Lentejas con col

Voy a intentar contarte rápidamente el caso de "La Suiza". Tenemos que regresar al 2017 cuando una empleada de la pastelería La Suiza en Gijón acude al sindicato CNT. Denuncia que, además de deberle horas extras, no tiene vacaciones y describe un cuadro de acoso laboral donde el dueño le hacía comentarios inapropiados sobre su cuerpo y vida personal. 

El sindicato entra en acción y reclama en nombre de la empleada el dinero que le debe y exige que corrija el trato hostil. El dueño se niega a negociar con el sindicato así que comienza una campaña de boicot típica. O no, porque las concentraciones en la puerta de la pastelería con pancartas, megáfonos y tal se alargan durante meses. Parece increíble que una petición tan legítima -y más entendiendo que la deuda no superaba los 2.000 €- llegara a la escalada judicial donde el empresario denuncia al sindicato por coacciones, alegando que todo ese ruido constante le está haciendo perder clientes y que su salud se está dañando con todo este asunto. Un par de miles y un trato adecuado a una empleada; parece que ese ha sido el valor de su establecimiento.

El conflicto se vuelve tan tenso que la pastelería termina cerrando sus puertas definitivamente y sorpresa, un juzgado de Gijón condena a 3 años y medio de cárcel a seis personas por coacciones graves y obstrucción a la justicia. El Supremo ratifica la condena bajo el argumento de que las protestas no eran libertad sindical, sino un plan retorcido de hostigamiento al dueño hasta que pagara o cerrara.

Tras ingresar en prisión en julio de 2025, la presión social fue tal que se les concedió el tercer grado casi de inmediato, permitiéndoles una semilibertad, pero la condena penal de cárcel sigue en sus expedientes. Acabo de ver que a Nacho Vidal le han caído tres años por tráfico de drogas. ¿No es de locos? ¿Qué nos pasa compatriotas?

Nos pasa que somos unos pendencieros del ocho. Que este sigue siendo un país que pretende resolverlo todo a la gresca y por "mis lentejas que no doy el sofrito a torcer". Algo en lo que la jurisprudencia debería ser más imparcial y razonable pero que por lo que sea, termina siendo parte activa del caos; de la injusticia me atrevería a decir porque esto se tendría que haber detenido mucho antes, con mediadores y sin jueces de por medio. Y siempre, y digo siempre, a los trabajadores hay que protegerlos. 

Es evidente que es muy difícil probar lo que se dice o se deja de decir en una conversación privada y sin testigos pero que una deuda de esa cuantía tan ridícula, termine con seis ciudadanos en la cárcel es muy tremendo. Que serán todo lo que tú quieras pero caramba, que no trafican con drogas, ni roban ni regentan una mafia local de contrabando de milhojas. 
Ahora te voy a contar lo que le pasó a Günter en la Uni de aquí: su contrato era de técnico de laboratorio y tras jubilarse los responsables, contacta con su dirigente sindical para preguntar si es lícito reclamar la equiparación del sueldo y cargo a su situación actual. Le dice que sí y que él se hace cargo. Habla con RRHH y le comunica que sin problemas, que no será inmediato pero que sí, que hay voluntad. Ahí queda el tema y nadie vuelve a hablar de ello porque Gunter confía y no tiene ni una razón para pensar que le están dando largas. Y tiene razón: meses más tarde le equiparan cargo y sueldo, y para su sorpresa le han ingresado los atrasos, algo que nadie solicitó pero es lo justo, ¿no? Pues si es justo, se hace y punto.

¿Ves la diferencia? Consenso vs. conflicto. En España los derechos se conquistan a gritos en la calle porque no hay mecanismos de confianza. Así ha sido siempre pero a partir de ahora, mucho ojito porque si gritas demasiado, el sistema te castiga con el código penal. Vaya, que te trae más a cuento robarle al de La Suiza los bollos porque sería un cargo de hurto por el cual, en este país, nunca vas a pisar cárcel.

En cambio, en Austria, los derechos de los trabajadores se gestionan en una oficina. No hace falta megáfono porque la ley se cumple de forma casi automática. Los sindicatos funcionan como gestorías y el sistema no necesita de héroes ni mártires ni mucho menos se llega -creo que si digo jamás no me equivoco- al ataque al orden social ni al escarmiento penal en un caso claro de abuso iniciado en el despacho del jefe.

En el caso de La Suiza, la ley ha sido muy rápida en ver coacción cuando un grupo de personas grita frente a un comercio para pedir un pago legítimo pero bastante más lenta cuando un jefe te dice en privado que si no haces horas gratis te vas a la calle.

Así que ya sabes, no todos somos los mismos europeos; por un lado los mediterráneos explotando el modelo del conflicto frente al centroeuropeo que solo se plantea el consenso: la guerrilla frente a la consultoría. Y que nadie se haga  líos; la economía aquí fluye mejor porque hay paz social con una estructura legal y económica muy sólida. 

Porque la seguridad económica elimina el miedo, eso es rotundo a más no poder. Y si se apostara por sueldos que cubran las necesidades permitiendo incluso ahorrar un poquito, la gente gastaría más dinero y todos contentos. O casi, porque habría que obligar a los políticos a que apuesten por iniciativas pequeñas y que dejen de favorecer de una vez a los gigantes y multinacionales... ¿pero no lo ves? 

La derecha no actúa para que tú crezcas, mira por las grandes corporaciones. Si crees que ellos te van a hacer prosperar es que no has aprendido nada. Y la izquierda, perpetuamente anclada en el griterío, en el ruido que se va a dormir tan tranquila como si así arreglara el mundo. Qué no, que basta de gestos vacíos. Que los millonarios nos están asfixiando; que son ellos los que nos han metido en este lío. Que son los de siempre, los mismos a lo largo de la historia. Que para ellos todos somos prescindibles: trabajadores que o hacen horas de más o se van a la calle y empresarios que no ingresan lo suficiente para saber si van a poder abrir sus negocios el mes que viene.

Si no tienes casa, ni trabajo, ni pasta para pagar facturas no es culpa ni de los empleados ni del patrón. El enemigo no está en estos pagos. Hay que estar unidos para arrinconar a los que nos están llevando a la ruina. En paz, en calma y con respeto, no es necesario abusar de nadie ni tirar de grandes brechas ni injusticias. Pero algo está muy claro: el abuso se vuelve cotidiano cuando el miedo al hambre es mayor que el deseo de justicia.
Ingredientes para 4:
  • 1 patata grande
  • el equivalente en boniato, zanahoria o calabaza
  • 1/2 col pequeña
  • 1/2 cebolla
  • 1/2 puerro
  • 1-2 ajos
  • 1 punta de pimiento verde a tu gusto
  • 1 vaso de agua o de caldo de verduras
  • 1 lata grande de lentejas (unos 800gr.)
  • 300-400ml. de salsa de tomate
  • 1 poco de pimentón (tipo murciano, sin sabor ahumado)
  • sal, pimienta y orégano a tu gusto
  • algo más de agua para cubrir si hiciera falta
  • algo de aceite de oliva 

Preparación:
  1. En una sartén mojada en un poco de aceite de oliva, saltea la patata y el boniato pelado, ambos pelados y cortados en trocitos menudos. Saltea unos 10 minutos a fuego medio-bajo y tapado para que no pierda hidratación. agrega la col cortada en tiritas menudas. Rehoga un par de minutos y salpimienta. Reserva.
  2. En la misma sartén mojada de nuevo en un poco de aceite de oliva, rehoga la cebolla, el puerro, el ajo y el pimiento. Cuando empiece a transparentar, añade el vaso de agua o de caldo, como prefieras. Deja que transparente y lo trituras.
  3. De nuevo en la misma sartén (si es honda, si no en una cacerola) añade las lentejas, el sofrito de cebolla y puerro, las hortalizas con la col, el tomate, las especias y un poquito de agua si ves que queda espeso. Remueve bien, rectifica de sal y pimienta si hiciera falta y deja que cueza nos 5 minutos a fuego lento. Apagas el fuego y que repose otros 5 para que asiente los sabores y las texturas. Listo

 
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