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Pastel de Cierva murciano

marzo 29, 2026
Pastel de Cierva murciano
Continuamos con nuestro viaje, el que hemos iniciado aquí y aquí. Nos hemos quedado en Viena y prometo que vamos a regresar allí pero antes vamos a  desviarnos un poco de los pasos de Salomón para centrarnos en los de Aníbal. No vamos a relatar sus  batalleos y mamporros con el Escipión -al que llamaron el Africanus-porque esa es otra historia de sangre, muerte y traición que no voy a abordar porque bastante tenemos con lo que ahora mismo está pasando en nuestro mundo. 

No, hoy volvemos a la península Ibérica para contar la historia de nuestra segunda olvidada por la historia. Se trata de una princesa íbera nacida en Cástulo (Linares en Jaén). Aníbal Barca preparaba la conquista de Roma en Cartagena Nova pero necesitaba el apoyo de las tribus locales para no verse con el paso cerrado si la cosa se ponía fea. 

Aníbal e Imilce se casaron en la primavera del 220 a.C. en el templo de la diosa Tanit en Qart Hadasht, en Cartagena Nova. Allí vivieron juntos y allí alumbró a su único hijo. Apenas tenía un año su bebé cuando abandonó la ciudad de camino a Cartago. Las mujeres nobles sabían muy bien cuál era su destino en la vida; ser fieles a las alianzas, alumbrar muchos hijos y servir de rehenes -perdón, de esposas- en los acuerdos militares o políticos. 

Pero Imilce era de otra pasta. Puede que estuviera requete enamorada de su esposo, lo que no sería de extrañar porque era listo, apuesto y poderoso. Tenía el don de meterse a la gente en el bolsillo algo que fue una bendición y una maldición en su vida. Pero es lo que tiene ser un general famoso en aquellos tiempos de guerrear todo el tiempo.

Ánibal pudo despedirles en la propia Cartagena pero no, los acompañó hasta Cádiz,  el último rincón peninsular y cuentan que ella no dejó de pugnar, con todo su genio y fervor, para que su marido la permitiera acompañarle en su expedición hacia Roma. Ya en Cádiz, durante la visita al santuario de Melkart, el Hércules Gaditano, seguramente para pedirle protección para Imilce y el bebé, ella le increpó:
 "¿A mí me impides acompañarte, olvidado de que mi vida depende de la tuya?"
Madre e hijo embarcaron hacia Cartago y el general puso rumbo a Cartagena Nova desde donde partió hacia el norte, abriéndose paso a golpetazo limpio por los Pirineos y los Alpes con sus imponentes elefantes -los 37 pioneros que cruzaron los Alpes siglos antes del viaje de Salomón- y contra todo pronóstico llegó hasta las puertas de Roma que, por lo que sea, no se le antojó tomar y la bordeó pasando de largo. Pero este es un melón que hoy no nos interesa. Seguimos los pasos de Imilce:
Pastel de Cierva murciano
Antes de continuar, contar que su nombre en púnico, Hin-Melkert, significa "la protegida de Melkart", el dios cartaginés. Los romanos latinizaron su nombre añadiendo una h, Himilce y se sacaron de la manga un origen griego del mismo... pero nadie sabemos como la llamaron al nacer, cuál fue su nombre íbero. ¡Manda naranjas! ¿Es posible borrar más a una mujer? Claro, luego hay señores que les indigna que vayamos con el hacha del feminismo en la mano pero a ver, qué quieres, ese hacha no es para castrar queridos amigos, es para liberar y hacer notar nuestras vidas por nuestros propios méritos más allá del hombre que nos posee. No es por vosotros. Es por nosotras. 

Pero sea como fuera, ella cumplió con su deber y se asentó en Cartago rodeada de enemigos: los senadores, que temían la popularidad de su marido entre el pueblo que flipaba en colores con las hazañas y relatos que llegaban de sus batallitas. No es que fuera algo personal contra Aníbal porque lo cierto es que cualquier general demasiado popular era siempre una amenaza para la oligarquía. Lo de siempre y si bien es cierto que tenía la protección de la familia Barca que era bastante influyente, vivió un calvario amenazada siempre por los políticos, intrigantes corruptos y poderosos que les venía de casta conspirar unos contra otros por lo de siempre: caudales y poder. Y así seguimos.

Y así estaba la cosa, sorteando amenazas día sí y día también cuando Hannón el Grande, el mayor enemigo de su esposo, que encabezó la facción pro-romana durante la Segunda Guerra Púnica, y su avaricia le llevó a negar los refuerzos que tanto necesitaba Aníbal tras su aplastante victoria en Cannas, se le ocurrió ofrecer al hijo de Aníbal en sacrificio, el hijo del mismo hombre que estaba haciendo temblar los cimientos en Roma. 

A ver, que Hannón no tenía nada contra Imilce, su odio se nutría de los Barca en general y ese pequeño era el símbolo del poder que quería eliminar. Imilce imploró a los sufetes, imploró por las calles e imploró al Senado, ante el que se plantó y encaró de esta guisa:
"¿acaso no deberíais haber lamentado aún más las derrotas si el ritual os hubiera arrebatado el valor de mi esposo?"  
Y mientras rugía esta injusticia por la ciudad, envió un mensajero a su marido contándole el peligro en que se encontraba el niño. Aníbal se las ingenió para detener la conspiración ofreciendo a cambio al dios Baal, el sacrificio de 1.000 prisioneros romanos. 

Y funcionó. Pero la supervivencia de su hijo costó la vida de un millar de personas. Cuánta carga moral sobre su conciencia a cambio de poder seguir abrazando a su único hijo. 

Supo que no tenía muchas salidas pero estaba claro que en Cartago ya no estaban a salvo. No tenía donde regresar porque su ciudad natal, Cástulo había traicionado también a su esposo y a ella misma. La ciudad se había sometido del lado romano y aún así regresó tragándose su orgullo y su rabia. 

Pero de poco le valió. Una epidemia de peste se llevó poco después a la madre y al hijo. Murieron solos en Cástulo sin que nadie contara su historia mientras el hombre que aterrorizó a todo un imperio, fue traicionado sucesivamente por Cartago, por su propio senado, por todos. Aníbal pasó los siguientes años huyendo por Oriente Próximo con las tropas romanas pisándole los talones: Siria, Creta, Armenia; la última parada fue la corte de Bitinia, donde el rey Prusias le traicionó también.

Ya ves, desde que se despidieron en Cádiz, nunca más se volvieron a ver. Él murió envenenado antes de caer en manos de Roma. Ella ya llevaba años enterrada en Cástulo. Y la historia le recordó a él por sus propios méritos pero una vez más,  sin molestarse en contar la fuerza de ella, como mujer, madre y compañera.
Pastel de Cierva murciano
Y esta historia de amor, tan marcada por el desencuentro, tiene que centrarse obligatoriamente en Cartagena Nova, el lugar donde los esposos fueron por encima de todo una familia. ¿Ella le reprocharía al general que entrara en la casa con las sandalias sucias o que dejara la espada tirada por cualquier lugar? ¿Dormirían juntos haciendo la cucharita abrazando el vientre de la madre? ¿Qué sintió él cuando conoció a su hijo? Todo esto está oculto o enterrado en la ciudad porque lo cierto es que no hay ningún monumento o placa que hable de ellos. En Baeza, en la fuente de los Leones, se ha conservado la estatua mortuoria de Imilce por lo que se cree que ese fue el lugar donde murió pero vete tú a saber.

No, esto es justicia culinaria. Había que hacerles un homenaje y aquí lo traigo con este pastel de Cierva que aunque se le puso el nombre en homenaje al famoso inventor del autogiro, lo cierto es que para conocer su historia tenemos que retroceder hasta la cocina andalusí porque, pese a las leyendas que se cuentan -la del cocinero ruso y las cocineras alemanas- este pastel tiene mucha más profundidad en el tiempo y lo que he descubierto te va a sorprender.

No voy a perder mucho tiempo en desmontar las leyendas porque se caen por sí mismas: ni en la cocina rusa ni en la alemana existe tradición alguna de masa dulce con relleno salado. Eso es firma andalusí, no centroeuropea. En cambio, mucho más cerca, tenemos la pastela moruna, que desciende de la misma cocina andalusí. Y no es casualidad que tenga una versión granadina tan arraigada — ambas descienden del mismo árbol. Creo que es evidente que el plato viajó de la península a Marruecos con los expulsados de 1492, no al revés.

Pero aún hay más: con ayuda de Claude, he sabido de una conexión maravillosa de esta receta con, no te lo vas a creer, las primeras comunidades sefardíes en Viena que llegaron tras el Tratado de Passarowitz en 1718, firmado entre el Imperio Otomano y Austria, que otorgó a los sefardíes libertad de movimiento y comercio. No te lo voy a hacer largo pero mira si estaban a gusto que llegaron a financiar parte del palacio de Schönbrunn.

Y lo mejor de todo; está recogido en referencias sobre la cocina sefardí un pastel murciano -no ruso ni alemán-, repito, murciano de carne con su masa dulce y su relleno salado, herencia directa de la cocina andalusí compartida entre judíos y árabes durante siglos.

No he podido acceder a la receta pero aquí lo dejo, tiro un guante por si alguien pudiera investigarlo con éxito. Sería muy interesante saber como ha evolucionado este pastel viajero, desarraigado y olvidado como los protagonistas de nuestro viaje. 

Así que regresamos a Viena. El viaje continúa.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Pastel de Cierva murciano
Notas:
  • Me he tomado la licencia de hacer mis adaptaciones personales. Lo primero que he hecho, ha sido quitarle manteca y azúcar. Me duele la salud solo de imaginarlo. El sabor sigue siendo maravilloso.
  • Otro factor, es estético; me he salido un poco del formato popular, adornándolo con una flor y con ese tipo de pliegue. Que me perdonen los ortodoxos.
  • Y por último, comentar que he rescatado especias que desgraciadamente en España hemos ido dejando de usar. El azafrán, el comino o la pimienta son especias muy murcianas que a mi gusto, han enriquecido el pastel un montonazo.
  • Puede que chirríe un poco ese pastrami pero tengo una grulla que no come jamón. De nuevo, perdón a los ortodoxos.
  • Mi fuente, como no, mi querida Catina. La receta original, la tienes aquí.

Para la masa:
  • 500gr. harina (espelta o trigo)
  • 125gr. manteca
  • 125gr. yogur griego
  • 60gr. miel (hasta 100gr. si se quiere más dulce)
  • 3 yemas
  • 1 vasito de vino blanco
  • 1 pizca de sal
  • ½ cdta. de canela

Para el relleno:
  • 3 pechugas (o ½ kg de pollo sin piel y deshuesado) cocido y deshilachado
  • 3 huevos duros
  • 1 cebolla muy muy picada
  • 1 cda. de harina
  • 2-3 hebras de azafrán
  • 1 cda. rasa de comino en polvo
  • Pimienta negra al gusto
  • Sal
  • 1 vasito de vino blanco
  • Algo de caldo del pollo si quedara seco
  • Algo de aceite para sofreír
  • Opcional: pastrami o jamón serrano

Preparación:
  1. Amasa juntos todos los ingredientes de la masa. Haz una bola y deja que repose una hora a temperatura ambiente.
  2. Cocemos el pollo y los huevos.
  3. Salteamos en la sartén la cebolla muy picada con un poquito de aceite y dejamos que poche. Añadimos las especias, la harina y seguimos rehogando para que se cocinen un poquito. Agregamos el vino blanco y removemos para ligar bien esta salsa.
  4. Añadimos el pollo desmigado, el jamón los cocemos un poco para que el pollo coja sabor. Si ves que las pechugas sobre todo, absorben mucho el líquido, puedes echar un poco de caldo de la cocción. A fuego medio alto, rehoga hasta que quede todo seco de caldo. Deja que temple.
  5. Precalienta el horno a 180-200ºC dependiendo del horno.
  6. Mientras, forramos con la mitad de la masa un molde redondo de unos 20-22cm. que antes habremos engrasado. Ponemos el relleno y cubrimos con el huevo duro troceado. Estiramos la otra mitad, tapamos el pastel y sellamos los bordes. Lo podemos decorar con los restos de masa a tu gusto. Pincela con un poco de huevo diluido en una cucharada de agua.
  7. Lo horneas en la parte media del horno hasta que veas que coge un bonito color dorado. Lo normal es que necesites entre 40-45min. Si ves que coge color muy rápido, baja el horno de temperatura. Sirve frío o templado.Pastel de Cierva murciano-Paso a paso

Sopa mexicana de pollo

marzo 10, 2026
manipular
Del b. lat. manipulare.
tr. Operar con las manos o con cualquier instrumento.
tr. Trabajar demasiado algo, sobarlo, manosearlo.
tr. Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.
tr. coloq. Manejar alguien los negocios a su modo, o mezclarse en los ajenos.
Esta es una palabreja que todos absolutamente todos conocemos de maravilla. De hecho, es lo primero que hacemos al nacer. No vemos ni un pijo pero nuestro instinto nos lleva a mirar a nuestra madre con ojos de animalito de peluche y todas las mamis sin excepción caemos -y con mucho gusto- en la trampa y no podemos evitar sentir es vínculo tan especial al pensar "mira que bien sabe quién soy". Lo hacemos para que no nos abandonen y nos termine comiendo un león. Así de fácil.

Y a la que crecemos, no dejamos de ir fortaleciendo ese vínculo amoroso con nuestros progenitores por razones obvias: los necesitamos para sobrevivir y si hay que manipular, pues se manipula y punto. Es un rollo darwiniano, no es mala chufa. Luego nos hacemos adultos, nos sentimos requete fuertotes e invencibles -o no- y nos olvidamos por completo de todo lo que tuvimos que hacer para lograr que nuestros padres nos quisieran a rabiar. 

O tampoco porque hay padres ausentes, despegados, dictatoriales... cosas que siempre se han visto como normales y nunca nos hemos parado a pensar que esas cosas pasan factura. 

Y sí, pasan factura y hasta embargos. Hay dos perfiles de "pareja" tóxica a mi modo de ver. No a nivel psicópata sino a nivel gente corriente. Una es la pareja castigadora con complejo de superioridad moral: te castigan por cualquier pleito hasta que te hacen sentir culpable, sentimiento que el cableado del recuerdo te conecta con esas veces que los papás se enfadaban contigo porque habías hecho algo malo y de puro sin querer, vas a terminar pidiendo perdón por algo que no sabes que has hecho. 
Y como no sabes que es, tampoco detectas lo que tienes que corregir y si intentas dialogar te van a llover puñales hasta de perfil. Si por el contrario, optas por callar y esperar a que pase el chaparrón te van a llover de nuevo los puñales hasta de perfil. E imagina la que te va a caer como vayas de frente.

¿Y por qué? Porque el superior moral cree que sus valores, creencias y éticas varias son forzosamente mejores que los de los demás; porque aprendió con castigos severos, con poco cariño o malos tratos, siente que ha pagado un precio muy grande por ser como es: fuerte, seguro de sí mismo e implacable y si eso le valió a él, lo que tú tienes que hacer es espabilar y seguir su ejemplo. Y si para ayudarte hay que "ponerte las pilas" pues sea. 

Lo que no ve el manipulador superior, es que cualquiera que no piense ni sienta como él, lo considera automáticamente un ser inferior; necesita validación constante, admiración sin fisuras pero ay amigo, él es  incapaz de aprobar los sentimientos ajenos. Hace aguas por el tema empático. Ah, y claro, la culpa nunca es suya. 

Luego está el perfil del victimista crónico. Por los mismos motivos que el superior moral, cree que no tiene control sobre su vida, porque también pasaban cosas en su infancia que le hicieron sentirse en peligro pero que muy posiblemente, por lo que sea, descubrió que para recibir atención -o sobreprotección- la cosa fluye mejor cuando uno sufre o enferma. 

Con el tiempo, aprende a manejar al entorno y cae en la cuenta de lo fácil que es echar balones fuera y culpabilizar de todo a los demás. Y así, pasito a pasito, va construyendo su torre de cristal donde no hay responsabilidad emocional hacia lo ajeno y el concepto empatía solo funciona en modo "mío" porque por más que intente explicarte como se siente tú jamás lo vas a poder entender; y por muchas soluciones que aportes, ninguna vale por lo mismo, porque tú no lo entiendes. 

Y de nuevo el cableado infantil se conecta y sientes que vuelven esos sentimientos donde te la cargabas y no sabías el porqué. Y de nuevo, penitencia emocional ya que estás haciendo sufrir a la persona que más te quiere. Hay que ser canalla. 

Y lo que ambos perfiles tienen en común es la capacidad de manipular a diestro y siniestro afectivamente; el manejo impecable de su superioridad ética y por supuesto, son magos a la hora de bloquear cualquier atisbo de crítica que con un control magistral en cualquier conflicto, saben proyectar en ti o tu falta de sensibilidad o tu inmadurez dependiendo si tu pareja es castigadora o victimista. El caso es que siempre, siempre, te la vas a cargar. 

A menudo me pregunto que clase de pareja soy yo. Y creo que tengo trazas de ambos perfiles. Ay mija, soy de lo peor.
Ingredientes:
  • 2 pechugas de pollo (cocidas con un poco de zanahoria, calabacín y puerro con sazonador Goya o caldo de verduras)
  • unas gotas de aceite de oliva
  • 1 cebolla 
  • 2-3 tomates 
  • 1 jalapeño (versión no picante: pimiento tipo italiano)
  • 2 dientes de ajo
  • 2-3 chiles secos tipo guajillo
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • 1 cdta. de orégano
  • 1 cdta de chile en polvo
  •  1 cdta de pimentón (no ahumado)
  • sazonador para sopa (tipo Goya)
  • 1l. aproximadamente del caldo de cocer el pollo
  • laurel
  • 1 lata pequeña de maíz a tu gusto
  • 1 lata de unos 400gr. de fríjoles negros
  • 6-8 tortillas de maíz para hacer totopos
  • abundante aceite para freír las tortillas
  • aguacate, queso fresco y crema agría
  • Cilantro si no te sabe a jabón


Preparación:
  1. Cuece el pollo, desmenúzalo, cuela el caldo y reserva.
  2. En una cacerola, con un poquito de aceite de oliva, marca a groso modo la cebolla, los tomates, el chili o pimiento y los ajos. Añade las especias, rehoga brevemente y cubre con la mitad del caldo de pollo. Tritura con la batidora eléctrica o en la licuadora.
  3. Añade el resto del caldo, el pollo, el laurel, el maíz y los frijoles. Deja que la sopa cueza a fuego medio-bajo unos 10 minutos. Sazona si hiciera falta.
  4. Mientras corta las tortillas en tiras y las fríes en abundante aceite. Deja que absorban el exceso de aceite en papel absorbente de cocina.
  5. Sirve la sopa cubriendo con un puñado de los totopos, aguacate troceado, queso fresco y un poco de crema agría. Si no tienes problemas con el cilantro, sirve con unas hojitas por encima.

Pollo encebollado al vino tinto

febrero 20, 2026
Estoy hasta el moño del estéril debate -o guerra- contra el burka y el niqab en Europa. O en España. O donde sea. Porque la cosa es adoctrinar a las mujeres y obligarnos por ley a hacer o deshacer, a hablar o callar. La mujer musulmana siempre esclava de los suyos y de los ajenos. Y entre uvas y brevas, el caso es que no se pule el marco de la libertad, donde puedan llevar o dejar de llevar sin presión familiar, social o legal.  Porque en sus países de origen -o de sus padres- si no lo llevan son criminales y cualquier malnacido las puede rociar la cara con ácido o rajarles el rostro, los ojos y hasta el alma. Aquí en Europa, las queremos criminalizar si lo usan. De momento sin ácido. A ver que nos depara el futuro.

El asunto es, que a día de hoy, seguimos sin construir un espacio socio-femenino en el que podamos enseñar u ocultar lo que nos plazca sin que padres, hermanos, maridos, vecinos y demás jungla humana nos etiquete, juzgue, insulte o criminalice. Y esto es lo que a mí me escuece.

Una de las cosas que más agradezco de estar lejos de X y de Facebook es el vivir  limpia de tanto ruido y malos modos. Pero, en cualquier caso, no quiero vivir aislada de lo que pasa a nuestro alrededor porque es responsabilidad de todos construir una sociedad más justa para los que vienen detrás. No se trata de imponer lo que yo pienso, o lo que los "míos" dicen y convertir en mías sus ideas; algunas buenas y otras atroces.
No se trata de bandos, se trata de reflexión, de escuchar a quien argumenta y aislar a los energúmenos que bajo ningún concepto -ni de izquierdas ni de derechas, ni musulmanes ni ateos- nos tienen que representar. Por amor propio y ajeno; por ética social y valores propios. Porque esta gentuza nos está llevando a su terreno y gente maravillosa a nivel individual se convierte en alimaña en cuanto la política o la religión hace acto de presencia.  

Qué lejos estamos de buscar fórmulas para proteger a las mujeres -y niñas- que no quieren llevar ni burka ni niqab y que las mandan de vuelta a los países de sus padres, para que la abuela de turno las case con 16 y así evitar la tentación de los pintalabios y el colorete. Qué lejos estamos de proteger a estas chicas, que al cumplir los 18, dejan una nota de "no me busquéis" en redes y desaparecen para siempre, bajo falsas identidades y protegidas por ONGs que las mantienen a salvo cuando ni servicios sociales ni ningún estamento oficial las ha resguardado de sus derechos fundamentales.

Qué lejos estamos de hacer entender que si desean llevar burka o niqab, están en su derecho pero que si en un momento un agente autorizado les pide que se identifiquen y muestren su rostro lo tienen que hacer. Decirles que tienen derecho a entrar en un café sin que las pongan de patitas en la calle y que deberían poder denunciar cualquier acto de odio al que se vean sometidas. Tienen derecho a defender su dignidad. 

Decirles también que aquí, en Europa la sanidad pública está llena de excelentes doctores varones y que no siempre se puede elegir el sexo de tu médico. Y suma y sigue. Porque no hay ni un solo derecho que no se deje acompañar de una obligación y si queremos una cosa, hay que respetar la otra. Hay que trabajar para vencer pudores y dejar atrás mentalidades retrógradas porque sí, es cierto: como mujer se me rompe el corazón cada vez que veo a una mujer con todo su cuerpo tapado porque de cada vez, he visto injusticia y violencia agresivo pasiva, he visto desigualdades y atropellos.

También te digo que me gusta ver a chicas jóvenes trabajando con su hiyab, de momento solo lo veo en supermercados y poco más pero sueño con ese día que pueda ver a abogadas ejerciendo o doctoras o arquitectas... ojalá llegue ese día donde las veamos empoderarse social y económicamente con o sin hiyab.

Qué importante es poner contexto y trabajar en la búsqueda de soluciones derribando barreras en vez de seguir erre que erre con la mala chufa por delante. 
Ingredientes para 2 personas:

  • 4 muslitos de pollo
  • mezcla de especias a tu gusto (cajún, ranchera, etc.)
  • maicena para rebozar
  • aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cebolla grande
  • sal
  • salsa worcester
  • 1 vasito de vino tinto

Preparación:
  1. Aderezar los muslitos con las especias que más te gusten y los rebozas en maicena antes de freírlos en una sartén honda a fuego medio alto. Añade un par de ajos enteros a la sartén para que den aroma. Cuando comiencen a coger color uniforme, baja un poco el fuego para que le de tiempo a hacerse bien por dentro.
  2. Retira los muslitos cuándo estén bien doraditos por todos lados. Reserva.
  3. En el mismo aceite, ya sin los ajos, dora la cebolla cortada en tiras finas hasta que esté bien frita. Sala y reserva.
  4. Retira el aceite de la sartén, echa los muslitos y los salteas brevemente con la salsa worcester. Añade la cebolla y el vino. A fuego vivo, deja que consuma el vino casi por completo. Sirve acompañado de tu guarnición favorita. Yo lo he acompañado de un arroz blanco con unas verduritas salteadas.

Salteado de carne y col con guarnición

febrero 07, 2026
Es oficial; la OMS a través del Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, ha clasificado las carnes procesadas dentro del grupo1 de productos cancerígenos lo que implica, para que te hagas una idea, que tiene el mismo impacto que el tabaco en nuestra salud. Ya no es una teoría ni una especulación: Está absolutamente probado que el consumo continuado de carnes procesadas, es decir, productos como el jamón, chorizo, salchichas, hamburguesas o bacon, además de esa infinidad de precocinados o medio preparados que inundan el supermercado, son productos que potencialmente producen cáncer y la relación con el cáncer de colon o estómago es directa y sin pero alguno. 

Consumir 50gr. al día de este tipo de productos (un poco de jamón aquí, un paté allá, un trocito de chorizo para dar sabor, etc.) te asegura un 18% de papeletas para sufrir cáncer de colon. Suma el resto de  productos que consumimos regularmente que las asociaciones de salud no han podido aún tumbar porque la industria es tan brutal que no hay manera de meterles mano por ningún sitio, pues eso, que ahí estamos sufriendo en primera o tercera perdona una enfermedad que es evitable por mucho que la hayamos interiorizado como cosas de la vida, que cuando quiere es muy injusta.
No, querido lector. No es la vida que sea así de perra, son los multimillonarios que su avaricia no tiene límite y en su afán de abaratar procesos y materias primas nos están, literalmente, envenenando. Y eso es lo que produce cáncer,  porque somos prescindibles siempre que ellos vayan a ganar un millón más a nuestra costa. Ya imagina de lo que son capaces cuando hay miles de millones en juego.

Ya se sabe que las margarinas, tanto las industriales como las de consumo directo, son responsables de más de la mitad de los cánceres de pecho y durante décadas la publicidad no ha venido diciendo que la mantequilla natural era caca y que sus margarinas son fuentes de salud. Mentira y gorda. Y suma y sigue que ya no tenemos ni donde escondernos a tantas exposiciones cancerígenas. 
Pero hay que hacerlo. Hay que plantarles cara. Estamos en guerra con la industria alimentaria y nuestra mejor arma es consumir productos naturales, sin pesticidas y sin procesar. Menos es más y en este caso es más salud. Hay que bajar o eliminar ciertos consumos y reclamar que nos vuelvan a vender en pequeñas carnicerías productos sin adulterar, hechos a la antigua usanza y cuando se pueda, hechos en casa. No hay otra si no queremos seguir viendo a los nuestros enfermar, pasar a paliativos y cruzar los dedos para que no sufran mucho. A mí, de verdad, dadme un balazo porque prefiero morir en el frente luchando por nuestro derecho a tener acceso a comida digna y sin venenos.

Hace poco, en esta mousse brutal de naranja, hablaba de los planes del señor jefe de Mercadona, que quiere que dentro de pocos años, todos solo consumamos procesados. Y un comino. No te dejes. No dejes a tus hijos ni a tus nietos que caigan en esa trampa mortal. Que les den a estos ricos de medio pelo que de nosotros solo quieren que consumamos a su antojo. Y va a ser que no. Tenemos que imponernos porque si no consumimos, se van a freír espárragos. Sin nosotros no tienen nada.

Así que aquí te dejo esta idea tan espectacular de un plato de carne y verdura sin procesados. La guarnición también natural y no te van a quitar mucho tiempo. En 20 minutos, desde que empiezas a pelar patatas hasta que lo sirves en la mesa.  Y ésto jamás va a ser capaz de ofrecerlo ninguna marca de procesados. Lo casero es insuperable. 
Ingredientes:

  • algo de aceite de oliva
  • 1 cebolla mediana
  • 500gr. de carne picada
  • sal y pimienta
  • pimentón sin ahumar (estilo murciano)
  • mejorana (u orégano)
  • algunos granos de alcaravea
  • 1 cda. de mostaza
  • 1 cda. de tomate concentrado
  • opcional: algo de ajo en polvo
  • 1 vasito de vino blanco o caldo de verduras
  • 1/2 col rizada (no muy grande)
  • algo de agua si se queda muy seco
  • patatas y calabaza cortadas en dados
  • algo de aceite de oliva para la sartén
  • 1 cdta. de mantequilla

Preparación:
  1. En una sartén grande, pochar la cebolla en algo de aceite de oliva hasta que coja color. Reservar.
  2. En la misma sartén y sin aceite, marcar bien la carne picada. Salpimentar y añadir las especias, la mostaza, el tomate, el ajo y el vino blanco. Rehogar brevemente y añadir la col cortada en trocitos finos. Dejar que se cocine a fuego suave (unos 10 min.) tapado para que no pierda humedad. Si ves que se queda seco, añade un poquito de agua. Rectifica de sal si es necesario.
  3. Al tiempo, en otra sartén mojada en unas gotas de aceite de oliva, salteamos las patatas y la calabaza a fuego medio. Salpimentamos y podemos ponerle algo de alcaravea y mejorana. Tapamos para que no pierda humedad y removemos regularmente para que se dore uniformemente. Cuando veas que empiezan a estar blanditas, añade un poquito de mantequilla para que coja sabor y favorezca el color.
  4. Sirve con la proporción de salteado y guarnición a gusto de cada comensal.

Frikadelle o filete ruso alemán

enero 15, 2026
percepción
Del lat. perceptio, -ōnis.
f. Acción y efecto de percibir.
f. Sensación interior que resulta de una impresión material producida en los sentidos corporales.
f. Conocimiento, idea.
Tal y como percibimos las cosas no implica para nada, que esa impresión sea autentica del todo; es decir, que no es ni la verdad ni la realidad en sí mismas y aunque parezca un juego de palabras simplón, la realidad solo la percibimos. Quizás por eso, hay tantas verdades como personas porque la representamos conforme a nuestras ideas, la sentimos de piel para adentro y solo a partir de lo que nos rodea en corto. Por eso, qué a lo tonto es creer a esas personas que se autoproclaman sinceras y que presumen de decir siempre la verdad.

Fíjate si la verdad que percibimos es requete relativa que existe un estudio -o encuesta más bien- llamado "Las percepciones no son la realidad: cosas en las que el mundo se equivoca" (Perceptions Are Not Reality: Things the World Gets Wrong) donde se ha entrevistado a gente de 40 países sobre temas de actualidad y los resultados han dejado al descubierto la ignorancia o la poca veracidad que percibimos sobre asuntos como la inmigración, la riqueza, el aborto, la vivienda, la salud... vaya, que no hemos dado ni una y los españoles estamos ahí ahí, un poco a por uvas.
Creemos que tenemos más inmigración de la que realmente hay. Y más musulmanes y que se gasta en exceso en salud pública y que el servicio es lamentable; percibimos que muy poca gente tiene acceso a una vivienda cuando las cifras dicen lo contrario; o que hay más paro, más pobreza, etc. Y la cosa tiene su base, no es ignorancia imaginativa sino el resultado del bombardeo mediático sobre estos temas. 

Es más, en Europa tenemos una percepción muy pesimista de lo miserable e intolerante que es nuestra sociedad. Puede que sea por esos discursos de buenismo tan comunes donde los oradores de turno alzan sus dedos índices para decirnos hasta el aburrimiento lo indeseables y egoístas que somos con todo lo que pasa dentro y fuera de nuestras fronteras.  Y los que señalan, así se sienten superiores y dueños de discursos moralistas que no les pertenecen. Puede que yo haga también lo mismo con estas charlas que te meto entre receta y receta.
Puede que sí, no digo que no; pero a mí, mi percepción me dice que aunque no es oro todo lo que reluce, muchos de nosotros estamos tan bien. Sin tener de todo, ni grandes riquezas, ni la salud de hierro... pero estamos en un país democrático, con sus cosas -repito, no digo que no- pero a salvo y en paz, con dificultades para llegar a fin de mes pero llegar, llegamos; tenemos nuestras cosas y problemillas y hasta problemones pero tendemos a subestimar lo que tenemos. 

Intenta hacer una lista de deseos cumplidos y deseos por cumplir y lo mismo te llevas una sorpresa y caes en la cuenta que la vida no te está tratando tan mal. Y con que tengas esa percepción de tu vida, eso basta. Y a ser feliz que esto son dos telediarios, no lo olvides, que aquí no se va a quedar nadie. Disfruta querid@.

Y yo antes de venir a vivir por estas tierras creía que esto eran filetes rusos pero antes de llegar a Rusia, ya se conocían en Alemania y etimológicamente habían tomado su nombre del francés así que lo mismo sería más adecuado llamarlo filete francés; o no porque en la zona de los Balcanes, en Turquía y hasta en Sudáfrica también se degustan. 
Ingredientes: (Para 8 piezas)

  • 500gr. de carne picada
  • 2 rebanadas de pan de sándwich  mojadas en leche
  • 1 huevo
  • 1/2  cebolla mediana
  • 1/2 cdta. de pimentón dulce
  • 1 pizca de pimentón picante
  • 1 pizca de ajo en polvo
  • 1cdta. de mostaza
  • sal y pimienta
  • algo de perejil fresco y mejorana
  • algo de aceite

Preparación:
  1. Con ayuda de la batidora o un procesador haz una pasta con el huevo, el pan, la cebolla, los pimentones, el ajo, la mostaza y la sal y pimienta.
  2. Mezcla esta masa con la carne picada y las hierbas. Haz ocho bolas y las aplastas ligeramente.
  3. En una sartén mojada con aceite, cocina los Frikadelle primero a fuego fuerte para marcarlos y que no se deshidraten y luego a fuego algo más suave.
  4. Puedes servir con una menestra de verduras (yo la hice con patatas, zanahorias, calabacín y judías verdes sazonadas con sal de hierbas)

Salteado de garbanzos con champis y salchicha

noviembre 15, 2025
carisma
Del lat. tardío charisma, y este del gr. χάρισμα chárisma, der. de χαρίζεσθαι charízesthai 'agradar', 'hacer favores'.
1. m. Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar.
2. m. Rel. Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad.
Pues ahora los científicos dicen que el carisma se puede medir y se puede aprender. Sinceramente, creo que se han venido un poco arriba con esto. Con la acepción religiosa desde luego que sí porque lo que Dios otorga no lo descuartiza la ciencia y no lo digo por el pleito eterno entre las escrituras y la empírica del investigador. No, qué va, lo digo porque la ciencia no puede entrometerse en los dogmas de fe porque cada uno se tiene que ocupar de sus asuntos para que el mundo gire sin marearse.

Para entender ésto, primero hay que saber qué es el carisma. ¿Encanto, simpatía, personalidad, duende, don de gentes? ¿En qué se basa la ciencia para estudiar esta jaula de grillos?

He buscado por aquí y por allá, y me he encontrado con un experimento de una universidad canadiense que ha llegado a la conclusión que un parroquiano de a pie no tiene ni pajolera idea de cómo detectar a un personaje con carisma (y digo de a pie que no sea psicólogo, filósofo o licenciado en alguna ciencia parecida). A ver, me ha sonado de lo más arrogante pero claro, si partimos que para un estudioso no es cosa divina sino aprendida pues relacionarlo con el conocimiento para las ratucas de laboratorio tiene todo el sentido del mundo.

Y claro, parece ser que se basan en 6 premisas a la hora de detectar carismáticos:
  • Tienes que tener presencia.
  • Tienes que ser capaz de influenciar a otros.
  • Tienes que saber liderar grupos.
  • Tienes que hacer que los demás se sientan a gusto.
  • Tienes que ser sonriente y empático.
  • Tienes que ser capaz de llevarte bien con cualquiera. 
Como ves, se han definido valores de liderazgo, buena presencia e influencia y hala, a tirar millas. Mecachis. Así nos va. Así estamos donde estamos, tan carentes de intelectuales con magnetismo moral y ético, con cultura y capacidad divulgadora más allá de personajes con muchos seguidores, arreglillos estéticos y un social media manager en la mesilla de noche. 

Así que ya sabes; esa chispa, ese duende dicen ahora que no es innato, que es postureo. Toma ya. Te puedes apuntar a un curso online impartido por cualquier zoquete con proteínas en polvo hasta las orejas que despacha sermones adoctrinando al personal contra perdedores mileuristas y supuestamente, imparte las claves del éxito y la escalada económica y social. Por cien eurillos de nada puedes ser alguien en la vida.
Qué quieres, me hago mayor y cada vez soy menos dócil para enredarme en semejantes chorradas. Si tener carisma fuera tan fácil, el mundo estaría tan trillado que ya no sería una cualidad creíble puesto que cualquier cantamañanas nos pondría la cabeza como un bombo con sus estupideces. 

El verdadero carisma es tan escaso que por eso le damos tanto valor. Y menos mal, porque el mundo ha parido a personajes tremendamente crueles que levantando a las masas, han hecho un daño terrible a la humanidad y puesta la ciencia a hacer estudios y experimentos deberían dirigir su mirada en esa dirección: cómo detectar a tiempo a los monstruos carismáticos antes de que hagan daño. 

Hoy garbanzos, ejemplo de ingrediente carismático y bondadoso donde los haya. Algo ruidoso, no digo que no, pero nada que no se arregle masticando mejor y en el peor de los casos, abriendo las ventanas. 

Ingredientes:
  • 2 zanahorias grandes
  • 300-350gr. de champiñones
  • Salchicha a tu gusto
  • 2 dientes de ajo
  • 2 tomates
  • 7 especias árabes (Pimienta de Jamaica, nuez moscada, pimienta, cardamomo, jengibre, clavo y canela)
  • Perejil, sal y unas gotas de aceite de oliva

Preparación:
  1. En una sartén con unas gotas de aceite de oliva, saltea los champiñones y la zanahoria cortada en trocitos pequeños.
  2. Añade la salchicha en trocitos y el ajo machacado. Rehoga un poco hasta que se empiece a marcar.
  3. Añade los tomates rallados o picados muy finos y las especias. Rehoga a fuego medio alto hasta que se termine marcar el salteado. Añade sal y un poco de perejil muy picado.

Sopa de alubias con pollo

noviembre 07, 2025
Muy buenas querido parroquiano. Es posible que no te interese en absoluto lo que voy a contar pero esta vez deseo escribirme a mí misma, a la Maite del futuro porque me he dado cuenta que cuando releo las cosillas que escribo en este blog pues mira, me son de gran ayuda para recordarme ciertos asuntos en su justa medida y no con la distorsión que el tiempo aporta. Por lo tanto, si me permites, hoy me lo guiso y me lo como yo solita:

Querida Maite,

Lo primero y más importante; no olvides que esta reflexión acompaña a la sopa de alubias y pollo porque no será la primera vez que buscas historietas a ciegas y Google no siempre quiere colaborar.  Porfa, quédate con la copla.

Es posible que al final, hayamos tenido el valor de abandonar todas las redes sociales. Bueno, en las que aún estamos que no son muchas. Pinterest de hecho, creo que no cuenta porque para nosotras es más un buscador de recetas que otra cosa aunque nos rompe las pelotas constantemente con esa manía cansina que tiene que repetirnos una y mil veces videos chorras de media docena de cuentas que ya no sabemos que hacer para banearlas. 

No hay forma humana por más que le decimos que no nos interesa, que no, pero que no es no y oculta pin y muestra menos... y da igual. Les he cogido tanta manía que me indigna porque que necesidad tenemos de hacernos mala sangre con desconocidos que no nos han hecho nada salvo dar la lata una y otra vez hasta el infinito.  Stress. 

Lo de visitar blogs para ver que cositas están de moda por el barrio y que se mueve por ahí pues otra odisea. Están tan plagados de publicidad, de videos que no hay quien los cierre, de cortinillas para que te suscribas y demás parafernalias que navegar, ver o leer una receta es completamente imposible. Recuerda que toda esa sobre información publicitaria nos genera ansiedad y llevamos tiempo intentando huir evitando ciertos lugares pero da igual porque parece que se reproducen como setas. A ésto, añadimos el drama de las recetas virales mentirosas que ya hablaremos despacio de esas filfas. Más stress.

Siguiente, Youtube. Tampoco le tengo paciencia. Madre mía las cuñas interminables de publicidad que mete. Muchas veces me voy antes de que pueda ver el video. Para ver un video de 30 seg. tengo que aguantar dos minutos de publicidad y cuando paso al siguiente vuelta a empezar. Y encima ¡siempre la misma publi! por dios santo, ¡cómo no coger manía a las marcas! ¿Y los short? Qué me dices de los short de bebés, perritos y gatitos, todos con la misma musiquita de fondo: uno, otro, diez, doscientos... stress al cuadrado.
Y llegamos a Instagram. Para nosotras es el último bastión pero no deja de ser otra cacalota del copón. Seguimos noticias, revistas, actualidad, bloggers amigos y demás historias pero desde que se han cargado el buscador nos hemos quedado encajadas en las mismas cuentas y cuando el logaritmo sugiere nuevas no lo hace por cercanía o afinidad, recurre a cuentas de cientos-mil seguidores cuando lo nuestro es el petit comité. 

Estoy hasta el gorro de las recetas con solo dos ingredientes, las low carb mentirosas o las que parecen que están muy ajustadas de grasas y azúcares y luego resulta que han hecho solo un par de raciones para hobbits. Y la publi, mecachis con la publi que me tiene emparanoiada:  saben que tenemos tetas grandes, que usamos tinte para las canas, lo que come el gato, cuanto duerme, cuando los chicos necesitan calcetines nuevos, saben cuando hemos comprado unos pantalones y la tienda en cuestión. Saben que ahora necesitamos una maleta y que tomamos un suplemento de colágeno (por cierto, espero que haya funcionado y puedas ver algún resultado positivo). En fin, que nos están espiando y respirando en la nuca sin ningún pudor. Así que más stress, stress, stress...

Pero ¿Qué pasa si nos vamos? que nos aislamos y no queremos eso. Este blog no puede fluir sin sentir el mundo alrededor. No, no queremos ser contenido, queremos seguir haciendo lo de siempre, compartir e interactuar con compis de afición, con gente de buen comer y amantes de sobremesas. Y si cerramos el chiringuito en redes este blog se va morir de soledad. ¿Qué podemos hacer?

De entrada, comer sopa y ésta, de alubias y pollo recuerda lo rica que es. 
Ingredientes:
  • 2-3 pechugas
  • 2-3 patatas cortadas en daditos
  • 2 zanahorias cortadas en daditos
  • 1 puerro
  • 1-2 cebolletas
  • 1/2 pimiento
  • caldo de verduras o de pollo
  • 1 bote de alubias cocidas
  • orégano y ajo en polvo
  • sal y algo de chile molido

Preparación:
  1. En una olla, pon las patatas y las zanahorias cortadas, el puerro, las cebolletas, el pimiento, el caldo y las pechugas de pollo. Cuece unos 20 minutos a fuego suave.
  2. Saca primero las pechugas. Después las verduras y con un poco de caldo las trituras junto con el orégano y el ajo en polvo. Añade este puré al caldo con las patatas y las zanahorias (mejor cuélalo para que quede más fino el caldo).
  3. Añade las alubias y el pollo desmenuzado. Rectifica de sal y si quieres puedes echar un poco de chile en polvo. Deja que cueza unos 10 minutos a fuego lento.

Sopa de pollo a la importancia

octubre 31, 2025
Una de las cosas buenas que tiene ser tan charlatana y dejarlo todo tecleado en el blog, es que cuando leo ahora entradas de hace diez años o más, me entra un nosequé nostálgico que me apuntala en el pasado sin las decoraciones que pone nuestra memoria, porque la tía es bastante traicionera y tan pronto elimina detallitos desagradables por aquí como te mete fantasía por allá. Por eso siempre pensamos que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y a veces lo es. Y a veces pues no.

Es un poco como la cultura de la cancelación. Yo los recuerdos que tengo de mi hijo pequeño están censurados y siempre que hablo de su infancia lo hago desde el convencimiento de que no me dió ni un ruido pero cuando leo ésto por ejemplo, pues me viene de golpe todos esos ratos que pasé en plan desquiciada porque sí, porque es parte del proceso de ser madre que por fuerza mayor, una pasa sus crisis asfixiada cuando los hijos se resisten a despegarse de nuestras faldas, siempre con la lágrima fácil, el mami mira y el mami ven. 

Y como bien saben los niños españoles, las mamás ibéricas nos desahogamos a grito pelao, nos sentimos culpables al primer puchero y luego lo arreglamos todo con un par de achuchones bien apretaos. Y los críos, que son de rencor fugaz, nos perdonan al instante y regresan a su mira mamá y mami ven como si nada hubiera pasado. 

Pero de la entrada, lo que más me llama la atención, es que el efecto redes sociales ya lo teníamos los blogueros, en eso fuimos pioneros. Dábamos a entender vidas que no teníamos, felicidades que no existían y modos de vida más falsos que un billete de  cinco mil euros. Ahora, como ya lo hemos normalizado, no parece nada del otro jueves pero recuerdo con espanto ciertas transformaciones raras en el mundo blogueril donde hubo peña que se las daba de influencer a cambio de un kilo de lentejas gratis. Y cosas más frikis, para qué mentir.
Ahora, a toro pasado, leo esta otra entrada y me parto pero mecachis la de apuros que pasé cada vez que me quedaba sola y Lucas se ponía malito, con cosas raras casi siempre, con un complejazo a lo Paco Martínez Soria del copón y te aseguro que con fundamento porque lidiar en germano enfermedades es la leche de complicado. 

Pero lo más bonico, es que ambas entradas me han recordado el amor de mi Lucas por los coches, por la fórmula 1 y por su peli favorita de todos los tiempos: Cars. Mi hijo es capaz de ver un video de F1 y te dice el circuito y el año sin pestañear. Con 16 ya conducía en prácticas acumulando los 3.000 km. que se requieren para sacarte el carnet antes de los 18. Su hobby es su simulador de F1 donde reproduce cada carrera y en su habitación aún conserva todo un cajón de la cómoda lleno de cochecitos, algunos que heredó de su padre y que a buen seguro, aguardan el momento de que otro Nobis los herede. Ojalá que este blog también pueda recoger ese momento.

Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, podíamos elegir hacer una receta con arroz para sushi o con lonchas de queso tipo Tranchetes y mira por donde, esta sopa es una de las estrellas en mi casa y la tenía pendiente de fotografiarla y traerla al blog. Dicen que a la oportunidad la pintan calva y en mi caso yo diría que la pintan a la importancia. Y con sopa.
Ingredientes: (las cantidades a gusto de cada casa)
  • 2-3 pechugas de pollo
  • 2-3 zanahorias
  • 3-6 patatas dependiendo del tamaño
  • 1 puerro
  • 1 tomate
  • 1/2 pimiento
  • 1 calabacín pequeñito (o 1/2)
  • 3-4 lochas de queso fundido tipo Tranchetes
  • 1 tacita de pasta para sopa (coditos, estrellitas...)
  • sal y pimienta
  • perejil
  • Opcional: un poco de ajo en polvo, orégano o el sazonador que más te guste

Preparación:
  1. En la olla, pon el pollo y las verduras y cuece hasta que las zanahorias estén tiernas. Para evitar hacer la cocción más larga innecesariamente, puedes partir las zanahorias en trozos. Yo uso la olla exprés.
  2. Separa las verduras y ponlas en el vaso de la batidora. Las patatas y la zanahoria las machacas un poco en una nueva olla limpia. Añade caldo y, una vez que hayas triturado las verduras, las cuelas con un colador y las añades al caldo para que le de importancia, consistencia.
  3. Desmenuza el pollo y cuando el caldo vuelva a hervir, añádelo junto a la pasta. Cuando la pasta (usé codillos) están al dente, añade las lonchas de queso, apagas el fuego y dejas que repose removiendo de vez en cuando para  que coja cuerpo al derretirse el queso. 
  4. Salpimienta, adereza con ajo en polvo, orégano y perejil y no dudes en usar tu sazonador favorito. Un poquito de especias de chorizo le da un gusto fantástico.

Pinchitos de pavo y calabacín

agosto 21, 2025
discernir
Del lat. discernĕre.
Conjug. modelo.
tr. Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas. Comúnmente se refiere a operaciones del ánimo.
tr. Conceder u otorgar un cargo, distinción u honor.

El derecho a discernir en términos jurídicos, no expresa un derecho como tal sino todo lo contrario, puesto que se refiere a la obligación de distinguir entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, a ser responsable a la hora de tomar decisiones y en caso contrario, un juzgado te puede deshabilitar y entender que no estás con plenas facultades declarándote incapacitado legal para realizar ciertos actos jurídicos sin que un representante decida por ti.

Esto le pasó a Britney Spears por ejemplo, lo mismo que a otras celebridades de Hollywood con mucha pasta donde por miedo a que se fulminaran el patrimonio en banalidades, sus progenitores airearon sus trapos sucios públicamente para hacer que un juez les hiciera responsables a ellos de los cuartos y las mansiones. Estos son casos a gran escala pero con pleitos de andar por casa, los juzgados están llenos de hijos que no quieren que sus padres les deshereden o tan solo que gasten su patrimonio con nuevos amores, amigos o caprichos y piden fervientemente que incapaciten a sus papis del alma para que no gasten ni un euro más del necesario.

¿En serio que la cosa va de distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿lo justo y lo injusto? de ser así, ni Trump ni Putin tendrían acceso al famoso botón rojo de las armas nucleares, ni Netanyahu estaría cometiendo la masacre en Gaza, ni tantos millonarios descerebrados estarían repartiéndose el mundo a sus anchas; y no para comérselo, sino para dejarlo pudrir. Ascazo, oiga.
En cambio, sí soy muy fan del derecho a discernir en la vida cotidiana como un rayito de esperanza que nos ayude a evaluar las distintas opciones que tenemos a mano y elegir la mejor alternativa, de forma responsable y por su puesto teniendo en cuenta siempre las posibles consecuencias de nuestras decisiones. Bah, lo escribo y me da la risa. Suena tan ñoño.

Pero entre medias del discernimiento ñoño y el legal, está el democrático, el derecho -ahora sí que sí- de tener la libertad de expresar desacuerdo con opiniones o decisiones ajenas, siempre y cuando estos juicios de valor se hagan dentro del respeto al próximo algo que parece que no tenemos nada, pero nada claro. 

Primero por una cuestión práctica algo desdibujada: no sabemos distinguir entre hechos y opiniones. Esto nos genera un estrés intelectual del copón. Cada vez es más común ver gente influyente y de poder colándonos hechos a la imagen y semejanza de sus doctrinas haciendo que cualquier debate sea infructuoso y desalentador. Qué pereza. Y es que cualquier hecho, si lo sacas de su contexto, lo puedes adaptar a tu relato por muy poco ético que sea. Lo vemos a diario con políticos y periodistas que nos manipulan hasta el aburrimiento con estas tácticas. 
Y luego di algo. Expresa tu opinión y te van a devorar unos y otros a las primeras de cambio. Hoy eres facha o comunista -o las dos cosas- a nada que se te tuerza el renglón y el manual de frases y adjetivos faltones está en apogeo promovido, claro, por los propios políticos desde sus púlpitos, porque saben que cuanto más estrafalaria y feroz es la faltada, más eco y repercusión tienen.

Y si los que deberían dar ejemplo, los que moralmente tendrían que estar capacitados para debatir en términos más respetuosos, alentando a los suyos, por supuesto, pero sin faltar a los que no piensan igual, demostrando que el derecho a la libertad de pensamiento y la pluralidad de una sociedad sana es su pilar fundamental, si esto no cala en los líderes, que podemos esperar de sus seguidores que por lo que sea les encanta servir al de arriba y en cuanto se les azuza, hacen linchadas y escraches con una furia salvaje más propia de bestias rabiosas que de seres racionales. 

En fin, que conste que no busco pinchar en absoluto. Yo lo que pretendo es que pruebes estos pinchitos de carne de pavo con calabacín que han gustado mucho en casa y que vuelve a ser una receta con la que mantener contento al anti calabacín de la casa, que cada día está más dispuesto a reconocer públicamente que el calabacín, bien cocinado, está de vicio.
Ingredientes:
  • 500gr. de pavo molido
  • 150gr. de calabacín
  • 80gr. de pan rallado (o pan duro)
  • 50gr. de queso parmesano
  • 1 huevo
  • sal y pimienta
  • opcional: cebolla y/o ajo en polvo

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes en el procesador de cocina y haces una masa con ellos. Coge porciones de la masa, le das forma alargada y lo ensartas en un palillo de pinchitos.
  2. En una sartén o parrilla, haz los pinchitos con un poquito de aceite de oliva. Sírvelos con la guarnición que más te guste.

Tallarines con pollo Lo Mein

mayo 07, 2025
añusgarse
Del lat. *innodicāre, der. de innodāre 'anudar'.
prnl. Atragantarse, estrecharse el tragadero como si le hubieran hecho un nudo.
prnl. Enfadarse o disgustarse.
Habrá quien se pregunte de dónde me viene esta manía mía de colar entre receta y receta palabrejas más o menos raras o bonitas o tristes o lo que sean porque todas y cada una de ellas tiene su cosilla. Lo cierto es que ya me pasaba de pequeña, eran otros tiempos -no teníamos tantas distracciones- y recuerdo buscar junto a mis hermanos pequeños palabras en el diccionario Larousse para reírnos, porque muchas de tan raras nos daban risa. Esa risa floja de los críos, que se conforman con cualquier cosa para soltar la carcajada aunque la mayoría de las veces no entendíamos ni papa pero molaba reírse y si la oportunidad no nos brindaba ocasión, pues nos la inventábamos. 
Supongo que de ahí me viene este gusto por las palabrejas, todas ellas, aunque no me hagan reír. Esta de hoy por ejemplo, que va más de mosqueo que de otra cosa y aún así me parece requete ingeniosa aunque la tengamos que usar ante un atragantamiento físico -qué mal se pasa, por dios- o el metafísico que también tiene tela, porque que mal rato se monta cuando estás con alguien que no puedes verle ni en pintura. A veces por motivos justificados -por lo menos en nuestra cabeza- pero otras simplemente porque sí, porque hay personas que con solo verlas se nos añusgan y no hay manera que pasen por el tragadero de las simpatías. No es malicia, es solo eso: que se atarungan y punto.
Y tú querido lector ¿Te añusgas con frecuencia? A ver, no sería acto digno de reproche ya que de pequeños no nos enseñaron a controlar nuestras frustraciones. En aquellos años había otras prioridades en lo educativo y nuestros padres estaban a otras cosas. Realmente no fue hasta los 90, cuando llegaron las hordas de psicólogos -porque era una carrera con futuro- cuando poco a poco se fueron hablando de esas cosillas y no ha sido hasta hace dos días -como quien dice- cuando nos han convencido de la importancia de controlar la frustración porque uno se añusga, y luego viene el estrés, y luego se acumula, y luego se nos viene el mundo encima. Y para más chufla, que nos acorta la vida. 

Y aquí estamos, intentando huir de los estreses que nos ofuscan y nos generan atragantamientos innecesarios. Y desde luego, la mejor manera de combatir los efectos del añusgamiento es comiendo cosas ricas, sanas y que se hagan en un periquete.  Y este pollo Lo Mein, lo mein todo.

Fuente: aquí, que esta chica hace cosas muy ricas.
Ingredientes para 4 raciones:

  • 1 pechugas de pollo dependiendo del nº de comensales
  • 1 cda. salsa de soja
  • 1 cda. de maicena
  • ½ cdta. de aceite de sésamo
  • 1-2 cda. de vino shaoxing o mirin (vinagre japones)
  • verduras: col, pimiento, zanahoria, brotes de soja, cebolleta (a tu gusto)
  • 250gr. de tallarines o fideos chinos 

  • Para la salsa:
  • 2 cdas. de salsa de soja
  • 1-2 cdas. de salsa oscura de soja (dark soy sauce)
  • 1-2 cdas. de salsa de ostras
  • un poquito de miel o azúcar
  • 1 cda. de vino shaoxing o mirin (vinagre japones)
  • ½  cda. de maicena
  • ¼ de vaso de caldo de pollo
  • 3 ajos machacados ( o ajo en polvo)

Preparación:
  1. Macera unos 15 minutos antes, el pollo con la salsa de soja, el mirin, el aceite de sésamo y con la maicena.
  2. Fríe el pollo con un poco de aceite neutro y reserva. Mientras, corta la verdura en plan juliana. Reserva.
  3. Pon a cocer la pasta el tiempo que te indique el paquete.
  4. Prepara la salsa mezclando todos sus ingredientes. Reserva.
  5. En un wok, pon el pollo y la verdura a rehogar 1-2 minutos, con un poco de aceite neutro. Añade la salsa y por último la pasta. Rehoga hasta que ligue y sirve rápido.

Pollo al pimentón o Paprikahuhn o paprikás csirke

febrero 16, 2025
Esta de hoy vuelve a ser una receta con historia que une -o desune, según se mire- a la cocina heredada del Imperio Austrohúngaro. Es una receta muy parecida al gulás de pollo aunque en ambos lados de la frontera se dice que nones, que nada que ver pero créeme que las diferencias son mínimas y puestos a buscar un causante digamos que la cosa depende de la cantidad de crema agría (Sauerrham lo llaman los austriacos y tejföl los húngaros).

El caso es que, del mismo modo que ocurrió con el gulás vienés, cuando el imperio se descuartizó, la burguesía húngara se afanó en ensalzar lo propio para poner distancia de todo lo que oliese a austriaco: sus ropas tradicionales, la lengua y la comida, evidentemente.
Si el gulás de carne era guiso de boyeros o sea, de pastores, el de pollo era lo propio entre los granjeros. Hasta aquí todos contentos salvo que a las clases acomodadas les iba más el regustillo del guiso con crema agría y pimentón porque el gusto al pimiento era muy pero que muy extendido entre el pueblo llano que ya en su día se puso a la gresca con los turcos por aquella manía que les entró de no dejar que los húngaros plantasen pimientos. Y mira, no dieron su brazo a torcer. Lo cierto es que les importó un pimiento.

Pero en los restaurantes finos empezaron a servir el paprikás csirke con mucho éxito aunque el asuntillo del "pero esto es gulás" les acompañaba machaconamente. Hubo un intento -allá por 1938- de ponerle nombre propio para no disputar por bobadas y al jefe de cocina de un famoso hotel de Lillafüred, se ocurrió ponerle el nombre del mundialmente famoso científico y premio Nobel Albert Szent-Györgyi. Total, ya funcionó con el Székely gulyás así qué, ¿por qué no probar de nuevo?
Pues no, no cuajó la cosa. La gente prefirió llamarlo simplemente pollo al pimentón y dejarse de bobadas. Y los austriacos, por su parte, igual aunque aquí no hubo disputa alguna porque aunque se llame como se llame un austriaco va a tender a llamarlo gulash porque les chifla cualquiera de sus variantes que son un montón, por cierto.

Lo he dejado acompañar por unos Spätzle que son uno de los acompañamientos favoritos de mis paisanos y por lo que sea, al Paprikahuhn si lo acompañas de otra cosa se convierte en... ¡eso es! En Gulash de pollo :-)

Segundo domingo del reto Homenajeblog  de este año donde como siempre buscamos el encuentro y la amistad cocinando cosas ricas. Cada mes nos colamos en cocinas ajenas y homenajeamos al anfitrión cocinado alguna de sus recetas. Justo un año después, vuelve a ser el turno de Gloria,  de Comidería y postrería. La vez anterior, me encapriché de estas bambas de nata que eran uno de mis dulces favoritos y en esta ocasión me he lanzado por este pollo al pimentón para homenajear de paso a mis austriaquitos que tengo en casa.


Ingredientes para 3-4 personas:
  • 3-4 pechugas de pollo
  • cebolla muy picada
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 vaso de tomate triturado
  • 2cdas. de concentrado de tomate o salsa
  • 1 cda. de pimentón dulce tipo murciano (sin ahumar)
  • 1 cda. de pimentón picante
  • Sal y pimienta
  • 1/2 vaso de vino blanco
  • 1 vaso de caldo de pollo o verduras
  • opcional: 1 cdta. de maicena para ligar la salsa. Yo no la uso.
  • 2 cdas. de crema agría (Sauerrham o creme fraise)
  • Algo de aceite o mantequilla para la sartén

Preparación:
  1. Corta el pollo en trozos no muy pequeños para que no se sequen mucho y los rehogas en una sartén con un poco de aceite o mantequilla.
  2. Le añades el ajo machacado y la cebolla muy fina. A continuación, el tomate triturado y concentrado, los pimentones y salpimientas. Lo vas rehogando.
  3. Añade el vino y el caldo hasta que cubra ligeramente y deja que cueza a fuego suave unos 15 minutos.
  4. Si ves que la salsa no queda bien ligada, espesa con un poco de maicena (en un culín de agua lo diluyes previamente).
  5. Una vez finalizado, le añades la crema agría y la ligas bien con el guiso.


 
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