Huevos tontos con pan integral

Hay un señor en Canadá que se llama Darren Gingras y dice cosas como ésta:
Nos encanta creer que somos "buena gente" porque somos amables con los extraños. Pero la verdadera prueba de carácter no es cómo tratas al camarero o al repartidor. Es cómo le hablas a la gente que vive contigo. Los extraños no llevan tu historia. Los extraños no activan tus heridas. Los extraños no reflejan las partes de ti con las que todavía no has lidiado. Tu cónyuge sí. Tus hijos también. Tu casa lo hace. Si solo puedes ser amable cuando no te cuesta nada, eso no es bondad. Eso es gestionar tu imagen. La bondad en público construye una persona. La bondad en casa construye un matrimonio. Los matrimonios no se desmoronan de una gran explosión. Se erosionan por la ausencia diaria de decencia básica. Tono. Paciencia. Ternura. Respeto. Ser amable en todas partes excepto en casa no es bondad. Y la gente más cercana a ti siente la diferencia.
Este caballero tiene una organización que ayuda a la gente a divorciarse de buenas maneras, sin abogados enfrentados y sin que un juez decida sobre la familia. De buen rollo. Ayudan con los asuntos económicos y emocionales buscando paridad y neutralidad entre ambas partes. Gestionan con la pareja y resuelven su nivel de conflicto al menos para que puedan entenderse. Cuando hay críos de por medio la cosa va un poco más allá y, además del tema financiero y de cuidar la salud mental de la pareja, guía a los padres en lo que debe ser su coparentalidad: logística diaria, minimizar el impacto emocional de un divorcio en los niños, separación de roles, etc. 
Me hace gracia haber dado con este tipo porque llevo unos días dando muchas vueltas a este tema; en concreto, a lo indefensos que quedan los niños cuando los padres terminan tarifando. Muy pocos padres trabajan con un especialista ese cambio de rol, donde de pareja frustrada y desencantada tienen que abordar la crianza de los hijos como si de una relación profesional se tratara trabajando, juntos pero no revueltos, en el proyecto "hijos felices a pesar de todo". 

Claro que no es fácil. Cuando yo me separé no existía nada de eso, se llevaba mucho lo de destrozarse mutuamente aunque te llevaras a los críos por delante. A mí la jueza me reprochó que no le hubiera puesto un contencioso antes. Decía que si no lo hice y mi familia se hacía cargo de mí, pues que a qué venía reclamar nada (yo reclamé atrasos en la manutención). Cuando alegué que estaba dando tiempo a calmar los ánimos en la esperanza de poder divorciarnos de mutuo acuerdo casi se echa a reír. No lo entendí entonces ni lo entiendo ahora. Pero esta es otra historia, de esas para no dormir.
La cosa es, por lo que sea, que he estado dándole vueltas a la necesidad, digo, obligatoriedad de dos asuntos imprescindibles: uno, que antes de llegar a un juez en un contencioso, habría que pasar siempre, pero digo siempre por un terapeuta que trabaje primero el conflicto emocional. Obligatorio este paso, ¿no crees? Luego ya se verá como nos repartimos las ovejas pero en calma y con cabeza porque desde una trinchera solo se oyen tiros, no hay más. 

El segundo asunto es que antes de la desilusión, cuando una pareja se quiere tanto -o no- como para decidir ser padres habría que hacer antes un cursillo de responsabilidad parental porque es muy tremendo que sigo escuchando separaciones que usan a los hijos como armas de destrucción masiva. Por despecho o decepción o lo que le toque a cada uno vivir, hay padres-madres que tiran de denuncias falsas, de evitar o entorpecer visitas,  de cortar flujo económico, de llevarte a los críos al fin del mundo o de pedir pasta, o más pasta, o... o lo que sea con tal de arruinar la vida de tu ex sin asumir la responsabilidad que esa pareja asumió cuando decidió traer a esas criaturas al mundo.

Es inaceptable el dolor que unos padres despechados pueden hacer sobre sus hijos; metiéndolos de por medio y manipulando sus sentimientos contra el progenitor enemigo. Qué canallas podemos llegar a ser.
Todos lo hemos hecho hasta cierto punto, pero las mentiras por omisión siguen siendo mentiras. La verdad parcial es manipulación vestida como honestidad. No puedes construir confianza en lo que alguien no dijo.
Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 100ml. de leche
  • sal y pimienta
  • 6 rebanadas de pan de molde integral
  • 1 lata de atún (unos 100gr.)
  • 3cdas. de pesto rosso (o 4cdas. de salsa de tomate y un par de ajos)
  • Abundante aceite para freír

Preparación:
  1. Bate los huevos en un bol, les añades la leche y salpimientas un poquito.
  2. Corta las rebanadas de pan en trocitos y lo integras al bol junto con el atún y el pesto. Deja que repose un poco antes de formar las albondiguillas.
  3. Fríe en abundante aceite a fuego medio alto. Ponlas encima de papel absorbente de cocina para quitarles el exceso de aceite.

 
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