Pestiños anaranjados a la Alice Ball

Efecto Matilda
Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
Alice Ball
Fue una química afroamericana que, con solo 23 años, descubrió el primer tratamiento efectivo contra la lepra. Hasta entonces había sido una enfermedad maldita, inmisericorde,  donde a los enfermos se les desterraba o eran recluidos abandonándolos a su suerte. La muerte en soledad, no había otra.

El mérito de Alice fue triple: aparte de tan importante hallazgo, fue la primera mujer afroamericana en graduarse por la Universidad de Hawái y la primera mujer profesora de Química en esa misma universidad. Pero ¿mujer y afroamericana? exacto, Alice tiene todas las papeletas para ser miembro premium en el club del Efecto Matilda.

De niña, estaba siempre trasteando junto a su abuelo que era un reconocido fotógrafo y daguerrotipista local. Así que su infancia transcurrió entre placas de metal, vapores de yodo, mercurio y plata. Creció viendo a su abuelo manipular ácidos y revelar imágenes como si el laboratorio fotográfico fuera patio de juegos. 

El abuelo tenía la salud delicada así que la familia se mudó a Hawái esperando que sus dolencias se atenuaran. El clima de Seattle le traía por la calle de la amargura. Y allí comenzó todo.
El Dr. Harry T. Hollmann, que trabajaba en el hospital de leprosos, estaba desesperado porque el aceite de chaulmoogra, el único remedio conocido contra la lepra, no funcionaba. Sabía fatal y los enfermos lo vomitaban antes de que hiciera efecto; era además ininyectable y tan denso que se quedaba hecho un mazacote bajo la piel y causaba unos abscesos de película de terror. Y es que el dichoso aceite era además insoluble; no se mezclaba con la sangre ni a tiros.

El caso es que había oído hablar de una joven profesora de química que era una maga en lo suyo y le pidió ayuda. Alice aceptó el reto sin dudarlo. Se puso a ello y, no te lo pierdas, en menos de un año descubrió cómo hacer que el aceite de chalmoogra fuera soluble en agua. ¿Y cómo lo hizo? pues con un rigor científico requetebrutal. Aisló los compuestos activos del aceite y los convirtió en una sustancia que sí era soluble en agua. No me preguntes cómo que lo mío son las letras pero por primera vez en la historia de la humanidad, el aceite podía inyectarse y el cuerpo lo absorbía sin problemas. Gracias a Alice, miles de personas han salvado la vida. Ahí es nada.
Pero negra y mujer en 1915 ¡qué se podía esperar! recuerda que la segregación racial no era un mero conflicto moral o cultural. Había leyes (las leyes Jim Crow) que castigaban severamente la integración de la gente de color en la vida sociocultural americana. Su descubrimiento quedó marginado y más aún cuando un año después, en medio de una clase y por error, inhaló gas cloro. Murió con tan solo 24 años.

Y aquí es cuando su plagiador, el presidente de su misma universidad Arthur L. Dean se adueñó de su método y lo publicó sin ni siquiera nombrarla. Con un par de pestiños mal refritos. Y aquí dio comienzo el largo camino por restituir su hallazgo encabezado primero por el Dr. Harry T. Hollmann que se pasó la vida intentando sin éxito que el mal llamado Método Dean se llamara como tenía que llamarse. Varias eminencias a lo largo de los años lo intentaron también pero no fue hasta el año 2000 que la Universidad de Hawái finalmente colocó una placa en su honor junto al único árbol de chaulmoogra del campus.

Cada 28 de febrero se celebra en Hawái el Día de Alice Ball, momento elegido a conciencia entre el final del Mes de la Historia Negra (Black History Month) y antes del Mes de la Historia de la Mujer (Women's History Month).

Si Alice Ball logró que un aceite denso e imposible se volviera soluble para salvar vidas, nosotras vamos a hacer nuestro propio experimento. El secreto de estos pestiños no está solo en la masa, que he intentado ajustar al máximo en aceite y dulzor, sino en su baño alquímico: un almíbar de panela y naranja que, al igual que el Método Ball, transforma ingredientes sencillos en algo espectacular. Un glaseado que empapa cada pestiño en frescura para que cada bocado sea un homenaje a su memoria. Va por ti, querida.

Prepárate, porque el resultado es, sencillamente, requeteAlice. 
Ingredientes:
  • 60ml. aceite de oliva
  • 1 rama de canela
  • piel de limón
  • unas semillas de anís o matalahúva
  • 250gr. de harina de espelta
  • 60ml. de vino blanco
  • el zumo de 1/2 naranja
  • una pizca de sal
Almíbar:
  • 150gr. de piloncillo de panela (o panela molida)
  • 100ml. de zumo de naranja
  • 50ml. de agua
  • un chorrito de ron
  • 1 rama de canela

  • mezcla de aceite de oliva y de girasol a partes iguales para freír
  • ralladura de naranja y semillas de ajonjolí para el acabado

Preparación:
  1. Calienta el aceite de oliva junto con la cáscara, la canela y las semillas de matalahúva. Deja que macere un poquito a fuego muy suave y deja que enfríe por completo.
  2. En un bol, pon todos los ingredientes de la masa con el aceite colado. Liga la masa con una espátula, pásala a la encimera y amasa unos 4-5 minutos. Deja que repose 1 hora.
  3. Para el almíbar, pon todos los ingredientes en un cazo y lleva a ebullición. Deja que reduzca hasta que notes el punto casi de caramelo (sacas unas gotitas sobre un platito y al enfriar tiene que espesar). Mantenlo calentito.
  4. Extiende la masa sobre la encimera con ayuda de un rodillo. La masa tiene que quedar muy fina. Puedes poner unas gotas de aceite sobre la encimera para que no se pegue la masa. Con un cortamasas (o cortapizzas o un cuchillo) corta la masa extendida en cuadrados y pliega dos de los extremos del cuadrado hacia el centro y presiona para que no se abran en el aceite. 
  5. Pon a calentar el aceite para freír en una sartén honda con unas cáscaras de naranja. Cuando veas que se fríen, baja el fuego a medio alto y comienza a freír los pestiños. Los vas dejando sobre papel absorbente de cocina para que pierdan el exceso de aceite.
  6. Baña cada pestiño en el almíbar, lo depositas sobre una fuente y vas espolvoreando la ralladura de naranja y el ajonjolí.


 
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