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Ensalada de garbanzos con calabacín y atún

septiembre 19, 2026
talasofilia. (Del gr. thalassa 'mar' y philia 'amor, afición'; voz aún no admitida por la RAE)
1. f. Amor intenso y a veces contradictorio hacia el mar, que combina fascinación, calma y un respeto rayano en el vértigo por su fuerza y lo que oculta.
2. f. Pasión incondicional de quien no logra alejarse del mar pese a los peligros que este encierra, y que se transmite de generación en generación pese a lo que se haya llevado.
Esta definición de hoy es puro invento pero no me ha quedado otra opción. La RAE no la contempla; ni a ella ni a ninguna hermana sinónima que exprese el amor profundo al mar. Había que hacerlo y lo he hecho; sin pensarlo demasiado porque por un momento, me he sentido perdida en este mundo y absurdamente desorientada: ¿Cómo he podido llegar a mis años sin una palabra de referencia que nos identifique a los pirados oceánicos reunidos? Por el amor bendito, que nuestro planeta tiene un 70% de agua salada entre mares y océanos, y aún así nunca nadie ha reparado en la necesidad de describir en una única voz este sentimiento que nos ha llevado a lo largo de los siglos a emprender aventuras descabelladas; a vivir a su costa y pagar el precio de sus peligros; a escribir ríos de tinta sobre sus embrujos.

La palabra es bonita a rabiar, no me digas que no. Tanto que a algunos, que ni siquiera saben de su existencia, se les mete por los huesos y les infecta hasta el tuétano de mareas y resacas, de vientos y calmas chichas; tan prolijo es el contagio, que ya no saben vivir de otra manera. No solo los marineros sufren el "mareo de tierra": la gente costera, cuando viaja al interior, siente que el suelo firme se tambalea. Su cerebro extraña el vaivén, los sonidos, la humedad salina y se vuelven bichos raros en la meseta. Mucha gente incluso, tras las vacaciones, regresa a sus casas tambaleantes e incapaces de caminar erguidos tal y como les pasa a los marineros cuando arriban a puerto.

Pero seamos sinceros: el mar o la mar -depende del enamorado- no es buen amante. No se hace sentir cuando uno quiere. Si bien no te miente, tampoco te promete. Ni te acoge ni te rechaza. Es como es y le tienes que aceptar bajo sus reglas. Como Santiago, el viejo de Hemingway, que conoce la mar a la perfección: ella concede o deniega favores sin dar explicaciones y si comete bravuconadas o maldades es porque no puede evitarlo. Porque no se negocia con ella; el viejo la comprende y la consiente. Y justo por ahí es de donde supura su amor.
El mar es dulce y hermoso, pero puede ser cruel y encolerizarse súbitamente. Esos pájaros que vuelan picando y cazando con sus tristes vocecillas son demasiado delicados para el mar.
El viejo y el mar. Ernest Hemingway
Y es que el mar tiene eso: un choque brutal de sentimientos. Te regala una paz infinita, pero es capaz de desatar una tragantona de un rato para el otro; se atiborra de marineros, pescadores y vidas sin pestañear. Algunos salen a faenar con botas que flotan para que sus cuerpos no sean engullidos por las aguas y así, en la tragedia, asegurar que sus familias van a poder cobrar las pólizas. Asumen los riesgos y navegan millas adentro confiando en un equilibrio que casi nunca les favorece: días de bonanza y días de tragedia, el guiso del hombre de mar.

Ya sabes que mi faro está en Las Negras, en el Cabo de Gata. De niña, cuando aún era un apartado enclave de pescadores, el pueblo era un desfile de mujeres de luto eterno. Dicen que por ellas el pueblo lleva el nombre que lleva. Todas vestían de negro bien por un marido, un padre o un hermano que el mar decidió no devolver. Todos los atardeceres salían al pequeño malecón a hacer su tributo silencioso a ese cabo de mar que tanto dolor arrancó generación tras generación. Supongo que lanzaban al viento alguna oración, lágrimas en las fechas de guardar y esos suspiros pa'dentro, sin aspavientos porque esas mujeres no se permitían el lujo de flaquear.

Creo que no te miento si digo que no hay vez que me asome a ese lado del pueblo -el de las barcas, le decíamos siempre- y mi recuerdo no las evoque. Algunas, como la abuela María -como tantas abuelas María del pueblo que nos querían a los chiquillos a rabiar- no solo salía a hablar con los no retornados sino que esperaba con ansia ver llegar la barca de su hijo, el Juanillo, el único amor que le quedaba en la vida porque ella, con esas aguas, ya no quería tratos. Jamás la vi mojarse ni los tobillos. 

Si algo echo de menos ahora es poder sentarme en ese mini malecón, que en aquellos días no era más que un murete desconchado, y volver a verlas. Pero de aquel pueblo pescador ya no queda nada. Hoy el mar se cobra otras vidas como la de los turistas que se confían y se acercan demasiado a los acantilados. Ahora el malecón, bien revestido en cemento y pintura, ha sido conquistado por las mesas de las terrazas y han desbancado a los lugareños. Y mira, se acepta con gusto, porque sin el turismo las gentes del pueblo no sobreviven. Así que nos toca esperar con paciencia a que termine la temporada y el pueblo recobre su calma.

Y aunque ya no quedan pescadores, el lugar sigue respirando a la profesión. Ahora ya no quedan Juanillos para la faena pero sí hay buzos -como mi hijo- que salen siempre que la mar lo permite a guiar grupos bajo el agua o barqueros que llevan y traen turistas por las calas desiertas de la zona. Mi Alvarillo -así de querido es por todos que ya nadie se refiere a él sin su diminutivo autóctono- sigue saliendo al mar como los pescadores de antes, solo que ahora en vez de red y anzuelos lleva a turistas a mirar las profundidades; y lo que antes eran grupos de barcas haciendo el calamar o la sardina, ahora son patrulleras vigilando fueraborda de contrabando. Las mismas aguas, pero qué diferentes de aquellas. Solo la talasofilia perdura intacta. Para bien o para mal de sus lugareños.
El océano es más antiguo que las montañas y está cargado con los recuerdos y los sueños del tiempo. H.P. Lovecraft
Y yo, que vivo tan lejos del mar pero tan arropada en las montañas curo mi propio "mareo de tierra" en la cocina. Hoy he plantado en la mesa un plato que une esos dos mundos que se miran de frente en Las Negras: la Sierra del Cabo de Gata y el mar. Y entremedias, salpicando el desierto, los huertos y los cultivos intensivos que cada día acechan más al Parque Natural. Hoy toca una ensalada de garbanzos con calabacín y atún que es pura tierra y mar con toques mediterráneos para no olvidar y de paso asentar los pies y templar el alma. Que falta hace para no morir de morriñas.

Mi huerto sigue dando calabacines y ya que en Austria no se lleva mucho lo de comer pescado, nada como tener la despensa llena de latas que si bien no es lo mismo, valen para un roto y un descosido. Y no olvidemos el mundo omega3 que tan importante es para cualquier parroquiano. De mar o de secano.
Ingredientes:
  • 1 calabacín mediano
  • 1 bote de garbanzos cocidos
  • 1 cda. de pesto a tu gusto (el mío de almendras, ajo y hierbas frescas)
  • Aceite de oliva
  • Vinagre de vino
  • sal
  • 1 lata de atún a tu gusto
  • 1 cebolleta

Preparación:
  1. En una sartén con un poco de aceite de oliva, rehoga el calabacín con piel, sin pepitas y cortado en trocitos menudos. Cuando se marque un poco, lo salas un poquito y reservas.
  2. En un bol, pon los garbanzos y lo aliñas bien con el pesto, sal, vinagre y aceite de oliva. 
  3. Añade el atún, la cebolleta y el calabacín.

Hoppin' John para Phillis

mayo 09, 2026
Una pequeña de siete años, recién llegada de África, es vendida en el puerto de Boston. Estamos en 1761. La han llamado Phillis, el mismo nombre que acuña la goleta de esclavos que la ha transportado a Estados Unidos. A Susanna Wheatley le enternece esa niña asustada y medio muerta de frío que los mercaderes exhiben como si fuera una res.  La familia Wheatley no se lo piensa dos veces. Ha sido instalada en la casa como criada pero el talante progresista de esta familia les lleva a educar y cristianizar a la niña. 

Pronto John y Susanna Wheatley se dan cuenta de que Phillis es extremadamente lista así que tras ser liberada de sus tareas domésticas, se ha decidido que recibirá la misma educación que Mary y Nathaniel, los hijos de los Wheatley. Aprende rápido y ya se maneja con soltura en materias como lenguas clásicas, religión, literatura o astrología. 

La joven se convierte en la sensación de Boston. Unos cierran filas y afirman que una salvaje africana no está dotada por dios para igualar el intelecto de cualquier blanco. Y menos aún superarlo. Otros estiman que ella es la prueba que confirma que, si un esclavo es educado igual que un blanco, tendrá sus mismas capacidades e ingenio. El dilema -o la provocación- en la sociedad bostoniana está servida y Susanna pasea su pequeño prodigio por toda la ciudad.

Con 13 años, Phillis publica su primer poema en el periódico de Rhode Island gracias a la tenacidad e influencia de Susanna, quien logra que poco a poco sus poemas se publiquen en Boston e incluso en Londres, donde la popularidad de la esclava poeta gana simpatizantes. Susanna quiere reunir sus poemas y publicarlos pero en Boston se niegan. Se llega a decir que son plagios. Insisten en que una esclava negra no tiene ni inteligencia ni talento suficiente para escribir esos poemas.

En 1772 el matrimonio Wheatley consigue que se forme un tribunal que verifique las capacidades de Phillis y certifique que sus poemas son genuinos. Dieciocho empelucados con cara de pocos amigos la interrogan, acosan y espulgan sin piedad. Lo consigue y aun así, ninguna editorial accede a publicarlo. 

Susanna tira de toda su influencia en Londres -son de las pocas familias bostonianas leales a la corona- y un año después, tras un viaje de Phillis y Nathaniel a la capital londinense, el 1 de septiembre de 1773 para ser exactos, se imprime su libro de poemas convirtiéndose en la primera persona de color en publicar un libro.
Y sin embargo su poesía parece casi por encargo. No habla de sus sentimientos, emociones o percepciones. Escribe sobre la muerte de Whitefield, sobre Washington, sobre la fe cristiana; y es casi inevitable pensar que lo mismo Phillis escribe para Susanna, para hacerla feliz y para que su mejor amiga -así la define ella misma- cumpla con las expectativas creadas entorno a sus poemas.

Y aún con todo, se dice que en Inglaterra Phillis se niega a volver a Boston como esclava. A pesar de los apegos afectivos con los Wheatley, éstos nunca se han planteado concederle su libertad. Si bien es cierto que Susanna adora a la joven, el suyo parece un amor que no alcanza a reconocer la igualdad que la joven se merece. En cualquier caso, un par de meses después, es emancipada consiguiendo por fin su tan ansiada libertad. Phillis Wheatley tiene 20 años y es la africana más famosa de la faz del mundo. Y es libre.

La felicidad en casa de Phillis dura poco. Un año más tarde, Susanna fallece. La guerra por la independencia se está fraguando y se adhiere a la causa rebelde alejándose de los Wheatley leales a los británicos. Esta situación hace que pierda sus contactos en Londres y descubre que nadie en Nueva Inglaterra está dispuesto a publicar nada suyo. La guerra no ayuda y su fama se diluye casi por completo.

Pero los afectos siguen fuertemente anclados y Phillis se establece con Mary. Nathaniel es hecho prisionero por un barco de guerra inglés y no se sabe de él hasta el termino de la guerra. Un año después, Mary y su padre John mueren con unos meses de diferencia. Su red de seguridad en la vida queda completamente destruida. Ha perdido a todos los que ama y la han amado. Está sola en un mundo hostil sin subsidio ni cobijo. 
Se casa -posiblemente porque no tiene otra opción- con John Peters, un esclavo emancipado y verdulero de profesión, con el que vive en muy malas condiciones. A medida que da a luz a sus hijos, los va perdiendo uno a uno. La pobreza y las deudas la devoran. Su marido es encarcelado por culpa de dichas deudas y ella, embarazada de nuevo, se ve obligada a trabajar en la cocina de una fonda para poder comer. 

Murió de sobreparto. Puede que ya estuviera enferma o no. Puede que se la llevaran los mismos males que sufrían la mayoría de las parturientas. Sea como sea, esta vez no vivió para ver morir a su bebé que apenas la sobrevivió un día. 

Murió el 5 de diciembre de 1784 sola, en la cocina de una fonda, sin que nadie contara su historia, como si de algún modo, nunca fue del todo suya. Murió sin que nadie guardara sus poemas, como si nunca la hubieran pertenecido. Su obra, salvo los poemas publicados en Inglaterra, se ha perdido. Tenía 31 años.
“Fue llamada Phillips, porque así se llamaba el barco que la trajo, y Wheatley, que era el nombre del mercader que la compró. Había nacido en Senegal. En Boston, los negreros la pusieron en venta:

– ¡Tiene siete años! ¡Será una buena yegua!

Fue palpada, desnuda, por muchas manos. A los trece años, ya escribía poemas en una lengua que no era la suya. Nadie creía que ella fuera la autora. A los veinte años, Phillips fue interrogada por un tribunal de dieciocho ilustrados caballeros con toga y peluca. Tuvo que recitar textos de Virgilio y Milton y algunos pasajes de la Biblia, y también tuvo que jurar que los poemas que había escrito no eran plagiados.

Desde una silla, rindió su largo examen, hasta que el tribunal la aceptó: era mujer, era negra, era esclava, pero era poeta”.
 Eduardo Galeano , “El cazador de historias”

Nota: la ilustración de Phillis W. pertenece a la edición original de su libro y se le atribuye a Scipio Moorhead, también esclavo.
Ingredientes para 3-4:
  • 200gr. de alubias de ojo negro secas (caupíes)
  • 150-200gr. de cerdo ahumado (panceta o similar)
  • 1 cebolla
  • 1 tallo de apio
  • 1 punta de pimiento verde
  • 2 dientes de ajo
  • 1 hoja de laurel y 1 ramita de tomillo fresco
  • chile molido, pimienta blanca y sazonador criollo al gusto
  • algo de aceite neutro (girasol o maíz)
  • agua
  • arroz blanco cocido del día anterior al gusto

Notas:
  • Lo tradicional es usar codillo ahumado (ham hock) pero si no lo encuentras, costillas o panceta ahumadas funcionan igual de bien.
  • Las alubias de ojo negro las encuentras fácilmente en tiendas de alimentación internacional, herbolarios o por internet. Si no las consigues, las alubias negras o incluso las pintas pueden sustituirlas aunque el sabor cambia un poco.
  • El sazonador criollo puedes encontrarlo en tiendas especializadas o hacerlo en casa mezclando pimentón dulce, ajo en polvo, cebolla en polvo, orégano, tomillo, cayena y pimienta negra. Cada casa tiene su mezcla.
  • El arroz del día anterior no es capricho; el almidón resistente que se forma al enfriarse es más beneficioso para la digestión. 
  • El Hoppin' John se cocinaba el 1 de enero en las casas del sur de Estados Unidos. Los esclavos lo preparaban ese día para atraer prosperidad al año nuevo. Ellos trajeron no solo las semillas, sino también la técnica para cultivar arroz en terrenos pantanosos, algo que los colonos británicos desconocían. 

Preparación:
  1. Pon las alubias en remojo entre 3 y 4 horas, hasta que la piel esté tersa y sin arrugas.
  2. Trocea el cerdo y dóralo en una cazuela con un poco de aceite a fuego medio-alto hasta que coja color.
  3. Pica muy fino la cebolla, el apio, el pimiento y el ajo. Añádelos a la cazuela y rehoga hasta que estén blanditos. Incorpora las especias y remueve bien para que se integren.
  4. Añade las alubias escurridas, el laurel, el tomillo y agua apenas hasta cubrir. Cuece a fuego lento 15 minutos. Sube a fuego medio otros 10 minutos hasta que las alubias estén tiernas y el caldo se haya concentrado ligeramente.
  5. Añade el arroz ya cocido y rehoga 3 minutos a fuego suave. Apaga y deja reposar. El arroz terminará de absorber los líquidos y el plato se asentará.

Ensalada Elena de patatas asadas y alubias

abril 27, 2026
Efecto Matilda
Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
Elena Gallego y la ciencia de la alimentación

Nuestra Matilda de hoy es una española que no hubo necesidad de silenciar ni ningunear. Es como si no hubiera existido. Es irónico: podemos encontrar el registro genético de las semillas que ella seleccionó, pero no el registro de su mirada. No hay fotos. No hay cara, ni voz, ni Wikipedia. No hay rastro de su vida. No fue relevante para la ciencia. Pero su trabajo sí porque salvó muchas vidas de esa hambruna que siempre persiguió a esta España nuestra.

Elena Gallego fue una pionera en la mejora genética de legumbres —las proteínas del pobre— en una época en que la agricultura española necesitaba, más que nunca, ciencia para no pasar hambre. Durante décadas trabajó en la Misión Biológica de Galicia, dejándose la piel en el estudio de variedades locales de guisantes y alubias. Su objetivo: conseguir semillas que resistieran plagas y dieran buenas cosechas para alimentar lo mejor posible a sus gentes.

A pesar de ser la mano derecha de grandes genetistas y de liderar investigaciones fundamentales, su nombre quedó relegado a las notas a pie de página o a los agradecimientos, o al segundo o tercero o decimo lugar mientras otros firmaban los éxitos. Sabemos por el BOE que llegó a ostentar el rango más alto al que solían dejar llegar a las mujeres con formación científica. Por supuesto, sin cátedra ni dirección ni liderazgo.

Le dedicó más de 40 años a la selección de alubias y guisantes así como a la mejora del maíz híbrido que lo cambió todo en Galicia. Elena entendía que el futuro estaba en la semilla, en ese pequeño milagro que es una humilde legumbre. Sabía que para fortalecer una planta hay que cuidar su origen, y sin hacer ruido, combatió el hambre de la población con ciencia.
¿Y por qué no sabemos nada de ella? Para entenderlo, tenemos que poner contexto a su vida. Regresamos a la Guerra civil.

Cuando estalló la guerra en el 36, Galicia quedó bajo el control del bando nacional lo que evitó que la Misión Biológica de Galicia (MBG) fuera un frente de batalla físico, y mientras los varones eran llamados a filas o paseados por sus ideas, ella se convirtió en el alma de los ensayos de campo. Por su apellido —Gallego de las Cuevas—, supongo que descendía de una familia con pudientes y contactos. Franquista pero lo suficientemente progresista como para permitir a Elena estudiar una carrera y trabajar como científica. 

Trabajó bajo la dirección de Cruz Gallástegui, un científico de prestigio internacional y gran alma mater de la MBG. Su poder de influencia era tan inmenso que el régimen franquista tuvo que respetarlo aunque es de suponer que lo vigilaran de cerca. Seguramente, tras la guerra, fue quien protegió a su equipo, creando una especie de burbuja científica donde lo importante eran los resultados, el rendimiento y el conocimiento. Elena era su mano derecha, la que hacía que las semillas funcionaran y perderla era un lujo que la agricultura gallega no podía permitirse.

Así que, mientras se recluía a las mujeres en sus hogares o en conventos o en cárceles porque cualquier tufillo a "trabajadora liberada" era castigado con la cárcel o los reformatorios femeninos, ella pasó inadvertida. Resultó inofensiva para los censores y los comisarios políticos. Se salvó de la criba de la posguerra convirtiéndose en una pieza del engranaje de la Misión Biológica.

En cualquier caso en 1939, llegó la Ley de Depuración. Todos los funcionarios y científicos tenían que pasar por un tribunal para demostrar que no habían auxiliado a la rebelión —menuda ironía— así que para obtener el Certificado de Idoneidad tuvo que hacerse con informes de buena conducta emitidos por la Guardia Civil, el párroco y el alcalde de Pontevedra. 

Y ese ostracismo social, le vino bien. Su  invisibilidad se convirtió en una ventaja y es de suponer que los de depuración no vieron ningún peligro en una científica, que se estaba quedando para vestir santos y que por su condición estaba claro que era una auxiliar que ni pinchaba ni cortaba.

Y ese fue su rol durante el franquismo mientras sus colegas hombres firmaban y brillaban a costa de los logros de la Misión. Y ella aceptó no figurar. En las actas del CSIC de la época, su trabajo aparece bajo la dirección de hombres. Esto le garantizaba seguridad porque mientras el éxito fuera del jefe, ella podía seguir trabajando en paz en su laboratorio de Pontevedra.

Y esto es todo lo que sabemos. Fue una mujer que decidió que su familia serían sus plantas. Hay que recordar que las mujeres casadas no tenían permitido trabajar así que su soltería le permitió dedicar jornadas infinitas a la investigación y dedicar su vida a hacer lo que más la fascinaba. Pero a qué precio. Y lo aceptó en silencio. Como cuando se jubiló. Como cuando se murió. Y como ahora que ya nadie la recuerda. Va por ti, Elena Gallego. 

La ensalada de hoy, como no podía ser de otra forma, es legumbres y de tierra. Con esas patatas asadas, alubias blancas y un puñado de rabanitos que no me quedaban más para darle lustre a esta ensalada que se empapa en un aliño con pesto de ajo silvestre, aunque cualquier pesto hace la misma función. Darle potencia y cariño a las legumbres del pobre.

Ingredientes:
  • 2 patatas nuevas grandes
  • 1 lata de alubias blancas a tu gusto (yo he usado canellini)
  • Cebolla roja a tu gusto
  • 1 puñado de rabanitos a tu gusto
  • aliño: pesto de ajo silvestre o verde a tu gusto, miel, vinagre de vino, mostaza, sal y pimienta

Preparación:
  1. Lava bien las patatas, córtalas en daditos y las asas a 200ºC con un poco de aceite de oliva y sal.
  2. Mezcla todos los ingredientes del aliño y rectifica a tu gusto
  3. En un bol, pon todos los ingredientes cortados en fino y mezcla con el aliño.

Lentejas con col

abril 09, 2026
Voy a intentar contarte rápidamente el caso de "La Suiza". Tenemos que regresar al 2017 cuando una empleada de la pastelería La Suiza en Gijón acude al sindicato CNT. Denuncia que, además de deberle horas extras, no tiene vacaciones y describe un cuadro de acoso laboral donde el dueño le hacía comentarios inapropiados sobre su cuerpo y vida personal. 

El sindicato entra en acción y reclama en nombre de la empleada el dinero que le debe y exige que corrija el trato hostil. El dueño se niega a negociar con el sindicato así que comienza una campaña de boicot típica. O no, porque las concentraciones en la puerta de la pastelería con pancartas, megáfonos y tal se alargan durante meses. Parece increíble que una petición tan legítima -y más entendiendo que la deuda no superaba los 2.000 €- llegara a la escalada judicial donde el empresario denuncia al sindicato por coacciones, alegando que todo ese ruido constante le está haciendo perder clientes y que su salud se está dañando con todo este asunto. Un par de miles y un trato adecuado a una empleada; parece que ese ha sido el valor de su establecimiento.

El conflicto se vuelve tan tenso que la pastelería termina cerrando sus puertas definitivamente y sorpresa, un juzgado de Gijón condena a 3 años y medio de cárcel a seis personas por coacciones graves y obstrucción a la justicia. El Supremo ratifica la condena bajo el argumento de que las protestas no eran libertad sindical, sino un plan retorcido de hostigamiento al dueño hasta que pagara o cerrara.

Tras ingresar en prisión en julio de 2025, la presión social fue tal que se les concedió el tercer grado casi de inmediato, permitiéndoles una semilibertad, pero la condena penal de cárcel sigue en sus expedientes. Acabo de ver que a Nacho Vidal le han caído tres años por tráfico de drogas. ¿No es de locos? ¿Qué nos pasa compatriotas?

Nos pasa que somos unos pendencieros del ocho. Que este sigue siendo un país que pretende resolverlo todo a la gresca y por "mis lentejas que no doy el sofrito a torcer". Algo en lo que la jurisprudencia debería ser más imparcial y razonable pero que por lo que sea, termina siendo parte activa del caos; de la injusticia me atrevería a decir porque esto se tendría que haber detenido mucho antes, con mediadores y sin jueces de por medio. Y siempre, y digo siempre, a los trabajadores hay que protegerlos. 

Es evidente que es muy difícil probar lo que se dice o se deja de decir en una conversación privada y sin testigos pero que una deuda de esa cuantía tan ridícula, termine con seis ciudadanos en la cárcel es muy tremendo. Que serán todo lo que tú quieras pero caramba, que no trafican con drogas, ni roban ni regentan una mafia local de contrabando de milhojas. 
Ahora te voy a contar lo que le pasó a Günter en la Uni de aquí: su contrato era de técnico de laboratorio y tras jubilarse los responsables, contacta con su dirigente sindical para preguntar si es lícito reclamar la equiparación del sueldo y cargo a su situación actual. Le dice que sí y que él se hace cargo. Habla con RRHH y le comunica que sin problemas, que no será inmediato pero que sí, que hay voluntad. Ahí queda el tema y nadie vuelve a hablar de ello porque Gunter confía y no tiene ni una razón para pensar que le están dando largas. Y tiene razón: meses más tarde le equiparan cargo y sueldo, y para su sorpresa le han ingresado los atrasos, algo que nadie solicitó pero es lo justo, ¿no? Pues si es justo, se hace y punto.

¿Ves la diferencia? Consenso vs. conflicto. En España los derechos se conquistan a gritos en la calle porque no hay mecanismos de confianza. Así ha sido siempre pero a partir de ahora, mucho ojito porque si gritas demasiado, el sistema te castiga con el código penal. Vaya, que te trae más a cuento robarle al de La Suiza los bollos porque sería un cargo de hurto por el cual, en este país, nunca vas a pisar cárcel.

En cambio, en Austria, los derechos de los trabajadores se gestionan en una oficina. No hace falta megáfono porque la ley se cumple de forma casi automática. Los sindicatos funcionan como gestorías y el sistema no necesita de héroes ni mártires ni mucho menos se llega -creo que si digo jamás no me equivoco- al ataque al orden social ni al escarmiento penal en un caso claro de abuso iniciado en el despacho del jefe.

En el caso de La Suiza, la ley ha sido muy rápida en ver coacción cuando un grupo de personas grita frente a un comercio para pedir un pago legítimo pero bastante más lenta cuando un jefe te dice en privado que si no haces horas gratis te vas a la calle.

Así que ya sabes, no todos somos los mismos europeos; por un lado los mediterráneos explotando el modelo del conflicto frente al centroeuropeo que solo se plantea el consenso: la guerrilla frente a la consultoría. Y que nadie se haga  líos; la economía aquí fluye mejor porque hay paz social con una estructura legal y económica muy sólida. 

Porque la seguridad económica elimina el miedo, eso es rotundo a más no poder. Y si se apostara por sueldos que cubran las necesidades permitiendo incluso ahorrar un poquito, la gente gastaría más dinero y todos contentos. O casi, porque habría que obligar a los políticos a que apuesten por iniciativas pequeñas y que dejen de favorecer de una vez a los gigantes y multinacionales... ¿pero no lo ves? 

La derecha no actúa para que tú crezcas, mira por las grandes corporaciones. Si crees que ellos te van a hacer prosperar es que no has aprendido nada. Y la izquierda, perpetuamente anclada en el griterío, en el ruido que se va a dormir tan tranquila como si así arreglara el mundo. Qué no, que basta de gestos vacíos. Que los millonarios nos están asfixiando; que son ellos los que nos han metido en este lío. Que son los de siempre, los mismos a lo largo de la historia. Que para ellos todos somos prescindibles: trabajadores que o hacen horas de más o se van a la calle y empresarios que no ingresan lo suficiente para saber si van a poder abrir sus negocios el mes que viene.

Si no tienes casa, ni trabajo, ni pasta para pagar facturas no es culpa ni de los empleados ni del patrón. El enemigo no está en estos pagos. Hay que estar unidos para arrinconar a los que nos están llevando a la ruina. En paz, en calma y con respeto, no es necesario abusar de nadie ni tirar de grandes brechas ni injusticias. Pero algo está muy claro: el abuso se vuelve cotidiano cuando el miedo al hambre es mayor que el deseo de justicia.
Ingredientes para 4:
  • 1 patata grande
  • el equivalente en boniato, zanahoria o calabaza
  • 1/2 col pequeña
  • 1/2 cebolla
  • 1/2 puerro
  • 1-2 ajos
  • 1 punta de pimiento verde a tu gusto
  • 1 vaso de agua o de caldo de verduras
  • 1 lata grande de lentejas (unos 800gr.)
  • 300-400ml. de salsa de tomate
  • 1 poco de pimentón (tipo murciano, sin sabor ahumado)
  • sal, pimienta y orégano a tu gusto
  • algo más de agua para cubrir si hiciera falta
  • algo de aceite de oliva 

Preparación:
  1. En una sartén mojada en un poco de aceite de oliva, saltea la patata y el boniato pelado, ambos pelados y cortados en trocitos menudos. Saltea unos 10 minutos a fuego medio-bajo y tapado para que no pierda hidratación. agrega la col cortada en tiritas menudas. Rehoga un par de minutos y salpimienta. Reserva.
  2. En la misma sartén mojada de nuevo en un poco de aceite de oliva, rehoga la cebolla, el puerro, el ajo y el pimiento. Cuando empiece a transparentar, añade el vaso de agua o de caldo, como prefieras. Deja que transparente y lo trituras.
  3. De nuevo en la misma sartén (si es honda, si no en una cacerola) añade las lentejas, el sofrito de cebolla y puerro, las hortalizas con la col, el tomate, las especias y un poquito de agua si ves que queda espeso. Remueve bien, rectifica de sal y pimienta si hiciera falta y deja que cueza nos 5 minutos a fuego lento. Apagas el fuego y que repose otros 5 para que asiente los sabores y las texturas. Listo

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga

marzo 27, 2026
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
azabache
Del ár. hisp. azzabáǧ, este del ár. clás. sabaǧ, y este del pelvi šabag.
m. Variedad de lignito, dura, compacta, de color negro y susceptible de pulimento, que se emplea como adorno en collares, pendientes, etc., y para hacer esculturas.
m. Pájaro de unos ocho centímetros de largo, con el lomo de color ceniciento oscuro, el vientre blanco y la cabeza y las alas negras.
m. pl. Conjunto de dijes de azabache.
adj. Dicho de un color: Negro intenso y brillante semejante al del azabache. U. t. c. s. m.
adj. De color azabache.
Palabra bonita a rabiar que se me antoja como la mejor compañera de viaje para esta crema naranja salpicada de lentejas azabache con ese negro intenso, brillante y profundo tan característico de las beluga. ¿No es un contraste hermoso? además, ahora que hablamos de viajes y viajeros,  es una piedra semipreciosa -o así la llaman como si su belleza estuviera marcada por su valor de mercado- que para muchos peregrinos del Camino de Santiago ha sido símbolo de protección usándola  a modo de talismán en el deseo -o esperanza- de no sufrir tropiezos ni desdichas en su viaje de regreso a casa.

Pero nosotros aún no regresamos a "casa". Tenemos más camino por delante. ¿Recuerdas que con esta otra crema te advertí que íbamos a estar viajando por la historia? Pues seguimos nuestro personal peregrinaje que iniciamos en Bombay, para luego viajar a Inglaterra y de nuevo regresar a Bombay con el Mulligatawny de Rukhmabai.

Nuestro nuevo compañero de viaje se llamaba Salomón, un hermoso elefante asiático que regalaron a un rey portugués hace ya unos cuantos siglos y que tras años languideciendo en la corte, olvidado por todos menos por su cuidador, tuvo que emprender el camino a Viena, su nuevo hogar porque aprovechando que se casaba su primo, el archiduque Maximiliano de Austria, el monarca se lo regaló de buena gana ya que se contaba que se le iban los demonios a su majestad cada vez que le contaban cuánto costaba alimentar al animal.

Así que Salomón, acompañado siempre por Subhro -su cornaca hindú y única familia que el elefante había conocido- emprendieron la marcha al noreste en dirección a los Alpes, esos gigantes que se interponían en su camino a Viena,  gesta que ya en su tiempo culminó Aníbal con sus 37 elefantes africanos cruzando los Alpes camino de Roma y se cuenta que al igual que Salomón, consiguieron cruzar los Alpes con dignidad y fortaleza, la cual se vio mermada posteriormente por culpa del frío y de las enfermedades.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Pero sigamos acompañando a Salomón y a Subhro en esta odisea que Saramago relata, como siempre, con maestría evidenciando con sus serenas e inocentes palabras, el despotismo de los poderosos, caprichosos siempre y crueles por ende en su afán de ignorar o explotar a sus súbditos sin desplegar ni una pizca de compasión. 

¿Os imagináis lo que costaba alimentar a Salomón durante el viaje? En cada aldea y pueblo donde se detenían, sus habitantes ya exhaustos de por sí, debían desprenderse de sus provisiones para alimentar al paquidermo en su travesía. En Padua, por ejemplo, el clero pensó que la fiera atraería a muchos fieles así que obligaron a Subhro, el pobre cuidador que nada entendía de esta gente tan veleidosa, a que forzara al gigante a arrodillarse en la Basílica de San Antonio. 

Mientras los curiosos veían a una bestia exótica doblegándose ante dios, solo el cuidador sabía que ese gesto obedecía al cansancio y el hambre del animal, que no dudó en hacer lo que se pedía por un bocado. Y es que así es como siempre los poderosos se salen con la suya: ignorando al necesitado, al desarraigado y al humilde para reafirmar su poder y su autoridad.

Pobre Salomón y pobre Subhro. En Viena le cambiaron el nombre a Solimán, por aquello de estar siempre el Turco acechando y el pobre animal, terminó muriendo de lo mismo que los de Aníbal, de frío y enfermedades contraídas durante el viaje. 

Y sin nadie a quien cuidar, el cornaca cayó en el olvido. Durante un tiempo permaneció en la corte pasando desapercibido para todos hasta que un día el Emperador, o alguien a su servicio, lo despachó regalándole una mula y unas monedas. Nadie sabe qué fue de él. Imagino que quedó atrapado entre dos mundos; entre el desarraigo de sus raíces que quedaban ya tan lejanas y olvidadas; y entre el otro desarraigo, el de quien nunca encajó ni decidió por sí mismo estar donde estaba algo que solo su compañero sabía compensarle haciéndole la vida más digna. Más hermosa. Así que solo y sin rumbo, se le perdió la pista. 

Y así nos lo contó Saramago, entre las dulzuras y los aromas de una bonita historia de amistad entre un elefante y un cornaca, con esa serenidad y ternura de quien ya sabe que se apaga. 

Lo cierto es que sus letras susurran injusticias, las mismas de siempre que avanzan en espiral a lo largo de los siglos; porque a veces la única manera de decir las cosas sin que la gente se cierre en banda es envolverlas en una historia hermosa, en una receta, en la definición de una palabra preciosa como azabache. 

Y pensar en ellos, en sus protagonistas, también es una forma de resistir contra la injusticia, las muertes y las miserias a las que los poderosos una y otra vez nos condenan por puro despotismo. Hace siglos, ayer, hoy. Y dentro de una hora.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Aún no puedes saber cómo pero esta historia nos va a llevar a otra, a la de una mujer poderosa y regia que permaneció siempre fiel a su destino y que éste, que a cruel no hay quien le gane, la ha ninguneado reduciendo su existencia a la nada. Ya sabes cómo va: mujeres que solo nos han contado que nacieron, se casaron y tuvieron hijos pero nadie quiso valorar ni sus logros ni sus sacrificios. Como tantas, qué rabia.

Ahora sí: con esta receta, participo en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, teníamos dos ingredientes a elegir: jengibre en polvo y boniato asado. En esta receta, si bien es cierto que el boniato que he usado no es asado, la he adaptado al jengibre en polvo aunque siempre podrás hacerla con el fresco. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis.
Crema Naranja al coco y jengibre con lentejas beluga
Ingredientes:
  • 100gr. de lentejas beluga cocidas en caldo de verduras, 1 cebolla, 1 diente de ajo y laurel
  • 1 diente de ajo
  • 1 puerro mediano
  • 1/2 cebolla
  • 2-3 zanahorias
  • 200-250gr. de calabaza
  • 200-250gr. de boniato
  • 1 cdta. de comino
  • 1 cdta. de jengibre molido (o fresco rallado)
  • 2 cdas. de concentrado de tomate (o el doble de salsa de tomate)
  • 2 cdas. de mantequilla de cacahuete
  • extracto de caldo de verduras
  • 300ml. de agua
  • 300ml. de leche de coco
  • Para servir: un aliño de aceite de sésamo con zumo y algo de ralladura de lima.

Preparación:
  1. Cuece las lentejas unos 15 minutos y deja que reposen otros 10.Cuélalas y reserva.
  2. Trocea las verduras y en una cazuela con un poco de mantequilla, saltea brevemente.
  3. Incorpora las especias, el concentrado de tomate, la mantequilla de cacahuete y el concentrado de caldo. Agrega agua hasta que cubra.
  4. Después de 15 minutos, añade la leche de coco, rectifica de sal si hiciera falta y deja que repose otros 5 minutos antes de triturar con la batidora eléctrica o la licuadora.
  5. Prepara el aliño a tu gusto con más o menos lima. Puedes servir en vasos poniendo una capa de lentejas en la base, añadiendo la crema y decorando con un poco de leche de coco batida y un chorrito del aliño por encima.

Mulligatawny, por fin con todas sus lentejas

marzo 25, 2026
Mulligatawny original

Querido lector, tú aún no lo sabes pero hemos iniciado un viaje en el tiempo. Viajaremos al pasado pero no en línea recta porque al fin y al cabo los humanos conectamos el pasado y el futuro en espiral. Quién sabe, lo mismo vivimos en mundos paralelos y todo está ocurriendo ahora. Hablar de esto no nos llevará nada más que a fantasear pero yo tengo un plan. De momento oculto pero para nada secreto. 

Voy a intentar que conectes con cosas e intentaré ser fiel a cómo he llegado a mezclar tantas historias y sabores... o no, porque lo mismo todo es más parecido de lo que aparenta: legumbres de colores que cumplen su misión, jengibres en polvo o frescos que nos transportan por el mundo y aunque hablaré de personajes errantes, luego de puro sin querer, echaremos raíces en algún caso y en otros el desarraigo hará heridas. 

Pero debes ser paciente y disfrutar del viaje. Éste empieza aquí:

Rukhmabai nació en una familia marathi. A penas conoció a su padre. Tenía dos años cuando él murió. Algún tiempo después, su madre volvió a contraer matrimonio y lo hizo con Sakharam Arjun, un eminente médico y activista social de Bombay. Fue bajo su influencia, cuando la niña se animó a estudiar y alimentó sus ideales progresistas en un tiempo -estamos a finales del SXIX- donde la incultura y las costumbres retrogradas seguían firmes en el día a día por todo el país. La colonización inglesa no vino a traer humanidades ni desarrollo cultural. En fin, que ya sabemos de que pie cojean los imperialismos y ellos fueron a lo que fueron: a lo suyo.

Así que, siguiendo las costumbres locales, el abuelo materno de Rukhmabai arregló su matrimonio con Dadaji, un muchacho de 19 años no muy centrado pero lo más terrible -aunque fuera muy común- es que ella tan solo tenía 11 años.  Sakharam se negó a que ese matrimonio se consumara evitando a toda costa que su hijastra cohabitara con el esposo.

Y éste, como tantos, salió bala perdida: Dadaji resultó ser un borracho, calavera y libertino, que por el motivo que sea -parecía que tenía endeudadas hasta las suelas de sus zapatos- se emperró en que su esposa debía vivir con él y ante la negativa, el tipo llevó a Rukhmabai a los tribunales a santo de "restitución de derechos conyugales" o algo por el estilo. Menuda necedad.

Mulligatawny original

Y mientras el juicio seguía su curso, Rukhmabai comenzó a escribir para el Times of India bajo el seudónimo de A Hindu Lady, abogando por sus derechos y por la necesidad urgente de reformar una sociedad que no solo ninguneaba a las mujeres sino que las trataba peor que a las ratas. 

Y así las cosas, en 1887, el juez lanzó un órdago a Rukhmabai: o te vas a casa con tu esposo o seis meses a la cárcel. Y con un par de moños y el Sari bien puesto dijo que si había que ir a prisión pues se iba. Entiende que eran cárceles del SXIX y encima de mujeres. La de cosas terribles que debían pasar ahí dentro pero  Rukhmabai tiró para adelante, la lió parda y no contenta con el follón que se montó, apeló a la Queen -era la Victoria- , quien anuló el juicio y disolvió el matrimonio. Otra con más moño que corona.

Y ¿Colorín colorado, este cuento se ha acabado? Ni de refilón. Fue la primera mujer hindú en obtener legalmente el divorcio en la India, y luchó con garra por mejorar las leyes respecto a las niñas, mujeres y viudas que muchas eran -y aún se siguen escuchando cosillas- quemadas vivas porque muerto el marido, eran una carga para la familia. 

Rukhmabai estudió medicina y lo hizo en Inglaterra gracias a la Dra. Edith Pechey que recaudó fondos para que se produjera el milagro. Y vaya sí se hizo. Nuestra divorciada número uno regresó a su país a hacer lo que mejor sabía hacer: ayudar a las mujeres para darles derechos y atender su salud como se merecían; cuerpo y alma trabajando en la misma dirección. El mundo necesita muchas pero muchas más Rukhmabai porque solo ellas nos pueden salvar de este desastre.

Y bueno, aquí estamos; hace años publiqué un mulligatawny de urgencia, con escarlatina de por medio y sin lentejas. Cosas de la vida que me pasaban antes. Hoy, con Rukhmabai de protagonista, le doy su forma más auténtica porque es en sí mismo un plato que relata dos historias: una sopa densa y cremosa, casi un dal que nació en el sur de India y su nombre viene del tamil, milagu tannir (agua de pimienta) y era un guiso de lentejas especiado que los cocineros indios adaptaron para los paladares británicos. El triturado es su forma más auténtica.

Así que ya ves; aquel Mulligatawny que cociné con escarlatina, no era ni Mulli, ni gataw ni ny, fue una mutación sin lentejas de lo que ya venía rodando por los blogs anglosajones que no es por criticar pero ya sabemos lo que les pasa a muchas recetas "étnicas" que pasan por el filtro norteamericano: se estandarizan, se tunean al gusto local y se fotografían todas igual. Muy monas, sí pero bastante alejadas del original.

Y hoy me veo en la necesidad de hacer justicia y recordar al mundo que no es oro todo lo que reluce ni azabache solo el carbón porque los algoritmos premian la estética y en ese afán por buscar la viralidad acabamos creando burbujas donde todas las recetas de un mismo plato se parecen entre sí. Y éste es el enemigo más amargo de la cocina con historia. 

En la próxima entrada, continuaremos viajando; coge solo lo que puedas cargar que el viaje es largo. Y come algo, anda.

Cuatro mujeres y un elefante

Bombay  ·  Lisboa — Viena  ·  Cartagena  ·  Viena  ·  México  ·  India

Ingredientes:
  • 1 cda. de mantequilla (si es clarificada mejor)
  • 1 cebolla o cebolleta grande
  • 3 dientes de ajo
  • 2-3 zanahorias 
  • 2 cdtas. de curry de madrás
  • 1 trocito de jengibre fresco 
  • 1/2 cda. de cúrcuma
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • pimienta negra a tu gusto
  • 900-1.000ml. caldo de verduras
  • 200gr. lentejas rojas
  • 200ml. de leche de coco
  • 1 manzana 
  • zumo de limón a tu gusto
  • opcional: 1 cda. de mantequilla de cacahuete

Preparación:
  1. En una cazuela grande, sofríe la cebolla picada y los ajos con la mantequilla a fuego medio para que poche pero no se dore. Añade el jengibre y rehoga un par de minutos más.
  2. Baja el fuego y añade el  curry, la cúrcuma, el comino y la pimienta negra. Remueve durante 1 minuto para que las especias se tuesten sin quemarse. 
  3. Incorpora las zanahorias cortadas en rodajas y las lentejas rojas que habrás lavado previamente. Remueve bien para que todo se impregne de las especias.
  4. Añade el caldo, deja que rompa a hervir y cuece a fuego suave unos 10 minutos. Añade entonces la manzana cortada en trocitos y vuelve a dejar que se cocine otros 5 minutos.
  5. Incorpora la mantequilla de cacahuete y un poquito de la leche de coco. Lo integras bien y deja que repose (ya sin fuego) otros 5 minutos más.
  6. Tritura la sopa con una batidora de mano o licuadora según te venga mejor. Incorpora la leche de coco y el zumo de limón. Si queda muy espesa, añade un poco más de leche de coco.


Sopa mexicana de pollo

marzo 10, 2026
manipular
Del b. lat. manipulare.
tr. Operar con las manos o con cualquier instrumento.
tr. Trabajar demasiado algo, sobarlo, manosearlo.
tr. Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.
tr. coloq. Manejar alguien los negocios a su modo, o mezclarse en los ajenos.
Esta es una palabreja que todos absolutamente todos conocemos de maravilla. De hecho, es lo primero que hacemos al nacer. No vemos ni un pijo pero nuestro instinto nos lleva a mirar a nuestra madre con ojos de animalito de peluche y todas las mamis sin excepción caemos -y con mucho gusto- en la trampa y no podemos evitar sentir es vínculo tan especial al pensar "mira que bien sabe quién soy". Lo hacemos para que no nos abandonen y nos termine comiendo un león. Así de fácil.

Y a la que crecemos, no dejamos de ir fortaleciendo ese vínculo amoroso con nuestros progenitores por razones obvias: los necesitamos para sobrevivir y si hay que manipular, pues se manipula y punto. Es un rollo darwiniano, no es mala chufa. Luego nos hacemos adultos, nos sentimos requete fuertotes e invencibles -o no- y nos olvidamos por completo de todo lo que tuvimos que hacer para lograr que nuestros padres nos quisieran a rabiar. 

O tampoco porque hay padres ausentes, despegados, dictatoriales... cosas que siempre se han visto como normales y nunca nos hemos parado a pensar que esas cosas pasan factura. 

Y sí, pasan factura y hasta embargos. Hay dos perfiles de "pareja" tóxica a mi modo de ver. No a nivel psicópata sino a nivel gente corriente. Una es la pareja castigadora con complejo de superioridad moral: te castigan por cualquier pleito hasta que te hacen sentir culpable, sentimiento que el cableado del recuerdo te conecta con esas veces que los papás se enfadaban contigo porque habías hecho algo malo y de puro sin querer, vas a terminar pidiendo perdón por algo que no sabes que has hecho. 
Y como no sabes que es, tampoco detectas lo que tienes que corregir y si intentas dialogar te van a llover puñales hasta de perfil. Si por el contrario, optas por callar y esperar a que pase el chaparrón te van a llover de nuevo los puñales hasta de perfil. E imagina la que te va a caer como vayas de frente.

¿Y por qué? Porque el superior moral cree que sus valores, creencias y éticas varias son forzosamente mejores que los de los demás; porque aprendió con castigos severos, con poco cariño o malos tratos, siente que ha pagado un precio muy grande por ser como es: fuerte, seguro de sí mismo e implacable y si eso le valió a él, lo que tú tienes que hacer es espabilar y seguir su ejemplo. Y si para ayudarte hay que "ponerte las pilas" pues sea. 

Lo que no ve el manipulador superior, es que cualquiera que no piense ni sienta como él, lo considera automáticamente un ser inferior; necesita validación constante, admiración sin fisuras pero ay amigo, él es  incapaz de aprobar los sentimientos ajenos. Hace aguas por el tema empático. Ah, y claro, la culpa nunca es suya. 

Luego está el perfil del victimista crónico. Por los mismos motivos que el superior moral, cree que no tiene control sobre su vida, porque también pasaban cosas en su infancia que le hicieron sentirse en peligro pero que muy posiblemente, por lo que sea, descubrió que para recibir atención -o sobreprotección- la cosa fluye mejor cuando uno sufre o enferma. 

Con el tiempo, aprende a manejar al entorno y cae en la cuenta de lo fácil que es echar balones fuera y culpabilizar de todo a los demás. Y así, pasito a pasito, va construyendo su torre de cristal donde no hay responsabilidad emocional hacia lo ajeno y el concepto empatía solo funciona en modo "mío" porque por más que intente explicarte como se siente tú jamás lo vas a poder entender; y por muchas soluciones que aportes, ninguna vale por lo mismo, porque tú no lo entiendes. 

Y de nuevo el cableado infantil se conecta y sientes que vuelven esos sentimientos donde te la cargabas y no sabías el porqué. Y de nuevo, penitencia emocional ya que estás haciendo sufrir a la persona que más te quiere. Hay que ser canalla. 

Y lo que ambos perfiles tienen en común es la capacidad de manipular a diestro y siniestro afectivamente; el manejo impecable de su superioridad ética y por supuesto, son magos a la hora de bloquear cualquier atisbo de crítica que con un control magistral en cualquier conflicto, saben proyectar en ti o tu falta de sensibilidad o tu inmadurez dependiendo si tu pareja es castigadora o victimista. El caso es que siempre, siempre, te la vas a cargar. 

A menudo me pregunto que clase de pareja soy yo. Y creo que tengo trazas de ambos perfiles. Ay mija, soy de lo peor.
Ingredientes:
  • 2 pechugas de pollo (cocidas con un poco de zanahoria, calabacín y puerro con sazonador Goya o caldo de verduras)
  • unas gotas de aceite de oliva
  • 1 cebolla 
  • 2-3 tomates 
  • 1 jalapeño (versión no picante: pimiento tipo italiano)
  • 2 dientes de ajo
  • 2-3 chiles secos tipo guajillo
  • 1 cdta. de comino en polvo
  • 1 cdta. de orégano
  • 1 cdta de chile en polvo
  •  1 cdta de pimentón (no ahumado)
  • sazonador para sopa (tipo Goya)
  • 1l. aproximadamente del caldo de cocer el pollo
  • laurel
  • 1 lata pequeña de maíz a tu gusto
  • 1 lata de unos 400gr. de fríjoles negros
  • 6-8 tortillas de maíz para hacer totopos
  • abundante aceite para freír las tortillas
  • aguacate, queso fresco y crema agría
  • Cilantro si no te sabe a jabón


Preparación:
  1. Cuece el pollo, desmenúzalo, cuela el caldo y reserva.
  2. En una cacerola, con un poquito de aceite de oliva, marca a groso modo la cebolla, los tomates, el chili o pimiento y los ajos. Añade las especias, rehoga brevemente y cubre con la mitad del caldo de pollo. Tritura con la batidora eléctrica o en la licuadora.
  3. Añade el resto del caldo, el pollo, el laurel, el maíz y los frijoles. Deja que la sopa cueza a fuego medio-bajo unos 10 minutos. Sazona si hiciera falta.
  4. Mientras corta las tortillas en tiras y las fríes en abundante aceite. Deja que absorban el exceso de aceite en papel absorbente de cocina.
  5. Sirve la sopa cubriendo con un puñado de los totopos, aguacate troceado, queso fresco y un poco de crema agría. Si no tienes problemas con el cilantro, sirve con unas hojitas por encima.

Sopa de puerros y garbanzos versión 2.0

marzo 04, 2026
Hace más de quince años publiqué esta misma sopa. En aquella ocasión hablé de arrecifes de sirenas, de las que hay en el Cabo que tan atonta'os nos tiene a los cabogateros. Es una sopa estupenda que ya se ha quedado en casa y llevaba tiempo detrás de hacerle fotos nuevas porque me daba la sensación que las que hice entonces, desmerecían un poco esta sopa tan estupenda.

Pues ea, me pongo a ello y aprovecho para hacer el paso a paso. Como tantas otras veces, mientras los chicos ponen la mesa, yo le doy a las fotos. Ha hecho día de mucho sol así que no podía hacerlas en los quicios de las ventanas que es lo que suelo hacer. Necesito un lugar con luz pero sin sol y suelo tirar de una mesita requete vieja que tengo, de esas que por aquel entonces los suecos las vendían por 10 € y que creo que no hay casa que se precie que no haya tenido una de esas... pues eso, que tiro de la mesa que ya he repintado un par de veces. 

Nada nuevo. Pero esta vez a la que tiro las fotos, de acá, de allá, al derecho, al revés, pues como que noto algo raro; pero mira que yo sigo a lo mío que sino se me enfría la sopa. Y al terminar, veo que el tío, una vez más como en las últimas semanas, le ha dado por volver a encender la linterna porque sí, sin pedir permiso y yo, con cara de tonta peleando con el aparato sin saber por qué lo hace; el petardo de plantar la huella -otra que le da por no funcionar cuando le apetece-; aburrida de pegar el pulgar en el screen, paso al plan b y escribo el pin; el siguiente paso es cerrar todas esas app que también se abren cuando les sale del higo; y por fin, por fin, atino a apagar a la susodicha.
Y sobra decir que mientras todo esto me pille con las gafas puestas, pues bien va la cosa porque la alternativa es añadir a la cara de atontá, la de cegata afanada en ajustar los ojos a esa masa informe de cosas que no atino a vislumbrar. Y mis hijos, pues claro, disfrutando a tope del espectáculo partiéndose de risa recordándome que por muy yeyé que me crea, no dejo de ser una madre desactualizada en ciertos menesteres.

¿Solo yo soy así de torpe? ¿los teléfonos son rencorosos? lo mismo lo hace para vengarse de mí porque le tengo el día entero y parte de la noche, al pobre perdido en las profundidades de un bolso, en un armario de la cocina entre harinas o en la repisa del baño. En cualquier sitio menos conmigo porque por lo que sea a mi se me despega de puro sin querer.

Es posible que exista una segunda alternativa a mi relato. Puede que en el fondo mi handy no es que sea rencoroso, puede que solo esté despista'o el pobre; puede que después de tres u ocho horas dentro de un oscuro bolso, al rescatarle y devolverle a la vida,  pues quien sabe si estos aparatos también entran en shock post-trauma porque no creo que sea prudente descartar que exista el síndrome del "bolso con agujero negro" y mientras los astrólogos buscan señales de su existencia en el espacio interestelar, lo mismo encontrarían todo lo que hay que saber sobre ellos en cualquier bolso femenino.
Digo, lo mismo me equivoco pero cocinar con el móvil en la mano mientras hacemos y deshacemos en la cocina, fotografiando de cualquier manera cada paso, digo, lo mismo eso es juntar papeletas para dar con la receta perfecta del desastre. No se debe desechar la posibilidad que el móvil termine dentro del guiso o con botones obstruidos por miel o masa o vete tú a saber; realmente, muy posiblemente, el movilear y cocinar sean incompatibles pero aquí nos tienes a los blogueros que luchamos incansablemente contra viento y marea. Y cosas peores. Pero esta es otra historia.

Pues lo dicho, que sin querer hoy he experimentado con una nueva forma de hacer fotos y seguro que si lo intento a propósito no me sale bien. Tiene un poco efecto de caja de luz con sombras y destellos naturales, con las que siempre tengo que brear pero se me hace un poco raro.

Bueno, es lo que hay. Decirte de esta sopa un par -o tres- de truquillos:
  1. Si en la primera versión no le añadí la mantequilla, en esta sí porque evitas esas burbujitas de aceite flotando en el caldo y el sabor mejora.
  2.  Yo no tiro las cortezas del queso parmesano. Las guardo y aprovecho para dar sabor a caldos o guisos. Para esta sopa es perfecto. 
  3. Y bueno, esto no es un truco es más un consejo. Si lo acompañas de unas rebanadas de pan, con un poco de mantequilla y tostadas con queso parmesano por encima, verás lo mucho que gana el plato. 
Ingredientes:
  • 2-4 patatas según tamaño y gustos
  • 3 puerros medianos
  • 1 unas gotas de aceite de oliva
  • 1cda. de mantequilla
  • 2 dientes de ajo
  • 400-500gr. de garbanzos cocidos
  • sal y pimienta negra recién molida
  • 850ml. de caldo de pollo o de verduras
  • queso parmesano rallado
  • unas rebanadas de pan tostado pringado en parmesano

Preparación:
  1.  Parte el puerro en rodajitas finas y las patatas en trocitos menudos. En una sartén honda o en una cazuela, lo sofríes ligeramente con unas gotas de aceite y una cucharadita de mantequilla.
  2. Añade los garbanzos, el ajo machacado. Si tienes una corteza de queso parmesano, puedes echarla también. 
  3. Incorpora el caldo y deja que cueza unos 15 minutos. Termina con un poco de queso parmesano a gusto de cada comensal.

Puré potente de alubias pintas y tomate

febrero 13, 2026
Imagino que al igual que me pasa a mí, habrás notado lo inusuales que son las noticias de las agencias y la prensa (vamos a llamarla seria). Por un lado, nos fríen al hacerse eco de tuits calenturientos de políticos y resto de personajes (vamos a llamarlos también serios) y notables que tiran de tele o redes sociales para hilar sus enredijos; por otro lado, nos relatan sucesos mediocres o absurdos faltos de valor o representativos de nuestra sociedad que han leído de una agencia u otro medio y que calcan sin escrúpulos, por supuesto, sin contrastar ni aportar más información sobre la misma. 

Estos embrollos nunca sé si son obra de la falta de talentos en las redacciones o simplemente mala fe para desviar la atención de otros temas de mayor importancia o trascendencia. Y antes de que me comas viva y sin cocinar, me explico que todo tiene su no sé qué: desde hace muchos años, en las redacciones, se viene prescindiendo de periodistas con solera y los que quedan o bien es porque están mal pagados y no les queda otra que aguantar tralla o son juniors, la mayoría becarios sin experiencia que se les contrata para que trabajen como "chinos" (no me lo invento, esto se decía en una redacción para la que trabajé) sin casi ningún referente veterano cerca que les enseñe la profesión porque los que quedan, bastante tienen con sacar lo suyo.

Así que es muy típico encontrar refritos rápidos y mal hechos de noticias ya publicadas, tuits o noticias de agencias. Casi todos los profesionales curtidos en reconocimiento público y cierta fama, o son freelance o son los articulistas estrellas en medios de tirada nacional con mucha presencia en radio, televisión o merecidos ganadores de premios planetarios o alfaguareros por sus novelas o ensayos paridos en buena pluma. 
Por lo tanto, no es de extrañar que la gente de a pie estemos tan embarullados con las noticias de actualidad sin saber que creernos y sin poder separar la paja del grano informativo. Hoy ya he visto en un par de medios, la historia de una mujer en Valladolid que se pilló el brazo con el canapé de la cama. Una vecina llamó a emergencias y se personaron dos polis de paisano que pasaban por allí y los bomberos. 

La vecina que les pide que tiren la puerta abajo ante los gritos de dolor que salían de la vivienda. Los polis que le piden que se calme. Los bomberos que saben lo que se hacen, abren con el método del resbalón sin que la puerta sufra daños.  La vecina fuera de sí con tanta acción y tanto griterío. Un poli con el salmo clásico del señora cálmese y no obstruya a la autoridad.

Los bomberos abren el canapé, sientan a la maltrecha en una silla en espera de la ambulancia y la vecina sigue fuera de sí, con tantos nervios que se cuela en el dormitorio. El otro poli que le dice váyase señora que usted no pinta nada, que no está autorizada y punto. La convecina contesta pues usted a mí no me toca y, por lo que sea, empuja al poli. Éste va y se planta decidiendo in situ y sin mucha reflexión que por sus bemoles la pesada se va a arrepentir porque menudo es él y va y detiene a la susodicha bajo los cargos de presunta autora de un delito de allanamiento, por su recurrente insistencia en permanecer en la vivienda, y otro de atentado a un agente de la autoridad, por el empujón.

Y yo absorta sin vivir en mí, confusa hasta la médula sin saber si esto es una noticia nacional o el resumen de un capítulo de Aquí no hay quien viva.

Hoy puré potente -requete potente si se me permite- para comer contundente y un poco diferente a lo de siempre, eso sí, sin atentar contra la autoridad del guiso tradicional porque puede que alguien piense que estas alubias tienen malas pintas. Y no, por ahí sí que no.
Ingredientes:
  • unas gotas de aceite de oliva
  • 3-4 dientes de ajo
  • 1 vaso de caldo de verduras
  • algo de pimentón, pimienta y comino molido
  • 1 bote grande de alubias pintas cocidas
  • 2 cdas. de pesto rosso
  • 400gr más o menos de tomate triturado
  • algo de agua
  • parmesano a tu gusto
  • opcional: si el tomate triturado estuviera muy ácido, un poquito de azúcar o jarabe de agave

Preparación:
  1. En un cazo, por los dientes de ajo en un poco de aceite de oliva y deja que se doren a fuego medio. 
  2. Pasa los ajos junto al caldo y las especias por la trituradora.
  3. En el mismo cazo, pon este caldo resultante junto con las alubias, el tomate y el pesto. Deja que cuezan a fuego medio bajo unos 10 minutos.
  4. Separa como 1/4 parte de las alubias, añade un poco de agua al resto y parmesano a tu gusto y en cuento vuelva a hervir, pásalo por la trituradora dejando que quede el puré un poco grueso, sin pasarlo demasiado. Añade las alubias que habíamos reservado, algo más de parmesano y sirve acompañado de unas rebanadas de pan blanco tostado o unos picatostes. 
 
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