Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
azabacheDel ár. hisp. azzabáǧ, este del ár. clás. sabaǧ, y este del pelvi šabag.m. Variedad de lignito, dura, compacta, de color negro y susceptible de pulimento, que se emplea como adorno en collares, pendientes, etc., y para hacer esculturas.m. Pájaro de unos ocho centímetros de largo, con el lomo de color ceniciento oscuro, el vientre blanco y la cabeza y las alas negras.m. pl. Conjunto de dijes de azabache.adj. Dicho de un color: Negro intenso y brillante semejante al del azabache. U. t. c. s. m.adj. De color azabache.
Palabra bonita a rabiar que se me antoja como la mejor compañera de viaje para esta crema naranja salpicada de lentejas azabache con ese negro intenso, brillante y profundo tan característico de las beluga. ¿No es un contraste hermoso? además, ahora que hablamos de viajes y viajeros, es una piedra semipreciosa -o así la llaman como si su belleza estuviera marcada por su valor de mercado- que para muchos peregrinos del Camino de Santiago ha sido símbolo de protección usándola a modo de talismán en el deseo -o esperanza- de no sufrir tropiezos ni desdichas en su viaje de regreso a casa.
Pero nosotros aún no regresamos a "casa". Tenemos más camino por delante. ¿Recuerdas que con esta otra crema te advertí que íbamos a estar viajando por la historia? Pues seguimos nuestro personal peregrinaje que iniciamos en Bombay, para luego viajar a Inglaterra y de nuevo regresar a Bombay con el Mulligatawny de Rukhmabai.
Nuestro nuevo compañero de viaje se llamaba Salomón, un hermoso elefante asiático que regalaron a un rey portugués hace ya unos cuantos siglos y que tras años languideciendo en la corte, olvidado por todos menos por su cuidador, tuvo que emprender el camino a Viena, su nuevo hogar porque aprovechando que se casaba su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, el monarca se lo regaló de buena gana ya que se contaba que se le iban los demonios a su majestad cada vez que le contaban cuánto costaba alimentar al animal.
Así que Salomón, acompañado siempre por Subhro -su cornaca hindú y única familia que el elefante había conocido- emprendieron la marcha al noreste en dirección a los Alpes, esos gigantes que se interponían en su camino a Viena, gesta que ya en su tiempo culminó Aníbal con sus 37 elefantes africanos cruzando los Alpes camino de Roma y se cuenta que al igual que Salomón, consiguieron cruzar los Alpes con dignidad y fortaleza, la cual se vio mermada posteriormente por culpa del frío y de las enfermedades.

Ingredientes:
Preparación:
Pero sigamos acompañando a Salomón y a Subhro en esta odisea que Saramago relata, como siempre, con maestría evidenciando con sus serenas e inocentes palabras, el despotismo de los poderosos, caprichosos siempre y crueles por ende en su afán de ignorar o explotar a sus súbditos sin desplegar ni una pizca de compasión.
¿Os imagináis lo que costaba alimentar a Salomón durante el viaje? En cada aldea y pueblo donde se detenían, sus habitantes ya exhaustos de por sí, debían desprenderse de sus provisiones para alimentar al paquidermo en su travesía. En Padua, por ejemplo, el clero pensó que la fiera atraería a muchos fieles así que obligaron a Subhro, el pobre cuidador que nada entendía de esta gente tan veleidosa, a que forzara al gigante a arrodillarse en la Basílica de San Antonio.
Mientras los curiosos veían a una bestia exótica doblegándose ante dios, solo el cuidador sabía que ese gesto obedecía al cansancio y el hambre del animal, que no dudó en hacer lo que se pedía por un bocado. Y es que así es como siempre los poderosos se salen con la suya: ignorando al necesitado, al desarraigado y al humilde para reafirmar su poder y su autoridad.
Pobre Salomón y pobre Subhro. En Viena le cambiaron el nombre a Solimán, por aquello de estar siempre el Turco acechando y el pobre animal, terminó muriendo de lo mismo que los de Aníbal, de frío y enfermedades contraídas durante el viaje.
Y sin nadie a quien cuidar, el cornaca cayó en el olvido. Durante un tiempo permaneció en la corte pasando desapercibido para todos hasta que un día el Emperador, o alguien a su servicio, lo despachó regalándole una mula y unas monedas. Nadie sabe qué fue de él. Imagino que quedó atrapado entre dos mundos; entre el desarraigo de sus raíces que quedaban ya tan lejanas y olvidadas; y entre el otro desarraigo, el de quien nunca encajó ni decidió por sí mismo estar donde estaba algo que solo su compañero sabía compensarle haciéndole la vida más digna. Más hermosa. Así que solo y sin rumbo, se le perdió la pista.
Y así nos lo contó Saramago, entre las dulzuras y los aromas de una bonita historia de amistad entre un elefante y un cornaca, con esa serenidad y ternura de quien ya sabe que se apaga.
Lo cierto es que sus letras susurran injusticias, las mismas de siempre que avanzan en espiral a lo largo de los siglos; porque a veces la única manera de decir las cosas sin que la gente se cierre en banda es envolverlas en una historia hermosa, en una receta, en la definición de una palabra preciosa como azabache.
Y pensar en ellos, en sus protagonistas, también es una forma de resistir contra la injusticia, las muertes y las miserias a las que los poderosos una y otra vez nos condenan por puro despotismo. Hace siglos, ayer, hoy. Y dentro de una hora.
Aún no puedes saber cómo pero esta historia nos va a llevar a otra, a la de una mujer poderosa y regia que permaneció siempre fiel a su destino y que éste, que a cruel no hay quien le gane, la ha ninguneado reduciendo su existencia a la nada. Ya sabes cómo va: mujeres que solo nos han contado que nacieron, se casaron y tuvieron hijos pero nadie quiso valorar ni sus logros ni sus sacrificios. Como tantas, qué rabia.
Ahora sí: con esta receta, participo en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, teníamos dos ingredientes a elegir: jengibre en polvo y boniato asado. En esta receta, si bien es cierto que el boniato que he usado no es asado, la he adaptado al jengibre en polvo aunque siempre podrás hacerla con el fresco. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis.
- 100gr. de lentejas beluga cocidas en caldo de verduras, 1 cebolla, 1 diente de ajo y laurel
- 1 diente de ajo
- 1 puerro mediano
- 1/2 cebolla
- 2-3 zanahorias
- 200-250gr. de calabaza
- 200-250gr. de boniato
- 1 cdta. de comino
- 1 cdta. de jengibre molido (o fresco rallado)
- 2 cdas. de concentrado de tomate (o el doble de salsa de tomate)
- 2 cdas. de mantequilla de cacahuete
- extracto de caldo de verduras
- 300ml. de agua
- 300ml. de leche de coco
- Para servir: un aliño de aceite de sésamo con zumo y algo de ralladura de lima.
Preparación:
- Cuece las lentejas unos 15 minutos y deja que reposen otros 10.Cuélalas y reserva.
- Trocea las verduras y en una cazuela con un poco de mantequilla, saltea brevemente.
- Incorpora las especias, el concentrado de tomate, la mantequilla de cacahuete y el concentrado de caldo. Agrega agua hasta que cubra.
- Después de 15 minutos, añade la leche de coco, rectifica de sal si hiciera falta y deja que repose otros 5 minutos antes de triturar con la batidora eléctrica o la licuadora.
- Prepara el aliño a tu gusto con más o menos lima. Puedes servir en vasos poniendo una capa de lentejas en la base, añadiendo la crema y decorando con un poco de leche de coco batida y un chorrito del aliño por encima.














