Crema de espárragos y espinacas

junio 15, 2020
Hay algo hermoso que ha sobrevivido a este desastre. Los que tenemos hijos pequeños -o medianos como el mío- en casa hemos visto como el día a día familiar durante la cuarentena ha ido ganando en calidad y armonía. Lucas ha estado feliz como una perdiz. Papá y mamá en casa, sin distracciones, sin prisas, sin estrés. Cuota diaria de juegos en familia, de cocinar juntos, de aprender con papá de profe. Ración doble de masajes en el sofá, jugar al FIFA con dos mandos y ver The Mandalorian con un padre a cada lado.

A los amigos que he preguntado, todos dicen lo mismo. Más armonía, besos y complicidades. Un confinamiento que a los adultos nos ha resultado estresante y desbordado en zozobras, ellos lo han llevado con un sentimiento de "estamos a salvo" y no porque no sean conscientes de la situación ahí fuera, o porque no empaticen con esos niños que viven en casa mal aclimatadas pasando necesidades. No, al contrario, sino porque es la primera vez que han sido conscientes de la inmensa suerte que tienen. Uno de los comienzos de frase más popular en mi Lucas es.. "menos mal que nosotros..." o "qué suerte que nosotros..." y ésto es algo que me hace sentir muchísima admiración porque creo que a veces nos enseñan más ellos que al revés. 
En España, es curioso, noto cierta contradicción. Por un lado los padres se quejan de que los niños están nerviosos o no duermen bien y muchos de mis conocidos reconocen que los peques tienen el síndrome de la cabaña y no quieren salir. Pero ¿nadie piensa que lo mismo los niños no quieren salir porque están de puta madre en casa con su familia más felices que una mani de perdices? como los adultos tienen miedo, ¿los peques también? ¿seguro? Es verdad que en todo el territorio español las medidas de confinamientos han sido especialmente duras para los niños; aquí han podido tomar el aire a diario y eso se tiene que notar pero, en cualquier caso, siempre he tenido la sensación de que los padres y expertos hablan por los niños y no con ellos. Hace un ratito, le comentaba a Estela en una foto que ha compartido en Facebook que siento que somos un país que empatiza mal con la infancia. Tendemos a poner a los niños en nuestra propia piel y no al revés como sería lo lógico. Conozco padres que presumen de hablar mucho con sus hijos pero yo solo presencio interrogatorios. Tenemos esa espina clavada y no damos con ella. Identificarse con los niños no consiste en pensar en tu niñez y aplicarla al crío. Ese sigue siendo un acto muy egocéntrico. 

He criado un hijo en España y otro en Austria y hay una distancia abismal socialmente hablando. Aquí he presenciado una campaña electoral donde la educación fue uno de los puntos fuertes. Cómo se insiste en que la sociedad se debe adaptar al ritmo de los niños y no al revés; de cómo hay que trabajar la individualidad de los menores para que puedan desarrollar su personalidad adecuadamente y no criar a niños iguales que no destaquen unos de otros, que sean en el futuro buenos trabajadores que hagan ganar mucho dinero a los ricos y paguen sin rechistar sus impuestos.  En España, en cambio, el monotema ha sido el pin parental. Que los padres decidan qué, cómo y dónde sus hijos deben respirar, mear y cagar. 

Y respeto a la cuarentena, más de lo mismo. Los parques cerrados y los bares llenos de irresponsables a pesar de que los niños no se ven afectados por la pandemia pero... sí, sí, me conozco el argumento; no enferman pero contagian. Sí, ya, ¿pero un columpio es más peligroso que una terraza en medio de la calle? ¿o que el WC de un bar? ¿en serio? algo turbio tenemos en nuestra sociedad, y no es culpa de los críos.


Ingredientes:
  • 1 manojo de espárragos
  • 1/2 kilo de espinacas congeladas
  • 2 chalotas o una cebolla mediana
  • caldo de verduras (el justo para cubrir)
  • 125ml. de crème fraîche (queso tipo philadelphia en su defecto)
  • queso parmesano a tu gusto
  • nuez moscada, pimienta y sal
  • opcional: un poquito de leche si quieres suavizar

Preparación:
  1. En una cacerola, con un poquito de aceite, salteas las espinacas junto los espárragos y las chalotas troceados. Añades caldo de verduras justo hasta que cubra y lo dejas cocer a fuego lento unos 20 minutos.
  2. Retira del fuego, añade el queso parmesano y la crème fraîche. Tritura bien la crema. Deja que repose unos 5 minutos para que coja cuerpo. Si la quieres de sabor más suave, añade un poquito de leche. Salpimienta y ralla un poco de nuez moscada. Vuelves a triturar otro poquito para ligarlo todo bien. Puedes servir con pan frito o croutons y con trocitos de jamón ahumado o serrano a la plancha

Muffins de avena y arándanos con streusel

mayo 10, 2020
falacia
Del lat. fallacia.
1. f. Engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien.
2. f. Hábito de emplear falsedades en daño ajeno.

Vivimos tiempos difíciles y más se nos complican ante nuestra falta de compresión ante lo terrenal y lo divino. Ya no diferenciamos bien; moralidad frente al oportunismo, las humanidades frente a la política, el bien común frente al egoísmo particular. Así estamos, confundidos hasta la médula e incapaces de reaccionar porque nos han falsificado los argumentos.

Por un lado, nos cuesta horrores aceptar que vivimos en un mundo en constante amenaza. La cultura del bienestar nos ha hecho creer que las miserias, guerras e injusticias vienen siempre de ultramar, de lejos y a través de los noticiarios. No nos damos cuenta de lo precario que es todo cuanto tenemos. Escuchamos testimonios de gente que perdió sus bienes de la noche a la mañana pero no nos sentimos identificados. Nos asusta la idea de perder, claro, pero seguimos convencidos que lo que tenemos en nuestro. Y en vez que agradecerlo, muchos optan por la intransigencia asocial para acaparar lo que consideran que están perdiendo o simplemente, dejando de ganar. En redes, veo desesperación en quién no tiene para vivir pero no ira. Esa la despachan los que protestan porque sus negocios van a dejar de ganar y temen no aguantar el bache. Economía frente humanidad. Muerte, miseria y enfermedad contra el dinero.

Sí, cada uno prioriza como puede, me dirás. Cierto, contesto yo. Pero esta mesura tan simplista no es la que estamos hartos de ver y escuchar porque están tan politizados los ánimos que asustan las opiniones ajenas. Y es que, a medida que avanza la cuarentena, más gente veo con las escopetas cargadas dispuestos a soltar espumarajos, perdigonazos y cosas peores. Es nuestro carácter, pensarás. Cierto es que nos viene de lejos; solo hay que leer literatura de siglos pasados y comprobar que siempre hemos sido así de pendencieros. Cuando enganchas a Galdos y lees la cantidad de penurias, injusticias, hambre y muertes que padecía España, cuando lees el asedio de Zaragoza o de Gerona, se te cae el alma a los pies y comprendes porqué se luchaba así con uñas y dientes contra el enemigo. "Así como de la noche nace el claro del día, de la opresión nace la libertad" decía Don Benito pero ¿hoy es éste el caso?
No lo es pero nos lo están haciendo creer. Hemos consentido que la política corrompa nuestra moralidad con falacias lógicas, mentiras con trazas de verdad moldeadas al gusto de la ambición particular de cada fracción. Nos enfrentan a falsos dilemas donde nos arrinconan a un "conmigo o contra mí". Los argumentos, acusaciones y críticas están bañadas en engaños tan descarados que abruman sobremanera tanta desfachatez. La cultura del miedo y el odio que con tanto éxito ha abanderado cada guerra y cada revolución de la historia. Repito, cada. Ningún mantra político justifica la barbarie de ninguna afiliación y los muertos se usan para sembrar el terror. Así ha sido y así será siempre. Te dejo con algo precioso que descubrí ayer en Facebook, este decálogo de la lógica que me parece lo más grandioso que he visto en los últimos tiempos. Recomendado para detectar falacias y para evitar que nuestras propias opiniones se manchen de argumentos fraudulentos:

  • No atacarás a la persona, sino al argumento (Ad hominem)
  • No malinterpretarás o exagerarás el argumento de una persona para debilitar su postura (Hombre de paja)
  • No tomarás una pequeña parte para representar el todo (Generalización apresurada o Secundum quid)
  • No intentarás demostrar una proposición suponiendo que una de sus premisas es cierta (Petición de Principio o Petitio principi)
  • No asegurarás que algo es la causa simplemente porque ocurrió antes (Causalidad falsa o Post hoc ergo propter hoc)
  • No reducirás discusión solo a dos posibilidades (Falso dilema)
  • No afirmarás que por la ignorancia de una persona, una afirmación ha de ser verdadera o falsa (Llamada de ignorancia o Ad ignorantiam)
  • No dejarás caer la carga de la prueba sobre aquel que está cuestionando una afirmación (Carga de la prueba o Onus probandi)
  • No asumirás que “esto” sigue “aquello” cuando no existe conexión lógica alguna (Non sequitur)
  • No asumirás que una afirmación por ser popular debe ser cierta (Sofisma popular o Argumento ad populum)


Ingredientes para 12 unidades:

  • 2 huevos
  • 1 yogur natural
  • 1/2 vasito del yogur de aceite de semillas suave (girasol por ejemplo)
  • vainilla y canela a tu gusto
  • 150gr. de harina
  • 150gr de copos de avena
  • 140gr. de azúcar morena
  • 1 sobre de polvos de hornear
  • un par de puñados de arándanos a tu gusto

  • un puñado de pecanas picadas en fino
  • 30gr. de mantequilla
  • 30gr. de azúcar común
  • 30gr. de harina común


Preparación:

  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Bate por un lado, los huevos, el yogur, el aceite y la vainilla. Después, añade el resto de ingredientes (menos los arándanos) hasta que esté todo bien ligado.
  3. Ahora haz los streusel: mezcla todo junto (pecanas, harina, azúcar y mantequilla) hasta que tengas como una masa de galletas floja y la desmenuzas haciendo migas.
  4. Rellena los moldes de muffin que antes habrás cubierto con capsulas de papel estándar. Reparte los arándanos por encima de cada unidad y terminas repartiendo las migas de streusel por encima.
  5. Hornea hasta que estén doraditos por encima. 

Sopa de picadillo con arroz

abril 28, 2020
recuerdo
1. m. Memoria que se hace o aviso que se da de algo pasado o de que ya se habló.
2. m. Cosa que se regala en testimonio de buen afecto.
3. m. Objeto que se conserva para recordar a una persona, una circunstancia, un suceso, etc. No he querido desprenderme de los recuerdos de familia.
4. m. pl. memorias (‖ saludo por escrito o por medio de tercera persona).

Todos los tenemos, pero cada cual alimenta los suyos a su manera así que cada recuerdo es personal e intransferible. Incluso los comunes, los que acontecieron compartidos, son únicos y no faltan los debates cuando se evocan en grupo. A veces son solo pequeños matices y otras tantas los protagonistas recuerdan películas completamente dispares. Esto tiene su explicación científica con la cual no voy a gastar estas líneas de hoy; lo guardo para otra ocasión. Hoy los recuerdos van a rondar por otros derroteros, pero no descarto que alguno de los personajes de mi historia diga que eso no fue así o que fue asá. Es una simple cuestión de perspectiva. Y aquí va la mía... 

Pertenezco a una generación donde los sentimientos no había que mostrarlos mucho. Decir un "te quiero" era algo de muchísimo peso y si hoy querías y mañana dejabas de querer, se te podía tachar de persona superflua o de poca talla moral. Sí que es verdad que las mujeres sobre este particular, lo hemos tenido más fácil; hemos podido llorar y expresar amor con más libertad, pero al tiempo, contra más efusiva, alegre y amorosa fueras, más propensa era la gente a tacharte de "locuela", "ligerita", "inocentona"... así que somos bastantes las generaciones que crecimos un poco a lo John Wayne y Ava Gardner, bajo ese cliché de hombre duro versus mujer fatal que tanto se llevaba por aquel entonces. Y eso deja secuelas por mucho que con el paso de los años lo hayamos superado. O no.
Quizás por eso, mirar a la infancia nos hace tan felices. Es después de todo, el periodo de nuestra vida donde más besos, y abrazos, y caricias, y dulzuras, y más de lo más hemos recibido de forma sincera, gratuita... porque sí. Y nuestra mente, que a nivel afectivo es insaciable, se inunda en esas mieles abrigando los recuerdos, manipulándolos para hacerlos más bonitos y entrañables si cabe. Tanto los magnifica, que hay olores y sabores que nunca más volvemos a encontrar. La comida de nuestras abuelas o de nuestras madres cuando nos faltan, son sabores que jamás de los jamases volvemos a reencontrar porque los hemos fortificado en el recuerdo.

Y por eso ante la orfandad, los recuerdos se quedan tiritando, asustados porque temen que ya nadie los arrope y los alimente. Cuántas veces he lamentado no haber preguntado más, o apuntado mejor; cuantos recuerdos de aquellos años, para mí los más felices de mi infancia, los vividos en Daimiel, se habían quedado sin las voces que podían despertar los clari-oscuros de mi memoria de mosquito: recuerdo el olor de los rosales del jardincito, el olor a Tabac que desprendía mi padre, el que salía de la cooperativa de vinos cuando la vendimia así como a los chiquillos corriendo detrás de los tractores pidiendo uvas. Recuerdo el sabor de los polos que se vendían en el parque y del guardés que me daba mucho miedo, igual que los encapuchados en las procesiones y los gigantes y cabezudos.
Y de entre todos los recuerdos de entonces a Ito y a Mila son a quienes más llevamos en el alma. Ya te hablé de ellas cuando te conté mi historia de amor con el espía porque el cariño tan grande que sentíamos por ellas se anudó de tal manera a nuestra infancia, que nuestros recuerdos naufragarían sin ellas al timón.  Cuando volvimos a Madrid, todo cambió y mucho. Asocio ese hecho a la obligación de hacerme mayor. Las visitas a Daimiel cada vez eran menos frecuentes porque es lo que pasa cuando uno crece; se emplea el tiempo en comerse el mundo aparcando un poco lo que viene de atrás. Luego llegaron las enfermedades, las perdidas -nos faltó Juanpe, la ausencia más dolorosa- y me volví cobarde. Apenas regresé al pasado y me conformé con tirar para adelante. El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos y perdimos el contacto con ellas. Ya sabes que antes no era como ahora porque internet nos permite acercarnos mucho mejor.

El caso es que andaba melancólica y casi de puro sin querer llegue a un grupo de facebook llamado Daimiel en el recuerdo. Subí un par de fotos y conté un poco quienes éramos y donde vivíamos. Había gente que me daba nombres y señas y ahí estaba yo desorientada sin poder poner caras y sin hilar en fino ni una historia. Hasta que vi un comentario de Alberto: "Hola Maite, soy el hijo de  Mila". Casi muero ahí mismo. De amor, de emoción y de sentirme la mujer más suertuda de este mundo porque cuando creía perdidos mis recuerdos de Daimiel, en un instante sentí que el timón volvía a estar en su sitio. Me dio señas de todos, yo recados para repartir cuando la cuarentena lo permita, deseos irrefrenables de volver porque de ella fundamentalmente recuerdo el olor de su piel y su tacto, lo mismo que de Ito. Las caras se desdibujan pero los sentidos siempre están frescos.

Conspiré con Alberto para publicar una receta que fuera muy de Mila para este post. Pensó en la sopa de picadillo de Daimiel que ella la hace maravillosamente bien pero imposible hacerme con higaditos de pollo. Opté por hacerla al estilo de mi madre pero con un truqui de Mila -ese sofrito con la almendra, el ajo y el azafrán- y esta maravillosa sopa que ha chiflado a los chicos, se quedará de hoy en adelante así, tal cual: la sopa del recuerdo. Para probar la de Mila no tendré más remedio que esperar. La vida es impredecible. A veces un fastidio. Otras una delicia.


Ingredientes para 4 raciones:
  • 1 litro y 1/2 de caldo de puchero (o de pollo)
  • 1 ó 2 dientes de ajo
  • unas 6 almendras peladas
  • 1 ó 2 hebras de azafrán manchego
  • 1 taza de arroz (unos 125gr.)
  • un cuarto de pollo ya cocido en el puchero
  • unos taquitos de jamón a tu gusto
  • 2 huevos duros
  • unos trocitos de pan frito

Preparación:
  1. Prepara primero el sofrito para el caldo: en la cacerola, pones un poquito de aceite y saltea los tacos de jamón. Los reservas. añade los ajos en láminas y las almendras partidas ligeramente con el cuchillo. Salteas, añades la hebra de azafrán y cubres con algo del caldo. deja que cueza a fuego fuerte unos 5 minutos. Lo retiras y lo pasas bien por la batidora hasta que quede el caldo muy liso,
  2. Calienta el caldo del puchero con el caldo del sofrito. Cuando rompa a hervir, añade el arroz y  deja que cueza a fuego lento hasta que el arroz esté tierno. 
  3. Unos 5 minutos antes de que el arroz este listo, añade los tropezones: los taquitos de jamón, el pollo troceado y limpio y los huevos duros troceados. Que cada comensal se sirva pan frito a su gusto

Pollo a la buena mujer. 3ª Parte

abril 24, 2020

( El caso de Tomás Ruiz Cardillo)

       En todo pueblo de preciar siempre hay un guaperas y de no haberlo, uno se lo inventa. Y ese era el Tomás, que por méritos propios o a falta de mejor ejemplar se pasó la vida arrancando suspiros y quebrantando ilusiones a las mozas del pueblo. Ese guaperío suyo venía propiciado fundamentalmente por ser dueño de un porte más bien elegantón que, sumado a su facilidad de verbo impecablemente expresado, hizo suponer a la familia que el muchacho despuntaba maneras y recién cumplió la edad para irse de quinto, su padre lo empaquetó en la milicia. Completó el servicio en Madrid como chófer de un coronel de ingenieros que resultó ser un verdadero chollo, pudiendo sacar tiempo para realizar unos cursos a distancia de gestión empresarial. También hizo migas con un compadre de instrucción de buen linaje y muchos pudientes, amistad que conservaron después de finalizar el servicio militar y habiendo refinado esa labia suya, consiguieron —a saber, cómo— liar al ilustre padre del susodicho quien les financió una oficina de alquiler de coches de alta gama en Ciudad Real. En pocos años, abrieron sucursales desde Tomelloso hasta Puertollano siendo el Tomás el hombre más notable por méritos propios de Villamayor. Y es que al pueblo le gusta la gente que sale de sus entrañas y no la de rancio abolengo, esa que si algo de fortuna conserva, no es por talento propio sino más bien amparada bajo la influencia de los de su misma clase, porque entre ellos se cosen los rotos y los descosidos para seguir disfrutando de sus privilegios a costa de reventar al humilde.

       Fue en una fiesta de la Candelaria cuando conoció a Mari Carmen. Antes de la procesión y después de la tabarra que dan los críos con los cencerros, se juntó con la cuadrilla que ya amenazaba jolgorio y, mientras la chavalesca y los yayos se disponían a disfrutar del consabido chocolate con roscos, ellos se atrincheraron en El Pincho disfrutando de la primera ronda de vinos del día. La muchacha iba acompañada por su prima Pilar y una amiga que la Pili hizo en corte y confección. La echó el ojo y ya no se lo quitó. Ennoviaron pronto y para el Domingo del Rosario se prometieron oficialmente con la fecha de boda bien armada para después de la romería de San Isidro aprovechando que, para esa fiesta, todos los parientes estarían en el pueblo porque la salida del santo a la ermita no se la perdía ningún parroquiano ni harto de vino. Y fueron felices, comieron perdices y gazpachos y berenjenas de Almagro. 

       Y aquí debería haber echado el freno el Tomás, pero no, hay hombres que son así. Decidió meterse en política. El pueblo estaba medio abandonado y mientras toda la región prosperaba atrayendo turistas y demás visitas gustosas de pasar unos cuantos días comiendo bien y bebiendo mejor, Villamayor languidecía abochornado en ese típico urbanismo tan poco vistoso que suele darse por estos lugares, y es que no sé qué les pasa a algunos manchegos que tienden a dejar sus fachadas y muretes a medio terminar —o medio empezar, nunca se sabe— dejando tapias sin encalar o miretes sin reparar. Pero con un buen equipo municipal dispuesto a renovar el mobiliario urbano, rescatar bombos, ventillas, portalones y casa de labor para dar así nobleza a la localidad y con suerte, incluirla en la ruta del vino que tan buenos réditos estaba dando a otros villorrios de mucha menos solera que Villamayor porque entre la cooperativa de vinos, la de aceite y la de quesos, tenían materia autóctona suficiente para atraer hasta al turismo más exigente. Y más forrado, que todo ha de tenerse en cuenta.
       Pero las cosas no fueron bien. La carnicería entre ediles, secretarios y concejales era tal que los conflictos rebosaban el ayuntamiento y se colaban en los patios y balcones enfrentando primo con primo y sobrino con sobrino. Dejó al socio apañárselas solo con las sucursales, lo que supuso el principio del fin del sustancial negocio. Apenas veía a Mari Carmen que para colmo de males no conseguía embarazarse y el médico dijo que no había impedimento físico sino psicológico. La Mari estaba depresiva y la medicación recibida no ayudó en nada a la mujer que se ahogaba en nostalgias. Para subir el ánimo de su esposa —y limpiar su mala conciencia— financió su mayor sueño, el de restaurar y recuperar las ruinas de la venta y el olivar que heredó del abuelo paterno. 

       Se trataba de un reseco caserío con una torrecilla a cuatro aguas levantada sobre el portón de entrada que abría paso a un amplío patio central que comunicaba no solo con la casa principal sino también con una pequeña bodega y un par de corrales. Contrató a un experto en dar lustre a estas ruinas de Valdepeñas al que se le atribuía la reconstrucción de varias ventas de renombre y se pusieron a ello con mucho empeño y mayor afán, tanto que el entusiasmo se les desbordó y al fulano le faltó tiempo para engatusar a la Mari Carmen que, como ya se ha constatado, andaba la mujer algo desanimada y desdichada. Recomiendo al lector que no juzgue a la esposa del Tomás como mujer ligera de cascos y facilona a la hora de entablar tratos fuera del matrimonio porque no era el caso. Entiéndase que algunos lances son obra de las desgracias que como no saben venir solas suelen dejarse acompañar por guaperas de poca monta y menos escrúpulos.

      El caso es que, entre unas cosas y otras, Tomás se fue a la ruina. Desplumado por querer tocar muchos palos y no retener ni uno. Las deudas empezaban a acumularse y la vergüenza se le hizo un mundo. Porque uno puede no tener nada y mantener su dignidad firme y sin fisuras, pero —Ay amigo— qué distinto es cuando se trata de perder lo ganado. Esa mancha nunca se limpia del todo, los envidiosos se crecen, los mediocres sacan pecho y los amigos desaparecen en un abrir y cerrar de ojos. Y él, que de la aventura de su mujer no tenía ni retoma idea —por todos es sabido que el mayor implicado siempre es el último en enterarse— se le partía el alma con solo pensar en darle la mala noticia. Y en situaciones desesperadas, soluciones desesperadas. Había que matarse. Sí, suicidio.

—¡Arrea Tomasillo de mi alma y de mi corazón! pero ¡cómo se te ocurrió semejante descalabro, hombre de dios! ¡amos con las ideas que tienes chiquillo!— y le soltó una colleja afectuosa y para que no se confundiera con una de las otras, apretó acto seguido la nuca del supuesto suicida hacía sí —¡Tomás!  si estabas falto ¿cómo no me pediste los caudales a mí? Si sabes que en casa vamos muy holga'os.
—El Agustín... no te dijo ná ¿verdad?— y ante la cara de lelo de Bernardo añadió —pues que sepas que tu sobrino me mando a zurrar mierdas... mira, no te digo más que con eso te lo he dicho tó y no tengo ganas de templar gaitas ni de ponerme borrico con eso que ya no vale pa'ná— y recuperando el hilo de la historia, le dijo —A ver Bernardo, que ya te he dicho que a mí me han mata'o, qué vale que yo estaba en ello pero que no me dio ni tiempo a hacerlo yo solo. Qué de mala manera me enredó la Mari y...
—¡La virgen! ¡La Mariiiii! ¡Qué me cuentas! ¡Amos, no me jodas! ¡La virgen!
—Ella no, ella me emborrachó y tenía al fulano de Valdepeñas para darme el remate. Ni le vi venir Bernardo. Al muy canalla ni le vi venir.

       Habían estado vagabundeando sin rumbo desde la calle del Moral a la Ronda del Calvario y enfilaban ahora el camino del molino aparentemente de puro sin pensar en ello pero he de constatar que a medio kilómetro del camino se hallaban las bodegas del Ambrosio, siendo famosos sus caldos en toda la región.

—¡Ay Tomás, qué mal trago has tenido que pasar!
—Y tan malo, que me tragué media alberca.
—Na, vamos anca Ambrosio que tiene un crianza que es majar de dioses y mientras lo catamos, tú me sigues contando lo de esa mala mujer tuya.
—Mala, mala, no sé. Mira que yo no creo que haya sido cosa suya. Que esto me pega en la nariz que ha sido treta del... —se paró en seco y mirando al Bernardo con los ojos como platos, le preguntó—Pero Bernardo, ¿qué es eso de catar... tú y yo... en serio me dices que tú y yo podemos...?
—Anda, ven aquí pa'ca Tomás que de difunto veo que aún andas virgen y hay algunas cosillas que yo te puedo adelantar... por ir abriendo el paladar y el resto ya se verá, alma en pena.


Ingredientes (para 4 personas):

  • 10 muslitos de pollo
  • un poco de harina para rebozarlos
  • aceite de oliva para freír
  • 2 cebollas
  • 3 dientes de ajo
  • 300gr. de champiñones
  • 3-4 zanahorias
  • 4-5 patatas
  • 300ml de buen vino blanco
  • otro tanto de caldo de pollo
  • un par de hojas de laurel
  • sal y pimienta
  • opcional: unas ramitas de tomillo

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 200º. Sal pimienta y reboza los muslitos en la harina. Los sofríes en una sartén con un dedo escaso de aceite de oliva. Los doras por ambos lados.
  2. Los dispones en una cazuela o fuente de horno junto con las cebollas cortadas en cuartos, los ajos, el laurel las zanahorias en rodajas y el vino blanco. Los horneas y si ves que se van quedando secos o no cubren bien (no del todo que si no los muslos no cogen color), vas agregando caldo.
  3. Mientras, cuela el aceite de antes, pasa un poco de papel de cocina sobre la sartén y salteas los champiñones (los salas un poquito, casi nada) usando un poquito del aceite sobrante. Los reservas.
  4. Las patatas las cortas en cuadritos, las salas un poquito y las fríes como normalmente hagas (yo tengo una freidora sin aceite) y las reservas.
  5. Una vez que los muslos estén asados, separas los muslos y las zanahorias y tras desechar las hojas de laurel, trituras bien el resto (caldo, cebolla y ajos). En la misma sartén (ojo, qué se pueda meter en horno) o en la fuente, dispones el guiso: primero capa de patatas, champiñones y zanahorias. Los muslitos encima, cubres con la salsa y vuelves a hornearlo todo unos 5-10 minutos para que se ligue la salsa al guiso y cojan los muslos buen color.

Bauerntopf o guiso de granjero

abril 10, 2020
No había vuelto a abrir el pico desde que esta locura comenzó. Imagino que ando como tú, con ese cacao en cuerpo y alma que no sabe bien lo que le espera. Llevo los mismos días de cuarentena que tú, pero la diferencia es que yo vivo en un valle de los Alpes de 27 mil. almas donde la vida discurre muy tranquila y sin apelotonarnos. El gobierno nos deja salir a hacer ejercicio, hacemos entre 3.000 a 4.000 pasos -eso dice al App y yo la creo- y a casa. Vivimos en una casa espaciosa, con mucha luz, en armonía donde no están faltando las risas. 

No me está faltando el trabajo. Günter no tiene tareas que pueda hacer en casa sin los trastos y máquinas del laboratorio así que ayuda a otros colegas de la Universidad. Lucas está encantado con el Tele-insti. Entre fotocopias, mails, chats, videochats, scaneos, hojas de Excel y siempre junto a su padre es feliz. Horneo pan, hago puddings, flanes o arroz con leche cada tres días, cocino aprovechando al máximo la nevera. Es como haber retrocedido en el tiempo, o tal vez haber entrado en una nueva era donde al detenernos hemos tomado conciencia de lo importante, lo sereno, no sé, me arrastra esa sensación de todo bajo control, de estamos a salvo.

Así que no abandono la obligada tarea de agradecer cada día por lo tengo. Vivo, más consciente que nunca, agradecida por mis privilegios y mis recursos pero también angustiada por los que vivien confinados en minipisos, o en viviendas mal acondicionadas, o con tu mayor enemigo encerrados ambos entre cuatro paredes. Gente asfixiada por las deudas, sin empleo, sin hogar o sin buena salud. 

Que tragedia es enfermar y no recuperar la salud, perder seres amados sin poder estar con ellos; leí esta mañana a un médico de UCI que contaba, que cuando ven que algún paciente está a punto de perder la batalla, llaman a su familia y les brindan la oportunidad de despedirse de ellos pero no todos pueden acudir por estar en confinamiento por contagio. Duros, muy duros los tiempos que nos están tocando vivir.

Y es que esa sensación de "todo bajo control" que te hablaba antes es, desde luego, completamente ficticia. No sabemos lo que nos queda por delante ni como vamos a superar esta crisis humanitaria. Lo que sí se, es que estoy poniendo mucha distancia a esa gente que genera malestar y hasta maldad con sus gestos insolidarios o haciendo leña política buscando ser tendencia en redes. Poner distancia a la gestapo del balcón, a los que promueven bulos y demás miserias. Una cosa es la libertad de expresarse con holgura y otra muy distinta el echar espumarajos por la red. Es tiempo de unidad, de quererse, de dejarnos a deber los besos y abrazos que hoy no podemos compartir y sobre todo, de contagiarnos de esperanza. 

Te dejo con un guiso de granjero típico bávaro, para calentar las tripillas, el alma y lo que haga falta.


Ingredientes (para 6 raciones potentes)

  • 700 gr. de carne picada
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • un par de cabanossi (salchichas ahumadas secas)
  • 3-4 patatas
  • 3-4 zanahorias
  • tomate triple concentrado ( o salsa de tomate espesa)
  • 1 cdta. de pimentón
  • 1 litro de caldo de carne
  • mejorana (vale orégano o tomillo)
  • laurel, sal y pimienta

Preparación:
  1. En una cazuela con un poco de aceite, saltea la carne picada. Le añades el ajo machacado y la cebolla picada muy fina. Añade también el cabanossi, las patatas y las zanahorias cortadas en trocitos menudos, el tomate, el pimentón y terminas cubriéndolo con el caldo.
  2. Añade el laurel, la mejorana a tu gusto y deja cocer unos 20 minutos hasta que las patatas y las zanahorias estén cocidas. Puedes servir con un poco de perejil por encima

Cookies de avena

marzo 11, 2020
Leo luego existo. O no. A lo mejor leo porque tuve la suerte de vivir en una casa de lectores donde siempre había libros desordenados por la mesa y el sofá. A lo mejor leo porque con doce años tuve una profesora maravillosa que cambió mi vida, porque mientras me enseñó a lidiar con la dislexia me recomendó leer Agatha Christie y hacíamos charlas a cerca de quien podría ser el asesino porque, a pesar de lo que se cuenta, no siempre es el mayordomo. A lo mejor leo porque mis mejores amigas también lo hacían y nos íbamos juntas a comprar libros -ediciones de bolsillo que eran las baratas- y teníamos cuidado de comprar títulos diferentes para poder intercambiarlos. A lo mejor leo porque mi hermano mayor es un depredador de libros, se los zampa en un visto y no visto, y es sin exagerar lo más mínimo, una librería andante. Y él, siempre me supo recomendar muy bien el qué leer, algo que con el paso de los años sigue haciendo y siempre ha dado en el clavo. Mi padre también leía muchísimo. Éramos de los que nos leíamos libros de una sentada con noches en blanco y cuando llegó la época de las emancipaciones eran frecuentes las peleas a cuenta de acusarnos de mangar libros: "ese ejemplar es mío" "no que lo compré yo". Aún hoy, tengo en mi repisa algún libro mangado que guardo como oro en paño. 

Esto viene a cuento de un debate que he escuchado en la radio: ¿Las series, están provocando que la gente deje de leer? Para un lector esta es una cuestión tonta porque cuando se empieza no se deja jamás. Se pasan rachas donde se lee menos, donde caes dormido al segundo párrafo o lamentas terriblemente ya no poder dedicar noches en blanco a la lectura. Pero no se deja jamás. En cambio, gracias a las series, me he leído -y estoy en ello- sagas completas que jamás hubiera imagino que me engancharía a ellas.

No, no es esa la cuestión. Se lee menos porque de lejos viene que no se está fomentando la lectura en nuestros jóvenes. Y estos jóvenes se arrejuntaron y tuvieron hijos que han crecido en casas sin libros por el sofá, sin noches en blanco y sin hacer charlas sobre quien es el asesino. En los colegios, se continúa obligando a leer libros que no tienen el más mínimo interes para un adolescente que además está agobiado por todas las tareas que se le acumulan. Para ellos, un libro ya no es sinónimo de diversión, ensoñación y fantasía. En cambio, una serie, sí lo es. Y deberíamos aprovechar ésto para animarles a leer sus sagas favoritas entre una temporada y la siguiente. Y no debería importarnos que los leyeran en casa o en la escuela porque lo importante es regalarles el gustazo que supone una tarde de lectura.


Ingredientes: (Basada en esta receta)

  • 225gr. de mantequilla blanda
  • 3/4 de taza (cup americana) de azúcar morena
  • 1/2 cup de azúcar normal
  • 1 huevo y una yema de huevo 
  • 1 cdta. de extracto de vanilla
  • Una pizca de sal
  • 2 cups de harina repostera (yo usé espelta)
  • 1 cup de copos de avena
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • 150gr. de trocitos de chocolate a tu gusto

Preparación:
  1. Mezcla todos los ingredientes (menos las pepitas de chocolate) con ayuda de unas varillas eléctricas o en la procesadora de alimentos. Una vez que tengas la masa, mezcla el resto.
  2. Precalienta el horno a 180ºC. Mientras mantén la masa en el frigo.
  3. En una placa de horno y sobre papel de hornear, ve colocando montoncitos de masa con ayuda de una cuchara de postre. Salen 2 bandejas y media de 9 galletas. Hornea unos 10-15 minutos (depende de cada horno)

Buñuelos de patata al estilo turco

marzo 03, 2020
Vivimos en un mundo que por el motivo que sea tiene una necesidad brutal de conceptualizar todo lo que acontece. Imagino que eso nos tranquiliza, hace que todo tenga más sentido, o sea más ético, moral, etc. Pero hasta tal punto somos expertos en estos manejos, que conceptualizamos también en exceso para ocultar vilezas, negligencias y demás desmanes del ser humano. Orwell ya profetizó sobre este particular con su ministerio de la verdad -donde se fabricaban mentiras- o el del amor -donde se torturaba al personal-. Es verdad que en el libro "1984" se manejan estos conceptos muy a las claras y en la realidad todo es mucho más sutil. Las verdades se atan con mentiras y viceversa, de manera que ya no sabemos separar una cosa de la otra. Hasta hace muy poco creíamos que quien controla la información es quien afianza su poder. Ahora el truco del almendruco es jugar con las desinformación para tenernos a todos lelos perdidos sin saber para donde tirar. 
Y aprovechando esta borrachera -o resaca- desinformativa añadimos a nuestros clichés, nuevos vocablos y expresiones que se consolidan con una rapidez pasmosa. La gran mayoría, son palabras inventadas que no aparecen en el diccionario y hacer el ejercicio de intentar entender algunos discursos se hace casi imposible. Pero a donde yo quiero llegar, es al punto en el que estamos en cuanto a la quimera de la conceptualización. Se han puesto de moda los términos fóbicos, mejor dicho; nos estamos volviendo fobicomaníacos utilizando moralinas descafeinadas siempre bajo un lenguaje acusatorio -nunca reflexivo- para marcar a todo aquel que no casa con nuestro armario. Y usamos tonos tan malintencionados, que estamos dejando de entender las fobias como comportamientos irreflexivos e incluso absurdos que nos llevan a temer y a obsesionarnos con ciertas ideas, cosas, seres, etc. Es decir, si tengo pánico a las arañas o a los espacios cerrados o a volar un psiquiatra dirá que tengo una aversión angustiosa e incontrolable por estas situaciones. Eso es fobia, tal cual. Pero nos están vendiendo fobias convertidas en odio: islamofobia, transfobia, surrofobia o feminifobia, que por cierto, ésta última no hay que reinventarla porque ya existe: ginefobia. Y a quienes creen que no hay fobia para aquellos que odian a los hombres, pues ea, androfobia. Y es que si ya tenemos fobias para dar y tomar, ¡para qué nos complicamos la vida tanto!


Y en medio de tanto ladrar -digo, conceptualizar- la moral, la empatía, la caridad, todo lo bueno del alma, se desploma en odios y absurdos. Hoy, dos veces he oído decir "desenchufo por higiene personal" porque entre absurdo e improperio se nos va el sano juicio sin saber cómo el mundo ha llegado a acumular tanta insensatez.


Ingredientes:

  • 750gr. de patata cocida
  • 1 huevo
  • 2cdas. de fécula de patata ( o maicena en su defecto)
  • 1 cebolleta
  • 1 diente de ajo
  • 1/2 cdta. de cúrcuma 
  • 1/2 cdta. de comino molido
  • Sal
  • Algo de harina para rebozar
  • Aceite para freír

Preparación:
  1. Cuece las patatas en agua con sal. Las pelas y las aplastas como para puré.
  2. Añades la cebolleta picada muy fino, el ajo machacado, las especias, el huevo y la fécula de patata. Mezcla hasta tener una pasta homogénea y que se deje manejar. Si hiciera falta, añade un poco más de fécula.
  3. Calienta abundante aceite en una sartén. Haz bolitas (lo que te quepa en una cuchara), las rebozas en harina y las aplastas un poquito.
  4. Las fríes y listo.  

Crema de alubias y berenjena

febrero 28, 2020
torticero, ra
Del lat. tortus 'torcido, tuerto'.
1. adj. Injusto, o que no se arregla a las leyes o a la razón.
El mundo está tortus. Puede que más que ayer pero menos que mañana. O no, lo mismo es al revés. A saber. En cualquier caso, torticeros tiempos nos tocan vivir sumergidos como estamos en un ambiente de tontuna absoluta y parece que incurable. El dramavirus nos ha encapsulado a todos los habitantes del llamado primer mundo en un estado de absoluta estupidez. El tándem redes-sensacionalismo está más cotizado que nunca y el alarmismo fatalista se ha hecho el amo. No quiero banalizar una  enfermedad que está dejando muertes a su paso pero la desmedida alarma y pánico que ha desatado raya con lo absurdo. Mientras el sarampión deja miles de víctimas en el Congo -lamentablemente la mayoría niños- el terror colectivo alimentado fundamentalmente por los medios de comunicación que a veces aparentan tener una sed de tragedia infinita, como decía, mientras presenciamos como las farmacias se quedan sin mascarillas, dejando a otros enfermos sin ellas olvidando que un enfermo de cáncer en paliativos se juega la vida sin la protección debía... no sé, parece que el pánico mortal es selectivo aparentando mayor urgencia allá donde mayor es la gilipollez.

En la farmacia de mi barrio ha entrado hoy una señora a por mascarillas. Con cara de hartura en grado máximo, la farmacéutica le ha informado que están agotadas y que no habrá hasta dentro de dos semanas. Le ha recordado a la mujer que no hay necesidad de usarlas, que de momento no hay riesgo alguno. Aún así la señora ha insistido en hacer el pedido. Y no puedo dejar de pensar que con todo ese dinero que los europeos estamos malgastando en unas mascarillas que no son capsulas de vacío que nos libran de las enfermedades, bien podríamos haberlo invertido en vacunas y tratamientos para curar el sarampión en El Congo.

Pero torticeros hay para todos los gustos. He leído que un tierraplanista -sin comentarios- se ha matado a bordo de un cohete casero con el que pretendía demostrar la planicie terrestre. También he descubierto que algunos jóvenes muy kukis quieren poner de moda las extensiones de pelo para las fosas nasales... bueno, mira: estos está claro que pasan de mascarillas. A lo mejor no todo está perdido.


Ingredientes:

  • 1 bote de alubias cocidas
  • 1 berenjena asada (al grill o a la plancha)
  • 1 pimiento rojo asado (casero o en conserva)
  • 2 chalotas ( o una cebolla)
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 cdta. de carne de pimiento seco (o seco)
  • 1 taza de salsa de tomate
  • Caldo para cubrir
  • Un poco de aceite de oliva
  • Sal y pimienta

Preparación:
  1. Prepara el sofrito con las chalotas, el ajo hasta que se dore un poquito en aceite de oliva. Añade el pimiento asado, la carne de pimiento, las alubias y la salsa de tomate. Rehoga brevemente, añade el caldo hasta cubrir y deja que cueza unos 5 minutos.
  2. Añade la berenjena troceada, rectifica de sal y pimienta y deja que cueza otros 5 minutos.
  3. Tritura la crema y si es necesario, pásala por el chino en el caso que la trituradora deje trocitos.

Scones ingleses y un cuento chino

febrero 23, 2020
Erase que se era unos scones al estilo britis. Hasta aquí todo muy normalito y cumpliendo a raja tabla con la primera premisa de cualquier cuento que se precie. Y es que, aunque estos bollitos están recién horneados hace apenas un par de horas -ni llega-, son unos scones añejos de hace más de 10 años. Exactamente fueron publicados por primera vez el 17 de octubre del 2009 y los hice para un reto de los muchos que había por entonces. En éste, teníamos que mostrar nuestras despensas y todas, pero absolutamente todas -la mía incluida- apestaban a conservas caseras recién hechas para el reto. No teníamos ningún pudor en falsear nuestras existencias por aquello de aparentar ser más kukis de lo que el decoro recomienda porque no nos hacía falta ningún espejito mágico que nos dijera eso de sois las más guapetonas de la blogosfera. Para nada porque con mirar nuestros blogs se nos hacía el culete pepsicola. Y es que todas estábamos encantadísimas con lo que hacíamos. 

Hicimos muchas amistades, aprendimos a hacer infinidad de cosas riquísimas y estábamos motivadas a tope. Tanto, que nos vinimos todas muy arriba; bueno, unas más que otras -para qué mentir- y empezaron a salir como setas caperucitas por todo el bosque cantando eso de "quiero ser mona, rica y famosa" y aunque algunas lo lograron lo cierto es que empezaron a cocerse más egos que pucheros. Y hasta aquí la música de violines porque ahora tocan los golpes de tambor; y es que poco tiempo después, llegó el lobo feroz y también dijo lo de "quiero ser moni, rico y famoso" y la abuela también, igual que el leñador y había tantos focos en el bosque que ya nadie reparaba en las ricas cestas de galletas, pasteles, sopitas y empanadas... y así es como el cuento empezó a dar una fatiga de la hostia porque había que dorar la píldora a todos los personajes del cuento y nos fuimos convirtiendo un poco en la clá de los que se subían al escenario en busca del aplauso rápido. 

Y así es como nuestro cuento chino se desmontó un poco de aquel primer empuje de querer compartir y disfrutar unos de otros. O no, porque lo cierto es que el espíritu sigue vivo y hay un montonazo de bloggers que siguen estando ahí porque disfrutan con lo que hacen y su instinto de compartir se les escapa del pecho haciendo sombra a los que sacrificaron por el camino ese espíritu para exhibir sus talentos haciendo de sus publicaciones escaparates de feria o algo peor. O no, o vete a tú saber.
Pero, ya me fui por las ramas y no he aportado nada para aclarar la posición de este post. Como te decía, tiene más de 10 años. No quería borrarlo y sí, necesitaba renovarlo porque la receta me encanta y quería que luciera fresca y con olor a recién hecho así que he ideado este plan tan retorcido; mantengo la entrada pero actualizo a fecha actual. Mantengo los comentarios de entonces que sin la entrada original resultarán un poco estrambóticos pero lo cierto es que el contenido de la misma no aportaba ni chicha ni limonada. Por aquel entonces estaba de moda eso de ponerle genjibre o romero o pimienta o balsámico a las mermeladas cosa que ya no hago jamás porque ahora me hago y me deshago en placer cada vez que abro un bote y sale disparado ese sabor tan genial a mis frutas domésticas que son nuestro mayor tesoro. Esta de las fotos, es mermelada de albaricoques de nuestro viejo árbol y arándanos que es una de mis favoritas de todos los tiempos. Sobre lo scones, sigo pensando que esta es la mejor receta de las que he probado. 


Ingredientes:
  • 2 tazas (cup americana) de harina
  • 2 cdas. de azúcar
  • 1 pizca de sal
  • 2 cdtas. de levadura
  • 1 puñadito de cranberries o pasas
  • 2 huevos
  • 120gr. de mantequilla fría
  • 5 cdas. de leche o Buttermilch
  • Nata montada y mermelada para acompañar

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 200 ºC. 
  2. Pon en un bol el harina, la levadura, el azúcar y la mantequilla reblandecida y en trocitos para que puedas mezclar mejor. Mezclas con las manos hasta que la masa adquiera el aspecto de migas de pan. En este punto, añade los huevos y la leche y trabaja el conjunto. No se debe amasar mucho para que no pierda ese look rústico. Añade las pasas o cramberries.
  3. Ya con todos los ingredientes ligados, extiende la masa en la mesa de trabajo enharinada con un grosor de 2 cm. 
  4. Recorta los scones y los vas colocando en la plancha del horno con un papel de hornear. Pincela con un poco de leche y si quieres le pones un poquito de azúcar por encima (muy muy poco). Al horno unos 15 minutos hasta que comienzan a dorarse ligeramente. Enfría antes de servir,

Choco muesli choco cookies

febrero 10, 2020
Resumiendo (já, mal comienzo) y a groso modo me gustaría insistir en las tres finalidades de este blog: la primera, la obvia, la más visible y motor que rueda alrededor de nuestros jugos gástricos: las recetas. Poco puedo añadir salvo disculparme porque es cierto que muchas cosas deliciosas con las que he mimado a mis comensales de pantalla para dentro, se han quedado sin foto y por ende, sin oportunidad de lucir en el blog como se merecen. Cosas del directo porque desde hace muchos años ya no hago sesión de fotos antes de comer dejando a mis chicos salivando y sufriendo como alimañitas hambrientas mientras yo me pongo de los nervios con las prisas y con el come-come del "Ay que se enfría". Con muy buen criterio, opté hace siglos por priorizar a mi pandilla porque al fin y al cabo, la audiencia puede siempre esperar.

La segunda, vino un poco a reglón seguido. Me habían detectado un alien durmiente en mi médula ósea. Hoy ya se sabe mucho de estos estados preactivos pero cuando me tocó estaban en braguitas. No se sabía nada de su evolución salvo que no había nada más que hacer salvo vigilancia. Duro de encajar cuando tienes un bebé de meses y ves que pierdes la salud poco a poco con rotillos que aisladamente no son alarmantes pero que trastocaron mi vida radicalmente. Con el tiempo, he sido consciente de mi suerte ya que aquí sigo, con mis rotos y descosidos pero entera más allá de haber perdido un útero traidor. Pero como decía, al principio la ansiedad me devoraba cada vez que miraba a mi bebote, sin saber que iba a ser de él si yo faltaba o que recuerdos llegaría a tener sobre mí. Dejar muestra de nuestro día a día, de las batallitas del kindergarden, del cole, de todo nuestro mundo filialmaterno. Y de paso, dejarle al mayor mi legado, mucho sobre mis pensamientos y de como entiendo la vida y las terribles cosas que están azotando al mundo. Este blog es un faro que focaliza mi vida y la proyecta lanzando millones de partículas sobre mis pensamientos, dolores, amores y compromisos. Muchas cosas se guardan aquí.
Y la tercera: pues a estas alturas de post, se me ha ido el santo al cielo. Algo sobre los acontecimientos sociales y políticos que también se han ido quedando reflejados a lo largo de los años: cuando juaritos se moría de frío o la gente aquí en Austria salía a socorrer con agua y comida a los refugiados que caminaban por los arcenes de las carreteras, cuando estalló la crisis y... en fin, tantas cosas que ahí quedan, y aunque ya estamos demasiado saturados de desmanes políticos, de comportamientos asociales e inhumanos, de injusticias, digo, aunque ya estamos hasta el gorro hay que seguir mirando al mundo tal y como está, por mucho que duela. Seguiré o volveré a contar sobre lo que le duele al mundo sin olvidarme del humor que también falta nos hace y no todo pueden ser penas.

PD: como ves, yo sigo haciendo autoterapía; mi blog y yo, o sin mi blog no soy nada, o bloguea como puedas... todo vale con tal de superar esas diferencias que han hecho que nos alejáramos el uno de la otra :-)  


Ingredientes:
  • 100gr. de harina
  • 2 cdas. de cacao puro
  • 80gr. de azúcar (mitad blanquilla, mitad morena)
  • 100gr. de mantequilla en pomada
  • 1cda. de sirope de arce
  • vainilla
  • una pizca de sal
  • 1/ cdta. de polvos de hornear
  • 1 huevo semi batido
  • 125gr. de muesli de chocolate
  • 50gr. de trozos de chocolate

Preparación:
  1. Mezcla todos los ingredientes (menos el muesli y las pepitas de chocolate) con ayuda de unas varillas eléctricas o en la procesadora de alimentos. Una vez que tengas la masa, mezcla el resto.
  2. Precalienta el horno a 180ºC. Mientras mantén la masa en el frigo.
  3. En una placa de horno y sobre papel de hornear, ve colocando montoncitos de masa con ayuda de una cuchara de postre. Salen 2 bandejas de 9 galletas. Hornea unos 10-15 minutos (depende de cada horno)

ME APETECE

 
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