Bizcocho de nata integral con albaricoques (Marillen-Dinkelkuchen)

Tengo de aquí al fin de semana para descomprimirme de todo lo que le pasa al mundo. Tengo una quemazón brutal y una vez más, siento que debo coger distancia y soltar algo de rienda a todo lo que pasa. Me voy a Italia en unos días y créeme si te digo que tuve un cargo de conciencia brutal cuando reservamos el hotel. Con la que está cayendo en el Mediterráneo y nosotros nos vamos a lucir panza al sol, a untarnos kilos de crema solar y a comer toda la pasta que nuestros intestinos aguanten. Supongo que ésto me convierte en una ridícula burguesa de doble moral que adoctrina el resto del año desde su sofá pero para cuando llegan las deseadas vacaciones, todo ese empeño se disipa como quien abre y cierra un paréntesis, corre un tupido velo o simplemente echa montoncitos de arena sobre aquello moralmente incómodo. Sí. Puede ser, pero no quiero verlo así.
Lejos de justificar mis caprichos o excesos con un "disfruta que te lo mereces" por razones obvias, porque los pobres también merecen, y la gente que no tiene oportunidades también, así como los que deben renunciar por fuerza mayor... decía, lejos de justificarme, sigo sintiendo que no deseo sentirme culpable por lo que tengo. Muy al contrario, soy muy consciente de mis privilegios y mi respeto más básico hacia el ser humano me dice que no pierda el tiempo en angustiarme por lo que tengo sino en seguir pidiendo a la vida que de a los demás tanto como yo poseo. Ni más ni menos porque aunque no calzo una vida de lujos ni me puedo permitir gastar sin haber ahorrado antes quitándomelo de otro lado, dispongo de todos los ingredientes para ser feliz, vivir segura y sobre todo protegida. 

Y ésto es lo que pido a los gobiernos y a las administraciones; que luchen contra la pobreza, contra la desigualdad, que sean estandarte moral sobre derechos humanos y que sepan estar a la altura. Y sobre todo, que algunos gilipuertas no se crean con el derecho moral de hacerme sentir culpable por tomarme unas vacaciones. 


Ingredientes:
  • 4 huevos
  • 140gr. de azúcar
  • 250ml. de nata
  • vainilla
  • ralladura de limón
  • 200gr. de harina integral de espelta
  • 150gr. de harina de espelta
  • polvos de hornear
  • 300-350gr. de albaricoques
  • azúcar glas para espolvorear

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. En un bol mezcla, por un lado, los ingredientes secos: las harinas, el azúcar, los polvos de hornear, la ralladura y la vainilla. Mezcla ligeramente los huevos con la nata y mezclas todos los ingredientes juntos.
  3. Corta y deshuesa los albaricoques. Coloca la masa en un molde o bien engrasado o forrado con papel y dispón de los trozos de fruta por toda la superficie.
  4. Hornea hasta que veas que el centro del bizcocho se sostiene o si pinchas con un palillo que salga limpio de masa sin cuajar. Deja enfría y espolvorea con azúcar glas.

Zucchini-garbanzo burger

eufemismo
Del lat. euphemismus, y este del gr. εὐφημισμός euphēmismós.
1. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.

Bueno, llegó el momento de afirmar que, eso de "no hay palabras mal dichas sino mal interpretadas", es mentira. O casi. La RAE argumenta algunas definiciones advirtiendo al lector sobre vocablos malsonantes y por muy bien escritas que resulten, es evidente que del mal dicho al mal sonante hay un paso escaso. Tan corto que para, por ejemplo, evitar ciertas palabrotas muy usadas por los parroquianos sin quedar como garrulos potenciales, tenemos una amplia oferta de eufemismos que vienen a decir lo mismo sin pronunciarse a las claras; que te den, a tomar por el pompis, jolines, mecachis, giligaitas... y un innumerable de ingenios lingüísticos creados, adaptados y evolucionados para decir sin todas sus letras improperios, injurias, agravios, desplantes, ofensas o simplemente por hacer la gracia usando el insulto como carta de presentación. Así somos y ya no hay quien nos cambie.
Pero la pedantería también se hace - se hacía- su sitio en estos tinglados. Y es que he leído en este artículo que en algunas ediciones del diccionario académico del siglo XVIII se recomendaba sustituir la conjunción o por u delante de una palabra con d- inicial.  ¿Y por qué? Pues para no malentender al parlante y entender que el aludido estuviera jode que jode con la jodienda. Entiéndase con algún ejemplo: "Hablar, lo que se dice hablar, u de política u de fútbol pero de refinamientos u de amor, ni de Blas" dicho así, sería en fino y en lenguaje camionero la cosa podría sonar: "¿Hablar? pos habla, jodé de política, jodé de fútbol pero de cursiladas y mariconadas ni de coña".

Y con ésto, ¿qué quiero decir? Pues nada. Hablar por hablar pero dejando claro que los eufemismos, después de las palabrotas, son sin lugar a dudas las palabras más usadas por los españoles pese a que más de tres cuartas partes de la población, no tienen ni zorra idea de lo que significa el eufeminismo de los cojones. Con perdón.


Ingredientes:
  • 250gr. de calabacín rallado con piel y sin semillas
  • 300gr. de garbanzos cocidos y triturados
  • 1-2 diente de ajo
  • 1 huevo
  • 2 cdtas. de harina de garbanzo
  • limón y cebollino al gusto
  • especias para pinchos (rojos o morunos. Yo he usado las de Antonio Catalán)
  • pan rallado, el que te admita (4-5 cdas.)
  • Algo de aceite de oliva para freír

Preparación:

  1. Mezcla todos los ingredientes juntos y vas añadiendo tanto pan rallado como necesites hasta que la masa se deje manejar. Deja que repose unos minutos en la nevera antes de formar las hamburguesas.
  2. Pon una sartén a calentar a fuego medio-bajo con un poquito de aceite de oliva. Forma bolas con la masa, las aplastas y las pasas por un poco de pan rallado. Fríe por ambos lados hasta que estén doradas. Servir en pan de hamburguesas acompañadas como más te gusten.

Panzanella o ensalada de tomate y pan

Erase una vez una huerta, ni grande ni chica, ni flamboyante ni esmirriá. De puro normal no merecería ni estas palabras a no ser por el detalle que la susodicha es mía. No todos los años funciona bien. A veces unas cosas tiran y otras no. Otras -las más- el gato del vecino nos descuajaringa el tinglado y este año las víctimas han sido las cebollas que no me preguntes el porqué pero al muy canalla le ha dado por tumbarse al sol encima de las pobres.

Tan así suelen ir las cosas, que este año no tenía ganas de nada. O de casi nada. La primavera llegó tarde y en pleno mes de mayo hubo un par de heladas que dejaron los plantones esqueléticos. Dejé uno de los bancales sin plantar de pura desgana. 
Todo apuntaba que el desastre iba a ser total. Junio llegó lluvioso y nos trajo una colonia de babosas que se zamparon los colirábanos y hasta una mata de pimientos. Los pepinos parecía que no tiraban y salvo las calabazas que se adelantaron una barbaridad, parecía que este año nos iba a tocar comernos los mocos.

Pero llegó el calor y ya no se marchó. La recompensa ha sido una cosecha de tomates maravillosa, de pepinos carnosos a rabiar, de moras, grosellas y albaricoques para dar y tomar. Dicen que a partir del domingo se acabó el verano de los treinta grados, que las cosas volverán a su normalidad y por ende, las noches comenzarán a ser frescas. A mí con que me de tiempo a madurar los tomates y que recojamos las ciruelas antes de irnos de vacaciones, el resto me da un poco igual. Que nos quiten lo baila'o.

Esta ensalada la tenía pendiente de hacer. Günter la vio y se enamoró. Por motivos que aún no alcanzo a saber, estaba dejando pasar la oportunidad que hacerla con las joyas de mi huerta y tuve que vérsela a Macu para desearla a morir. Ya sabes como somos los blogueros; de culo veo, culo quiero. Te dejo enlace a la receta que enamoró al Gü y la de Macu para que veáis que resultona es la tipa.


Ingredientes:

  • Unos tomates para ensalada
  • Unas rebanadas de pan cateo y de la víspera
  • 1 cebolla
  • queso mozzarella
  • 1 diente de ajo
  • Aceite de oliva
  • Vinagre de vino (de Jerez)
  • Albahaca, sal y pimienta
  • Unas aceitunas por encima


Preparación:

  1. Tuesta ligeramente el pan para que le de algo de consistencia pero no en exceso que la gracia está en que el pan chupe el caldito. Córtalo en trocitos.
  2. Trocea el tomate, la cebolla y la mozzarella y lo presentas en la ensaladera junto con el pan y la albahaca picada.
  3. Prepara el aliño con el aceite, vinagre, el ajo machacado, sal y pimienta. Adereza y sirve con unas aceitunas por encima.

Muffins o cake con plátano, avena y nutella. El antídoto contra el fracaso

fracasar
Cf. it. fracassare.
1. intr. Dicho de una pretensión o de un proyecto: frustrarse (‖ malograrse).
2. intr. Dicho de una persona: Tener resultado adverso en un negocio.
3. intr. Dicho especialmente de una embarcación cuando ha tropezado con un escollo: Romperse, hacerse pedazos y desmenuzarse.
4. tr. desus. destrozar (‖ despedazar).

Fracaso. Posiblemente el proceso más oscuro y reprobable del ser humano. Fracasar es no ser nada o algo peor. Es vergonzoso, de flojos, de perdedores, de Don Nadies. Nuestra crianza se cierne con uñas y dientes en apartar nuestros pasos de tan temible circunstancia. Es como esa necesidad brutal de afirmar ante un recién nacido que es listo, precoz y mira como ya lo entiende todo; que qué gordico que está, qué grande, qué hermoso. Como si esa vida no fuera nada sin los abalorios, como si no fuera suficiente milagro que su madre lo alumbrase en buena hora. Ese tufillo que nos acompañará el resto de nuestra vida si no destacamos por encima de los demás, si no superamos la media aunque la definición de "media" nunca quede del todo clara y a veces sientes que es como escalar el Everest y en otras se te antoja como un repecho de tantos que gasta el camino. Y aún así, sin criterios claros en los que medirse uno los humos, se nos tensan las entrañas con tan solo olfatear al susodicho. ¿Es tan terrible, en serio?

Hace unos años, en el Festival de Cine de Slamdance, el cantante Neil Young sostuvo una charla con su amigo Jonathan Demme (el director de El silencio de los corderos y Philadelphia) donde dejó caer un breve pero insuperable discurso sobre el fracaso. Hurgó en la necesidad de afrontar los retos sin miedo, siendo auténticos por encima de todo y capaces de aceptar el fracaso en su forma más amplia y extensa, más allá del arquetipo a modo de castigo por la falta de éxito, entendiendo por tal lo que ya sabemos todos: dinero, poder, popularidad, estatus y poco más. 

Pero Neil Young nunca ha sido una persona normal. Se le condenó al fracaso cuando su discográfica se deshizo de él porque sacrificó su papel de cantante de éxito por el de padre compositor, dedicando al menos un par albums a una especie de música experimental terapéutica escrita para su hijo, que nació con parálisis cerebral. Se ha expresado y ha vivido a su manera, tal y como le pedía el cuerpo y no la fama.  Un hombre dispuesto a darlo todo y como dijo en una entrevista "Es mejor quemarse, que apagarse lentamente".
Aseguráos de darle siempre la bienvenida al fracaso. Decid siempre: Fracaso, encantado de tenerte, ven. Porque así no tendréis ningún temor. Y si no tenéis miedo y creéis en vosotros mismos y os escucháis a vosotros mismos, sois los números uno. Todo lo demás está detrás de vosotros, vuestro nombre está por encima. Es vuestra vida, vuestra película. A la mierda con todo lo demás.
Neil Young.
Tengo un niño de 12 años que no sabe equivocarse, lo que significa que no soporta la idea del fracaso. La consecuencia es que vive constantemente estresado y no saborea los éxitos ya que para él un logro significa "me libré por ésta vez". Intentamos hacerle ver que nadie se libra de los errores, que en sí no significan nada ya que son parte del camino. Que lo importante es afrontarlos y repararlos lo mejor que se pueda. Con honestidad. Su tutora nos dijo que una de las cosas que más valora de nuestro hijo es que no huye de sus responsabilidades, que cuando se presenta con alguna tarea sin hacer no recurre al "es que..." y opta por la dolorosa verdad del adolescente: "se me olvidó, lo siento".
Ilustrar esta definición con una receta no ha sido fácil pero como siempre el destino nos lo pone que ni pintado. Olvidé sacar algunas fotos en el paso a paso, un error que no convierte en fracaso esta delicia de cake o de muffins; o de los dos, porque no hay mejor antídoto contra la adversidad que golosinear en el formato que más te guste puesto que el envase jamás afecta al éxito de la empresa. 


Ingredientes:
(para 6 muffins y un molde de plumcake)

  • 240gr. de harina (usé espelta)
  • 1cdta. (o sobre)  de polvos de hornear
  • 100gr. de azúcar moreno
  • una pizca de sal
  • vainilla
  • 2 plátanos (banana común)
  • 2 huevos
  • 60ml. de aceite suave
  • 125ml de buttermilch (o yogur y agua a partes iguales)
  • 85gr. de avena
  • Nutella al gusto (he usado 4 cdas. colmadas)


Preparación:

  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Pon todos los ingredientes (menos la nutella y los copos de avena) en un bol y haces una crema con ayuda de la batidora eléctrica. Añade la avena y bates otro poco dependiendo de cuanto quieras ligar los copos.
  3. Calienta brevemente la nutella para que esté algo más líquida. Añade la mitad a la masa y la mezclas una chispa intentando que quede definida.
  4. Rellena los moldes (de muffin primero y luego del plumcake) a los que antes habrás cubierto con papel de hornear (los muffins con capsulas de papel estándar). Reparte el resto de la nutella poniendo un poquito sobre cada molde y con un palillo largo o pajita, lo revuelves un poco. Lo mismo haces en el molde de plumcake.
  5. Hornea hasta que estén doraditos por encima. Los muffins se hacen antes. Los sacas y dejas unos 10 minutos más el molde de plumcake a 150ºC. Cuando veas que el centro está firme, estará listo. Ante la duda, lo puedes dejar un poco más. A 150º normalmente no hay mucho peligro de que se tueste.

Pastelitos de grosella

Scott Warren ha sido juzgado en Estados Unidos por suministrar agua, comida y ropa en el desierto de Sonora a los migrantes que intentan cruzar la frontera. Se enfrentaba a una condena de hasta 20 años de prisión pero ocho de los miembros del jurado le han considerado inocente frente a los otros cuatro que le hacían culpable. Juicio nulo. Ocho miembros de ese jurado no han visto delito en su conducta. El sentido común y el sentimiento humano nos dice que Scott, al fin y al cabo, ayudaba a salvar vidas.  Mientras se juzgaba el caso Warren,  el periódico mexicano La Jornada publicaba una foto durísma de los cuerpos sin vida de Óscar Alberto Martínez Ramírez y su hija Valeria de apenas dos añitos, ahogados en el Río Grande. El papá, para evitar que la corriente le arrancara de los brazos a la nena, la atrapó dentro de su propia camiseta y así es como encontraron sus cuerpos flotando en una orilla; abrazados y anudados por un t-shirt negro.

Carola Rackete, capitana del Sea-Watch 3, ha sido detenida en Italia por atracar en el puerto de Lampedusa sin autorización con 40 migrantes a bordo rescatados de una muerte segura en el Mediterráneo. Antes presos que cómplices. Éste es el lema que corre como la espuma por nuestras costas. El open Arms, también se ha declarado en rebeldía. De la cárcel se sale, del fondo del mar no; con estas palabras han desafiado al gobierno italiano y se han lanzado al mar en busca de náufragos. 
Desobediencia civil como única manera de salvar vidas. "Somos la resistencia y vamos a resistir como se pueda", dijo Oscar Camps mientras embarcaba en el Open Arms para proteger a su capitán en caso de correr la misma suerte que Carola Rackete y asumir él mismo -como dueño del barco- toda la responsabilidad de lo que saben que inevitablemente va a pasar. De hecho, nada más echarse a la mar, ya informaban a través de twitter del primer rescate. 40 personas que trataban de llegar a las costas italianas. Había varias mujeres, una de ellas embarazada, y al menos cuatro nenes, uno de ellos tan solo un bebé. He oído de otro barco que lleva días pidiendo atracar en cualquier puerto que se lo permita con un centenar de personas abordo. Esto es lo que hay y lo que habrá.

Así que sí, creo en los héroes. Y en los ángeles. Y hasta en los guardianes de la galaxia que a falta de agujeros negros interespaciales, se lanzan al mar a pescar vidas antes que el Mare Nostrum se las trague. Yo poco puedo hacer, de héroe tengo poco, pero sé que no quiero mirar para otro lado. Porque yo tampoco quiero ser cómplice.  Si piensas como yo, te animo a firmar peticiones y llamamientos, a seguir los pasos de estos héroes y a difundir cada vez que nos lo pidan. Porque con poca cosa, podemos ayudarles a cambiar el mundo.
@UNmigration
@openarms_found
@campsoscar
@desalambre
@MSF_Espana
@phumano
@lamarea_com
@Ethic

PD: hoy se decide en Estados Unidos si se va a repetir el juicio contra Warren o si archivan la causa.



Ingredientes:

  • 2 y 1/2 tazas (cup americana) de harina
  • 1 cdta. de  polvos de hornear
  • 2 cdas. de azúcar
  • una pizca de sal
  • 130gr. de mantequilla muy fría
  • 2 huevos medianos
  • 4 cdas. de buttermilch (o 2 de yogur y 2 de agua fría)
  • 150-200gr. de grosellas mezcladas con 2 cdas. de azúcar
  • algo de azúcar y buttermilch para pincelar
  • glaseado: 3 cdas. de azúcar glas disuelta en unas gotas de limón hasta tener una masa semi-espesa.

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes secos en un bol y lígalos haciendo una especie de migas. Añades los huevos y la mezcla de yogur y agua (o buttermilch) y amasas. Deja que repose media hora en el frigo.
  2. Precalienta el horno a 180ºC.
  3. Extiende la masa sobre la encimera en forma rectangular. Coloca la mitad de las grosellas y pliega la masa sobre ellas. Repite la operación. Tendrás un rulo en forma de strudel. Corta las porciones en triángulo y los dispones sobre una placa de horno forrada con papel de hornear.
  4. Pincela cada bollito, espolvorea con algo de azúcar y hornea hasta que tengan un bonito color dorado. Una vez templados, riegas cada porción con un poco de glaseado.

Tarta alemana de albaricoques

Érase una vez el telescopio. Este aparato, diseñado con mucho ojo por Hans Lipperhey, nos abrió el camino hacia las estrellas. Es verdad que había muchas donde mirar y si mi madre hubiera tenido voz entre los astrónomos les hubiera dicho su frase favorita: "tranquilos que hay para todos". Pero a Galileo, David y Johannes Fabricius, Christoph Scheiner y Thomas Harriot les dio por mirar a todos a la misma estrella; ¡O Sole mio! tuyo no, mío, de eso nada que es nuestro... exacto, se lió parda. Todos ellos observaron manchas en el Sol y todos menos Harriot se pelearon a costa de su descubrimiento a lo "yo lo vi primero, no que yo lo escribí antes pero nosotros ya nos lo imaginábamos desde hacía mucho". Como digo, todos menos Harriot que pasó ampliamente de perder el tiempo en disputas y documentó sin decir esta boca es mía. Hoy en día, como está de moda defender pleitos pobres, hay quien lucha porque se le reconozca el descubrimiento pero -dicho sea todo y que nadie me malinterprete- dime tú, qué más da quién lo vio primero si eso no nos saca de pobres a ninguno. Lo importante de la tajada era interpretar lo que esas manchas significaban y cómo nos afectan a los terrícolas. Y en este asuntillo peliagudo, fue Galileo Galilei quien brillo con más fuerza.

Pero ¿Qué son? ni más ni menos que zonas de bajas temperaturas -para lo que es el Sol- y de intensa actividad magnética. Entonces Galileo no sabía muy bien cómo nos afectaban pero tuvo el buen criterio de dejar registro de la actividad de las susodichas. Otros vinieron después que hicieron lo propio y así es como hoy en día podemos demostrar a ciencia cierta y probada, el efecto de las manchas sobre nuestro planeta. En palabras que entendamos tú y yo y sin mucho perifollo, son estas manchas las que alteran nuestra climatología arrojando a nuestra atmósfera olas de frío, inclemencias, lluvias, sequías, tormentas, tornados y demás catástrofes naturales. El frío destruye las cosechas y sin ellas, la gente no come y enferma. Está constatado que, detrás de las hambrunas, desastres naturales y epidemias que nos han venido azotando a lo largo de los siglos, las manchas solares habían hecho acto de presencia. 
¿No te ha pasado que tan pronto lees sobre el calentamiento global y de buenas a primeras nos hablan de cambio climático plagado de catástrofes? ¿Quién nos miente? Todos y ninguno. El problema es que cada cual interpreta lo que quiere y diagnostica a su libre albedrío. Que el planeta se calienta es normal, vamos, lo suyo teniendo en cuenta que estamos saliendo de una glaciación que por cierto aún no ha finalizado. ¿Es malo? pues no, para el planeta es su ciclo normal y para nosotros sería estupendo. Clima estable, vegetación a saco y salvo por la influencia de las manchas no sufriríamos ni sequías ni inundaciones ni gaitas. El paraíso. ¿El calentamiento global por culpa de la degradación y la contaminación tiene el poder de revertir o modificar la glaciación o las manchas solares? pues tampoco. Contaminar los océanos, las ciudades y el aire no afecta al clima sino a nuestro hábitat. Sin él, sin una vida ecológicamente hablando sostenible, vamos a vivir de puta pena, muchos morirán y otros vivirán tan mal que desearán estar muertos. Pero no será el fin de nuestra especie. No hay evolución sin adaptarse a la vida. Ya sabemos que la clave está en consumir menos y solo aquello que seamos capaces de reciclar y reforestar. Tenemos los medios. ¿Y qué hacemos? Nada. Proclamamos el día mundial bajo el lema de "un día sin plástico" y asunto resuelto. Sabemos que las olas de frío vendrán una y otra vez y que si no lo remediamos, miles (millones) de personas seguirán muriendo por falta de auxilio. ¿Y qué hacemos? Nada. Porque el modelo socio-político y económico que tenemos es el enemigo. Es quién nos ha metido en esta espiral de mierda e inmundicia y a la vista está que le importa un comino quienes mueran por el camino.

Falto a la verdad si no añado, como punto y final a este discurso, el segundo factor más importante que nos va a mermar sin remedio: el agua, pero ésta es otra historia. Hoy la receta se la dedicamos al rey sol que tanto nos da y nos quita.
¿Cuál es el costo de las mentiras? No es que las confundiremos con la verdad. El verdadero peligro es que si oímos suficientes mentiras luego no reconoceremos la verdad. ¿Y qué se hace ante eso? Solo nos quedaría abandonar la esperanza de la verdad y conformarnos, en su lugar con historias. En estas historias no importa quiénes son los héroes. Solo queremos saber a quién culpar.
(dicho en la serie Chernobyl)


Ingredientes para la base:
  • 200gr. de harina
  • 120gr. de mantequilla fría
  • 50gr. cacao puro
  • 60gr. azúcar
  • una pizca de sal
  • 1 huevo

Para el relleno:
  • 400gr. de albaricoques
  • 3 huevos medianos
  • 400ml. de sauerrham (o mitad crème fraîche y yogur)
  • 120gr. de azúcar
  • 30gr. de maicena
  • vainilla

Preparación:
  1. Mezcla todos los ingredientes juntos en un bol hasta que tengas una masa lisa y jugosa. Si está algo seca, añade un para de cucharadas de agua fría.
  2. Lava, deshuesa y corta los albaricoques en cuartos.
  3. Con ayuda de la batidora, mezcla el resto de los ingredientes.
  4. Calienta el horno a 180ºC. Forra un molde engrasado en mantequilla con la masa de chocolate. Vierte la crema y coloca los albaricoques sobre la superficie. Hornea hasta que coja color doradito por encima. Una vez frío y antes de servir, espolvorea un poco de azúcar glas por encima.

Tortillas de harina Pan y pupusas

ojalá
Del ár. hisp. law šá lláh 'si Dios quiere'.
1. interj. Denota vivo deseo de que suceda algo.
Palabra preciosa y escueta, que se define con poco pero se expresa a sus anchas, sin limitaciones, ni lógica, ni controversias. Por mi parte, solo imploro a aquellos que la invoquen, para que siempre lo hagan con dignidad y respeto, hacia sí mismos y hacia el prójimo sin fealdad ni mala uva. Que nadie la use la para atraer el mal o la muerte, ni en serio ni en broma. Que, si los dioses quieren y los humanos también, llegue el día en el que la RAE modifique esta definición afinando su sentido: Denota vivo deseo de que suceda algo bueno. En esta esperanza, a mí solo me queda pedir perdón por las veces que la usé en la desesperación, deseando que la tierra me tragara o algo peor. Perdón Ojalá, no te lo merecías.

Querido Stig: Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

(Eduardo Galeano, agradecimiento al recibir el premio Stig Dagerman)
Y creo poder decir sin equivocarme en exceso, que casi todos los ojalás importantes a tener en cuenta son alimentados de cosas sencillas. Es por ésto, que he querido estar a la altura de las circunstancias y me decido por fin a publicar  estas tortillas de harina de maíz precocido que son la base de la alimentación centroamericana y mexicana. Tortillas, gorditas, arepas... crisol cultural y herencia vieja de manos precolombinas que si en algo enturbia su larga historia son esas disputas existentes a cuenta de su origen y derechos de procedencia. Las llames como las llames, más gorditas o más finas, rellenas -llamadas pupusas- o liadas o sin liar, decía, las llames como las llames son alimento de dioses y el sustento del pobre.

NOTA: Las pupusas (la segunda foto de este post) suelen rellenarse de queso o de frijoles y se acompañan de curtido salvadoreño (un macerado de col, zanahoria y cebolla roja aliñado con agua, vinagre, orégano y sal). Yo las he hecho de queso. La elaboración la detallo para las tortillas rellenas porque las sencillas tienen el mismo proceso saltando el paso del rellenado)



Ingredientes:
  • 2 tazas de harina Pan (harina de maíz precocido)
  • 2 y 1/2 tazas de agua templada
  • 1/2 cucharadita de sal
  • queso que funda bien para rellenar (para las pupusas)

Preparación:

  1. Mezcla todos los ingredientes y forma la masa.
  2. Haz bolitas de 100 gr. cada una.
  3. Si las rellenas de queso, mójate las manos y haz un hueco en el centro ahuecando bien la masa. Pon una pequeña porción de queso y cierra formando de nuevo una bola.
  4.  Coloca una bola entre 2 trozos de papel de hornear para evitar que se peguen. Presiona con una sartén o cazo y aplasta la tortilla.
  5. Calienta una sartén a fuego medio-alto y ve cociendo cada torta.

Roscos de naranja y ron

estúpido, da
Del lat. stupĭdus.
1. adj. Necio, falto de inteligencia. U. t. c. s.
2. adj. Dicho de una cosa: Propia de un estúpido.
3. adj. estupefacto.

“Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.” Oscar Wilde

"Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro." Albert Einstein

“Debe valorarse la opinión de los estúpidos: están en mayoría.”  León Tolstói

“La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás.” Voltaire

"El hombre más irremediablemente estúpido es aquel que ignora su sabiduría."Isaac Asimov

"La estupidez insiste siempre." Albert Camus

"La crueldad, como la estupidez, cuanto más adornadas son más detestables." Pío Baroja
Y mientras siga muda, sin palabras que compartir, seguiré tirando de letras prestadas, robadas u olvidadas susceptibles de ser copiadas y pegadas por la rosca. Estas son de naranja, con harina de espelta, un poco de ron y bastantes huevos para conseguir una miga blandita y esponjosa. La masa es bastante húmeda por lo cual se deforman un poco a su antojo pero merece la pena el sacrificio.


Ingredientes:
  • 450gr. de harina de espelta (más la que necesites para trabajar los roscos)
  • 50gr. de maizena
  • 80gr. de azúcar (puedes poner un poco más)
  • una pizca de sal
  • algo de vainilla
  • 2 cdtas. de polvos de hornear
  • 3 huevos
  • 1/3 de vaso de ron
  • 1/3 de vaso de zumo y ralladura de naranja
  • 1/3 de vaso de aceite suave


Nota: el vaso de referencia es de 200ml.

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes en un bol y amasa con ayuda de unas varillas eléctricas si así te es más cómodo. Si vas a amasar a mano ayúdate de una espátula. La masa tiene que quedar algo pegajosa porque al reposar se pondrá más dura al desarrollarse las harinas. Deja que repose por lo menos 1/2 hora.
  2. Pasa la masa a la encimera enharinada, extiende con el rodillo y corta círculos con el borde de un vaso o un cortagalletas. Para recortar el centro vale desde un tapón de botella o como yo, con el extrae corazones de las manzanas. Para agrandar el hueco, haz girar la rosquilla con el palo de una cucharada de madera (mira la imagen)
  3. Pon a calentar el aceite y cuando esté lo bajas a fuego medio para evitar que las rosquillas se tuesten por fuera quedando crudas por dentro. Las fríes por ambos lados y las dejas sobre papel absorbente para retirar el exceso de aceite. Las pasas por el rebozado aún calientes. 

Pastel de choco, granadas y crema

Renunciar a la filosofía significa renunciar a pensar. La filosofía es un pensamiento meditativo, que se distingue del pensamiento calculador. Hoy el pensamiento se asimila cada vez más al cálculo. El pensamiento calculador da continuidad a lo igual. La palabra alemana para meditar, sinnen, "darle vueltas a algo", significa originalmente "viajar". Por tanto, en un sentido enfático pensar es dar vueltas, viajar. Es estar en camino hacia otro lugar. El pensamiento meditativo y filosófico es el único capaz de engendrar algo totalmente distinto.

 Hoy no hay ninguna multitud cooperante, interconectada, capaz de convertirse en una masa protestante y revolucionaria global. Por el contrario, la soledad del autoempleado aislado, separado, constituye el modo de producción presente. Antes, los empresarios competían entre sí. Sin embargo, dentro de la empresa era posible una solidaridad. Hoy compiten todos contra todos, también dentro de la empresa. La competencia total conlleva un enorme aumento de la productividad, pero destruye la solidaridad y el sentido de comunidad. No se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.
 Ya no es posible la amabilidad desinteresada. En una sociedad de recíproca valoración también se comercializa la amabilidad. Uno se hace amable para recibir mejores valoraciones. También en la economía basada en la colaboración predomina la dura lógica del capitalismo. De forma paradójica, en este bello “compartir” nadie da nada voluntariamente.

Hoy tenemos mucho que decir, mucho que comunicar, porque somos alguien. Hemos perdido el hábito tanto del silencio como de callarnos... a digitalización aumenta el ruido de la comunicación. No solo acaba con el silencio, sino también con lo táctil, con lo material, con los aromas, con los colores fragantes, sobre todo con la gravedad de la tierra. La palabra humano viene de humus, tierra. La tierra es nuestro espacio de resonancia, que nos llena de dicha. Cuando abandonamos la tierra nos abandona la dicha.

Byung-Chul Han.


Ingredientes:
Para el bizcocho:
  • 3 huevos
  • 120gr. azúcar
  • vainilla
  • 140ml. de zumo de granada 
  • 140ml. de buttermilch (o mitad yogur, mitad agua)
  • 60ml. de aceite suave
  • 3cdas. de cacao
  • 200gr. de harina común
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • mermelada de grosellas para rellenar

Para macerar la granada:
  • 1 granada 
  • 1 taza de té de zumo de granada
  • 1/2 taza de té de azúcar moreno

Para la crema:
  • 250ml. de nata para motar
  • 2 cdas. colmadas de azúcar glas
  • vainilla
  • 250gr. de queso crema (tipo philadelphia)

Preparación:

  1. Para macerar la granada: en un cazo, pon a hervir el zumo de granada y el azúcar y lo reduces más o menos a la mitad. Añádelo a los granos y deja que macere por lo menos 2 horas. 
  2. Calienta el horno a 160ºC.
  3. En un bol, bate los ingredientes húmedos para el bizcocho. Cuando estén bien ligados añades el resto, es decir, el cacao, el harina y los polvos de hornear. Engrasa un molde redondo de unos 22cm., vierte la masa y hornea entre 40-45min. hasta que veas que está bien cuajado. deja que enfríe.
  4. Con ayuda de un buen cuchillo (yo uso uno jamonero) nivela la superficie del bizcocho para que quede plano. Córtalo por la mitad y lo rellenas de mermelada. Extiende otra capa más ligera sobre la superficie y resérvalo.
  5. Para montar la crema: monta con unas varillas eléctricas la nata con el azúcar y la vainilla. Añade la crema de quedo y lo bates ligeramente, lo justo hasta que se mezcle. Deja que repose una media hora en el frigo para que coja cuerpo. Poco antes de servir, el añades la crema y las granadas escurridas por encima. Decora a tu gusto.



Carne para rellenar pupusas o gorditas

Cuando me puse manos a la obra en la creación de este blog, no necesité darle muchas vueltas al nombre. Mi influencia, en ese momento, estaba más que clara. Dudé entre "Aromáticas y especias" pero acababa de hacerme mi jardincito de hierbas y me pareció más mío echarle yerbajos a las especias del nombre. Meses después, me planteé que lo mismo un nombre tan genérico podría resultar poco apropiado para un blog que pretendía ser tan personal e íntimo. Decir que por aquel entonces los rebranding eran cosa normal y eran muchos los blogueros que mutaban o los que nos planteábamos hacerlo.

Pero esos arrebatos se me calmaban cada vez que regresaba a leer esa primera entrada del blog (¿quieres saber cual?) donde enseñaba mi cajón de tarros que, por cierto, siguen en el mismo lugar conteniendo nuevas remesas de especias y semillas. Algunas de mi propio cosecha y la mayoría sabores del mundo que he ido encontrando por aquí y por allí. Algunos llegaron y no cuajaron. Estas intentonas han terminado siempre en la basura. Pero otras, la mayoría, se han quedado para siempre en mi cocina porque más allá de arrastrar fama entre los míos de tener buena mano en la cocina, es indiscutible que mis éxitos han crecido a medida que he ido aprendiendo a usar las especias.
Un plato sin condimentar es como un maniquí a medio vestir y demasiado condimentado sería como hacer salir con burka a las modelos de Victoria'secret. Del mismo modo, se caza a un buen groument por la calidad de sus especias en la cocina y no por la cantidad. Las especias no se coleccionan, se eligen y se usan. Cuando caducan, cuando pierden aroma y frescura, lo mejor es deshacerse de ellas. Quién guarda cadáveres de curry, nuez moscada o pimienta en su armario no puede apreciar los sabores del mundo. A mí otra moto no me vendes.

Y para tener especias de calidad, hay que peregrinar por comercios expertos. Pequeñas tiendas orientales, africanas o de ultramar para los sabores exóticos y los puestos de mercado para las genéricas y las más nuestras. Aunque las cosas como son, en un mercado de abastos o plaza encuentras de todo... o encontrabas. Cada vez con más pena veo como los mercados cierran y se reducen, con puestos con el cierre echado o mermadas las mercaderías por falta de clientela.

No tenemos excusa. Es verdad que no hay tiempo para ir a la plaza pero nos hemos acomodado a la gran superficie que nos está vendiendo miseria en bote y veneno en frasco con productos de dudosa procedencia y manipulación. Hay que salvar lo nuestro. La compra de productos frescos debería ser siempre procedente del pequeño comerciante. Comprar cercano es comprar calidad y ayudamos además a su supervivencia. Que es la nuestra.

Así que, cuando Antonio Catalán me escribió y me ofreció probar alguna de sus especias no lo dudé. Supe que era la ocasión perfecta para hacer campaña a favor de lo nuestro. Que no te engañen. El enemigo no es la mercancía extranjera, es el gigante. Cuando nos dicen: "consumir para levantar la economía", se olvidan añadir que consumir en multinacionales o franquicias es ayudar al enemigo. Levantar nuestra economía es mover el dinero entre el pueblo, entre la clase media. Mercados, puestos de abastos y pequeñas tiendas. Da igual la nacionalidad de quien lo regenta pero lo cierto es que un comercio oriental solo vende lo suyo. Comercios como los de Antonio te venden lo de aquí y lo de allá para que sus clientes tengan de todo en un solo viaje. Y si no vives en Valencia, tiene tienda online y recoge pedidos por teléfono. Más fácil y cercano imposible! 
Esta carne la he sazonado con especias cajún, un preparado típico de la cocina criolla de Luisiana, crisol de culturas y razas que es una de mis favoritas. En casa las usamos para rellenar pupusas y tortillas de harina Pan. Las acompañamos de guacamole y de curtido salvadoreño. Pronto publicaré como hacer las pupusas y el encurtido, lo prometo.


Ingredientes:


Preparación:
  1. En una sartén, como un poquito de aceite de oliva, dora la cebolla cortada muy en fino.
  2. Añade la carne desmenuzada o cortada, las especias y la salsa de tomate. Rehoga brevemente, añade el agua y cuece a fuego medio hasta que consuma todo el líquido.

Galletas de algarroba con trozos de chocolate para abundantes

abundancia
Del lat. abundantia.
1. f. Gran cantidad.
2. f. Prosperidad, riqueza o bienestar. Se veía la abundancia por todas partes.
en abundancia
1. loc. adv. En gran cantidad, copiosamente. Comieron en abundancia.
nadar en la abundancia
1. loc. verb. Gozar de un gran bienestar económico.

Soy abundante, no me cabe duda. Y eso que no soy rica, ni persona de caudales ni futura heredera de cuartos ajenos en espera de hincarles el diente. Pero sabiendo que tres cuartas partes del mundo pasa hambre y necesidades, sin olvidar que el 1% de mega-ricos del mundo son cada año más mega-ricos y los pobres cada vez más sentenciados a no salir de ella... decía, que sin olvidar lo obvio, formo parte de ese primer mundo que a pesar de vivir sin dinero para grandes hazañas vivo como una reina mora y sin necesidad de nadar en la abundancia.

Derrocho abundancia si se me permite decirlo. Cuando he estado floja me han empaquetado de vuelta a mis Madriles, me han mimado y consentido hasta el aburrimiento, he subido, bajado, reído, llorado, mascado y bebido como una posesa. Días de hablar cual cotorra desatada, entre Mahous, Estrellas de Galicia y Alhambras botella verde. Terminé el año llena de regalos y buenas intenciones. Es posible que éste sea el espejismo más claro y lúcido de lo que entendemos por bienestar.
Y para más abundancia redundante, Luisfer me invitó a la meditación 21 días de abundancia, la cual -todo sea dicho y explicado- he dejado descolgada al tercer Mantra por falta de tiempo porque en ésto también soy más de lo mismo y me asfixio con gran facilidad entre tantas tareas. Peros mis compis de meditación, que sí que son aplicados y comprometidos, han debido de descorchar mis chakras porque el sábado de puro sin querer me llevé la compra de la semana gratis a casa. 

Resulta que uno de nuestros super está de aniversario y cada 50 compras, regala una. Allí estábamos nosotros con una tocineta de sábado por la mañana de mucho cuidado, llenando el carro y gastando cupones de descuento sin mucho garbo cuando llega la hora de pagar y saltan lucecitas de colores, la musiquilla del anuncio a todo trapo y el mundo que nos rodeaba nos clavaba los ojos con cara de cierta envidia -sobre todo la familia que venía detrás en la cola, que al papá se le desencajaba un poco la cara de coraje porque de fijo se lamentaba a lo "si estos pesados se hubieran dado prisa, nos habría tocado a nosotros"-. Sea como fuere, nosotros fuimos los últimos en enterarnos porque insisto, teníamos un globo injustificado que nos alelaba nuestra capacidad de respuesta. 

Fue de camino hacía el coche, cuando até cabos y me di cuenta que nos habíamos ahorrado cerca de cien euros y todo gracias a mis abundantes compadres de meditación, a los cuales dedico estas galletas que son puro placer. De textura blandita y abizcochada, han salido geniales y estoy segura que me crees si te digo que podría abundar en halagos por estas monadas. Qué mejor manera de probar la harina de algarroba que me traje de Madrid. 


Ingredientes:
  • 150gr. de mantequilla derretida
  • 1 taza de harina repostera
  • 1/2 taza de harina de algarroba
  • 1/2 taza de azúcar blanca
  • 1/4 taza de azúcar moreno
  • una pizca de sal
  • 1 huevo ligeramente batido
  • vainilla
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • 125gr. de chocolate troceado


Preparación
  1. Precalienta el horno a 180ªC.
  2. Bate todos los ingredientes juntos menos  los trozos de chocolate que los añadirás al final.
  3. Sobre un papel de hornear, coloca pelotitas de masa del mismo tamaño.
  4. Hornea entre 10-15 minutos. Al sacarlas del horno estarán todavía blanditas. Es normal. Se endurecen un poco al enfriar.

Queso sin curar en aceite

Existen padres helicóptero, madres tigre, papás quitanieves, bocadillos, mayordomos, guardaespaldas... hasta padres secretarios. Como lo oyes. A todos estos tipos de progenitores se les conoce como los hiperpadres. Es un concepto de crianza que se puso de moda en Estados Unidos aunque se dispersó por todo el planeta en poco tiempo. Se trata de hacer y dar todo lo necesario a nuestros hijos para que triunfen, concepto que dicho así, a lo grueso, suena fantástico pero a la que pasa el tiempo y empiezan a verse las consecuencias, los especialistas han activado todas las alarmas sociales advirtiendo de los muchos y graves riesgos que nuestra educación está causando en los críos.

Niños que no saben desear porque lo tienen todo antes incluso de imaginarlo. Niños que no saben aburrirse, que no aceptan un no, que nada es suficiente porque no saben qué quieren. Son los reyes de la casa, sí, pero no logran afrontar nada por sí mismos, impacientes ante los imprevistos y casi siempre con estima baja porque ser un superhijo es, por sí mismo, un concepto inalcanzable. Cuando los padres vemos que el niño se desorienta o reacciona a nuestra forma de crianza, los llevamos a los terapeutas infantiles. Casi nunca es el padre el que se presenta diciendo: mi hijo está descentrado y creo que soy yo quien no sabe hacerlo bien. Les llevamos al psicólogo, interpretamos el feedback de aquella manera, y por lo general, apretamos las tuercas al peque por miedo a que el niño se tuerza y fracase. Sí, digámoslo a las claras, miedo a que sea un fracasado. Cuántas veces habremos oído -o dicho- mi crío es problemático y cuántas de esas veces habremos intuido que el problema del niño está en que no sabe escapar a la presión de sus padres. 

La vida me ha enseñado a ser una madre corriente y moliente. Ser mami me ha obligado a reconocer ante mis hijos que ni soy una madre perfecta, mi una mujer brillante ni he sido una hija excepcional. He compartido con ellos mis errores, en la esperanza de que decidan no cometer los mismos que yo. Creo que mi mayor sacrificio -y acierto- como madre fue dejar volar al mayor cuando él quiso, no cuando yo creí que debía hacerlo. Aquel error marcó su vida y yo no lo impedí. Acepté -a regañadientes- que no era mi cometido. Mi misión será siempre la misma: estar lista para cuando él me necesita. Porque la mejor ayuda a nuestros hijos es justo en esa dirección y no al revés. Tenemos que estar para cuando ellos nos necesitan y no cuando decidimos que tenemos que ayudarles.


Ingredientes:

  • Queso sin curar del tipo que más te guste
  • Aceite de oliva, la cantidad que te admita cada tarro
  • 1/2 pimiento seco o una ñora
  • especias en grano a tu gusto (popurrí de pimientas, bayas de enebro, comino e hinojo)
  • hierbas frescas en rama a tu gusto (romero, tomillo, estragón, hinojo y salvia)
  • 3 hojas por cada tarro de hojas de laurel
  • 1 ó 2 tarros de cristal 


Preparación: 

  1. Esteriliza los frascos y las tapas.
  2. Corta el queso en trozos. Vas rellenando los botes con todos los ingredientes. Finalmente, cubres de aceite de oliva hasta el borde y cierras los tarros. 
  3. Deja macerar 4 ó 5 días antes de consumir. Dura meses en la despensa en un lugar fresco y oscuro.