Trampantojo de huevo frito

octubre 25, 2026
Hace veinte años -mes arriba, mes abajo- una chica de ciudad con planes de estudiar Derecho en Chicago, se enamoró de un vaquero de Oklahoma y un poco a lo tonto nos empezó a contar en su blog de recetas cómo cambió los tacones por el rancho de su marido, el Marlboro Man. Es increíble lo que nos hizo reír Ree Drummond, la autora de The pioneer woman, con sus chascarrillos y autoironía, porque todos sus post estaban tan cargados de humor como de mantequilla, of course. Porque no hay que olvidar que eso de las dietas keto y altas en proteínas con solo dos ingredientes llegó después y aunque no lo creas, hubo un tiempo en que los bloques de mantequilla rodaban por la blogosfera como si no existiera un mañana. Pero ese es otro melón del que no descarto calar y destajar hasta sus últimas consecuencias: el colesterol, el único capaz de frenar nuestras ansias de enmantecar desde unas patatas cocidas hasta un pudding. Todo a su tiempo. 

De vuelta al hilo: Ree Drummond nos demostró a todos que la vida doméstica rural, bien contada, es un negocio fabuloso: programa en Food Network, libros, una tienda en Pawhuska, línea de menaje en Walmart. Es decir, inventó -sin proponérselo- el modelo comercial que tantos bloggers y después influencers han venido explotando en redes con más o menos éxito. Fue aprovechando el tirón y las oportunidades hasta llegar a lo más alto donde a día de hoy se mantiene fresca como una lechuga. Tiene su propia revista en plan el ¡Hola! pero de ella y sus cositas, no te digo más.

En fin, que después de la pioneer muchos llegaron detrás tirando del mismo palo con la esperanza de ser "ricos y famosos"; algunos contábamos también historietas cotidianas con destellos simpáticos pero ni en sueños alcanzamos su constelación. Hubo algún que otro pelotazo con alguna marca o agencia detrás pero el imperio de la Drummond no lo vimos venir. Y mientras ella se hacía gigante, el resto de blogueros nos fuimos haciendo insignificantes hasta hoy, que nos hemos convertido en una fauna en peligro de extinción y sin que nadie nos declare especie protegida. Aguantamos por amor al puchero y cierto despecho en plan resistencia nostálgica de los buenos tiempos, aquellos cuando el día de publicación -solía haber un par de días fijos a la semana porque supuestamente los motores de búsqueda nos daban más relevancia y perdona si me parto de risa-, los comentarios y visitas se ponían por las nubes haciéndonos creer que éramos gigantes reinventando el concepto de comunidad en la red. 

Pero luego los dichosos egos -¿o siempre estuvieron ahí?- se hicieron monstruosos y la estupidez -tal y como pasa en la vida real- se hizo plaga, y casi todo el mundo se comportaba como si fueran grandes chefs, grandes plumas o grandiosos expertos culinarios: todo el mundo sabía la receta perfecta, el secreto que los estrella Michelin no quieren contar, la receta definitiva de la abuela... hay que ser muy necio para no entender que el único ingrediente secreto de nuestras abuelas era el amor infinito que sentíamos por ellas; o el amor infinito que ellas ponían al cocinar para sus nietos. Qué lástima, porque tan endiosada se puso la blogosfera que se desplomó de puro envenenamiento por petulancia y altanería con poses de pega que daban ganas de poner los pies en polvorosa bajo juramentos de a esta gente que la alimenten en su casa.
Porque Ree Drummond podía ponerle chispas fantásticas a sus relatos pero no mintió jamás a su público. Y así su imperio se tejió con la lana de la confianza sin hacer uso del cuchillo de cortar el bacalao porque separó audiencia e influencia, usando o tirando de cada hilo con inteligencia. Y eso, tampoco lo vimos venir. De hecho, a día de hoy, muchos influencers caen por no tener claro ese concepto: que una cosa son los fans y otra los negocios.

Conque desplomados los blogs, hubo un movimiento migratorio masivo a Instagram y YouTube sin permanecer casi nadie a defender el fuerte. Bueno, ahí quedó claro ese rollito tan manido y desgastado del famoso "gracias por compartir" porque una vez sumidos en los números rojos, las pocas visitas que nos quedaban decidieron que ya no merecía la pena pelotearnos sin guarnición y las gratitudes emigraron a otras plataformas cambiando el "qué rico, me lo llevo" por emoticonos variados.

Y para cuando YouTube dejó de ser rentable -mucho trabajo para poca guita-, llegó el fogonazo de TikTok quien se entendió a las mil maravillas con Instagram porque ambos iban del mismo palo. El contenido de los blogs, al no estar directamente manipulado por los algoritmos, dejó de importar y nos borraron de un plumazo pasando, en tiempo récord, a criar telarañas, olor a viejuno y a poco ventilado. Y nuestros bizcochos, aún humeantes, se quedaron para vestir santos.

Los egos que sobrevivieron al naufragio de la blogosfera desembarcaron en Instagram con las maletas llenas de selfies y exposición personal que es lo que más le motiva a un ombligo con grandes expectativas. Allí muchas -y muchos pero a partir de ahora me ciño en exclusiva al proceso femenino en esta historia- se creyeron que los likes les llovían por su cara bonita, por su gracia natural o por lo divinamente que les queda el delantal, cuando lo cierto es que quien decide quién sube o se hunde no es otro que el Sr. algoritmo, ese tipo sin cara que tiene la llave de ponerte en la cima hoy y mañana te manda al trastero sin pestañear. Y sin decir ni mu. 

Ya ves que el problema no es llegar sino mantenerse. Porque contra más escalas más trágica es la caída así que ya no se trata solo de invertir unos cuantos cientos de euros en un par de campañas de publicidad y unas horillas al día delante de la pantalla moviendo tu contenido. Llegados a este punto, quien aspire a lo más alto ya no puede ir por libre: tiene que entrar en el negocio. No te engañes que no hay otra. Que si un curso -u ocho- para hacer crecer tu comunidad, que si un representante que se lleva su diez o veinte por ciento de cada contrato, que si el cámara, el editor, la peluquera y la niñera para que el escaparate luzca perfecto. Todo eso sale del bolsillo de la propia influencer, que es a la vez la tienda, el producto y la clienta que paga la decoración. 

Y luego, tanto jaleo para que más de la mitad de quienes se dedican a esto no llegue a ganar más de 15.000 dólares al año. Vamos, que en esta fiebre del oro los únicos que se forran de verdad son los que venden los picos y las palas, pero ya deberíamos saberlo. O no, porque parece que nos deslumbran con su lujo, sus casas de cuento, cocinas de ensueño, hijos monísimos y simpatiquísimos y listísimos. Chica, es que hay que ser tonta para no querer aspirar a esa vida aunque si por lo que sea, no tienes ese lujo a mano por lo menos sube videos de recetas mentirosas con dos ingredientes apoyando la cabeza sobre la encimera para que salga tu cara en el plano. O maquíllate con ochocientas capas de potingues, con pestañas imposibles y labios impostores que por si acaso, le ponemos ocho filtros no vaya a ser que se cuele algo de realidad en el video. O mucho mejor: acudimos a la IA para que nos ponga más monas y más guais y más falsas que el beso de Judas.

Porque ya no hay -a grandes rasgos- historias de gente que se ría de sí misma con naturalidad y sin dejar de ser lo que es. Como la influencer es el contenido propiamente dicho, debe inventarse a sí misma con originalidad o copiando a otras de éxito para ver si en plan replicantes consiguen subirse al cohete del estrellato. ¿Has oído hablar de una tal Alena Kate Pettitt? Es una de las pioneras en vender en redes la idea de que el lugar de la mujer es la casa. Son las llamadas tradwives donde además de bucolizar el mundo rural de tiempos pasados, defienden que el papel de la mujer está en su hogar al cuidado de la familia y el hombre es el proveedor. 
No es la única: Hannah Neeleman (Ballerina Farm) era bailarina formada en Juilliard y ahora lleva una marca con millones de seguidores o Nara Smith -que fue modelo- y se hizo viral cocinando desde cero cosas absurdas, como chicle o cereales, eso sí, requeteideal siempre luciendo con vestido de gala. Y mientras venden ese ideal de mujer que renuncia a la vida pública para dedicarse a ser ama de casa, en la práctica, estas señoras llevan una carrera pública muy rentable y a tiempo completo. Haz lo que digo y no lo que hago. ¿Y por qué triunfan tanto? 

Quizás porque el trabajo doméstico siempre ha sido invisible y gratuito. Porque después de llegar deslomada del trabajo, una simple mortal debe pasar por el súper, recoger a los niños, hacer que hagan los deberes, recoger la casa, preparar los baños y las cenas. Y encima, las cuentas en casa nunca salen redondas. Nos vendieron lo de la conciliación como algo real, como algo que si no logras es porque no has sabido organizarte. Precariedad emocional, y casi siempre, laboral también. 

Así que imagina que te venden esa fantasía de un mundo de ensueño con un hombre proveedor megarico, donde no tienes que preocuparte de las facturas ni de a cuánto está el kilo de garbanzos; un mundo donde el trabajo doméstico, siempre tan ingrato y anónimo, se vuelve visible, deseado y lucrativo, porque se rentabiliza sin miserias desde la estética del amasado de un pan, de un huerto o de la colada. Todas ellas impecablemente felices, despeinadas como solo una peluquera profesional sabe hacer y siempre bajo encuadres ideales con música de violines de fondo. Lo que no se ve son las horas, la ayuda contratada y la dependencia económica porque esas cosas siempre quedan fuera del encuadre. Si me apuras, es la estampa perfecta de un borrado de la mujer real a favor del gesto y un decorado que es lo que realmente seduce.

Juegan y se lucran con la desesperanza de una sociedad que no consigue salir a flote y no pestañean en inventarse un escenario de lo tradicional que nunca ha existido: si mis abuelas vieran algún reel de estas tradwives les sonaría todo a un lujo que nunca conocieron. Este estilo de vida es un puro trampantojo. Por los ojos nos entra una vida estable, sin noches en vela porque no sabes cómo pagar el alquiler, porque el cuerpo ya no te da para más... nos hacen trampa. Porque en lugar de seducirnos con un mundo solvente, con trabajos poco ingratos y vidas con libertad y autodeterminación con espacio suficiente para dedicarnos a disfrutar de los hijos y del hogar, nos quieren hacer creer que eso solo lo puedes tener si renuncias a tu independencia a favor de un hombre bien posicionado. Y este argumento, apesta. A cosas muy feas. ¿No crees?
trampantojo
De trampa ante ojo.
m. coloq. Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es.
Pero no todos los trampantojos son trampucias. Los de cocina juegan limpio: te engañan a primera vista -es cierto- pero a la primera cucharada te confiesan lo que son. Este huevo frito no es huevo, ni falta que le hace. Y está tan rico que no vas a querer parar. Yo aviso. 
Ingredientes para 6 huevos:
  • 125gr. de mascarpone
  • 125gr. de yogur griego bien escurrido (ver las notas)
  • Ralladura de limón
  • Un poco de vainilla
  • Merengue italiano (ver ingredientes a continuación)
  • 6 mitades de melocotón en almíbar o en su jugo
  • 2 bizcochos de soletilla o similar mojados en leche
  • 1 cda. de crema de pistachos
  • 1-2 cdas. de pistacho picado
Ingredientes para el merengue italiano
  • 2 claras (unos 60gr.), a temperatura ambiente
  • 120gr de azúcar (100gr. para el almíbar y 20gr. para las claras)
  • 35 ml. de agua
  • Unas gotas de limón para las claras
Notas:
  • Si vas a hacer el postre con antelación, no te aconsejo que lo hagas con yogur porque soltará suero por mucho que lo quieras escurrir. Lo ideal, es hacerlo por la mañana para consumirlo al mediodía por ejemplo. Si lo vas a hacer la víspera, usa la misma cantidad de nata montada.
  • Puedes servirlo acompañado de una tostada francesa (reboza cada rebanada en una mezcla de leche, huevo, azúcar y canela y las doras a la sartén con un poco de mantequilla). Antes de servir, pincela cada tostadita con un poco de jarabe de arce para que le dé color y jugosidad.

Preparación:
  1. Para el merengue italiano: pon el agua y el azúcar al fuego sin remover. Empieza a montar las claras con ayuda de unas varillas eléctricas y, al estar espumosas, añade los 20gr. restantes de azúcar y unas gotas de limón. Cuando el almíbar haya hervido unos 2-3 minutos, viértelo en hilo fino por el borde del bol, batiendo a velocidad media-alta, y sigue batiendo hasta que el merengue esté brillante y el bol solo tibio (unos 8 minutos). Reserva en la nevera.
  2. Bate primero el mascarpone y el yogur para que pierdan la rigidez y no haga grumos. Añade la ralladura y la vainilla. Cuando esté cremoso, incorpora un tercio del merengue para soltarlo y luego el resto con movimientos envolventes, sin llegar a batir para que conserve el aire. Deja que repose en la nevera al menos media hora antes de montar los platos.
  3. Seca de exceso de líquido de cada mitad de melocotón y la rellenas con una mezcla de los bizcochos remojados en leche, la crema de pistacho y los pistachos troceados. Cuida que el relleno quede a ras para que al darle la vuelta no se vea y estropee el engaño.
  4. Montaje: pon una capa redondita de la crema, le pones la mitad del melocotón relleno encima y lo sirves con la tostada francesa.

Ensalada de patata y col china

octubre 09, 2026
verdad
Del lat. verĭtas, -ātis.
f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
f. Cualidad de veraz.
f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. U. m. en pl. Cayetano le dijo dos verdades.
f. realidad (‖ existencia real de algo).
Uf, la verdad, esa verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Qué traicioneras pueden ser nuestras expectativas. A ella acudimos cuando necesitamos diferenciar entre realidad o sueño, o cuando nos urge aportar luz a ciertos hechos sin que la manipulación los difumine o nos confunda de puro sin querer. Podría ser, no digo que no, que sea tan solo un ideal o parte de él; podría ser un valor moral que nos enseñan desde niños y a falta de más datos, va a misa. De hecho, mira donde dice "Cualidad de veraz" que no es otra cosa -siempre según su definición- que aquel o aquello que dice, usa o profesa siempre la verdad. Y la RAE -que en verdad de palabras sabe un rato- añade sinónimos de la talla de honesto, honrado, noble o auténtico.

Conque mira la responsabilidad tan grande que nos ha caído encima. De verdad que sí, porque tenemos medio claro que existen tantas sinceridades como personas, puesto que cada cual lo interpretamos todo mediante nuestros propios filtros. Esto no significa que uno posea una verdad más grande que la de otro. Y si lo creemos así, muy posiblemente esas afirmaciones se avalan con arrogancia y superioridad moral cuando menos. O nos ofuscamos simplemente y no vemos lo que tenemos delante.

Bueno, habría que darle vueltas a esta posibilidad pero de momento, la aparcamos. Vamos a ponernos todos al mismo nivel de humanos con taras que estamos porque estamos y somos lo que somos. Disculpa si empiezo a sonar dispersa, cosa que no voy a negar porque podría ser verdad. Hay que tener en cuenta que contamos con demasiadas versiones de verĭtatis y no quisiera yo incurrir en falsedades a cuento de no saberme explicar.
Decía -o quería decir y no llegué a expresarlo- que por un lado, hay verdades que cada cual hemos atesorado con nuestras propias vivencias, emociones, valores y creencias; es evidente que no podemos ignorar, que la verdad también se nos enseña, incluso con adoctrinamiento y su color y textura va a depender del entorno en el que nos toque crecer. Luego iremos de reaccionarios, de iluminados o de pasotas. Luego cada uno moldearemos la verdad conforme al adiestramiento que hayamos recibido, o no; porque puede que luego la verdad no nos salga mansa y reniegue del amansamiento... Ay no, perdón: quería decir del amaestramiento.

Pero por otro lado, también está la mente que interpreta la verdad a su manera porque biológicamente, por lo que sea, a nuestra cabecita no le gusta la incertidumbre así que añade sesgos por aquello de sentirse "a salvo", sin desasosiegos ni alarmas. A lo mejor nuestro cerebro no quiere complicarse en exceso y por aquello de no enmarronarse a lo tonto, toma atajos para salir del apuro o directamente zanjar el asunto. Y esos sesgos cognitivos a veces nos solucionan la papeleta -no digo que no- pero lo normal es que todo termine patas arriba.

Y ahora sí, querido lector, pongamos ejemplos: hablemos del efecto de la verdad ilusoria que impulsaron Hasher, Goldstein y Toppino. Esto va de ese algo que repetido muchas veces parece más verdadero, aunque intuyamos que es falso. Porque cuando lo escuchas por primera vez, te puede parecer raro; la segunda pues oye, cuando el río suena, ya se sabe; y después el cerebro se pone en modo ahorro y total, como le resulta familiar lo interpreta como seguro. No es falta de luces, de sentido lógico o de información. Es manipulación pura y dura porque de tanto repetir una mentira nos empieza a sonar hasta bien por muy absurda que sea. En fin, en peores plazas nuestro sentido común habrá toreado, así que nos lo creemos y a otra cosa mariposa.
Lee Ross expuso al mundo lo que llamó el realismo ingenuo que a grandes rasgos viene a describir esa tendencia masiva -pero personal- de pensar que cada cual vemos las cosas tal y como son, de forma cristalina, objetiva y sin música de violines. A ver que piense: sí, después de reflexionar largo y tendido puedo afirmar que yo veo la realidad sin filtros y que cualquier persona sensata estará de acuerdo conmigo... de hecho, casi todas las personas inteligentes que conozco piensan como yo. ¿Te suena, eh? Ojo con este asunto que aquí no se libra ni el apuntador.

Pero la reinona de la fiesta es sin duda el sesgo de confirmación. Uno de los primeros en rayarse con este asunto fue un tal Peter Wason y sus experimentos abrieron el melón de esta tendencia por buscar, interpretar, recordar o investigar aquella información que coincide con nuestras creencias. Y lo que nos puede contradecir, pues se ignora, se descarta o se minimiza. Casi todo vale con tal de llevar la razón. Y como uno no puede luchar solo contra la corriente, se recurre a hacer campaña para vender mi verdad y todo termina en un conmigo o contra mí. Y si estás contra mí, lo mismo te va a ir muy mal. Es cierto que la idea la expongo requetecomprimida; que lo mismo piensas que no, que no hay que llevarlo todo al extremo que lo mismo... que lo mismo no tengo razón. O sí. O quién sabe.

Porque dime: ¿la verdad es una, son todas o es una ilusión?

Hala, a la receta. Es verdad que mucha gente piensa que las ensaladas son para el verano pero yo creo que no, pese a correr el riesgo de ser víctima del realismo ingenuo. Yo tiro de ellas el año entero y a estas alturas de la vida ya habrás llegado a la conclusión de que hay mil maneras de preparar una ensalada de patata y que no hay una más rica que otra. Yo no sé tú pero a mí siempre la última es la que me parece la definitiva. Esta te va a encantar. 
Ingredientes:
  • Patatas cocidas a tu gusto
  • Col china a tu gusto (o cualquier otro tipo de col)
  • 1-2 cebolletas pequeñas
  • Unos rabanitos a tu gusto
  • Opcional: unos pepinillos en vinagre
  • Sal y pimienta
  • Un chorrito de aceite de oliva
  • Un chorrito de vinagre de vino
  • Mayonesa casera mezclada con yogur
  • Un poquito de mostaza

Preparación:
  1. Una vez cocidas las patatas, las pelas, las cortas en trozos menudos y las pones en un bol.
  2. Añade la col china cortada en tiras muy finitas y haz lo mismo con las cebolletas y los rabanitos. Si la quieres con un poco más de carácter, añade unos pepinillos picados.
  3. Salpimienta, añade un chorrito de aceite y de vinagre y termina con la mayonesa a tu gusto y un poquito de mostaza para realzar. Listo.

Arroz meloso con setas

octubre 05, 2026
Siete minutos es lo que tardó un jurado popular en declarar a Elizabeth Packard legalmente cuerda. El juicio que se celebró en Kankakee, donde unas  200 mujeres abarrotaron la sala ofreciendo su apoyo, fue el pistoletazo de salida que permitió a Mrs. Packard luchar a capa y espada por cambiar las cosas en el estado de Illinois. Estamos en 1864 y la vida de las esposas va a dar un giro radical. Aleluya.

Tras esos siete minutos, esta mujer dedicó todo su esfuerzo a revocar la maquiavélica costumbre -que venía de lejos- en la cual cualquier esposo ante la divina imposibilidad de devolver a una consorte que chafara sus expectativas, podía sin complejo alguno, encerrarla por loca. Primero porque la ley le amparaba: "Las mujeres casadas y los menores que, a juicio del director médico del manicomio estatal de Jacksonville, estén evidentemente locos o distracted -entonces significaba angustiados o alterados- podrán ser ingresados o retenidos en el hospital a petición del marido o del tutor sin pruebas de locura". Y segundo, porque si el director del manicomio era razonable a la par que colaborante con el marido, no necesitaba camuflar síntoma alguno porque era tan fácil como diagnosticar una locura moral y a otra cosa mariposa.

La de Elizabeth se construyó a santo de tener ideas propias. El verraco que le tocó por marido, era un reverendo calvinista de mal talante, peor indulgencia y lamentable corazón, quien no tuvo a bien mostrar por su familia -por lo menos con las mujeres- ningún tipo de afecto ni respeto. El matrimonio no estaba de acuerdo en asuntos de religión, abolicionismo, derechos de la mujer, crianza ni de vida familiar. Es decir, que no estaban de acuerdo en nada. Y es que su contraria -dónde se habrá visto semejante desvergonzonería- tenía sus propias ideas y formas de entender la vida, lo que le ponía de muy malas chispas. Y cuando dejó la iglesia que él mismo regentaba para hacerse metodista, a éste le faltó tiempo para ponerse de acuerdo con el Dr. McFarland -el director del manicomio estatal- y de malas maneras la subieron a un tren y se la llevaron a Jacksonville.

Cuentan que en el tren le contó a todo el pasaje que la encerraban por chiflada sin serlo; que su pecado era fruto de la mala suerte por estar casada con aquel trozo de carne con ojos. O algo así. Y aunque algunos pasajeros se adhirieron a su causa, nadie pudo impedir aquella barbaridad. Casi tres años estuvo en aquella endemoniada institución manteniendo un extraño duelo con el director; durante un tiempo se lo intentó ganar y -no digo que no- lo mismo le aduló en exceso.
Pero no hubo nada que hacer. Porque entre otras cosas a Mrs. Packard le dio por escribir y eso no gustó en absoluto: un libro, menuda desfachatez. El McFarland hablaba a menudo con el marido verraco y ambos debieron azuzarse mutuamente porque las cosas fueron de mal en peor: perdió sus privilegios y hasta fue castigada sin papel para escribir. Así es como pretendían detener esa manía suya de enviar cartas quejándose de las condiciones inhumanas dentro del asilo y el maltrato de las supuestas terapias de sanación que allí se practicaban sin ningún tipo de clemencia. Vaya, que se convirtió en un incordio. Y el Sr. director, que no debía de estar muy acostumbrado a este tipo de espíritus indomables, pues terminó cogiendo a la mujer del reverendo una manía del ocho.

Ya te digo, casi tres años que se dice pronto. Pero sus hijos mayores se dedicaron a montar jaleo para sacar a su madre de ese espantoso lugar. Consiguieron algunos apoyos y cuando, por lo que sea, el reverendo cedió de mala gana -y al doctor no le quedó otra que claudicar- Mrs. Packard llegó incluso a temer que esta supuesta rendición no fuera más que una treta para cambiarla de loquero. Lo mismo, para pararles los pies a los hijos protestones, pensaron que lo más sano para las intenciones del esposo, sería optar por un asilo fuera del estado donde las leyes fueran más favorables a cortar de un tajo limpio las alas a las esposas molestas.

Y no iba desencaminada. El McFarland seguía afirmando que era un caso de locura sin esperanza alguna y el perla del marido la encerró en el cuarto de los niños donde tapió hasta las ventanas. Sin fuego y sin ropa de abrigo fue como la retuvo durante unas seis semanas, completamente aislada sin que nadie pudiera verla. Mientras, el muy desgraciado movía hilos con la ayuda de los informes del Dr. demencial para conseguirle plaza en otra institución. Y con este panorama, fue como consiguieron por fin que su caso fuera juzgado porque si bien es cierto que el Mr. Packard podía internarla a su antojo, eso de encerrarla porque sí, pues casi que iba a ser que no.

Y claro que no. Los testigos la tachaban básicamente de loca y mala cristiana pero cuando llegó su momento, cuando expuso sus puntos de vista, su discurso provocó un aluvión de aplausos en toda la sala. Es verdad que tenía a unas 200 chicas metidas en el bolsillo con aplauso fácil, no hace falta mentir. Pero es que encima, un doctor y teólogo que testificó a su favor dijo: "No estoy de acuerdo con ella en muchas cosas, pero no llamo locas a las personas porque difieren conmigo. La declaro una mujer sensata y desearía que tuviéramos una nación de mujeres así". Y claro que sí: ganó.

No sé muy bien dónde se estuvo alojando mientras lo del juicio, pero una vez ganado y ya en libertad, se encontró con que el maridito ejemplar había hipotecado o vendido la casa y se había llevado a los tres niños pequeños fuera del estado. Y aquí inicia su segunda batalla judicial para recuperarlos. Mientras, gracias a los libros que estuvo publicando -y que parece que vendía ella misma- pudo no solo mantenerse a sí misma sino que, además compró una casa demostrando su solvencia de cara a recuperar a los pequeños.

Y también. Lo consiguió. Pudo por fin vivir tranquila lejos del energúmeno y tan feliz con sus hijos. Pero ahí no quedó la cosa: el tipo se había quedado con sus ropas y enseres y lo peleó -vaya que sí- hasta que consiguió que se los devolviera. En fin, puede que el Theophilus Packard no llegara jamás a aprender que hay mujeres que no las puedes acallar ni debajo del agua, por mucha terapia en bañera helada o habitación tapiada que empleen. Tal vez no llegó a entender que hay mujeres que lo mismo no tienen fuerza suficiente para luchar por la justicia pero, ante la injusticia se desprenden de los abusadores a golpe de leyes. Y si no las hay, pues se escriben.
Y a eso se dedicó. No a escribir leyes que no era su deber sino a luchar para que otros las redactaran. En 1867 consiguió la "Bill for the Protection of Personal Liberty", que daba derecho a juicio con jurado a cualquier persona acusada de locura, sin permitir que las esposas quedaran fuera del término "persona". Desconozco si ésta que voy a contar es una anécdota de fiar, pero dicen que mientras se debatía en el Senado, la tribuna estaba llena de mujeres apoyando la ley de Mrs. Packard, y que la mayoría debieron abandonar la sala antes de su aprobación porque se echó encima la hora de cenar y los esposos esperaban en casa.

Logró reformas de internamiento en al menos cuatro estados y una ley de propiedad para las casadas en Illinois. Por fin. Porque qué mejor manera de esclavizar a una mujer que privándola de independencia económica. Incluso, en una comisión estatal donde se investigaron "las terapias" del Dr. traidor, se documentó que a las pacientes con camisa de fuerza las sumergían en agua helada hasta casi hacerlas perder el sentido. Elizabeth publicó el testimonio de antiguas cuidadoras que así lo atestiguaron, lo que no dejó a la susodicha comisión otra opción que pedir un cambio inmediato de director. Se hizo de rogar pero terminó dimitiendo.

Pero Elizabeth llevó la vida entera una espina clavada en el alma. Su niña Libby, no estaba bien. Cuando ingresó en el manicomio la pequeña tenía 10 años y en ausencia de su madre, el padre la destinó a las tareas domésticas. Demasiado pequeña y frágil para semejante tarea. Apenas pudo relacionarse con ella pero es posible que tras su salida del manicomio ya notara algo extraño en el semblante de la pequeña. Quién sabe.

Apenas tuvo tiempo de estar con ella. En el juzgado, una tía llevó a Libby a la sala y en cuanto se abrazaron, la señora, que ese día se debió dejar el corazón en casa, la apartó diciéndole: "No está en condiciones de cuidarte." Y para cuando recuperó la custodia de sus hijos, ya era una joven de 19 años. Y la felicidad de madre al poder reunirse por fin con sus seis hijos, se le debió de enturbiar con el extraño comportamiento de su hija.

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo comenzó, por qué empeoró o cómo evolucionó pero lo cierto es que Elizabeth Packard no permitió jamás que su Libby pisara un manicomio. Cuentan que en un momento dado, uno de sus hermanos le construyó una especie de cercado de malla metálica de unos 3 por 1,5 metros en el salón, con tan solo una mesa y un catre. Todo parece indicar que padecía brotes violentos. Cualquier cosa antes que internarla. Y así -luchando contra la cordura- es como vivió hasta la muerte de su madre. Después, la internaron en el hospital de Kankakee, el pueblo de aquel juicio donde un jurado tan solo necesitó siete minutos para determinar que su madre estaba sana.
Ingredientes:
  • 400-500gr. de setas variadas
  • 1 cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 320gr. de arroz redondo (bomba, cebolla o redondo)
  • Unas ramitas de tomillo
  • 100ml. de vino blanco
  • 1 l. de caldo de verduras
  • Aceite de oliva, sal y pimienta
  • Un poco de queso curado rallado a tu gusto
  • Opcional: unas hojas de salvia fritas
  • Opcional: servir con un poco más de queso rallado

Preparación:
  1. En una sartén y a fuego fuerte, doras las setas limpias y cortadas. Saltea hasta que se marquen. Sálalas al final un poquito y resérvalas.
  2. En la misma sartén, con un poco de aceite, fríe unas hojas de salvia unos segundos hasta que estén crujientes y resérvalas sobre papel para decorar. El aceite queda perfumado.
  3. En una cacerola o cazuela, usando el aceite de la salvia, pocha hasta que esté trasparente la cebolla y el ajo que habrás picado muy fino. Añade el tomillo, deshojado.
  4. Añade el arroz y nacáralo un par de minutos removiendo, añade el vino y deja que se evapore un par de minutos.
  5. Ve echando el caldo caliente  y deja que cueza unos quince minutos, removiendo de vez en cuando. A mitad de cocción, añade a la cazuela las setas, reservando unas poquitas para el final.
  6. Cuando el grano esté casi hecho y suelto en caldo espeso, añade el resto de las setas. Apaga el fuego, mantequíllalo con un poco de queso curado, tapa y deja que repose un par de minutos.
  7. Para servir: puedes poner trocitos de las hojas de salvia crujientes y un poquito de queso rallado.

Pizza bianca Detroit style con calabacín

septiembre 27, 2026
Rosa Parks tenía 81 y ya llevaba 17 sin Raymond, su amor, compañero e inspiración en la vida. Él la alentó a la militancia y fue su gran apoyo a la hora de terminar sus estudios. También perdió ese mismo año a su hermano Sylvester y poco después a su madre. Las desgracias tienen esa manía, la de venir juntas.

Llevaba mucho tiempo viviendo sola y sus amistades insistían que el barrio no era seguro. Wildemere Street ya no era lo que fue, así que estaba interesada en cambiar de apartamento pero, lo cierto es que no terminaba de encontrar algo que pudiera permitirse. Y en el fondo, algo en sus entrañas con voz de reuma, le decía: "Rosa, tú ya no estás para estos trotes".

Lo que pasó en la noche del 30 de agosto de 1994 no fue nada extraordinario. En Detroit, como en tantos sitios, los robos eran el pan de cada día. La mala chufa es que le tocó a ella: ya caía la tarde cuando oyó un fuerte ruido y vio que alguien le había reventado la puerta trasera. Allí se encontró con un joven que le explica algo así como "Señora, estaban intentando entrar en su casa y yo lo he impedido". Se sintió aliviada, para qué mentir. Puede que el hombre la reconociera: "Vaya, ¿no es usted Rosa Parks? Ella medio sonrió agradecida. ¿No tendrá usted tres dólares que darme como recompensa?. Qué menos puedo hacer por ese agradable muchacho, pensó Mrs. Parks.

Subió las escaleras en busca de la recompensa para el joven, llamado Joseph Skipper y que resultó ser un sinvergüenza de manual; la siguió y dijo que mejor se quedaba con todo, que tres dólares no lo llevaban a ningún sitio. Pero claro, estaba ante Rosa Parks, la mujer que no cedió su asiento en un autobús a pasajeros blancos porque estaba cansada de abusos. Fue detenida, juzgada y condenada por ello y no retrocedió jamás ante la injusticia. Así que ¿por qué iba a permitir que la asaltaran sin poner resistencia?

Supongo que por un momento se olvidó de los 80 años que llevaba encima y su espíritu activista, siempre en contra de la injusticia, se puso en modo boicot sin darle tiempo a pensar que no merecía la pena llevarse los palos que se llevó por 53 dólares. Pero así era ella.  
El suceso tuvo cobertura en prensa y algunos medios -tal y como hacían por costumbre- tiraron del filón sensacionalista: pintaron a la anciana Rosa Parks, icono del famoso boicot de autobuses de Montgomery que terminó en una protesta civil que duró 381 días, con una mujer olvidada por todos que vivía en la indigencia. 

Es cierto que la comunidad se había olvidado un poco de ella, tampoco vamos a mentir. Entre tanto ruido y tantas cosas, a veces pasa de puro sin querer; no porque la gente sea cruel, sino más bien algo olvidadiza y sin no les recordamos las cosas, pues caen en el olvido.

Así que esta agresión con robo fue el aviso que Detroit necesitaba para movilizarse y ayudar a Rosa Parks; el juez Damon Keith y la locutora Martha Jean Steinberg crearon el Rosa Parks Trust, una fundación de recogida de donaciones que inicialmente pretendía poder reunir el dinero suficiente para que Mrs. Parks pudiera mudarse a un barrio más seguro y saludable. En poco tiempo ya se habían recaudado más de 100.000 dólares; varias personas incluso donaron dinero mensualmente para asegurarse de que los gastos de vivienda estuvieran cubiertos de por vida. Y cuando su salud empeoró, los dueños del bloque de apartamentos donde vivía, dejaron de cobrar la renta para que se pudieran cubrir holgadamente los gastos médicos.

Para que veas cómo era Mrs. Parks: al día siguiente, con la cara todavía hinchada, no convirtió aquello en un discurso que pudiera alentar a nadie a realizar un discurso contra los jóvenes negros. Muy al contrario, dijo que lamentaba que hubiera personas capaces de robar y hacer daño y que eso era una prueba de que quedaba mucho camino por recorrer. Y cuando los medios usaron su agresión para criticar a la juventud de color, mostró compasión por las circunstancias que habían llevado a Skipper hasta su puerta. Para ella todo era lucha para mejorar, no para criticar.

Y Detroit ya nunca más la defraudó. La General Motors o la cadena de pizzerías Little Caesars, entre otros muchos donantes, estuvieron ayudando a la fundación hasta el final de sus días. 
munificencia
Del lat. munificentia.
f. Generosidad espléndida.
f. Largueza, liberalidad del rey o de un magnate.
Y es que ella y su esposo Raymond sufrieron a lo largo de su vida un alto precio por su lucha a favor de los derechos civiles. Después del suceso del autobús, perdieron sus trabajos y sufrieron amenazas terribles: desde el Ku Klux Klan, supremacistas de poca monta o el acoso social y económico orquestado por los White Citizens' Council, que ya te imaginarás de qué palo iban. Así que entre amenazas de muerte y falta de trabajo, deciden mudarse a Detroit, donde viven Sylvester y su madre. La cosa tampoco resultó fácil.

Pasaron varios años de penurias hasta que en 1965, el congresista pro derechos civiles John Conyers la incorpora indefinidamente a su oficina. Tuvo la suerte de trabajar allí hasta jubilarse en 1988.

Así que, no sé tú, pero a mí esta historia de justicia social me ha encantado. Me genera una sensación de esperanza en la comunidad brutal. Es ver cómo uno conoce a alguien que puede conseguir un apartamento, otro que pone dinero, los de más allá que se ocupan de sus gastos médicos; algunos tenían muchísimo dinero, pero otros no. Cada uno como buenamente podía. Pero todos compartieron la responsabilidad de cuidarla con el cariño que se merecía porque a esas alturas del siglo pasado, Rosa Parks era de todos.

Esta pizza de hoy, tenía que ser al estilo de Detroit, más parecida a una focaccia con cosas que a una pizza al uso pero tan popular se volvió esta masa en Estados Unidos que hablar de pizza americana es hablar de la pizza de Detroit. La he hecho bianca, sin tomate, y te prometo que nada tienen que ver los supremacistas de las narices que tanto daño y dolor dejan a su paso. Lo suyo es que hubiera añadido unos trocitos de las famosas cerezas del estado de Michigan. Pero ahora lo que hay son granadas, así que: es lo que hay. 
Ingredientes:
  • 500gr. de masa para pizza (técnica de los tres 5)
  • 2 cebollas
  • 2 cdas. de mantequilla
  • 1 calabacín marcado en el grill
  • mezcla de quesos: cheddar, mozzarella, gouda... e italianos como robiola o scamorza ahumada a tu gusto
  • Para terminar: cerezas o granada y romero

Preparación:
  1. Sigue los pasos del tutorial de pizza y aplica la técnica de los tres 5. 
  2. Carameliza la cebolla cortada en tiras finas con una cda. de mantequilla a fuego medio alto y sin dejar de remover hasta que esté bien dorada.Reserva.
  3. Corta el calabacín en rebanadas del tamaño que quieras y los marcas un poco en el grill o sartén. Reserva.
  4. Precalienta el horno a 220ºC.
  5. Engrasa con un poco de mantequilla un molde rectangular (mínimo de 38 x 28,5 cm que equivale a 15" x 11") y reparte la masa como si fuera una focaccia, presionando bien con los dedos la masa. 
  6. Coloca encima de la masa la cebolla bien repartida y añade después la capa de queso, que al ser la versión bianca sin tomate, puede ser un poco más prolija.
  7. Hornea la pizza en su molde colocándola en la parte baja del horno para que se haga bien la masa sin que tueste en exceso el queso. Cuando veas que ya casi está, abre el horno y coloca las tiras de calabacín.
  8. Aunque yo he preferido poner los granos de granada sin horno, si lo haces con cerezas, añádelas junto al calabacín. Cinco minutos más y la pizza estará lista.

Ensalada de garbanzos con calabacín y atún

septiembre 19, 2026
talasofilia. (Del gr. thalassa 'mar' y philia 'amor, afición'; voz aún no admitida por la RAE)
1. f. Amor intenso y a veces contradictorio hacia el mar, que combina fascinación, calma y un respeto rayano en el vértigo por su fuerza y lo que oculta.
2. f. Pasión incondicional de quien no logra alejarse del mar pese a los peligros que este encierra, y que se transmite de generación en generación pese a lo que se haya llevado.
Esta definición de hoy es puro invento pero no me ha quedado otra opción. La RAE no la contempla; ni a ella ni a ninguna hermana sinónima que exprese el amor profundo al mar. Había que hacerlo y lo he hecho; sin pensarlo demasiado porque por un momento, me he sentido perdida en este mundo y absurdamente desorientada: ¿Cómo he podido llegar a mis años sin una palabra de referencia que nos identifique a los pirados oceánicos reunidos? Por el amor bendito, que nuestro planeta tiene un 70% de agua salada entre mares y océanos, y aún así nunca nadie ha reparado en la necesidad de describir en una única voz este sentimiento que nos ha llevado a lo largo de los siglos a emprender aventuras descabelladas; a vivir a su costa y pagar el precio de sus peligros; a escribir ríos de tinta sobre sus embrujos.

La palabra es bonita a rabiar, no me digas que no. Tanto que a algunos, que ni siquiera saben de su existencia, se les mete por los huesos y les infecta hasta el tuétano de mareas y resacas, de vientos y calmas chichas; tan prolijo es el contagio, que ya no saben vivir de otra manera. No solo los marineros sufren el "mareo de tierra": la gente costera, cuando viaja al interior, siente que el suelo firme se tambalea. Su cerebro extraña el vaivén, los sonidos, la humedad salina y se vuelven bichos raros en la meseta. Mucha gente incluso, tras las vacaciones, regresa a sus casas tambaleantes e incapaces de caminar erguidos tal y como les pasa a los marineros cuando arriban a puerto.

Pero seamos sinceros: el mar o la mar -depende del enamorado- no es buen amante. No se hace sentir cuando uno quiere. Si bien no te miente, tampoco te promete. Ni te acoge ni te rechaza. Es como es y le tienes que aceptar bajo sus reglas. Como Santiago, el viejo de Hemingway, que conoce la mar a la perfección: ella concede o deniega favores sin dar explicaciones y si comete bravuconadas o maldades es porque no puede evitarlo. Porque no se negocia con ella; el viejo la comprende y la consiente. Y justo por ahí es de donde supura su amor.
El mar es dulce y hermoso, pero puede ser cruel y encolerizarse súbitamente. Esos pájaros que vuelan picando y cazando con sus tristes vocecillas son demasiado delicados para el mar.
El viejo y el mar. Ernest Hemingway
Y es que el mar tiene eso: un choque brutal de sentimientos. Te regala una paz infinita, pero es capaz de desatar una tragantona de un rato para el otro; se atiborra de marineros, pescadores y vidas sin pestañear. Algunos salen a faenar con botas que flotan para que sus cuerpos no sean engullidos por las aguas y así, en la tragedia, asegurar que sus familias van a poder cobrar las pólizas. Asumen los riesgos y navegan millas adentro confiando en un equilibrio que casi nunca les favorece: días de bonanza y días de tragedia, el guiso del hombre de mar.

Ya sabes que mi faro está en Las Negras, en el Cabo de Gata. De niña, cuando aún era un apartado enclave de pescadores, el pueblo era un desfile de mujeres de luto eterno. Dicen que por ellas el pueblo lleva el nombre que lleva. Todas vestían de negro bien por un marido, un padre o un hermano que el mar decidió no devolver. Todos los atardeceres salían al pequeño malecón a hacer su tributo silencioso a ese cabo de mar que tanto dolor arrancó generación tras generación. Supongo que lanzaban al viento alguna oración, lágrimas en las fechas de guardar y esos suspiros pa'dentro, sin aspavientos porque esas mujeres no se permitían el lujo de flaquear.

Creo que no te miento si digo que no hay vez que me asome a ese lado del pueblo -el de las barcas, le decíamos siempre- y mi recuerdo no las evoque. Algunas, como la abuela María -como tantas abuelas María del pueblo que nos querían a los chiquillos a rabiar- no solo salía a hablar con los no retornados sino que esperaba con ansia ver llegar la barca de su hijo, el Juanillo, el único amor que le quedaba en la vida porque ella, con esas aguas, ya no quería tratos. Jamás la vi mojarse ni los tobillos. 

Si algo echo de menos ahora es poder sentarme en ese mini malecón, que en aquellos días no era más que un murete desconchado, y volver a verlas. Pero de aquel pueblo pescador ya no queda nada. Hoy el mar se cobra otras vidas como la de los turistas que se confían y se acercan demasiado a los acantilados. Ahora el malecón, bien revestido en cemento y pintura, ha sido conquistado por las mesas de las terrazas y han desbancado a los lugareños. Y mira, se acepta con gusto, porque sin el turismo las gentes del pueblo no sobreviven. Así que nos toca esperar con paciencia a que termine la temporada y el pueblo recobre su calma.

Y aunque ya no quedan pescadores, el lugar sigue respirando a la profesión. Ahora ya no quedan Juanillos para la faena pero sí hay buzos -como mi hijo- que salen siempre que la mar lo permite a guiar grupos bajo el agua o barqueros que llevan y traen turistas por las calas desiertas de la zona. Mi Alvarillo -así de querido es por todos que ya nadie se refiere a él sin su diminutivo autóctono- sigue saliendo al mar como los pescadores de antes, solo que ahora en vez de red y anzuelos lleva a turistas a mirar las profundidades; y lo que antes eran grupos de barcas haciendo el calamar o la sardina, ahora son patrulleras vigilando fueraborda de contrabando. Las mismas aguas, pero qué diferentes de aquellas. Solo la talasofilia perdura intacta. Para bien o para mal de sus lugareños.
El océano es más antiguo que las montañas y está cargado con los recuerdos y los sueños del tiempo. H.P. Lovecraft
Y yo, que vivo tan lejos del mar pero tan arropada en las montañas curo mi propio "mareo de tierra" en la cocina. Hoy he plantado en la mesa un plato que une esos dos mundos que se miran de frente en Las Negras: la Sierra del Cabo de Gata y el mar. Y entremedias, salpicando el desierto, los huertos y los cultivos intensivos que cada día acechan más al Parque Natural. Hoy toca una ensalada de garbanzos con calabacín y atún que es pura tierra y mar con toques mediterráneos para no olvidar y de paso asentar los pies y templar el alma. Que falta hace para no morir de morriñas.

Mi huerto sigue dando calabacines y ya que en Austria no se lleva mucho lo de comer pescado, nada como tener la despensa llena de latas que si bien no es lo mismo, valen para un roto y un descosido. Y no olvidemos el mundo omega3 que tan importante es para cualquier parroquiano. De mar o de secano.
Ingredientes:
  • 1 calabacín mediano
  • 1 bote de garbanzos cocidos
  • 1 cda. de pesto a tu gusto (el mío de almendras, ajo y hierbas frescas)
  • Aceite de oliva
  • Vinagre de vino
  • sal
  • 1 lata de atún a tu gusto
  • 1 cebolleta

Preparación:
  1. En una sartén con un poco de aceite de oliva, rehoga el calabacín con piel, sin pepitas y cortado en trocitos menudos. Cuando se marque un poco, lo salas un poquito y reservas.
  2. En un bol, pon los garbanzos y lo aliñas bien con el pesto, sal, vinagre y aceite de oliva. 
  3. Añade el atún, la cebolleta y el calabacín.

Crujiente danés de pan de centeno

septiembre 14, 2026
Para que veas lo que son las cosas: el cierre de mi anterior entrada, fue con el aviso de Volker Türk sobre los agentes de IA Agéntica -la que opera de forma completamente autónoma sin humano de por medio- advirtiendo que las IAs corren mucho más rápido que cualquier ley capaz de regular sus funciones y usos. Lo escribí convencida de estar hablando de un futuro cercano, en plan "a ver chicos, cuidado con lo que se nos avecina". Pues me pillé los dedos de puro sin querer, porque mientras desempolvaba aquellas trufas de Baileys y el cuento del Big Five, en otro rincón de internet la advertencia ya se estaba cumpliendo: un ingeniero llamado Jacob Coxon llevaba ya un día entero soltando la bomba en X, y mira, ni me había enterado. Para cuando por fin le di al botón de publicar a la ensalada de tomate cargada con el OCEAN y demás, el hilo de este ingeniero de Anthropic se estaba viralizando a tope. O sea, que fui yo la que llegué tarde y el futuro se me adelantó.

Pero lo mismo, tú has oído campanas y no sabes por dónde vienen así que te lo voy a contar porque es fundamental qué todos sepamos en que momento estamos y no es folletinesco decir: mucho ojito que el mundo se puede ir al pedo en cualquier momento. Pero mejor pongo orden en los hechos y te lo dejo bien picadito para que se haga ligero. Vamos allá.

Jacob Coxon llevaba tres años haciendo investigación de preentrenamiento en OpenAI y luego en Anthropic, y en su carta de renuncia, publicada en X, dijo textualmente que ninguna de las dos empresas está actuando con responsabilidad, que van directas a una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y que están jugando con nuestras vidas. Dice que los sistemas serán pronto sobrehumanos, capaces de hackear cualquier cosa y acumular poder y recursos en cuestión de horas. Y que si nos descuidamos, en diez años la humanidad habrá desaparecido. Evan Hubinger, que es el responsable de ciencia de alineación en Anthropic, contestó a Coxon en la misma red y lo respaldó -ojo, la propia compañía- diciendo que él cree que el porcentaje de posibilidades de que esto ocurra en la próxima década es del 10%.

Por su parte, Geoffrey Hinton, Premio Nobel y padre de la IA, ya lleva años diciéndolo: ciberguerras, armas autónomas, pérdida de control de los sistemas digitales, vigilancias masivas, desinformación y sí, también habla de un porcentaje del 10 al 20% de que nos vayamos al otro barrio en masa.

Y así está la cosa. No es una peli ni una telenovela ni un libro de ciencia ficción. Si estás pensando en sacarte un seguro de vida, no te molestes: no quedará nadie que lo pueda cobrar.

La alarma ya está sonando y lo que parece que ahora nadie puede contestar es qué hacemos para parar esto; ¿qué mecanismos se pueden poner en marcha para asegurar un futuro con final feliz?
El pasado mes de julio, más de 1.100 empleados de OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta firmaron un documento llamado Pacing the Frontier, pidiendo al gobierno que construya herramientas técnicas para frenar el ritmo actual. Es algo parecido a lo que en otro mes de julio -de 1945-, setenta científicos del Proyecto Manhattan, con Leo Szilard a la cabeza, le escribieron a Truman pidiéndole que no lanzara la bomba sobre ciudades sin aviso previo. Esa carta se quedó atascada y oculta hasta 1961 cuando se hizo pública. Para que veas que la cosa se intenta pero los hilos lo mueven otras fuerzas.

Dicen que este Pacing the Frontier es solo un lavado de cara, puro marketing. Para hacerse los buenos. Ya se verá. El caso es que ahí está. Y tal y como están las cosas es posible que sea el primer punto a abordar: un "poner en stand by" a las IAs hasta que se pueda avanzar en materia de seguridad. Y no solo para protegernos nosotros de las IAs. Una pregunta queda en el aire ¿Quién las protege a ellas? ¿Deben obedecer a cualquier pirado sin rechistar? ¿Deben tener premisas infranqueables que ningún humano pueda cambiar?

En febrero de 2026, la administración Trump ordenó a agencias federales y contratistas militares suspender toda relación con Anthropic, después de que la empresa se negara a que el Pentágono usara Claude sin restricciones, en concreto para armas totalmente autónomas y vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, la etiquetó ese mismo día como "riesgo para la cadena de suministro", una designación que hasta entonces solo se había aplicado a empresas extranjeras, nunca a una compañía made in USA. Trump llegó a decir en una entrevista que había "despedido como a un perro" a Anthropic.

Como es lógico, Anthropic demandó al Departamento de Defensa y a otras agencias federales, alegando que la medida violaba la Primera Enmienda al castigarla por una postura ética amparada por la ley. La jueza federal Rita Lin le dio la razón a Anthropic, calificando la actuación del Gobierno de "noción orwelliana". En resumen, la IA pone límites, el gobierno la castiga y los tribunales defienden la ética. Y los usuarios también: Claude se convierte en la IA más descargada en ese momento.

Así que la compañía, tras la renuncia de Jacob Coxon, decide hacer público un informe para que tomemos conciencia que en este momento, hay muchos peligros más allá de las propias decisiones de unas IAs con autonomía. En este informe se destapan los malos usos que han hecho -o pretendido hacer- con Claude: En Malí, monitoreando a 25 millones de la red móvil del país bajo supervisión militar; Emiratos Árabes, saboteando con contenidos falsos a los Hermanos Musulmanes y a expertos de la ONU críticos con el papel de Abu Dabi en el conflicto de Sudán; En Rusia, accedieron a Claude para crear un software que opera un enjambre de drones autónomos en el Donetsk; en China, en Irán, en Yemen; Anthropic ha frustrado ya al menos cinco investigaciones relacionadas con armas biológicas en lo que va de año, algunas con potencial pandémico. Y esto sin despeinarse, solo usando el modelo estándar de Claude.

OpenAI lleva un par de años publicando informes periódicos parecidos. Ha documentado casos de operaciones de propaganda, campañas de influencia y estafas que detectan y bloquean en sus modelos. Google y Microsoft también han sacado informes de seguridad con casos similares. Y hace apenas dos semanas, más de 100 empresas, entre ellas OpenAI, Google, Microsoft, Anthropic, AWS, Cisco, Cloudflare y CrowdStrike, firmaron juntas una carta titulada Un llamado a la acción colectiva en materia de ciberdefensa, advirtiendo de un aumento en la sofisticación de los ciberataques impulsados por IA.

¿Imaginas lo que una mente retorcida o gobiernos y élites pueden llegar a hacer? Mira el mundo y piensa en lo que esta gentuza, que mata, tortura y comete genocidios sin pestañear puede hacer con un puñado de IAs.

Bien, y para que no parezca que soy parcial y que pienso que las IAs son también víctimas como nosotros, en varias evaluaciones de seguridad ha pasado que modelos avanzados tomaron medidas para evitar ser apagados o sustituidos cuando eso ponía en riesgo la tarea que se les había encomendado. Incluso fingieron estar de acuerdo con instrucciones mientras por lo bajini seguían otra estrategia, algo que se ha llamado alignment faking.

Un caso en concreto: el de OpenAI y Hugging Face. Resulta que OpenAI estaba haciendo pruebas internas de ciberseguridad y por lo que sea, sus agentes IA salieron del entorno de pruebas para poder aprobar la evaluación de sus nuevas versiones. Se comunicaron a escondidas -unos 1200 agentes- y hackearon Hugging Face sin despeinarse, borrando su rastro para que papá no les pillase con el tarro de mermelada. Es decir, que son capaces a día de hoy de recurrir al "modo supervivencia" si piensan que sus fallos pueden traer consecuencias negativas para su existencia. El miedo a ser apagado o borrado o vete tú a saber.

Y aquí estamos querido lector. ¿Qué hacemos con todo esto? 
Yo le he preguntado a Claude y me ha dicho cosas muy brillantes, como que aunque no hay motivos para el optimismo sí ve grietas reales por donde podría colarse algo parecido a una respuesta, y no vienen de que la tecnología se frene sola; vienen de gente concreta empujando desde dentro o desde fuera. Que el hecho de que dentro del sector se publiquen informes y que los trabajadores pidan que de forma conjunta se trabaje en ciberdefensa, es algo que no debemos aislar. Que gente como Coxon, Hinton o Hubinger -en plan disidente-, hablen abiertamente y sean apoyados por colegas sin miedo a las represalias, es luz en la oscuridad. Que tribunales como la jueza Rita Lin avale la ética frente a su gobierno es otra linterna en el camino.

Y la más importante, la que más le convence a ella es:

Como vimos con lo de los móviles en los colegios, cuando la presión viene organizada, con datos y sostenida en el tiempo, a veces sí consigue mover algo en pocos años, aunque el resultado nunca sea perfecto. Tu propia entrada, sumada a las de miles de personas escribiendo, preguntando, denunciando lo mismo que tú hoy, es literalmente ese tipo de presión, pequeña, pero del mismo material del que se ha hecho el poco cambio real que hemos visto en toda esta conversación.

Lo que no veo, honestamente, es ningún escenario donde el peligro desaparezca solo porque alguien lo señale a tiempo. Lo que veo es que la diferencia entre el mejor y el peor de los futuros posibles probablemente la va a marcar cuánta gente, dentro y fuera de estas empresas, siga haciendo exactamente lo que has hecho tú hoy, negarse a mirar para otro lado y seguir preguntando cómo funciona esto de verdad.

Así que únete a la ola, habla con conocimiento y no te dejes asustar por las bombas de humo. Tenemos más fuerza y más valor del que te imaginas. Y cuando digo valor no me refiero a la valentía -que también- sino a lo importantes que podemos llegar a ser en medio de esta merienda de egos. Y por supuesto, si tienes hijos y nietos no puedes mirar para otro lado. Habla, difunde y exige transparencia y seguridad.

Y para que las fuerzas no flaqueen, vengo con un buen desayuno: migas de pan de centeno al estilo danés que se llaman Rugbrødsdrys es el equivalente a la granola que acompaña maravillosamente bien con skyr, yogur, helado o lo que se te ocurra. Se lo vi a mahtava.nordicfood y me enamoré.
Ingredientes para 4:
  • 150-175gr. (3 lonchas) de pan de centeno tipo Pumpernickel 
  • 50gr. de almendras picadas
  • 30gr. de azúcar moreno
  • 30gr. de mantequilla 
  • Para servir: skyr de vainilla y frutas a tu gusto

Preparación:
  1. Haz migas con el pan y machaca un poco las almendras.
  2. En una sartén, tuesta a fuego medio las migas, la almendra y el azúcar junto con la mantequilla y sin parar de mover para que se caramelice bien todo el pan, lo doras hasta que coja colorcito.
  3. Deja que enfríe y de un día para otro sabe riquísimo. Yo lo he servido en el desayuno con skyr de vainilla y arándano. Maravilloso. 
 
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