caridad.

Y aquí es cuando se convierte en la santa perfecta.

En Puebla, varias órdenes religiosas estaban requetepicadas unas con otras por ver quién tenía más influencia y "santos" locales. No nos tiremos de las vestiduras que apariciones y locuciones con la virgen han existido siempre y con más que interesantes ingresos económicos. Y los jesuitas, por lo que fuera, descubrieron el filón y lo explotaron.

Y aquí volvemos a suponer porque no se sabe nada en absoluto y es muy tentador mentir o manipular. Así que voy a intentar ser lo más neutra posible: ha  enviudado y su pobreza es más extremas aún. Ya es una anciana, está en la más absoluta de las soledades y en sus delirios medio en hindi, filipino y español roto, algo que la gente no entendía, se empieza a extender la idea que lo que ella habla es el idioma de dios. Y claro, aparecen los jesuitas y hacen de traductores; comienza a  predecir muertes ilustres, desastres naturales y otras naderías. Esa lengua irreconocible por todos menos por sus confesores es con la que se comunica con la virgen y con Jesucristo. 

No hay constancia alguna de que ella hablara de primera mano con nadie una vez que los jesuitas se hacen cargo de ella. La proporcionaron asilo en el Convento del Espíritu Santo, lejos de otras ordenes religiosas y orejas poco discretas que pudieran desmontar el negocio. Porque eso es lo que fue: nobles, gazmoños y hasta obispos iban a verla a su celda para conocer a la Santa de Puebla a cambio de lo que hoy se sigue explotando en Lourdes, Fátima o en la Basílica de Guadalupe en el propio México.  

Y a cambio se la permitió vivir sus últimos años en paz, durmiendo dignamente en un catre y atendida en condiciones por su compañera de celda y la madre superiora que quiero -no, necesito- pensar que la apreciaron de corazón.

Fue a través de ellas que trascendió uno de los sueños más recurrentes de la anciana: soñaba con que sus padres llegaban a Puebla y de rodillas se acercaban a ella y la abrazaban. Y ella los perdonaba y los abrazaba también. Y así, soñando con abrazos y perdones que nunca llegaron, murió en su celda. En su testamento dejó una cazuela, un crucifijo y cuatro harapos. 

Para la más silenciada; la que nunca fue ni escuchada, ni preguntada; para la más frágil y más olvidada que solo sirvió para los intereses ajenos despojada de cariño y respeto como siempre que hablamos de gente humilde; para ella, la China de Puebla que nunca fue, publico este arroz rojo, cocina sencilla y sin pretensiones que nunca falta en ningún hogar mexicano. En casa de Sosa, antes de mendigar libre pero abandonada ¿Probó alguna vez este arroz tan sabroso como sencillo? 

Ojalá. Y ojalá llegue alguien y restituya la dignidad de esta mujer que se merece ser no solo símbolo mexicano sino mundial. Si eres creyente reza no por la Santa de Puebla sino por todas las personas que a día de hoy son víctimas de la trata de personas.

Nota: Si alguien quiere saber más de los esclavos chinos en México, estas bibliografías son necesarias: Tatiana Seijas, Asian Slaves in Colonial Mexico: From Chinos to Indians (2014). Y Úrsula Camba Ludlow, Imaginarios y realidades de la Puebla de los Ángeles: siglos XVI y XVII (2008).

Cuatro mujeres y un elefante

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Ingredientes para 4:
  • 2 tomates rojos
  • 1 cebolla 
  • algo de pimiento rojo o chile serrano
  • 1-2 dientes de ajo
  • algo de aceite de oliva
  • zanahoria muy picada a tu gusto
  • 1 taza de arroz de grano largo
  • 2 tazas de caldo de verduras
  • unos chicharros (guisantes) a tu gusto
  • perejil o cilantro a tu gusto
  • opcional: algo de orégano, de tomate y chile rojo en polvo

Preparación:
  1. Remoja, lava y seca el arroz para evitar que se pegue y quede pastoso. 
  2. Prepara el recaudo: en una licuadora pon los tomates, el ajo, la cebolla y un poquito de pimiento o chile serrano a tu gusto y licúalo todo junto.
  3. En una sartén amplia, calienta el aceite a fuego medio-alto. Añade el arroz y sofríelo revolviendo constantemente, hasta que tome un color dorado. Añade la zanahoria y rehoga otro poquito más. Si es necesario, baja el fuego un poquito.
  4. Añade ahora el recaudo, sofríe un poquito y agrega el caldo de verduras.  Cuando empiece a hervir, tapa la olla y baja el fuego al mínimo.
  5. Cocina unos 18-20 minutos hasta que el caldo se absorba. Unos 5 minutos antes, añade los chicharros. Apaga el fuego y deja reposar, tapado, por otros 5 minutos.

Arroz con pollo y verduras

mayo 10, 2025
murrio, rria

adj. Que tiene murria.
f. coloq. Especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico a quien la padece.

En mi casa se decía mucho eso de estar murrio. Supongo que en el resto de casas también y puede que estemos ante un adjetivo que apenas acaba de entrar en el club del olvido. Lo cierto es que las palabras no tienen fecha de caducidad ni posibilidad de prolongar contrato así que imagino que por eso se pierden en el olvido sin darnos cuenta. Con la callada por respuesta.

Estar murrio es como estar de bajón. No vas por ahí diciendo "Ay que triste estoy" porque suena a "mecachis, necesito casito" pero decir que uno tiene el día murrio pues como que le quita tontería al asunto. Y es que la melancolía es lo que tiene, porque no siempre es tristeza al uso, es como una desazón, igual que cuando uno se pone a recordar lo rico que estaban los Tigretones y los Bucaneros cuando éramos pequeños. 
Y ojo, que no es porque fueran más naturales, al contrario ya que entonces se usaban sustancias hoy prohibidísimas y además, claro está, que nuestro recuerdo, manipulado por el pasar de los años, procede de las papilas gustativas de un pequeñajo que para nada son las que gastamos de adultos.

Pero el pasado es muy cabezota y se empeña en hacernos creer que antes todo era mejor. Para nada; antes nosotros éramos más jóvenes, más vigorosos en la cama, salíamos de juerga, trabajábamos, atendíamos casa, hijos, padres, amigos, colegas... y parecíamos invencibles. Hoy no llegamos ni a un cuarto de todo aquello. Hoy te tomas un par de vinos una noche y necesitas dos días para recuperarte. Si trasnochas, se te hinchan los pies. O algo peor.
Así que no. No caigas en esa trampa del entradito en años. Repetir lo que decían nuestros abuelos nos vuelve carcas, retrógrados y además nos aleja de la realidad. Y eso nos tiene que poner sí o sí murrios. En cambio, si sigues subido a este tren sintiéndote parte del pasaje, consciente que el futuro es de ellos y que ahora, poco a poco, tenemos que ir dejándoles espacio; si decidimos seguir aprendiendo y disfrutando del viaje -cuando toque, que no todo es coser y cantar- entonces la cancamurria nos visitará de pascuas a ramos. Y ese tiene que ser el plan.

Este arroz es como un arroz milanesa pero con pollo y como uso pechuga, pues la macero para que no se quede seca y tiesa porque sino, me entraran ganas de decir eso de "en mis tiempos los pollos..." pero esa es otra historia.
Ingredientes:
  • 1 pechuga de pollo marinado en:
    pimentón, ajo en polvo, ají molido, salsa worcester, sal y pimienta
  • 2 zanahorias cortadas en cubitos pequeños
  • un puñado de champiñones en láminas
  • 1 pimiento verde pequeño en trocitos pequeños
  • 1 tomate rallado
  • 1 cda. de tomate concentrado
  • un poco de azafrán molido
  • 250gr. de arroz tipo bomba
  • 500ml. de caldo de verduras
  • un puñadito de guisantes

Preparación:
  1. Saltea en la sartén o paellera el pollo con un poquito de aceite de oliva. El pollo lo habrás tenido macerando 30 minutos con pimentón, ajo en polvo, ají molido, salsa worcester, sal y pimienta.
  2. Una vez que se haya marcado un poco, añade la verdura menos los guisantes. Saltea durante 2-3 minutos a fuego medio-fuerte.
  3. Añade el tomate rallado, el concentrado, el arroz y el azafrán. Remueve y liga el arroz antes de echarle el caldo.
  4. Echa los guisantes por encima y deja que cueza a fuego lento y tapado hasta que se consuma el caldo (unos 20 minutos)

Pudding de arroz con leche de coco

abril 11, 2024
Un día como hoy de 1954, según un estudio de True Knowledge, y basándose en 300 millones de datos históricos desde 1900 hasta 2010, se concluyó que fue el día más aburrido desde 1900.  El día en cuestión, fue un domingo en el que lo único importante que ocurrió fueron el nacimiento del intelectual turco Abdullah Abadar, unas elecciones belgas y el fallecimiento de un jugador de futbol inglés, un tal Jack Shufflebotham.

Pero ¿a quién se le ocurre calcular estas memeces? A ver, todo tiene su explicación por muy mema que ésta sea. Érase que se era, una empresa que estaba recopilando datos a saco Paco para crear a Alexa. En concreto, a ellos les correspondía inventariar datos históricos y por algún motivo -posiblemente aburrimiento- al ingeniero informático jefe del recopilatorio -un tal William-  le picó la curiosidad y se dijo: hala, a ver que nos dice el oráculo.
Pues mira por donde pero la chorrada se hizo super famosa y requete viral, todo el mundo quería saber a santo de qué una persona en su sano juicio, y que encima cobraría un pastizal por trabajar, para no aburrirse se metió en este jardín. Al Will no le quedó otra que embellecer su motivación con verborrea:  "Se nos ocurrió que podíamos ser capaces de medir objetivamente la importancia de cada día en la historia"... menos lobos William, que la historia no comenzó en el SXX y además, que en ese domingo, por lo que sea, a nadie le diera por constatar sucesos memorables, no significa que no acontecieran. 

A saber cuantas risas, jolgorios, fiestas y demás folklore verbenero pasaron ese día y si los periódicos y los historiadores hicieron caso omiso del divertimento popular de la gente corriente, no implica que esa afirmación tenga fundamento alguno. Es más, lo mismo ese día nadie constató nada porque estaban todos de parranda... yo, me lo creo. Vaya que sí.

Así que hoy, para que no te aburras comiendo lo de siempre, te traigo un pudding de arroz con leche que, para hacer el triple salto mortal, lo he hecho con leche de coco que me chifla a más no poder. Aquí en hierbas y especias, desde luego, el que se aburre es porque quiere, no hay otra.
Ingredientes para 6-8 vasitos:
  • 2 latas de leche de coco (400ml. cada una)
  • 120gr. de arroz redondo
  • 60gr. de azúcar
  • canela en rama
  • vainilla
  • opcional: un poco de ralladura de limón
  • 2 yemas
  • 3 cdas. rasas de azúcar y una de agua para el caramelo (o caramelo ya listo)

Preparación:
  1. Pin a calentar la leche de coco a fuego medio-bajo con el azúcar, la ralladura de limón (es opcional) y la canela. Cuando rompa a hervir añade el arroz, deja que cueza 20 min. removiendo de vez en cuando para que no se pegue.
  2. Retira del fuego , añade las yemas y la vainilla y liga bien el pudding.
  3. Paralelamente haz el caramelo: en una cacerola no muy grande, pon a fuego más bien alto (si está bajo no se tostará del caramelo) el azúcar y el agua. Remueve sin parar hasta que hierva y coja color. Cuidado con no quemarlo.
  4. Precalienta el horno a 150ºC (140ºC si es de aire).
  5. Pon en una bandeja los vasitos o moldes con un poco de caramelo. Rellánalos con pudding y antes de meterlos al horno, cubre el fondo del recipiente con un poco de agua caliente. Hornea unos 40 min. Deja que enfríen en la nevera por lo menos 2-3horas. 

Arroz con leche

abril 17, 2023
Querida Mari Pili,

Te extrañará que te escriba después de tantos años sin saber la una de la otra pero he sabido, a través de tu sobrina Paloma, que sigues viviendo en la misma casa de siempre. Y para que tú veas, hace tanto que no escribo una carta que no sé ni cuanto cuestan los sellos y me temo que tampoco sé tu código postal. Tendré que preguntar en el estanco, y a saber si todavía existen los buzones de correos. 

Tu sobrina ya me ha contado que el Anselmo murió hace un par de años y que tú no quisiste hacerle luto porque ya andabais separados y de malas formas. En fin, si en lugar de robarme el novio a la chita callando, hubieras dado la cara, yo podría haberte anticipado que aparte de la guapura, al señoritingo le faltaba un hervor, un refrito y hasta tres horas de cocción en olla rápida y que si lo querías pues para ti, tuyo para siempre y que te lo podías comer hasta en pepitoria. Pero no, tuviste que traicionarme de aquella manera, con mentiras y a la fuga para que el escándalo fuera más sonado y bochornoso.

Pero mira, favor que me hiciste porque yo era joven, me derretía por ese pollo y en mi simplicidad ante la vida, creía que podría enderezarle después del matrimonio pero ya sabemos a estas alturas de la vida que al bala perdida no hay quien lo ate. De eso sabes tú más que yo. Gracias al escándalo, hice muy buenas migas con Manola, seguro que la recuerdas porque también la levantaste el novio, quien me presentó a su primo Alfonso con quien me casé once meses después, muy enamorada, de blanco y sin penaltis.
Hemos tenido una vida muy bonita en Irun, donde mi esposo tenía una notaria y aunque no hemos podido tener hijos propios, tenemos un pandilla de sobrinos maravillosos que nos han querido a rabiar. A mi vida no le ha faltado de nada salvo haberla compartido con mi amiga del alma que prefirió jugárselo todo a una carta y fugarse con ese lechuguino que te ha pagado el sacrificio dándote mala vida. 

En fin, quería que supieras que estoy de nuevo en Madrid, voy a pasar una temporada en casa de Manola, en nuestro barrio de siempre y aunque a simple vista ha cambiado mucho, a mi me sigue pareciendo el mismo. Puede que volver a Virgen de la Esperanza me halla ablandado el rencor que te tenía, o puede que sea el arroz con leche que me acabo de comer en la cafetería de la calle Silvano que de forma milagrosa sigue en su lugar de siempre. 

Puede que ya te haya perdonado aunque a veces sigo queriendo arrancarte los pelos de esa cabezota tuya que perdiste por un pisaverde de ocho cuartos. En cualquier caso, si quieres encontrarme, cada lunes me encontrarás en esta cafetería, donde ahora te escribo estas letras, y que es el único día que el menú incluye este arroz con leche tan rico.

Atentamente, tu ex amiga del alma que de vez en cuando te añora sinceramente.

Insta-relato dedicado a @itziar_elizondo que me retó a escribir la historia de "una anciana, una cafetería, comedia y un reencuentro"

Ingredientes: para 6 raciones:
  • 1 litro de leche entera
  • 100gr. de azúcar
  • 1 rama de canela
  • la cáscara de un limón
  • algo de vainilla
  • 250gr. de arroz redondo

Preparación:
  1. Calienta la leche con el azúcar, la canela, la ralladura y la vainilla. Cuando rompa a hervir, añades el arroz.
  2. Baja a fuego medio y vas removiendo con frecuencia. Si ves que se seca demasiado, añade algo más de leche. En unos 30 minutos estará listo. Deja enfriar.

Arroz djuvec con cevapcici

marzo 23, 2023
Existió un teniente japonés llamado Hiroo Onoda. Este era un nipón de los de antes de las dos bombas, con mucho rollo honor hasta la muerte, lealtad absoluta, servir a la patria o morir, etc. etc. etc. Educado en un marco en plan no hay gloria sin sufrimiento y la dignidad no entiende de fracaso, con 20 años y tras la entrada de EEUU en la guerra, Onoda se alistó en el ejército. Lo suyo eran las técnicas de guerrilla e inteligencia militar y parece que era todo un fenómeno, así que a finales de 1944, a Onoda le mandan a la isla filipina de Lubang para destruir todo lo que se le pusiera por delante.

Para su desgracia -insisto, lo del honor lo llevaba a rajatabla- cuando llega le dicen que las ordenes han cambiado: que había que evacuar la isla porque los americanos estaban al acecho pero que él y un puñado de valientes -traducción: unos cuantos pringaos que se dejen el pellejo en la contienda- debían permanecer en la isla y luchar hasta el final. Su superior parece que le dijo textualmente: "Puede que nos lleve tres años, incluso cinco, pero pase lo que pase volveremos a por ti". Llegaron los americanos, tiraron las bombas, se firmó la Declaración de Potsdam y aquí paz y después gloria. Se olvidaron de él.

No te lo voy a hacer largo: aguantó lo suyo al mando de un comando de tres hombres que se dedicaron durante lustros a robar y matar por la isla. 30 años después, a un estudiante japonés se le metió entre ceja y ceja buscarle y contarle que la guerra había terminado hacía la tira de años. Lo encontró y el teniente Onoda erre que erre: que sus ordenes son aguantar y luchar hasta la muerte. El joven que se va a Japón a localizar al mayor al mando, se lo lleva a la isla y así convencen al veterano que se rinda y que vuelva a casa. Cuando regresa flipa en colores con lo que se encuentra: rascacielos, una sociedad que nada tenía que ver con su mundo, un consumismo atroz y sus valores de patria, sufrimiento, honor y esas cosas desaparecidas en combate. Y fin. Así es la vida. Luchar ¿para qué? para nada. Nunca ha servido para nada.

Y ¿por qué no traigo una receta japo? porque no todo tiene que ir a juego como un colegial en su primer día de colegio. Este arroz y estos cevapcici vienen de la antigua Yugoslavia, por eso es difícil decidir a quien pertenecen. ¡Otros que han sufrido lo suyo y más!
Los cevapcici se preparan con distintas mezclas de carne dependiendo de donde los comas así como se presentan de mil maneras: con arroz, tipo kebap o en las parrillas veraniegas desde Estambul hasta la misma Viena. Yo te los traigo con el popular arroz serbocroata pero si vas de vacaciones por la zona, te lo servirán casi seguro con cebolla y salsa ajvar. En Austria han sustituido la salsa ajvar por mostaza -típico de mi gente-. En cualquier caso, te van a chiflar. Y el arroz también.


Ingredientes para los cevapcici:
  •  500gr, de carne picada mezcla de vacuno y cerdo
  • Cebolla y ajo muy muy picados. Con el ajo no te cortes, suelen estar cargaditos imagino que para espantar vampiros o algo peor.
  • 2 cdtas.de pimentón dulce
  • Un poco de sal y pimienta
  •  1 cdta. de guindilla o de especias Vegeta (típicas de los Balcanes) o de especias para chorizo (en cualquier mercado)
  • 1/2 cdta. de bicarbonato (para que la carne quede más suelta)

Preparación:
  1. Mezclas todo junto.
  2. Haces unas albondiguillas de unos 30gr. y luego las estiras a modo de un chorizo. Que reposen 1 hora mínimo.
  3. Las fríes en una sartén con un poco de aceite de oliva o si van en parrilla, las untas antes con un poco de aceite.
Ingredientes para el arroz djuvec para 4:
  • 1 cebolla pequeña picada muy en fino
  • 2-3 dientes de ajo machacados
  • 1 cdta. colmada de pimentón dulce
  • 2-3 cdas. de tomate concentrado o salsa espesa de tomate
  • 300gr. de arroz largo
  • 600ml. de caldo de carne
  • 2-3 cucharadas de ajvar
  • 1 cdta. de guindilla o de especias Vegeta (típicas de los Balcanes)
  • un chorrito de aceite de oliva
  • un puñado de guisantes a tu gusto
  • sal solo si hiciera falta

Preparación:
  1. En una sartén, con un poco de aceite de oliva, rehogas brevemente la cebolla, el ajo, el tomate, ajvar y el arroz. Añades las especias, el caldo y lo dejas hervir a fuego suave hasta que consuma el caldo.
  2. Poco antes que consuma todo el caldo, añade los guisantes y si hiciera falta, añade algo de sal (si usas vegeta no hace falta que ya lleva).
  3. Sirve con los cevapcici por encima.

Sopa de picadillo con arroz

abril 28, 2020
recuerdo
1. m. Memoria que se hace o aviso que se da de algo pasado o de que ya se habló.
2. m. Cosa que se regala en testimonio de buen afecto.
3. m. Objeto que se conserva para recordar a una persona, una circunstancia, un suceso, etc. No he querido desprenderme de los recuerdos de familia.
4. m. pl. memorias (‖ saludo por escrito o por medio de tercera persona).

Todos los tenemos, pero cada cual alimenta los suyos a su manera así que cada recuerdo es personal e intransferible. Incluso los comunes, los que acontecieron compartidos, son únicos y no faltan los debates cuando se evocan en grupo. A veces son solo pequeños matices y otras tantas los protagonistas recuerdan películas completamente dispares. Esto tiene su explicación científica con la cual no voy a gastar estas líneas de hoy; lo guardo para otra ocasión. Hoy los recuerdos van a rondar por otros derroteros, pero no descarto que alguno de los personajes de mi historia diga que eso no fue así o que fue asá. Es una simple cuestión de perspectiva. Y aquí va la mía... 

Pertenezco a una generación donde los sentimientos no había que mostrarlos mucho. Decir un "te quiero" era algo de muchísimo peso y si hoy querías y mañana dejabas de querer, se te podía tachar de persona superflua o de poca talla moral. Sí que es verdad que las mujeres sobre este particular, lo hemos tenido más fácil; hemos podido llorar y expresar amor con más libertad, pero al tiempo, contra más efusiva, alegre y amorosa fueras, más propensa era la gente a tacharte de "locuela", "ligerita", "inocentona"... así que somos bastantes las generaciones que crecimos un poco a lo John Wayne y Ava Gardner, bajo ese cliché de hombre duro versus mujer fatal que tanto se llevaba por aquel entonces. Y eso deja secuelas por mucho que con el paso de los años lo hayamos superado. O no.
Quizás por eso, mirar a la infancia nos hace tan felices. Es después de todo, el periodo de nuestra vida donde más besos, y abrazos, y caricias, y dulzuras, y más de lo más hemos recibido de forma sincera, gratuita... porque sí. Y nuestra mente, que a nivel afectivo es insaciable, se inunda en esas mieles abrigando los recuerdos, manipulándolos para hacerlos más bonitos y entrañables si cabe. Tanto los magnifica, que hay olores y sabores que nunca más volvemos a encontrar. La comida de nuestras abuelas o de nuestras madres cuando nos faltan, son sabores que jamás de los jamases volvemos a reencontrar porque los hemos fortificado en el recuerdo.

Y por eso ante la orfandad, los recuerdos se quedan tiritando, asustados porque temen que ya nadie los arrope y los alimente. Cuántas veces he lamentado no haber preguntado más, o apuntado mejor; cuantos recuerdos de aquellos años, para mí los más felices de mi infancia, los vividos en Daimiel, se habían quedado sin las voces que podían despertar los clari-oscuros de mi memoria de mosquito: recuerdo el olor de los rosales del jardincito, el olor a Tabac que desprendía mi padre, el que salía de la cooperativa de vinos cuando la vendimia así como a los chiquillos corriendo detrás de los tractores pidiendo uvas. Recuerdo el sabor de los polos que se vendían en el parque y del guardés que me daba mucho miedo, igual que los encapuchados en las procesiones y los gigantes y cabezudos.
Y de entre todos los recuerdos de entonces a Ito y a Mila son a quienes más llevamos en el alma. Ya te hablé de ellas cuando te conté mi historia de amor con el espía porque el cariño tan grande que sentíamos por ellas se anudó de tal manera a nuestra infancia, que nuestros recuerdos naufragarían sin ellas al timón.  Cuando volvimos a Madrid, todo cambió y mucho. Asocio ese hecho a la obligación de hacerme mayor. Las visitas a Daimiel cada vez eran menos frecuentes porque es lo que pasa cuando uno crece; se emplea el tiempo en comerse el mundo aparcando un poco lo que viene de atrás. Luego llegaron las enfermedades, las perdidas -nos faltó Juanpe, la ausencia más dolorosa- y me volví cobarde. Apenas regresé al pasado y me conformé con tirar para adelante. El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos y perdimos el contacto con ellas. Ya sabes que antes no era como ahora porque internet nos permite acercarnos mucho mejor.

El caso es que andaba melancólica y casi de puro sin querer llegue a un grupo de facebook llamado Daimiel en el recuerdo. Subí un par de fotos y conté un poco quienes éramos y donde vivíamos. Había gente que me daba nombres y señas y ahí estaba yo desorientada sin poder poner caras y sin hilar en fino ni una historia. Hasta que vi un comentario de Alberto: "Hola Maite, soy el hijo de  Mila". Casi muero ahí mismo. De amor, de emoción y de sentirme la mujer más suertuda de este mundo porque cuando creía perdidos mis recuerdos de Daimiel, en un instante sentí que el timón volvía a estar en su sitio. Me dio señas de todos, yo recados para repartir cuando la cuarentena lo permita, deseos irrefrenables de volver porque de ella fundamentalmente recuerdo el olor de su piel y su tacto, lo mismo que de Ito. Las caras se desdibujan pero los sentidos siempre están frescos.

Conspiré con Alberto para publicar una receta que fuera muy de Mila para este post. Pensó en la sopa de picadillo de Daimiel que ella la hace maravillosamente bien pero imposible hacerme con higaditos de pollo. Opté por hacerla al estilo de mi madre pero con un truqui de Mila -ese sofrito con la almendra, el ajo y el azafrán- y esta maravillosa sopa que ha chiflado a los chicos, se quedará de hoy en adelante así, tal cual: la sopa del recuerdo. Para probar la de Mila no tendré más remedio que esperar. La vida es impredecible. A veces un fastidio. Otras una delicia.


Ingredientes para 4 raciones:
  • 1 litro y 1/2 de caldo de puchero (o de pollo)
  • 1 ó 2 dientes de ajo
  • unas 6 almendras peladas
  • 1 ó 2 hebras de azafrán manchego
  • 1 taza de arroz (unos 125gr.)
  • un cuarto de pollo ya cocido en el puchero
  • unos taquitos de jamón a tu gusto
  • 2 huevos duros
  • unos trocitos de pan frito

Preparación:
  1. Prepara primero el sofrito para el caldo: en la cacerola, pones un poquito de aceite y saltea los tacos de jamón. Los reservas. añade los ajos en láminas y las almendras partidas ligeramente con el cuchillo. Salteas, añades la hebra de azafrán y cubres con algo del caldo. deja que cueza a fuego fuerte unos 5 minutos. Lo retiras y lo pasas bien por la batidora hasta que quede el caldo muy liso,
  2. Calienta el caldo del puchero con el caldo del sofrito. Cuando rompa a hervir, añade el arroz y  deja que cueza a fuego lento hasta que el arroz esté tierno. 
  3. Unos 5 minutos antes de que el arroz este listo, añade los tropezones: los taquitos de jamón, el pollo troceado y limpio y los huevos duros troceados. Que cada comensal se sirva pan frito a su gusto

Pastel de arroz relleno de calabacín y jamón

agosto 06, 2018
Te voy a contar una de esas anécdotas que a veces -muy de vez en cuando- ocurren. De hecho, ésta en concreto, nunca me había pasado así que es de comprender que me pillara tan a contra pelo. Resulta que acompañé a la city -Graz- a mi amiga A. que en estos meses anda en el proceso de sacarse el pasaporte austriaco para ella y las niñas. Un folloneo máximo a más no poder con el típico trajín, de ve pa'llá a por un sello, no aquí no es, pero oiga que ya pagué, pos'pena pa'usté, pague de nuevo pero ahora a 20km. a la redonda, el siguiente sello en Viena, el otro en su ciudad y el que está por venir en el quinto infierno a la derecha.

A. tenía que hacer una de esas fatigas -tareas quiero decir- con traducción bajo el brazo como es de ley, en el bonito edificio de pasaportes y otras diplomacias y me apunté a ir de acompañante para hacer el trago más ligero. Con eso de que los terroristas han perdido el buen gusto por los atentados y ahora cualquier canalla se monta en una furgo y te arrolla en nombre de Alá, las medidas de seguridad a los viandantes se han refinado para que todos nos sintamos mucho más seguros. 

Y aunque se puede seguir estacionando en la puerta del lindo inmueble -previo paso por el parquímetro, claro está- en la puertas de acceso te topas con esas cámaras de vigilancia copycat de las que la NASA manda a Marte. A mí, que me enseñaron educación ciudadana antes de la revolución cibercámara, me suele dar por saludar a la bola espía porque no sé, siempre tiendo a pensar que tal y como nos han enseñado las pelis de  acción, delante de todos esos monitores que te toman de frente, de perfil y hasta de planta alzada, hay sentado un pobre segurata más aburrido que una piedra en una feria. En fin, que el infantilismo lo justifico con eso de darle una nota humana a tanta grabación. 
La realidad es que esas cámaras las ve el mismo vigilante de la entrada que te ve en 3D a la que entras y en 2D a la que haces la tontada de saludar al ojo que todo lo ve. Imagino que el hombre estará hasta los cataplines de bobadas pero cuando quiero reaccionar es tarde. Las tontadas son más rápidas que el razonamiento. Así que ahí estábamos las dos, delante del seguridad entrado en años en espera del retiro y harto de tanta tontera, ante dos cápsulas rotatorias de esas que parece que te van a  hacer la descompresión y el envasado al vacío pero lo cierto es que no tengo ni idea pa'qué están porque nadie te avisa si te miran con rayos x, te escanean cual código de barras o te filman en ropa interior y mandan los vídeos a una web medio porno.

Decía, ahí estábamos nosotras. A ver, bolsos a mí y de una en una. Pase usted -le dice a A.- bolso en orden y todo listo. A ver, ahora la tunante... me dispongo a hacer la descompresión. Quieta parada señora mía -no es traducción textual como ya te imaginarás- A ver que lleva aquí dentro. La cartera. Bien llena. Típico de las señoras, ¿verdad? Voy yo y medio sonrío. Son solo tickets, digo quitando hierro. 

El hombre que me lo da y yo que se lo quiero devolver para que me lo meta en el bolso que me conozco y luego lo pierdo. No, no, señora, lo tiene que abrir usted. Ahí fui rápida "Ajá, por si es un monedero bomba" y yo se lo abrí y le quise enseñar las fotos de los chicos pero me dijo con impaciencia "ok, está todo bien". Siguiente, esta botellita de agua... y me mira a lo "ainnss que complicado me lo está haciendo"... pues tiene usted que beber. Ahí me descoloca por completo y hago un amago de gesto risueño pensando que me vacila. Es verdad que no caí en el hecho de que los austriacos no saben lo que es vacilar tal y como me recordó Günter más tarde. 

Pero yo ahí me quedo sin saber que hacer. ¿Sigo la broma? ¿bebo aunque no tengo ganas? y el hombre que me da la botella y con los ojos puntualiza el envase y al mirarme levanta las cejas apremiando a consumar el trago. Mi amiga que me dice "bebe, bebe" y yo le contesto  por lo bajito y en español "creo que me está vacilando" y A. en alemán le dice al Sr. agente de la seguridad interna "oiga ¿puedo beber yo?" Decido beber por lo que pueda pasar y en ese mismo momento que mi garganta se moja de tan sano líquido caigo en la cuenta que lo mismo el argumentario de seguridad piensa que en plena ola de calor, una botella de agüita medio fresca puede ser la excusa perfecta para transportar ácido o gas mostaza diluido en gaseosa.

En fin, que la vergüenza me duró poco porque nos reímos de lo lindo y eso siempre ayuda a relajar los largos silencios padecidos mientras la funcionara pegaba pegatinas y estampaba sellos en los documentos. Y como siempre en estos casos, antes de concluir con un pasen ustedes un buen día, la buena señora hizo la pregunta de rigor: ¿en metálico o con tarjeta?


Ingredientes:
  • 300gr. de arroz redondo (para risotto o arroz con leche)
  • 280ml. de agua (un poco menos del doble)
  • 40gr. de mantequilla
  • 3-4 cdas. colmadas de parmesano
  • 1 huevo
  • calabacín a tu gusto (yo 170gr.)
  • lonchas de jamón york a tu gusto (yo 50gr.)
  • lonchas de queso que funda bien a tu gusto ( yo 50gr.)
  • Queso rallado para gratinar

Preparación:
  1. Pon el agua con sal a hervir, añade el arroz y cuece a fuego lento y tapado hasta que el arroz esté aún algo duro, aún sin estar al dente. 
  2. Mientras pasa las lonchas de calabacín por la sarten con un poco de aceite de oliva y sal.
  3. Trocea el calabacín, el jamón y el queso en lonchas y lo reservas.
  4. Cuando esté el arroz, le añades fuera del fuego, la mantequilla, el queso parmesano y el huevo. Lo ligas bien y pones la mitad del arroz en una fuente de horno.
  5. Rellena a tu gusto y añade la otra mitad del arroz. Espolvorea con queso rallado y gratina hasta que tenga un bonito color dorado. Sirve inmediatamente.

Flan italiano con arroz

abril 28, 2018
Si te digo que te voy a hablar sobre el error del adivino pensarás "A ver con qué perversidad nos sale hoy la chamaquita". Pues eso. Eso es, tal cual. Para los psicólogos es una distorsión cognitiva. Yo oigo esos términos y me da risa, para qué mentir. Pero si te lo explico a lo "psicología para torpes" fijo que nos vamos a entender y no solo eso; seguro que nos vamos a ver en más de una como victimas de tan retorcida cognición. Sé que suena fatal pero explicado es más de estar por casa...

Te cuento. A ver, todos tenemos una bola de cristal en la cabeza que hace por regla matemática, que prejuzguemos y nos adelantemos a los acontecimientos bajo la inexorable burbuja de creer que si lo dice la bola así ha de ser.  El problema es que cuando miramos la bola no observamos la realidad sino nuestros pensamientos o sentimientos. Tanto creemos en nuestra capacidad adivinatoria que todos caemos en la trampa de distorsionar los acontecimientos para amoldarlos a nuestras profecías y saboteamos todo aquello que se ponga por delante o quiera dirigir la acción en otra dirección. Lamentablemente, esta bola de cristal nunca funciona para adivinar el número del gordo o el caballo ganador en el Royal Ascot. Por eso se le llama error y no poder.

Los especialistas dicen que para dejar de sufrir hay que dejar de mirar la bola de cristal. A veces nos hace creer que la gente no nos acepta, que hablan mal de nosotros y todo este malestar hace que nos olvidemos de disfrutar de las verdaderas cosas importantes. ¿Te suena? ¿Quién no ha predicho alguna vez eso de "la vamos a tener" y al final se lía parda? Y mucho peor todavía, predecir que no vas a aprobar un examen porque te tienen manía o que no conseguirás un trabajo porque no tienes enchufe o que no te vas a declarar al amor de tu vida porque de seguro se reirá por tu estupidez.

Mi querida y pobre víctima del error del adivino. Eres un infeliz y ya lo siento porque no hay motivo para ello. Te has dejado embaucar por falsas realidades que han ensuciado y enturbiado tu buen juicio. Te has abonado de puro sin querer a la tragedia y eso a los griegos les quedaba como anillo al dedo pero a los humanos contemporáneos no nos pone nada de nada. Dicen que para ser feliz no es necesario que seas persona alegre y de tendencia positivista. El rollo melancólico también tiene un encanto bien bonito. No, la cosa es otra. Hay que huir de los sentimientos de malestar gratuitos, no desgastarte en dramas -y dramones- fruto de tu bola de cristal y no despegar los pies del suelo sin fundamento. Recuerda que las emociones son una consecuencia de nuestros pensamientos y no una reacción ante los pensamientos ajenos. Está en nosotros no desperdiciar nuestro talento emocional en porquerías. Ama y deja amar por encima de todo que a la que vives nada más se va a revalorizar con tanto encanto y belleza. Porque quien ama, por norma, vive y deja vivir en paz.


Ingredientes: (basado en esta receta)

  • 150gr. de arroz cocido en agua y una pizca de sal
  • 1 l. leche
  • 7 huevos (la receta original tiene 10 huevo)
  • 170gr. de azúcar (la receta original tiene 350gr.)
  • Ralladura de limón
  • opcional: un par de cdas. de ron
  • Caramelo para el molde (cocinar 100gr. de azúcar  y 3 cdas. de agua)

Preparación:
  1.  Precalienta el horno a 160ºC.
  2. Unta el molde que vayas a usar con caramelo líquido. Si lo haces casero, derrite en una sartén o cacerola 100gr. de azúcar con 3 cdas. de agua. Lo remueves sin parar hasta que coja color y lo retiras del fuego y lo extiendes en el molde rápido para que no se vuelva sólido.
  3. Cubre el molde con el caramelo con la capa de arroz cocido.
  4. Mezcla la leche, los huevos, el azúcar, la ralladura y el ron. Mejor con la batidora para que quede bien ligado. Lo añades al molde. Hornea unos 75 minutos. Deja enfriar en la nevera mínimo 2 horas antes de desmoldarlo.
 
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