Brownie con calabacín

octubre 11, 2021
Una pequeña de siete años, recién llegada de África, es vendida en el puerto de Boston en 1761. La han llamado Phillis, el mismo nombre que acuña la goleta de esclavos que la ha trasportado a Estados Unidos. La familia Wheatley la acaba de comprar y ha sido instalada en su casa como criada pero el talante progresista de esta familia les lleva a educar y cristianizar a la niña. Pronto John y Susanna Wheatley se dan cuenta que Phillis es extremadamente lista así que tras ser liberada de sus tareas domésticas, se ha decidido que recibiría la misma educación que Mary y Nathaniel, los hijos de los Wheatley. Aprende rápido y ya se maneja con soltura en materias como lenguas clásicas, religión, literatura o astrología. 

La joven Phillis se convierte en la sensación de Boston. Unos cierran filas y afirman que una salvaje africana no está dotada por dios para igualar el intelecto de un blanco. Y menos aún superarlo. Otros estiman que ella es la prueba que confirma que, si un esclavo es educado igual que un blanco, tendrá sus mismas capacidades e ingenio. 

Con 13 años, Phillis ha conseguido publicar su primer poema en el periódico de Rhode Island gracias a la tenacidad e influencia de Susanna quien logra que poco a poco sus poemas se publiquen en Boston e incluso en Londres, donde la popularidad de la esclava poeta gana simpatizantes. Susanna quiere reunir sus poemas y publicarlos pero en Boston se niegan. Se llega a decir que son plagios. Insisten que una esclava negra no tiene ni inteligencia ni talento suficiente para escribir esos poemas. 

En 1772 el matrimonio Wheatley consigue que se forme un tribunal que verifique las capacidades de Phillis y así mismo certifique que sus poemas son genuinos. Lo consigue a pesar del duro examen al que estuvo expuesta. Aún así, ninguna editorial accede a publicarlo. 

Susanna tira de toda su influencia en Londres -son de las pocas familias bostonianas leales a la corona- y un año después, tras un viaje de Phillis y Nathaniel a la capital londinense, el 1 de septiembre de 1773 para ser exactos, se publica su libro de poemas convirtiéndose en la primera persona de color en publicar un libro. Dos meses después, es emancipada por los Wheatley consiguiendo su libertad. Phillis Wheatley tiene 20 años y es la africana más famosa de la faz del mundo.
Un año más tarde, Susanna fallece. La guerra por la independencia se está fraguando y Phillis se adhiere a la causa rebelde alejándose de los Wheatley leales a los británicos. Esta situación hace que pierda sus contactos en Londres y descubre que nadie en Nueva Inglaterra está dispuesto a publicar nada suyo. La guerra no ayuda y su fama se diluye casi por completo.

Se casa con John Peters, un negro emancipado y verdulero de profesión, con el que vive en muy malas condiciones. A medida que da a luz a sus hijos, los va perdiendo uno a uno. La pobreza y las deudas la devoran. Su marido es encarcelado por culpa de las deudas y ella, embarazada de nuevo, se ve obligada a trabajar en la cocina de una fonda para poder comer. Murió de sobreparto. Su bebé la sobrevivió solo unos días. Su obra, salvo los poemas publicados en Inglaterra, se han perdido. Tenía 31 años.
“Fue llamada Phillips, porque así se llamaba el barco que la trajo, y Wheatley, que era el nombre del mercader que la compró. Había nacido en Senegal. En Boston, los negreros la pusieron en venta:

– ¡Tiene siete años! ¡Será una buena yegua!

Fue palpada, desnuda, por muchas manos. A los trece años, ya escribía poemas en una lengua que no era la suya. Nadie creía que ella fuera la autora. A los veinte años, Phillips fue interrogada por un tribunal de dieciocho ilustrados caballeros con toga y peluca. Tuvo que recitar textos de Virgilio y Milton y algunos pasajes de la Biblia, y también tuvo que jurar que los poemas que había escrito no eran plagiados.

Desde una silla, rindió su largo examen, hasta que el tribunal la aceptó: era mujer, era negra, era esclava, pero era poeta”.

 Eduardo Galeano , “El cazador de historias”

Nota: la ilustración de Phillis W. pertenece a la edición original de su libro y se le atribuye a Scipio Moorhead.


Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 150gr. de azúcar
  • 80ml. de aceite suave (no oliva)
  • vainilla
  • 40gr. de cacao
  • 300gr. de harina
  • polvos de hornear
  • 150gr. de trocitos de chocolate
  • un puñado de nueces
  • 1 calabacín no muy grande (rallado y sin pelar)

Para el ganaché:
  • 100gr. de chocolate de cobertura
  • 2 cdas. de leche
  • 2 cdas. de queso de untar tipo philadelphia

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC (170ºC si es de aire)
  2. Ralla el calabacín y lo pones en un bol junto con los huevos, el harina, el azúcar, los polvos de hornear, la vainilla, el aceite y el cacao. Lo trituras todo junto con ayuda de unas varillas eléctricas o con la batidora (la minipimer). Una vez todo bien ligado, añades el chocolate y las nueces en trocitos.
  3. Engrasa con mantequilla una fuente o molde para brownies (más o menos 28 x 22) y hornea. Cada horno necesita un tiempo distinto. Cuida que el centro se note cuajado pero aún blandito. 
  4. Mientras haces el ganaché: derrite el chocolate, lo mezclas con la leche y el queso crema. Cubres el brownie y listo. Lo puedes consumir aún caliente (más cremoso) o frío (más cuajado)

Bollos de manzana o Apfelkrapfen

septiembre 12, 2021
"Me parece que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, y otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme. Una tremenda congoje fue para mí lo único real en aquellos momentos"
Nada, de Carmen Laforet.

Leí Nada cuando tenía 15 o 16. Era la década de los 80, donde las chicas teníamos aún un montón de conceptos confusos. Ya nos estaban medio educando para la igualdad aunque sabíamos que era una quimera porque la realidad nos decía que aún no. Mis amigas de cole de monjas, por ejemplo, estaban recibiendo una educación muy distinta a la mía y esos choques de mentalidad, hacían que nuestras formas de pensar y de encarar la vida fueran muy diferentes. 

No sé muy bien a donde quiero llegar contando esto, quizás lo hago por poner un marco a cómo entendí -o sentí- la vida de Andrea, la protagonista de Nada, percibiendo a las claras lo privilegiada de su situación que, pese a las miserias y a su condición de mujer, pudo acudir a la universidad siendo ésta en esos momentos, un lujo reservado a los varones pertenecientes a las familias favorecidas por el franquismo. 

Y a la que leía, y me dejaba enredar por esos sopores de quien nada es y nada importa, o cuando sentía esa presión insufrible de su entorno familiar, o el alivio mientras iba a clase y se rodeaba de los amigos ricos de su amiga Ena, notaba con desagrado esos matices tan frustrantes de la realidad de entonces. Me decía a mí misma: ¿y para qué, si al ser pobre no va a tener más remedio que buscar un buen partido que la mantenga? ¿y para qué, si lo más probable es que cuando se case su esposo no dejará que ejerza?

Sentí que Andrea lo sabía. Que de nada valía su formación salvo para aumentar su caché. Que su vida no la escribía ella, y que su papel era y sería de simple espectadora. Supe al leer Nada, que a diferencia de Andrea, yo si iba a ser dueña - o semi dueña- de mi futuro. Un privilegio que a día de hoy, las mujeres seguimos peleando.
Y es que Nada es un libro que despista. Está enjaulado en un escenario típico del costumbrismo de posguerra pero su lectura no te lleva a descubrir la vida de entonces -como hace Martín Gaite en Entre visillos- si no, muy al contrario, navega en un mar de sensaciones y sentimientos que nos mantiene a oscuras en su contexto, nada sabemos más allá del sentir de su protagonista y desde su piel, identificamos como cercanos al resto de protagonistas. 

Leemos con la ventaja de saber cómo ha sido la vida durante el franquismo. Conocemos de primera mano por nuestras madres y abuelas, que una buena chica era la que sabía pisar con salero y elegancia, sabía mirar, oír -que no escuchar- y por supuesto, callar; y todo ello aderezado con dulzura e inocencia. 

Ah, y cocinar. Esta premisa era indiscutible.
Ingredientes:
  • 500gr. de harina repostera
  • 1 sobre de levadura seca para pan
  • una pizca de sal
  • 70gr. de azúcar
  • 220-250ml. de leche entera
  • 40ml. de aceite suave
  • 2 huevos
  • un chorro de ron
  • un poco de vainilla
  • ralladura de limón
  • relleno: 3-4 manzanas y 2 cdas. de azúcar
  • aceite para freír
  • azúcar y canela para rebozar


Preparación:
  1. Mezcla el harina, con la sal y la levadura. Añade el resto de ingredientes (la leche, el aceite, ron, huevos, azúcar, vainilla y ralladura) y haz una masa compacta (con varillas de amasar, con procesadora o directamente amasa a mano). Deja que repose una hora.
  2. Pela y corta las manzanas y añade 2 cdas. de azúcar.
  3. Extiende la masa en la encimera, cubre con la manzana y enrolla la masa. Corta rodajas de 3-4 cm dependiendo de como quieras de gruesos los bollitos. Deja que reposen unos 20 min. antes de freír.
  4. Fríe en abundante aceite a fuego medio tirando a alto para asegurarte que la masa no se queda cruda por fuera. Deja que pierdan el exceso de aceite (sobre papel de cocina) y los rebozas en azúcar con canela a tu gusto.

Pasta cremosa con atún

septiembre 02, 2021
"Habitaba en todas partes y en ninguna. No tenía patria, ni poseía derecho alguno. Sin patria y sin suerte; sin amor alguno y sin alegría tenía que vivir. No tenía interés por nadie, y tampoco nadie se interesaba por él ni por sus actos ni por su vida" . El Paseo, de Robert Walser.
Está mañana cuando me levanté, no sabía de Robert Walser. A veces Twitter nos deja joyas sin avisar. He conocido antes su muerte que su vida porque realmente solo entre vivos estamos obligados a conocernos cronológicamente. En cualquier caso,  su vida -en vida- pasó muy desapercibida. Murió como lo haremos todos pero de una forma muy singular. Caminador y caminante empedernido, un día de navidad dio su último paseo y dejó caer su cuerpo sobre la nieve mientras recibía un ataque al corazón que se lo llevó al otro barrio. Alguien le fotografió, cosa extraordinaria, porque en aquel tiempo nadie iba con una cámara a cuestas. Y aquí es donde su vida -su bio post mortem- cobra importancia. Ahora sí, ordeno los hechos:

Nació en suiza allá por 1878, en una familia numerosa de clase media venida a menos. Por eso no pudo estudiar. Intentó trabajar pero los oficios ordinarios no iban con él. Marchó a Berlín, donde uno de sus hermanos se había hecho un nombre como ilustrador y artista. Comenzó a escribir y a publicar como podía. No arrancaba del todo su éxito y eso le deprimía sobremanera. O no, puede que su melancolía crónica fuera herencia familiar: su madre sufría psicosis afectiva, uno de sus hermanos se suicidó, otro arrastró hasta su muerte enfermedades mentales agudas y él mismo soportó a lo largo de su vida un desorden emocional importante. Tras su fase Berlinesa, desanimado e incapaz de mantenerse a flote solo, regresa a Suiza, primero a su ciudad natal, donde vive con su hermana un tiempo, y luego a Berna. Acepta un empleo y continua con su escritura aunque cada vez más retraído y sumido en una ansiedad que le supera.  Termina ingresando en una institución mental. Sus escritos son cada vez más escasos hasta que es desviado al psiquiátrico de Herisau y allí, aparentemente, dejó de escribir.
Nada se volvió a publicar sobre él, salvo su amigo y tutor, el periodista Carl Seelig que escribió un libro sobre las caminatas que compartieron juntos, repletas de reflexiones personales y filosóficas sobre la existencia del ser humano. Pero tras su muerte y buscando entre sus cosas, encontraron una infinidad de escritos la mayoría a lápiz en un tipo de letra ya en desuso y requete minúscula. Los escribía en cualquier envoltorio o trozo de papel. Tardaron creo que 20 años en traducirlo todo. Este material, que es considerado como el testamento de Walser, es conocido como los microgramas y gracias a su publicación, sus obras anteriores -las que se han conservado- se reemprimieron con el éxito que no consiguieron en vida de su autor, un ser de luz fuera de contexto que no logró conectar del todo con su mundo pero sí con las generaciones futuras que a día de hoy, le consideran uno de los grandes de las letras en lengua germana. Y yo ahora, voy a descubrir sus letras, esas que le tuvieron tan enganchado la vida entera. Porque las letras son así; cuando te pican ya no te libras jamás.

Ingredientes:
  • 500gr. de pasta (la que prefieras)
  • 1 tarrina de queso de untar natural
  • 2 cdas. de queso parmesano
  • un poquito de leche (la que acepte la salsa)
  • 1 50gr. de atún natural en su jugo de lata
  • 1 diente de ajo
  • un poco de aceite de oliva
  • opcional: albahaca fresca
  • Sal y pimienta

Preparación:
  1. Pon a cocer la pasta en agua caliente el tiempo que te indique.
  2. Mientras, en una satén, saltea el ajo en el aceite. Lo retiras y añades el resto de ingredientes. Si lo quieres con más sabor, machaca el ajo y lo añades a la salsa. Salpimienta. Si ves que queda muy espesa, añade leche hasta que tenga consistencia cremosa.
  3. Mezcla con la pasta recién cocida y sirve.

Apple cobbler clásico con manzanas de verdad

agosto 30, 2021
“Encuentra algo que te apasione y mantente tremendamente interesado en ello”
Julia Child
"Muchos piensan en cambiar el mundo, pero casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo"
Leon Tolstoi

"La creatividad es la inteligencia divirtiéndose"
Albert Einstein

"La mayor parte de las grandes cosas que ha conseguido el hombre, fueron declaradas imposibles antes de que alguien las hiciera"
Louis D. Brandeis
"Te deseo que estés vivo cada día de tu vida"
Jonathan Swift
"Sé tú mismo. Todos los demás ya están ocupados"
Oscar Wilde
Ingredientes:
  • de 4 a 8 manzanas  dependiendo del tamaño
  • 4 cucharadas de azúcar moreno o panela
  • 1cdta. de canela
  • una pizca de nuez moscada
  • vainilla
  • 1 vaso (de los de agua) de zumo de manzana o de naranja

  • 250ml. de harina
  • 120 gr. de mantequilla
  • 2 cucharadas de azúcar morena
  • 1/2 vaso (de los de agua) de suero de mantequilla (o Yogur natural mezclado con agua)
  • una pizca de sal
  • 1/2 cdta.  de polvos de hornear

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC (170º si es de aire)
  2. Pela y corta las manzanas que mezclarás con la panela, las especias y la vainilla. Mete al horno unos 10 minutos. 
  3. Para la masa, mezcla el harina con el azúcar, la sal y los polvos. Añade la mantequilla em trocitos y con las manos haz migas con esta mezcla. Añade el Buttermilch (suero de mantequilla) y haz una masa homogénea pero algo blanda que suelte pegotes sin dificultad.
  4. Sacamos del hornos las manzanas y añadimos el zumo. Reparte la masa echándola a modo de pegotes por encima. Echa un poquito de panela o azúcar por encima y hornea hasta que veas que tiene un bonito color dorado.

Bizcocho de avena con moras y manzana

agosto 27, 2021
canícula
Del lat. canicŭla.

1. f. Período del año en que es más fuerte el calor.

2. f. Astron. Tiempo en que Sirio, la estrella más brillante de la constelación del Can, aparece junto con el Sol y que antiguamente coincidía con la época más calurosa del año en el hemisferio norte.

3. f. C. Rica, Guat. y Nic. Período de sequía en la temporada lluviosa.
Y mientras la canícula atizó con saña medio hemisferio norte -también mi ciudad que este año no nos dio tregua- los Nobis hicimos las maletas y nos fuimos al Valle de Gastein. Han sido vacaciones con gato a cuestas, en un apartamento situado en la planta baja de una casa requete encantadora en la ladera de Bad Gastein rodeados de cataratas, bosques y senderos. En pleno Alpe de Salzburgo, las montañas de Gastein están llenas de sal, minerales, radón y oro, que aunque ya no se extrae ya se sabe el dicho: quien tuvo, retuvo. 

Hemos paseado por las mismas sendas donde lo hacía la emperatriz Sisi que fue visitante asidua en busca de las terapias curativas de aguas termales y radón, un extraño capricho de la naturaleza que hace de forma natural -sin exposición directa al radón por supuesto- que los vapores cálidos de sus aguas termales alivien el dolor en huesos y articulaciones, mejoren afecciones respiratorias, inmunológicas y de la piel entre otras enfermedades. El Kaiser Wilhelm también se apuntó a los veranos curativos y su palacio, que aún se conserva a modo de hotel, se encontraba a pocos metros de nuestro nidito familiar: sí, con gato. Menuda aventura para nuestro peludo.  


Porque mientras nuestro Pinky winky -Pinky a secas también vale- sufría las penurias del traslado y se peleaba con las ardillas de nuestro sendero -y hasta con un ratoncillo que se coló en la casa- nosotros nos dedicamos a pasear como posesos por el sinfín de rutas para senderistas, amateurs o experimentados que para todos había caminos, disfrutando de las temperaturas suaves amigas de salir de casa con un jerseicito y de esa humedad constante producida por las cascadas que dejan la piel y el pelo suaves y brillantes. Sé que parece un anuncio de Fa pero sin limones del Caribe aunque si miras las fotos del lugar verás que no exagero en absoluto.

Y aquí viene la parte más increíble de nuestras vacaciones. Mientras nosotros paseábamos y debatíamos sobre la gran semejanza entre el Gran Hotel Europa y el El Gran Hotel Budapest de Wes Anderson, en casa nos estaban reformando la cocina. Así son los austriacos, de fiar para estas cosas. Al regresar 10 días después, la reforma estaba finalizada y todo muy dignamente limpio y recogido.  
 

Sí, regresamos a la canícula de nuestra ciudad a recolocar la cocina y limpiar el polvo que se incrusta por todas partes tras una obra pero con las pilas cargadas y  el sistema inmunológico y emocional a tope. Por supuesto, había que estrenar el horno. Ajá, pese al calor pero ¡cómo resistirme!
Ingredientes:
  • 200gr. de avena
  • 150ml. de zumo de naranja o de manzana
  • 100gr. de harina (usé espelta)
  • 1cdta. de polvos de hornear
  • una pizca de sal
  • 115gr. de mantequilla
  • vainilla
  • 100gr. de azúcar normal 
  • 100gr. de azúcar morena
  • 2 huevos
  • fruta: moras y manzana a tu gusto
  • un poco de azúcar y copos de avena para espolvorear

Preparación
  1. Precalienta el horno a 180ºC (o 170º si es de aire)
  2. Muele la avena. Si no, remójala en el zumo un par de horas hasta que se haga una pasta.
  3. Empieza mezclado los ingredientes húmedos: huevos, azúcar, vainilla, mantequilla y el zumo (o la papilla de avena en su defecto). Después, los secos: harina, avena molida (si no la has hecho papilla), sal y los polvos de hornear. 
  4. Extiende la masa en un molde rectangular y coloca las moras y la manzana cortada en trocitos menudos. Espolvorea algo de azúcar y de copos de avena por encima. Hornea hasta que tenga un bonito color dorado en la superficie.

Calabacín aliñado

julio 27, 2021
Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
Julio Cortázar
Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer.
Plutarco
El amor se hace con el corazón y se deshace con los sentidos.
Emilio Salgari

Hay que saber que no existe país sobre la tierra donde el amor no haya convertido a los amantes en poetas.
Voltaire
No hay que morir por el otro, sino vivir para disfrutar juntos. Jorge Bucay
Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando. Rabindranath Tagore


Ingredientes:
  • calabacín
  • 1-2 ajos dependiendo de la cantidad que vayas a hacer
  • 1 limón
  • un manojo de perejil
  • aceite de oliva
  • sal

Preparación:
  • Corta el calabacín en láminas (o en rodajas si lo prefieres). Los asas en una sartén o grill con un poquito de aceite de oliva y los salas un poquito.
  • Mientras, tritura o machaca en el mortero los ajos y el perejil con el limón, sal y aceite de oliva.
  • Pon el calabacín en una fuente y añade el aliño. 

Pastel de ruibarbo y frambuesa con chocolate blanco

julio 19, 2021
Hay un señor mega rico que sabe mucho de google -porque entre otras cosas lo creó él- que dice que solo una de cada diez fotos tomadas son vistas más de dos veces pasado un año. Es decir, que nos importan un comino; o se nos olvidan; o estamos tan centrados en retratar el ahora que no sacamos ratos para rememorar los buenos momentos vividos; o no sé. Esto lo ha llamado "the limbo of memories", fotos a la sombra en nuestros recuerdos a modo de trozos de vida que solo son útiles ese preciso instante en que las posteamos en espera de likes y más seguidores.

Porque de forma alarmante, cada vez esto es más común. Si bien aún existe gente como mi suegra, que hace mil fotos constantemente para luego guardarlas en memory cards por los siglos de los siglos, la tendencia es compartir nuestras cosas en redes tipo Instagram donde hacemos públicos nuestros momentos que, tan pronto como son publicados, pasan al olvido dejando sitio al siguiente instante de nuestra vida que busca más el impacto en los seguidores que el disfrute de quién lo vive. 

Sí. En estas estamos. La felicidad, si la hubo, pasa al limbo instantáneamente despersonalizando irremediablemente las experiencias y las vivencias que nos hacen únicos en el mundo. A cambio, nos aferramos a patrones de imitación intentando estar a la altura de los micro-influencers que triunfan en redes y nos olvidamos de ser nosotros mismos.

A un tuitero le leí que el 83% de los jóvenes en Instagram dice sentir cierta ansiedad antes las stories de los demás -vaya, que da agobio el postureo ajeno- y que sus usos van más centrados en publicar lo suyo que en mirar lo demás. Pero para que no se note, se hacen rondas rápidas de likes a seguidores para quedar bien y así forzar a que te devuelvan el clic al corazoncito, y a lo tonto, nos volvemos adictos al like hueco, insensible y narcisista.

Así estamos. Las consecuencias están aún por ver. Nos encontramos ante la idea de felicidad más triste y vacía de la historia. Hemos marquetizado la bondad, desdibujado el amor, falsificado nuestras relaciones y dejamos al aire nuestra autoestima que se cimenta por el número de seguidores y de likes.

Es por esto, que Instagram no termina de cuajarme. Lo intento pero me despego cada dos por tres. Lo uso a mi aire. No, mejor dicho, lo uso para airear las publicaciones del blog, mi faro personal donde llevo tanta vida guardada, donde me he refugiado en los buenos y los malos tiempos. Donde siento tan cerca a mis hijos y mi mundo. Tú ves recetas e historias; pero yo veo la manita del pequeño siempre robando lo que pilla; o a Gü respirándome en la nuca al acecho de hincarle el diente; o a mi mayor, alimentando la esperanza de que, cuando por fin vuelva a casa, le tengo que hacer todas estas cosas ricas :-) Y mira, sin likes y tan contenta.

Este pastel lo he hecho con ruibarbo y con frambuesas, pero funciona con cualquier otra fruta que te guste: manzanas, moras, albaricoques, peras... a tu aire.
Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 140gr. de azúcar
  • vainilla
  • 100gr. de mantequilla
  • 80ml. de buttermilch (o yogur natural mezclado con agua)
  • 150gr. chocolate blanco
  • 250gr. de harina
  • 50gr. de almendra molida
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • Fruta: ruibarbo y frambuesas o lo que más te guste

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Derrite la mantequilla y el chocolate blanco. Espera a que temple un poco pero que esté muy cremoso. Añades los huevos, el azúcar, la vainilla y buttermilch, batiendo hasta que está bien ligado. Añade la harina y los polvos de hornear. 
  3. Pasa la masa a un molde de unos 30cm de base. Pon las frutas troceadas por encima y hornea hasta que tenga un bonito color dorado por encima. Sirve en frío.

Zumo de flor de sauco y fresas

junio 29, 2021
María pasó mucho tiempo pidiendo un banco a su alcalde. Un banquito donde descansar cuando sale a pasear porque la vejez le ha llegado torcida, con una artritis de padre y muy señor mío. Se cansa rápido y el dolor la impide caminar mucho. Si por lo menos en su calle tuvieran un banquito donde sentarse, se animaría a salir más a menudo pero le da fatiga solo de pensarlo. En el cabildo no le han dicho ni que sí ni que no. Que ya dirán. Y así, a lo tonto, la cosa iba para más de un año. Y a Manuel, su esposo, le llevaban los demonios tanta inercia municipal. "Pero que carallo" se dijo. "Si no hace falta nada pomposo ni majestoso, solo un lugar donde María pueda descansar un rato de tanto bastón y disfrutar un poquiño de la calle".

El hombre comenzó a trabajar con once años como aprendiz en una carpintería. Se le daba bien, por lo que rápido se ganó fama de buen tornero. A los 22, ya había ahorrado lo suficiente "para casar, facer unha casa e comprarlle dúas vacas á miña nai". La vida les trató bien. Manuel prosperó a la antigua, trabajando como un mulo lo mismo que su mujer. Y ahora, después de tanta faena -la de toda una vida- no le parece mucho pedir un banco donde poder descansar con María un ratiño cada día.
Pero donde hubo, retuvo. Así que se pasó a la alcaldía por el forro y se dispuso a construir él mismo un banco para María. Se compinchó con el cristalero quien le dejó poner su banquito junto al escaparate; en la ferretería hizo acopio de maderos, tuercas, tornillos y poco más. Y para que la sorpresa fuera bárbara, montó el banco de noche lejos de ojos indiscretos. 

Ahora mismo está en una calle de A Estrada sin lijar en fino y sin barniz. No tiene florituras, salvo una inscripción que dice "Respeten. Para mallores". Y así está siendo porque a pesar de lo concurrido, el banco de María siempre tiene paisanos jubilados reposando sus fatigadas posaderas. Ha sido la sensación del barrio. Digo, de toda Pontevedra. Tanto que le han pedido que haga más pero Manuel no quiere. Está cansado de trabajar, demasiados años encima. Hay cosas que solo se hacen por amor. Un beso, un abrazo y la felicidad de María. Por nada más.
Hay tres cosas que marcan las primaveras austriacas: el ruibarbo, la recogida de las fresas y las flores de sauco. El ruibarbo  es el primero en llegar  ya que comienza a crecer tan pronto se retira la nieve. Las flores del sauco vienen casi a la par que las fresas aunque todo depende de si ha sido una primavera calurosa o tardía. Las flores, deben cogerse cuando acaban de abrir, ni antes ni después. Se marchitan rápido así que no hay que hacerlas esperar. Hay que ser muy paciente durante todo el año para disfrutar de las flores fritas y puede que por eso nos saben tan ricas. Según se recogen, el ritual marca que las flores más bonitas se guardan para freír y el resto para macerar los jugos. Ya publiqué el clásico, simplemente con un poco de limón. Este, con fresas recién cogidas, es de las cosas más ricas y más naturales que he probado. Sabor intenso, a casero y a naturaleza.

Por cierto, las fresas funcionan así: el granjero las planta, avisa en facebook que ya están listas y todos los paisanos vamos en peregrinación con nuestras cestas a recolectar nosotros mismos. El precio por kilo este año es de 4€, más barato que el en super que las cobran a 5€. En el mercado de granjeros las venden a 8€, Ahí queda. 


Ingredientes:
  • 500gr. de fresas
  • Unas 10 flores de sauco
  • 500gr. de azúcar
  • 2 cditas. de ácido cítrico
  • unos 150ml. de agua

Preparación:
  1. En un bol, machaca las fresas, añades el azúcar, el ácido cítrico, las flores de sauco y finalmente, el agua. Deja que repose unas 12 horas en el frigorífico.
  2. Una vez macerado, lo cuelas con un paño limpio. Hierve  el zumo un par de minutos a fuego fuerte. Lo dejas enfriar y listo para consumir

Pelotas de calabacín y pan rellenas de queso

junio 15, 2021
Esta historia que te voy a contar es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. O casi. En 1995, en Pittsburgh, un tipo llamado McArthur Wheeler atracó un par de bancos a cara descubierta sin importarle ni un rábano que las cámaras de seguridad le hicieran un par de primeros planos de su geta. Claro, le pillaron rápido. Él negó los robos, la policía le enseña las grabaciones y aquí el tipo flipa en colores: "No puede ser, pero si me froté la cara con zumo de limón". La policía, alucinada, no da crédito a la historieta que les cuenta el Wheeler:

Resulta que estaba de cháchara con unos colegas, imagino que dándole a la maría o algo peor, y así a lo tonto empezaron a tomarle el pelo. Le contaron que había una manera infalible de hacerse invisible ante cualquier cámara. Del mismo modo que el zumo de limón funciona como tinta invisible, también evita que una cámara te retrate. "Menudo chollo" pensó el mendrugo y para estar seguro hizo una prueba con una polaroid antes de planificar el atraco. En este punto del interrogatorio, la policía pudo constatar que además de zote, el ladrón era un inútil total para la fotografía.

Este suceso llego a oídos del Profesor David Dunning, que se dedicaba a la psicología en una universidad de N. York y junto con uno de sus alumnos -un tal Justin Kruger- idearon un estudio curioso; ¿La incompetencia es tonta o es la tontuna la que nos hace incompetentes? No lo plantearon así con estas mismas palabras pero el test iba por estos derroteros. El caso es que hicieron un montón de pruebas de distinta naturaleza: de aritmética, razonamiento lógico, humor... hasta tiro al plato. En fin, un poco de todo. En todas ellas, quedaba de manifiesto que la gente que tenía menos conocimiento del tema era la que más alto se valoraba así misma y tendía a menospreciar al resto. En cambio, los altamente cualificados eran más críticos consigo mismos y tendían a valorar con holgura a los demás.
Y es que, como decía el Profesor Dunning, si eres incompetente no puedes saber que no eres competente. Cierto. Pero claro, los dilemas, sudar la gota gorda y las meteduras de pata que todos acaudalamos con los años, nos van templando los humos aunque de niños tendemos a escuchar mal los consejos y aprendemos a las bravas, a golpetazo limpio. A la que uno crece, le damos más vueltas a las cosas, supongo que valoramos mejor el esfuerzo,  y eso hace que nos cuestionemos más a menudo nuestras capacidades aunque lo cierto es que seguimos aprendiendo como cuando éramos críos, a golpe de errar y darnos con nuestra incompetencia de narices. 

Pero no todos ¿verdad? Qué pasa con esa gente que tiene complejo de superioridad, que no admite sus errores y siempre culpabiliza a los demás o simplemente desacredita los méritos ajenos haciendo de menos y ninguneando al personal. Qué pasa con estos personajes que todo lo saben pero de nada aprenden. Ni escuchan y aún así dicen conocerte mejor que nadie. Y para demostrar sus premoniciones, te van poniendo zancadillas por el camino para que todos vean que él tiene razón y tú eres un patoso inmundo. ¿Son simples zotes víctimas de su propia ignorancia o arrogantes empedernidos que prefieren sacrificar sus virtudes con tal de seguir alimentando su ego?

Ahí lo dejo porque no sé la solución. No sé si esta peña tiene remedio. Lo que sí sé, es que lo mejor que se puede hacer en la vida, es arrimarse a la gente que nos inspira, comparte sus experiencias, nos enseña y si encima nos aprecia, pues mejor aún. A los que nos hacen sentir pequeños e insignificantes y nos dejan siempre encima ese tufillo de ir defraudando por el simple hecho de existir... ainsss, noooo, a estos mejor de lejos que dan mucha fatiga. A disfrutar que es el "plan" de cada día :-P

Ingredientes:
  • 600gr. de calabacín rallado o picado
  • 200gr. (puede que algo más) de pan viejo en trocitos menudos
  • 70gr. de queso parmesano
  • 1 huevo
  • Ralladura de limón
  • Nuez moscada
  • Sal y pimienta
  • Queso de sabor suave que funda bien (mozzarella, gouga, manchego, etc.)
  • Pan rallado para empanar
  • Abundante aceite para freír

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes (menos el queso y el pan rallado) en la procesadora de alimentos. Si no tienes trituradora, lo mezclas a mano con el calabacín rallado y el pan en trozos pequeños. Deja que repose en un lugar fresco unos 15 minutos para que el pan pueda absorber los líquidos. Tiene que quedar una masa manejable. Si la ves muy blanda, añade un poco de pan rallado y vuelve a dejar reposar.
  2. Coge de esta masa con una cuchara sopera y haz una pelota. Le introduces un trocito de queso y la rebozas en pan rallado. Si no quieres complicarte la vida, puedes hacerlas sin rellenar de queso porque también salen estupendas.
  3. Pon abundante aceite (preferible de oliva) a calentar y fríe cada pelota. Una vez frita, deja que elimine exceso de aceite sobre un papel absorbente de cocina. Listo

Zumo de ruibarbo y limón

junio 10, 2021
clasismo
1. m. Actitud o tendencia de quien defiende las diferencias de clase y la discriminación por ese motivo.

Este es uno de los "ismos" que más repelús me da; por lo que conlleva implícito y por el inmenso daño que hace a la sociedad. Estamos ante el sinónimo absoluto de lo asocial en el más amplio sentido y por supuesto, en todos sus contextos.

La discriminación de clase nos acompaña desde que el mundo es mundo porque los mamíferos que nos movemos en manada hemos menospreciado al débil por puro instinto de supervivencia y por aquello de afianzar la evolución como especie. Hasta aquí, genial. Pero mira tú, que una vez evolucionados y consolidados como dominantes, hemos seguido dando vueltas de tuerca al concepto por los siglos de los siglos. Y aquí estamos, haciendo récord de colectivos que por activa y por pasiva no buscan más que destacar a costa del vecino, ya sea por aires de grandeza, de costumbres, ingresos, raza o religión. O todo junto.

Tendemos a creer erróneamente que el clasismo es elitismo puro y duro pulido por los poderosos para enriquecerse a costa del pobre. La cosa es más perversa; hay clasistas que no tienen ni un céntimo pero que se enrocan entre los suyos para conseguir favores y abrirse camino beneficiándose de mala manera. Esta es la consigna por la cual las aristocracias cayeron ellas solitas asfixiadas en su propia caspa frente a una burguesía más o menos trabajadora que se abrió paso por sus propios medios. Si María Antonieta y los suyos hubieran ayudado al pueblo hambriento en vez de mandarlos a comer brioche, tal vez otro gallo hubiera cantando. Pero los privilegios son ciegos, zotes y gazmoños. Son ambiciosos pero sin despeinarse, que se deslome la masa que para eso está, para hacer bulto. Y para que la empatía no les traicione con sentimentalismos, los clasistas son especialistas en discriminar, algo que a muchos se les escapa de las manos, convirtiendo recelos y desprecios en auténticas doctrinas de odio.
¿Sabías que el primer legado escrito sobre la lucha de clases nos lo dejó Maquiavelo? Ah, sí, pero no te adelanto nada porque Don Nicolás merece un post propio. Sí, también con ruibarbo. Lo prometo. La cuestión, es que por mucho que luchemos por nivelar las clases sociales parece una batalla perdida y a la realidad me remito. ¡Observa el mundo! está desquiciado. El clasismo -mira si es necio- se ampara en privilegios que solo quiere para los suyos. Y no caigas en la trapa de pensar que esto es cosa de gente de derechas. Para nada, y ten claro que el buenismo -como buen "ismo"- es clasismo de pura raza a expensas de la cuerda con la que se columpie.

Las democracias dicen "todos los ciudadanos tenemos derecho a la igualdad sea cual sea nuestra naturaleza". Error. Deberían cambiar ese derecho por un "tenemos la obligación" de ser iguales y así, deslegitimizando los privilegios de los poderosos, suprimiendo sus ventajas socio-político-económicas, nos iba a ir a todos mucho mejor.

Pero ni de coña. ¿Has oído hablar del efecto Dunning-Kruger, eso de que cuanto menos sabemos más listos nos creemos? Pues ahí tienen respuesta casi todos los "ismos" sociales. Incluido el de moda, el negacionismo Covid promovido por el movimiento antivacunas que se ampara en razones que la evidencia científica desmonta sin apuros pero que da igual, porque para qué creer en la ciencia habiendo videos en Tic Toc donde nos muestran como se pegan las cucharas al cuerpo de las personas vacunadas. Yo ya tengo la primera dosis y a mí lo único que se me pegan son las sábanas cada mañana. Pero como dijo Groucho ¿A quién vas a creer, a mí o a tus propios ojos?

Pero lo más terrible de este grupo es que nos atribuyen a los oficialistas -como nos llaman- el pecado del miedo. Más de una década llevo escuchando lo de "vacunas a tus hijos porque vives con miedo" afirmación curiosa cuando nunca me han preguntado a mí el porqué lo hago. Aún así, les contesto: porque mi hijo pequeño es más resistente que el tuyo y cuando, por ejemplo, hay epidemia de meningitis no tengo nada que temer. Me vacuno contra la Covid para estar tranquila yo y con este acto, colaborar con toda la sociedad a parar tanta muerte y enfermedad. Llevo mi máscara y respeto la distancia social, para ayudar a no extender un virus que ha colapsado los hospitales y ha llevado a la muerte a mucho personal médico que no merecía morir. Porque estoy segura que algo se podría haber evitado si no os creyerais invencibles, por encima de los demás, porque sois seres tan super desarrollados emocionalmente, que con una dieta alcalina y meditación en plan biodescodificación os pensáis que no vais a enfermar. Mira, no seré yo quién lo niegue: puede que tú no mueras pero lo que si estoy segura es que con esa actitud tú y tu negacionismo habéis condenado a mucha gente a morir. Y eso es imperdonable.
Ingredientes (para 1/2 litro de zumo concentrado)
  • 600gr. de ruibarbo
  • 2 limones grandes
  • 400gr. de azúcar morena
  • 300ml. de agua aproximadamente

Preparación:
  1. Pon en una cacerola todos los ingredientes menos el agua (el ruibarbo en trozos y el limón en rodajas con piel) y deja que cueca unos 10 minutos. Agrega el agua, retira del fuego y deja que enfríe.
  2. Retira las rodajas de limón, tritura el ruibarbo y pásalo por un colador.
  3. El zumo que obtienes, es un poco espeso aún. Ahora debes colarlo a través de un paño limpio de lino o algodón.
  4. Sírvelo a una proporción de 1 parte de zumo por 3 agua (o soda o gaseosa)

ME APETECE

 
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