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Mantequilla rústica de hierbas y queso

junio 26, 2026
Un periódico de Zúrich fechado el 9 de febrero de 1782, anuncia que desde el cantón de Glaris, se pagarán cien coronas -el salario de cinco o seis años de una sirvienta - por cualquier información que ayude a detener a Anna Göldi, una malvada bruja que intentó matar a una de las hijas de un respetado doctor de la ciudad.

Dieron caza a la hechicera y la ajusticiaron con brutalidad. Pero se lo merecía porque entre la garrucha y otros tormentos, confesó que se comunicaba con el demonio a través de un gato negro quien le prometió riquezas y protección si ella accedía a cumplir sus órdenes, que no eran otras que las de dañar a la familia del doctor Tschudi. Estas son las cosas que tenía el diablo en aquellos tiempos; con la de maldades en masa que podía acometer, desplegaba todo su poder en hacer daño a una familia cristiana de alto copete. 

Y mientras el juicio avanzaba, el pueblo estaba algo dividido: por un lado, una multitud -desatada y encantada porque en el aburrido y lánguido Glaris por fin pasaba algo emocionante- jaleaba triunfante la victoria del bien sobre el mal; por el otro, una clase media ilustrada seguía horrorizada la pantomima del proceso. De este rescoldo social, gracias al funcionario judicial Johann Melchior Kubli y el periodista alemán Lehmann, hoy podemos saber los detalles de este disparate tan macabro.

Y es que a Lehmann no le dio la gana morderse la lengua y contó lo que estaba pasando. Cuando el caso de brujería se conoció fuera de los valles del cantón, la respuesta internacional fue unánime: los tildaron de bárbaros, paletos cerrados y fanáticos retrógrados. Y cuando intentaron manipular las actas y el veredicto del juico para blanquear las atrocidades y sinsentidos en la corte de Glaris, Johann Melchior Kubli tampoco quiso mantenerse al margen y se la jugó haciendo una copia completa que filtró a la prensa extranjera. Así que si hoy podemos reconstruir lo que allí aconteció, -frustrando el intento de silenciado- fue gracias a él. Bravo Herr Kubli. 
Hablemos de ella: Anna Göldi fue una mujer pobre y algo alocada que tomó malas decisiones en su juventud. Se enamoró de un soldado que la preñó y nunca regresó. La noche que parió a la criatura, ésta murió. Fue acusada de matar a su bebé aunque ella mantuvo que se quedó dormida y le asfixió por error. Nunca lo sabremos. Si bien es cierto que los accidentes o una muerte súbita pueden ocurrir, también sabemos que algunas mujeres desesperadas que alumbran sin desearlo, sin medios ni protección con el estigma social acuestas, pues optan por silenciar a sus criaturas. Por mi parte, ni juzgo ni justifico. Mi condición de madre me impide pensar que algo así pueda cometerse pero yo nunca he sufrido ni miseria, abandono ni desesperación. 

Pero a Anna le volvió a pasar. Se enamoró perdidamente de un señor de familia fina con quien mantuvo un largo romance. Un príncipe azul que le prometería protección y seguridades -o eso le pareció a ella- pero en cuanto se quedó de nuevo preñada la echó de mala manera. Quedó otra vez perdida y desprotegida en la más terrible de las miserias. En esta ocasión, al nacer la criatura la dio en adopción. 

Y este fue el legajo con el que Anna Göldi tuvo que vivir: siendo escoria de la naturaleza por ser pobre y desarrapada. Escoria social por matar y deshacerse de sus hijos. Escoria pecaminosa por ser descendiente de Eva y del pecado original. Por ser un instrumento del diablo, libidinoso y de insaciable lujuria, que seducía hombres para destruir sus almas. Un ser frágil tratado como escoria sin derecho a ser apreciada, respetada ni protegida. No creo que nunca conociera la compasión. Y así ya me dirás tú. Debió de echar un carácter endemoniado, no digo que no, pero quién no le cogería manía al mundo en su lugar. 

Por tanto, cuando llegó a casa del Dr. Tschudi para servir -lo que llevaba haciendo desde niña- Anna tenía cuarentaitantos años de sinsabores y duras jornadas a cuestas, porque la servidumbre no tenía derecho a descansar o a solicitar cargas más ligeras al llegar a cierta edad. Qué barbaridad, querer terminar sus días con algo de paz. ¡A quién se le ocurre! . 

Tampoco me cuesta demasiado imaginarme la amargura y rencor que su alma llegó a albergar. ¿Qué dios condena a sus hijos a padecer miserias para que unos pocos ricos vivan mejor? No voy a mentirte. Nadie sabemos de la vida de Anna antes del proceso y los que han convertido su vida en una novela rosa, mienten. O especulan o desean ver belleza y bondad donde el sentido común nos dice que no hubo. Pero por algún retorcido motivo, sentimos la necesidad de endulzar a las víctimas en nobleza y hermosura para que su causa sea más injusta e indignante. Además ¿Cómo podríamos si no saber reconocer su inocencia? 
Anna Göldin, de la comunidad de Sennwald, perteneciente a la bailía alta de Sax y Forstek, territorio de Zúrich, de unos 40 años de edad, de complexión gruesa y de gran estatura, rostro pleno y rojizo, cabello y cejas negros, tiene ojos grises algo enfermizos, que en su mayoría parecen rojizos, su mirada es abatida, y habla con su pronunciación de Sennwald..
En el bando de su búsqueda no hay una sola palabra sobre belleza. Al contrario: ojos enfermizos, mirada abatida, una mujer de cuerpo grueso. Sus defensores afirman que esa descripción está manipulada apropósito para que pareciera más bruja. Yo en cambio, leo la descripción fría e impersonal de alguien que busca un objeto perdido o a un animal doméstico que se ha escapado. Yo, sinceramente, no veo a una malvada de cuento.

De Johann Jakob Tschudi no te voy a contar demasiado porque su vida es la de tantos, cortados todos por el mismo patrón: además de médico fue también juez y pertenecía a una de las familias más influyentes del cantón. Soberbio, altanero y necio. Vivía convencido que su poder residía en su superioridad moral y no en esa perversa capacidad de castigar con desmedida a quien le fuera molesto. 

Y Anna cruzó esa línea invisible que la servidumbre nunca debe traspasar porque los señores no toleran ni ingratitud ni grosería. Le reclamó parte del salario que ella entendió que no se le estaba remunerando. Hubo fricción y es posible que la sirvienta insistiera con cierto descaro en lugar de pedir perdón y agachar la cabeza, como era lo de esperar. Anna se encaró. Y podría haberla puesto de patitas en la calle con un par de palos de regalo pero no. Pasó algo que desató la ira del fulano.
Una mañana, una de las hijas de Herr Tschudi encontró una aguja en su vaso de leche. La señalaron de inmediato. No hacía falta investigar o abrigar la posibilidad de un accidente fortuito; no, simplemente la declararon culpable porque ya había demostrado su mal talante e ingratitud. Y el doctor encolerizó. Se sugirió que fuera corrida de la ciudad de mala manera pero para este señor eso no era suficiente castigo. Iba a enterarse esa muerta de hambre quien manda en esos lares. 

Huyó consciente del peligro que corría. Un cerrajero llamado Steinmüller y su esposa la cobijaron unos días en su casa mientras organizaba la mejor forma de huir sin ser vista. Lo consiguió. Pero el juez no estaba contento en absoluto e hizo valer su poder; dieciocho días después, supuestamente la niña tuvo convulsiones y se afirmó que vomitaba alfileres. Ya no había duda alguna: se la acusó de ejercer la brujería a distancia. 

Cuando se dictó el bando de su captura, Herr Steinmüller sintió que debía advertirla del peligro y le escribió una nota que, entre otras cosas, decía: "os advierto como hombre de honor, cuidaos bien de no caer en desgracia". Y la desgracia, que es contagiosa, cayó sobre él porque interceptaron la carta y el tribunal capitaneado por el doctor, lo arrestó acusándole de ser el "mago proveedor", el que suministraba a Anna las agujas mágicas pactadas con el diablo. Poco después, encontraron a Anna y se inició la fase de instrucción del caso: los interrogatorios. Es decir, el suplicio. A ambos.

El no va más en tortura era la garrucha. Le ataron las manos a la espalda con una soga unida a una polea en el techo. Se tiraba de la cuerda hasta elevar el cuerpo desplomado que era sostenido por las articulaciones de los hombros que colgaban hacia atrás. Se le interrogaba así durante horas, con los hombros desencajados y para animar a la bruja a confesar, se aflojaba de golpe la cuerda para que el cuerpo se precipitara en el aire y antes de tocar el suelo, se volvía a tensar la maroma. El dolor era infinito y la pobre Anna suplicaba que le ayudaran a confesar porque nada de lo que decía parecía que les encajaba a sus eminencias. 

Cuando a Anna le inundaba la rabia y gritaba con desesperación su inocencia, le ataban piedras en los tobillos. El dolor era indescriptible; no creo que debamos insistir en ello. El pobre Herr Steinmüller corrió la misma suerte. En un descuido de sus carceleros, se colgó en su celda. Anna, colapsada por el dolor, comenzó a recitar retahílas de clichés absurdos como lo del gato negro, el pacto con el demonio, que odiaba a la niña y que mató al Presidente John F. Kennedy.

Y como ya había confesado, ya estaba demostrado que era una bruja de manual. Pero algunos de los jueces del consejo tenían reparos porque la prensa estaba montando mucho ruido y sentían presiones de otros cantones. Además, la brujería ya no era un delito, no se la podía quemar ni decapitar por ello. Había que encontrar otro cargo que fuera más razonable. Envenenamiento. Sí, podría encajar si no fuera porque no estaba castigado con la muerte. Les dio igual y tiraron para adelante.

El 6 de junio el consejo llegó a su veredicto. Treinta y dos hombres votaron que Anna Göldi muriera decapitada por el cargo de envenenamiento. Treinta votaron en contra, no sabemos si por compasión, por dudas sobre su culpabilidad o por el simple cálculo político de evitar el escándalo internacional que se les venía encima. Solo dos votos. Esa fue la diferencia entre la vida y la muerte de Anna. Y  lamentablemente no fue la última. Aún quedaban hogueras por encender en Polonia.

Así de fácil era condenar, torturar y matar a una inocente. Acusar a la mujer de bruja siempre ha funcionado. Matilda lo denunció en su libro Woman, Church, and State. Así de fácil era silenciar a las mujeres molestas por sus conocimientos, su influencia o simplemente para calmar la rabia y el despotismo de un líder local que no toleraba la insolencia. A las brujas no solo las han matado para castigarlas; se ha pretendido extirpar su voz, su desacato y su ímpetu de la faz de la tierra. La pira, la horca o el hacha son el punto final que religión y estado han impuesto a lo largo de los siglos  para que nadie, nunca más, escuche lo que ellas tenían que decir.

En el Estadio Ghazi de Kabul durante el anterior régimen talibán, las mujeres acusadas de lo que fuera eran arrojadas desde un trampolín a una piscina vacía. Lo llamaban el juicio de Alá: las inocentes dios las salvaría; las culpables morirían. Se escucha que este tipo de juicios vuelven a estar de moda.
Ingredientes:
  • 500ml. de nata fresca para montar (tiene que ser fresca)
  • 100gr. de queso curado de montaña (o pecorino o parmesano)
  • 1 buen puñado de hierbas frescas a tu gusto 
  • Sal y pimienta


Preparación:
  1. Para montar la mantequilla; bate la nata con unas varillas eléctricas hasta que hagas nata y sigue y sigue hasta que veas que va apareciendo un líquido blanco y la mantequilla coge algo de color amarillento. Lo cuelas sin tirar el líquido blanco.  Este suero lo puedes usar mezclar con yogur y tendrás algo muy parecido al buttermilk, fantástico para hacer desde bizcochos a aderezos para ensaladas. 
  2. Ralla el queso y se lo añades a la mantequilla.
  3. Corta en fino las hierbas y las añades a la mantequilla con algo de sal y pimienta. Mezcla y reserva en la nevera para que coja cuerpo.

Gazpacho de espárragos y manzana

junio 18, 2026
Una joven Margaret, que acaba de graduarse en Harvard, inicia su doctorado de Historia de la Ciencia en Yale. En una reunión informal entre profesores y alumnos pregunta si alguna vez ha habido mujeres científicas y, tras unas sonrisillas condescendientes, recibe un no como una catedral: no, no hay ni ha habido y las que pudieran considerarse como tales, solo trabajaban para científicos. Masculinos, evidentemente. Únicamente podemos hablar de dos excepciones:  Maria Mitchell y Marie Curie.

Y aquí es donde a Margaret W. Rossiter le explota la cabeza. Como que no se lo cree. Le suena todo a arrogancia y ninguneo. Y en un brote de "pues va a ser que no me lo creo" se viene muy arriba y le dice al profesor de la risotada, el de la pajarita a lunares y la pipa desconchada, "Si no le importa profesor, sujéteme el gazpacho" y a ver qué pasa.

Y pasó lo que tenía que pasar.
Cuando empecé, los historiadores consolidados me miraban con una mezcla de lástima y burla. Me decían que estaba perdiendo el tiempo porque las mujeres científicas no existían, y que si excavaba en los archivos solo encontraría un vacío absoluto.
Consiguió una beca Harvard y así pudo estudiar el panorama. Profundizando tan solo en un libro -el American Men of Science- rescató, escondidas entre las referencias masculinas, las biografías de quinientas mujeres científicas. 500. Qui-ni-en-tas. Y aquí no hay diptongo que valga. Quinientas, de golpe y sin despeinarse. Y de nuevo se vino arriba, esta vez con un coraje y una mala chufa que no hay gazpachera para contener tanta sopa.

Y siguió adelante, vaya que sí. Si cada barrio tiene su loca, primero en Yale y luego en Cornell tenían a la lunática de las científicas quienes en ese momento sonaban un poco a meigas. O sea, que haberlas, haylas pero si preguntabas por ahí te iban a decir que casi que no. Que si eso, un par de Marías y para de contar. En suma, la cantinela oficial, erre que erre.

Por lo tanto, no es de extrañar que sus investigaciones, dado el poco interés que despertaron, se pusieran cuesta arriba. Algún rechazo, tibieza en las comunidades tanto científicas como históricas, años de profesora sin plaza fija y sin medios para seguir con lo suyo. En fin, que era como para quitarle las ganas a cualquiera. De hecho, fue un tiempo en el que ella misma decía sentirse como algunas de las mujeres sobre las que escribía. Se sentía como un disco de 78 rpm en un mundo de 33.

Pero a su puerta tocó esa extraña ánima que a veces se digna en cruzarse en nuestro camino -mitad constancia mitad suerte- y tras conseguir una beca Guggenheim, volvió a tener algo de estabilidad para centrarse en sus trabajos. Y el fruto de esos meses de investigación vio la luz en 1982 tras publicar el primer volumen de Women Scientists in America. Bravo Margaret. Menos mal que no te rendiste. 
Y todo cambia de golpe. Críticas positivas en el New York Times, Nature y Science. Más becas, la ansiada cátedra y más tiempo para publicar artículos que hablan de ellas. Es en 1993 cuando publica un artículo donde acuña por primera vez el concepto Efecto Matilda. 
Efecto Matilda
Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
¿Y por qué Matilda? Por la reina entre las reinas: Matilda Joslyn Gage. Qué mujerona, por dios. Este blog tiene una deuda con Doña Joslyn y prometo concederle una receta honorífica muy pronto porque su vida es de lo más apasionante. Todas las mujeres de este planeta -e incluso marcianas- deberíamos conocer su vida, obra y milagros. Porque ella es el modelo a seguir, es la constancia, el pensamiento. Es el catecismo de la igualdad, de la libertad. No solo por su lucha a favor de las mujeres; también por la libertad de los esclavos, por los feminicidios de las "quemas de brujas" y por supuesto, por los nativos americanos de los que aprendió mucho conviviendo con los Haudenosaunee. Grande y única que fue borrada de la historia americana por ser extremadamente incómoda.

Y de aquí en adelante, la vida de Margaret -hasta su muerte a los 81 años- transcurrió de premio en premio y reconocimientos a su trabajo. Porque antes del Women Scientists in America, solo se hablaba de las dos Marías y ella sola evidenció con datos, hechos y referencias probadas, que existía un sesgo sistémico perfectamente demostrable. Gracias a sus tres tomos de Matildas, los historiadores de los 90 empezaron a revisar los archivos de sus propias universidades, encontrando más y más Matildas por todas partes.
El Efecto Matilda no es una percepción subjetiva; es un patrón histórico medible. Consiste en la agresión silenciosa de aceptar el trabajo de una mujer, asimilarlo en el laboratorio y, a la hora de imprimir los créditos, transferir el honor al colega varón más cercano.
Desde entonces, los historiadores científicos no han parado de cuestionar las versiones oficiales y están consiguiendo que se reescriban como es debido. Las pruebas reunidas por Margaret son irrefutables. Porque una cosa son hechos y otra opinión. Porque el suyo es un trabajo tan pulcro, tan sólido, que las instituciones gubernamentales y las universidades se vieron arrastradas por el Efecto Matilda reasignando cátedras, financiación y reconocimientos.

Aparte del trabajazo tan impecable de investigación que realizó, lo que consiguió Margaret fue dar marco académico a la desmemoria, a hechos que antes fueron difusos e invisibles. Y eso fue rabiosamente poderoso porque cuando un fenómeno tiene nombre, existe. Se vuelve real, palpable, se puede citar, debatir y por supuesto, es denunciable. Antes del Efecto Matilda no existía vocabulario ni contexto para reflexionar sobre el patrón del menosprecio científico.

Es más. Yo diría que fue el Efecto Margaret el que cambió la ciencia, para bien y para siempre.
Las universidades llevaban décadas diciendo que no contrataban a mujeres científicas porque no había candidatas cualificadas. Mi trabajo demostró que las candidatas estaban allí, trabajando en los sótanos, cobrando la mitad y firmando como asistentes de hombres que sabían menos que ellas.
Esta sopa fría es el Efecto Matilda hecho alimento. Las gotas de remolacha salpicando la superficie representan la rabia y la indignación frente al menosprecio. Son gotitas incómodas, que muerden el ojo y desafían lo establecido. Pero al meter la cuchara y saborear este gazpacho de espárragos, descubres que, al igual que las investigaciones de Margaret, la genialidad no necesita el aplauso de la pajarita de lunares ni grandes presupuestos para sostenerse. Es un plato pulcro, incontestable y cargado de una memoria tan sólida que es imposible de ignorar. E imposible de olvidar.
Ingredientes (para 1 litro):
  • 200gr. de espárrago blanco
  • 1 rebanada de pan de sandwich
  • 50gr. de almendras
  • 1/2 pepino 
  • 1/2  manzana
  • 1 diente de ajo
  • 150ml. de agua
  • Hielo
  • Sal a tu gusto
  • Vinagre de vino
  • Aceite de oliva
  • Decoración: aromáticas frescas y un poquito de zumo de remolacha.

Preparación:
  1. Pon todos los ingredientes menos el hielo, en el vaso de la trituradora. Licua, corrige de sal y añade hielo.
  2. Sirve bien fresco con unas aromáticas frescas por encima y un chorrito de zumo de remolacha que le aporta un punto muy especial.

Ensalada Eunice de brócoli

junio 09, 2026
Estamos en 2011, en Oklahoma. En concreto en la residencia de Ray y Jana. El matrimonio es muy aficionado a los libros divulgativos antiguos. Desde que Ray se jubiló, se pasean con más frecuencia por ferias y librerías buscando revistas y manuales científicos del siglo XIX. Y así, un poco a lo tonto, es como se hacen con un tomo del Annual of Scientific Discovery de 1857 y se topan con la manzana de Newton del cambio climático. 

Nuestra Newton es Eunice Newton Foote que, agárrate los machos, descubrió el efecto invernadero experimentando con cilindros de cristal expuestos al sol. Trasteando con esto y con lo otro -no me pidas detalles que me desmontas- se dio cuenta de que el dióxido de carbono y el aire húmedo retenían muchísimo más el calor que el aire normal. Concluyó que, si la atmósfera tuviera más de ese gas, la Tierra se calentaría notablemente.
Una atmósfera de ese gas podría darle a nuestra Tierra una elevada temperatura; y como algunos suponen, en algún periodo de su historia, el aire estuvo mezclado en éste en una proporción mayor que la actual, con lo que debería haber resultado necesariamente un incremento de la temperatura provocada por su propia acción y por el aumento del peso del aire
154 años desde que Eunice publicó su estudio sobre el calentamiento global y nadie, absolutamente nadie, había hablado de ella. Ni una universidad, ni un Nobel, ni un doctorado en una universidad de segunda fila. 154 años han sido necesarios para que un geólogo petrolero de Tulsa -amante de ejemplares viejunos que no solo compra sino que también lee- comprendiera la trascendencia del estudio de Eunice Newton e inmediatamente supo que tenía que hablar de ello. Publicó en una revista su hallazgo y la comunidad científica se quedó a por brócoli. O algo peor.
Efecto Matilda Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
Porque el padre del efecto invernadero publicó su primer estudio tres años después de Eunice... malo. Y ese estudio comenzaba de esta guisa: "Nada, hasta donde yo sé, se ha publicado sobre la transmisión de calor radiante a través de cuerpos gaseosos"... malo. Y ese padrecito del calentamiento, pues como que no leía estudios de lo suyo ni tampoco ningún colega cercano -de la Royal Society, por ejemplo- que le hubiera podido comentar algo así como: "Oye, John, una mujer en Nueva York ha estado metiendo CO2 en tubos y dice que aquello se calienta una barbaridad". Pues como que no... malo.
Y digo esto porque ahora hay mucho por ahí fuera justificando que el bueno de John Tyndall no sabía nada de los experimentos de Eunice porque no han encontrado la prueba del delito. Vaya, que no hay ninguna nota que diga "Yo, John Tyndall, estando más perdido que Adán en el Día de la Madre, después de dedicar mucho tiempo e instrumental carísimo en medir a lo tonto gases como el oxígeno y el hidrógeno sin obtener ni un solo resultado y viéndome en un callejón sin salida, tuve a bien leer el estudio de una aficionada comprendiendo que la madre del cordero estaba en el dióxido de carbono y el vapor de agua".

Porque eso es lo que hizo ella. Eunice Foote, con cuatro botes de cristal al sol en su jardín, describió en su artículo que el oxígeno y el hidrógeno no aumentaban la temperatura, pero que el gas que se calentaba de forma requetesalvaje era el ácido carbónico. Pero claro, qué iba a saber ella que ni pudo presentar su propio descubrimiento ya que en los congresos científicos las mujeres no siempre eran bien recibidas -o cuando menos se montaba guasa en sus exposiciones- y tuvo que ser un varón de pelo en pecho quien acudiera al rescate y lo leyera en su nombre. 

Y aquí querido lector, dejo este brote de cinismo y si me equivoco en mis insinuaciones que me perdone el espíritu de John Tyndall pero esta grandiosa mujer huele a Matilda a la legua. Porque el patrón y el modus operandi es el clásico sin saltarse ni una coma. Porque yo aquí veo lo de siempre; ese proceso sistemático por el cual una mujer realiza el trabajo, encuentra la respuesta correcta, lo deja por escrito y el colega masculino absorbe el hallazgo, se lleva los honores y la comunidad científica en bloque barre el rastro y lo esconde bajo la alfombra.  

Es increíble que a la sociedad le haya costado tanto admitir el talento femenino. Teniendo pruebas. Teniendo los datos.  Mira hasta qué punto: el estudio de Eunice llegó a Europa y se publicaron dos breves resúmenes. Uno en Escocia y otro en Alemania. El redactor escocés fue tan incapaz de concebir que una mujer hubiera hecho ese descubrimiento que le atribuyó el mérito al maridito. El alemán, por su parte, recortó y copió los datos pero eliminó por completo la conclusión sobre la atmósfera y el clima. Mutiló su hallazgo sin pestañear.

Pero nunca es tarde si la dicha es buena así que voy a poner los puntos sobre las íes que ya va haciendo falta. Te voy a contar todo lo que he aprendido de Eunice Foote, de soltera Newton. Esta es su historia.

Nace en Connecticut y se cría en Bloomfield, Nueva York, que en esa época fue un foco de activismo social muy volcado en el abolicionismo y los derechos de la mujer.  Esto es muy importante de señalar. Luego verás el porqué. Sigamos: se educa en el Troy Female Seminary  fundado por la feminista Emma Willard. Allí descubre su amor por la química, astronomía y meteorología. En el Rensselaer School, aprende experimentación práctica de laboratorio. ¿Aficionada?

Tuvo la suerte de casarse con Elisha Foote Jr., un abogado, juez e inventor que fue el compañero de vida perfecto para poder seguir cultivando sus experimentos e ideas. Se mudaron a Seneca Falls en Nueva York y allí asiste a la famosa Convención de Seneca Falls, la primera gran quedada pro derechos de las mujeres. Junto a su esposo firma la Declaración de Sentimientos, un documento clave para el sufragio femenino firmado por 68 mujeres y 32 hombres. Se convirtieron sin saberlo en referentes de una lucha que a día de hoy, siglo y medio después, continúa peleando la igualdad de derechos.

Ella, aunque fue ninguneada por la comunidad científica, fue una investigadora e inventora fantástica: además de ser la jefaza de hecho del efecto invernadero, presentó un segundo estudio sobre la electricidad estática en gases, patentó una máquina y un proceso para mejorar el rendimiento de los patines de hielo consiguiendo que fueran más ligeros y otra patente más por mejoras técnicas en las máquinas de fabricación de papel para conseguir que fuera más fino y de mayor calidad.

Y murió, normal. Era humana. Y las instituciones científicas siguieron ninguneando su primer artículo de física, que mira por dónde, resultó además ser el primero publicado por una mujer en una revista científica de los Estados Unidos bajo su propio nombre. ¿Y cómo pudo pasar?

A saber. Puede que al haber sido una notable activista pro derechos civiles, de las primeras encima, la causa pro igualdad se haya podido cegar con su contribución social y legal pero sin escarbar más allá ignorando sus muchos logros. Solo se me puede ocurrir otro motivo.

En cualquier caso, el engranaje de la invisibilización funcionó a la perfección con Eunice. La condescendencia de una comunidad científica internacional que ha expoliado sistemáticamente el talento femenino, queda completamente al descubierto en el caso Eunice. ¿Cómo es posible que solo haya sido una anécdota para la ciencia durante tantísimos años? 
Ingredientes:
  • 1-2 pellas de brócoli (depende del tamaño)
  • 2-3 zanahorias
  • 1 manzana
  • 10-12 palitos de surimi
  • un puñado de cranberries y/o pasas
  • Aliño: 2 cdtas. de mostaza amarilla, 2 cdas. de sirope de arce, vinagre de vino rosso, sal de especias a tu gusto, pimienta y aceite de oliva)
  • Por encima: unas semillas y/o nueces picadas a tu gusto

Preparación:
  1. Lava el brócoli y pica muy fino. Reserva los tallos para una crema de verduras, por ejemplo.
  2. Ralla las zanahorias y corta la manzana en trocitos. Lo mismo con los palitos de surimi.
  3. Prepara el aliño, lo agitas bien y montas la ensalada.

Crema Mary Agnes de naranjas con azahar

abril 23, 2026
Efecto Matilda
Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
Mary Agnes inquebrantable Chace

Nuestra Matilda de hoy tuvo una niñez realmente dura. El padre era una mala bestia que terminó moliendo a palos a uno de sus hijos, de 11 añitos, y la gente del lugar, indignada por la muerte del pequeño, linchó al canalla hasta la muerte. Su madre y sus seis hijos, se mudaron a Chicago, donde vivieron malamente en casa de su abuela. Ella dejó de estudiar muy pronto para ayudar a la manutención familiar. Aun así, por las noches, sacaba tiempo para el estudio. Ese espíritu inexorable ya apuntaba maneras.

Mary Agnes no permitió que las tragedias la marcaran como víctima. Supongo que en aquella época no había tiempo para victimismos. En cualquier caso, se forjó a sí misma convirtiéndose en una gran luchadora que abrió camino a muchas otras desde el activismo, la solidaridad y el conocimiento. Es posible que al haberse criado en un entorno de mujeres fuertes que sacaron adelante a la familia en las condiciones más adversas fuera, sin duda, la semilla de su activismo. Aprendió en casa que las mujeres unidas podían sostener el mundo, incluso cuando este se empeñaba en maltratarlas, ignorarlas y ningunearlas.

Se casó en 1888 con William Ingraham Chase, un editor de periódicos con quien compartía sus intereses intelectuales. Pero apenas un año después, William murió, dejándola viuda con solo 20 años y con las deudas del negocio a cuestas. Se refugió aún más en su madre y su abuela. De ahí posiblemente, nació su convicción de que las mujeres debían apoyarse entre sí, y fue esta certeza lo que años más tarde la llevaría a fundar  la Casa Contenta para que ninguna joven científica tuviera que pasar por las penurias que ella pasó. Pero sigamos.

Corre el año 1898 y Mary Agnes trabajaba en todo cuanto podía. En sus ratos libres se dedicaba a recolectar plantas por pura afición en las zonas pantanosas cercanas a Chicago. En una de sus excursiones, se cruzó con el Reverendo Ellsworth Jerome Hill, un botánico retirado especializado en musgos que, al ver sus dibujos tan bonitos y minuciosos, quedó impresionado por su talento. Así que el buen hombre se convirtió en su mentor y le propuso un trato: él le daría lecciones de botánica y uso del microscopio si ella ilustraba sus publicaciones científicas.
Y de aquí en adelante, ya todo fue estudio y dedicación. El microscopio le abrió un mundo en miniatura donde ver las flores de las gramíneas que su abuela decía que no existían. Aprendió a diseccionar espigas diminutas y a captar todos esos detalles que el ojo no alcanza. Gracias a su nueva maestría con las lentes, consiguió su primer empleo profesional a tiempo completo... no te lo pierdas: como inspectora de carne en los mataderos de Chicago. Usaba el microscopio para detectar parásitos y asegurar la calidad de la carne, un trabajo duro con el que pudo mejorar la vida de los suyos.

Su situación fue mejorando y cada vez se especializó más en lo suyo. Gracias a los trabajos que realizó para Hill se forjó una reputación como botánica especializada en pastos, hecho que la llevó a trabajar junto a Albert Hitchcock, primero como mentor y luego como colegas. Junto a Hitchcock trabajó durante décadas para el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, institución que le permitió estudiar y especializarse en pastos pero al mismo tiempo, fue el organismo que más la saboteó y ninguneó.

Le prohibieron participar en expediciones oficiales porque los patrocinadores decían que su presencia "distraería a los hombres". De regreso de una de esas, Hitchcock solicitó que el dinero sobrante, le fuera asignado a ella pero dijeron que requetenones y cito textualmente "Dudo que sea aconsejable contratar los servicios de una mujer para el propósito de la expedición".

Pero esto no la echó para atrás; se financió muchas expediciones ella misma y se valió de la ayuda de misioneras en distintos países de Latinoamérica quienes la acogían y brindaban apoyo a sus trabajos. Eso sí, mira que listucos los del Departamento de agricultura: aunque ella se financiaba de su propio bolsillo con ahorros mínimos casi siempre, los especímenes que documentaba y recolectaba pasaron a ser propiedad del Herbario Nacional. Hala.
"No es que sea valiente, es que no puedo soportar ver cómo se comete una injusticia sin hacer nada."
Así que su activismo social era para ella una necesidad vital. Fue una sufragista radical del grupo de las Silent Sentinels que estuvieron protestando frente a la Casa Blanca durante casi dos años. No gritaban consignas;  se manifestaban en absoluto silencio y sus pancartas eran su única voz. Fue arrestada y encarcelada varias veces e incluso en la cárcel hizo huelgas de hambre. Sufrió malos tratos y torturas por las autoridades. Pobre Agnes, cuántos recuerdos de su infancia debió de padecer. Pero no cedió. Los del Departamento de agricultura la amenazaban con echarla, pero Albert Hitchcock se negaba a ello diciendo que no podía terminar su trabajo sin ella.

Por cierto, Hitchcock y Chase escribieron varios libros juntos aunque su gran legado fue "First Book of Grasses" (1922) que sigue siendo una biblia para los estudiantes de botánica. Fue una de las agrostólogas más destacadas del mundo identificando miles de especies de pastos por medio mundo. Y mira qué ingrata fue la comunidad científica que esperó a que cumpliera los 89 para entregarla un Doctorado Honoris Causa en Ciencias. Este fue su primer y único título universitario.

Pero su gran logro lo obtuvo fuera de su mesa de estudio. Mary Agnes no solo luchó por sí misma. Abrió su casa en Washington, a la que llamó "Casa Contenta" porque quería que fuera un lugar de alegría y resistencia. Tras sus experiencias en la cárcel y los ninguneos en el Departamento de Agricultura, ese hogar se convirtió en su pequeña utopía feminista. Allí se alojaban jóvenes botánicas que no tenían recursos para estudiar o viajar. Fue para estas chicas, la mentora que ella nunca tuvo. 

Mira qué bonito: Mary Agnes no solo recolectaba plantas, también recogía y protegía el talento femenino y esto es lo que la hace tan especial:  no solo fue una Matilda, sino que luchó activamente para que otras no lo fueran. Ole sus naranjas.
"El estudio de las gramíneas me ha dado un propósito, pero la lucha por la justicia me ha dado una vida."
Ingredientes:
  • 150ml. de zumo de naranja
  • 50ml. de zumo de limón
  • Ralladura de naranja y limón a tu gusto
  • 125gr. de azúcar (o eritritol)
  • 3 huevos
  • 1 cda. rasa de maicena
  • 60gr. de mantequilla
  • 1-2 cdas. de agua de azahar

Notas:
  • Esta crema es un falso curd al que le he quitado algo de mantequilla y lo he compensado con un poquito de maicena. 
  • Si no quieres encontrar trocitos de la ralladura en la crema, mi consejo es que no prescindas de ella. Simplemente, pasa la crema con la batidora eléctrica de mano, antes de ponerla al fuego y montarla. 
  • El agua de azahar es un punto muy especial. No lo sacrifiques.
  • En las fotos, he montado la crema en vasitos junto con yogur griego con un par de gotas de estevia. El contraste es maravilloso.

Preparación:
  1. En un vasito, pon algo del zumo y disuelve la maicena. Lo reservas.
  2. Pon en un cazo el azúcar, el zumo, las ralladuras y los huevos. Bate y ponlo a calentar a fuego medio bajo. Cuando rompa a hervir, añade la mezcla con la maicena y sigue removiendo sin parar a fuego lento hasta que vuelva a hervir de nuevo. Lo mantienes como 30 segundos hirviendo y lo apartas del fuego.
  3. Añade la mantequilla y el agua de azahar. Una vez bien integrado, pasas la crema a un bote o recipiente y dejas que enfríe por completo.

Mousse de pistacho con chocolate

enero 30, 2026
Somos capaces de mandar sondas a Júpiter pero no tenemos ni pajolera idea de porqué nos sonrojamos. Y la cosa es curiosa porque somos el único animal en este planeta que tiramos del rubor de puro sin querer. No lo podemos hacer a conciencia, de hecho es completamente involuntario y nos pasa cuando metemos la pata en público, o cuando algo nos da vergüenza o cuando nos cruzamos con el ser humano que nos hace requetechispas en el estómago. 

Si te pillan diciendo una mentira, si haces el ridículo en medio de un sitio público, si se te pilla la falta en la medias cuando sales del baño en una disco - Ains sí, cosas que pasan- pues por lo que sea -la adrenalina está de por medio- los vasos sanguíneos de la cara se dilatan y nos ponemos como tomates. Es lo que hay. 
Lo curioso es que Darwin decía que todas las especies han evolucionado a partir de un antepasado común -lo de la selección natural- así que el sentido común nos dice que habría por algún sitio primates que también se pondrían como fresones al ser pillados con el dedo en la nariz o en sitios más intempestivos. Pero parece que no. Así que, o empezamos a asumir que el Sr. Darwin no lo sabía todo  o  vamos a tener que rebanarnos los sesos para justificar nuestras emociones más allá de la ciencia.

De hecho, se dice que las personas que se ruborizan con facilidad son personas más confiables que las que no se ponen rojas ni con colorete. Si encima eres mujer, pues se considera requete mono porque nos hace más virtuosas a ojos de ciertos varones. Me cuesta creer que un rubor sea producto de la honestidad o la generosidad o la inocencia. Yo con estas cosas siempre pienso que hay gato encerrado. Pero contra más mayor me hago menos ingenua soy y lo mismo me paso de la raya.

Puede que como dijo Mark Twain, somos el único aminal que necesita ruborizarse. Eso me lo creo, puede que hayamos desarrollado este poder por lo que sea, y seguro que son motivos varios, pero vaya, en un mundo que alberga a seres maravillosos, solidarios y amables junto con gentuza y basura humana como ese Greg Bovino, comandante en jefe de la patrulla fronteriza, líder en redadas migratorias -los malditos ICE- y máximo responsable de las muertes de Renee Nicole Good y Alex Pretti a sangre fría, este animal, me dicen que se ruboriza y no me lo creo.  Me niego. Lo mismo que su jefe, el patético señor naranja que está echando abajo la Casa Blanca para hacer un salón de baile tipo Versalles cuando su gente, la que prometió proteger, pierde sus granjas, sus casas y sus pensiones. Y encima se creé en sus delirios que es el salvador del mundo. Manda huevos.

Pues nada. Yo, sin ningún rubor, dedico esta deliciosa mousse a toda la gente maja del mundo; se sonroje o no, qué más da. Lo importante es que las buenas personas resistan en tiempos tan turbios.
Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, el ingrediente a usar es la crema de pistacho. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis. Espero que te gusten.
Ingredientes:

  • 3 hojas de gelatina mojadas en agua
  • 3-4 cdas. de leche caliente para disolver la gelatina
  • 4 huevos
  • 75gr-100gr. de azúcar o eritritol (depende de los golosos)
  • 100gr. de crema de pistacho
  • 200-250ml. de nata  (ver notas)
  • 150gr. de chocolate al 70%
  • 150gr. de leche de coco

Notas:
  • La cantidad de azúcar va a variar por dos razones: primero porque hay cremas de pistacho más dulces que otras y porque no es lo mismo el uso de eritritol (que endulza menos) que el de azúcar común. También, como indico arriba, depende de los golosos de la casa. A mi con 75gr. de eritritol, me ha bastado.
  • Usa menos nata (200ml.) si quieres que la mousse quede más cuajada e intensa de sabor o 250ml. (mi caso) si buscas una consistencia más cremosa y ligera. 
  • Se me iba la luz para las fotos así que la consistencia que ves es de 2 horas de frigorífico. Una vez reposada la mousse el doble de tiempo, estaba más cuajadita. En ambos caso, me gustó mucho.

Preparación:
  1. Remoja las hojas de gelatina en agua y una vez reblandecidas, las disuelves en la leche caliente.
  2. Monta las claras a punto de nieve y reserva.
  3. Bate el azúcar y las yemas al baño maría hasta que tengas una crema ligera (unos 3-4 min.).  Retira del fuego y sin dejar enfriar, añade la crema de pistachos y sigue batiendo. Verás que espesa la crema.
  4. Monta la lata y añade la gelatina disuelta y la crema de pistachos. Bate hasta que la crema esté suave. Añade las claras y bate con suavidad hasta que la crema esté lisa. Reserva.
  5. Derrite el chocolate y lo bates con la leche de coco. Añade un poco, a ojo, de la crema de pistacho (como un 10% de la mousse) al ganache para que quede más cremoso y no se quede muy duro al enfriarse.
  6. Monta los vasos primero con el ganache de chocolate y después con la mousse. Decora a tu gusto con cacao en polvo, pistachos molidos, nata o espuma de leche de coco.

Ensalada andaluza de garbanzos

septiembre 24, 2025
Creo que ya sabéis que soy una "biciclista" urbana desde hace unos 17 años. De diario. Creo que mi niño tenía unos dos años cuando me lo subí conmigo a la bici. Cuando llegó a los 20 kilos -la sillita ya no daba para más kilos- pasó a ser autónomo en su propia bicicleta y así hasta hoy. En cualquier estación, haga frío o calor, para la compra, recados, paseos... lo que se preste. 

Hoy ésto no es ninguna novedad, de hecho es algo aplaudido por mis médicos cuando me ven entrar a la consulta con mi casco colgando, pero en el s. XIX la bici simbolizó mucho más. Cuando empezó a popularizarse, fueron las mujeres las que con más entusiasmo se subieron a las dos ruedas y claro, llegaron los retractores del decoro y las pusieron a bajar de un burro. A muchas les importó un rábano y como los vestidos, volantes y demás parafernalias las incordiaban terriblemente, empezaron a usar pantalones bombachos y eso ya fue el colmo para los más ortodoxos de la moral. 

Las increpaban por la calle, y más de un garrulo las perseguían para zurrarlas. Así que sin buscarlo, la bicicleta se convirtió en un símbolo del movimiento feminista y contra más las criticaban pues con más tesón pedaleaban estas pioneras. Incluso, la comunidad médica, alertaba de las enfermedades que montar en bici producía en las féminas, incluso enfermedades sexuales aunque los razonamientos no tenían nada de doctos, sino morales, al considerarse que el hecho de montar a horcajadas era algo impúdico que podía hacer que nos diera más gustillo del necesario. Toma ya.
Annie Londonderry, conocida así por el nombre de un agua mineral que financió su aventura, se recorrió el mundo en bicicleta. Con un par de ovarios. Y mira lo que son las cosas, su gesta fue olvidada por todos hasta que un bisnieto sacó a la luz su historia creo que en el 2007. Hasta entonces, que si quieres arroz Catalina.

Así pues, no es de extrañar que la bici se convirtiera -y aún lo es- en un símbolo de emancipación femenina, algo que para nosotras en Europa no es tema en absoluto pero que en el resto del mundo sigue siendo tabú o directamente prohibido por la ley. No sé si has visto la bicicleta verde,  una película preciosa pero durilla que cuenta la historia de Wadjda, una nena que desea tener una bicicleta para poder competir con su amigo Abdullah pero que se lo prohíben porque las bicis son un peligro para su dignidad.

A mí lo que me parece indigno es que se nos trate y críe con tanto desprecio. El mundo debería estar orgulloso de sus mujeres. Sin paliativos, con bicis y con garbanzos.  He dicho.

Esta ensalada está basada en esta otra de Estela

Ingredientes:

  • 1 bote de garbanzos cocidos (+- 400gr.)
  • pimientos asados a tu gusto
  • 1 tomate en trocitos menudos
  • un poco de cebolla en trocitos menudos
  • 6 palitos de cangrejo
  • un puñado de langostinos a tu gusto
  • 2 huevos duros
  • Aliño: aceite de oliva virgen, vinagre de Jerez, sal, las yemas de huevo, un poco de pimiento rojo, perejil y algo de cebolla a tu gusto
  • Un puñadito de aceitunas

Preparación:
  1. En un bol, pon los garbanzos y el resto de ingredientes cortados en trocitos menudos. De los huevos, solo añadimos las claras picaditas.
  2. Hacemos el aliño: con ayuda de una picadora o batidora, mezclamos todos los ingredientes cuidando de no triturarlo demasiado para que mantenga la vinagreta cierta textura (un poco a tu gusto).
  3. Mezclamos la ensalada con su aliño y servimos con unas aceitunas a tu gusto por encima.

Pesto de capuchinas

septiembre 04, 2025
¿Hola? ¿Queda alguien ahí que me lea? Lo dudo, la verdad. Pero me da un poco igual, a mí me gusta dejar escrito lo que me ronda. A veces son historietas inventadas fruto de la necesidad que los lectores habituales solemos afinar porque las letras no se disuelven en el cerebro una vez leídas. Qué va, se quedan trasteando hasta que las liberas, bien con verborrea o con la tecla. O con ambas. 

Este blog recoge mi vida desde el 2.009, la infancia de mi hijo pequeño y mis pericias en la vida. Las recetas fueron, primero la excusa de ser este lugar y luego el regalo que acompaña a cada palique. Hace no mucho, al releer recetas antiguas, comprendí que había perdido gran parte de mi alegría. Desde entonces me esfuerzo en volver a ser más yo. Me gusta.

Otra razón más, es que llevo comentando cosas de la vida, algunas feas de mirar de frente, y tomo conciencia de que mucho de lo que pasa hoy ya se veía venir. No ha sido de la noche a la mañana. Se venía cuajando y no hemos sabido parar  despropósitos a tiempo entre otras cosas porque somos especialistas en mirar para otro lado.  Pero hoy no me voy a ir por esos derroteros.  
Hoy no. Hoy he vuelto a abandonar otra red social. Puse en Bluesky algo de esperanza, un comenzar de cero en una red con la experiencia encima de Facebook y Twitter. Pero ná. Todo igual. Ese patrón no nos lo quitamos. A la peña no le interesa el contenido sino liderar a la masa, a la cla. Y yo por ese aro no paso. 

Hace unos días, Bob Pop, plateaba su dilema de si dejar sus RRSS. No dudé en opinar que para nada, que son necesarios personajes públicos como él, los necesitamos para mantener la esperanza, para fantasear con que el cambio a un mundo mejor -por fin- pueda producirse o en el caso de irse todo a la mierda, puedan quedar voces que nos representen.

Pero me hizo pensar. ¿Y tú, Maite? ¿Qué haces aquí? y comprendí que nada. Que mi contenido no interesaba o no lo suficiente para dar por lo menos un mísero like, algo que me hiciera creer que el curro de subir un post, dejar el paso a paso, los ingredientes y link al blog merece la pena. Pero somos así, nos encanta dar likes a los que tienen muchos seguidores posiblemente con la esperanza de llamar su atención y antes muertos que dárselo a un don nadie sin muchos números en su perfil.

Y he decidido que ese modus operandi no me representa. No quiero perder tiempo con esas cacas. Me quedo en Instagram, con pocos seguidores y pocos likes porque no necesito más. Lazos y afectos me unen a cada interacción de ida y vuelta que me aportan y me refuerzan. Y no necesito más. Porque la fama en redes no da la felicidad, solo alimenta egos que ya están borrachos de sobreestima. Y conmigo, que no cuenten.
Hoy receta con flores y hojas de capuchinas o taco de reina, espuela de galán, flor de la sangre, llagas de Cristo, marañuela, mastuerzo de Indias o pelón. cuantos nombres para esta planta tan especial. Preciosa en el huerto o jardín, comestible y con propiedades casi mágicas: sirve para tratar infecciones respiratorias, renales y cutáneas, fortalece el pelo, el sistema inmune y es desintoxicante. Aquí en Austria gusta mucho y con este pesto me he enganchado a echarlo al aliño de las ensaladas, a las rebanadas de pan y a los guisos, porque con una cucharada de este elixir las salsas cogen un sabor fantásticos. 
Ingredientes:
  • 3 cdas. de piñones con anacardos, almendras, nueces...
  • 1-2 diente de ajo 
  • 120ml. de aceite de oliva virgen
  • 60gr. de queso parmesano
  • 40-50gr. de hojas y flores de capuchinas
  • vinagre de vino
  • sal

Notas:
  • Puede hacerse en la licuadora o con un procesador de alimentos. Si no tienes. prueba con la batidora eléctrica. Lo mismo no queda tan picadito pero igual de bueno.

Preparación:
  1. Tritura los frutos secos con el ajo, el aceite de oliva y el parmesano. 
  2. Añade las hojas y flores de capuchina y el vinagre. Tritura hasta que esté todo bien ligado. Rectifica de sal.

Kisir, ensalada turca de bulgur

agosto 26, 2025
Atención chicas, sujetaros que vienen curvas. Y a ustedes, caballeros, decirles que no se me ofendan porque el melón que vamos a abrir ahora mismito aunque parezca una generalización como la copa de un pino, quede por delante que no es mi deseo pluralizar en absoluto porque sé a ciencia cierta y de forma casi empírica que no todos sois iguales pero hay que tener en cuenta que el concepto -y contexto- rueda por ahí fuera y mi mente curiosa hace que me piquen los dedos si no tecleo sobre el tema.

Hala, al grano. Habrás oído mencionar en más de una eso de mansplaning y muy posiblemente no tengas ni idea de lo que es; yo, de hecho, no lo he sabido hasta hace un ratico porque cuando me topaba con la palabreja en redes me daba siempre muchísimo perezón pararme a investigar pero hoy... ¡Ay hoy! parece que hay días y días, y el destino -o mi curiosidad enfermiza- ha querido que me haya enredado en leer cosillas sobre el tema y mira, me he reído lo suyo. 
Y ahora sí que sí, al grano. No me demoro más y me pongo a cortar tajadas antes que el melón se nos pase: Hay una autora estadounidense -Rebecca Solnit- que además de escribir sobre un montón de temas super interesantes, en 2014 publicó un libro llamado Los hombres me explican cosas. El libro arranca con una anécdota graciosa cuando ella y una amiga acuden a una fiesta en Aspen y allí conoce al anfitrión, un señor muy rico, imponente y condescendiente, que lo cortés no está reñido con lo valiente, y a la que le pregunta qué tipo de libros escribe, hila sobre un libro increíble  pasando por completo del hecho de que era la autora, y por mucho que su amiga Sally le apuntaba "Ese es su libro" siempre que podía meter baza, el Sr. Muy Importante -así le llama Rebecca-  tiró pa'lante con su conferencia de experto y mira por donde, al final resultó que ni siquiera lo había leído; toda esa pedantería la afiló a partir de una reseña del New York Times. Con un par.

Y sobre eso, va el libro. No todo pero esto es lo que ha trascendido: esa manía de algunos hombres de dar por hecho que siempre van a saber más que una mujer aunque ellos no sepan casi nada y ellas sean expertas de la leche. Y ese paternalismo o condescendencia, a veces se expresa de manera muy... no sé si decir ofensiva o grotesca o incluso despectiva porque por lo que sea, algunos hombres -esos hombres, no los otros- llevan mal que las mujeres sepan cosas.
Y claro, la gente empezó a echar chispas. Un montón de hombres se ofendieron -llevo leídos comentarios de unos cuantos y sus argumentos son de chiste- y otros, bajo el paraguas del feminismo le dieron el nombre de mansplaning: man (hombre) y explaining (explicar). Solnit ha salido varias veces al paso dejando claro que ella no comulga con el término y que el ensayo lo que pretende es dejar en evidencia la persistente desigualdad entre mujeres y hombres y cuenta historias reales de cómo los hombres muestran una autoridad que no se han ganado, y las mujeres de forma casi instintiva aceptamos eso sin cuestionar nada. Porque realmente se trata de un patrón de conducta que está bien extendido y que todos identificamos claramente. 

A mí no hace mucho, un señor random -por no matizar- me estuvo explicando mi cambio hormonal. No me preguntó por mi proceso y cuando intentaba participar del mono-debate, me cortaba por lo sano. Y es verdad que para no liarla, dejé que me tomara por el pito de un sereno porque al fin y al cabo, las batallas hay que elegirlas muy pero que muy bien porque son agotadoras y da mucha fatiga entrar en ciertas polémicas chorras. Pero que tiene tela el tema... pues sí, lo tiene.

Y tú, ¿recuerdas alguna anécdota de señores que explican cosas? que no me entere yo que pasas por aquí sin contarnos algún chascarrillo :-)
A las abuelas, a las que luchan
por la igualdad de derechos,
a las soñadoras,
a los hombres que lo entienden,
a las jóvenes que continúan con la lucha,
a las más mayores que abrieron el camino,
a las conversaciones sin fin y a un mundo
que permitirá que Ella Nachimovitz
(nacida en enero de 2014)
se desarrolle para vivir
plenamente su vida.
Dedicatoria de Los Hombres me explican cosas
Ingredientes para 4:
  • 500gr. de bulgur
  • agua para el bulgur
  • 1 cebolla
  • 1-2 dientes de ajo
  • 2-3 cdas. de concentrado de tomate
  • 1-2 cdas. de Harissa o concentrado de pimiento
  • Baharat (o comino en polvo)
  • 2 tomates
  • 1 pimiento mediano
  • Cebolleta a tu gusto
  • perejil a tu gusto
  • aliño: aceite de oliva, sal y limón
  • Melaza de granada (yo usé de dátiles)
  • para decorar: pepino y/o granos de granada en temporada

Preparación:
  1. Para preparar el bulgur: lo hago igual que el couscous. Ponlo en un recipiente con tapa y le añades agua hirviendo hasta cubrirlo bien. Tapas y deja que absorba el agua. Después de unos minutos lo mueves y lo pruebas. Si está algo duro, echa algo más de agua hirviendo y vuelve a tapar hasta que absorba toda la humedad. Es mejor quedarse corto de agua que no al revés. Una vez a tu gusto, lo salas y reservas.
  2. En una sartén saltea la cebolla y el ajo cortado en fino. Añade la pasta de pimiento, de tomate y las especias. Lo ligas bien y se lo añades al bulgur.
  3. Corta la cebollera, el tomate y el pimiento en trocitos menudos y lo añades al bulgur. Prepara el aliño con un poquito de melaza y se lo añades. 
  4. Termina con el perejil, rodajas de pepino y/o granos de granada en temporada. Puedes servir fría o templada.


Causa limeña de atún

agosto 09, 2025
Hay amores que en la literatura y el cine funcionan fenomenal pero que si los desgranas, o simplemente reflexionas sobre ellos, ves al primer plumazo lo mal que gestionamos el concepto romántico o aquello de "el amor de tu vida". Lo primero, porque nos han aleccionado durante siglos a creer que el amor verdadero es el que dura toda la vida. A ver, a ver, seamos francos; nos casaban a la fuerza, coila, que no nos dejaban elegir así que no quedaba otra que llenar la cabeza de las jovencitas con cuento de hadas y príncipes azules porque no había otra forma de engañar a las chicas casaderas en ciernes. 

Yo nunca he entendido, por ejemplo, donde está el romanticismo en las obras de Jane Austen -ojo, sus novelas, no las películas que se han hecho sobre sus libros- porque es una crítica social tremenda pero claro, pasa desapercibida la injusticia de que las mujeres no pudieran heredar quedando completamente desahuciadas a la espera que alguna de las hijas hiciera un buen casamiento; o las sobrinas venidas a menos en las buenas familias que solo valían para ser damas de compañía y era escandaloso que optaran a un buen matrimonio y menos por amor, claro, y eso que la Austen era muy positiva con sus finales.
Y seguimos con las mismas. Hay una saga literaria, After, donde el prota malote hace una apuesta con su panda para cepillar y desvirgar a la prota y zas, se enamoran y ya todo es música de violines. ¡Venga, hombre! ese tipo es un miserable perverso, inmaduro sí, pero miserable y de escaso calado moral. Y ahí está, como el icono de Romeo o de Don Juan... Así que, con esta mentalidad ¿Qué puede salir mal?

Pues muchas cosas más. A la toxicidad romántica que justifica celos, posesión y manipulación, añade el mundo WhatsApp a las relaciones. He oído que empieza a ser muy común que las parejas tengan que compartirse todo el día -y la noche- la ubicación y dejar de hacerlo, es motivo de super bronca o algo peor. los motivos para justificar ésto son los típicos: es que si no me preocupo, es para saber cuando llegas a casa, etc. Pero pobre de ti como no entres en este berenjenal. Y ésto no es todo, amigos: "Oye, ¿no me dices nada?" "¿Hola? ¿Hey? ¿Hoooola? ¿Holaaaa? ¿Estás ahí?" y pobre de ti como estés en línea y no contestes al segundo, o que se quede un mensaje en leídos o "¿Con quién estás?", "Mándame una foto para saber cómo estás"... en fin, seguro que sabrás muchas más de estas tretas inmundas que para nada reflejan amor sino posesión, celos y desconfianza.  

Y luego, cuando intentas ser sensato y de paso marcar los límites, -en esas intentonas por hablar como gente civilizada-, te encuentras de cara ante un proceso de victimización que no hay quién lo digiera porque para salir de una relación tóxica hay que poner pies en polvorosa. Intentar identificar los problemas con un tóxico es misión imposible. Todo lo que digas será usado para hacerte luz de gas. Porque en este tipo de relaciones se aguanta lo que no está escrito y más, pero nunca revierten. No se llega a ese punto necesario de pensar "Oye, lo mismo tengo que trabajar estos asuntillos" porque se niega siempre la mayor porque la situación está viciada desde el principio. No hay manera de cambiar ciertos hábitos. Por lo menos, yo no conozco ninguna relación que lo haya conseguido a largo plazo. El que es celoso lo es machaconamente para toda la vida. El que es posesivo lo es para siempre. Por lo menos, eso es lo que veo. Ojalá me equivoque. 
Lo bueno de todo esto, es que si en una movida de estás se te infla el papo, puedes optar al bloqueo general y mira, aquí paz. Y si te busca y te acosa ya no es una aventura del copón pedir una orden de alejamiento. Ya es triste tener que llegar a esto pero mira, me viene una reflexión que hizo un señor argentino sobre su ex quien le ha puteado sin piedad hasta unos límites grotescos: decía que mirando atrás, no conseguía recordar los sentimientos que le llevaron a jurarle amor eterno en el altar, a decidir compartir su vida con ella y tener a sus tres hijos... por más que intentaba recordar, no podía entenderlo.

Así que gente bonita: no os desgastéis con esas parejas que os dicen que os quieren tanto que pierden la cabeza... no, no, la cabeza ya estaría mal amueblada de serie. El autentico amor, debería soltar y dejar volar cuando detectes ya no tanto que alguien te hace mal, que eso es fácil: es saber cuando tú haces mal a alguien que quieres y por puro compromiso emocional, deberías soltar rienda y si se tercia y lo tienes que dejar volar, pues que sea. El abuso emocional es una mierda como la copa de un pino. O  más.

Somos más bonitos siendo libres para amar y para dejar de hacerlo.
Ingredientes para 4 raciones:
  • 800gr. de papa amarilla (o la que tengas)
  • 2-3 cdas. de pasta de ají amarillo 
  • limón
Para el relleno de atún:
  • 200gr. de atún
  • algo de cebolla picada a tu gusto
  • mayonesa casera y suave (rebajada con yogur)
  • limón y perejil
  • sal y pimienta
  • 1 palta (aguacate)
Salsa de ají amarillo:
  • 2-3 cdas. de mayonesa
  • 1-2 cdas. de yogur
  • limón a tu gusto
  • sal y pimienta
  • 2 cdas. de pasta de ají amarillo
  • opcional: salsa worcester
Para decorar:
  • 1 huevo duro
  • tomates cherry
  • perejil
  • mayonesa
  • salsa de ají amarillo
  • unos copos de ají rojo

Preparación:
  1. Cuece las patatas hasta que estén tiernas, las pelas y las machacas con las pasta de ají, el limón a tu gusto, sal y pimienta. reservas.
  2. Mezcla el atún con cebolla picada a tu gusto, mayonesa, limón, perejil y sal y pimienta. Reserva.
  3. Pela el aguacate y lo cortas en rodajas finas. Reserva.
  4. Puedes montar en un molde de plum-cake, en una fuente de pírex o individualmente con un aro de emplatar. Empieza con una capa de papa, luego de atún, otra de aguacate y termina con otra de papa.
  5. Adorna con un poco de mayo, el huevo, los tomates y buen chorro de salsa de ají y perejil.

Sangría de vino blanco

agosto 06, 2025
Quien siga y lea regularmente este blog, sabrá que la dueña del local es muy dada a las reflexiones psicológicas algo que me ha atraído siempre mucho pero ya no tanto por su lado científico o divulgativo sino más bien por el humano; por aquello de saber más de mí y de las personas que me rodean; incluso, hasta para saber sobre mi gato y sobre las dos super arañas que viven y crían en la caseta de las bicis.

Me gusta que se hable sobre cosas de la mente y del alma más allá de un catecismo que es lo que este mundo nuestro ha masticado por los siglos de los siglos. Está fantástica la visibilidad que hoy se da a un montón de conductas, enfermedades y síndromes que han ayudado a eliminar estigmas y a aceptar con normalidad y sin rechazos a gran parte de la sociedad que hasta hace muy poco eran tratados como frikis circenses o algo peor.

Me gusta saber más de mí misma y de mi interactuación con el mundo que me rodea, primero por curiosidad aunque principalmente porque quiero ser mejor persona y a ser posible, me gustaría detectar mis averías a tiempo, cosa que aun no he logrado acumular una buena estadística que me acredite como dueña de una versión mejorada de mí misma. Bueno, estoy en ello.
Pero tela marinera con lo que tengo que leer. Hay por ahí pululando cada vertedero de residuos tóxicos que es para fliparlo en colores sin necesidad de acudir a los psicofármacos. Lo último que ha caído sobre mis ojos, es un artículo que explica a fondo el fenómeno "the ick" que traducido literalmente significa el fenómeno del asco. Es bien simple: conoces a alguien, te chifla, estás que supuras jarabe de frambuesas por todos tus poros y ¡zas! en un visto y no visto le coges un ascazo mortal. 

A ver, yo he conocido gente -sobre todo en mi más tierna juventud- que le pasaban estas cosas pero siempre las he etiquetado de inmadurez emocional pura y dura, sin más remiendos. Este artículo, que lo tacha de apagón emocional, lo explica recurriendo a varios motivos: química y feromonas (puede ser), proyección de inseguridades (pues lo dicho antes, inmadurez), ansiedad o miedo a la intimidad (a ver, de qué estamos hablando gente) y -agárrate los machos- factores evolutivos. Toma ya. Y sin despeinarse. Cito textualmente:  Rasgos que asociamos inconscientemente con mala salud, baja higiene o debilidad pueden provocar rechazo. Por ejemplo, algo tan trivial como unos labios agrietados puede activar una alarma inconsciente sobre “mala salud” o “falta de cuidado”.

Pero no hay de qué preocuparse porque si sientes asco por alguien, te viene bien porque te ayuda a conocerte mejor. Ea. Te juro que a veces dudo mucho del prójimo. De verdad que se me hielan las entrañas con estas bobadas que dan rienda suelta al infantilismo social en un momento como éste, donde el ombligocentrismo es la reina del baile y ahora cualquiera se viene arriba y saca de paseo a su narcisismo, a veces con soserías y otras con histrionismos galopantes y casi siempre, si he de ser sincera, yo solo siento vergüenza ajena... en serio que yo que sé. 

Así que vengo con un elixir antiñoños, con alcohol, qué se le va a hacer, es lo que tiene el vino y sin abusar de él uno se lo puede pasar en grande. Esta sangría es de Estela, del blog La cocina de Estela y aunque no he hecho su receta al pie de la letra, en serio que es un lujazo de sangría. La he simplificado, añadiendo las frutas en trozos más grandes en plan macedonia y macerando menos la fruta. Invité a mis vecinos, quienes rápidamente sacaron las cucharas y rindieron cuentas hasta del último trocito de fruta. Eso ya me lo sabía yo, anda que no nos conocemos a estas alturas :-)
Ingredientes para una jarra de 1 litro
  • 1 manzana
  • 1 plátano
  • 1-2 melocotón o nectarina
  • 1 limón
  • Vino blanco
  • 7up
  • Unas gotas de Stevia 
  • Hielo
  • Unas grosellas congeladas (opcional)

Preparación:
  1. Corta la fruta como para hacer ensalada de frutas y la colocas en la jarra. El limón lo añades sin pelar y cortando las rodajas en cuatros trozos.
  2. Añade vino hasta la mitad de la jarra y deja enfriar una 1/2 hora en el refrigerador.
  3. Añade 7up muy frío hasta llenar la jarra.
  4. Sirve en vasos con hielo, unas grosellas congeladas y fruta al gusto.
 
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