Pelotas de pan con espinacas y gorgonzola (Spinat-gorgonzola-knödel)

El Sr. Ernesto del 4ºB, disfrutaba de lo lindo esperando diariamente. No era amigo de las exquisiteces así que le daba igual esperar en una esquina, en el parque, en el portal, en el bar de enfrente o en la parada del autobús. Era el suyo, un hobbie peculiar en un barrio tan ocupado como ese. Desde que se jubiló se pasaba la jornada completa a la espera, se conocía al dedillo todas y cada una de las rutinas de sus vecinos, los horarios completos de las tres líneas de autobús, la entrada y salida de los nenes en el colegio, la hora de apertura del ambulatorio y lo más importante, el momento óptimo para ponerse a hacer la cola pertinente. Todo el vecindario, sin excepción, acudía a él en busca de consejo: "tengo hora en el dentista, qué me aconseja usted, ¿llevarme un libro o unos crucigramas?" "espero a mi bebé para abril y ya empiezo a impacientarme ¿algún consejillo para no desesperar?" "espero noticias de..." y así agotaba sus esperas entre charla y charla, consejo y parecer, o simplemente aportando su docta experiencia sobre el tema. 

Era habitual verle sentado a la puerta del número 23 junto al conserje del inmueble que ya usaba como hábito regular, el sacar un par de sillas por si acaso nuestro protagonista decidía esperar sentado. Si le avistaba de lejos, le proponía compartir la espera hasta la hora del almuerzo y sobra decir que el invitado jamás hubo de declinar tan amable ofrecimiento. "Pues sea, Don Gregorio, que ya sabe usted que prisa no tengo", le decía.

Almorzaba regularmente, en el bar Casa Antonio porque tenía unos platos de cuchara para morirse y no arrepentirse. Mientras esperaba la hora del café, siempre había parroquianos que se sumaban a su causa: "Don Ernesto, le importa si me siento a esperar con usted" "No faltaba más, por dios" y así uno tras otro iban conformando la tertulia  y dejaban pasar la tarde tan ricamente.

Quiso la fatalidad, que al Sr. Ernesto le diera un ataque fulminante. Permaneció en la estación de cuidados intensivos a la espera de un diagnóstico firme que concretara si estaba en el fin de sus días o el asunto era cosa de un fuerte susto de esos que a ciertas edades, llega en plan traicionero. En el hospital se formaron colas de vecinos y amigos que acudieron alarmados por el incidente. A todos se les daba bien esperar gracias a sus buenos consejos. Sus hijos y sus nueras, que nunca habían aprobado pasatiempo tan absurdo, quedaron impresionados por las muestras de afecto. Ellos, que se habían distanciado de su progenitor desde que su madre falleciera, no eran capaces de asimilar lo que estaba pasando. Habían rechazo a su padre por esa locura suya de tenerles todo el día esperando y perdieron poco a poco la paciencia dejando que los nervios les estrangularan las vísceras solo de pensar en pasar una tarde junto a él. 

Lloraron, sí que lo hicieron. De ver tanto cariño y afecto. Cuando le regresaron a la casa, el barrio estaba lleno de carteles: "Ernesto, recupérese pronto" "Su barrio que le quiere, le espera impaciente" "Esperamos su pronta recuperación". Don Gregorio, en lugar de una silla extra, sacó el juego completo del comedor de su casa para que los hijos y nietos del enfermo también se sentaran a disfrutar de la espera. La tertulia en Casa Antonio se multiplicó y se permitió que las vecinas bajaran fuentes de rosquillas y pestiños al bar para así celebrar la pronta recuperación del anciano. Cuán tontos habían sido de no comprender la grandeza de su padre perturbados por un modo de entender la vida que no encajaba en sus expectativas. Le juzgaron por sus maneras sin ver más allá. "Perdónanos papá" le dijeron entre lágrimas. "Nada, no hay nada que perdonar, yo he esperado esto desde hace mucho tiempo".


Ingredientes: (receta original, aquí)
  • 200gr. de pan viejo cortado en daditos 
  • 200ml.  de leche
  • 300gr. de espinacas congeladas
  • 1 diente de ajo
  • 100gr. de mantequilla
  • 100gr. de  Gorgonzola 
  • 2  huevos
  • 50gr. de harina 
  • Sal, pimienta y nuez moscada
  • queso parmesano para servir

Preparación:
  1. En una sartén, saltea un par de minutos las espinacas con el ajo machacado con un poco de mantequilla. Añade la leche y el queso gorgonzola y deja cocer a fuego lento 5 minutos. Deja que temple.
  2. En un bol, pon el pan cortado en dados, la harina y añade las espinacas. Lo remueves bien y añades por último los huevos. Salpimienta y pon nuez moscada a tu gusto. Deja reposar 20 minutos en la nevera.
  3. Pon a calentar una olla grande con agua y sal. Mientras haz las pelotas lo más duras que puedas. Cuando rompa a hervir, añade las pelotas al agua y deja que hiervan 10 minutos. Intenta que no hierva muy fuerte para evitar que las burbujas las puedan deshacer.
  4. Derrite el resto de mantequilla. Sirve 3 pelotas por persona, riega con un poco de mantequilla y sirve con queso parmesano a tu gusto.

11 comentarios. ¿te animas?:

  1. Maite, esto es un pecado, llevo 6 meses con una nutricionista, y viendo esto se me hace la boca agua¡¡¡¡ menos mal que ya he perdido, unos 14 k estoy muy contenta, espero que esteis todos bien y el peque, besos

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    1. Adita!!! te echaba de menos. Mira que no estoy yo tampoco muy comunicativa por redes pero te estaba echando en falta y me estaba preocupando. 14 kilos! que envidia me das y cuanto admiro tu fuerza de voluntad. Un besazo!

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  2. Deberíamos cultivar más el arte de no hacer nada y tener tiempo para todos sentados en una silla a la espera de entablar charla con personas que les apetezca, nos iría igual de bien que al señor Ernesto.
    Unas pelotas muy ricas, parecidas en algo a mis albóndigas. Te las copio descaradamente.
    Un beso.

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    1. :-) un besazo Lola y ya sabes que de aquí puedes llevarte todo lo que quieras :-)

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  3. Buenas noches, este señor es muy parecido a mi vecina Rosa y su perro Pepe, es sotera esta señora y me recuerda mucho a este señor.Tu receta muy buena y muy bien explicada.Que pases un buen domingo. Bsss

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    1. ¿Siii? que encanto de señora:-) un besazo Doris, muchas gracias por tu visita y espero que tú también pases un domingo genial.

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  4. Menuda historia!! pues ya podía aparecer por aquí un Sr. Ernesto, de esos ya no quedan. Las pelotas me han encantado, nunca las he comido así ni parecidas, con pan nunca las he visto y me han encantado, te han quedado espectaculares...Bess

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    1. Hola Esther, aquí en Austria, Bavaria y todo el Alpe en general son muy típicas. Hay muchas variedades y se acompañan con todo o es comen solas o con salsa o hasta en ensalada. Como podrás imaginarte, es algo que tuve que aprender a hacer para no tener problemas "patrios" con mis austriacos :) un besazo

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  5. Mai querida, te juro que si encontrara un señor Ernesto me le pegaría a su lado y lo acompañaría en su espera. Tu historia me hace soñar y ojalá aprendiéramos a sentarnos un poco y esperar, por que sí nomas, porque está bien también solo esperar. Tus Knödel se ven divinos, me encantan pero nunca me atreví a hacerlos porque me dan pánico que se me desarmen a la hora de hervirlos. Esta versión con espinaca y queso no la probé nunca pero parece que es el momento indicado para hacerlos.
    Sos una genia escribiendo, me encantan tus cuetos.
    Besitos. Te quiero

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  6. Cuantas historias nos cuentas y me encantaría tener a un sr. Ernesto en mi vida...y que me contara cosas como hacía Forrest Gump...Las recetas tuyas son super originales, y aunque para mí al menos son totalmente desconocidas, tienen aire de recetas super caseras y eso me gusta.
    Un beso guapa...estoy segura que eres muy eficaz y no habrás defraudado a todos los Austriacos que tienes alrededor.
    Un beso guapa
    Marialuisa

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  7. Buenos días preciosa?
    Tu historia es toda una lección de vida, otro gallo nos cantaría si dejáramos de lado las prisas y todo lo que el día a día nos engullendo, sin vivir.
    Tus pelotas me encantan, son muy originales, ma ha llamado la atención que no sean fritas, nunca las he hecho así, me guardo tu idea y me llevo dentro la historia, aunque debo decirte que a estas alturas de mi vida, estoy aprendiendo a vivir jajaja.
    Un besazo enorme querida amiga, espero que todo vaya bien por allí.

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