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Carpaccio de tomates con burrata, anchoas y pangrattato

agosto 08, 2026
Para verificar su testimonio, Artemisia es torturada mediante unos cordeles atados a sus dedos, los cuales son apretados por un verdugo. Este tormento es  conocido como la sibila, y a veces llegan a apretar tanto que las falanges se rompen. "È vero, è vero", repite una y otra vez mientras estrujan con más empeño. Cuando ponen fin al martirio, entre lágrimas de dolor y rabia, mira a su prometido y señalando las marcas en sus dedos, le increpa: "Este es el anillo que me das y estas son tus promesas".

Es la primogénita de Orazio Gentileschi, un reconocido pintor caravaggista y aunque las academias de arte no admitían mujeres, Orazio forma a su hija junto a sus hermanos demostrando ser la más capaz de todos ellos. Un colaborador del maestro, llamado Tassi, la viola en el propio estudio familiar. A modo de reparación se le obliga a prometerse pero el muy pieza ya estaba casado, tenía relaciones con su cuñada y había intentado matar a su esposa.

El maestro, para salvar la reputación de la familia, le denuncia a las autoridades y durante el proceso, para verificar el testimonio de su hija -la víctima en este pleito, no lo olvidemos- es torturada porque en aquella época, se acudía al tormento tan pronto para arrancar confesiones como para verificar testimonios. Y aunque quien denunció fue el padre, el dolor se lo causaron a ella. Y por lo que sea, en esta ocasión no encontraron necesario torturar al violador.

Y no te lo pierdas, todo eso para nada; porque al malnacido, una vez declarado culpable, se le da a elegir entre cinco años de trabajos forzados en galeras o destierro de Roma. Elige el destierro, por supuesto, y como estaba bien relacionado poco después logra que le indulten sin ni siquiera dar tres pasos fuera de Roma.

Y como la honra de la joven estaba en entredicho y el honor familiar no podía mancillarse, se la casa de malas maneras con Pierantonio Stiattesi, un pintor florentino venido a menos que resulta ser una pieza de mucho cuidado. Se mudan a Florencia y el talento de Artemisia brilla por toda la ciudad como luces de neón en una feria.

Se convirtió en la primera mujer admitida en la Accademia delle Arti del Disegno de Florencia, artísticamente prosperaba y entabló amistad con lo mejorcito de la ciudad, entre ellos con un tal Galileo Galilei; ¿te suena, verdad? Pues como ves, todo parecía ir viento en popa si no fuera porque sus hijos se le iban muriendo a los pocos meses de nacer. Ya ha perdido tres bebés. Otros dos parecen haber superado lo más difícil. Y a este dolor, se suma la vida de vivalavirgen del marido quien su único talento es sembrar el día a día de Artemisia de pleitos y deudas. Y a saber que más.

Por toda Florencia hay nobles adinerados sufragando artistas. Los mecenazgos están de moda gracias a los Medici y Francesco Maria Maringhi, un joven noble florentino requeteguapete, no solo financia los gastos artísticos de Artemisia sino que surge el chispazo y se enamoran perdidamente. Han sobrevivido cerca de 36 cartas entre ellos que son oro puro; cuánta pasión y picardías. Desvelos, fogosidades, ironías, fervores, distanciamiento y reproches... porque así fue, la relación no aguantó demasiado cuando tuvo que mudarse a Roma deprisa y corriendo porque los acreedores iban a por ella. La distancia es lo que tiene, y aunque mantuvo la lealtad intacta, Francesco terminó buscando otros brazos y visitando otras sábanas.
Pero no fue algo de la noche a la mañana. De hecho no existe constancia fehaciente de cuándo y cómo. No había paparazzi en aquellos tiempos pero se intuye que ese amor se diluyó poco a poco porque tampoco existen pruebas que avalen la idea de que la relación sobrevivió a la distancia. En cualquier caso, en ese momento mientras huía a Roma, él se encargó de saldar sus deudas, vendiendo o recuperando pertenencias de la mejor forma posible. En la ruina y lejos de su amor, cuando parecía que nada podía ir peor, pierde a su hijo varón de cinco años. ¿Puede existir dolor más grande?
Consuelo de mi vida. He recibido dos cartas de Vuestra Señoría, que me han causado mucha angustia al saber que Vuestra Señoría fue sometido a grandes molestias por mi causa, aunque también me causa mucha angustia no haber podido llegar a una solución tal que mis pertenencias no tuvieran que venderse, y yo misma no sé qué me llevó el Amor a hacer, pero como me he quedado sin nada, viviré aquí como una ermitaña. Ahora veo que la fortuna me ha dado la espalda, pues me roba todas las cosas que me son queridas y útiles, y como prueba, considerad que Dios me ha quitado a mi hijo, hace ya cinco días que murió y me estoy muriendo de pena.
Y ¿el Pierantonio? te preguntarás; pues a lo suyo. A gastar y esconder la cabeza. Mira si era de mala calaña, que en algunas de las cartas de amor de Artemisia a Francesco, el garrapata aprovechaba el dorso para hablar de "negocios". A ver, como ya sabemos de sobra, las mujeres no podían firmar ni manejar negocios sin la rúbrica del marido pero eso sí, cuando la quiebra y la huida, el sinvergüenza desaparece de escena. No es quien se queda a asumir las consecuencias de sus devaneos con el juego y otros vicios. Cuando llega a Roma, el maestro Gentileschi casi se lo come a bocados pero oye, como quien escucha llover.

Y aquí hay algo muy retorcido que bien merece que se cuente. Aparte de usar el reverso de las cartas de su esposa, el Pierantonio mantenía su correspondencia privada pidiendo caudales básicamente: que si este negocio, que si estos gastos, que si lo de más allá. Dinero. Por algo Francesco era el mecenas y amante de su esposa. Y entre ese carteo, se ha conservado una un poco perturbadora:
Haré caso de los avisos y buenos consejos que me da Vuestra Señoría, sobre lo cual el amigo de allí arriba en Roma fue abordado por dos hombres; le dispararon con un arcabuz, herido pero no muerto, y el otro lo persiguió con un hacha para rematarlo, sin que pasara nada más; solo quedó con una herida leve o ninguna, sea lo que Dios quiera.
Yo aquí leo que posiblemente Francesco, aprovechando los contactos barriobajeros del consorte, le pidió algún que otro favor para saldar cuentas en última instancia. Pero mira que retorcidos somos: un historiador y director de museos italianos llamado Claudio Cerretelli, ha analizado cartas y archivos originales del siglo XVII sobre lo que se puede reconstruir de nuestra artista. ¿Y qué ha descubierto?

Es curioso que no aporte detalles sobre, por ejemplo, cómo gestionaba su taller en Nápoles o negociaba sus honorarios, o cómo montó su taller o qué impedimentos encontró a la hora de entrar en la Accademia delle Arti del Disegno de Florencia. No, se monta un peliculón interpretando que estas palabras de Pierantonio obedecen a que ofreció algún tipo de escarmiento al Tassi, tal vez para avisarle que no se acercara de nuevo a su mujer o para vengar la afrenta de la violación. A buenas horas, hombre.

Venga, no me fastidies. Una y otra vez, nos regodeamos en el morbo. Ve a cualquier buscador y cuando pongas el nombre de Artemisia leerás violación y amante, violación y amante y violación y amante. Esta atmósfera es tremendamente sofocante. De todo lo que se ha escrito sobre ella, la inmensa mayoría gira en torno a tres hombres -violador, marido y amante- y solo leerás sobre unas pocas semanas de su vida, no de sus cuarenta años de pincel.
Mi corazón. He recibido de Vuestra Señoría una de esas cartas que son mi consuelo y me devuelven de la muerte a la vida, y si supierais la alegría que siento, estoy segura de que si es verdad que me amáis sentiríais igual alegría. Vuestra Señoría me dice que no conocéis a otra mujer aparte de vuestra mano derecha, tan envidiada por mí, pues posee lo que yo no puedo poseer de mí misma, y luego me agradecéis haberos ofrecido mi casa. ¡Oh, mi querida vida! Me hacéis mal, pues bien sabéis que soy vuestra mientras aún respire.
Pues conmigo que no cuenten. No soy historiadora, ni directora de museos. Soy una guisandera de andar por casa que no ve en Artemisia ni una heroína ni una víctima. Veo a una mujer que lidió con lo que le tocó como a casi todas. Que aún siendo forzada la honra familiar estaba por encima de su bienestar. Que aun siendo testigo público de su propia vejación, la justicia la tortura. Veo a una mujer que tuvo motivos para que la vida se la devorara viva y de mala manera y en vez de eso, creyó en sí misma y en su talento. Y se enfrentó a la vida con un par, pese al dolor de perder cuatro hijos; pese a la angustia de proteger a la única que le quedaba, a quien enseñó a pintar y se desvivió por acumular una jugosa dote que le proporcionara un matrimonio lejos de las miserias cotidianas.

Veo a una mujer pasional y entusiasmada que hace que se me pongan los pelos de punta cuando evoca con envidia la mano derecha de su amado. Ay ella, que amó contra viento y marea pero que llegando al final de su vida, alguien que dándola por muerta, escribió un par de epitafios donde no se menciona su obra artística; ambos la reducen a un chiste sobre infidelidad conyugal.

Y cómo es posible no hablar de sus desnudos: Danae, Cleopatra (varias versiones), Venus dormida, Betsabé en el baño (también varias versiones)... o de obras como Judit decapitando a Holofernes, Susana y los viejos o su Autorretrato como La Pintura (Alegoría de la Pintura) donde se representa a sí misma personificando el propio arte de pintar, algo que ningún hombre podía hacer ya que la alegoría de la Pintura se representaba siempre como mujer.

Tanto arte del que hablar y la minimizamos a su más pequeña expresión: la de ellos. De verdad, ¿tanto cuesta?

Hoy toca receta multicolor, sin domesticar, tal cual como ella pintaba, sin suavizar nunca la sangre de sus Judit. Un carpaccio de tomates de jardín con su puntito de anchoa: pequeña, salada, de las que la gente desprecia o ningunea, y sin embargo sostiene todo el sabor del plato. Y esta vez sin que se vea. Hasta que no lo tengas en el paladar no sabrás que esconden las anchoas.
Ingredientes:
  • Tomates variados (colores y tamaños distintos)
  • 1 burrata
  • Pangrattato: pan cortado muy fino, 1cda. de mantequilla y otra de aceite de oliva, 1 ajo machacado, algo de chile rojo molido y algo de queso parmesano
  • Emulsión de anchoas: 6-8 filetes de anchoa en aceite, 1 diente de ajo, algo de aceite de oliva, un poquito de miel de caña y algo de zumo de limón.
  • Salsa de hierbas: albahaca, perejil y otras hierbas frescas y algo de aceite de oliva
  • Para terminar: cebollino fresco picado fino y un poco de Tajín a tu gusto
  • opcional: unas flores y hojas de capuchinas

Preparación:
  1. Tritura lo más fino posible las hierbas con una cucharada o dos de agua. Añade el aceite y monta una crema ligera. Reserva.
  2. Tritura el diente de ajo con las anchoas hasta formar una pasta. Añade poco a poco el aceite de oliva hasta que tengas como una vinagreta espesa. Añade un poquito de miel y un chorrito de zumo de limón a tu gusto. Reserva.
  3. Para el pangrattato, corta en pan en trozos muy muy menudos. En una sartén, funde la mantequilla junto con el aceite de oliva a fuego medio. Añade el ajo machacado y dora el pan a fuego medio, moviendo constantemente, hasta que esté dorado y crujiente. Retira el ajo. Fuera del fuego, añade un poquito de parmesano rallado y un poquito de chile si deseas darle algo más de caracter. Reserva.
  4. Corta los tomates en láminas finas o gajos, según la variedad, jugando con los colores. Dispón en el plato como un carpaccio, ligeramente solapados.
  5. Reparte la emulsión de anchoas sobre los tomates.  
  6. Con una cucharadita, dibuja puntos o hilos con la salsa verde alrededor del plato. Coloca la burrata en el centro y la rasgas un poquito. Espolvorea el Tajín y el cebollino fresco picado fino.

Ensalada Eunice de brócoli

junio 09, 2026
Estamos en 2011, en Oklahoma. En concreto en la residencia de Ray y Jana. El matrimonio es muy aficionado a los libros divulgativos antiguos. Desde que Ray se jubiló, se pasean con más frecuencia por ferias y librerías buscando revistas y manuales científicos del siglo XIX. Y así, un poco a lo tonto, es como se hacen con un tomo del Annual of Scientific Discovery de 1857 y se topan con la manzana de Newton del cambio climático. 

Nuestra Newton es Eunice Newton Foote que, agárrate los machos, descubrió el efecto invernadero experimentando con cilindros de cristal expuestos al sol. Trasteando con esto y con lo otro -no me pidas detalles que me desmontas- se dio cuenta de que el dióxido de carbono y el aire húmedo retenían muchísimo más el calor que el aire normal. Concluyó que, si la atmósfera tuviera más de ese gas, la Tierra se calentaría notablemente.
Una atmósfera de ese gas podría darle a nuestra Tierra una elevada temperatura; y como algunos suponen, en algún periodo de su historia, el aire estuvo mezclado en éste en una proporción mayor que la actual, con lo que debería haber resultado necesariamente un incremento de la temperatura provocada por su propia acción y por el aumento del peso del aire
154 años desde que Eunice publicó su estudio sobre el calentamiento global y nadie, absolutamente nadie, había hablado de ella. Ni una universidad, ni un Nobel, ni un doctorado en una universidad de segunda fila. 154 años han sido necesarios para que un geólogo petrolero de Tulsa -amante de ejemplares viejunos que no solo compra sino que también lee- comprendiera la trascendencia del estudio de Eunice Newton e inmediatamente supo que tenía que hablar de ello. Publicó en una revista su hallazgo y la comunidad científica se quedó a por brócoli. O algo peor.
Efecto Matilda Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
Porque el padre del efecto invernadero publicó su primer estudio tres años después de Eunice... malo. Y ese estudio comenzaba de esta guisa: "Nada, hasta donde yo sé, se ha publicado sobre la transmisión de calor radiante a través de cuerpos gaseosos"... malo. Y ese padrecito del calentamiento, pues como que no leía estudios de lo suyo ni tampoco ningún colega cercano -de la Royal Society, por ejemplo- que le hubiera podido comentar algo así como: "Oye, John, una mujer en Nueva York ha estado metiendo CO2 en tubos y dice que aquello se calienta una barbaridad". Pues como que no... malo.
Y digo esto porque ahora hay mucho por ahí fuera justificando que el bueno de John Tyndall no sabía nada de los experimentos de Eunice porque no han encontrado la prueba del delito. Vaya, que no hay ninguna nota que diga "Yo, John Tyndall, estando más perdido que Adán en el Día de la Madre, después de dedicar mucho tiempo e instrumental carísimo en medir a lo tonto gases como el oxígeno y el hidrógeno sin obtener ni un solo resultado y viéndome en un callejón sin salida, tuve a bien leer el estudio de una aficionada comprendiendo que la madre del cordero estaba en el dióxido de carbono y el vapor de agua".

Porque eso es lo que hizo ella. Eunice Foote, con cuatro botes de cristal al sol en su jardín, describió en su artículo que el oxígeno y el hidrógeno no aumentaban la temperatura, pero que el gas que se calentaba de forma requetesalvaje era el ácido carbónico. Pero claro, qué iba a saber ella que ni pudo presentar su propio descubrimiento ya que en los congresos científicos las mujeres no siempre eran bien recibidas -o cuando menos se montaba guasa en sus exposiciones- y tuvo que ser un varón de pelo en pecho quien acudiera al rescate y lo leyera en su nombre. 

Y aquí querido lector, dejo este brote de cinismo y si me equivoco en mis insinuaciones que me perdone el espíritu de John Tyndall pero esta grandiosa mujer huele a Matilda a la legua. Porque el patrón y el modus operandi es el clásico sin saltarse ni una coma. Porque yo aquí veo lo de siempre; ese proceso sistemático por el cual una mujer realiza el trabajo, encuentra la respuesta correcta, lo deja por escrito y el colega masculino absorbe el hallazgo, se lleva los honores y la comunidad científica en bloque barre el rastro y lo esconde bajo la alfombra.  

Es increíble que a la sociedad le haya costado tanto admitir el talento femenino. Teniendo pruebas. Teniendo los datos.  Mira hasta qué punto: el estudio de Eunice llegó a Europa y se publicaron dos breves resúmenes. Uno en Escocia y otro en Alemania. El redactor escocés fue tan incapaz de concebir que una mujer hubiera hecho ese descubrimiento que le atribuyó el mérito al maridito. El alemán, por su parte, recortó y copió los datos pero eliminó por completo la conclusión sobre la atmósfera y el clima. Mutiló su hallazgo sin pestañear.

Pero nunca es tarde si la dicha es buena así que voy a poner los puntos sobre las íes que ya va haciendo falta. Te voy a contar todo lo que he aprendido de Eunice Foote, de soltera Newton. Esta es su historia.

Nace en Connecticut y se cría en Bloomfield, Nueva York, que en esa época fue un foco de activismo social muy volcado en el abolicionismo y los derechos de la mujer.  Esto es muy importante de señalar. Luego verás el porqué. Sigamos: se educa en el Troy Female Seminary  fundado por la feminista Emma Willard. Allí descubre su amor por la química, astronomía y meteorología. En el Rensselaer School, aprende experimentación práctica de laboratorio. ¿Aficionada?

Tuvo la suerte de casarse con Elisha Foote Jr., un abogado, juez e inventor que fue el compañero de vida perfecto para poder seguir cultivando sus experimentos e ideas. Se mudaron a Seneca Falls en Nueva York y allí asiste a la famosa Convención de Seneca Falls, la primera gran quedada pro derechos de las mujeres. Junto a su esposo firma la Declaración de Sentimientos, un documento clave para el sufragio femenino firmado por 68 mujeres y 32 hombres. Se convirtieron sin saberlo en referentes de una lucha que a día de hoy, siglo y medio después, continúa peleando la igualdad de derechos.

Ella, aunque fue ninguneada por la comunidad científica, fue una investigadora e inventora fantástica: además de ser la jefaza de hecho del efecto invernadero, presentó un segundo estudio sobre la electricidad estática en gases, patentó una máquina y un proceso para mejorar el rendimiento de los patines de hielo consiguiendo que fueran más ligeros y otra patente más por mejoras técnicas en las máquinas de fabricación de papel para conseguir que fuera más fino y de mayor calidad.

Y murió, normal. Era humana. Y las instituciones científicas siguieron ninguneando su primer artículo de física, que mira por dónde, resultó además ser el primero publicado por una mujer en una revista científica de los Estados Unidos bajo su propio nombre. ¿Y cómo pudo pasar?

A saber. Puede que al haber sido una notable activista pro derechos civiles, de las primeras encima, la causa pro igualdad se haya podido cegar con su contribución social y legal pero sin escarbar más allá ignorando sus muchos logros. Solo se me puede ocurrir otro motivo.

En cualquier caso, el engranaje de la invisibilización funcionó a la perfección con Eunice. La condescendencia de una comunidad científica internacional que ha expoliado sistemáticamente el talento femenino, queda completamente al descubierto en el caso Eunice. ¿Cómo es posible que solo haya sido una anécdota para la ciencia durante tantísimos años? 
Ingredientes:
  • 1-2 pellas de brócoli (depende del tamaño)
  • 2-3 zanahorias
  • 1 manzana
  • 10-12 palitos de surimi
  • un puñado de cranberries y/o pasas
  • Aliño: 2 cdtas. de mostaza amarilla, 2 cdas. de sirope de arce, vinagre de vino rosso, sal de especias a tu gusto, pimienta y aceite de oliva)
  • Por encima: unas semillas y/o nueces picadas a tu gusto

Preparación:
  1. Lava el brócoli y pica muy fino. Reserva los tallos para una crema de verduras, por ejemplo.
  2. Ralla las zanahorias y corta la manzana en trocitos. Lo mismo con los palitos de surimi.
  3. Prepara el aliño, lo agitas bien y montas la ensalada.

Ensalada Elena de patatas asadas y alubias

abril 27, 2026
Efecto Matilda
Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
Elena Gallego y la ciencia de la alimentación

Nuestra Matilda de hoy es una española que no hubo necesidad de silenciar ni ningunear. Es como si no hubiera existido. Es irónico: podemos encontrar el registro genético de las semillas que ella seleccionó, pero no el registro de su mirada. No hay fotos. No hay cara, ni voz, ni Wikipedia. No hay rastro de su vida. No fue relevante para la ciencia. Pero su trabajo sí porque salvó muchas vidas de esa hambruna que siempre persiguió a esta España nuestra.

Elena Gallego fue una pionera en la mejora genética de legumbres —las proteínas del pobre— en una época en que la agricultura española necesitaba, más que nunca, ciencia para no pasar hambre. Durante décadas trabajó en la Misión Biológica de Galicia, dejándose la piel en el estudio de variedades locales de guisantes y alubias. Su objetivo: conseguir semillas que resistieran plagas y dieran buenas cosechas para alimentar lo mejor posible a sus gentes.

A pesar de ser la mano derecha de grandes genetistas y de liderar investigaciones fundamentales, su nombre quedó relegado a las notas a pie de página o a los agradecimientos, o al segundo o tercero o decimo lugar mientras otros firmaban los éxitos. Sabemos por el BOE que llegó a ostentar el rango más alto al que solían dejar llegar a las mujeres con formación científica. Por supuesto, sin cátedra ni dirección ni liderazgo.

Le dedicó más de 40 años a la selección de alubias y guisantes así como a la mejora del maíz híbrido que lo cambió todo en Galicia. Elena entendía que el futuro estaba en la semilla, en ese pequeño milagro que es una humilde legumbre. Sabía que para fortalecer una planta hay que cuidar su origen, y sin hacer ruido, combatió el hambre de la población con ciencia.
¿Y por qué no sabemos nada de ella? Para entenderlo, tenemos que poner contexto a su vida. Regresamos a la Guerra civil.

Cuando estalló la guerra en el 36, Galicia quedó bajo el control del bando nacional lo que evitó que la Misión Biológica de Galicia (MBG) fuera un frente de batalla físico, y mientras los varones eran llamados a filas o paseados por sus ideas, ella se convirtió en el alma de los ensayos de campo. Por su apellido —Gallego de las Cuevas—, supongo que descendía de una familia con pudientes y contactos. Franquista pero lo suficientemente progresista como para permitir a Elena estudiar una carrera y trabajar como científica. 

Trabajó bajo la dirección de Cruz Gallástegui, un científico de prestigio internacional y gran alma mater de la MBG. Su poder de influencia era tan inmenso que el régimen franquista tuvo que respetarlo aunque es de suponer que lo vigilaran de cerca. Seguramente, tras la guerra, fue quien protegió a su equipo, creando una especie de burbuja científica donde lo importante eran los resultados, el rendimiento y el conocimiento. Elena era su mano derecha, la que hacía que las semillas funcionaran y perderla era un lujo que la agricultura gallega no podía permitirse.

Así que, mientras se recluía a las mujeres en sus hogares o en conventos o en cárceles porque cualquier tufillo a "trabajadora liberada" era castigado con la cárcel o los reformatorios femeninos, ella pasó inadvertida. Resultó inofensiva para los censores y los comisarios políticos. Se salvó de la criba de la posguerra convirtiéndose en una pieza del engranaje de la Misión Biológica.

En cualquier caso en 1939, llegó la Ley de Depuración. Todos los funcionarios y científicos tenían que pasar por un tribunal para demostrar que no habían auxiliado a la rebelión —menuda ironía— así que para obtener el Certificado de Idoneidad tuvo que hacerse con informes de buena conducta emitidos por la Guardia Civil, el párroco y el alcalde de Pontevedra. 

Y ese ostracismo social, le vino bien. Su  invisibilidad se convirtió en una ventaja y es de suponer que los de depuración no vieron ningún peligro en una científica, que se estaba quedando para vestir santos y que por su condición estaba claro que era una auxiliar que ni pinchaba ni cortaba.

Y ese fue su rol durante el franquismo mientras sus colegas hombres firmaban y brillaban a costa de los logros de la Misión. Y ella aceptó no figurar. En las actas del CSIC de la época, su trabajo aparece bajo la dirección de hombres. Esto le garantizaba seguridad porque mientras el éxito fuera del jefe, ella podía seguir trabajando en paz en su laboratorio de Pontevedra.

Y esto es todo lo que sabemos. Fue una mujer que decidió que su familia serían sus plantas. Hay que recordar que las mujeres casadas no tenían permitido trabajar así que su soltería le permitió dedicar jornadas infinitas a la investigación y dedicar su vida a hacer lo que más la fascinaba. Pero a qué precio. Y lo aceptó en silencio. Como cuando se jubiló. Como cuando se murió. Y como ahora que ya nadie la recuerda. Va por ti, Elena Gallego. 

La ensalada de hoy, como no podía ser de otra forma, es legumbres y de tierra. Con esas patatas asadas, alubias blancas y un puñado de rabanitos que no me quedaban más para darle lustre a esta ensalada que se empapa en un aliño con pesto de ajo silvestre, aunque cualquier pesto hace la misma función. Darle potencia y cariño a las legumbres del pobre.

Ingredientes:
  • 2 patatas nuevas grandes
  • 1 lata de alubias blancas a tu gusto (yo he usado canellini)
  • Cebolla roja a tu gusto
  • 1 puñado de rabanitos a tu gusto
  • aliño: pesto de ajo silvestre o verde a tu gusto, miel, vinagre de vino, mostaza, sal y pimienta

Preparación:
  1. Lava bien las patatas, córtalas en daditos y las asas a 200ºC con un poco de aceite de oliva y sal.
  2. Mezcla todos los ingredientes del aliño y rectifica a tu gusto
  3. En un bol, pon todos los ingredientes cortados en fino y mezcla con el aliño.

Ensalada andaluza de garbanzos

septiembre 24, 2025
Creo que ya sabéis que soy una "biciclista" urbana desde hace unos 17 años. De diario. Creo que mi niño tenía unos dos años cuando me lo subí conmigo a la bici. Cuando llegó a los 20 kilos -la sillita ya no daba para más kilos- pasó a ser autónomo en su propia bicicleta y así hasta hoy. En cualquier estación, haga frío o calor, para la compra, recados, paseos... lo que se preste. 

Hoy ésto no es ninguna novedad, de hecho es algo aplaudido por mis médicos cuando me ven entrar a la consulta con mi casco colgando, pero en el s. XIX la bici simbolizó mucho más. Cuando empezó a popularizarse, fueron las mujeres las que con más entusiasmo se subieron a las dos ruedas y claro, llegaron los retractores del decoro y las pusieron a bajar de un burro. A muchas les importó un rábano y como los vestidos, volantes y demás parafernalias las incordiaban terriblemente, empezaron a usar pantalones bombachos y eso ya fue el colmo para los más ortodoxos de la moral. 

Las increpaban por la calle, y más de un garrulo las perseguían para zurrarlas. Así que sin buscarlo, la bicicleta se convirtió en un símbolo del movimiento feminista y contra más las criticaban pues con más tesón pedaleaban estas pioneras. Incluso, la comunidad médica, alertaba de las enfermedades que montar en bici producía en las féminas, incluso enfermedades sexuales aunque los razonamientos no tenían nada de doctos, sino morales, al considerarse que el hecho de montar a horcajadas era algo impúdico que podía hacer que nos diera más gustillo del necesario. Toma ya.
Annie Londonderry, conocida así por el nombre de un agua mineral que financió su aventura, se recorrió el mundo en bicicleta. Con un par de ovarios. Y mira lo que son las cosas, su gesta fue olvidada por todos hasta que un bisnieto sacó a la luz su historia creo que en el 2007. Hasta entonces, que si quieres arroz Catalina.

Así pues, no es de extrañar que la bici se convirtiera -y aún lo es- en un símbolo de emancipación femenina, algo que para nosotras en Europa no es tema en absoluto pero que en el resto del mundo sigue siendo tabú o directamente prohibido por la ley. No sé si has visto la bicicleta verde,  una película preciosa pero durilla que cuenta la historia de Wadjda, una nena que desea tener una bicicleta para poder competir con su amigo Abdullah pero que se lo prohíben porque las bicis son un peligro para su dignidad.

A mí lo que me parece indigno es que se nos trate y críe con tanto desprecio. El mundo debería estar orgulloso de sus mujeres. Sin paliativos, con bicis y con garbanzos.  He dicho.

Esta ensalada está basada en esta otra de Estela

Ingredientes:

  • 1 bote de garbanzos cocidos (+- 400gr.)
  • pimientos asados a tu gusto
  • 1 tomate en trocitos menudos
  • un poco de cebolla en trocitos menudos
  • 6 palitos de cangrejo
  • un puñado de langostinos a tu gusto
  • 2 huevos duros
  • Aliño: aceite de oliva virgen, vinagre de Jerez, sal, las yemas de huevo, un poco de pimiento rojo, perejil y algo de cebolla a tu gusto
  • Un puñadito de aceitunas

Preparación:
  1. En un bol, pon los garbanzos y el resto de ingredientes cortados en trocitos menudos. De los huevos, solo añadimos las claras picaditas.
  2. Hacemos el aliño: con ayuda de una picadora o batidora, mezclamos todos los ingredientes cuidando de no triturarlo demasiado para que mantenga la vinagreta cierta textura (un poco a tu gusto).
  3. Mezclamos la ensalada con su aliño y servimos con unas aceitunas a tu gusto por encima.

Kisir, ensalada turca de bulgur

agosto 26, 2025
Atención chicas, sujetaros que vienen curvas. Y a ustedes, caballeros, decirles que no se me ofendan porque el melón que vamos a abrir ahora mismito aunque parezca una generalización como la copa de un pino, quede por delante que no es mi deseo pluralizar en absoluto porque sé a ciencia cierta y de forma casi empírica que no todos sois iguales pero hay que tener en cuenta que el concepto -y contexto- rueda por ahí fuera y mi mente curiosa hace que me piquen los dedos si no tecleo sobre el tema.

Hala, al grano. Habrás oído mencionar en más de una eso de mansplaning y muy posiblemente no tengas ni idea de lo que es; yo, de hecho, no lo he sabido hasta hace un ratico porque cuando me topaba con la palabreja en redes me daba siempre muchísimo perezón pararme a investigar pero hoy... ¡Ay hoy! parece que hay días y días, y el destino -o mi curiosidad enfermiza- ha querido que me haya enredado en leer cosillas sobre el tema y mira, me he reído lo suyo. 
Y ahora sí que sí, al grano. No me demoro más y me pongo a cortar tajadas antes que el melón se nos pase: Hay una autora estadounidense -Rebecca Solnit- que además de escribir sobre un montón de temas super interesantes, en 2014 publicó un libro llamado Los hombres me explican cosas. El libro arranca con una anécdota graciosa cuando ella y una amiga acuden a una fiesta en Aspen y allí conoce al anfitrión, un señor muy rico, imponente y condescendiente, que lo cortés no está reñido con lo valiente, y a la que le pregunta qué tipo de libros escribe, hila sobre un libro increíble  pasando por completo del hecho de que era la autora, y por mucho que su amiga Sally le apuntaba "Ese es su libro" siempre que podía meter baza, el Sr. Muy Importante -así le llama Rebecca-  tiró pa'lante con su conferencia de experto y mira por donde, al final resultó que ni siquiera lo había leído; toda esa pedantería la afiló a partir de una reseña del New York Times. Con un par.

Y sobre eso, va el libro. No todo pero esto es lo que ha trascendido: esa manía de algunos hombres de dar por hecho que siempre van a saber más que una mujer aunque ellos no sepan casi nada y ellas sean expertas de la leche. Y ese paternalismo o condescendencia, a veces se expresa de manera muy... no sé si decir ofensiva o grotesca o incluso despectiva porque por lo que sea, algunos hombres -esos hombres, no los otros- llevan mal que las mujeres sepan cosas.
Y claro, la gente empezó a echar chispas. Un montón de hombres se ofendieron -llevo leídos comentarios de unos cuantos y sus argumentos son de chiste- y otros, bajo el paraguas del feminismo le dieron el nombre de mansplaning: man (hombre) y explaining (explicar). Solnit ha salido varias veces al paso dejando claro que ella no comulga con el término y que el ensayo lo que pretende es dejar en evidencia la persistente desigualdad entre mujeres y hombres y cuenta historias reales de cómo los hombres muestran una autoridad que no se han ganado, y las mujeres de forma casi instintiva aceptamos eso sin cuestionar nada. Porque realmente se trata de un patrón de conducta que está bien extendido y que todos identificamos claramente. 

A mí no hace mucho, un señor random -por no matizar- me estuvo explicando mi cambio hormonal. No me preguntó por mi proceso y cuando intentaba participar del mono-debate, me cortaba por lo sano. Y es verdad que para no liarla, dejé que me tomara por el pito de un sereno porque al fin y al cabo, las batallas hay que elegirlas muy pero que muy bien porque son agotadoras y da mucha fatiga entrar en ciertas polémicas chorras. Pero que tiene tela el tema... pues sí, lo tiene.

Y tú, ¿recuerdas alguna anécdota de señores que explican cosas? que no me entere yo que pasas por aquí sin contarnos algún chascarrillo :-)
A las abuelas, a las que luchan
por la igualdad de derechos,
a las soñadoras,
a los hombres que lo entienden,
a las jóvenes que continúan con la lucha,
a las más mayores que abrieron el camino,
a las conversaciones sin fin y a un mundo
que permitirá que Ella Nachimovitz
(nacida en enero de 2014)
se desarrolle para vivir
plenamente su vida.
Dedicatoria de Los Hombres me explican cosas
Ingredientes para 4:
  • 500gr. de bulgur
  • agua para el bulgur
  • 1 cebolla
  • 1-2 dientes de ajo
  • 2-3 cdas. de concentrado de tomate
  • 1-2 cdas. de Harissa o concentrado de pimiento
  • Baharat (o comino en polvo)
  • 2 tomates
  • 1 pimiento mediano
  • Cebolleta a tu gusto
  • perejil a tu gusto
  • aliño: aceite de oliva, sal y limón
  • Melaza de granada (yo usé de dátiles)
  • para decorar: pepino y/o granos de granada en temporada

Preparación:
  1. Para preparar el bulgur: lo hago igual que el couscous. Ponlo en un recipiente con tapa y le añades agua hirviendo hasta cubrirlo bien. Tapas y deja que absorba el agua. Después de unos minutos lo mueves y lo pruebas. Si está algo duro, echa algo más de agua hirviendo y vuelve a tapar hasta que absorba toda la humedad. Es mejor quedarse corto de agua que no al revés. Una vez a tu gusto, lo salas y reservas.
  2. En una sartén saltea la cebolla y el ajo cortado en fino. Añade la pasta de pimiento, de tomate y las especias. Lo ligas bien y se lo añades al bulgur.
  3. Corta la cebollera, el tomate y el pimiento en trocitos menudos y lo añades al bulgur. Prepara el aliño con un poquito de melaza y se lo añades. 
  4. Termina con el perejil, rodajas de pepino y/o granos de granada en temporada. Puedes servir fría o templada.


Causa limeña de atún

agosto 09, 2025
Hay amores que en la literatura y el cine funcionan fenomenal pero que si los desgranas, o simplemente reflexionas sobre ellos, ves al primer plumazo lo mal que gestionamos el concepto romántico o aquello de "el amor de tu vida". Lo primero, porque nos han aleccionado durante siglos a creer que el amor verdadero es el que dura toda la vida. A ver, a ver, seamos francos; nos casaban a la fuerza, coila, que no nos dejaban elegir así que no quedaba otra que llenar la cabeza de las jovencitas con cuento de hadas y príncipes azules porque no había otra forma de engañar a las chicas casaderas en ciernes. 

Yo nunca he entendido, por ejemplo, donde está el romanticismo en las obras de Jane Austen -ojo, sus novelas, no las películas que se han hecho sobre sus libros- porque es una crítica social tremenda pero claro, pasa desapercibida la injusticia de que las mujeres no pudieran heredar quedando completamente desahuciadas a la espera que alguna de las hijas hiciera un buen casamiento; o las sobrinas venidas a menos en las buenas familias que solo valían para ser damas de compañía y era escandaloso que optaran a un buen matrimonio y menos por amor, claro, y eso que la Austen era muy positiva con sus finales.
Y seguimos con las mismas. Hay una saga literaria, After, donde el prota malote hace una apuesta con su panda para cepillar y desvirgar a la prota y zas, se enamoran y ya todo es música de violines. ¡Venga, hombre! ese tipo es un miserable perverso, inmaduro sí, pero miserable y de escaso calado moral. Y ahí está, como el icono de Romeo o de Don Juan... Así que, con esta mentalidad ¿Qué puede salir mal?

Pues muchas cosas más. A la toxicidad romántica que justifica celos, posesión y manipulación, añade el mundo WhatsApp a las relaciones. He oído que empieza a ser muy común que las parejas tengan que compartirse todo el día -y la noche- la ubicación y dejar de hacerlo, es motivo de super bronca o algo peor. los motivos para justificar ésto son los típicos: es que si no me preocupo, es para saber cuando llegas a casa, etc. Pero pobre de ti como no entres en este berenjenal. Y ésto no es todo, amigos: "Oye, ¿no me dices nada?" "¿Hola? ¿Hey? ¿Hoooola? ¿Holaaaa? ¿Estás ahí?" y pobre de ti como estés en línea y no contestes al segundo, o que se quede un mensaje en leídos o "¿Con quién estás?", "Mándame una foto para saber cómo estás"... en fin, seguro que sabrás muchas más de estas tretas inmundas que para nada reflejan amor sino posesión, celos y desconfianza.  

Y luego, cuando intentas ser sensato y de paso marcar los límites, -en esas intentonas por hablar como gente civilizada-, te encuentras de cara ante un proceso de victimización que no hay quién lo digiera porque para salir de una relación tóxica hay que poner pies en polvorosa. Intentar identificar los problemas con un tóxico es misión imposible. Todo lo que digas será usado para hacerte luz de gas. Porque en este tipo de relaciones se aguanta lo que no está escrito y más, pero nunca revierten. No se llega a ese punto necesario de pensar "Oye, lo mismo tengo que trabajar estos asuntillos" porque se niega siempre la mayor porque la situación está viciada desde el principio. No hay manera de cambiar ciertos hábitos. Por lo menos, yo no conozco ninguna relación que lo haya conseguido a largo plazo. El que es celoso lo es machaconamente para toda la vida. El que es posesivo lo es para siempre. Por lo menos, eso es lo que veo. Ojalá me equivoque. 
Lo bueno de todo esto, es que si en una movida de estás se te infla el papo, puedes optar al bloqueo general y mira, aquí paz. Y si te busca y te acosa ya no es una aventura del copón pedir una orden de alejamiento. Ya es triste tener que llegar a esto pero mira, me viene una reflexión que hizo un señor argentino sobre su ex quien le ha puteado sin piedad hasta unos límites grotescos: decía que mirando atrás, no conseguía recordar los sentimientos que le llevaron a jurarle amor eterno en el altar, a decidir compartir su vida con ella y tener a sus tres hijos... por más que intentaba recordar, no podía entenderlo.

Así que gente bonita: no os desgastéis con esas parejas que os dicen que os quieren tanto que pierden la cabeza... no, no, la cabeza ya estaría mal amueblada de serie. El autentico amor, debería soltar y dejar volar cuando detectes ya no tanto que alguien te hace mal, que eso es fácil: es saber cuando tú haces mal a alguien que quieres y por puro compromiso emocional, deberías soltar rienda y si se tercia y lo tienes que dejar volar, pues que sea. El abuso emocional es una mierda como la copa de un pino. O  más.

Somos más bonitos siendo libres para amar y para dejar de hacerlo.
Ingredientes para 4 raciones:
  • 800gr. de papa amarilla (o la que tengas)
  • 2-3 cdas. de pasta de ají amarillo 
  • limón
Para el relleno de atún:
  • 200gr. de atún
  • algo de cebolla picada a tu gusto
  • mayonesa casera y suave (rebajada con yogur)
  • limón y perejil
  • sal y pimienta
  • 1 palta (aguacate)
Salsa de ají amarillo:
  • 2-3 cdas. de mayonesa
  • 1-2 cdas. de yogur
  • limón a tu gusto
  • sal y pimienta
  • 2 cdas. de pasta de ají amarillo
  • opcional: salsa worcester
Para decorar:
  • 1 huevo duro
  • tomates cherry
  • perejil
  • mayonesa
  • salsa de ají amarillo
  • unos copos de ají rojo

Preparación:
  1. Cuece las patatas hasta que estén tiernas, las pelas y las machacas con las pasta de ají, el limón a tu gusto, sal y pimienta. reservas.
  2. Mezcla el atún con cebolla picada a tu gusto, mayonesa, limón, perejil y sal y pimienta. Reserva.
  3. Pela el aguacate y lo cortas en rodajas finas. Reserva.
  4. Puedes montar en un molde de plum-cake, en una fuente de pírex o individualmente con un aro de emplatar. Empieza con una capa de papa, luego de atún, otra de aguacate y termina con otra de papa.
  5. Adorna con un poco de mayo, el huevo, los tomates y buen chorro de salsa de ají y perejil.

Ensalada de patata y alubias

junio 09, 2025
Según Ángel Martín, hay tres cositas muy facilonas que podemos hacer para ser mejor persona porque la verdad es que a lo largo de la vida, son cosas que no nos suelen decir y es posible que por eso haya tanto botarate desbocaó por el mundo. Como no cuesta nada compartir, pues aquí te dejo estos consejos a ver que tal:

El primero; cuando viajes en trasporte público, silencia las putas notificaciones porque es verdad que mola mucho tener gente que te manda muchos mensajitos pero dan bastante por saco (él dijo por culo pero no quiero pasarme de mal hablada). ¡Ay qué sí! cómo crispa eso. Y no solo en transporte público; es aplicable también cuando quedas con alguien, te pregunta que qué tal aquello y mientras se lo cuentas, empiezan a sonar "bips" a modo de alarma anti-incendios. Mientras te dice "ahá-ahá" se pone a mirar el móvil y tú, con una pereza infinita salpicada de cierto estoicismo haces como que te importa un rábano pero sobra decir que por dentro te estás comiendo las muelas.
El segundo: tápate la boca cuando tosas y si estás en una fila no tosas para atrás para no molestar al de adelante porque así salvas al de adelante pero al de atrás le llenas de esputos. Muy de acuerdo también. Este principio tan básico de expectoración en público puede parecer la mar de facilón pero a las pruebas me remito y me atrevo a afirmar que aunque está muy bien eso de expulsar fuera del cuerpo aquello que nos molesta o impide respirar con soltura, hacerlo sin ponerte la mano, un pañuelo, el brazo o lo que a bien tengas a mano que sea tuyo e intransferible... decía, que hacerlo así sin más miramientos es de ser mala pero que muy mala persona. 

Y por último: si trabajas en hostelería y te piden algo calentito no significa que te estén pidiendo ese algo tan caliente como para que se te arranque un trozo de piel de la encía. Esto también debería ser de manual. Hay que poner límites y una cosa es calentito y otra abrasador. Una cosa es una sopita calentita después de un chaparrón y otra es tragar lava volcánica recién escupida... y aquí se nos juntan los consejos porque si pones un café achicharrador a tus parroquianos, luego no te podrás quejar que lo escupan sin miramientos sobre el mostrador. Hay que ser consecuente de nuestras acciones. 
Estoy segura que a la que lees, se te vienen a la mente más consejos para ser mejor persona porque sí es verdad que el camino está lleno de humildes piedrecitas que parecen estar a lo suyo sin molestar a nadie, pero el drama toma otra dimensión cuando se cuelan dentro de tu zapato. Y todos sin excepción somos así por muy en modo piedra porosa, preciosa o canto rodado que nos pongamos. 

Ángel, que es muy buena persona, siempre se acuerda de sugerir algo para hacerte de comer por si estás sin ideas. Se le ocurrió merluza a la plancha pero aquí en Austria no saben lo que es una merluza. Ni un merluzo, pero está es otra historia. 

Yo me he decantado por esta ensalada de patata y alubias que tiene alguna cosilla más que he cogido del huerto como los rabanitos que ya escasean y es que con el calor se nos cuelan babosas, caracoles y hasta un topillo que son muy fan de los rabanitos y los colirrábanos. Así que hay que estar rápido y no perder la ocasión antes que se los devoren los turistas.
Ingredientes para 4 personas

  • 800gr. de patatas
  • 400gr. de alubias blancas cocidas
  • cebolletas finas con tallo a tu gusto
  • un poco de cebolla morada
  • rabanitos a tu gusto
  • un puñado de espinacas y hierbas aromáticas frescas (cebollino, perejil y albahaca)
  • queso de cabra fresco tipo feta
  • aliño: aceite de oliva, vinagre de vino, 1cdta. de agave o miel, 1 cdta. de mostaza, sal y pimienta

Preparación:
  1. Cuece las patatas, las troceas y las pones en una fuente. Añade las alubias y la cebolleta cortada en rodajitas finas.
  2. Prepara el aliño, lo mezclas y lo añades. Al aliño le pongo un chorrito de agua porque las patatas tienden a absorber los líquidos y así quedará más jugosa.
  3. Añade las espinacas y las hierbas muy picadas, los rabanitos en rodajas así como la cebolla también en rodajas finas. Prueba y rectifica el aliño si hiciera falta.
  4. Termina poniendo trocitos de queso por encima.


Ensalada con cous cous y pera

abril 26, 2025
Esta historieta que te voy a contar hoy, desde el punto de vista histórico hay que cogerla con pinzas porque de aquellos lodazales se sabe poco, está la cosa requete embarrada así que me voy a tomar la licencia de darte la turra a mi manera. Érase que se era un rey...

Se llamaba Roderico -Rodrigo para entendernos- y fue uno de esos reyes visigodos que gobernaron en tierras celtibéricas. No mucho pero ahí lo tienes; estamos hablando de él. Llegó al trono por las bravas cuando el rey Witiza estiró la pata y tan parda se lió que el reino estuvo a mamporrazos y sumido en intrigas como de muy mala chufa.

A ver, razones no faltaban porque la verdad es que se tenían unas tirrias muy malsanas. La familia de Rodrigo se llevaba mal con Witiza y castigó a su padre cegándolo por no se qué traición. Los desterró a Córdoba y contando con parte de la nobleza que apoyó su causa, y a golpetazo limpió derrocaron al rey -al que tan bien cegó antes de finiquitarlo porque era de los que pensaba que donde las dan, las toman-. Los hijos del depuesto, pusieron pies en polvorosa y se exiliaron en Tánger. 
El caso es que con tanto revuelo, los musulmanes que ya habían hecho sus pinitos cruzando el estrecho, se frotaron las manos de gozo ante la perspectiva de lograr abrir brecha, al fin, en la península Ibérica.  Ya sabes el dicho: divide y vencerás.

El Rodrigo, que era muy mujeriego y se pensaba que todo el campo era orégano, echó el ojo a una jovencita de buena familia que, como a casi todas, se la mandó a la corte de Toledo a curtirse en chuflas palaciegas. Unos dicen digo y otros Diego pero a fin de cuentas, el rey deshonró a la moza; no se sabe si por las malas o con engaños y promesas de matrimonio pero a fin de cuentas, la ultrajó y con ella a toda la familia. Para que veas lo que son las famas: a esta muchacha se la conocía como doña Florinda la Cava, mote con el que los musulmanes se referían a las malas mujeres. 
Así que al Conde Don Julián, padre de la desdichada y gobernador de Ceuta, le entró una tirria que no se esforzó en disimular y como no le faltaban agallas, se enredó con los exiliados del rey Witiza y otras familias nobles para ir a por Rodrigo y leerle la cartilla. Piden ayuda a los Omeya que ponen a su disposición las tropas del gobernador de Tánger, Táriq ibn Ziyad y juntos cruzan por Gibraltar con el firme propósito de hacer frente al rey Rodrigo.

Aunque estaba entretenido peleando con los vascos, Rodrigo se dirige al campo de batalla la mar de relajado porque tiene superioridad en tropas y armas. Pan comido, debió de pensar pero cuando el jaleo comienza, muchos de sus nobles y aliados le abandonan a su suerte. Tanto pelear entre ellos es lo que tiene, levanta heridas y por aquella época el horno no estaba nunca para bollos, esa es la verdad.

Y cayó en la batalla. Todo se desmoronó y los musulmanes invadieron la península. Lo demás que aconteció, es parte de nuestra historia mal que pese a algunos.
Receta inspirada en esta maravillosa ensalada de Eugenia
Ingredientes:
  • un puñado de berros o canónigos
  • 1 tacita de cous cous integral
  • 1 pera
  • un puñado de cramberries (o arándanos secos)
  • unas nueces a tu gusto
  • Aliño:
    limón o condimento bianco, un poco de mostaza, sal, pimienta y aceite de oliva. Opcional: unas gotas de miel si usas limón

Preparación:
  1. En una taza de té, pon el cous cous, añade agua hirviendo hasta que cubra, tapa y deja que repose unos 3 minutos. Destapa, añade algo de sal y muévelo con una cucharita hasta que se suelte.
  2. Pon en un plato o recipiente, los canónigos, pon una capa de cous cous, los cramberries, las nueces y la pera en trocitos. Aliña a tu gusto. 

Ensalada de lentejas bien-bien

abril 23, 2025
Toca comer bien. Mi última analítica ha sido un desastre así que toca ponerse las pilas, comer bien-bien y quitarse todo lo que no se debe. O casi, porque de momento con el queso no se negocia. Me niego. Un buen queso bien vale ir de rebelde sin causa. 

Los meses que estuve de bajón me han pasado factura.  Lo oímos por muchos sitios pero no nos llegar a calar: los bajonazos nos hacen enfermar y luego todo son rotos. Y eso que ya tenía unos cuantos porque desde que me quitaron el útero hace 15 años todo es un desmadre y me salen descosidos hasta donde no tengo costuras.

Y es que la mayoría de las mujeres llegamos a la menopausia con una mano delante y otra detrás, sin saber todos los efectos secundarios a los que estamos expuestas. Nadie nos prepara y así nos va. Descubrimos por las bravas que además de sofocos, insomnio y que se te escape el pis sin previo aviso, además nos aumenta la presión arterial, se nos acelera el corazón, aumenta el peso, el colesterol, el azúcar, dolores musculares, osteoporosis, depresión, falta de magnesio, calcio, vitamina D, etc, etc. 
Dejamos de servir como reproductoras y el cuerpo se marchita sin remedio y si bien es cierto que hay muchas mujeres que apenas sufren con la pérdida de estrógenos, aquí la menda lerenda que suscribe estas palabras, se ha subido a todos los trenes del drama menopaúsico y aunque estoy a falta de la confirmación oficial todo apunta a que acabo de entrar en el club de los diabéticos. 

Como la atención primaria en mi ciudad es un caos kilométrico, me han dado cita a dos meses vista así que mientras espero me he puesto las pilas y estoy llevando una alimentación bien-bien, baja en carbohidratos, azúcar y grasas dando rienda suelta a los integrales, legumbres, verduras, frutas y proteínas de las buenas, de las naturales no las que vienen en frascos.
Pero con queso. Dieta bien-bien pero con mi trocito que queso diario y mi tostadita de espelta integral con queso fresco por encima. Sino, yo no quiero estar sana, así te lo digo. 

Esta ensalada de lentejas es la definitiva, sin dudarlo. Nos ha encantado a todos y ha desbancado a su antecesora, la de invierno que ya era difícil de superar. Inicialmente, pensé hacerla con atún por encima e incluso ya había sacado la lata de bonito del norte pero a última hora, en un arrebato de anarquismo nutricional, agarré el queso de cabra a la pimienta que compré en Albacete camino de Madrid y ¡zas! me marqué unos taquitos que me supieron a gloria. Cada uno que obre en consecuencia. Yo, desde luego, bien-bien pero con queso.
Ingredientes para 3:

  • una lata grande (de 800gr.) de lentejas ya cocidas
  • 2-3 zanahorias salteadas y cortadas muy menudas
  • 2 tomates muy picados
  • 1/2 cebolla roja picada
  • un puñado de cramberries o pasas a tu gusto
  • queso de cabra semicurado
  • Aliño:
    2 tomates secos en aceite, albahaca fresca, sal, pimienta, vinagre de Módena, un poco de agua y aceite de oliva

Preparación:
  1. Saltea brevemente las zanahorias en trocitos muy pequeños y reserva.
  2. En un bol, pon las lentejas escurridas, los cramberries, la cebolla y el tomate muy muy picado y las zanahorias ya templadas.
  3. Prepara el aliño: pon todos los ingredientes juntos pícalos con un procesador o con la batidora eléctrica. Añádelo a la ensalada y remueve.
  4. Termina la ensalada con un poco de albahaca picada y trocitos de queso.

Ensalada invernal de lentejas

diciembre 04, 2024
Hoy si no te importa me enrollo poco que tengo una semanita como para perdérmela pero no quiero dejar pasar más tiempo sin publicar nada porque yo, en mi imaginario egocentrista amante del bombo y el platillo, pienso que si me estiro mucho sin publicar me vas a echar de menos, te vas a preocupar por mí hasta el punto de iniciar conversaciones con la embajada para planificar un plan de rescate por si las moscas. En fin, cada uno nos columpiamos a nuestro aire.

Te decía: hoy rollo escueto. A ver si me sale. 

Hoy se celebra el día internacional del guepardo porque el pobre esta a un estornudo de extinguirse. En África parece que los granjeros andan a la gresca con estos gaticos grandes porque tienen la mala costumbre de comer y son de los que se presentan sin pedir permiso y se zampan lo que pillan. Los cazadores también hacen lo suyo, éstos por puro placer. El caso es que están a punto de irse definitivamente y no volver.
¿Y por qué hoy? Porque es el cumpleaños de Khayam, un guepardo que se crió en cautividad, en Oregon, siendo el primero en ser reintroducido a la vida salvaje con éxito. Esto fue posible gracias a la Dra. Laurie Marker quien creo este día internacional con el fin de concienciarnos al resto de los mortales sobre la necesidad de proteger al felino más rápido del planeta. Y si no lo es, pues uno de los más rápidos, no le vayamos ahora a sacar punta a los detallines.

Y como cualquier día conmemorativo, lo que se pretende es ayudar a la causa y he visitado como una media docena de webs con cosicas que podemos hacer y todas dicen más o menos lo mismo: que ayudemos a no deforestar ambientes salvajes, que denunciemos cualquier forma de comercio ilegal  o que publiquemos fotos de los mininos con hashtags a lo #salvaalguepardo y... ¡agárrate los machos! que compremos camisetas de la fundación de la Dra. Laurie como si eso de consumir y hacer negocio no degradase el plantea y, la guinda del pastel: que vayamos a ver a los animalicos en zoos para aprender más de ellos. 

Ah, hasta aquí he llega'o. No soporto los animales en cautividad; ni en zoos, circos ni demás pesca. Me resulta atroz que nos lleven desde pequeños a ver jaulas de animales salvajes fuera de su habitad y sus manadas. Somos lo peor y prueba de ello es este movimiento buenista a favor del guepardo que nos anima a ir al zoo y participar del negocio entorno a la esclavitud animal. Y tan panchos, oiga. ¿Un peluchito al salir? Sí, venga, que quede claro que somos gente super guay y activista en favor de los derechos animales y naturaleza. Qué falsos somos a veces y encima, de puro sin querer.

A lo nuestro: esta ensalada invernal es un puro lujazo para que quede claro que ni las ensaladas y las bicicletas son solo para el verano.
Ingredientes:

  • 1 bote de lentejas cocidas
  • 2-3 zanahorias
  • 1/2 cebolla roja
  • granos de 1/2 granada
  • queso fresco de oveja
  • aliño: vinagre de Jerez, aceite de oliva, sal, pimienta y un poquito de miel

Preparación:
  1. En una sartén con un poquito de aceite de oliva, saltea las zanahorias cortadas en trocitos muy menudos a fuego medio.
  2. Mientras coloca las lentejas en una fuente y añade la cebolla picada, los granos de granada, el queso en daditos y la zanahoria. 
  3. Mezcla el aliño y se lo añades a la ensalada.

Ensalada de garbanzos de Casa Carmen

septiembre 22, 2024
Yo de momento, no te voy a decir quien soy, lo dejo pa'el final pero lo mismo por el camino me descubres porque mi vida ha si'o de libro y es que antes las cosas pasaban de otra manera, ya sabes, todo más enrevesa'o y además quiso el destino que mi vivir estuviera siempre cosido a las cosas del torear, del baile y del cantar. 

Tuve la suerte de crecer en una época en que el baile era cosa de mucha importancia, muy majestuoso y elegante; nada que ver con los tablaos de turisteo que vinieron después haciendo uso de mucho ruido y picardías pero de poco talento. Puede que esté algo creída, no puedo decir que no pero es que en esos tiempos tuve el mundo a mis pies.

Fui la niña de la Mejorana, que me trajo al mundo en el barrio sevillano de la Alfalfa y en la mismita casa del Espartero, que ya es casualidad. Mi madre fue la mejor artista de flamenco que pisó los tabla'os; tenía un arte que se le salía por todos sus poros y quiso Dios que este talento suyo también se le escapara por el vientre cuando me parió y me quedé con eso pa'tos los restos. 

Mi padre era un sastre muy reconocido que vestía a toreros como al Cúchares, Reverte y Bienvenida. ¡Qué sé yo cuántos! Y allí estábamos requetebién; pero nos tuvimos que ir a los Madriles porque mi padre enfermó y al poco comenzamos a pasar privaciones y fatigas. Ayudaba como podía fregando escaleras hasta que en un bautizo bailé unas sevillanas y dejé a todo el mundo tonto. Me ofrecieron bailar en el Japonés y de ahí a terminar de musa de Manuel de Falla y estrenar su Amor brujo pasó en un visto y no visto. O no, porque entre medias me atacó el amor a lo loco y casi sin darme tiempo a , se marchó dejándome con un gazpacho que qué se yo.
Cuánto amé a Rafael solo el de arriba lo sabe y qué mal me pagó esta devoción. Celoso a rabiar y gitano de la vieja escuela, me encerró en la casa con su madre y sus hermanas viendo la luz del sol tan solo desde un pequeño patio donde, embutida en un mandil con faltriquera, solo se me permitía coser y bordar. Mi madre, a saber porqué, se propuso romper mi matrimonio y mandaba anónimos a mi marido que le hacían enfurecer y, claro, me molía a palos sin querer escuchar razón alguna. Ni mi señora suegra ni mi cuñada ayudaron a parar estas palizas, al revés, parecían satisfechas de que el hombre de la casa me pusiera en mi sitio, me bajara los humos de reina mora y de paso, arreglar cuentas con el pasado porque la repugnancia que mi suegra sentía por mí no era normal.

Pero no, a reina mora no hay quien me gane y en menos de una año salí de aquella casa de mala manera. Y nunca más. Ni un roce ni un acercamiento. Y sobre este particular siempre guardé silencio aunque las lágrimas me persiguieron la vida entera. Si preguntas por los mentideros de Madrid te dirán que mi madre bebió los vientos por el torero Fernando Gómez, el Gallo mientras mi padre la pretendía y que la ruptura con uno coincidió con el casamiento con el otro y que yo llegué antes de lo que cabía esperar. Y este torero, maldita sea mi suerte, no es otro que el padre de mi marido, Rafael Gómez, el Gallo. Dicho queda.

Y por si fuera poco, el amor me atacó una vez más y de nuevo con gazpacho de por medio.  Conocí a Fernando, Duque de Dúrcal y primo del rey cuando estrenamos el Amor brujo y tuve la mala fortuna de quedarme embarazada. O eso yo creía entonces porque no he tenido mayor regalo en esta vida que mi hija Rosario, y mis nietos, y mis bisnietos. Pero en ese momento, aunque Fernando quiso reconocer a la niña, yo solo pensaba en evitar el escándalo y con ésto, Rafael me ayudó reconociendo a la niña y dándole sus apellidos a pesar de llevar separados varios años. Pero mi hija siempre prefirió llevar mis apellidos, porque solo sintió amor y orgullo por su madre, quien en mis buenos tiempos, presumí de oler a horada desde lejos. Pero así tuvo que ser. No hubiera sido tan feliz de haber cumplido con mis principios.
"Nosotros, los gitanos, no amamos más que una vez. Entregarse a una persona es un acto de iglesia; si uno se equivoca, como me he equivocado yo, no queda más camino que secarse de pena." Pastora Imperio.
Y hoy es domingo de reto, de Homenajeblog  y estrenamos nueva temporada donde cada mes nos volveremos a colar en cocinas ajenas y homenajearemos al anfitrión cocinando alguna de sus recetas. Arrancamos homenajeando por segunda vez a Carmen del blog Recetas Casa Carmen un sitio maravilloso con un montón de recetas estupendísimas y muy sanas, muy andaluzas con sabores muy nuestros. He hecho esta ensalada de garbanzos porque me quedé con ganas la vez anterior así que no lo dudé ni un momento, Y menudo acierto, ¡ Gracias Carmen!


Ingredientes:
  • 350gr de garbanzos cocidos
  • Atún en lata a tu gusto
  • Pimiento verde a tu gusto
  • cebolla morada o cebolla dulce para ensalada
  • 1 tomate
  • Un puñadito de tomatitos cherry
  • Aceitunas a tu gusto
  • Algunas alcaparras
  • 1 diente de ajo o ajo en polvo
  • queso fresco a tu gusto
  • Aliño: aceite de oliva, vinagre de vino, pimienta y sal

Nota:
  • La receta de Carmen lleva maíz pero lo he sustituido por unos cherries amarillos de mi huerto, que tienen un sabor dulce maravilloso.
  • Le puse ajo en polvo porque no me gusta que predomine mucho el sabor del ajo en las ensaladas.

Preparación:
  1. En una fuente o el recipiente en el que vayas a servir, pon los garbanzos escurridos, el pimiento y la cebolla cortada en muy fino, el atún, un tomate rallado, los tomatitos cortados en cuartos y las alcaparras cortaditas en menudo.
  2. Añade el aliño y el ajo, lo mezclas bien y terminas añadiendo el queso y las aceitunas.
 
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