Stollenkonfekt, primera vela y nieve

noviembre 28, 2021


Primer domingo de adviento significa fin de semana de hornear como una posesa. Además, este año ha venido con la primera nevada de la temporada y estamos confinados, así es que hacer galletas de navidad a saco es como el plan perfecto para este cuadro. Bueno, sea dicho también de paso es la excusa perfecta para dejar un día más la montaña de plancha sin despachar. Pocas cosas me desquician tanto, la verdad.

Así que, para poner un pretexto más a mi plancha, me he venido a contarte algo y publicar este dulce que está para darse un atracón y morirse uno la mar de a gusto -y sin planchar nunca más-. En fin, ya ves que todo tiene su por qué. Por cierto, recuerdo que de pequeña -ya lo conté en el blog pero no me acuerdo donde- tenía una enciclopedia infantil que se llamaba el porqué de las cosas. No el qué o el cómo o de quién. No, el porqué porque es lo primero a lo que acude nuestra mente. Es lo más importante de todo cuanto uno piensa. Vendrán los cómo, los cuándos y los qué cuando sepamos por qué esto o lo otro. No importa que ese por qué sea lucido o absurdo, falso, coherente o demencial. Cada uno tenemos nuestros por qué y con ellos sentamos cátedra. Creo que cada uno de ellos, es sencillamente una escama de la verdad porque a la vida me remito, que verdades hay muchas y no siempre estamos de acuerdo con las ajenas.

He leído el hilo de un tuitero que ha puesto algo de distancia a sus tuits. Analizaba por qué la gente pierde tanto tiempo en redes y lo resumía en dos: por dinero -vivir de sponsor o de colaboraciones en medios- o por ego. Egos enormes que nos miran a los que no tenemos seguidores como si fuéramos escupitajos en una acera. Egos que nos ven como su público, sin entender que nosotros también interactuamos en ambas direcciones: creando contenido y participando del ajeno. Esa gente que antes muerta que contestar con un comentario o un like a un sin nadie, sin comprender que de carne y hueso, la red está llena de gente super interesante con la que echaríamos la tarde entera sin aburrirnos ni un ápice. En cambio, a mucho de esos egos, con toda su fama y su influencia, yo personalmente sé que no les dedicaría ni cinco minutos de mi tiempo porque a mí personalmente no me aportan nada. No me inspiran ni hacen de mi mundo un lugar más luminoso... pero él no iba por estos derroteros. Él se alejó de los tuits por salud mental, por poner distancia a tanto memo y tanto pirado que en redes sociales se sienten como en Disneylandia y afean todo lo que pillan a su paso. 

Y con esto, ¿A dónde quiero llegar a parte de posponer mi plancha? pues no lo tengo muy claro o cuando menos no sabría explicarlo sin hacer este post demasiado largo; pero quede por delante esos dos datos: dinero y ego o el famoso y ya viejuno "quiero ser ric@ y famos@" que ya se estilaba lo suyo en los tiempos de los faraones o en el Imperio Romano y si me apuras, hasta en la biblia, que muchas cosillas que hay allí escritas a mí me suenan mucho a este famoseo de pacotilla.

En el mundo de los blogs culinarios, también se pasó esa fiebre. Luego la gente se marchó en manada cuando los clics y los comentarios quedaron de capa caída pero unos cuantos -muchos y con talento- hemos seguido a lo nuestro porque nos gusta lo que hacemos y nos hace mucha ilusión conservar estos cuadernos de bitácora con nuestras recetas, historias y fotos para todo aquel que se pase por nuestras homes  dejándose contagiar de tanta inspiración. Más profesional o amateur, que de todo hay, pero inspiración al fin y al cabo y bonita como ella sola porque es la que más importa; la del comer con los nuestros, disfrutando de la vida y sin el estrés del estrellato que me juego mi mejor sartén a que sacrifica mucho de su vida personal. Y mira, antes que eso, me pongo a planchar.



Ingredientes:

  • 250gr. de harina repostera
  • 50gr. de almendra molida
  • 50gr. de masa de mazapán molida
  • 50gr. de azúcar
  • 50gr. de mantequilla
  • 1/2 cdta. de canela
  • una pizca de vainilla
  • 1 cdta. rasa de polvos de hornear
  • 1 huevo
  • Cramberries y frutas escarchadas troceadas y mojadas en ron

  • 30gr. de mantequilla derretida para pincelar y azúcar glas para espolvorear

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Pon todos los ingredientes en el procesador (o bate con varillas eléctricas) hasta que tengas unas miga finitas. Pásalo a la encimera y amasa hasta que se forme la masa. Parte en dos,
  3. Con cada parte, forma los rollos iguales y vas cortando rodajas de un dedo de grosor que irás colocando en una plancha de horno con papel de hornear.
  4. Hornea entre 15-20 minutos (dependiendo del horno) hasta que veas que van cogiendo un poquito de color. Después, aún en caliente, pincelas casa pieza con mantequilla derretida. Finalmente, cubre con azúcar glas y deja que enfríen completamente. Se conservan bien en caja metálica. 

Puré de boniato e hinojo para troleros

noviembre 24, 2021
Pues resulta que a principios del Sxx los ingleses andaban muy orgullos con la botadura del HMS Dreadnought, un acorazado que era el no va más de la Royal Navy con un montón de ametralladoras y torpedos, que además era la leche de grande. Mira que  el barquito tenía que pesar lo suyo, y aún así consiguió el récord mundial de velocidad marina -de unos 21 nudos hablan las malas lenguas-. Hoy en día esto nos sabe a poco -y más desde que se ha hecho público que podemos insertar en el cuerpo humano microchips adosados a las vacunas- pero en esos momentos, la cosa pintaba muy diferente. El caso es que se levantó tal revuelo y tanto pecho sacaban los marinos de la Armada Real,  que no hubo periódico en toda la Gran Bretaña que no se hiciera eco de las maravillas de tan magnífico buque. 

No quiero hacértelo largo, pero por aquella época había muchas ligas y asociaciones culturales de distintas indoles. Virginia Wolf, por aquella época Stephen porque aún no se había casado, formaba parte de una de ellas; el llamado Círculo de Bloomsbury. Eran un grupo de intelectuales que se juntaban para hablar de sus cosas. Uno de sus miembros, de reconocido ingenio humorístico y bromista empedernido, propuso gastarle a los de la Navy una broma infalible, ya que en sus tiempos universitarios la puso en practica y se rieron de lo lindo. El troleo les hizo requete gracia y decidieron repetir.

Cuatro de ellos, se disfrazaron con turbantes y se pintaron la piel para hacerse pasar por príncipes etíopes. Virginia se cortó el pelo como un hombre para no dar el cante. Fue su hermano quien ejerció de intérprete y el autor de la broma, se hizo pasar por el funcionario de turno encargado de acompañar a la comitiva. En la Estación de Paddington  liaron al jefe de estación para que les pusiera un tren especial con el que llegar hasta donde atracaba el HMS Dreadnought. Antes de partir, pusieron un telegrama avisando de la llegada del Príncipe Mussaka Alí y su corte que, de visita oficial en Londres, habían tenido el capricho de conocer el buque insignia de la Royal.
Como era de esperar, fueron recibidos con todos los honores y parece que a nadie le chirrió la troupe, ni siquiera cuando la lluvia enguarrinó los maquillajes o cuando de un estornudo, uno de ellos casi pierde el bigote. A veces recitaban a homero en latininglis y cada vez que veían algo digno de mencionarse repetían a coro "bunga bunga". 40 minutos duró la chanza y por increíble que parezca, se marcharon por donde habían venido y pelillos a la mar.

Al día siguiente, no quedaron ahí las cosas. Fueron al Daily Mirror, aportaron fotos del engaño y la historia se publicó a bombo y platillo. El cachondeo fue máximo y hasta los críos gritaban bunga bunga cada vez que veían un marinero. Cuenta la gente, que en la 1ª Guerra Mundial, cuando el acorzado se cargó a un submarino alemán de una envestida, uno de los telegramas de felicitación decía: ¡Bunga, bunga!

PD: Virginia es el primer turbante de la izquierda.



Ingredientes:
  • 2 bulbos de hinojo
  • 700gr. de boniato
  • 250gr. de patatas
  • 1 cebolla
  • 1 litro de caldo de verduras
  • 120gr. de Sauerrham (o  crème fraîche  o yogur)  
  • 20gr. de mantequilla
  • sal, pimienta y nuez moscada

Preparación:
  1. Pon todas las verduras en una olla con la mantequilla. 
  2. Añade el caldo y deja que cueza a fuego lento unos 29 min. hasta que las patatas estén tiernas.
  3. Tritura junto con la crema o yogur y las especias. Listo

Rollos de crema con cosas

octubre 25, 2021
Esta es la historia del pequeño Hans, un simpático niño de 8 años que nació y vivió en el sitio equivocado, como tantos otros millones de personas. Te voy a contar su vida para que su memoria no se borre, para no olvidar la atrocidad que nos azota generación tras generación. 

Colonia, 1.936
Hans vive con su madre y su hermanito cerca del Römerpark. Su madre le deja bajar y jugar en el parque aunque últimamente, el niño no tiene muchos amigos. Su padre -que murió no hacía mucho- era judío, por lo tanto, estaban marcados en el barrio. En el colegio le llaman medio judío aunque él no entiende qué tiene de malo. Le dicen que no podrá ingresar en las juventudes hitlerianas como el resto de niños al cumplir los diez años. Y esa es su mayor ilusión: desfilar con esos bonitos uniformes, participar en las excursiones, cantar alrededor de la hoguera y todos esos juegos que tanto le atraen. Su madre le ha pedido que no se acerque a ellos, que son peligrosos pero Hans no puede entender el porqué. Para él solo son los chicos del barrio.

La angustia de la Sra. Ochs va en aumento y no le falta razón; muchos familiares han empezado a emigrar. Sabe que no están a salvo pero lamentablemente no tiene a donde ir, sola como está  y con los dos críos. 

Normalmente, Hans acompaña a su madre y a su hermano en sus paseos por el parque. La madre les dice: "No os alejéis" "No pierdas de vista a tu hermano", lo típico. Correteando por los arbustos, los niños se cruzan con un grupo de  chicos uniformados. Reconoce al hermano mayor de su amigo Peter y se acerca a saludar mientras contempla de cerca sus insignias. Los chicos se refieren a él como el Judensau, se violentan rápido y alguien le pega tirándole al suelo. Ahora todos ellos le patean hasta que acude su madre,  quien le encuentra en el suelo inmóvil y sin sentido.  Es atendido en el hospital judío de la ciudad, pero nada pueden hacer por su vida. En pocos días morirá. La pobre Sra. Ochs es aleccionada: es mejor no denunciar, los nacionalsocialistas están por todas partes y no querrá meterse en problemas, tiene que mirar por el pequeño Gerhard... el certificado de la muerte es firmado alegando como causa de la misma, una peritonitis. Al pequeño Hans, le habían reventado por dentro.
La historia de Hans, la conocemos gracias a la periodista Kirsten Serup-Bilfeldt cuando a finales de los años 90, sacó a la luz este triste suceso. Supo de Hans por casualidad, cuando descubrió su lápida en el cementerio judío de Bocklemünd, en la que se lee: "Muerto por un joven descarriado". Pasó años intentado averiguar las circunstancias de su muerte. Supo que poco tiempo después, la Sra. Ochs dio en adopción a su otro hijo a una familia holandesa con el fin de alejarle de la barbarie nazi. Ella se quedó, fue despojada de su casa, de sus pertenencias y aceptó su destino. Entonces ella no sabía que no solo iba a sobrevivir, sino que viviría una larga vida para recordar y llorar su triste destino.

En Römerpark hay una pequeña calle con el nombre de Hans junto a una placa conmemorativa en su recuerdo. Una pena que su madre no llegó a saberlo. A veces los reconocimientos a las víctimas, llegan demasiado tarde.


Ingredientes para la masa: 
  • 25 gr. de levadura seca de pan
  • 200 ml. leche tibia 
  • 1 huevo 
  • 3 cdas. azúcar 
  • 100 gr. mantequilla blanda 
  • 500 gr. harina de trigo

Ingredientes para la crema:
  • 1 sobre de pudding de vainilla en polvo
  • la mitad de la leche que detalla el paquete
  • la cantidad de azúcar que detalla el paquete
  • ralladura de limón
  • 1 yema
  • 1cdita. de mantequilla

Otros ingredientes:
  • Uvas o cerezas ácidas pasas, cramberries o pepitas de choco
  • 2-3 cdas. de mermelada de albaricoque rebajadas en 2cdas. de agua o intensificada con jarabe de arce (más dulces o más ligeros)

Preparación:
  1. Disuelve la levadura en la leche tibia. Agrega el huevo, el azúcar, la mantequilla blanda y la harina de trigo y mézclalo todo bien hasta tener una masa suave y tersa. Deja que repose 1 hora y media hasta que doble su tamaño (la masa debe estar cubierta en un bol con tapa o film de plástico para que no se seque).
  2. Prepara la crema:  calienta la leche (reservamos un poco para disolver el pudding) con el azúcar y la ralladura de limón .Lo ponemos a fuego medio y esperamos a que rompa a hervir. 
  3. Mezclamos el polvo del pudding y la yema con la leche fría que hemos reservado hasta que no quede ningún grumo. Mezcla sin dejar de remover sobre la leche caliente hasta que la crema espese. Retira del fuego y continúa removiendo durante unos minutos. Deja que enfríe.
  4. Una vez que la masa a levado, estira la masa  sobre la encimera formando un cuadrado de aprox. 1 cm. de grosor. Extiende la crema uniformemente sobre la masa, añade las pasas (yo usé cerezas ácidas) y enrolla la masa en una salchicha. Córtala en rodajas de 2 cm. más o menos.
  5. Coloca los caracoles en la bandeja del horno con papel de hornear, a una buena distancia para que puedan subir más. Yo opté por colocarlas en un molde rectangular para que levaran más gorditas. Deja reposar 30 min.
  6. Calienta el horno a 180º y hornea unos 30 minutos hasta que se doren. Cuando empiecen a coger color (como a los 20 min.) pincela la superficie con la mermelada de albaricoque (o rebajada en agua o intensificada con el jarabe de arce). Una vez doradas, deja que enfríen.

Brownie con calabacín

octubre 11, 2021
Una pequeña de siete años, recién llegada de África, es vendida en el puerto de Boston en 1761. La han llamado Phillis, el mismo nombre que acuña la goleta de esclavos que la ha trasportado a Estados Unidos. La familia Wheatley la acaba de comprar y ha sido instalada en su casa como criada pero el talante progresista de esta familia les lleva a educar y cristianizar a la niña. Pronto John y Susanna Wheatley se dan cuenta que Phillis es extremadamente lista así que tras ser liberada de sus tareas domésticas, se ha decidido que recibiría la misma educación que Mary y Nathaniel, los hijos de los Wheatley. Aprende rápido y ya se maneja con soltura en materias como lenguas clásicas, religión, literatura o astrología. 

La joven Phillis se convierte en la sensación de Boston. Unos cierran filas y afirman que una salvaje africana no está dotada por dios para igualar el intelecto de un blanco. Y menos aún superarlo. Otros estiman que ella es la prueba que confirma que, si un esclavo es educado igual que un blanco, tendrá sus mismas capacidades e ingenio. 

Con 13 años, Phillis ha conseguido publicar su primer poema en el periódico de Rhode Island gracias a la tenacidad e influencia de Susanna quien logra que poco a poco sus poemas se publiquen en Boston e incluso en Londres, donde la popularidad de la esclava poeta gana simpatizantes. Susanna quiere reunir sus poemas y publicarlos pero en Boston se niegan. Se llega a decir que son plagios. Insisten que una esclava negra no tiene ni inteligencia ni talento suficiente para escribir esos poemas. 

En 1772 el matrimonio Wheatley consigue que se forme un tribunal que verifique las capacidades de Phillis y así mismo certifique que sus poemas son genuinos. Lo consigue a pesar del duro examen al que estuvo expuesta. Aún así, ninguna editorial accede a publicarlo. 

Susanna tira de toda su influencia en Londres -son de las pocas familias bostonianas leales a la corona- y un año después, tras un viaje de Phillis y Nathaniel a la capital londinense, el 1 de septiembre de 1773 para ser exactos, se publica su libro de poemas convirtiéndose en la primera persona de color en publicar un libro. Dos meses después, es emancipada por los Wheatley consiguiendo su libertad. Phillis Wheatley tiene 20 años y es la africana más famosa de la faz del mundo.
Un año más tarde, Susanna fallece. La guerra por la independencia se está fraguando y Phillis se adhiere a la causa rebelde alejándose de los Wheatley leales a los británicos. Esta situación hace que pierda sus contactos en Londres y descubre que nadie en Nueva Inglaterra está dispuesto a publicar nada suyo. La guerra no ayuda y su fama se diluye casi por completo.

Se casa con John Peters, un negro emancipado y verdulero de profesión, con el que vive en muy malas condiciones. A medida que da a luz a sus hijos, los va perdiendo uno a uno. La pobreza y las deudas la devoran. Su marido es encarcelado por culpa de las deudas y ella, embarazada de nuevo, se ve obligada a trabajar en la cocina de una fonda para poder comer. Murió de sobreparto. Su bebé la sobrevivió solo unos días. Su obra, salvo los poemas publicados en Inglaterra, se han perdido. Tenía 31 años.
“Fue llamada Phillips, porque así se llamaba el barco que la trajo, y Wheatley, que era el nombre del mercader que la compró. Había nacido en Senegal. En Boston, los negreros la pusieron en venta:

– ¡Tiene siete años! ¡Será una buena yegua!

Fue palpada, desnuda, por muchas manos. A los trece años, ya escribía poemas en una lengua que no era la suya. Nadie creía que ella fuera la autora. A los veinte años, Phillips fue interrogada por un tribunal de dieciocho ilustrados caballeros con toga y peluca. Tuvo que recitar textos de Virgilio y Milton y algunos pasajes de la Biblia, y también tuvo que jurar que los poemas que había escrito no eran plagiados.

Desde una silla, rindió su largo examen, hasta que el tribunal la aceptó: era mujer, era negra, era esclava, pero era poeta”.

 Eduardo Galeano , “El cazador de historias”

Nota: la ilustración de Phillis W. pertenece a la edición original de su libro y se le atribuye a Scipio Moorhead.


Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 150gr. de azúcar
  • 80ml. de aceite suave (no oliva)
  • vainilla
  • 40gr. de cacao
  • 300gr. de harina
  • polvos de hornear
  • 150gr. de trocitos de chocolate
  • un puñado de nueces
  • 1 calabacín no muy grande (rallado y sin pelar)

Para el ganaché:
  • 100gr. de chocolate de cobertura
  • 2 cdas. de leche
  • 2 cdas. de queso de untar tipo philadelphia

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC (170ºC si es de aire)
  2. Ralla el calabacín y lo pones en un bol junto con los huevos, el harina, el azúcar, los polvos de hornear, la vainilla, el aceite y el cacao. Lo trituras todo junto con ayuda de unas varillas eléctricas o con la batidora (la minipimer). Una vez todo bien ligado, añades el chocolate y las nueces en trocitos.
  3. Engrasa con mantequilla una fuente o molde para brownies (más o menos 28 x 22) y hornea. Cada horno necesita un tiempo distinto. Cuida que el centro se note cuajado pero aún blandito. 
  4. Mientras haces el ganaché: derrite el chocolate, lo mezclas con la leche y el queso crema. Cubres el brownie y listo. Lo puedes consumir aún caliente (más cremoso) o frío (más cuajado)

Bollos de manzana o Apfelkrapfen

septiembre 12, 2021
"Me parece que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, y otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme. Una tremenda congoje fue para mí lo único real en aquellos momentos"
Nada, de Carmen Laforet.

Leí Nada cuando tenía 15 o 16. Era la década de los 80, donde las chicas teníamos aún un montón de conceptos confusos. Ya nos estaban medio educando para la igualdad aunque sabíamos que era una quimera porque la realidad nos decía que aún no. Mis amigas de cole de monjas, por ejemplo, estaban recibiendo una educación muy distinta a la mía y esos choques de mentalidad, hacían que nuestras formas de pensar y de encarar la vida fueran muy diferentes. 

No sé muy bien a donde quiero llegar contando esto, quizás lo hago por poner un marco a cómo entendí -o sentí- la vida de Andrea, la protagonista de Nada, percibiendo a las claras lo privilegiada de su situación que, pese a las miserias y a su condición de mujer, pudo acudir a la universidad siendo ésta en esos momentos, un lujo reservado a los varones pertenecientes a las familias favorecidas por el franquismo. 

Y a la que leía, y me dejaba enredar por esos sopores de quien nada es y nada importa, o cuando sentía esa presión insufrible de su entorno familiar, o el alivio mientras iba a clase y se rodeaba de los amigos ricos de su amiga Ena, notaba con desagrado esos matices tan frustrantes de la realidad de entonces. Me decía a mí misma: ¿y para qué, si al ser pobre no va a tener más remedio que buscar un buen partido que la mantenga? ¿y para qué, si lo más probable es que cuando se case su esposo no dejará que ejerza?

Sentí que Andrea lo sabía. Que de nada valía su formación salvo para aumentar su caché. Que su vida no la escribía ella, y que su papel era y sería de simple espectadora. Supe al leer Nada, que a diferencia de Andrea, yo si iba a ser dueña - o semi dueña- de mi futuro. Un privilegio que a día de hoy, las mujeres seguimos peleando.
Y es que Nada es un libro que despista. Está enjaulado en un escenario típico del costumbrismo de posguerra pero su lectura no te lleva a descubrir la vida de entonces -como hace Martín Gaite en Entre visillos- si no, muy al contrario, navega en un mar de sensaciones y sentimientos que nos mantiene a oscuras en su contexto, nada sabemos más allá del sentir de su protagonista y desde su piel, identificamos como cercanos al resto de protagonistas. 

Leemos con la ventaja de saber cómo ha sido la vida durante el franquismo. Conocemos de primera mano por nuestras madres y abuelas, que una buena chica era la que sabía pisar con salero y elegancia, sabía mirar, oír -que no escuchar- y por supuesto, callar; y todo ello aderezado con dulzura e inocencia. 

Ah, y cocinar. Esta premisa era indiscutible.
Ingredientes:
  • 500gr. de harina repostera
  • 1 sobre de levadura seca para pan
  • una pizca de sal
  • 70gr. de azúcar
  • 220-250ml. de leche entera
  • 40ml. de aceite suave
  • 2 huevos
  • un chorro de ron
  • un poco de vainilla
  • ralladura de limón
  • relleno: 3-4 manzanas y 2 cdas. de azúcar
  • aceite para freír
  • azúcar y canela para rebozar


Preparación:
  1. Mezcla el harina, con la sal y la levadura. Añade el resto de ingredientes (la leche, el aceite, ron, huevos, azúcar, vainilla y ralladura) y haz una masa compacta (con varillas de amasar, con procesadora o directamente amasa a mano). Deja que repose una hora.
  2. Pela y corta las manzanas y añade 2 cdas. de azúcar.
  3. Extiende la masa en la encimera, cubre con la manzana y enrolla la masa. Corta rodajas de 3-4 cm dependiendo de como quieras de gruesos los bollitos. Deja que reposen unos 20 min. antes de freír.
  4. Fríe en abundante aceite a fuego medio tirando a alto para asegurarte que la masa no se queda cruda por fuera. Deja que pierdan el exceso de aceite (sobre papel de cocina) y los rebozas en azúcar con canela a tu gusto.

Pasta cremosa con atún

septiembre 02, 2021
"Habitaba en todas partes y en ninguna. No tenía patria, ni poseía derecho alguno. Sin patria y sin suerte; sin amor alguno y sin alegría tenía que vivir. No tenía interés por nadie, y tampoco nadie se interesaba por él ni por sus actos ni por su vida" . El Paseo, de Robert Walser.
Está mañana cuando me levanté, no sabía de Robert Walser. A veces Twitter nos deja joyas sin avisar. He conocido antes su muerte que su vida porque realmente solo entre vivos estamos obligados a conocernos cronológicamente. En cualquier caso,  su vida -en vida- pasó muy desapercibida. Murió como lo haremos todos pero de una forma muy singular. Caminador y caminante empedernido, un día de navidad dio su último paseo y dejó caer su cuerpo sobre la nieve mientras recibía un ataque al corazón que se lo llevó al otro barrio. Alguien le fotografió, cosa extraordinaria, porque en aquel tiempo nadie iba con una cámara a cuestas. Y aquí es donde su vida -su bio post mortem- cobra importancia. Ahora sí, ordeno los hechos:

Nació en suiza allá por 1878, en una familia numerosa de clase media venida a menos. Por eso no pudo estudiar. Intentó trabajar pero los oficios ordinarios no iban con él. Marchó a Berlín, donde uno de sus hermanos se había hecho un nombre como ilustrador y artista. Comenzó a escribir y a publicar como podía. No arrancaba del todo su éxito y eso le deprimía sobremanera. O no, puede que su melancolía crónica fuera herencia familiar: su madre sufría psicosis afectiva, uno de sus hermanos se suicidó, otro arrastró hasta su muerte enfermedades mentales agudas y él mismo soportó a lo largo de su vida un desorden emocional importante. Tras su fase Berlinesa, desanimado e incapaz de mantenerse a flote solo, regresa a Suiza, primero a su ciudad natal, donde vive con su hermana un tiempo, y luego a Berna. Acepta un empleo y continua con su escritura aunque cada vez más retraído y sumido en una ansiedad que le supera.  Termina ingresando en una institución mental. Sus escritos son cada vez más escasos hasta que es desviado al psiquiátrico de Herisau y allí, aparentemente, dejó de escribir.
Nada se volvió a publicar sobre él, salvo su amigo y tutor, el periodista Carl Seelig que escribió un libro sobre las caminatas que compartieron juntos, repletas de reflexiones personales y filosóficas sobre la existencia del ser humano. Pero tras su muerte y buscando entre sus cosas, encontraron una infinidad de escritos la mayoría a lápiz en un tipo de letra ya en desuso y requete minúscula. Los escribía en cualquier envoltorio o trozo de papel. Tardaron creo que 20 años en traducirlo todo. Este material, que es considerado como el testamento de Walser, es conocido como los microgramas y gracias a su publicación, sus obras anteriores -las que se han conservado- se reemprimieron con el éxito que no consiguieron en vida de su autor, un ser de luz fuera de contexto que no logró conectar del todo con su mundo pero sí con las generaciones futuras que a día de hoy, le consideran uno de los grandes de las letras en lengua germana. Y yo ahora, voy a descubrir sus letras, esas que le tuvieron tan enganchado la vida entera. Porque las letras son así; cuando te pican ya no te libras jamás.

Ingredientes:
  • 500gr. de pasta (la que prefieras)
  • 1 tarrina de queso de untar natural
  • 2 cdas. de queso parmesano
  • un poquito de leche (la que acepte la salsa)
  • 1 50gr. de atún natural en su jugo de lata
  • 1 diente de ajo
  • un poco de aceite de oliva
  • opcional: albahaca fresca
  • Sal y pimienta

Preparación:
  1. Pon a cocer la pasta en agua caliente el tiempo que te indique.
  2. Mientras, en una satén, saltea el ajo en el aceite. Lo retiras y añades el resto de ingredientes. Si lo quieres con más sabor, machaca el ajo y lo añades a la salsa. Salpimienta. Si ves que queda muy espesa, añade leche hasta que tenga consistencia cremosa.
  3. Mezcla con la pasta recién cocida y sirve.

Apple cobbler clásico con manzanas de verdad

agosto 30, 2021
“Encuentra algo que te apasione y mantente tremendamente interesado en ello”
Julia Child
"Muchos piensan en cambiar el mundo, pero casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo"
Leon Tolstoi

"La creatividad es la inteligencia divirtiéndose"
Albert Einstein

"La mayor parte de las grandes cosas que ha conseguido el hombre, fueron declaradas imposibles antes de que alguien las hiciera"
Louis D. Brandeis
"Te deseo que estés vivo cada día de tu vida"
Jonathan Swift
"Sé tú mismo. Todos los demás ya están ocupados"
Oscar Wilde
Ingredientes:
  • de 4 a 8 manzanas  dependiendo del tamaño
  • 4 cucharadas de azúcar moreno o panela
  • 1cdta. de canela
  • una pizca de nuez moscada
  • vainilla
  • 1 vaso (de los de agua) de zumo de manzana o de naranja

  • 250ml. de harina
  • 120 gr. de mantequilla
  • 2 cucharadas de azúcar morena
  • 1/2 vaso (de los de agua) de suero de mantequilla (o Yogur natural mezclado con agua)
  • una pizca de sal
  • 1/2 cdta.  de polvos de hornear

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC (170º si es de aire)
  2. Pela y corta las manzanas que mezclarás con la panela, las especias y la vainilla. Mete al horno unos 10 minutos. 
  3. Para la masa, mezcla el harina con el azúcar, la sal y los polvos. Añade la mantequilla em trocitos y con las manos haz migas con esta mezcla. Añade el Buttermilch (suero de mantequilla) y haz una masa homogénea pero algo blanda que suelte pegotes sin dificultad.
  4. Sacamos del hornos las manzanas y añadimos el zumo. Reparte la masa echándola a modo de pegotes por encima. Echa un poquito de panela o azúcar por encima y hornea hasta que veas que tiene un bonito color dorado.

Bizcocho de avena con moras y manzana

agosto 27, 2021
canícula
Del lat. canicŭla.

1. f. Período del año en que es más fuerte el calor.

2. f. Astron. Tiempo en que Sirio, la estrella más brillante de la constelación del Can, aparece junto con el Sol y que antiguamente coincidía con la época más calurosa del año en el hemisferio norte.

3. f. C. Rica, Guat. y Nic. Período de sequía en la temporada lluviosa.
Y mientras la canícula atizó con saña medio hemisferio norte -también mi ciudad que este año no nos dio tregua- los Nobis hicimos las maletas y nos fuimos al Valle de Gastein. Han sido vacaciones con gato a cuestas, en un apartamento situado en la planta baja de una casa requete encantadora en la ladera de Bad Gastein rodeados de cataratas, bosques y senderos. En pleno Alpe de Salzburgo, las montañas de Gastein están llenas de sal, minerales, radón y oro, que aunque ya no se extrae ya se sabe el dicho: quien tuvo, retuvo. 

Hemos paseado por las mismas sendas donde lo hacía la emperatriz Sisi que fue visitante asidua en busca de las terapias curativas de aguas termales y radón, un extraño capricho de la naturaleza que hace de forma natural -sin exposición directa al radón por supuesto- que los vapores cálidos de sus aguas termales alivien el dolor en huesos y articulaciones, mejoren afecciones respiratorias, inmunológicas y de la piel entre otras enfermedades. El Kaiser Wilhelm también se apuntó a los veranos curativos y su palacio, que aún se conserva a modo de hotel, se encontraba a pocos metros de nuestro nidito familiar: sí, con gato. Menuda aventura para nuestro peludo.  


Porque mientras nuestro Pinky winky -Pinky a secas también vale- sufría las penurias del traslado y se peleaba con las ardillas de nuestro sendero -y hasta con un ratoncillo que se coló en la casa- nosotros nos dedicamos a pasear como posesos por el sinfín de rutas para senderistas, amateurs o experimentados que para todos había caminos, disfrutando de las temperaturas suaves amigas de salir de casa con un jerseicito y de esa humedad constante producida por las cascadas que dejan la piel y el pelo suaves y brillantes. Sé que parece un anuncio de Fa pero sin limones del Caribe aunque si miras las fotos del lugar verás que no exagero en absoluto.

Y aquí viene la parte más increíble de nuestras vacaciones. Mientras nosotros paseábamos y debatíamos sobre la gran semejanza entre el Gran Hotel Europa y el El Gran Hotel Budapest de Wes Anderson, en casa nos estaban reformando la cocina. Así son los austriacos, de fiar para estas cosas. Al regresar 10 días después, la reforma estaba finalizada y todo muy dignamente limpio y recogido.  
 

Sí, regresamos a la canícula de nuestra ciudad a recolocar la cocina y limpiar el polvo que se incrusta por todas partes tras una obra pero con las pilas cargadas y  el sistema inmunológico y emocional a tope. Por supuesto, había que estrenar el horno. Ajá, pese al calor pero ¡cómo resistirme!
Ingredientes:
  • 200gr. de avena
  • 150ml. de zumo de naranja o de manzana
  • 100gr. de harina (usé espelta)
  • 1cdta. de polvos de hornear
  • una pizca de sal
  • 115gr. de mantequilla
  • vainilla
  • 100gr. de azúcar normal 
  • 100gr. de azúcar morena
  • 2 huevos
  • fruta: moras y manzana a tu gusto
  • un poco de azúcar y copos de avena para espolvorear

Preparación
  1. Precalienta el horno a 180ºC (o 170º si es de aire)
  2. Muele la avena. Si no, remójala en el zumo un par de horas hasta que se haga una pasta.
  3. Empieza mezclado los ingredientes húmedos: huevos, azúcar, vainilla, mantequilla y el zumo (o la papilla de avena en su defecto). Después, los secos: harina, avena molida (si no la has hecho papilla), sal y los polvos de hornear. 
  4. Extiende la masa en un molde rectangular y coloca las moras y la manzana cortada en trocitos menudos. Espolvorea algo de azúcar y de copos de avena por encima. Hornea hasta que tenga un bonito color dorado en la superficie.

Calabacín aliñado

julio 27, 2021
Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
Julio Cortázar
Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer.
Plutarco
El amor se hace con el corazón y se deshace con los sentidos.
Emilio Salgari

Hay que saber que no existe país sobre la tierra donde el amor no haya convertido a los amantes en poetas.
Voltaire
No hay que morir por el otro, sino vivir para disfrutar juntos. Jorge Bucay
Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando. Rabindranath Tagore


Ingredientes:
  • calabacín
  • 1-2 ajos dependiendo de la cantidad que vayas a hacer
  • 1 limón
  • un manojo de perejil
  • aceite de oliva
  • sal

Preparación:
  • Corta el calabacín en láminas (o en rodajas si lo prefieres). Los asas en una sartén o grill con un poquito de aceite de oliva y los salas un poquito.
  • Mientras, tritura o machaca en el mortero los ajos y el perejil con el limón, sal y aceite de oliva.
  • Pon el calabacín en una fuente y añade el aliño. 

Pastel de ruibarbo y frambuesa con chocolate blanco

julio 19, 2021
Hay un señor mega rico que sabe mucho de google -porque entre otras cosas lo creó él- que dice que solo una de cada diez fotos tomadas son vistas más de dos veces pasado un año. Es decir, que nos importan un comino; o se nos olvidan; o estamos tan centrados en retratar el ahora que no sacamos ratos para rememorar los buenos momentos vividos; o no sé. Esto lo ha llamado "the limbo of memories", fotos a la sombra en nuestros recuerdos a modo de trozos de vida que solo son útiles ese preciso instante en que las posteamos en espera de likes y más seguidores.

Porque de forma alarmante, cada vez esto es más común. Si bien aún existe gente como mi suegra, que hace mil fotos constantemente para luego guardarlas en memory cards por los siglos de los siglos, la tendencia es compartir nuestras cosas en redes tipo Instagram donde hacemos públicos nuestros momentos que, tan pronto como son publicados, pasan al olvido dejando sitio al siguiente instante de nuestra vida que busca más el impacto en los seguidores que el disfrute de quién lo vive. 

Sí. En estas estamos. La felicidad, si la hubo, pasa al limbo instantáneamente despersonalizando irremediablemente las experiencias y las vivencias que nos hacen únicos en el mundo. A cambio, nos aferramos a patrones de imitación intentando estar a la altura de los micro-influencers que triunfan en redes y nos olvidamos de ser nosotros mismos.

A un tuitero le leí que el 83% de los jóvenes en Instagram dice sentir cierta ansiedad antes las stories de los demás -vaya, que da agobio el postureo ajeno- y que sus usos van más centrados en publicar lo suyo que en mirar lo demás. Pero para que no se note, se hacen rondas rápidas de likes a seguidores para quedar bien y así forzar a que te devuelvan el clic al corazoncito, y a lo tonto, nos volvemos adictos al like hueco, insensible y narcisista.

Así estamos. Las consecuencias están aún por ver. Nos encontramos ante la idea de felicidad más triste y vacía de la historia. Hemos marquetizado la bondad, desdibujado el amor, falsificado nuestras relaciones y dejamos al aire nuestra autoestima que se cimenta por el número de seguidores y de likes.

Es por esto, que Instagram no termina de cuajarme. Lo intento pero me despego cada dos por tres. Lo uso a mi aire. No, mejor dicho, lo uso para airear las publicaciones del blog, mi faro personal donde llevo tanta vida guardada, donde me he refugiado en los buenos y los malos tiempos. Donde siento tan cerca a mis hijos y mi mundo. Tú ves recetas e historias; pero yo veo la manita del pequeño siempre robando lo que pilla; o a Gü respirándome en la nuca al acecho de hincarle el diente; o a mi mayor, alimentando la esperanza de que, cuando por fin vuelva a casa, le tengo que hacer todas estas cosas ricas :-) Y mira, sin likes y tan contenta.

Este pastel lo he hecho con ruibarbo y con frambuesas, pero funciona con cualquier otra fruta que te guste: manzanas, moras, albaricoques, peras... a tu aire.
Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 140gr. de azúcar
  • vainilla
  • 100gr. de mantequilla
  • 80ml. de buttermilch (o yogur natural mezclado con agua)
  • 150gr. chocolate blanco
  • 250gr. de harina
  • 50gr. de almendra molida
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • Fruta: ruibarbo y frambuesas o lo que más te guste

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Derrite la mantequilla y el chocolate blanco. Espera a que temple un poco pero que esté muy cremoso. Añades los huevos, el azúcar, la vainilla y buttermilch, batiendo hasta que está bien ligado. Añade la harina y los polvos de hornear. 
  3. Pasa la masa a un molde de unos 30cm de base. Pon las frutas troceadas por encima y hornea hasta que tenga un bonito color dorado por encima. Sirve en frío.

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