Calabacín aliñado

julio 27, 2021
Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
Julio Cortázar
Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer.
Plutarco
El amor se hace con el corazón y se deshace con los sentidos.
Emilio Salgari

Hay que saber que no existe país sobre la tierra donde el amor no haya convertido a los amantes en poetas.
Voltaire
No hay que morir por el otro, sino vivir para disfrutar juntos. Jorge Bucay
Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando. Rabindranath Tagore


Ingredientes:
  • calabacín
  • 1-2 ajos dependiendo de la cantidad que vayas a hacer
  • 1 limón
  • un manojo de perejil
  • aceite de oliva
  • sal

Preparación:
  • Corta el calabacín en láminas (o en rodajas si lo prefieres). Los asas en una sartén o grill con un poquito de aceite de oliva y los salas un poquito.
  • Mientras, tritura o machaca en el mortero los ajos y el perejil con el limón, sal y aceite de oliva.
  • Pon el calabacín en una fuente y añade el aliño. 

Pastel de ruibarbo y frambuesa con chocolate blanco

julio 19, 2021
Hay un señor mega rico que sabe mucho de google -porque entre otras cosas lo creó él- que dice que solo una de cada diez fotos tomadas son vistas más de dos veces pasado un año. Es decir, que nos importan un comino; o se nos olvidan; o estamos tan centrados en retratar el ahora que no sacamos ratos para rememorar los buenos momentos vividos; o no sé. Esto lo ha llamado "the limbo of memories", fotos a la sombra en nuestros recuerdos a modo de trozos de vida que solo son útiles ese preciso instante en que las posteamos en espera de likes y más seguidores.

Porque de forma alarmante, cada vez esto es más común. Si bien aún existe gente como mi suegra, que hace mil fotos constantemente para luego guardarlas en memory cards por los siglos de los siglos, la tendencia es compartir nuestras cosas en redes tipo Instagram donde hacemos públicos nuestros momentos que, tan pronto como son publicados, pasan al olvido dejando sitio al siguiente instante de nuestra vida que busca más el impacto en los seguidores que el disfrute de quién lo vive. 

Sí. En estas estamos. La felicidad, si la hubo, pasa al limbo instantáneamente despersonalizando irremediablemente las experiencias y las vivencias que nos hacen únicos en el mundo. A cambio, nos aferramos a patrones de imitación intentando estar a la altura de los micro-influencers que triunfan en redes y nos olvidamos de ser nosotros mismos.

A un tuitero le leí que el 83% de los jóvenes en Instagram dice sentir cierta ansiedad antes las stories de los demás -vaya, que da agobio el postureo ajeno- y que sus usos van más centrados en publicar lo suyo que en mirar lo demás. Pero para que no se note, se hacen rondas rápidas de likes a seguidores para quedar bien y así forzar a que te devuelvan el clic al corazoncito, y a lo tonto, nos volvemos adictos al like hueco, insensible y narcisista.

Así estamos. Las consecuencias están aún por ver. Nos encontramos ante la idea de felicidad más triste y vacía de la historia. Hemos marquetizado la bondad, desdibujado el amor, falsificado nuestras relaciones y dejamos al aire nuestra autoestima que se cimenta por el número de seguidores y de likes.

Es por esto, que Instagram no termina de cuajarme. Lo intento pero me despego cada dos por tres. Lo uso a mi aire. No, mejor dicho, lo uso para airear las publicaciones del blog, mi faro personal donde llevo tanta vida guardada, donde me he refugiado en los buenos y los malos tiempos. Donde siento tan cerca a mis hijos y mi mundo. Tú ves recetas e historias; pero yo veo la manita del pequeño siempre robando lo que pilla; o a Gü respirándome en la nuca al acecho de hincarle el diente; o a mi mayor, alimentando la esperanza de que, cuando por fin vuelva a casa, le tengo que hacer todas estas cosas ricas :-) Y mira, sin likes y tan contenta.

Este pastel lo he hecho con ruibarbo y con frambuesas, pero funciona con cualquier otra fruta que te guste: manzanas, moras, albaricoques, peras... a tu aire.
Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 140gr. de azúcar
  • vainilla
  • 100gr. de mantequilla
  • 80ml. de buttermilch (o yogur natural mezclado con agua)
  • 150gr. chocolate blanco
  • 250gr. de harina
  • 50gr. de almendra molida
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • Fruta: ruibarbo y frambuesas o lo que más te guste

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Derrite la mantequilla y el chocolate blanco. Espera a que temple un poco pero que esté muy cremoso. Añades los huevos, el azúcar, la vainilla y buttermilch, batiendo hasta que está bien ligado. Añade la harina y los polvos de hornear. 
  3. Pasa la masa a un molde de unos 30cm de base. Pon las frutas troceadas por encima y hornea hasta que tenga un bonito color dorado por encima. Sirve en frío.

Zumo de flor de sauco y fresas

junio 29, 2021
María pasó mucho tiempo pidiendo un banco a su alcalde. Un banquito donde descansar cuando sale a pasear porque la vejez le ha llegado torcida, con una artritis de padre y muy señor mío. Se cansa rápido y el dolor la impide caminar mucho. Si por lo menos en su calle tuvieran un banquito donde sentarse, se animaría a salir más a menudo pero le da fatiga solo de pensarlo. En el cabildo no le han dicho ni que sí ni que no. Que ya dirán. Y así, a lo tonto, la cosa iba para más de un año. Y a Manuel, su esposo, le llevaban los demonios tanta inercia municipal. "Pero que carallo" se dijo. "Si no hace falta nada pomposo ni majestoso, solo un lugar donde María pueda descansar un rato de tanto bastón y disfrutar un poquiño de la calle".

El hombre comenzó a trabajar con once años como aprendiz en una carpintería. Se le daba bien, por lo que rápido se ganó fama de buen tornero. A los 22, ya había ahorrado lo suficiente "para casar, facer unha casa e comprarlle dúas vacas á miña nai". La vida les trató bien. Manuel prosperó a la antigua, trabajando como un mulo lo mismo que su mujer. Y ahora, después de tanta faena -la de toda una vida- no le parece mucho pedir un banco donde poder descansar con María un ratiño cada día.
Pero donde hubo, retuvo. Así que se pasó a la alcaldía por el forro y se dispuso a construir él mismo un banco para María. Se compinchó con el cristalero quien le dejó poner su banquito junto al escaparate; en la ferretería hizo acopio de maderos, tuercas, tornillos y poco más. Y para que la sorpresa fuera bárbara, montó el banco de noche lejos de ojos indiscretos. 

Ahora mismo está en una calle de A Estrada sin lijar en fino y sin barniz. No tiene florituras, salvo una inscripción que dice "Respeten. Para mallores". Y así está siendo porque a pesar de lo concurrido, el banco de María siempre tiene paisanos jubilados reposando sus fatigadas posaderas. Ha sido la sensación del barrio. Digo, de toda Pontevedra. Tanto que le han pedido que haga más pero Manuel no quiere. Está cansado de trabajar, demasiados años encima. Hay cosas que solo se hacen por amor. Un beso, un abrazo y la felicidad de María. Por nada más.
Hay tres cosas que marcan las primaveras austriacas: el ruibarbo, la recogida de las fresas y las flores de sauco. El ruibarbo  es el primero en llegar  ya que comienza a crecer tan pronto se retira la nieve. Las flores del sauco vienen casi a la par que las fresas aunque todo depende de si ha sido una primavera calurosa o tardía. Las flores, deben cogerse cuando acaban de abrir, ni antes ni después. Se marchitan rápido así que no hay que hacerlas esperar. Hay que ser muy paciente durante todo el año para disfrutar de las flores fritas y puede que por eso nos saben tan ricas. Según se recogen, el ritual marca que las flores más bonitas se guardan para freír y el resto para macerar los jugos. Ya publiqué el clásico, simplemente con un poco de limón. Este, con fresas recién cogidas, es de las cosas más ricas y más naturales que he probado. Sabor intenso, a casero y a naturaleza.

Por cierto, las fresas funcionan así: el granjero las planta, avisa en facebook que ya están listas y todos los paisanos vamos en peregrinación con nuestras cestas a recolectar nosotros mismos. El precio por kilo este año es de 4€, más barato que el en super que las cobran a 5€. En el mercado de granjeros las venden a 8€, Ahí queda. 


Ingredientes:
  • 500gr. de fresas
  • Unas 10 flores de sauco
  • 500gr. de azúcar
  • 2 cditas. de ácido cítrico
  • unos 150ml. de agua

Preparación:
  1. En un bol, machaca las fresas, añades el azúcar, el ácido cítrico, las flores de sauco y finalmente, el agua. Deja que repose unas 12 horas en el frigorífico.
  2. Una vez macerado, lo cuelas con un paño limpio. Hierve  el zumo un par de minutos a fuego fuerte. Lo dejas enfriar y listo para consumir

Pelotas de calabacín y pan rellenas de queso

junio 15, 2021
Esta historia que te voy a contar es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. O casi. En 1995, en Pittsburgh, un tipo llamado McArthur Wheeler atracó un par de bancos a cara descubierta sin importarle ni un rábano que las cámaras de seguridad le hicieran un par de primeros planos de su geta. Claro, le pillaron rápido. Él negó los robos, la policía le enseña las grabaciones y aquí el tipo flipa en colores: "No puede ser, pero si me froté la cara con zumo de limón". La policía, alucinada, no da crédito a la historieta que les cuenta el Wheeler:

Resulta que estaba de cháchara con unos colegas, imagino que dándole a la maría o algo peor, y así a lo tonto empezaron a tomarle el pelo. Le contaron que había una manera infalible de hacerse invisible ante cualquier cámara. Del mismo modo que el zumo de limón funciona como tinta invisible, también evita que una cámara te retrate. "Menudo chollo" pensó el mendrugo y para estar seguro hizo una prueba con una polaroid antes de planificar el atraco. En este punto del interrogatorio, la policía pudo constatar que además de zote, el ladrón era un inútil total para la fotografía.

Este suceso llego a oídos del Profesor David Dunning, que se dedicaba a la psicología en una universidad de N. York y junto con uno de sus alumnos -un tal Justin Kruger- idearon un estudio curioso; ¿La incompetencia es tonta o es la tontuna la que nos hace incompetentes? No lo plantearon así con estas mismas palabras pero el test iba por estos derroteros. El caso es que hicieron un montón de pruebas de distinta naturaleza: de aritmética, razonamiento lógico, humor... hasta tiro al plato. En fin, un poco de todo. En todas ellas, quedaba de manifiesto que la gente que tenía menos conocimiento del tema era la que más alto se valoraba así misma y tendía a menospreciar al resto. En cambio, los altamente cualificados eran más críticos consigo mismos y tendían a valorar con holgura a los demás.
Y es que, como decía el Profesor Dunning, si eres incompetente no puedes saber que no eres competente. Cierto. Pero claro, los dilemas, sudar la gota gorda y las meteduras de pata que todos acaudalamos con los años, nos van templando los humos aunque de niños tendemos a escuchar mal los consejos y aprendemos a las bravas, a golpetazo limpio. A la que uno crece, le damos más vueltas a las cosas, supongo que valoramos mejor el esfuerzo,  y eso hace que nos cuestionemos más a menudo nuestras capacidades aunque lo cierto es que seguimos aprendiendo como cuando éramos críos, a golpe de errar y darnos con nuestra incompetencia de narices. 

Pero no todos ¿verdad? Qué pasa con esa gente que tiene complejo de superioridad, que no admite sus errores y siempre culpabiliza a los demás o simplemente desacredita los méritos ajenos haciendo de menos y ninguneando al personal. Qué pasa con estos personajes que todo lo saben pero de nada aprenden. Ni escuchan y aún así dicen conocerte mejor que nadie. Y para demostrar sus premoniciones, te van poniendo zancadillas por el camino para que todos vean que él tiene razón y tú eres un patoso inmundo. ¿Son simples zotes víctimas de su propia ignorancia o arrogantes empedernidos que prefieren sacrificar sus virtudes con tal de seguir alimentando su ego?

Ahí lo dejo porque no sé la solución. No sé si esta peña tiene remedio. Lo que sí sé, es que lo mejor que se puede hacer en la vida, es arrimarse a la gente que nos inspira, comparte sus experiencias, nos enseña y si encima nos aprecia, pues mejor aún. A los que nos hacen sentir pequeños e insignificantes y nos dejan siempre encima ese tufillo de ir defraudando por el simple hecho de existir... ainsss, noooo, a estos mejor de lejos que dan mucha fatiga. A disfrutar que es el "plan" de cada día :-P

Ingredientes:
  • 600gr. de calabacín rallado o picado
  • 200gr. (puede que algo más) de pan viejo en trocitos menudos
  • 70gr. de queso parmesano
  • 1 huevo
  • Ralladura de limón
  • Nuez moscada
  • Sal y pimienta
  • Queso de sabor suave que funda bien (mozzarella, gouga, manchego, etc.)
  • Pan rallado para empanar
  • Abundante aceite para freír

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes (menos el queso y el pan rallado) en la procesadora de alimentos. Si no tienes trituradora, lo mezclas a mano con el calabacín rallado y el pan en trozos pequeños. Deja que repose en un lugar fresco unos 15 minutos para que el pan pueda absorber los líquidos. Tiene que quedar una masa manejable. Si la ves muy blanda, añade un poco de pan rallado y vuelve a dejar reposar.
  2. Coge de esta masa con una cuchara sopera y haz una pelota. Le introduces un trocito de queso y la rebozas en pan rallado. Si no quieres complicarte la vida, puedes hacerlas sin rellenar de queso porque también salen estupendas.
  3. Pon abundante aceite (preferible de oliva) a calentar y fríe cada pelota. Una vez frita, deja que elimine exceso de aceite sobre un papel absorbente de cocina. Listo

Zumo de ruibarbo y limón

junio 10, 2021
clasismo
1. m. Actitud o tendencia de quien defiende las diferencias de clase y la discriminación por ese motivo.

Este es uno de los "ismos" que más repelús me da; por lo que conlleva implícito y por el inmenso daño que hace a la sociedad. Estamos ante el sinónimo absoluto de lo asocial en el más amplio sentido y por supuesto, en todos sus contextos.

La discriminación de clase nos acompaña desde que el mundo es mundo porque los mamíferos que nos movemos en manada hemos menospreciado al débil por puro instinto de supervivencia y por aquello de afianzar la evolución como especie. Hasta aquí, genial. Pero mira tú, que una vez evolucionados y consolidados como dominantes, hemos seguido dando vueltas de tuerca al concepto por los siglos de los siglos. Y aquí estamos, haciendo récord de colectivos que por activa y por pasiva no buscan más que destacar a costa del vecino, ya sea por aires de grandeza, de costumbres, ingresos, raza o religión. O todo junto.

Tendemos a creer erróneamente que el clasismo es elitismo puro y duro pulido por los poderosos para enriquecerse a costa del pobre. La cosa es más perversa; hay clasistas que no tienen ni un céntimo pero que se enrocan entre los suyos para conseguir favores y abrirse camino beneficiándose de mala manera. Esta es la consigna por la cual las aristocracias cayeron ellas solitas asfixiadas en su propia caspa frente a una burguesía más o menos trabajadora que se abrió paso por sus propios medios. Si María Antonieta y los suyos hubieran ayudado al pueblo hambriento en vez de mandarlos a comer brioche, tal vez otro gallo hubiera cantando. Pero los privilegios son ciegos, zotes y gazmoños. Son ambiciosos pero sin despeinarse, que se deslome la masa que para eso está, para hacer bulto. Y para que la empatía no les traicione con sentimentalismos, los clasistas son especialistas en discriminar, algo que a muchos se les escapa de las manos, convirtiendo recelos y desprecios en auténticas doctrinas de odio.
¿Sabías que el primer legado escrito sobre la lucha de clases nos lo dejó Maquiavelo? Ah, sí, pero no te adelanto nada porque Don Nicolás merece un post propio. Sí, también con ruibarbo. Lo prometo. La cuestión, es que por mucho que luchemos por nivelar las clases sociales parece una batalla perdida y a la realidad me remito. ¡Observa el mundo! está desquiciado. El clasismo -mira si es necio- se ampara en privilegios que solo quiere para los suyos. Y no caigas en la trapa de pensar que esto es cosa de gente de derechas. Para nada, y ten claro que el buenismo -como buen "ismo"- es clasismo de pura raza a expensas de la cuerda con la que se columpie.

Las democracias dicen "todos los ciudadanos tenemos derecho a la igualdad sea cual sea nuestra naturaleza". Error. Deberían cambiar ese derecho por un "tenemos la obligación" de ser iguales y así, deslegitimizando los privilegios de los poderosos, suprimiendo sus ventajas socio-político-económicas, nos iba a ir a todos mucho mejor.

Pero ni de coña. ¿Has oído hablar del efecto Dunning-Kruger, eso de que cuanto menos sabemos más listos nos creemos? Pues ahí tienen respuesta casi todos los "ismos" sociales. Incluido el de moda, el negacionismo Covid promovido por el movimiento antivacunas que se ampara en razones que la evidencia científica desmonta sin apuros pero que da igual, porque para qué creer en la ciencia habiendo videos en Tic Toc donde nos muestran como se pegan las cucharas al cuerpo de las personas vacunadas. Yo ya tengo la primera dosis y a mí lo único que se me pegan son las sábanas cada mañana. Pero como dijo Groucho ¿A quién vas a creer, a mí o a tus propios ojos?

Pero lo más terrible de este grupo es que nos atribuyen a los oficialistas -como nos llaman- el pecado del miedo. Más de una década llevo escuchando lo de "vacunas a tus hijos porque vives con miedo" afirmación curiosa cuando nunca me han preguntado a mí el porqué lo hago. Aún así, les contesto: porque mi hijo pequeño es más resistente que el tuyo y cuando, por ejemplo, hay epidemia de meningitis no tengo nada que temer. Me vacuno contra la Covid para estar tranquila yo y con este acto, colaborar con toda la sociedad a parar tanta muerte y enfermedad. Llevo mi máscara y respeto la distancia social, para ayudar a no extender un virus que ha colapsado los hospitales y ha llevado a la muerte a mucho personal médico que no merecía morir. Porque estoy segura que algo se podría haber evitado si no os creyerais invencibles, por encima de los demás, porque sois seres tan super desarrollados emocionalmente, que con una dieta alcalina y meditación en plan biodescodificación os pensáis que no vais a enfermar. Mira, no seré yo quién lo niegue: puede que tú no mueras pero lo que si estoy segura es que con esa actitud tú y tu negacionismo habéis condenado a mucha gente a morir. Y eso es imperdonable.
Ingredientes (para 1/2 litro de zumo concentrado)
  • 600gr. de ruibarbo
  • 2 limones grandes
  • 400gr. de azúcar morena
  • 300ml. de agua aproximadamente

Preparación:
  1. Pon en una cacerola todos los ingredientes menos el agua (el ruibarbo en trozos y el limón en rodajas con piel) y deja que cueca unos 10 minutos. Agrega el agua, retira del fuego y deja que enfríe.
  2. Retira las rodajas de limón, tritura el ruibarbo y pásalo por un colador.
  3. El zumo que obtienes, es un poco espeso aún. Ahora debes colarlo a través de un paño limpio de lino o algodón.
  4. Sírvelo a una proporción de 1 parte de zumo por 3 agua (o soda o gaseosa)

Ensalada de patata y espárragos

junio 01, 2021
gazmoño, ña
De or. inc.

1. adj. Que afecta devoción, escrúpulos y virtudes que no tiene. U. t. c. s.

Palabra llana de tres sílabas, siete letras, tres vocales y cuatro consonantes que se encuentra en peligro de extinción y me temo que poca cosa queda por hacer para repoblar nuestras letras de su simpático uso. Y no porque nos falten mojigatos sin escrúpulos ni virtudes, a la sociedad me remito sin mucho que escarbar, pero es uno de esos adjetivos que el catecismo se lo adueñó y por lo que sea no hemos sabido arrancarlo del fervor religioso.

Pero no todo es divino en los gazmoños, de hecho si lo pensamos bien devociones hay muchas -también laicas y menos prosaicas- pero por desgracia se han distanciado sin pudor ninguno del histrionismo de este vocablo que no se merece desaparecer de nuestras letras así tan a lo tonto, sin un merecido homenaje o un brindis cuando menos.
Como muchacha gazmoña y devota, conmovíase ante el sacerdote elocuente, benévolo y de pegajosa dulzura, y como hija de una pasión brutal y heredera de una complexión siempre hambrienta de carne viril, estremecíase de la cabeza a los pies en presencia de aquel hombre hermoso y elegante que unía todas las graciosas seducciones femeninas a un cuerpo membrudo y de artísticas líneas, semejante a la estatua de un atleta griego. (La Araña. Tomo III. Vicente Blasco Ibañez)
Y es que no tengo por más que reprochar a nuestros ilustres que no le hayan dado más bombo y platillo a la palabreja. A Blasco Ibañez, mira tú, que a él si le gustaba y la usó en más de una. O a Juan Varela y por su puesto a Don Benito pero poco más he podido descubrir de la susodicha. Bueno, hay una frase de Stendhal que a mí me descoloca un poco porque no encaja con su auténtico significado lo que me hace pensar si no ha sido cosa del traductor del escritor francés que en un momento de aprieto, decidió tirar por la tangente y se la bordó junto a la avaricia, Quién sabe. No descartemos no vaya a ser que pequemos en exceso de gazmoños. Cierto, no sé porqué te meto en mis desvaríos si tú pasabas por aquí a mirar esta ensalada.
La gazmoñería es una especie de avaricia, la peor de todas. (Stendhal)

En cualquier caso, dejando la devoción a parte, peña aparentando escrúpulos y virtudes que no calzan hay mucha, pero mucha. Un paseíto por el patio y tela marinera lo que se escucha por ahí, pero hoy día resulta algo esperpéntico mezclar la gazmoñería con las resiliencias de turno, movimientos identitarios, perspectivas de genero y actitudes inclusivas no excluyentes de factores medioambientales con crecimiento negativo en la sororidad mundial y su consiguiente empoderamiento. En frase corta: que los gazmoñes no pegan ni con cola en el SXXI. En una actualidad donde todo son eufemismos y bombas de humo contra cualquier cosa que colee, por tonta que sea, pues como para ir juzgando de gazmoño al personal. En fin, porque no tengo poder de audiencia que si no hacia el experimento. Lanzaba una gazmoñada -esto no existe en el diccionario pero lo cuelo de todos modos- y esperaba reacciones. A ver con que linduras me agasajaría el personal. O peor, a ver cuantos se iban a enterar de qué les acuso. Estaría curioso.

Ingredientes:
  • 1/2 kilo (aprox.)  de patatas 
  • Un manojo de puntas de espárrago verde
  • Unos rabanitos
  • Pepino
  • Queso fresco de cabra
  • Mezcla de hojas de verdes (espinacas, rúcola, etc.)
  • Aliño: vinagre de vino, mostaza, un poco de ágave o miel, pimienta, aceite de oliva y sal (si es de especias, mejor)

Preparación:
  1. Cuece las patatas con piel en agua caliente unos 20 minutos (hasta que estén blandas). Las pelas y troceas.
  2. Mientras, trocea los rabanitos y el pepino. Los espárragos los pasas por lo plancha con un poquito de aceite de oliva y sal. Lo reservas.
  3. Prepara el aliño mezclando todos los ingredientes sin el aceite. Cuando esté ligado, le añades el aceite poco a poco sin dejar de remover. Así espesa un poco y coge cuerpo.
  4. En la ensaladera, coloca las patatas, los rabanitos y el pepino. Mezcla con un poco de aliño. Añade después el resto de ingredientes justo cuando vayas a servir. Deja que cada comensal, añada un poquito más de aliño a su gusto.

Rollos de ruibarbo

mayo 15, 2021
Las personas podrían aprender de sus errores si no estuvieran tan ocupadas negándolos
Hace algún tiempo -ni mucho ni poco pero bastante- había un doctor suizo que se dedicó, en lugar de estudiar estómagos, huesos o dientes, a explorar la cabecita humana de aquellos que por unas cosas o por otras, las tenían descolocadas... o eso se creía. Este caballero, fue discípulo del austriaco Freud pero se cansó de tanto rollo con la madre y decidió tirar un poco más a su bola. En esas estaba, cuando se le metió entre ceja y ceja dejar por escrito esos temillas que tanto repetía a sus colegas, discípulos y pacientes porque si uno insiste en exceso, por todos es sabido que el riego a rallarse es realmente importante. Y peligroso. A ver quién quiere un terapeuta obsesionado con sus propios asuntos. Casi que no.

En aquella época, escribir lo que uno sabía para ilustrar al público, estaba super bien visto. Hoy, o te pagas unas masterclasses o vas de culete. Pero eran otros tiempos. Nos dejó dicho, que en la mente humana coexisten cuatro funciones que todos tenemos de serie:  pensar, sentir, intuir y percibir. Si uno se pasa con alguna, pues etiqueta al canto. Véase por ejemplo, un impulsivo que es víctima de su exceso al intuir cosillas cuando habría de pensarlas un par de veces antes de actuar. Hasta aquí, todo claro. El problema es que las personas somos de todo menos sencillas, así que el buen doctor se vio en la necesidad de ampliar el repertorio y empezó a definir los tipos de personalidad combinando las funciones de serie con nuestra condición de introvertidos o extravertidos según el caso, y le salieron ocho tipos de personalidad que en su momento triunfaron en psiquiatría. 
Pero claro, la vida sigue y el hombre, que no paraba de sacar conclusiones y aunque insistía que con ocho personalidades está la humanidad bien servida, se da cuenta que además seguimos patrones de conducta, es decir, hacemos cosillas simpatizando o copiando o imitando o lo que sea menester que hagamos reproduciendo ciertos rolles de conducta con los que nos identificamos. A él le salieron 12 grupis que llamó arquetipos de la personalidad: el inocente, el héroe, el tipo normal, el protector, el creador, el explorador, el forajido, el amante, el mago, el gobernante, el bufón y el sabio.  

Llegados a este punto, sus discípulos empezaron a sudar la gota gorda porque todo apuntaba a que psicoanalizar no iba a ser nada sencillo. Para colmo, les remató al explicarles que la personalidad y los arquetipos valían de poco si no se tenía en cuenta que las personas vivimos muy marcadas por nuestra parte inconsciente que tampoco es moco de pavo porque tenemos inconsciente particular, el personal de cada cual, y luego el colectivo, esa herencia o memoria que nos viene vete tú a saber por donde pero que cuando la mente se nos tuerce, la colectiva nos manda a la calle de la amargura con sus tabús, reglas, conformismos sociales y toda la pesca.
Pensar es difícil, es por eso que la mayoría de la gente prefiere juzgar.
He entrado en la Wiki, para saber más sobre Carl Gustav Jung y he flipado con la de cosas que le dio tiempo a hacer a este hombre. Fue hasta espía, no te digo más. Anti nazi declarado que describe a Hitler como "un hombre realmente sin representación política sino mágica, una especie de brujo o chamán, en sí mismo insignificante, pero que refleja y vocifera el inconsciente de los alemanes".

 Lo que no he logrado averiguar, es si el Doctor Jung sabía que el estómago es el segundo cerebro y que muchos de nuestros rollos se mastican entre jugos gástricos. Cuando la mente se nos tuerce, el estómago puede tomar el control de nuestros rollos que si son de ruibarbo, mejor que mejor. Estos, aunque los publico ahora, son de la primavera pasada porque yo también tengo mis embrollos personales y colectivos y entre unas cosas y otras, estos enrollados se quedaron en el borrador. Bueno, subsanada queda semejante ofensa.
El conocimiento descansa no solo sobre la verdad sino también sobre el error.


(La recta la encontré aquí)
Ingredientes para la masa:
  • 25 gr. de levadura
  • 200 ml. leche tibia
  • 1 huevo
  • 2 cdas. azúcar
  • 100 gr. mantequilla blanda
  • 500 gr. harina de trigo

Ingredientes para el relleno:
  • 2-3 tallos de ruibarbo
  • una nuez de mantequilla
  • 4 cdas. de mermelada de fresas o frambuesas

Para la cobertura:
  • 150 gr. de queso de untar tipo Philadelphia
  • 75gr. de azúcar glas
  • Unas gotas de vainilla

  • 1 huevo para pincelar antes de hornear
  • Para decorar, frambuesas deshidratadas y molidas

Preparación:
  1. Disuelve la levadura en la leche tibia. Agrega el huevo, el azúcar, la mantequilla blanda y la harina de trigo y mézclalo todo bien hasta tener una masa suave y tersa. Queja que repose 1 hora y media hasta que doble su tamaño (la masa debe estar cubierta en un bol con tapa o film de plástico para que no se seque).
  2. Corta el ruibarbo en trocitos una vez que le hayas quitado las hebras. Saltéalo en la sartén con una nuez de mantequilla y añade la mermelada. Deja que enfríe.
  3. Estira la masa  sobre la encimera formando un cuadrado de aprox. 1 cm. de grosor. Extiende la compota de ruibarbo uniformemente sobre la masa y enrolla la masa en una salchicha. Córtala en rodajas de 2 cm. más o menos.
  4. Coloca los caracoles en la bandeja del horno con papel de hornear, a una buena distancia para que puedan subir más. Yo opté por colocarlas en un molde rectangular para que levaran más gorditas. Deja reposar 30 min.
  5. Calienta el horno a 180ºC. Pincela con huevo batido y hornea entre 20-30 minutos hasta que se doren.
  6. Mientras se enfrían, mezcla el azúcar glas, la vainilla y el queso crema hasta tener una crema muy suave. Cubrir las caracolas y espolvorear con los copos de frambuesa seca.

Crema rústica de calabacín y patata con queso

abril 12, 2021
Hay un artículo del periodista y escritor uruguayo Leonardo Haberkorn que rueda constantemente desde hace años por las redes. Es... puf, a ver qué digo porque como exprese todo lo que me viene a la cabeza me vas a llamar dramática y con razón. Pero es que tengo en la punta de mis dedos, ronzando casi con el teclado, una sensación brutal de desesperanza, de cagada máxima, de a ver cómo arreglamos todo este despropósito que nos está tocando vivir. El artículo en cuestión, es un refrito a lo copia, pega y corta, de este otro que Haberkorn publicó en su blog en el 2015. Un periódico vio correcto robar el post a su autor y publicarlo sin consentimiento. Tituló el mismo con un "Me cansé... me rindo" mucho más espectacular que el original "Con mi música y la Fallaci a otra parte". Del artículo realmente se borró cualquier alusión a temas culturales de más o menos trascendencia así como cualquier párrafo que requiriese pensar más de la cuenta. Se difundió el mensaje sencillo, bien clarito y sin espesura. Tenía todo lo clave para dar el salto a las redes y como ya se sabe que somos una especie de retuit rápido, pues la cosa lleva funcionando unos seis años saltando por todo el mundo hispanoparlante. Y en este rodar y rodar, se lo he leído hace un par de días a Arturo Pérez Reverte.

Y como no soy especialmente lista, pero sí que peco de empollona, me fui a St. Google y bajo el lema de "Me cansé... me rindo" di con el artículo original de El informante y con esta otra réplica del susodicho porque como sería de esperar, la versión completa con alusiones culturales, trajo tela para varios sastres. Parece que se le acusó al Sr. Haberkorn de viejuno, de pretender enseñar a sus pupilos asuntos viejos, pasados de moda porque se entiende que el pasado, pasado está y que agua de borraja no mueve molinos... ¿o era pasada? ¿o de cerrajas?... pasada o de borraja, lo dicho: queda en ná.

Y así estamos; en ná de ná. El nada más terrible de nuestra existencia. El no querer saber el porqué de las cosas. Esa apatía que impide pensar por nosotros mismos y antes de aprender del pasado, nos lo inventamos y se lo presentamos al público bien picadito para que se lo trague sin mascar. Mentira sobre mentira, manipulación de la historia manoseando y desgastando los hechos que, cada vez con más frecuencia, veo que se usan como opiniones y viceversa, opiniones que nos las calzan como hechos probados. Reclamamos libertad de expresión demasiadas veces sin ton ni son o fuera de contexto sin pararnos a pensar, que esa libertad es estéril si no tienes nada inteligente o razonable o certero que decir. De qué vale tanta educación profesional si pasamos por las escuelas y por las universidades con el cerebro apagado, sin chispa y como relata el artículo, estudiantes con caras absortas y desinteresadas que les atrae más dar likes a selfies insulsos que aprender las claves del oficio.
Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante.
No quiero ser parte de ese círculo perverso. (Leonardo Haberkorn)

Pero claro, es fácil criticar. A torcer el renglón nos apuntamos todos. Parece que solo contamos con dos opciones: criticar o rendirse, irse con la Fallaci  a otra parte o ponernos a repartir collejas a la vieja usanza. Qué podemos hacer, cuando cada vez veo más mamás empujando carritos de bebés más atentas al móvil que al tráfico; o críos chicos en el coche familiar con una tablet cada uno porque los papás dicen que si no no hay manera de que los niños paren tranquilos. O en la mesa. O cosas peores. Qué podemos hacer, cuando vas de visita a casas donde no existen libros, ni siquiera aquellos tomos de la Espasa que coronaban la mayoría de los salones en mi infancia... que sí, que es verdad que nadie los leía pero mira, se disimulaba. Qué podemos hacer, cuando leo cosas, como esta carta que también rueda por la redes, de un director de colegio que anima a los padres a no enfadarse si su hijo suspende los exámenes porque total, si va a ser artista (dice) no necesita matemáticas o si aspira a músico qué importancia tiene su nota en física. Qué hacer cuando la gente se hace tendencia por sus necedades, cuando todo vale, desde el mal gusto hasta el poco calado moral. Cuando ya no hay comprensión lectora ni en los titulares, cuando nadie es capaz de leer entre líneas, escuchar ambas versiones o simplemente contrastar un dato.

Ya por no saber, no sabemos ni hacer el huevo.

¿Y por qué esta crema de zucchini es diferente? porque he marcado las verduras en la sartén antes para conseguir potenciar el sabor. Fácil, rápido y así voy convenciendo a mi hijo Lucas de que pese a lo que él cree, sí, le gusta el calabacín.


Ingredientes:
  • 2-3 zucchinis pequeños sin pelar
  • 1 par de patatas
  • 1 cebolleta
  • 1 dientes de ajo
  • 500ml de caldo de verduras (puede que algo más)
  • 100 gr. de queso de untar tipo Philadelphia
  • 50gr. de queso cheddar o manchego semicurado
  • Algo de aceite de oliva
  • Albahaca
  • Sal y pimienta

Preparación:
  1. Pela las patatas, las cortas en trozos pequeños y las cueces en el caldo de verduras.
  2. Mientras, corta las verduras y las salteas en la sartén con un poco de aceite de oliva.
  3. Añade las verduras a las patatas junto con los quesos. Deja que cueza 5-10 minutos hasta que el queso se derrita.
  4. Añade la albahaca y tritura la crema hasta que tenga una textura cremosa pero con las pintitas verdes de la albahaca y del calabacín.

Panecillos integrales con verdura y queso

noviembre 23, 2020
ley
Del lat. lex, legis.

1. f. Regla fija a la que está sometido un fenómeno de la naturaleza.

2. f. Cada una de las relaciones existentes entre los diversos elementos que intervienen en un fenómeno.

3. f. Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados.

4. f. En el régimen constitucional, disposición votada por las Cortes y sancionada por el jefe del Estado.

5. f. Religión, culto a la divinidad. La ley de los mahometanos.

6. f. Lealtad, fidelidad, amor. Le tengo ley.

7. f. Calidad, peso o medida que tienen los géneros, según las leyes.

8. f. Cantidad de oro o plata finos en las ligas de barras, alhajas o monedas de oro o plata, que fijan las leyes para estas últimas.

9. f. Cantidad de metal contenida en una mena.

10. f. Estatuto o condición establecida para un acto particular. Leyes de una justa, de un certamen, del juego.

11. f. legislación (‖ conjunto de leyes). El Gobierno debe actuar conforme a la ley.

12. f. Cada una de las disposiciones comprendidas, como última división, en los títulos y libros de los códigos antiguos, equivalentes a los artículos de los actuales.
Creo que no hay palabra más arrogante en todo el diccionario. Doce definiciones ha necesitado la RAE para desplegar su largo brazo, con más tentáculos que un pulpo dicho sea de paso. Sí, arrogantes y altaneras son las leyes que rigen lo humano y lo extraterrestre pasando por materias orgánicas e inorgánicas para que ni un solo átomo del universo quede malamente expuesto a la acracia con todas las de la ley. Y es que hay ley divina, de dios, de embudo, de gracia, de duelo, de arrepentimiento, seca, sálica, nueva, universal... leyes para dar y tomar, y lo más irónico, es que siempre nos las venden con paternalismo misericordioso por aquello de repartir justicia, luchar contra el mal, bla, bla, bla. 

Desde luego somos muchos y hay que organizarse. No lo dudo. Y es importante que el bien común prevalezca por encima del individual para proteger al conjunto de la comunidad. Es imperante amparar a los desfavorecidos y más vulnerables, poniendo límite a la gente de mal así cómo levantar barreras contra los genocidas y violadores de los derechos fundamentales de la humanidad. Dí que sí. Pero lo cierto, es que una ley mala deja la puerta abierta a los dictadores y éstos, se ensañan contra las personas para implantar el miedo y el terror a cualquier ser que ose levantar la voz. Hay leyes que condenan a muerte, a 38 años y 148 latigazos si eres mujer y defiendes el derecho de autodeterminación femenino. Y es que, tal y como dijo Menkel, "la injusticia es relativamente fácil de llevar, es la justicia la que duele".
En fin, que la ley es grande y sabia pero también tonta a rabiar. O por lo menos, lo aparenta. En Vermont, una señora para llevar dentadura postiza, necesita el permiso de su marido. ¡Pobres viudas!. En York, Inglaterra, se puede matar a un escocés siempre y cuando lleve arco y flechas, algo que entra en conflicto si se tiene en cuenta que aún está en vigor la ley por la que cualquier ciudadano mayor de 14 años debe practica el tiro con arco a diario. En Carmel, el pueblín californiano del que fue alcalde Clint Eastwood, es ilegal comer cucuruchos de helado por la calle así como usar zapatos de tacón de aguja para no estropear el empedrado. En Canada es ilegal quitarse un vendaje en público o despertar a un oso para hacerle fotos. Puedes matarlo pero no interrumpir su sueño. En Singapur están  prohibidos los homosexuales, el sexo oral y comer o vender chicles. En Liverpool es ilegal que una mujer haga topless en publico excepto si es empleada en una tienda de peces tropicales. Uf, podría seguir el día entero.

Pero me niego. La vida es corta y las tontadas eternas así que hay que ponerse las pilas y centrarnos en lo que de verdad importa porque no hay más de ley que disfrutar a tope de lo grande y de lo chico, sin distinción, y dedicar de vez en cuando tiempo a la contemplación y pensamientos profundos, ya vengan desde la azotea o desde el segundo cerebro que tenemos instalado en el estómago porque a veces no hay que desgastar las neuronas. Con encender el horno, todo apaña'o.


Ingredientes:
  • 500gr. harina integral (usé espelta)
  • 1 sobre de levadura seca para pan
  • 250ml. de agua tibia
  • 1 huevo
  • 2 cucharadas yogur natural
  • 1 cucharadita sal
  • 1 cucharada miel
  • 120-150gr. de calabacín y/ zanahoria y/o queso cheddar o gouda (a tu gusto)
  • 40ml. de aceite de oliva
  • perejil picado

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes para los panecillos en un bol (harina, levadura, agua, huevo, yogur, sal y miel) y amasa con ayuda de unas varillas eléctricas o un procesador de alimentos. Deja reposar la masa unas 2 horas en un lugar templado y cubierta la masa para que no se seque.
  2. Ralla el queso, el calabacín y la zanahoria. La cantidad a tu gusto y puedes mezclar también a tu gusto. Yo hice de dos tipos: de calabacín con queso y de zanahoria con queso.
  3. Divide en dos partes iguales la masa y extiendes cada una enharinando bien para que no se pegue. 
  4. Rellena cada mitad y la pliegas (mira el paso a paso). Cortas los panecitos del tamaño que te venga bien.
  5. En un bol pequeño, pon el aceite y lo mezclas con el perejil picado y pincelas cada bollito. Espera unos 15-20 minutos antes de hornearlos.
  6. Precalienta el horno a 200ºC. El tiempo de horneado depende de cada armatoste pero tan solo cuida que queden bien dorados.

Frangipane con ciruelas

septiembre 29, 2020
Con el paso de los años, este blog ha cambiado y mucho. Ahora para contarte historias debo inventármelas o recurrir a la RAE y divagar con palabrejas cada poco tiempo.  Si vienes por aquí de lejos, sabrás que hace unos años las historietas caían solas y mi papel era de mera reportera, más o menos dicharachera, contando las aventuras de Lucas casi siempre y alguna que otra del resto de la familia para rellenar los huecos; salvajadasrabietas, pellizcos de la vida, cocos, fiestas, cumpleaños... ¡hasta escarlatina!

No sé si es que entonces tenía más chispa para escribir o que mi vida en sí era más chisposa con el cartel de madre colgado a jornada completa. Lo cierto es que siempre pasaban cosas divertidas de relatar y hasta los sustos y sofocones sonaban chisposos a toro pasado. Y esa chispa, ¿cuando se jubiló la muy canalla? porque no recuerdo que se largara con un portazo, o me reuniera con ella en petit comité y me soltara eso de que llegó la hora de explorar nuevos proyectos y experiencias. Tampoco recuerdo ningún ultimatum a lo "o me cuidas o me largo". Solo sé que en algún momento mientras Lucas crecía y se hacía independiente, la susodicha me dejó compuesta y sin novio. 

Somos alegres por naturaleza así que esta es una casa en la que no faltan risas. Ni siquiera en las grandes tragedias. En ellas también se han filtrado las bromas y los mimos. No es falta de jolgorio, no. Son las aventuras, que ya no abundan. En menos de un mes, mi hijo pequeño cumplirá 14 años. Y su vida, como la de cualquier adolescente, está enfrascada en agobios: los deberes, las fragilidades, los miedos, la angustia vital que los lleva a decir cada dos por tres "no aguanto más", la injusticia cada vez que le recuerdo que tiene que recoger la cocina o bajar la basura... está en esa fase volcánica emocional que le absorbe por completo y le impide la mayoría de las veces disfrutar del mundo con la inocencia y frescura de cuando era un enano. Y mi mayor, que en dos meses cumplirá 20 años más que su hermano, continua en el mismo limbo emocional, sin acné y bajando su propia basura, pero aún lidiando con las fragilidades y la angustia vital.
De hecho, me pregunto si yo estaría aún con esas angustias si no hubiera tenido a mis hijos. Si no hubieran estado ellos para dar forma a mi existencia llenándola de aventuras, de cajas de cartón con tirantes convertidas en super bólidos, de playmobils, de legos y de las carreras a urgencias con varios dientes rotos.

Y es que como madre, nunca he tenido mucho tiempo para mis dramas. Cada bajonazo, disgusto, pena o tristeza ha tenido que ser rápidamente superada al ver como les afectaba a ellos. A los niños se les pone esa carita tan asustada cuando sienten que sufres pero no saben del todo por qué. Cuando no tienes a nadie cerca que refleje tu dolor es más fácil dejarte llevar por él pero en el momento en que un enano te clava la mirada con esa mezcla de angustia e impotencia en los ojos, de forma casi instantánea aparcas tus temas y te dejas guiar por ellos, que con las cosas del querer los peques hacen milagros.

No sé por qué hoy me ha dado por pensar en esto. Quizás porque he releído un par de entradas de hace mogollón de años y me ha chiflado ver esa chispa e ingenio que antes calzaba. Y si tenemos en cuenta que estoy en segunda oleada de menopausia prematura, pues el dramón nostálgico está servido.

Este frangipane  ya lo publiqué hace siglos aquí  pero sin compañía. El de hoy es la misma receta de mi querida Yvonne pero con ciruelas de nuestro jardín que le da un toque fantástico. A disfrutarlo.


Ingredientes:
  • 1 plancha de masa de hojaldre
  • 150 gr. mantequilla reblandecida
  • 150 gr. azúcar
  • 175 gr.  almendras molidas
  • 3 huevos
  • unas gotas de extracto de almendras
  • 3 cdas. de maizena
  • 400gr. de ciruelas (o a tu gusto)
Para el glas:
  • 50 gr azúcar glas
  • 1/2 cda. de jugo de limón

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC. 
  2. Pon la mantequilla, la almendra, la maizena, el azúcar y los huevo (así como un par de gotas de esencia de almendras) en la batidora y lo meclas hasta que esté cremoso y sin grumos.
  3. Forra un molde con la masa de hojaldre. Echa  la masa de frangipane dentro del molde y adórnalo con las ciruelas (deshuesadas y partidas en 4 trozos.)
  4. Hornea hasta que la tarta tenga un dorado uniforme.
  5. Prepara el glaseado: mezcla el azúcar glas con el limón hasta que tengas una crema firme y cremosa. Lo añades por encima del frangipane cuando esté casi frío.

ME APETECE

 
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