Salmón con espinacas y salsa de queso
En el arte de amargase la vida, Paul Watzlawick nos cuenta una anécdota absurda: un hombre -borracho para hacer más creíble la escena- busca sus llaves perdidas debajo de una farola. Pasa un policía y se interesa por lo que hace el hombre: "busco mis llaves" y se pone a la búsqueda de las susodichas. Tras un meticuloso escrutinio, el agente llega a la conclusión que allí no están. "¿Pero está usted seguro que las perdió aquí?". El hombre contesta: "bueno, realmente las perdí en ese oscuro callejón pero está tan negro que allí no voy a ser capaz de encontrarlas.
Qué a lo tonto ¿verdad? Vale, pues imagina que el hombre eres tú y en lugar de estar borracho, estás en horas bajas y las llaves representan la solución a tus problemas donde la farola con luz simboliza el presente y el callejón oscuro el pasado... ahora sí que sí, ¿cierto?
Qué a lo tonto ¿verdad? Vale, pues imagina que el hombre eres tú y en lugar de estar borracho, estás en horas bajas y las llaves representan la solución a tus problemas donde la farola con luz simboliza el presente y el callejón oscuro el pasado... ahora sí que sí, ¿cierto?
Pues somos un poquito así; nos comportamos a veces tan a lo tonto que para no quedar en plan lelo, adornamos y enredamos desde lo más simple a lo más complejo de nuestra existencia poniéndonos nosotros mismos trabas con el fin de desdibujar lo que nos pasa y así añadir más drama al asunto.
Como además, porque de facilones no tenemos ni un pelo, la naturaleza nos ha dotado de un afán innato por las rutinas -algo que no solo tenemos los humanos sino más animalitos terrestres, con el fin de garantizar o mejorar nuestra supervivencia- pues decía, además tenemos un empeño intrínseco por repetir una y otra vez las mismas costumbres aunque no funcionen en absoluto a la hora de resolver nuestros problemas. Y así nos volvemos neuróticos en plan bestia.
Es decir, un hábito que inconscientemente nos genera seguridad y confort pero que por lo que sea ya no funciona, no solemos detectar su inutilidad sino que, muy al contrario, nos obsesionamos con la idea de no estar haciéndolo bien así que lo repetimos una y otra y otra... hasta que el cuerpo o la mente se nos descuajeringa sin remedio. O casi. O algo peor.
Y es por eso que muchas veces, las cosas facilonas de la vida se nos indigestan y contra mejor nos va, pues peor, más nos complicamos a lo tonto y miramos a los callejones oscuros con pavor. Y con razón. Porque más allá de los razonamientos de profesionales como el Dr. Watzlawick, no puedo evitar formularme el siguiente enigma: ¿Pero qué **ño hacemos para perder las llaves en callejones oscuros?
Y es por eso que muchas veces, las cosas facilonas de la vida se nos indigestan y contra mejor nos va, pues peor, más nos complicamos a lo tonto y miramos a los callejones oscuros con pavor. Y con razón. Porque más allá de los razonamientos de profesionales como el Dr. Watzlawick, no puedo evitar formularme el siguiente enigma: ¿Pero qué **ño hacemos para perder las llaves en callejones oscuros?
Bueno, aún estoy con el libro pero me está gustando el tal Paul. Ah, y el libro es del siglo pasado, sin intoxicar por las cacarrutas de hoy en día.
Hoy, una vez más, tiro de la salsa favorita de mi hijo pequeño para rendir cuentas a este salmón, de los poquitos pescados que por aquí están casi más ricos que los que coméis por el sur.
Ingredientes:
Ingredientes:
- algo de aceite de oliva
- 4 lomitos de salmón
- sal y pimienta
- un poquito de mantequilla
- salsa worcester
- 400-500gr. de espinacas
- 1 vasito de vino blanco
- 250-300ml. de nata líquida
- 1-2 cdas. de mostaza
- sal o sazonador
- ajo en polvo a tu gusto
- pimienta blanca
- 150gr. de queso gouda o cheddar rallado
Nota:
- A mí me gusta reemplazar parte del queso por un par de lonchas de queso fundido tipo cheddar (tipo tranchetes)
Preparación:
- En una sartén con unas gotitas de aceite, dora el salmón cortado en trozos. Cuando empiece a dorar y para marcar el color, añade un poquito de mantequilla, y casi a continuación, añade un chorrito de salsa worcester. Reserva.
- En la misma sartén, añade las espinacas cortadas en fino, añade el vino y la nata líquida.
- Añade la mostaza, la sal, el ajo, la pimienta a tu gusto y por último el queso. Deja que la salsa ligue bien y añade el salmón. Deja un par de minutos que se empape de la salsa y listo.

















































