Mulligatawny, por fin con todas sus lentejas
Querido lector, tú aún no lo sabes pero hemos iniciado un viaje en el tiempo. Viajaremos al pasado pero no en línea recta porque al fin y al cabo los humanos conectamos el pasado y el futuro en espiral. Quién sabe, lo mismo vivimos en mundos paralelos y todo está ocurriendo ahora. Hablar de esto no nos llevará nada más que a fantasear pero yo tengo un plan. De momento oculto pero para nada secreto.
Voy a intentar que conectes con cosas e intentaré ser fiel a cómo he llegado a mezclar tantas historias y sabores... o no, porque lo mismo todo es más parecido de lo que aparenta: legumbres de colores que cumplen su misión, jengibres en polvo o frescos que nos transportan por el mundo y aunque hablaré de personajes errantes, luego de puro sin querer, echaremos raíces en algún caso y en otros el desarraigo hará heridas.
Pero debes ser paciente y disfrutar del viaje. Éste empieza aquí:
Rukhmabai nació en una familia marathi. A penas conoció a su padre. Tenía dos años cuando él murió. Algún tiempo después, su madre volvió a contraer matrimonio y lo hizo con Sakharam Arjun, un eminente médico y activista social de Bombay. Fue bajo su influencia, cuando la niña se animó a estudiar y alimentó sus ideales progresistas en un tiempo -estamos a finales del SXIX- donde la incultura y las costumbres retrogradas seguían firmes en el día a día por todo el país. La colonización inglesa no vino a traer humanidades ni desarrollo cultural. En fin, que ya sabemos de que pie cojean los imperialismos y ellos fueron a lo que fueron: a lo suyo.
Así que, siguiendo las costumbres locales, el abuelo materno de Rukhmabai arregló su matrimonio con Dadaji, un muchacho de 19 años no muy centrado pero lo más terrible -aunque fuera muy común- es que ella tan solo tenía 11 años. Sakharam se negó a que ese matrimonio se consumara evitando a toda costa que su hijastra cohabitara con el esposo.
Y éste, como tantos, salió bala perdida: Dadaji resultó ser un borracho, calavera y libertino, que por el motivo que sea -parecía que tenía endeudadas hasta las suelas de sus zapatos- se emperró en que su esposa debía vivir con él y ante la negativa, el tipo llevó a Rukhmabai a los tribunales a santo de "restitución de derechos conyugales" o algo por el estilo. Menuda necedad.
Y mientras el juicio seguía su curso, Rukhmabai comenzó a escribir para el Times of India bajo el seudónimo de A Hindu Lady, abogando por sus derechos y por la necesidad urgente de reformar una sociedad que no solo ninguneaba a las mujeres sino que las trataba peor que a las ratas.
Y así las cosas, en 1887, el juez lanzó un órdago a Rukhmabai: o te vas a casa con tu esposo o seis meses a la cárcel. Y con un par de moños y el Sari bien puesto dijo que si había que ir a prisión pues se iba. Entiende que eran cárceles del SXIX y encima de mujeres. La de cosas terribles que debían pasar ahí dentro pero Rukhmabai tiró para adelante, la lió parda y no contenta con el follón que se montó, apeló a la Queen -era la Victoria- , quien anuló el juicio y disolvió el matrimonio. Otra con más moño que corona.
Y ¿Colorín colorado, este cuento se ha acabado? Ni de refilón. Fue la primera mujer hindú en obtener legalmente el divorcio en la India, y luchó con garra por mejorar las leyes respecto a las niñas, mujeres y viudas que muchas eran -y aún se siguen escuchando cosillas- quemadas vivas porque muerto el marido, eran una carga para la familia.
Rukhmabai estudió medicina y lo hizo en Inglaterra gracias a la Dra. Edith Pechey que recaudó fondos para que se produjera el milagro. Y vaya sí se hizo. Nuestra divorciada número uno regresó a su país a hacer lo que mejor sabía hacer: ayudar a las mujeres para darles derechos y atender su salud como se merecían; cuerpo y alma trabajando en la misma dirección. El mundo necesita muchas pero muchas más Rukhmabai porque solo ellas nos pueden salvar de este desastre.
Y bueno, aquí estamos; hace años publiqué un mulligatawny de urgencia, con escarlatina de por medio y sin lentejas. Cosas de la vida que me pasaban antes. Hoy, con Rukhmabai de protagonista, le doy su forma más auténtica porque es en sí mismo un plato que relata dos historias: una sopa densa y cremosa, casi un dal que nació en el sur de India y su nombre viene del tamil, milagu tannir (agua de pimienta) y era un guiso de lentejas especiado que los cocineros indios adaptaron para los paladares británicos. El triturado es su forma más auténtica.
Así que ya ves; aquel Mulligatawny que cociné con escarlatina, no era ni Mulli, ni gataw ni ny, fue una mutación sin lentejas de lo que ya venía rodando por los blogs anglosajones que no es por criticar pero ya sabemos lo que les pasa a muchas recetas "étnicas" que pasan por el filtro norteamericano: se estandarizan, se tunean al gusto local y se fotografían todas igual. Muy monas, sí pero bastante alejadas del original.
Y hoy me veo en la necesidad de hacer justicia y recordar al mundo que no es oro todo lo que reluce ni azabache solo el carbón porque los algoritmos premian la estética y en ese afán por buscar la viralidad acabamos creando burbujas donde todas las recetas de un mismo plato se parecen entre sí. Y éste es el enemigo más amargo de la cocina con historia.
En la próxima entrada, continuaremos viajando; coge solo lo que puedas cargar que el viaje es largo. Y come algo, anda.
Ingredientes:- 1 cda. de mantequilla (si es clarificada mejor)
- 1 cebolla o cebolleta grande
- 3 dientes de ajo
- 2-3 zanahorias
- 2 cdtas. de curry de madrás
- 1 trocito de jengibre fresco
- 1/2 cda. de cúrcuma
- 1 cdta. de comino en polvo
- pimienta negra a tu gusto
- 900-1.000ml. caldo de verduras
- 200gr. lentejas rojas
- 200ml. de leche de coco
- 1 manzana
- zumo de limón a tu gusto
- opcional: 1 cda. de mantequilla de cacahuete
- En una cazuela grande, sofríe la cebolla picada y los ajos con la mantequilla a fuego medio para que poche pero no se dore. Añade el jengibre y rehoga un par de minutos más.
- Baja el fuego y añade el curry, la cúrcuma, el comino y la pimienta negra. Remueve durante 1 minuto para que las especias se tuesten sin quemarse.
- Incorpora las zanahorias cortadas en rodajas y las lentejas rojas que habrás lavado previamente. Remueve bien para que todo se impregne de las especias.
- Añade el caldo, deja que rompa a hervir y cuece a fuego suave unos 10 minutos. Añade entonces la manzana cortada en trocitos y vuelve a dejar que se cocine otros 5 minutos.
- Incorpora la mantequilla de cacahuete y un poquito de la leche de coco. Lo integras bien y deja que repose (ya sin fuego) otros 5 minutos más.
- Tritura la sopa con una batidora de mano o licuadora según te venga mejor. Incorpora la leche de coco y el zumo de limón. Si queda muy espesa, añade un poco más de leche de coco.














