Rollos de crema con cosas

Esta es la historia del pequeño Hans, un simpático niño de 8 años que nació y vivió en el sitio equivocado, como tantos otros millones de personas. Te voy a contar su vida para que su memoria no se borre, para no olvidar la atrocidad que nos azota generación tras generación. 

Colonia, 1.936
Hans vive con su madre y su hermanito cerca del Römerpark. Su madre le deja bajar y jugar en el parque aunque últimamente, el niño no tiene muchos amigos. Su padre -que murió no hacía mucho- era judío, por lo tanto, estaban marcados en el barrio. En el colegio le llaman medio judío aunque él no entiende qué tiene de malo. Le dicen que no podrá ingresar en las juventudes hitlerianas como el resto de niños al cumplir los diez años. Y esa es su mayor ilusión: desfilar con esos bonitos uniformes, participar en las excursiones, cantar alrededor de la hoguera y todos esos juegos que tanto le atraen. Su madre le ha pedido que no se acerque a ellos, que son peligrosos pero Hans no puede entender el porqué. Para él solo son los chicos del barrio.

La angustia de la Sra. Ochs va en aumento y no le falta razón; muchos familiares han empezado a emigrar. Sabe que no están a salvo pero lamentablemente no tiene a donde ir, sola como está  y con los dos críos. 

Normalmente, Hans acompaña a su madre y a su hermano en sus paseos por el parque. La madre les dice: "No os alejéis" "No pierdas de vista a tu hermano", lo típico. Correteando por los arbustos, los niños se cruzan con un grupo de  chicos uniformados. Reconoce al hermano mayor de su amigo Peter y se acerca a saludar mientras contempla de cerca sus insignias. Los chicos se refieren a él como el Judensau, se violentan rápido y alguien le pega tirándole al suelo. Ahora todos ellos le patean hasta que acude su madre,  quien le encuentra en el suelo inmóvil y sin sentido.  Es atendido en el hospital judío de la ciudad, pero nada pueden hacer por su vida. En pocos días morirá. La pobre Sra. Ochs es aleccionada: es mejor no denunciar, los nacionalsocialistas están por todas partes y no querrá meterse en problemas, tiene que mirar por el pequeño Gerhard... el certificado de la muerte es firmado alegando como causa de la misma, una peritonitis. Al pequeño Hans, le habían reventado por dentro.
La historia de Hans, la conocemos gracias a la periodista Kirsten Serup-Bilfeldt cuando a finales de los años 90, sacó a la luz este triste suceso. Supo de Hans por casualidad, cuando descubrió su lápida en el cementerio judío de Bocklemünd, en la que se lee: "Muerto por un joven descarriado". Pasó años intentado averiguar las circunstancias de su muerte. Supo que poco tiempo después, la Sra. Ochs dio en adopción a su otro hijo a una familia holandesa con el fin de alejarle de la barbarie nazi. Ella se quedó, fue despojada de su casa, de sus pertenencias y aceptó su destino. Entonces ella no sabía que no solo iba a sobrevivir, sino que viviría una larga vida para recordar y llorar su triste destino.

En Römerpark hay una pequeña calle con el nombre de Hans junto a una placa conmemorativa en su recuerdo. Una pena que su madre no llegó a saberlo. A veces los reconocimientos a las víctimas, llegan demasiado tarde.


Ingredientes para la masa: 
  • 25 gr. de levadura seca de pan
  • 200 ml. leche tibia 
  • 1 huevo 
  • 3 cdas. azúcar 
  • 100 gr. mantequilla blanda 
  • 500 gr. harina de trigo

Ingredientes para la crema:
  • 1 sobre de pudding de vainilla en polvo
  • la mitad de la leche que detalla el paquete
  • la cantidad de azúcar que detalla el paquete
  • ralladura de limón
  • 1 yema
  • 1cdita. de mantequilla

Otros ingredientes:
  • Uvas o cerezas ácidas pasas, cramberries o pepitas de choco
  • 2-3 cdas. de mermelada de albaricoque rebajadas en 2cdas. de agua o intensificada con jarabe de arce (más dulces o más ligeros)

Preparación:
  1. Disuelve la levadura en la leche tibia. Agrega el huevo, el azúcar, la mantequilla blanda y la harina de trigo y mézclalo todo bien hasta tener una masa suave y tersa. Deja que repose 1 hora y media hasta que doble su tamaño (la masa debe estar cubierta en un bol con tapa o film de plástico para que no se seque).
  2. Prepara la crema:  calienta la leche (reservamos un poco para disolver el pudding) con el azúcar y la ralladura de limón .Lo ponemos a fuego medio y esperamos a que rompa a hervir. 
  3. Mezclamos el polvo del pudding y la yema con la leche fría que hemos reservado hasta que no quede ningún grumo. Mezcla sin dejar de remover sobre la leche caliente hasta que la crema espese. Retira del fuego y continúa removiendo durante unos minutos. Deja que enfríe.
  4. Una vez que la masa a levado, estira la masa  sobre la encimera formando un cuadrado de aprox. 1 cm. de grosor. Extiende la crema uniformemente sobre la masa, añade las pasas (yo usé cerezas ácidas) y enrolla la masa en una salchicha. Córtala en rodajas de 2 cm. más o menos.
  5. Coloca los caracoles en la bandeja del horno con papel de hornear, a una buena distancia para que puedan subir más. Yo opté por colocarlas en un molde rectangular para que levaran más gorditas. Deja reposar 30 min.
  6. Calienta el horno a 180º y hornea unos 30 minutos hasta que se doren. Cuando empiecen a coger color (como a los 20 min.) pincela la superficie con la mermelada de albaricoque (o rebajada en agua o intensificada con el jarabe de arce). Una vez doradas, deja que enfríen.

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4 comentarios

  1. Después de leer la historia te quedas sin palabras, ¿qué se puede decir? Nadie se explica porqué suceden estas cosas y el reconocimiento llega tarde como la mayoría de las veces y ya no sirve para nada. Un despropósito.
    Menos mal que después endulzas con tus recetas estupendas, ahora además con ilustraciones, que bonitas y bien explicadas.
    Un beso.

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    1. Sí Lola, cuando conocí la historia de este crío me quedé helada... y luego, cuando pensé en la de Hans que aún hoy hay por el mundo, no sé, a veces lo más honesto es mirar (y honrar) al mundo aunque duela.

      Un besazo

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  2. Me gusto la historia muy triste podré Madre y las recetas están ricas deliciosas gracias Bendición 🙏

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    1. Muchísimas gracias Zaida por pararte a saludar :-) un abrazo

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