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Bonatillo cremoso con leche de coco

mayo 13, 2026
Es posible que la protagonista de nuestro bonatillo cubano se llamara Henriette Faber. O no. Ya que nadie lo sabe a ciencia cierta porque se hizo llamar Enrique Favez y cuando fue descubierta, se identificó como Enriqueta. Su historia es increíble de principio a fin y es por eso que te voy a dar el boniato con este ser tan brutalmente honesto que tuvo que recurrir al engaño una y otra vez para vivir su vida tal y como le apetecía pasando por encima del mundo como un trolebús. Pero, vamos a contarlo bien desde el principio.

Nació en una familia aburguesada con pudientes de Lausana, en Suiza. Como quedó huérfana de niña, fue su tío Enrique, el barón de Aviver y coronel del ejército francés quien se encargó de ella. Y no era una niña corriente, eso saltaba a la vista; aventurera, soñadora y con ademanes más propios de un muchacho que de una señorita de su clase social. 
Desde mi infancia me costó mucho asumir las costumbres de las mujeres. Mi tío, por eso, procuró casarme con el fin de atraerme al verdadero modal de una mujer, pero esto sólo lo hice para dar gusto a mi tío, al cual le pedí a cambio que me llevase consigo a la guerra.
Y con 15 años se casó con Jean Baptiste Renaud , oficial del mismo regimiento que su tío con la condición de acompañarles e ir con ellos a la campaña de Alemania. En batalla vio actuar a los doctores y debió de quedar "tocada" por la vocación de salvar vidas.  Poco más de un año después y embarazada de su única hija -quien tan solo vivió ocho días- quedó viuda.

Y se fue sola a París a aprender a hacer lo que ya había visto tantas veces después de cada batalla. Tenía claro lo que quería y tenía claro lo que el mundo no le iba a permitir ser solo por ser mujer. Así que, muy posiblemente con la complicidad de su tío que ni decía ni desdecía, se convirtió en el estudiante Enrique Favez.
Deseosa de ganarme la vida por mi propio esfuerzo y convencida de que, como mujer, solo tenía en aquellos tiempos dos caminos a seguir: el matrimonio o la prostitución, me vestí de hombre y me puse a estudiar cirugía, con el intento de socorrer a los necesitados.
Tras estudiar medicina en la Sorbona y con tan solo 20 años, pasó a ser oficial médico cirujano en el Regimiento de Cazadores número 21, el mismo en el que sirvió su difunto marido. Y como era de esperar, en la campaña rusa de 1812 se reencontró con su tío quien guardó el secreto de su identidad. 

Ambos sirvieron también en la campaña española donde el coronel pierde la vida y ella es capturada en Vitoria por las tropas de Wellington. Fue confinada en el Convento de San Francisco de Miranda del Ebro cumpliendo servicios médicos y no hay constancia que su identidad fuera descubierta. Y de haberse sabido, se pasó por alto su "irregular" condición en favor a los servicios prestados en heridos y enfermos porque hay auxilios dignos de salvaguardar y más en guerra. Y esta no fue la primera vez que un convento hacía la vista gorda. 

Una vez terminada la guerra, sin familia y sin derrotero fijo, partió rumbo a Santiago de Cuba a bordo de La Helvecia y de allí se asentó en Baracoa.
Sin mudar de traje, así vestida de hombre como estaba acostumbrada y bien hallada en libertad, porque vestida así podía ejercer mi profesión y fortuna, sin idea de hacerle mal a nadie y más bien con la idea de socorrer con mi oficio a los necesitados, como lo he hecho siempre.
Y sin pretenderlo, se convirtió en uno de los poquísimos cirujanos titulados de la región. Atendía a ricos y pobres sin hacer excepción alguna; a esclavos, libertos, enseñaba a leer y escribir; no se le caían los anillos si tenía que recorrer largas distancias auxiliando  a los más olvidados. Y como es de suponer, porque la gente para estas cosas es muy agradecida, se ganó el respeto y el afecto de todo el pueblo que lo trataba de santo. 

En estas estaba, cuando conoció al amor de su vida Juana, una joven pobre, huérfana y tuberculosa. Y se enamoró a rabiar, vaya que sí. Y se casaron, y no me cabe duda que se amaron, se respetaron y escondieron su engaño. Y Juana recobró la salud. Y fueron felices. Por lo menos hasta que una lavandera descubre que el doctor es una mujer y le va con el cuento al tío de Juana que las denuncia. Y comienza la locura.
Mi vida se funda en un terrible secreto, que en estos momentos no puedo revelarle; quizás lo haga más tarde, pero al presente es imposible. Si usted se casara de verdad, como las demás mujeres, muy pronto sucumbiría. Mi temperamento frío como el mármol, no necesita de las fuertes impresiones del [...posiblemente esta parte fue censura...] ante el mundo seremos dos esposos, pero en la intimidad matrimonial solo dos amigos.
Rosa Suárez, de profesión lavandera, entró en la habitación donde encontró a Enriqueta supuestamente con una cruda monumental y con la camisa desabotonada. Y aunque lo que vio la dejó sin palabras, la lengua después se le soltó de lo lindo porque no paró hasta contarle el chisme a todo quisque. El tío de Juana, que hasta ese momento nunca se había preocupado por su sobrina, presentó denuncia formal y solicitó la anulación del matrimonio.

Este tramo de la historia, la del juicio, no la voy a hacer demasiado larga porque es bastante tediosa. La pilló desorientada y sin asistencia jurídica, cometiendo errores que empeoraron su situación, pero el caso afortunadamente interesó a Manuel Vidaurre.

Vidaurre no era un abogado cualquiera; era Oidor de la Real Audiencia de Puerto Príncipe, es decir, uno de los jueces más influyentes del tribunal colonial. Era un jurista fuertemente influenciado por la Ilustración, tanto que por leer libros prohibidos ya había tenido que dar explicaciones ante la Inquisición. El licenciado aprovechó su posición en el mismo tribunal que juzgaba a Enriqueta para dinamitar el proceso desde dentro. Su enfoque fue magistral:
La sociedad es más culpable que ella, desde el momento en que ha negado a las mujeres los derechos civiles y políticos, convirtiéndolas en muebles para los placeres del hombre. Mi patrocinada obró cuerdamente al vestirse con el traje masculino, no sólo porque las leyes no lo prohíben, sino porque pareciendo hombre podía estudiar, trabajar y tener libertad de acción, en todos los sentidos, para la ejecución de las buenas obras.
El remate final entre fiscal y defensor es hollywoodiano:
"Debe de ser una santa" — dijo el fiscal.

"O mejor, una víctima" — concluyó Vidaurre.
Y la gente se enfadó de lo lindo. El cielo les ha mandado un doctor que es un amor de persona, que maneja la cirugía con una maestría solo al alcance de la clase alta, sanando e investigando sin descanso para salvar a los pobres; y se lo arrebataron sin ningún miramiento, horrorizados porque una mujer hubiera demostrado ser mejor médico que sus colegas varones.

Y encima, con la iglesia hemos topado; el despecho inquisidor bañado de herejía por haber casado a dos mujeres. Mira si querían castigarla, que se emperraron en pasearla desnuda por las calles para escarnio público y ella prefirió el láudano a verse vejada con tanta crueldad. 

Afortunadamente las autoridades se lo pensaron dos veces porque el ambiente estaba abrasador: las revoluciones florecían por toda Hispanoamérica e iban cayendo las colonias a puñados. En 1823, con la vuelta del absolutismo de Fernando VII a España, cualquier chispa podía hacer que la isla se levantara y la injusticia con el Dr. Favez bien podía ser ese punto de inflexión. El gentío se hubiera comido a los jueces con tostones antes que permitir tal humillación a su médico.
A Juana se la intentó mantener al margen. El tribunal la declaró inocente por "engaño" y ahí se pierde su rastro oficial. No sabemos si se refugió en el silencio, si alguien la protegió o si simplemente sobrevivió al estigma como buenamente pudo aunque en las cartas de Enriqueta no hay pesar por su destino. Algunos cuentan que se casó con su abogado de oficio y pudo vivir tranquila. Lamentablemente, no lo sabemos. Solo podemos desear que la vida la tratara bien. Se lo merecía.

Enriqueta fue condenada a 10 años de reclusión en la Casa de Recogidas de La Habana. Sus bienes fueron embargados. El dinero es lo que tiene, es goloso para los poderosos. Pero Vidaurre, que para entonces ya preparaba su propio exilio a Estados Unidos huyendo de la persecución política, no la dejó sola. Sabía que sin su protección en la isla, ella no sobreviviría.

Se movieron los hilos necesarios para que el "problema" desapareciera. Tras 17 meses de condena, las autoridades prefirieron poner mar de por medio. Era más seguro deportarla que arriesgarse a un motín popular por mantenerla presa. Por 40 pesos, lo que costaba el pasaje rumbo a Nueva Orleans, se la quitaron de en medio.

A su llegada las Hijas de la Caridad la aceptaron sin reparos. Y aquí de nuevo se ve la mano de Vidaurre porque no eran monjas convencionales. Eran muy hippies para su tiempo aplicando a sus obras una filosofía requeteradical para la época. Su lema era "el convento es la casa de los enfermos" y no vivían enclaustradas. 
Ya estoy bien lejos de ti como te prometí antes de que comenzara toda nuestra desgracia. No sé cómo comenzó todo, realmente ha sido como una novela toda mi vida. Ese viaje a la Isla de Cuba no me dejó ser más la misma mujer o mejor el mismo hombre.
Enriqueta fue un regalo de dios en la congregación y sus problemillas de identidad se enterraron sin pena ni gloria. Y bajo el nombre de Sor Magdalena siguió ejerciendo la medicina con los pobres, siendo partera de presas y enfermera en epidemias. Viajó como misionera a Veracruz y Guadalajara. Con las Hijas de la Caridad tenía libertad de movimiento y siguió haciendo lo que más le gustaba en el mundo: cuidar a los más necesitados. 

Hay quien afirma que llegó a ser madre superiora de la congregación. Puede ser. O no, porque un escándalo como el suyo se podía enterrar pero no olvidar. En cualquier caso, viniendo de ella todo es posible. Usó el frac, el uniforme militar y el hábito con tal de ejercer la medicina y cumplir con su juramento hipocrático. Y amó a Juana la vida entera. Renunció a ser hombre y a ser mujer. Renunció a todo menos a su amor.
El 23 de mayo de 1846, 22 años después del juicio, es decir, 22 años sin Juana, escribió esta carta tras enterarse del rumor de la muerte de Juana:
No puedo pensar que lo que me dicen sea verdad. No puedes haber muerto sin yo verte, mi vida se apagará si no tengo la ilusión de reeditar los días más felices de mi vida que fueron a tu lado. Nunca te culpé por lo que pasó, fueron todos ellos los que no entendieron que nos amábamos pese a todo. Solo quisiera que lo que me dicen sea mentira; por favor escríbeme aunque sea solo para saber que estás viva. Te quiere, Enrique.
122 palabras. La carta viajó de Nueva Orleans a La Habana y siguió el trote de los caballos del Correo Real hacia Baracoa. Juana, efectivamente, había muerto tiempo antes. Sor Magdalena nunca supo si su carta llegó.

Murió el 17 de octubre de 1856 en Nueva Orleans, a los 65 años, vistiendo los hábitos de las Hijas de la Caridad. Fue enterrada en el cementerio antiguo de Nueva Orleans. En 2005 el huracán Katrina destruyó su tumba. En Baracoa, la calle donde vivió lleva su nombre.
Ingredientes:
  • 600gr. de boniatos (aprox. 1 o 2 piezas grandes)
  • 125gr. de panela rallada o granulada
  • canela y cáscara de limón
  • 1 chupito de ron dorado
  • 50-75gr. de coco rallado a tu gusto
  • 200ml. de leche de coco espesa
  • 1 pizca de sal

Preparación:
  1. Asa o cuece al vapor el boniato hasta que esté la carne blandita. Pásalo por la trituradora y lo reservas.
  2. Mientras, derrite la panela con canela, la ralladura de limón y el ron. Diluye hasta que casi esté al punto de caramelo.
  3. Retira la cáscara de limón y añade el coco rallado, la leche de coco espesa y una pizca de sal. Lo cueces a fuego medio sin dejar de remover hasta que cuando cojas un poco de la crema con una cuchara y pasas el dedo la crema no se reúne pero aún tiene una consistencia líquida. Ten en cuenta que al enfriarse va a cuajar más la crema.
  4. Deja enfriar y sirve con un poco de canela por encima.

Pudin de pan y choco con naranja y vainilla

febrero 27, 2026
Pudin de pan y choco con naranja y vainilla
Mi gato no tiene nuestra conciencia ni capacidad de comerse el coco ante temas existenciales. Bien por él. Va a lo suyo, pide cuando quiere algo desde mimos, salir al jardín o golosinear. El resto del tiempo duerme. No creo que tenga conciencia ni conocimiento de la muerte así que ese temor a él ni le va ni le viene aunque su instinto, le advierte de peligros -reales o no- y hace que tenga reacciones de miedica consumado solo porque sopla fuerte el viento o un extraño entra en casa.

Es un instinto de supervivencia que todos los seres vivos compartimos pero claro, contra más listos somos, más nos enredamos en los miedos a morir. O a vivir, porque ya estamos tan chalados que uno ya no sabe.

Arthur Conan Doyle se obsesionó con el espiritismo cuando perdió a su hijo en la primera gran guerra y dedicó el resto de su vida a este movimiento donde según él, podía darle sentido a la vida y a la muerte, ese tándem siempre unido por lazos invisibles aunque, como decía Antonio Machado, son incompatibles porque cuando uno hace acto de presencia, el otro se va. Nunca coinciden. 
Pudin de pan y choco con naranja y vainilla
Hay a quien hablar de ella, le da mal fario, mala vibra pero, como dijo Mario Benedetti después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida y visto así, no debería ser un trance tan temible. Puede que nuestro miedo sea al dolor que la precede, a las ausencias, los duelos y todos los traumas que nos acompañan al perder a los más queridos porque al fin y al cabo, la muerte es una vida vivida, tal cual decía J.L. Borges. 

Mira que Stephen Hawking estaba el pobre mal parado y aún así decía no tener miedo a la muerte, aunque tampoco tenía prisa por morir porque según él, había muchas cosas que quería hacer primero. Y es que, por nuestro bien, hay que quitarse de encima toda esa caspa marchita y tenebrosa que nos han inculcado; romper tabús y ceremoniales de luto retorcido porque hay cosas que, por lo menos a mí,  me fastidian tremendamente y es ver a esa gente que cuida con mucha pompa la tumba de un familiar pero que cuando vivía, estaba siempre solito y falto de atención. 

Ay no. Piensa que verbalizar las cosas siempre es de ayuda y seguir conviviendo con estos miedos y desdichas nos vuelven a todos un poquito - o mucho- más amargados de lo aconsejado. La vida hay que vivirla con plenitud y sin miedo a palmarla porque hagas lo que hagas pasará lo que tenga que pasar y mira: que nos quieten lo bailao. 

Y a propó como dicen los germanos: Después de rendir cuentas al Arte de amargarse la vida, he comenzado Las intermitencias de la muerte de Saramago y ya me agobia un poquito la idea de llegar a esa edad que lo suyo es quedarse muñeco en una siesta o lo que sea, y de buenas a primeras como que no, como que de repente "Al día siguiente, nadie murió". 

Y tan ricamente todo porque había que decirlo y lo he dicho. Ah, y porque este pudin de pan y chocolate está mortal. 
Pudin de pan y choco con naranja y vainilla
Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, el ingrediente a usar es la esencia de vainilla. Yo he usado del tipo bourbon que me encanta. Aunque la vainilla es originaria de México, se considera que la que se produce en la isla Reunión (antes llamada Bourbon) es la mejor. Imagino que es cosa de gustos pero en Europa es la de más calidad a precio asequible que se puede comprar. Espero que te guste este pudin de pan que a nosotros nos ha chiflado. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis.
Pudin de pan y choco con naranja y vainilla
Ingredientes:
  • 350gr. de pan viejo, panecillos de leche o brioche
  • 750ml. leche
  • 250ml. nata
  • 150ml. de zumo de naranja
  • ralladura de naranja
  • 4 huevos
  • 3 cdas. de cacao puro
  • esencia de bourbon vainilla
  • 70gr. de eritritol 
  • 50gr. de sirope de arce
  • 100gr. de chocolate al 70% en trocitos
  • opcional: unos trocitos extra de choco y de naranja para cubrir
  • Para la salsa: 
    100gr. de chocolate al 70%
    150ml. de agua hirviendo
    esencia de bourbon vainilla
    opcional: se puede añadir un poquito de nata y de sirope de arce si lo deseas suavizar
Notas:
  • Dependiendo del tipo de pan que uses, va a pesar de forma diferente y eso hará también que los líquidos absorban distinto. Intenta ser flexible pero no temas que quede muy líquido porque va a cuajar. Reacciona si lo ves muy seco, eso no lo queremos.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 160ºC.
  2. Bate junto los líquidos, los huevos, los azúcares, la vainilla, la ralladura y el cacao y añádelo a los trocitos de pan.
  3. Añade los trocitos de chocolate, remueve bien y lo repartes en los recipientes que desees usar. Pon por encima trocitos de choco y de naranja y hornea hasta que veas que están cuajados pero tiernos (el tiempo dependerá de los recipientes).
  4. Prepara la salsa, derrite el chocolate en el agua hirviendo. Si queda espeso, añade algo más de agua hirviendo. Si lo deseas suavizar, añade algo de nata y sirope de arce a tu gusto.
  5. Deja que templen y añade la salsa por encima a gusto de cada comensal. Puedes servirlo templado o frío.
Pudin de pan y choco con naranja y vainilla

Leche MAMI frita

febrero 10, 2026
Yo a mi madre la tenía frita cada dos por tres y no por nada especial; no puedo decir que fui una niña rebelde o trasto pero así son las cosas entre madres e hijas porque ella a mí también me tenía frita, para qué mentir. Nunca acudía a los chicos para que le ayudaran en la cocina o en las tareas domésticas y eso me irritaba mucho. Eran años confusos porque por un lado, aunque mis padres tenían una mentalidad muy moderna para la época, en el día a día se les escapaban las conductas machistas por todas sus costuras. 

Pero claro, como niña y encima única entre tanto chicarrón, las desigualdades de genero me tenían todo el día peleando pleitos pobres. Mi padre me tenía la moral comida con sus famosos sermones sobre que tuviera libertad de pensamiento obra y acción pero por encima de todas las cosas, económica que por ahí es por donde se nos oprimía a las mujeres. Y luego en casa los reproches porque todo lo que hiciera fue siempre insuficiente. 
El problema estaba en que como niños no supimos ver -y menos en aquellos años en que las enfermedades metales se reducían a los "subnormales" y los "locos"- que nuestra madre tenía depresión crónica. Yo siempre la recuerdo ya tocada y cuando pregunté hace unos años a Mila, nuestra niñera que tanto nos quería, cuando le pregunté, me confirmó que mi madre siempre fue así: "tenía dos o tres días buenos y luego otros dos o tres que no era capaz ni de levantarse de la cama".

Y así fue la vida de mi madre; sintiéndose sistemáticamente incomprendida porque así era. Y cuando las personas depresivas empezaron a salir del armario mi madre se resistió y no quiso ayuda alguna porque decía -y con toda la razón- que no estaba loca. Lo que le faltó fue ser más comprensiva consigo misma pero, a ver, hasta para eso la mentalidad no cooperaba en absoluto porque con las madres el franquismo, y la estela que dejó a su paso, fue muy cruel relegando su utilidad a ser madres y esposas anulando por completo a la mujer que cada una de nosotras llevamos dentro. 

Ahora tenemos claro -más o menos- las prioridades como individuos únicos y absolutos pero es que para nuestras madres y abuelas esa posibilidad, la de ser mujer por encima de todas las cosas, no existía. Desde que nacían se las preparaba para ser de otros. De cualquiera menos suyas.
Pero no siempre fue todo malo. En esos buenos días, se metía en la cocina y nos preparaba tandas y tandas de cosas ricas que nosotros devorábamos y como decía ella "es que ni lo disfrutáis, tragaldabas". Y en esos días, me pedía como siempre ayuda ya tocaran torrijas, rosquillas, pestiños, magdalenas, arroz con leche o leche frita. Con las cosas de la cocina, no le protestaba tanto. Me gustaba mucho. Y hay muchas cosas que las aprendí de verle a ella y seguir sus instrucciones. Recuerdo que tenía especial cuidado en que el arroz con leche no quedara mazacote, las torrijas secas, los pestiños empalagosos y la leche frita un engrudo. 

Creo que fue de las pioneras en hacer la leche frita con maicena y muy aromatizada con cáscaras de naranja y limón. Ahora nos ponemos muy tontonas con eso de "infusionar" la leche  -a mi abuela le daría un ataque de risa- pero lo de aromatizarla con limón y canela viene de lejos en las casas españolas pero antes los comandos eran menos pretenciosos ajustándose a un simple "echa más cáscara o más canela a la leche" o "echa un puñadito más de...". Y tan ricamente.

Lo de la cucharadita de mantequilla -no de margarina- era algo que solo he visto en casa. Bueno, mis abuelos le echaban mantequilla a la leche porque decían que si no, no tenía sabor. Supongo que por ahí viene la cosa. En cualquier caso, sigo fiel a su uso porque oye, tampoco nos pongamos remilgados en un postre frito que ya puestos, de perdidos al río. La vainilla vino después. Somos un país donde antes la vainilla era complicada de comprar. Incluso, ya al final, recuerdo traerle vainas a mi madre de Austria. La última vez que comí leche frita con ella,  la hice yo. Ya estaba en paliativos y le cocinaba a puro capricho. De antojo en antojo. La hice a mi manera, es decir, a la suya pero con vainilla. Y le encantó. 
Ingredientes:
  • 1 litro de leche
  • corteza de limón y/o naranja
  • canela en rama
  • 1/2 vaina de vainilla
  • opcional: un chorrito de vainilla Bourbon
  • 1 cda. de mantequilla
  • 120gr. de azúcar (la mitad con eritritol)
  • 100gr. de maicena más algo para rebozar
  • 2 yemas de huevos
  • 1-2 huevos más para rebozar
  • abundante aceite (mitad oliva y girasol para bajar la acidez)
  • azúcar y canela para rebozar

Preparación:
  1. Pon a calentar 3/4 partes de la leche a fuego lento con la canela, la vainilla, la mantequilla y las cascaras.
  2. En el resto de la leche, disuelve el azúcar, las yemas y la maicena. Con la batidora eléctrica lo haces en un momentín.
  3. Cuando la leche rompa a hervir, el añades la mezcla, le subes un poquito el fuego y remueves constantemente para que no ha grumos. Retira del fuego la masa cuando veas que cuece y se vuelve muy espesa. Vuelca la masa en un recipiente (preferiblemente engrasado), cubre con plástico de cocina dejando que toque la superficie para evitar que haga costra y lo dejas enfriar por completo antes de refrigerar. Deja que repose toda la noche.
  4. Pasa la masa sobre un papel de hornear, coloca la masa cuajada y la cortas en tantas porciones como desees. Espolvorea con maicena y bate el huevo en un cuenco.
  5. Calienta aceite en una sartén onda y cuando esté caliente (a fuego medio alto) vas pasado por huevo los trozos rebozados y friéndolos los tandas. Deja que escurran sobre papel de cocina.
  6. Reboza cada pieza en azúcar y canela.

Pudding de limón gratinado

febrero 04, 2026
El amor es para el niño como el sol para las flores; no le basta pan: necesita caricias para ser bueno y ser fuerte.
Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.
Abrid escuelas y se cerraran cárceles.
El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.
Estas joyitas son palabras de Concepción Arenal, una mujerona de las grandes de España que, aunque eran tiempos donde las mujeres contaban muy poquito -y no transcendían nada-, nos dejó los cimientos del ¿feminismo? No sé, llamarlo así es bastante fantasioso porque ella fue de las pioneras -vendrían muchas detrás- que dedicó su vida a concienciar a toda la sociedad, liderada por varones de mentes estrechas, de la importancia de educar a la mujer en todos los ámbitos sociales como única manera de conseguir una sociedad prospera, moderna y competitiva. 

No entraba en ninguna mentalidad hacer una sociedad igualitaria, apenas se arañaba la necesidad de limar desigualdades y sobre todo, incentivar la educación social e intelectual de los más desfavorecidos y claro, la mujer, fuera del estrato social que fuera, siempre sería la más ninguneada.
Fue la primera Doña en colarse en una universidad, vestida de hombre porque no había otro modo; y aunque su osadía fue descubierta, se le permitió cursar Derecho en la Universidad Central de Madrid. Se casó con un hombre que creía en ella y fue su apoyo incondicional. Trabajó para mejorar la vida de las reclusas, reformando el concepto de caridad en nuestro país que tenía mucha caspa beatificadora parida como puro postureo social.

Es posible que su labor no brillara en exceso en una sociedad tan retrógrada y clasista pero sus ensayos y manuales han transcendido a lo largo de los años siendo históricamente nuestro referente más grande: La mujer del porvenir, El derecho de gentes, El visitador del pobre, La  mujer de su casa... te dejo link por si tienes interés en sus obras.
Doña Concepción nación un 31 de enero y murió un 4 de febrero tal como el de hoy pero de 1893, en Vigo. En su tierra.
La figura de Concepción Arenal ha quedado unida inseparablemente a la sensibilidad humanitaria que focalizó en los desheredados, obreros, presos y mujeres;  a la inteligencia;  y a un profundo sentido del deber.
Biblioteca Nacional de España
Ingredientes:
  • 3 huevo
  • 1cdta. de cremor tártaro
  • 70gr. de azúcar de abedul o eritritol
  • ralladura de limón
  • zumo de 3 limones
  • 500ml. de leche
  • 40gr. de mantequilla derretida
  • 30gr. de harina de coco (o maicena)
  • vainilla

Preparación:
  1. Monta las claras con el cremor tártaro y reserva.
  2. Precalienta el horno a 190-200ºC (dependiendo del horno).
  3. Bate las yemas con el azúcar y la ralladura hasta que queden muy cremosas. añade el resto de los ingredientes hasta que tengas una crema suave y sin grumos.
  4. Añade las claras y mezcla sin llegar a batir, removiendo suavemente hasta que estén completamente integradas. Pasa la crema a un recipiente engrasado.
  5. Hornea hasta que la superficie está dorada pero el centro del recipientes esté liquido aún. Servir templado o frío como más te guste.



Mousse de pistacho con chocolate

enero 30, 2026
Somos capaces de mandar sondas a Júpiter pero no tenemos ni pajolera idea de porqué nos sonrojamos. Y la cosa es curiosa porque somos el único animal en este planeta que tiramos del rubor de puro sin querer. No lo podemos hacer a conciencia, de hecho es completamente involuntario y nos pasa cuando metemos la pata en público, o cuando algo nos da vergüenza o cuando nos cruzamos con el ser humano que nos hace requetechispas en el estómago. 

Si te pillan diciendo una mentira, si haces el ridículo en medio de un sitio público, si se te pilla la falta en la medias cuando sales del baño en una disco - Ains sí, cosas que pasan- pues por lo que sea -la adrenalina está de por medio- los vasos sanguíneos de la cara se dilatan y nos ponemos como tomates. Es lo que hay. 
Lo curioso es que Darwin decía que todas las especies han evolucionado a partir de un antepasado común -lo de la selección natural- así que el sentido común nos dice que habría por algún sitio primates que también se pondrían como fresones al ser pillados con el dedo en la nariz o en sitios más intempestivos. Pero parece que no. Así que, o empezamos a asumir que el Sr. Darwin no lo sabía todo  o  vamos a tener que rebanarnos los sesos para justificar nuestras emociones más allá de la ciencia.

De hecho, se dice que las personas que se ruborizan con facilidad son personas más confiables que las que no se ponen rojas ni con colorete. Si encima eres mujer, pues se considera requete mono porque nos hace más virtuosas a ojos de ciertos varones. Me cuesta creer que un rubor sea producto de la honestidad o la generosidad o la inocencia. Yo con estas cosas siempre pienso que hay gato encerrado. Pero contra más mayor me hago menos ingenua soy y lo mismo me paso de la raya.

Puede que como dijo Mark Twain, somos el único aminal que necesita ruborizarse. Eso me lo creo, puede que hayamos desarrollado este poder por lo que sea, y seguro que son motivos varios, pero vaya, en un mundo que alberga a seres maravillosos, solidarios y amables junto con gentuza y basura humana como ese Greg Bovino, comandante en jefe de la patrulla fronteriza, líder en redadas migratorias -los malditos ICE- y máximo responsable de las muertes de Renee Nicole Good y Alex Pretti a sangre fría, este animal, me dicen que se ruboriza y no me lo creo.  Me niego. Lo mismo que su jefe, el patético señor naranja que está echando abajo la Casa Blanca para hacer un salón de baile tipo Versalles cuando su gente, la que prometió proteger, pierde sus granjas, sus casas y sus pensiones. Y encima se creé en sus delirios que es el salvador del mundo. Manda huevos.

Pues nada. Yo, sin ningún rubor, dedico esta deliciosa mousse a toda la gente maja del mundo; se sonroje o no, qué más da. Lo importante es que las buenas personas resistan en tiempos tan turbios.
Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, el ingrediente a usar es la crema de pistacho. Aquí te dejo enlace con las recetas de mis compis. Espero que te gusten.
Ingredientes:

  • 3 hojas de gelatina mojadas en agua
  • 3-4 cdas. de leche caliente para disolver la gelatina
  • 4 huevos
  • 75gr-100gr. de azúcar o eritritol (depende de los golosos)
  • 100gr. de crema de pistacho
  • 200-250ml. de nata  (ver notas)
  • 150gr. de chocolate al 70%
  • 150gr. de leche de coco

Notas:
  • La cantidad de azúcar va a variar por dos razones: primero porque hay cremas de pistacho más dulces que otras y porque no es lo mismo el uso de eritritol (que endulza menos) que el de azúcar común. También, como indico arriba, depende de los golosos de la casa. A mi con 75gr. de eritritol, me ha bastado.
  • Usa menos nata (200ml.) si quieres que la mousse quede más cuajada e intensa de sabor o 250ml. (mi caso) si buscas una consistencia más cremosa y ligera. 
  • Se me iba la luz para las fotos así que la consistencia que ves es de 2 horas de frigorífico. Una vez reposada la mousse el doble de tiempo, estaba más cuajadita. En ambos caso, me gustó mucho.

Preparación:
  1. Remoja las hojas de gelatina en agua y una vez reblandecidas, las disuelves en la leche caliente.
  2. Monta las claras a punto de nieve y reserva.
  3. Bate el azúcar y las yemas al baño maría hasta que tengas una crema ligera (unos 3-4 min.).  Retira del fuego y sin dejar enfriar, añade la crema de pistachos y sigue batiendo. Verás que espesa la crema.
  4. Monta la lata y añade la gelatina disuelta y la crema de pistachos. Bate hasta que la crema esté suave. Añade las claras y bate con suavidad hasta que la crema esté lisa. Reserva.
  5. Derrite el chocolate y lo bates con la leche de coco. Añade un poco, a ojo, de la crema de pistacho (como un 10% de la mousse) al ganache para que quede más cremoso y no se quede muy duro al enfriarse.
  6. Monta los vasos primero con el ganache de chocolate y después con la mousse. Decora a tu gusto con cacao en polvo, pistachos molidos, nata o espuma de leche de coco.

Mousse de naranja

enero 20, 2026
Hace no mucho Juan Roig, el dueño de Mercadona dijo que el en el futuro no vamos a cocinar, que en los supermercados prácticamente se venderán productos listos para consumir. Es decir, comida procesada. A mí que no me vengan con estas  flautas a estas alturas de vida. En los 90 también se decía que la comida de abuelas estaba desapareciendo, que a medida que nuestras yayas fallecían nos íbamos quedando sin las recetas tradicionales de toda la vida. Y mira, para nada. Todo lo contrario. Las redes están llenas de recetas y cada una de ellas al estilo de cada casa; incluso hay quien explota sin tapujos esos eslóganes en plan "la auténtica receta de mi abuela" para conseguir más like sin despeinarse.

No. Yo no me lo creo aunque sí tengo claro que ya han comenzado a querer convencernos de ello porque lo único cierto es que esta gente está invirtiendo millonadas en comida procesada, curiosamente cuando las instituciones empiezan a retirar los multi-procesados en entornos donde comen los más vulnerables: colegios, guarderías, hospitales. Por algo será.
Pero la industria, que tiene un peso brutal, ya ha decidido que eso es lo que quiere para nuestros hijos y nietos así que ya podemos ponernos las pilas, sacar las espumaderas y sartenes y reivindicar lo nuestro. Porque mucho me temo que la estrategia va a ser encarecer los productos frescos y naturales mientras abaratan la comida basura así que, si les dejamos, solo los ricos van a tener el privilegio de degustar comida fresca y sana pero al resto nos tocará sufrir las consecuencias del consumo continuado de procesados, algo que a día de hoy aún se desconocen muchos de los efectos a largo plazo. A corto plazo, ya sabemos mucho y nada bueno, por cierto.
Es verdad que luchar contra la industria es un poco como lo de David y Goliat pero no debemos de perder el foco. Cuidar nuestra salud de verdad y no dejándonos envenenar a través de la publicidad que cuanto más presume de algo, más carece de ello. Nuestro mayor arma, algo que aún no nos entra en la cabeza, es dejar de consumir. Lo hacemos compulsivamente y sin pensar. Y eso tiene que cambiar. Si algo esta caro, no lo compres. No se trata de si lo puedes pagar. No lo compres y ayuda al que no puede. Si algo no es saludable, tampoco lo compres. Hazlo tú que tampoco es para tanto. 

Esta mousse es una delicia y no hay nada industrial que se le parezca. La delicadeza y la sutilidad de sabores de lo casero no es comparable con los postres industriales. Si queremos cuidarnos, todo pasa por comer más casero y menos guarrerías del super. Besos.
Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 100gr. de azúcar o eritritol
  • zumo de 2 naranjas
  • 60gr. de mermelada de naranja
  • 3 hojas de gelatina y agua para remojar
  • vainilla
  • 200ml. de nata para montar
  • Para decorar un poco de salsa de naranja (zumo 1/2 naranja, 2 cdas. de sirope de arce, 1 cda. de nata líquida)

Preparación:
  1. Monta las claras de huevo y las reservas.
  2. Bate con unas varillas las yemas con el azúcar al baño maría.
  3. Mientras, calienta el zumo e incorpora la mermelada. Retira del fuego, añade la gelatina remojada en agua (unos 10min.) y bate bien para que no queden grumos. Añade la crema de las yemas y deja que temple.
  4. Monta la nata con la vainilla y añade la crema de naranja. Incorpora las claras y mezcla con suavidad hasta que queden grumos. Pásalo a los recipientes y deja que cuaje en la nevera entre 4 a 6 horas.
  5. Para servir, puedes hace un poco de salsa de naranja: calienta el zumo, el sirope y la nata hasta que reduzca más o menos 2/3 partes. Deja que temple antes de servir.

Tiramisú de calabaza y choco blanco

diciembre 26, 2025
Empatía, simpatía y compasión. ¿Es lo mismo? ¿sabemos diferenciar una cosa de la otra? Buuuueno, en mi opinión creo que solemos hacer un batiburrillo de todo y en dosis variables, como cuando tenemos restos en la nevera y hacemos un plato de aprovechamiento. Unas veces queda mejor y otras peor pero nunca sale dos veces igual. Pues lo mismo.

Sobre la empatía ya te hablé aquí. Reflexioné sobre el hecho de que hay empatías y empatías, porque aunque parezcan lo mismo, en el fondo no lo son. Los matices, ya sabes. Y es evidente que la fuerza de un ser empático está en su capacidad de sentir además otras cosillas: compasión para que esa "capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos" pueda conectar con aquel que se siente dentro de un agujero negro desorientado, sin mecanismos de defensa ni herramientas para salir de él. Sin juzgar si es legitimo o no esa oscuridad, dejando que tu sensibilidad simplemente conecte. 

Hay seres que a pesar de desplegar sentimientos de identificación por los demás, los rehúyen de forma instintiva cuando dicen cosas como "uf, yo si escucho esas cosas me deprimo" "Ains, si es que no puedo ver esas cosas porque me superan", etc. etc. Sí, son empáticos pero su instinto por mimar en exceso su ombligocentrismo vital les lleva a cultivar poco la compasión así que como empatizo con tu pena, con tu agujero negro, con tu sentimiento de no hay salida casi que me alejo porque no me hace bien. Es decir, no conecto porque mi sensibilidad me lo impide.
simpatía
Del lat. sympathīa, y este del gr. συμπάθεια sympátheia 'comunidad de sentimientos'.
f. Inclinación afectiva entre personas, generalmente espontánea y mutua.
f. Inclinación afectiva hacia animales o cosas, y la que se supone en algunos animales.
f. Modo de ser y carácter de una persona que la hacen atractiva o agradable a las demás.
Pero el hecho de ser amable, encantador, cordial; el hecho de ser cariñoso y capaz de encontrar apegos o afinidad con los demás, no conlleva por ello ni la compasión ni la empatía. De hecho, hay gente muy simpática que son maestros de la manipulación y expertos en sembrar el mal si eso les puede conceder algo de ventaja en la vida. 

Incluso, aún teniendo muy buenas intenciones, puedes -podemos- soltar burradas a costa de esa simpatía descontrolada que no viene a ayudar en absoluto a la persona fuera de servicio por agotamiento vital. Cosas como "bueno, podría ser peor" "lo que necesitas es salir y divertirte" "no olvides que hay gente que está peor que tú"... esto lo hacemos constantemente y si bien esa actitud positiva viene bien cuando se han recobrado fuerzas y se está en vías de salir del bache, cuando estás en el agujero es como echar más mimi al asunto. Porque, como decía mi padre, el camino del infierno está lleno de buenas intenciones. 

A veces compartir un silencio, un apretón de manos, un pequeño gesto, aporta más que cualquier discurso grandilocuente. Simplificar un problema grave no alivia pero dejar que te los cuenten poniendo solo orejas, eso es fantástico. Y por favor, seamos agradecidos y tengamos en cuenta que las cosas que pesan en el alma cuesta mucho verbalizarlas así que no olvides que quién te lo cuenta, está haciendo un gran esfuerzo. No lo desmerezcas. Ea, esto son solo mis opiniones que por supuesto, no tienen nada de manual de libro. Vivir y compartir, eso siempre cuenta.

Con esta receta, participio en el reto de Tus recetas porque ya sabéis que a las blogueras nos gusta mucho juguetear y es una forma de mantenernos en contacto y activas haciendo lo que más nos gusta: comer y bloguear. Este mes, podíamos elegir hacer una receta con chocolate blanco y como tenía pendiente de hacer este tiramisú pues me ha venido genial. Espero que te guste.
Ingredientes:
  • 200gr. de chocolate blanco
  • 100gr. de leche
  • 100gr. de mascarpone
  • 300gr. de puré de calabaza (cocida o asada)
  • 50gr. de panela
  • 2 cdas. de sirope de arce
  • 200gr. de mascarpone
  • algo de canela, vainilla y allspice
  • unos bizcochos de soletilla
  • cacao puro en polvo

Preparación:
  1. Derrite el chocolate con la leche. Remueve hasta que este cremoso y sin grumos y deja que temple antes de añadirle el mascarpone, removiendo con unas varillas hasta que esté la crema lisa. Deja que enfrié por completo.
  2. Mezcla el puré de calabaza con el mascarpone, el jarabe de arce, la panela y las especias hasta que tengas una crema lisa y suave.
  3. En un molde, extiende la crema de chocolate blanco, luego una capa de bizcochos de soletilla y por último la crema de calabaza. deja que repose mínimo dos horas en la nevera. Antes de servir, espolvorea con cacao en polvo.

Flan de caquis y chocolate con nueces caramelizadas

noviembre 11, 2025
Concepción Arenal dijo que cuando la culpa es de todos, no es de nadie. No tengo ni idea de si eso es bueno, malo o mejor que peor. La culpa es tan retorcida que no es fácil de racionalizar y menos aún cuando la tipa transita en ambas direcciones. Creo que no me equivoco en exceso si digo que siempre va acompañada de daños, inmadurez emocional en mayor o menor medida, permanente o transitoria, y algo de ego maltratado bien sea por exceso o por carencia.

En cualquier caso o situación, analizar como canalizamos la culpa dice mucho sobre nosotros mismos. Los victimillas de la vida la adoran; nada más reconfortante que extender el dedo acusador y buscar nuevas vías de ensanchar sus pleitos de medio pelo manipulando a su audiencia. Entre otras cosas, porque cualquier persona medianamente sensata no va contradecir al victimizado por esa responsabilidad no escrita de no abusar del prójimo en horas bajas así que los damnificados por su propio teatro obtienen de este modo la atención que necesitan para mangonear a su entorno a puro antojo.

Para cualquier persona con el ego de capa caída, culparse a sí mismo puede ser mortificador así que recurrir al famoso dedillo pues es casi disculpable ya que de puro sin querer se obtienen resultados fabulosos en cuanto a reducir la culpa, la vergüenza, la frustración... mecachis, las vías rápidas suelen ser algo mezquinas. Pero, oye, cada uno gestiona como puede y si una vez malversada la culpa, uno reflexiona y reconduce sus actos de forma correcta -o más positiva- pues mira, experiencias que nos enseñan a vivir. 
Pero el de ego gordo, ese -ay ese- desplegará todo tipo de triquiñuelas para señalar sin tregua al vulnerable, al confuso, al errático ocasional... a quién se le ponga por delante, vamos, con una capacidad de criticar al paso lo ajeno casi infinita. Estos no se cansan jamás, son imbatibles, y todo su exceso de ombligocentrismo y vanidad se mide a la par con su insufrible capacidad de marcar como chungo, feo, absurdo, cutre, birrioso o hasta cosas peores cualquier circunstancia del prójimo sea pariente, amigo, compañero o personaje de los de "yo pasaba por aquí".

En fin, que como una vez oí decir en CSI Las Vegas, todos al microscopio estamos sucios -o algo así que de eso ya hace muchos años- y lo mismo por eso el aforismo de la Arenal suena tan certero. Es verdad que las culpas no nos definen pero mucho ojito a como las gestionamos porque ahí sí que sí; ahí nos van a calar al primer vistazo.

Y respecto a la receta de hoy, que sepas que me genera cargo de conciencia. Culpa, no diría tanto pero el caso es que he sido -y soy- muy crítica con esas recetas virales a lo "con solo dos ingredientes" o tres o cuatro. Videos de 15 segundos donde nos venden requete bien unas guarradas del ocho.

Yo vi un video de esos con dos caquis y tres cucharadas de cacao, dos horas de refrigeración y un flan de choco requete mono. Lo probé. Muy mono pero sabor indescifrable y soso. Es posible que con un poco de azúcar o miel y algo de ralladura de naranja la cosa mejore. Ahí lo dejo. Luego lo probé con chocolate derretido y a mí me ha gustado. Günter dijo que interesante y Lucas que no es su cosa.

Yo si me los como con gusto porque soy sufrida y víctima de mis esfuerzos por reducir carbohidratos aunque lleve dos meses que ya no pierdo ni medio kilo. Pero ahí sigo. En cualquier caso, es un apaño saludable que a mí me ha convencido pero solo me sigue pareciendo algo soso. Necesita acompañamiento. Yo con nueces caramelizadas pero vale cualquier otra cosa que tu mente retorcida imagine (salsa de chocolate, helado...)
Ingredientes para 3 flanes:
  • 2 caquis
  • 125gr. de chocolate al 70%

  • Para las nueces: nueces a tu gusto y 3 cdas. de sirope de arce o miel

Preparación:
  1. Pela y trocea los caquis y los pones en el vaso de la licuadora o trituradora.
  2. Añade el chocolate derretido y tritura hasta que tengas una crema suave.
  3. Reparte la crema en 3 recipientes y deja que enfríe al menos 2 horas en el frigorífico. 
  4. Puedes servir con nueces caramelizadas: las pones en una sartén a fuego medio alto junto con el sirope de arce o miel y mueves hasta que queden caramelizadas.

Delicias de coco y limas low carb

noviembre 04, 2025
Dieciséis años de blog me han dado para mucho. Es verdad que en recetas no he sido muy prolija porque por un lado, apenas atesoro 600 que aunque parezcan muchas, estoy muy por debajo de la media de otros colegas de blogoficio; y por otro lado, con el paso del tiempo he dedicado mucho más tiempo a cuidar mi fondo de armario que a generar nuevo contenido.

He borrado muchas entradas que no han pasado el control de calidad que ahora aplico. Eran otros tiempos, hacíamos muchos retos y concursos donde fui publicando recetas con las que no me identificaba en absoluto y otras, por su parte, eran de esas que pasaron por mi cocina sin pena ni gloria. Y si no han conseguido calar en mí ¿Cómo voy a recomendarlas?

También han sido muchas las que he dejado sin publicar porque no me terminaban de convencer o simplemente fueron fracasos estrepitosos. Eso me está volviendo a pasar ahora que me he centrado tanto en probar cosas bajas en carbohidratos y desde aquí, te aseguro, que casi todos los panes y panecillos que se vuelven virales con la leyenda "sin harina" son más falsos que un duro sevillano. Pero esta es otra historia que ya te contaré cualquier día de estos.
El asunto es que he aprovechado cualquier oportunidad de renovar fotos -en esos casos añado una nota recordando la fecha de actualización para tener referencia de la evolución de la receta- o en otras ocasiones he terminado haciendo remakes porque el plato ha evolucionado tanto que bien se merece entrar al blog por la puerta grande y con alfombra roja.

Éste es el caso de hoy. Estas delicias ya las publiqué en marzo de 14 y hoy despliego la alfombra para la versión baja en carbohidratos, aquí sí, sin harinas y con azúcares menos malignos y con menos calorías. Igual de ricas. Leer la entrada de entonces, me ha hecho reír al recordar como hace diez años nos parecía tan ridículo todo ese postureo de madres que se hacen virales con estupideces dejando aparcados las auténticas premisas y deberes de la maternidad. 

Recordar ese cartel en la puerta de la clase de Lucas y ver ahora cualquier Tiktok o reel de Instagram usando a los hijos para conseguir likes o espónsores. Como nos están haciendo pasar por aro, madre mía.

Pero me he detenido a pensar en el joven que es ahora Lucas y en si he sabido cumplir con aquel mantra:

1.- Te quiero
2.- Te escucho
3.- Bien hecho
4.- Eres especial
5.- Estoy orgullosa de ti

La 1, 3 y 5 sigo con ellas casi a diario. La 4 aún nos hace hablar mucho sobre ella; falta que él se la crea. Dice que son cosas de madres. Con la 2 es donde más le fallo. A veces le corto, me impongo porque creo que lo se todo, que mi experiencia es infalible y no le dejo terminar las frases. Me disculpo a toro pasado pero eso no es suficiente. Tengo que dejarle terminar sus argumentaciones porque aunque sepa que están basadas en fakes o verdades a medias, cómo voy a permitirle madurar si no tengo paciencia para escuchar sus razones. Qué difícil y como siempre sin manual de instrucciones. 
Ingredientes:
  • 100gr. de anacardos o almendras molidas
  • 50gr. de harina de coco (o más almendras o anacardos molidos)
  • 40gr. de coco rallado
  • 50gr. de azúcar de abedul o eritritol
  • 75gr. de panela molida
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • zumo de 3 limas y 1 limón
  • ralladura de 2 limas
  • 300ml. de leche
  • vainilla
  • 50gr. de mantequilla derretida
  • 3 huevos XL
  • opcional: unas gotas de Stevia

Nota:
  • Esta receta puedes hacerla montando las claras a puntos de nieve y añadiéndolas al final pero al llevar polvos de hornear yo no noto gran diferencia así que las he hecho sin complicarme licuando los huevos sin tratar las claras. Tómate la licencia de hacerlo como mejor te parezca.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC,
  2. Si tienes licuadora o procesadora de alimentos, pon todos los ingredientes secos y muélelos un poco para que queden más en fino (los anacardos, los azúcares, las ralladuras, los polvos de hornear y el coco).
  3. Añade ingredientes húmedos (el zumo, la leche, los huevos, la mantequilla y la vainilla) y licua todo junto unos segundos.
  4. Engrasa los moldes que vayas a usar (mejor tipo flaneras o moldes de soufflé para que tengan un poco de fondo. Contra más plano sea menos sube)
  5. Hornea hasta que estén doraditos pero al presionar con el dedo por encima notes que cada delicia está firme.
  6. De templar o enfriar a tu gusto. Templadas están fantásticas.

Flan de naranja

marzo 23, 2025
Poco se habla del desorden virtual que las contraseñas dejan en nuestra vida. No creas que me pongo trágica con ésto pero te juro que cada vez que tengo que meter una contraseña porque de repente se borraron las cookies o algo peor, me sale sarampión. 

Yo no sé tú, pero tengo toda una colección de subversiones de una o dos genéricas que con el paso de los años las he tenido que ir añadiendo mayúsculas,  números, símbolos, mínimo ocho letras, máximo doce, que empiece por vocal y que hagan el pino puente. Tal es el guirigay, que luego nunca me acuerdo de cúal es cual y cúal es la última. Y ojo, que las apunto pero imagino que por obra y milagro de la ley de Murphym, nunca es la última y como internet a listillo no le gana nadie, me viene con le recochineo de esa contraseña es antigua, que pruebe con una versiñon más reciente.
Otras veces, cuando se tiran el pisto y parece que te van a hacer un favor dándote opción a usar las claves guardadas por el sistema, resulta que son más obsoletas que Windows95 y te hacen más profundo el roto porque gastastes un intento de los tres que tienes antes de que se bloquee el invento y termines con un "inténtalo más tarde".

A esto se le llama fatiga de contraseñas y no lo digo yo que parece que hay expertos que le han puesto nombre. Por eso, se inventaron otros métodos de verificación mandando sms o correos o pidiendo pines y demás galimatías que añaden más estrés que ayuda a la operación No sin mi contraseña.

Y todo esto ¿Para qué? Pues para que vengan unos hakers y hagan públicas esas contraseñas que tantos esfuerzos te han costado pero que como quieren dejar en evidencia a las grandes coorporaciones, se cuelan sin reparos en tu cyber refajo dejando tus vergüenzas al aire. Y puestos a desnudarte, te suplantan identidad, te hacen chantajes, estafas y demás miserias. 
Un mes más, estamos de domingo en HomenajeBlog y esta vez ha sido el turno de blinky del blog Las recetas de Blinky. En cuento vi esta receta me enamoré perdidamente. Nos ha encantado y ya me están pinchando para que lo vuelva a hacer.


Ingredientes:
  • 10 láminas de gelatina
  • 500ml. de zumo de naranja
  • 400ml. de nata líquida
  • 225gr. de leche condensada
  • caramelo líquido
  • opcional: algo de vainilla

Preparación:

  1. Pon en remojo las láminas gelatina en agua fría, mínimo 10 minutos.
  2. Mientras, pon en un cazo el zumo, la nata y la leche condensada. A fuego medio, espera que rompa a hervir removiendo regularmente.
  3. Mientras, unta el molde (o moldes individuales) con caramelo líquido. 
  4. Al cazo con el líquido, le añades la gelatina escurriendo el agua con la mano. Remueve hasta que quede completamente diluida. Yo lo  hago con la batidora eléctrica.
  5. Rellena los moldes y deja que enfríen en la nevera. Los pequeños en 3 horas están listo. En molde grande, necesitará más tiempo.

 
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