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Gazpacho de espárragos y manzana

junio 18, 2026
Una joven Margaret, que acaba de graduarse en Harvard, inicia su doctorado de Historia de la Ciencia en Yale. En una reunión informal entre profesores y alumnos pregunta si alguna vez ha habido mujeres científicas y, tras unas sonrisillas condescendientes, recibe un no como una catedral: no, no hay ni ha habido y las que pudieran considerarse como tales, solo trabajaban para científicos. Masculinos, evidentemente. Únicamente podemos hablar de dos excepciones:  Maria Mitchell y Marie Curie.

Y aquí es donde a Margaret W. Rossiter le explota la cabeza. Como que no se lo cree. Le suena todo a arrogancia y ninguneo. Y en un brote de "pues va a ser que no me lo creo" se viene muy arriba y le dice al profesor de la risotada, el de la pajarita a lunares y la pipa desconchada, "Si no le importa profesor, sujéteme el gazpacho" y a ver qué pasa.

Y pasó lo que tenía que pasar.
Cuando empecé, los historiadores consolidados me miraban con una mezcla de lástima y burla. Me decían que estaba perdiendo el tiempo porque las mujeres científicas no existían, y que si excavaba en los archivos solo encontraría un vacío absoluto.
Consiguió una beca Harvard y así pudo estudiar el panorama. Profundizando tan solo en un libro -el American Men of Science- rescató, escondidas entre las referencias masculinas, las biografías de quinientas mujeres científicas. 500. Qui-ni-en-tas. Y aquí no hay diptongo que valga. Quinientas, de golpe y sin despeinarse. Y de nuevo se vino arriba, esta vez con un coraje y una mala chufa que no hay gazpachera para contener tanta sopa.

Y siguió adelante, vaya que sí. Si cada barrio tiene su loca, primero en Yale y luego en Cornell tenían a la lunática de las científicas quienes en ese momento sonaban un poco a meigas. O sea, que haberlas, haylas pero si preguntabas por ahí te iban a decir que casi que no. Que si eso, un par de Marías y para de contar. En suma, la cantinela oficial, erre que erre.

Por lo tanto, no es de extrañar que sus investigaciones, dado el poco interés que despertaron, se pusieran cuesta arriba. Algún rechazo, tibieza en las comunidades tanto científicas como históricas, años de profesora sin plaza fija y sin medios para seguir con lo suyo. En fin, que era como para quitarle las ganas a cualquiera. De hecho, fue un tiempo en el que ella misma decía sentirse como algunas de las mujeres sobre las que escribía. Se sentía como un disco de 78 rpm en un mundo de 33.

Pero a su puerta tocó esa extraña ánima que a veces se digna en cruzarse en nuestro camino -mitad constancia mitad suerte- y tras conseguir una beca Guggenheim, volvió a tener algo de estabilidad para centrarse en sus trabajos. Y el fruto de esos meses de investigación vio la luz en 1982 tras publicar el primer volumen de Women Scientists in America. Bravo Margaret. Menos mal que no te rendiste. 
Y todo cambia de golpe. Críticas positivas en el New York Times, Nature y Science. Más becas, la ansiada cátedra y más tiempo para publicar artículos que hablan de ellas. Es en 1993 cuando publica un artículo donde acuña por primera vez el concepto Efecto Matilda. 
Efecto Matilda
Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
¿Y por qué Matilda? Por la reina entre las reinas: Matilda Joslyn Gage. Qué mujerona, por dios. Este blog tiene una deuda con Doña Joslyn y prometo concederle una receta honorífica muy pronto porque su vida es de lo más apasionante. Todas las mujeres de este planeta -e incluso marcianas- deberíamos conocer su vida, obra y milagros. Porque ella es el modelo a seguir, es la constancia, el pensamiento. Es el catecismo de la igualdad, de la libertad. No solo por su lucha a favor de las mujeres; también por la libertad de los esclavos, por los feminicidios de las "quemas de brujas" y por supuesto, por los nativos americanos de los que aprendió mucho conviviendo con los Haudenosaunee. Grande y única que fue borrada de la historia americana por ser extremadamente incómoda.

Y de aquí en adelante, la vida de Margaret -hasta su muerte a los 81 años- transcurrió de premio en premio y reconocimientos a su trabajo. Porque antes del Women Scientists in America, solo se hablaba de las dos Marías y ella sola evidenció con datos, hechos y referencias probadas, que existía un sesgo sistémico perfectamente demostrable. Gracias a sus tres tomos de Matildas, los historiadores de los 90 empezaron a revisar los archivos de sus propias universidades, encontrando más y más Matildas por todas partes.
El Efecto Matilda no es una percepción subjetiva; es un patrón histórico medible. Consiste en la agresión silenciosa de aceptar el trabajo de una mujer, asimilarlo en el laboratorio y, a la hora de imprimir los créditos, transferir el honor al colega varón más cercano.
Desde entonces, los historiadores científicos no han parado de cuestionar las versiones oficiales y están consiguiendo que se reescriban como es debido. Las pruebas reunidas por Margaret son irrefutables. Porque una cosa son hechos y otra opinión. Porque el suyo es un trabajo tan pulcro, tan sólido, que las instituciones gubernamentales y las universidades se vieron arrastradas por el Efecto Matilda reasignando cátedras, financiación y reconocimientos.

Aparte del trabajazo tan impecable de investigación que realizó, lo que consiguió Margaret fue dar marco académico a la desmemoria, a hechos que antes fueron difusos e invisibles. Y eso fue rabiosamente poderoso porque cuando un fenómeno tiene nombre, existe. Se vuelve real, palpable, se puede citar, debatir y por supuesto, es denunciable. Antes del Efecto Matilda no existía vocabulario ni contexto para reflexionar sobre el patrón del menosprecio científico.

Es más. Yo diría que fue el Efecto Margaret el que cambió la ciencia, para bien y para siempre.
Las universidades llevaban décadas diciendo que no contrataban a mujeres científicas porque no había candidatas cualificadas. Mi trabajo demostró que las candidatas estaban allí, trabajando en los sótanos, cobrando la mitad y firmando como asistentes de hombres que sabían menos que ellas.
Esta sopa fría es el Efecto Matilda hecho alimento. Las gotas de remolacha salpicando la superficie representan la rabia y la indignación frente al menosprecio. Son gotitas incómodas, que muerden el ojo y desafían lo establecido. Pero al meter la cuchara y saborear este gazpacho de espárragos, descubres que, al igual que las investigaciones de Margaret, la genialidad no necesita el aplauso de la pajarita de lunares ni grandes presupuestos para sostenerse. Es un plato pulcro, incontestable y cargado de una memoria tan sólida que es imposible de ignorar. E imposible de olvidar.
Ingredientes (para 1 litro):
  • 200gr. de espárrago blanco
  • 1 rebanada de pan de sandwich
  • 50gr. de almendras
  • 1/2 pepino 
  • 1/2  manzana
  • 1 diente de ajo
  • 150ml. de agua
  • Hielo
  • Sal a tu gusto
  • Vinagre de vino
  • Aceite de oliva
  • Decoración: aromáticas frescas y un poquito de zumo de remolacha.

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes menos el hielo, en el vaso de la trituradora. Licua, corrige de sal y añade hielo.
  2. Sirve bien fresco con unas aromáticas frescas por encima y un chorrito de zumo de remolacha que le aporta un punto muy especial.

Sopa nórdica de patata con puerro y salmón

mayo 29, 2026
Con todo el dolor que una madre puede condensar, Ada acaba de dejar a su hijo Bennett en un orfanato. Ya ha perdido a dos criaturas y solo le queda él. El crío tiene tuberculosis y ella es tan pobre que no puede pagar el tratamiento para su cura. Le habían hablado de una expedición que necesitaba una cocinera y ofrecían buena paga. La completaban varias familias inuit que debían formar el nuevo asentamiento. A su vuelta, contará con el dinero suficiente para salvar la vida de su hijo.

Pero la aventura fue un descalabro de principio a fin. La componían cuatro tipos sin experiencia alguna; las provisiones eran solo para seis meses y claro, a punto de embarcar y ante este percal, los inuit dijeron que ni hablar. No solo escaseaban los suministros; faltaban cazadores y gente curtida que garantizara que el campamento estaría seguro antes de la llegada del invierno. Y aquellos jóvenes blancos  olían a estorbo, a problemas. Y los apuros en el Ártico significaban la muerte. Así que se fueron sin más.

¿Y qué hicieron? Lo más fácil. Presionar a la más débil, la más necesitada. Y a Ada -pobre mujer-, entre que no entiende del todo los peligros a los que se enfrenta, le recuerdan que la vida de su hijo enfermo dependía de su trabajo. Supongo que sintió que no podía faltar a su promesa, que necesitaba ese dinero más que el comer y que, lamentablemente, no tenía otra manera de conseguirlo.

Y ahora toca poner contexto. ¿Eran una pandilla de zotes ignorantes que desafiaron el Ártico sin saber nada de él? Va a ser que no. Por lo menos del todo. Había mucha avaricia de por medio. Te lo voy a hacer corto. 

La expedición a la isla de Wrangel, la ha organizado un tal Stefansson que hacía unos años ya la había liado parda en otra expedición. Uno de los barcos, el Karluk, se quedó atrapado en el hielo con muy mala pinta. Con la excusa de ir a cazar para llevar comida a los tripulantes, el tipo pone hielo de por medio. No vuelve. El barco se hunde y los supervivientes se refugian en la isla de... eso es, de Wrangel.
Allí las pasan canutas, se habla de cosas feas y entre los pocos que regresan está un tripulante, un tal Fred Maurer. Hay algo de escándalo pero el Stefansson va capeando el temporal. El tipo es un arrogante del ocho y muy venido arriba. Mantiene que el Ártico es un sitio "amistoso" de la leche. Que a veces pasan cosas pero nada que no se pueda reparar. Lo de perder vidas lo dejamos aparte porque eso no es que suene amigable. 

El caso es que la isla de Wrangel le huele a pasta. Si consigue establecer una colonia permanente durante al menos dos años, podría reclamar la soberanía -era de los rusos pero ya arreglaría ese detalle después- y los derechos mineros -fijo que saldrían cosillas- e intuyó que era un lugar privilegiado para montar un aeródromo de repostaje. Los aviones, que eran el futuro, tenían poca autonomía y con un enclave de esa guisa se iba a forrar.

Y aquí reaparece el Fred Maurer y es como que la vida no le ha ido demasiado bien. Por lo que sea, le pide a Stefansson que le contrate, que le firme parte del reparto y a cambio, él no dice esta boca es mía. ¿Por qué? Bueno, es posible que supiera secretillos de cuando lo del Karluk que no estaría bien para el negocio que se airearan -yo no lo sé, lo único que hago es seguir la línea de puntos-. 

Pero esta vez -para evitar negociaciones futuras- le obliga, a él y al resto de los fichajes, a firmar un contrato de confidencialidad así como la propiedad de los diarios que se escriban durante la expedición. Esta vez, contratos sin cabos sueltos. Por lo que fuera.

Y así es como esta panda llega a la isla, con Ada aterrada, consciente de que está sola entre cuatro hombres que a saber qué le pueden hacer. Llegan a Wrangel y queda horrorizada: ve los restos de los naufragados del Karluk y el pánico se apodera de ella. Comprende que está metida en una aventura sin retorno. Que de allí no hay forma de escapar. 
He tenido que atar a la costurera al poste fuera de la tienda durante unas horas para que entienda que tiene que obedecer las órdenes y dejar de llorar. No podemos permitir que su holgazanería hunda el campamento.
Ada se niega a trabajar hoy alegando que le duelen las manos. Le he dicho que en esta isla quien no trabaja, no come. No habrá rancho para ella hasta que termine los sacos de dormir
Y encima, los muy malasombras, pretenden que cargue con el trabajo inicialmente previsto para los inuit que decidieron no embarcar. Sin experiencia, sin saber cazar, sin conocimiento de nada más allá de cocinar y coser pieles. Y la tratan peor que a un animal. Sin compasión. Los castigos son frecuentes y el trato vejatorio se hace insufrible. Ya no sabe a quién tiene más pánico: a estos hombres, al frío o a los osos. 
Y menciona [ Knight ] a mis hijos y dice que no es de extrañar que tus hijos mueran porque nunca los cuidas bien. Simplemente me desgarra en pedazos cuando menciona a los hijos que perdí. Esta es la peor vida que he vivido en este mundo.
Y así pasan los meses. Ada espera con ansia la llegada del barco de reabastecimiento previsto para el verano; el mismo que debe llevarla de vuelta tras cumplir el año acordado con Stefansson. Y éste, como si fuera novato, sin tener en cuenta lo ocurrido con el Karluk, manda un pequeño navío que como es lógico, se queda atrapado en el hielo. Sorpresa.
Y también, por lo que sea, resolvió no enviar un segundo barco a reabastecer el campamento. Abrigando su teoría del Ártico amigable, quiso demostrar que él tenía razón y decidió posponer la ayuda para el verano siguiente. Y aquí empezaron a pasarlo de pena. Todos ellos enfermaron de escorbuto. Ada no. Ella, con sus salvajes costumbres de comer vísceras de foca, sangre fresca y demás guarradas, mira por dónde, no enferma.

Lorne Knight es el que peor está. El invierno se ha adelantado y la caza se está dando mal. Pasan hambre, frío y mucha necesidad. El ambiente entre ellos es bastante infumable.
Y cuando entro y enciendo el fuego Knight empieza a ser cruel conmigo, no puedo contar cuántas veces empezó a ser cruel conmigo. Cada vez dice algo en mi contra. Dice que [mi exmarido] Jack Blackjack era un buen hombre y tenía razón en todo, y tenía razón al tratarme mal.
Y hasta aquí hemos llegado. O eso piensa Fred. Ve por lo que está pasando Lorne y sabe perfectamente cómo terminará la historia; ya lo vivió en 1914. Antes de empeorar y mientras aún tiene fuerzas, toma la decisión y convence a los otros dos de hacerse un Stefansson: "decimos que vamos en busca de ayuda y pies para qué os quiero. ¿Y Ada? ¿A quién le importa Ada? Además, alguien tiene que cuidar del pobre Knight. Por dios, no somos salvajes".

Y adiós. Quq os vaya bonito. De estos tres nunca se sabrá si les fue bien, regular o a medias, porque no se supo más. El Ártico se los devoró sin caldo ni guarnición. El universo se quedó sin tres melindres de baja estofa y peor moral que luego el Stefansson convirtió en héroes del hielo polar.   

Y Ada tiró como pudo. Knight, evidentemente murió. Estaba sentenciado. Y ella luchó por vivir, vaya que sí. Como fuera, pero había que vivir. Y rezar. Y esperar que el mundo no se olvidara de ella. Y la vida quiso que la dulce Vic, la gata que les acompañó en este despropósito de viaje, sobreviviera siendo su único consuelo y abrigo en aquellos dos meses largos hasta que llegó el esperado rescate.
Si algo me pasa y se sabe de mi muerte, hay una tira negra para la cartera de los libros escolares de Bennett, para mi único hijo. Deseo, por favor, que le lleven a Bennett todo lo que me pertenece. No sé cuánto me alegraría volver a casa con mi gente.
Ada regresó. Ella, que fue abandonada a su suerte y terminó siendo la única que cuidó de Knight hasta su último latido -a pesar de haber sido un completo capullo hasta el final-. Ella cumplió y volvió a por Bennett. Y aunque le costó lo suyo, consiguió cobrar sus honorarios y curar a su peque. Y prefirió vivir sin contar demasiado. Sin querer saber de los giros de guion que Stefansson se marcó, manipulando los diarios de sus aventureros a su antojo. Vivió como vivía el pueblo inuit: en la pobreza y olvidada por todos. Aun así, un periódico dijo de ella:
Ada Blackjack ha escrito el capítulo más grande de la historia del Ártico. No sobrevivió por su fuerza física, sino por una fuerza de voluntad que no hemos visto en ningún explorador hombre.
Ada Blackjack está enterrada en el Memorial Park de Anchorage, en Alaska y en su tumba se puede leer: La heroína de la Isla de Wrangel.
Ingredientes para 3-4 personas:
  • de 800-1.000gr. de patatas
  • 1 puerro grande
  • 2 dientes de ajo
  • 1 litro de caldo de pescado
  • 250ml. de nata líquida
  • sal y pimienta
  • 2-3 lomitos de salmón
  • Eneldo y perejil fresco

Preparación:
  1. En una cazuela, con unas gotas de aceite, pon las patatas peladas y cortadas en trocitos menudos y el puerro en aritos finos. Rehoga brevemente y añade el caldo de pescado y el ajo machacado. Deja que cueza a fuego lento hasta que la patata esté blanda.
  2. Mientras, en una sartén con unas gotitas de aceite, saltea el salmón. Sala un poco y añade un poquito de mantequilla para que coja sabor y selle bien el salmón para que no se quede seco. 
  3. Cuando las patatas estén blandas, salpimienta y añade la nata, el eneldo muy picado y por último el salmón cortado en trocitos. Apaga el fuego y deja que repose unos unos 5 minutos. Termina con un poco de perejil picado

Cazuela de chicken & dumplings

mayo 21, 2026
Es de noche y sin luna en los pantanos de Maryland. El barro le llega hasta las rodillas y la humedad nocturna le ha calado hasta los huesos. En la lejanía se oye el ladrar de perros; no parece que se acerquen, y eso es buena señal.  Aun así, la ponen muy nerviosa. Un pequeño error en la ruta a seguir, y los perros de cualquier granja aledaña podrían oler el rastro. Y cuando esto pasa, el capataz sabe que es hora de salir a cazar. A la caza del esclavo. De cualquier edad y sexo. A la caza de negros que solo merecen el látigo primero y la horca después. 

Ningún fugado habla ni se queja. Han sido advertidos. Harriet no va a dudar en usar su revólver. La vida del grupo, de la red del "ferrocarril subterráneo" y del legendario "teletipo de la parra" dependen de no ser descubiertos. Si algún esclavo intenta huir despavorido por culpa del miedo y es cazado, entre latigazo y latigazo, antes de que su cuerpo cuelgue de cualquier árbol, los habrá delatado a todos. A las familias cuáqueras que dan soporte, también. 

Desde hace horas, Harriet tampoco habla. Se comunica imitando al búho o al zorzal. Su apenas metro y medio de estatura facilita su camufle entre los juncos o los magnolios silvestres. Solo sus ojos la delatan: fríos y duros como el acero. 

Ella es Harriet Tubman. Y fue la gran jefaza del ferrocarril subterráneo, una red clandestina de hombres y mujeres valientes que sabían más que el hambre. Estaban tan bien coordinados que hizo el mismo viaje trece veces al sur para rescatar a familiares y decenas de personas más, de la esclavitud. 
Nunca perdí un pasajero y mi tren nunca se salió de la vía.
Y no mentía. El viaje era largo, había que alimentar al grupo y elegir bien las etapas a seguir ya que a veces había que modificarlas sobre la marcha dependiendo de si había cerca partidas en su búsqueda. Cosa, por cierto, que siempre pasaba.

Y ese éxito, en gran parte, se debía a que el teletipo de la parra seguía funcionando, haciendo que las noticias corrieran como la espuma y manteniendo consignas secretas que hablaban más claro -y rápido- que el telégrafo. Para comunicarse con los esclavos que estaban escondidos en los campos sin levantar sospechas, utilizaban cantos espirituales modificados. Si en una plantación se cantaba Go Down, Moses cambiando sutilmente el tono, significaba que el camino estaba despejado; si se cantaba otra melodía, la cosa se ponía difícil y significaba que los sabuesos estaban cerca y había que ocultarse y estar bien calladitos.

A veces a los niños pequeños se les daba algo de opio para que no lloraran. La cabeza de Harriet tenía precio, y no era moco de pavo, aunque daba un poco igual porque si eran descubiertos todos terminarían del mismo modo; columpiándose por el cuello porque así es como se zanjaban siempre todos los asuntos de esclavos. Total, eran baratos y había muchos. 

Y esta manía de salvar esclavos de las plantaciones sureñas, ¿de dónde le venía? Pues de su carácter inquebrantable; por sus bemoles; porque era lo justo; porque había que parar esa locura. Tal cual. Y bueno, sus circunstancias personales también influyeron porque hay cosas en la vida que cuesta hacerlas la primera vez. Luego se coge carrerilla y amplia es Castilla. O Maryland.

Harriet estuvo casada con un liberto que miraba más por sus cosas que por las de su esposa, que seguía siendo esclava. Esta parte de la historia, no te la puedo confirmar ni desmentir porque el puritanismo con el que han envuelto su vida, hace que no podamos decir a ciencia cierta pero los hechos a veces hablan por sí mismos. 
Si una esclava daba a luz, alumbraba esclavos. Tal cual. Y a ella no le salía del moño. Parece -hay secretismo con esto- que Harriet quedó embarazada o bien del esposo, del capataz o del patrón que todos tenían derecho a usarla. El marido dijo que pasaba de huir, que le daba igual, que él no solo no iba a escaparse sino que amenazó con delatarla. Así las cosas, se va a la francesa y mientras está oculta parece que parió a una criaturita que dejó con una buena familia de esclavos manumitidos. Como cualquier madre, el dolor debió ser infinito y prometió volver a por ella.

Ya en Filadelfia se convierte en una mujer libre por derecho propio. Y los siguientes diez años los pasa rescatando esclavos en un total de trece expediciones. Sus hazañas se cuentan por doquier y empiezan a apodarla "Moisés". No es para menos. En estas misiones, libera a sus hermanos y a sus ancianos padres que haciendo virguerías -los pobres nos estaban para muchos trotes-. Es infalible y me imagino el odio tan grande que su nombre debía despertar en capataces y amos. Trece expediciones, trece bofetadas.

El senador abolicionista William H. Seward le vende a Harriet, en unas condiciones de pago muy favorables, una pequeña parcela de tierra con una casa en Auburn, Nueva York. Este lugar se convertirá en su cuartel general, su hogar definitivo y el refugio para su familia y cualquier desamparado.

Harriet, en un momento dado, después de haber comprado su pequeña granja en Auburn, Nueva York, viaja a Maryland y regresa con Margaret, su pequeña de ocho años. Dijo que volvería a por ella y cumplió su palabra. 

Nunca admitió públicamente que fuera hija suya. Tenía motivos. Margaret nació de una esclava así que era automáticamente esclava. Como sobrina, fue siempre libre. Su amiga Frances Seward, sabiendo que la pequeña era el eslabón más débil y preciado de Harriet, siendo la suya la familia más poderosa de Auburn, hizo de escudo para proteger la vida de la niña. 

En un mundo donde el valor de una cría negra era en dólares y cadenas, Harriet prefirió ser tía antes que madre para no condenar a su hija por el peso de su propio destino. Margaret recibió gracias al senador Seward no solo una vida acomodada, sino también la mejor arma de resistencia para la hija de una esclava: una educación de élite reservada para los blancos,  lejos de la miseria, del estigma de la plantación y de las garras de los cazadores de recompensas. Harriet se aseguró de que su hija creciera libre.

Poco después, en plena guerra civil, Harriet se unió al ejército de la Unión en Carolina del Sur. Fue cocinera y enfermera, aunque por lo bajo, montó toda una red de espías afroamericanos. Y cómo desperdiciar su talento y experiencia: hizo de exploradora y espía demostrando una vez más su talento y valentía. 

Pero la cosa no quedó ahí; lideró de forma brillante el asalto contra las posiciones confederadas al río Combahee convirtiéndose en la primera mujer en planificar y dirigir una operación militar en EE. UU., logrando liberar a más de 750 esclavos en una sola noche. 750, ahí queda.

Y como la ingratitud sale gratis, terminada la guerra el gobierno se niega a pagarle su salario militar y comienza una batalla burocrática de más de 30 años por su pensión. Su única batalla perdida. Menuda ironía.

Ya de vuelta en casa, la granja está siempre llena de familiares y desamparados. Tras enterarse de la muerte de su primer marido,  hace nuevas nupcias con Nelson Davis, un veterano de guerra veinte años menor que ella. Adoptan a una bebé huérfana a la que llaman Gertie, curando en ella viejas heridas y anhelos de ser por fin, una madre que puede dedicarse a ver crecer a su niña.

Nelson, su marido, estaba enfermo de tuberculosis siendo la causante de su muerte. Tras tres décadas de humillaciones y rechazos, el Congreso le concede finalmente una pensión mensual como viuda del veterano Nelson Davis. La espía, la estratega, la cocinera, la enfermera, la señora de armas tomar, invencible e irreductible; esa, no se mereció especial reconocimiento. Para su gobierno, fue la señora viuda de.

Para mí, Harriet es esa mujer de la foto. Con el gesto corporal un poco avergonzado ante la cámara pero con los ojos al acecho: ha sobrevivido a la esclavitud, ha huido sola, ha regresado trece veces a rescatar a otros y ha liderado un asalto militar armado, ha liberado a 750 más. A su hija Margaret también. Ha cuidado y amado a Gertie y Nelson que posan a su lado. Ella es, bajo esa determinación de acero y la fragilidad del alma mil veces rota en cientos de pedazos, digo, ella es el retrato de la soberanía de su palabra.
Ingredientes:
  • 1 pollo
  • 2 tallos de apio
  • 1 puerro
  • 2 zanahorias
  • agua
  • algo de ajo y cebolla en polvo
  • sal, pimienta
  • 110gr. de harina
  • 1 huevo mediano batido
  • 1 cda. de mantequilla
  • 1/4 cdta. de sal
  • 30gr. de agua

Notas:
  • Te va a sobrar pollo que podrás usar en hacer unos burritos o unas empanadas. 
  • A la hora de hacer los dumplings hay que tener en cuenta lo de siempre: que las harinas no absorben igual. La masa tiene que ser fácilmente manejable. Si hace falta, añade más agua o harina según te convenga.
  • Muchas recetas recurren a la cucharada de maicena para blanquear el caldo pero no hace falta. Una vez que retires el pollo y la zanahoria, trituras en el caldo el puerro y el apio. Luego lo cuelas y tendrás un caldo con más sabor y más textura. Así potencias el sabor, no lo neutralizadas.
  • Puedes cocer el pollo al amor de la lumbre pero con el precio de la luz y del gas, mi consejo es que tires de olla exprés. Sale igual de rico.

Preparación:
  1. Pon la olla con el pollo, las verduras y agua hasta cubrir. Pon un poco de sal y pimienta. En mi olla necesito 15minutos.
  2. Prepara mientras la masa: amasa todo junto hasta que este lisa y suave. Deja reposar unos15-20minutos.
  3. Desmenuza el pollo que vayas a usar y guarda el resto. Trocea las zanahorias y reserva.
  4. Tritura el caldo, y pásalo a una cazuela colado. Añade el pollo y la zanahoria. Adereza con cebolla y ajo en polvo y rectifica de sal y pimienta. Cuece a fuego suave.
  5. Extiende la masa con un rodillo y corta cuadraditos más bien pequeños porque crecen en la cazuela. Los añades a la cazuela y rectifica de caldo si ves que se queda seco. Cuece hasta que los dumplings tengan la textura de una pasta fresca.

Lentejas con col

abril 09, 2026
Voy a intentar contarte rápidamente el caso de "La Suiza". Tenemos que regresar al 2017 cuando una empleada de la pastelería La Suiza en Gijón acude al sindicato CNT. Denuncia que, además de deberle horas extras, no tiene vacaciones y describe un cuadro de acoso laboral donde el dueño le hacía comentarios inapropiados sobre su cuerpo y vida personal. 

El sindicato entra en acción y reclama en nombre de la empleada el dinero que le debe y exige que corrija el trato hostil. El dueño se niega a negociar con el sindicato así que comienza una campaña de boicot típica. O no, porque las concentraciones en la puerta de la pastelería con pancartas, megáfonos y tal se alargan durante meses. Parece increíble que una petición tan legítima -y más entendiendo que la deuda no superaba los 2.000 €- llegara a la escalada judicial donde el empresario denuncia al sindicato por coacciones, alegando que todo ese ruido constante le está haciendo perder clientes y que su salud se está dañando con todo este asunto. Un par de miles y un trato adecuado a una empleada; parece que ese ha sido el valor de su establecimiento.

El conflicto se vuelve tan tenso que la pastelería termina cerrando sus puertas definitivamente y sorpresa, un juzgado de Gijón condena a 3 años y medio de cárcel a seis personas por coacciones graves y obstrucción a la justicia. El Supremo ratifica la condena bajo el argumento de que las protestas no eran libertad sindical, sino un plan retorcido de hostigamiento al dueño hasta que pagara o cerrara.

Tras ingresar en prisión en julio de 2025, la presión social fue tal que se les concedió el tercer grado casi de inmediato, permitiéndoles una semilibertad, pero la condena penal de cárcel sigue en sus expedientes. Acabo de ver que a Nacho Vidal le han caído tres años por tráfico de drogas. ¿No es de locos? ¿Qué nos pasa compatriotas?

Nos pasa que somos unos pendencieros del ocho. Que este sigue siendo un país que pretende resolverlo todo a la gresca y por "mis lentejas que no doy el sofrito a torcer". Algo en lo que la jurisprudencia debería ser más imparcial y razonable pero que por lo que sea, termina siendo parte activa del caos; de la injusticia me atrevería a decir porque esto se tendría que haber detenido mucho antes, con mediadores y sin jueces de por medio. Y siempre, y digo siempre, a los trabajadores hay que protegerlos. 

Es evidente que es muy difícil probar lo que se dice o se deja de decir en una conversación privada y sin testigos pero que una deuda de esa cuantía tan ridícula, termine con seis ciudadanos en la cárcel es muy tremendo. Que serán todo lo que tú quieras pero caramba, que no trafican con drogas, ni roban ni regentan una mafia local de contrabando de milhojas. 
Ahora te voy a contar lo que le pasó a Günter en la Uni de aquí: su contrato era de técnico de laboratorio y tras jubilarse los responsables, contacta con su dirigente sindical para preguntar si es lícito reclamar la equiparación del sueldo y cargo a su situación actual. Le dice que sí y que él se hace cargo. Habla con RRHH y le comunica que sin problemas, que no será inmediato pero que sí, que hay voluntad. Ahí queda el tema y nadie vuelve a hablar de ello porque Gunter confía y no tiene ni una razón para pensar que le están dando largas. Y tiene razón: meses más tarde le equiparan cargo y sueldo, y para su sorpresa le han ingresado los atrasos, algo que nadie solicitó pero es lo justo, ¿no? Pues si es justo, se hace y punto.

¿Ves la diferencia? Consenso vs. conflicto. En España los derechos se conquistan a gritos en la calle porque no hay mecanismos de confianza. Así ha sido siempre pero a partir de ahora, mucho ojito porque si gritas demasiado, el sistema te castiga con el código penal. Vaya, que te trae más a cuento robarle al de La Suiza los bollos porque sería un cargo de hurto por el cual, en este país, nunca vas a pisar cárcel.

En cambio, en Austria, los derechos de los trabajadores se gestionan en una oficina. No hace falta megáfono porque la ley se cumple de forma casi automática. Los sindicatos funcionan como gestorías y el sistema no necesita de héroes ni mártires ni mucho menos se llega -creo que si digo jamás no me equivoco- al ataque al orden social ni al escarmiento penal en un caso claro de abuso iniciado en el despacho del jefe.

En el caso de La Suiza, la ley ha sido muy rápida en ver coacción cuando un grupo de personas grita frente a un comercio para pedir un pago legítimo pero bastante más lenta cuando un jefe te dice en privado que si no haces horas gratis te vas a la calle.

Así que ya sabes, no todos somos los mismos europeos; por un lado los mediterráneos explotando el modelo del conflicto frente al centroeuropeo que solo se plantea el consenso: la guerrilla frente a la consultoría. Y que nadie se haga  líos; la economía aquí fluye mejor porque hay paz social con una estructura legal y económica muy sólida. 

Porque la seguridad económica elimina el miedo, eso es rotundo a más no poder. Y si se apostara por sueldos que cubran las necesidades permitiendo incluso ahorrar un poquito, la gente gastaría más dinero y todos contentos. O casi, porque habría que obligar a los políticos a que apuesten por iniciativas pequeñas y que dejen de favorecer de una vez a los gigantes y multinacionales... ¿pero no lo ves? 

La derecha no actúa para que tú crezcas, mira por las grandes corporaciones. Si crees que ellos te van a hacer prosperar es que no has aprendido nada. Y la izquierda, perpetuamente anclada en el griterío, en el ruido que se va a dormir tan tranquila como si así arreglara el mundo. Qué no, que basta de gestos vacíos. Que los millonarios nos están asfixiando; que son ellos los que nos han metido en este lío. Que son los de siempre, los mismos a lo largo de la historia. Que para ellos todos somos prescindibles: trabajadores que o hacen horas de más o se van a la calle y empresarios que no ingresan lo suficiente para saber si van a poder abrir sus negocios el mes que viene.

Si no tienes casa, ni trabajo, ni pasta para pagar facturas no es culpa ni de los empleados ni del patrón. El enemigo no está en estos pagos. Hay que estar unidos para arrinconar a los que nos están llevando a la ruina. En paz, en calma y con respeto, no es necesario abusar de nadie ni tirar de grandes brechas ni injusticias. Pero algo está muy claro: el abuso se vuelve cotidiano cuando el miedo al hambre es mayor que el deseo de justicia.
Ingredientes para 4:
  • 1 patata grande
  • el equivalente en boniato, zanahoria o calabaza
  • 1/2 col pequeña
  • 1/2 cebolla
  • 1/2 puerro
  • 1-2 ajos
  • 1 punta de pimiento verde a tu gusto
  • 1 vaso de agua o de caldo de verduras
  • 1 lata grande de lentejas (unos 800gr.)
  • 300-400ml. de salsa de tomate
  • 1 poco de pimentón (tipo murciano, sin sabor ahumado)
  • sal, pimienta y orégano a tu gusto
  • algo más de agua para cubrir si hiciera falta
  • algo de aceite de oliva 

Preparación:
  1. En una sartén mojada en un poco de aceite de oliva, saltea la patata y el boniato pelado, ambos pelados y cortados en trocitos menudos. Saltea unos 10 minutos a fuego medio-bajo y tapado para que no pierda hidratación. agrega la col cortada en tiritas menudas. Rehoga un par de minutos y salpimienta. Reserva.
  2. En la misma sartén mojada de nuevo en un poco de aceite de oliva, rehoga la cebolla, el puerro, el ajo y el pimiento. Cuando empiece a transparentar, añade el vaso de agua o de caldo, como prefieras. Deja que transparente y lo trituras.
  3. De nuevo en la misma sartén (si es honda, si no en una cacerola) añade las lentejas, el sofrito de cebolla y puerro, las hortalizas con la col, el tomate, las especias y un poquito de agua si ves que queda espeso. Remueve bien, rectifica de sal y pimienta si hiciera falta y deja que cueza nos 5 minutos a fuego lento. Apagas el fuego y que repose otros 5 para que asiente los sabores y las texturas. Listo

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga

marzo 27, 2026
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
azabache
Del ár. hisp. azzabáǧ, este del ár. clás. sabaǧ, y este del pelvi šabag.
m. Variedad de lignito, dura, compacta, de color negro y susceptible de pulimento, que se emplea como adorno en collares, pendientes, etc., y para hacer esculturas.
m. Pájaro de unos ocho centímetros de largo, con el lomo de color ceniciento oscuro, el vientre blanco y la cabeza y las alas negras.
m. pl. Conjunto de dijes de azabache.
adj. Dicho de un color: Negro intenso y brillante semejante al del azabache. U. t. c. s. m.
adj. De color azabache.
Palabra bonita a rabiar que se me antoja como la mejor compañera de viaje para esta crema naranja salpicada de lentejas azabache con ese negro intenso, brillante y profundo tan característico de las beluga. ¿No es un contraste hermoso? además, ahora que hablamos de viajes y viajeros,  es una piedra semipreciosa -o así la llaman como si su belleza estuviera marcada por su valor de mercado- que para muchos peregrinos del Camino de Santiago ha sido símbolo de protección usándola  a modo de talismán en el deseo -o esperanza- de no sufrir tropiezos ni desdichas en su viaje de regreso a casa.

Pero nosotros aún no regresamos a "casa". Tenemos más camino por delante. ¿Recuerdas que con esta otra crema te advertí que íbamos a estar viajando por la historia? Pues seguimos nuestro personal peregrinaje que iniciamos en Bombay, para luego viajar a Inglaterra y de nuevo regresar a Bombay con el Mulligatawny de Rukhmabai.

Nuestro nuevo compañero de viaje se llamaba Salomón, un hermoso elefante asiático que regalaron a un rey portugués hace ya unos cuantos siglos y que tras años languideciendo en la corte, olvidado por todos menos por su cuidador, tuvo que emprender el camino a Viena, su nuevo hogar porque aprovechando que se casaba su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, el monarca se lo regaló de buena gana ya que se contaba que se le iban los demonios a su majestad cada vez que le contaban cuánto costaba alimentar al animal.

Así que Salomón, acompañado siempre por Subhro -su cornaca hindú y única familia que el elefante había conocido- emprendieron la marcha al noreste en dirección a los Alpes, esos gigantes que se interponían en su camino a Viena,  gesta que ya en su tiempo culminó Aníbal con sus 37 elefantes africanos cruzando los Alpes camino de Roma y se cuenta que al igual que Salomón, consiguieron cruzar los Alpes con dignidad y fortaleza, la cual se vio mermada posteriormente por culpa del frío y de las enfermedades.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Pero sigamos acompañando a Salomón y a Subhro en esta odisea que Saramago relata, como siempre, con maestría evidenciando con sus serenas e inocentes palabras, el despotismo de los poderosos, caprichosos siempre y crueles por ende en su afán de ignorar o explotar a sus súbditos sin desplegar ni una pizca de compasión. 

¿Os imagináis lo que costaba alimentar a Salomón durante el viaje? En cada aldea y pueblo donde se detenían, sus habitantes ya exhaustos de por sí, debían desprenderse de sus provisiones para alimentar al paquidermo en su travesía. En Padua, por ejemplo, el clero pensó que la fiera atraería a muchos fieles así que obligaron a Subhro, el pobre cuidador que nada entendía de esta gente tan veleidosa, a que forzara al gigante a arrodillarse en la Basílica de San Antonio. 

Mientras los curiosos veían a una bestia exótica doblegándose ante dios, solo el cuidador sabía que ese gesto obedecía al cansancio y el hambre del animal, que no dudó en hacer lo que se pedía por un bocado. Y es que así es como siempre los poderosos se salen con la suya: ignorando al necesitado, al desarraigado y al humilde para reafirmar su poder y su autoridad.

Pobre Salomón y pobre Subhro. En Viena le cambiaron el nombre a Solimán, por aquello de estar siempre el Turco acechando y el pobre animal, terminó muriendo de lo mismo que los de Aníbal, de frío y enfermedades contraídas durante el viaje. 

Y sin nadie a quien cuidar, el cornaca cayó en el olvido. Durante un tiempo permaneció en la corte pasando desapercibido para todos hasta que un día el Emperador, o alguien a su servicio, lo despachó regalándole una mula y unas monedas. Nadie sabe qué fue de él. Imagino que quedó atrapado entre dos mundos; entre el desarraigo de sus raíces que quedaban ya tan lejanas y olvidadas; y entre el otro desarraigo, el de quien nunca encajó ni decidió por sí mismo estar donde estaba algo que solo su compañero sabía compensarle haciéndole la vida más digna. Más hermosa. Así que solo y sin rumbo, se le perdió la pista. 

Y así nos lo contó Saramago, entre las dulzuras y los aromas de una bonita historia de amistad entre un elefante y un cornaca, con esa serenidad y ternura de quien ya sabe que se apaga. 

Lo cierto es que sus letras susurran injusticias, las mismas de siempre que avanzan en espiral a lo largo de los siglos; porque a veces la única manera de decir las cosas sin que la gente se cierre en banda es envolverlas en una historia hermosa, en una receta, en la definición de una palabra preciosa como azabache. 

Y pensar en ellos, en sus protagonistas, también es una forma de resistir contra la injusticia, las muertes y las miserias a las que los poderosos una y otra vez nos condenan por puro despotismo. Hace siglos, ayer, hoy. Y dentro de una hora.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Aún no puedes saber cómo pero esta historia nos va a llevar a otra, a la de una mujer poderosa y regia que permaneció siempre fiel a su destino y que éste, que a cruel no hay quien le gane, la ha ninguneado reduciendo su existencia a la nada. Ya sabes cómo va: mujeres que solo nos han contado que nacieron, se casaron y tuvieron hijos pero nadie quiso valorar ni sus logros ni sus sacrificios. Como tantas, qué rabia.

Ahora sí: con esta receta, participo en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, teníamos dos ingredientes a elegir: jengibre en polvo y boniato asado. En esta receta, si bien es cierto que el boniato que he usado no es asado, la he adaptado al jengibre en polvo aunque siempre podrás hacerla con el fresco. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Ingredientes:
  • 100gr. de lentejas beluga cocidas en caldo de verduras, 1 cebolla, 1 diente de ajo y laurel
  • 1 diente de ajo
  • 1 puerro mediano
  • 1/2 cebolla
  • 2-3 zanahorias
  • 200-250gr. de calabaza
  • 200-250gr. de boniato
  • 1 cdta. de comino
  • 1 cdta. de jengibre molido (o fresco rallado)
  • 2 cdas. de concentrado de tomate (o el doble de salsa de tomate)
  • 2 cdas. de mantequilla de cacahuete
  • extracto de caldo de verduras
  • 300ml. de agua
  • 300ml. de leche de coco
  • Para servir: un aliño de aceite de sésamo con zumo y algo de ralladura de lima.

Preparación:
  1. Cuece las lentejas unos 15 minutos y deja que reposen otros 10.Cuélalas y reserva.
  2. Trocea las verduras y en una cazuela con un poco de mantequilla, saltea brevemente.
  3. Incorpora las especias, el concentrado de tomate, la mantequilla de cacahuete y el concentrado de caldo. Agrega agua hasta que cubra.
  4. Después de 15 minutos, añade la leche de coco, rectifica de sal si hiciera falta y deja que repose otros 5 minutos antes de triturar con la batidora eléctrica o la licuadora.
  5. Prepara el aliño a tu gusto con más o menos lima. Puedes servir en vasos poniendo una capa de lentejas en la base, añadiendo la crema y decorando con un poco de leche de coco batida y un chorrito del aliño por encima.

Mulligatawny, por fin con todas sus lentejas

marzo 25, 2026
Mulligatawny original

Querido lector, tú aún no lo sabes pero hemos iniciado un viaje en el tiempo. Viajaremos al pasado pero no en línea recta porque al fin y al cabo los humanos conectamos el pasado y el futuro en espiral. Quién sabe, lo mismo vivimos en mundos paralelos y todo está ocurriendo ahora. Hablar de esto no nos llevará nada más que a fantasear pero yo tengo un plan. De momento oculto pero para nada secreto. 

Voy a intentar que conectes con cosas e intentaré ser fiel a cómo he llegado a mezclar tantas historias y sabores... o no, porque lo mismo todo es más parecido de lo que aparenta: legumbres de colores que cumplen su misión, jengibres en polvo o frescos que nos transportan por el mundo y aunque hablaré de personajes errantes, luego de puro sin querer, echaremos raíces en algún caso y en otros el desarraigo hará heridas. 

Pero debes ser paciente y disfrutar del viaje. Éste empieza aquí:

Rukhmabai nació en una familia marathi. A penas conoció a su padre. Tenía dos años cuando él murió. Algún tiempo después, su madre volvió a contraer matrimonio y lo hizo con Sakharam Arjun, un eminente médico y activista social de Bombay. Fue bajo su influencia, cuando la niña se animó a estudiar y alimentó sus ideales progresistas en un tiempo -estamos a finales del SXIX- donde la incultura y las costumbres retrogradas seguían firmes en el día a día por todo el país. La colonización inglesa no vino a traer humanidades ni desarrollo cultural. En fin, que ya sabemos de que pie cojean los imperialismos y ellos fueron a lo que fueron: a lo suyo.

Así que, siguiendo las costumbres locales, el abuelo materno de Rukhmabai arregló su matrimonio con Dadaji, un muchacho de 19 años no muy centrado pero lo más terrible -aunque fuera muy común- es que ella tan solo tenía 11 años.  Sakharam se negó a que ese matrimonio se consumara evitando a toda costa que su hijastra cohabitara con el esposo.

Y éste, como tantos, salió bala perdida: Dadaji resultó ser un borracho, calavera y libertino, que por el motivo que sea -parecía que tenía endeudadas hasta las suelas de sus zapatos- se emperró en que su esposa debía vivir con él y ante la negativa, el tipo llevó a Rukhmabai a los tribunales a santo de "restitución de derechos conyugales" o algo por el estilo. Menuda necedad.

Mulligatawny original

Y mientras el juicio seguía su curso, Rukhmabai comenzó a escribir para el Times of India bajo el seudónimo de A Hindu Lady, abogando por sus derechos y por la necesidad urgente de reformar una sociedad que no solo ninguneaba a las mujeres sino que las trataba peor que a las ratas. 

Y así las cosas, en 1887, el juez lanzó un órdago a Rukhmabai: o te vas a casa con tu esposo o seis meses a la cárcel. Y con un par de moños y el Sari bien puesto dijo que si había que ir a prisión pues se iba. Entiende que eran cárceles del SXIX y encima de mujeres. La de cosas terribles que debían pasar ahí dentro pero  Rukhmabai tiró para adelante, la lió parda y no contenta con el follón que se montó, apeló a la Queen -era la Victoria- , quien anuló el juicio y disolvió el matrimonio. Otra con más moño que corona.

Y ¿Colorín colorado, este cuento se ha acabado? Ni de refilón. Fue la primera mujer hindú en obtener legalmente el divorcio en la India, y luchó con garra por mejorar las leyes respecto a las niñas, mujeres y viudas que muchas eran -y aún se siguen escuchando cosillas- quemadas vivas porque muerto el marido, eran una carga para la familia. 

Rukhmabai estudió medicina y lo hizo en Inglaterra gracias a la Dra. Edith Pechey que recaudó fondos para que se produjera el milagro. Y vaya sí se hizo. Nuestra divorciada número uno regresó a su país a hacer lo que mejor sabía hacer: ayudar a las mujeres para darles derechos y atender su salud como se merecían; cuerpo y alma trabajando en la misma dirección. El mundo necesita muchas pero muchas más Rukhmabai porque solo ellas nos pueden salvar de este desastre.

Y bueno, aquí estamos; hace años publiqué un mulligatawny de urgencia, con escarlatina de por medio y sin lentejas. Cosas de la vida que me pasaban antes. Hoy, con Rukhmabai de protagonista, le doy su forma más auténtica porque es en sí mismo un plato que relata dos historias: una sopa densa y cremosa, casi un dal que nació en el sur de India y su nombre viene del tamil, milagu tannir (agua de pimienta) y era un guiso de lentejas especiado que los cocineros indios adaptaron para los paladares británicos. El triturado es su forma más auténtica.

Así que ya ves; aquel Mulligatawny que cociné con escarlatina, no era ni Mulli, ni gataw ni ny, fue una mutación sin lentejas de lo que ya venía rodando por los blogs anglosajones que no es por criticar pero ya sabemos lo que les pasa a muchas recetas "étnicas" que pasan por el filtro norteamericano: se estandarizan, se tunean al gusto local y se fotografían todas igual. Muy monas, sí pero bastante alejadas del original.

Y hoy me veo en la necesidad de hacer justicia y recordar al mundo que no es oro todo lo que reluce ni azabache solo el carbón porque los algoritmos premian la estética y en ese afán por buscar la viralidad acabamos creando burbujas donde todas las recetas de un mismo plato se parecen entre sí. Y éste es el enemigo más amargo de la cocina con historia. 

En la próxima entrada, continuaremos viajando; coge solo lo que puedas cargar que el viaje es largo. Y come algo, anda.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Ingredientes:
  • 1 cda. de mantequilla (si es clarificada mejor)
  • 1 cebolla o cebolleta grande
  • 3 dientes de ajo
  • 2-3 zanahorias 
  • 2 cdtas. de curry de madrás
  • 1 trocito de jengibre fresco 
  • 1/2 cda. de cúrcuma
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • pimienta negra a tu gusto
  • 900-1.000ml. caldo de verduras
  • 200gr. lentejas rojas
  • 200ml. de leche de coco
  • 1 manzana 
  • zumo de limón a tu gusto
  • opcional: 1 cda. de mantequilla de cacahuete

Preparación:
  1. En una cazuela grande, sofríe la cebolla picada y los ajos con la mantequilla a fuego medio para que poche pero no se dore. Añade el jengibre y rehoga un par de minutos más.
  2. Baja el fuego y añade el  curry, la cúrcuma, el comino y la pimienta negra. Remueve durante 1 minuto para que las especias se tuesten sin quemarse. 
  3. Incorpora las zanahorias cortadas en rodajas y las lentejas rojas que habrás lavado previamente. Remueve bien para que todo se impregne de las especias.
  4. Añade el caldo, deja que rompa a hervir y cuece a fuego suave unos 10 minutos. Añade entonces la manzana cortada en trocitos y vuelve a dejar que se cocine otros 5 minutos.
  5. Incorpora la mantequilla de cacahuete y un poquito de la leche de coco. Lo integras bien y deja que repose (ya sin fuego) otros 5 minutos más.
  6. Tritura la sopa con una batidora de mano o licuadora según te venga mejor. Incorpora la leche de coco y el zumo de limón. Si queda muy espesa, añade un poco más de leche de coco.


Sopa mexicana de pollo

marzo 10, 2026
manipular
Del b. lat. manipulare.
tr. Operar con las manos o con cualquier instrumento.
tr. Trabajar demasiado algo, sobarlo, manosearlo.
tr. Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.
tr. coloq. Manejar alguien los negocios a su modo, o mezclarse en los ajenos.
Esta es una palabreja que todos absolutamente todos conocemos de maravilla. De hecho, es lo primero que hacemos al nacer. No vemos ni un pijo pero nuestro instinto nos lleva a mirar a nuestra madre con ojos de animalito de peluche y todas las mamis sin excepción caemos -y con mucho gusto- en la trampa y no podemos evitar sentir es vínculo tan especial al pensar "mira que bien sabe quién soy". Lo hacemos para que no nos abandonen y nos termine comiendo un león. Así de fácil.

Y a la que crecemos, no dejamos de ir fortaleciendo ese vínculo amoroso con nuestros progenitores por razones obvias: los necesitamos para sobrevivir y si hay que manipular, pues se manipula y punto. Es un rollo darwiniano, no es mala chufa. Luego nos hacemos adultos, nos sentimos requete fuertotes e invencibles -o no- y nos olvidamos por completo de todo lo que tuvimos que hacer para lograr que nuestros padres nos quisieran a rabiar. 

O tampoco porque hay padres ausentes, despegados, dictatoriales... cosas que siempre se han visto como normales y nunca nos hemos parado a pensar que esas cosas pasan factura. 

Y sí, pasan factura y hasta embargos. Hay dos perfiles de "pareja" tóxica a mi modo de ver. No a nivel psicópata sino a nivel gente corriente. Una es la pareja castigadora con complejo de superioridad moral: te castigan por cualquier pleito hasta que te hacen sentir culpable, sentimiento que el cableado del recuerdo te conecta con esas veces que los papás se enfadaban contigo porque habías hecho algo malo y de puro sin querer, vas a terminar pidiendo perdón por algo que no sabes que has hecho. 
Y como no sabes que es, tampoco detectas lo que tienes que corregir y si intentas dialogar te van a llover puñales hasta de perfil. Si por el contrario, optas por callar y esperar a que pase el chaparrón te van a llover de nuevo los puñales hasta de perfil. E imagina la que te va a caer como vayas de frente.

¿Y por qué? Porque el superior moral cree que sus valores, creencias y éticas varias son forzosamente mejores que los de los demás; porque aprendió con castigos severos, con poco cariño o malos tratos, siente que ha pagado un precio muy grande por ser como es: fuerte, seguro de sí mismo e implacable y si eso le valió a él, lo que tú tienes que hacer es espabilar y seguir su ejemplo. Y si para ayudarte hay que "ponerte las pilas" pues sea. 

Lo que no ve el manipulador superior, es que cualquiera que no piense ni sienta como él, lo considera automáticamente un ser inferior; necesita validación constante, admiración sin fisuras pero ay amigo, él es  incapaz de aprobar los sentimientos ajenos. Hace aguas por el tema empático. Ah, y claro, la culpa nunca es suya. 

Luego está el perfil del victimista crónico. Por los mismos motivos que el superior moral, cree que no tiene control sobre su vida, porque también pasaban cosas en su infancia que le hicieron sentirse en peligro pero que muy posiblemente, por lo que sea, descubrió que para recibir atención -o sobreprotección- la cosa fluye mejor cuando uno sufre o enferma. 

Con el tiempo, aprende a manejar al entorno y cae en la cuenta de lo fácil que es echar balones fuera y culpabilizar de todo a los demás. Y así, pasito a pasito, va construyendo su torre de cristal donde no hay responsabilidad emocional hacia lo ajeno y el concepto empatía solo funciona en modo "mío" porque por más que intente explicarte como se siente tú jamás lo vas a poder entender; y por muchas soluciones que aportes, ninguna vale por lo mismo, porque tú no lo entiendes. 

Y de nuevo el cableado infantil se conecta y sientes que vuelven esos sentimientos donde te la cargabas y no sabías el porqué. Y de nuevo, penitencia emocional ya que estás haciendo sufrir a la persona que más te quiere. Hay que ser canalla. 

Y lo que ambos perfiles tienen en común es la capacidad de manipular a diestro y siniestro afectivamente; el manejo impecable de su superioridad ética y por supuesto, son magos a la hora de bloquear cualquier atisbo de crítica que con un control magistral en cualquier conflicto, saben proyectar en ti o tu falta de sensibilidad o tu inmadurez dependiendo si tu pareja es castigadora o victimista. El caso es que siempre, siempre, te la vas a cargar. 

A menudo me pregunto que clase de pareja soy yo. Y creo que tengo trazas de ambos perfiles. Ay mija, soy de lo peor.
Ingredientes:
  • 2 pechugas de pollo (cocidas con un poco de zanahoria, calabacín y puerro con sazonador Goya o caldo de verduras)
  • unas gotas de aceite de oliva
  • 1 cebolla 
  • 2-3 tomates 
  • 1 jalapeño (versión no picante: pimiento tipo italiano)
  • 2 dientes de ajo
  • 2-3 chiles secos tipo guajillo
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • 1 cdta. de orégano
  • 1 cdta de chile en polvo
  •  1 cdta de pimentón (no ahumado)
  • sazonador para sopa (tipo Goya)
  • 1l. aproximadamente del caldo de cocer el pollo
  • laurel
  • 1 lata pequeña de maíz a tu gusto
  • 1 lata de unos 400gr. de fríjoles negros
  • 6-8 tortillas de maíz para hacer totopos
  • abundante aceite para freír las tortillas
  • aguacate, queso fresco y crema agría
  • Cilantro si no te sabe a jabón


Preparación:
  1. Cuece el pollo, desmenúzalo, cuela el caldo y reserva.
  2. En una cacerola, con un poquito de aceite de oliva, marca a groso modo la cebolla, los tomates, el chili o pimiento y los ajos. Añade las especias, rehoga brevemente y cubre con la mitad del caldo de pollo. Tritura con la batidora eléctrica o en la licuadora.
  3. Añade el resto del caldo, el pollo, el laurel, el maíz y los frijoles. Deja que la sopa cueza a fuego medio-bajo unos 10 minutos. Sazona si hiciera falta.
  4. Mientras corta las tortillas en tiras y las fríes en abundante aceite. Deja que absorban el exceso de aceite en papel absorbente de cocina.
  5. Sirve la sopa cubriendo con un puñado de los totopos, aguacate troceado, queso fresco y un poco de crema agría. Si no tienes problemas con el cilantro, sirve con unas hojitas por encima.

Sopa de puerros y garbanzos versión 2.0

marzo 04, 2026
Hace más de quince años publiqué esta misma sopa. En aquella ocasión hablé de arrecifes de sirenas, de las que hay en el Cabo que tan atonta'os nos tiene a los cabogateros. Es una sopa estupenda que ya se ha quedado en casa y llevaba tiempo detrás de hacerle fotos nuevas porque me daba la sensación que las que hice entonces, desmerecían un poco esta sopa tan estupenda.

Pues ea, me pongo a ello y aprovecho para hacer el paso a paso. Como tantas otras veces, mientras los chicos ponen la mesa, yo le doy a las fotos. Ha hecho día de mucho sol así que no podía hacerlas en los quicios de las ventanas que es lo que suelo hacer. Necesito un lugar con luz pero sin sol y suelo tirar de una mesita requete vieja que tengo, de esas que por aquel entonces los suecos las vendían por 10 € y que creo que no hay casa que se precie que no haya tenido una de esas... pues eso, que tiro de la mesa que ya he repintado un par de veces. 

Nada nuevo. Pero esta vez a la que tiro las fotos, de acá, de allá, al derecho, al revés, pues como que noto algo raro; pero mira que yo sigo a lo mío que sino se me enfría la sopa. Y al terminar, veo que el tío, una vez más como en las últimas semanas, le ha dado por volver a encender la linterna porque sí, sin pedir permiso y yo, con cara de tonta peleando con el aparato sin saber por qué lo hace; el petardo de plantar la huella -otra que le da por no funcionar cuando le apetece-; aburrida de pegar el pulgar en el screen, paso al plan b y escribo el pin; el siguiente paso es cerrar todas esas app que también se abren cuando les sale del higo; y por fin, por fin, atino a apagar a la susodicha.
Y sobra decir que mientras todo esto me pille con las gafas puestas, pues bien va la cosa porque la alternativa es añadir a la cara de atontá, la de cegata afanada en ajustar los ojos a esa masa informe de cosas que no atino a vislumbrar. Y mis hijos, pues claro, disfrutando a tope del espectáculo partiéndose de risa recordándome que por muy yeyé que me crea, no dejo de ser una madre desactualizada en ciertos menesteres.

¿Solo yo soy así de torpe? ¿los teléfonos son rencorosos? lo mismo lo hace para vengarse de mí porque le tengo el día entero y parte de la noche, al pobre perdido en las profundidades de un bolso, en un armario de la cocina entre harinas o en la repisa del baño. En cualquier sitio menos conmigo porque por lo que sea a mi se me despega de puro sin querer.

Es posible que exista una segunda alternativa a mi relato. Puede que en el fondo mi handy no es que sea rencoroso, puede que solo esté despista'o el pobre; puede que después de tres u ocho horas dentro de un oscuro bolso, al rescatarle y devolverle a la vida,  pues quien sabe si estos aparatos también entran en shock post-trauma porque no creo que sea prudente descartar que exista el síndrome del "bolso con agujero negro" y mientras los astrólogos buscan señales de su existencia en el espacio interestelar, lo mismo encontrarían todo lo que hay que saber sobre ellos en cualquier bolso femenino.
Digo, lo mismo me equivoco pero cocinar con el móvil en la mano mientras hacemos y deshacemos en la cocina, fotografiando de cualquier manera cada paso, digo, lo mismo eso es juntar papeletas para dar con la receta perfecta del desastre. No se debe desechar la posibilidad que el móvil termine dentro del guiso o con botones obstruidos por miel o masa o vete tú a saber; realmente, muy posiblemente, el movilear y cocinar sean incompatibles pero aquí nos tienes a los blogueros que luchamos incansablemente contra viento y marea. Y cosas peores. Pero esta es otra historia.

Pues lo dicho, que sin querer hoy he experimentado con una nueva forma de hacer fotos y seguro que si lo intento a propósito no me sale bien. Tiene un poco efecto de caja de luz con sombras y destellos naturales, con las que siempre tengo que brear pero se me hace un poco raro.

Bueno, es lo que hay. Decirte de esta sopa un par -o tres- de truquillos:
  1. Si en la primera versión no le añadí la mantequilla, en esta sí porque evitas esas burbujitas de aceite flotando en el caldo y el sabor mejora.
  2.  Yo no tiro las cortezas del queso parmesano. Las guardo y aprovecho para dar sabor a caldos o guisos. Para esta sopa es perfecto. 
  3. Y bueno, esto no es un truco es más un consejo. Si lo acompañas de unas rebanadas de pan, con un poco de mantequilla y tostadas con queso parmesano por encima, verás lo mucho que gana el plato. 
Ingredientes:
  • 2-4 patatas según tamaño y gustos
  • 3 puerros medianos
  • 1 unas gotas de aceite de oliva
  • 1cda. de mantequilla
  • 2 dientes de ajo
  • 400-500gr. de garbanzos cocidos
  • sal y pimienta negra recién molida
  • 850ml. de caldo de pollo o de verduras
  • queso parmesano rallado
  • unas rebanadas de pan tostado pringado en parmesano

Preparación:
  1.  Parte el puerro en rodajitas finas y las patatas en trocitos menudos. En una sartén honda o en una cazuela, lo sofríes ligeramente con unas gotas de aceite y una cucharadita de mantequilla.
  2. Añade los garbanzos, el ajo machacado. Si tienes una corteza de queso parmesano, puedes echarla también. 
  3. Incorpora el caldo y deja que cueza unos 15 minutos. Termina con un poco de queso parmesano a gusto de cada comensal.

Puré potente de alubias pintas y tomate

febrero 13, 2026
Imagino que al igual que me pasa a mí, habrás notado lo inusuales que son las noticias de las agencias y la prensa (vamos a llamarla seria). Por un lado, nos fríen al hacerse eco de tuits calenturientos de políticos y resto de personajes (vamos a llamarlos también serios) y notables que tiran de tele o redes sociales para hilar sus enredijos; por otro lado, nos relatan sucesos mediocres o absurdos faltos de valor o representativos de nuestra sociedad que han leído de una agencia u otro medio y que calcan sin escrúpulos, por supuesto, sin contrastar ni aportar más información sobre la misma. 

Estos embrollos nunca sé si son obra de la falta de talentos en las redacciones o simplemente mala fe para desviar la atención de otros temas de mayor importancia o trascendencia. Y antes de que me comas viva y sin cocinar, me explico que todo tiene su no sé qué: desde hace muchos años, en las redacciones, se viene prescindiendo de periodistas con solera y los que quedan o bien es porque están mal pagados y no les queda otra que aguantar tralla o son juniors, la mayoría becarios sin experiencia que se les contrata para que trabajen como "chinos" (no me lo invento, esto se decía en una redacción para la que trabajé) sin casi ningún referente veterano cerca que les enseñe la profesión porque los que quedan, bastante tienen con sacar lo suyo.

Así que es muy típico encontrar refritos rápidos y mal hechos de noticias ya publicadas, tuits o noticias de agencias. Casi todos los profesionales curtidos en reconocimiento público y cierta fama, o son freelance o son los articulistas estrellas en medios de tirada nacional con mucha presencia en radio, televisión o merecidos ganadores de premios planetarios o alfaguareros por sus novelas o ensayos paridos en buena pluma. 
Por lo tanto, no es de extrañar que la gente de a pie estemos tan embarullados con las noticias de actualidad sin saber que creernos y sin poder separar la paja del grano informativo. Hoy ya he visto en un par de medios, la historia de una mujer en Valladolid que se pilló el brazo con el canapé de la cama. Una vecina llamó a emergencias y se personaron dos polis de paisano que pasaban por allí y los bomberos. 

La vecina que les pide que tiren la puerta abajo ante los gritos de dolor que salían de la vivienda. Los polis que le piden que se calme. Los bomberos que saben lo que se hacen, abren con el método del resbalón sin que la puerta sufra daños.  La vecina fuera de sí con tanta acción y tanto griterío. Un poli con el salmo clásico del señora cálmese y no obstruya a la autoridad.

Los bomberos abren el canapé, sientan a la maltrecha en una silla en espera de la ambulancia y la vecina sigue fuera de sí, con tantos nervios que se cuela en el dormitorio. El otro poli que le dice váyase señora que usted no pinta nada, que no está autorizada y punto. La convecina contesta pues usted a mí no me toca y, por lo que sea, empuja al poli. Éste va y se planta decidiendo in situ y sin mucha reflexión que por sus bemoles la pesada se va a arrepentir porque menudo es él y va y detiene a la susodicha bajo los cargos de presunta autora de un delito de allanamiento, por su recurrente insistencia en permanecer en la vivienda, y otro de atentado a un agente de la autoridad, por el empujón.

Y yo absorta sin vivir en mí, confusa hasta la médula sin saber si esto es una noticia nacional o el resumen de un capítulo de Aquí no hay quien viva.

Hoy puré potente -requete potente si se me permite- para comer contundente y un poco diferente a lo de siempre, eso sí, sin atentar contra la autoridad del guiso tradicional porque puede que alguien piense que estas alubias tienen malas pintas. Y no, por ahí sí que no.
Ingredientes:
  • unas gotas de aceite de oliva
  • 3-4 dientes de ajo
  • 1 vaso de caldo de verduras
  • algo de pimentón, pimienta y comino molido
  • 1 bote grande de alubias pintas cocidas
  • 2 cdas. de pesto rosso
  • 400gr más o menos de tomate triturado
  • algo de agua
  • parmesano a tu gusto
  • opcional: si el tomate triturado estuviera muy ácido, un poquito de azúcar o jarabe de agave

Preparación:
  1. En un cazo, por los dientes de ajo en un poco de aceite de oliva y deja que se doren a fuego medio. 
  2. Pasa los ajos junto al caldo y las especias por la trituradora.
  3. En el mismo cazo, pon este caldo resultante junto con las alubias, el tomate y el pesto. Deja que cuezan a fuego medio bajo unos 10 minutos.
  4. Separa como 1/4 parte de las alubias, añade un poco de agua al resto y parmesano a tu gusto y en cuento vuelva a hervir, pásalo por la trituradora dejando que quede el puré un poco grueso, sin pasarlo demasiado. Añade las alubias que habíamos reservado, algo más de parmesano y sirve acompañado de unas rebanadas de pan blanco tostado o unos picatostes. 
 
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