Esquinas Noddack o Laugenecken
Efecto Matilda
Fenómeno sociológico que describe el sistemático menosprecio, ignorancia o atribución errónea de los logros científicos de las mujeres, cuyos créditos suelen ser transferidos a sus colegas masculinos.
En 1934, el famosísimo Enrico Fermi publicó que, al bombardear uranio con neutrones, había creado elementos más pesados. Ida, con una intuición asombrosa, publicó a su vez otro artículo desdiciendo al Fermi; argumentó que el núcleo del Uranio no se hacía más grande sino que se rompía en pedazos grandes. Y así como quien no quiere la cosa, Ida Noddack acababa de describir la fisión nuclear antes que nadie en el mundo. En el mundo mundial. En la galaxia. En la vía Láctea no se sabe. Pero en el Planeta Tierra, vaya que sí sin titubeos ni peros que valgan.
Y lo que pasó después ya te lo puedes imaginar. Las vacas gordas del sector científico la desdeñaron sin disimulos. El Fermi hizo como que no oía y el resto de la manada, incluido Otto Hahn -quien años después ganaría el Nobel por... eso es ¡Bingo! por la fisión- consideraron su sugerencia como inadmisible, absurda y ridícula. A ver, que se podía esperar de una mujer donde todo su currículo se resumía en ser la ayudante del esposo. Bah.
Y una vez más, estos señoros tan listucos tuvieron la oportunidad de haber demostrado que la humildad no está reñida con el conocimiento. Pero ni de lejos: tras confirmar experimentalmente la fisión nuclear en 1939, Hahn y su colaborador Fritz Strassmann se negaron a reconocer que Ida se les había adelantado hacía cinco años.
Reclamó y solo escuchó silencios. Cuando Hahn recibió el Premio Nobel en 1944 por la dichosa fisión, no solo ninguneó a Ida sino también a su propia colaboradora, Lise Meitner. Qué pena no tener un Nobel honorífico al mejor especialista en dar esquinazos. Pero mira qué cosas; existen unas declaraciones de Otto Hahn poco antes de morir donde reconoce o admite o... lo que sea, diciendo algo así como que "pero Ida había tenido razón a pesar de todo".
No te lo voy a hacer mucho más largo pero Ida murió sin que la comunidad científica en bloque reconociera todos sus logros. Hoy instituciones como la Sociedad Alemana de Química y otros organismos internacionales la anuncian sin dobleces como la primera persona en teorizar la ruptura del átomo.
Y aunque el especialista en esquinazos fue el Profesor Otto Hahn, hoy voy a devolverle el guante y con un par de masas le dedico a Ida Noddack estas esquinas que no son un invento sin documentar. Al contrario, son un clásico del picoteo en Austria y Bavaria. Se llaman Laugenecken y son Laugen con forma triangular. Y los Laugen son todos los panecillos que antes de hornearse han estado sumergidos en agua con bicarbonato.- 350gr. de harina de fuerza
- 2 cdas. de miel
- 7gr. de levadura seca de panadero
- 150ml. de agua
- 60ml. de leche
- 1/2 cdta. de sal
- 1 lámina de hojaldre de calidad
- Para el baño: 80gr. de bicarbonato y 2 litros de agua
- Para decorar: semillas de sésamo, de amapola, etc.
- La masa híbrida es una manera sencillísima de conseguir un resultado espectacular sin complicarte demasiado. Ahorras tiempo pero vas a tener esa explosión de capas que es el encanto de estas esquinas.
- Recuerda que la cantidad de líquido depende de cada harina porque absorben de manera distinta. Siempre podrás añadir un poco más de líquido o de harina si ves que no consigues una masa hidratada pero firme.
- Si puedes, no reemplaces la miel por azúcar. Primero, porque el paladar te lo va a agradecer y segundo porque la miel ayuda a obtener una corteza más crujiente.
- El bicarbonato fortalecido: para conseguir ese color caoba tan oscuro y el sabor auténtico alemán sin amarguras, debes transformar el bicarbonato en un álcali más potente. Tal fácil como hornéalo a 100°C durante una hora. Perderá agua y así tendrás polvo de carbonato de sodio que te va a dar el punto perfecto de un auténtico Laugen.
- El baño es el momento donde todos contenemos la respiración. No te estreses. Lo importante es que el agua no hierva cuando sumerjas las piezas. Si las bañas en exceso, verás que las piezas pierden la forma y es posible que terminen amargando con cierto sabor a jabón y si se quedan cortas, no brillarán. Yo cuento hasta doce (entre 10-12 segundos) por cada lado y tan bien.
- Pon todos los ingredientes de la masa juntos y con ayuda de unas varillas eléctricas amasa 2-3 minutos. Deja que la masa descanse 5 minutos y así vas a darle tiempo a que absorba bien los líquidos. La pasas a la encimera y amasa un rato hasta que veas que, aunque algo pegajosa, la masa se reúne bien y la sientes lisa. La pasas de nuevo al bol y dejas que leve 2 horas.
- Mientras, hornea a 100ºC el bicarbonato durante una hora. Reserva.
- Pasadas las 2 horas, extiende con el rodillo la masa sobre la encimera enharinada intentando que tenga las mismas medidas de la plancha de hojaldre, la cual colocarás encima de nuestra masa.
- Imaginariamente, divide la lámina en dos. Dobla una mitad hasta el centro, y haz lo mismo con la otra mitad (Mira la foto del paso a paso). Alisa un poco con el rodillo. Vuelve a plegarla de nuevo y alisa un poquito de nuevo. Con ayuda de un cuchillo o un corta pizzas, divide la masa primero en cuadrados del tamaño que quieras (yo he hecho 3x2) y luego parte cada cuadrado en dos triángulos. Colócalos en una plancha de horno con papel de hornear y deja que leven de nuevo unos 30 minutos más.
- Calienta el horno a 200ºC.
- Calienta el agua hasta hervir, disuelve el carbonato de sodio cuando el agua ya no hierva (para evitar el efecto volcán) y vas bañando cada placa del horno. Adorna con las semillas que más te gusten y hornea acto seguido. El tiempo depende de cada horno pero será entre 25-30 minutos. Si ves que cogen el color muy rápido, baja el horno a 170ºC.














