Lasaña crujiente con calabacín y bacon
Tras el accidente en el que murieron los astronautas del Apollo I durante una prueba en tierra, la NASA determinó que los trajes espaciales que habían desarrollado no valían para nada. Muy posiblemente la muerte de Grissom, White y Chaffee se habría podido evitar si la vestimenta y la cápsula hubieran sido construidas con componentes más resistentes y por supuesto, sin materiales inflamables.
Se ponen a ello: capas interminables, unas encima de otras, de materiales costosísimos y raros de narices. Claro, llega la hora de coserlos y ahí no hay aguja que lo resista. Se subcontratan costureras de Playtex, la fábrica de fajas milagreras y el famoso cruzado mágico de pecho perfectos. Pero ojo, que no les vale cualquiera.
La selección fue variando con el tiempo en medida de las necesidades pero se solicitaba un perfil muy concreto: se valoraba especialmente la contratación de mujeres con un nivel de habilidad muy alto pero con poca formación profesional. Esto tenía todo el sentido del mundo: se buscaba poder enseñarlas a reaprender el oficio sin que opusieran mucha resistencia y al mismo tiempo, desaprender malos hábitos sin mostrar demasiada obstinación por ello. En resumen: buscaban docilidad y habilidad en estado reconcentrado y sin efectos secundarios.
Trabajaban todas juntas en una sala enorme, requetesilenciosa, se medía cada puntada con una reglita de 15 cm. que cada costurera tenía consigo; se prohibió el uso de alfileres -olvidar uno dentro del traje la podía liar parda- y se cosía con una lentitud extrema luciendo cerca una foto del astronauta propietario del futuro traje para no olvidar en ningún momento que un error costaría vidas -esa vida en concreto-. ¿Imaginas el estrés para unas mujeres que no habían sido entrenadas para ello y el desgaste psicológico tan brutal?
Llegaron a hacer jornadas de 80 horas semanales, sin vacaciones y hasta altas horas de la noche. Y todo ello, con unos salarios modestos que no reflejaban su responsabilidad. Además, al pertenecer a una subcontrata, su trabajo se consideraba manufactura y no ingeniería, detalle aparentemente tonto pero que las excluyó de los bonos y reconocimientos oficiales de la agencia espacial. Para que te hagas una idea, el día del lanzamiento del Apollo XI, muchas de ellas lo presenciaron desde sus hogares. Ni siquiera tuvieron el detalle de invitarlas a todas al lanzamiento y hacerlas partícipes del momento.
Y por todos es sabido el éxito y el revuelo. No paraban de hablar del alunizaje, de los astronautas, de que si un paso para el hombre y tal. Todo eso que ya sabemos. Pero por cosas que pasan, muy posiblemente ante la saturación de fotos pisando la luna y de los astronautas victoriosos, un periódico local en algún lugar -venga, de Delaware, no le pongamos más misterio- publica una foto de una costurera joven delante de un traje de los lunáticos recién alunizados. El pie de foto reza textualmente:
Hazel Fellows, sentada en la máquina de coser, ensamblando piezas del traje en la línea de producción del traje espacial Apollo A7L en la International Latex Corporation (ILC), Frederica (Dover), Delaware.
¿Y qué pasó? pues que no redoblaron las campanas. Ni los tambores. Ni nada. Porque no pasó nada. Muchos -pero muchos- años después se comienza esta hermosa labor de desenterrar los logros y los hallazgos de las mujeres y alguien saca del olvido a estas costureras. ¿Cómo es posible que no se hablara de ella? ¿Cómo es que nadie las reconoció? Desde la NASA dicen que sí, que las querían mucho pero oye, son cosas que pasan.
Se hacen documentales con las supervivientes, se intenta seguir el rastro de las que ya han fallecido y se les reconoce su gran trabajo, ese por el que no recibieron ni reconocimiento ni gloria. Y así es como Hazel Fellows -que desgraciadamente ha fallecido sin que se tenga ningún dato de ella- pasa a ser la imagen icónica del grupo; primero porque fue encargada y responsable de muchas de ellas; y también por esa preciosa foto que se convierte en el estandarte de estas trabajadoras. Es la que se reprodujo durante décadas, la que llegó a representar a todo el colectivo de costureras del Apollo ante el mundo.
Pues agárrate que vienen curvas. En marzo de 2026, el Museo Nacional del Aire y el Espacio confirmó oficialmente que la mujer en la fotografía es en realidad Jean Wilson y no Hazel Fellows. Nadie jamás confirmó la identidad de esa jovencita de 19 años que cosía el traje de Armstrong. Nadie preguntó a las chicas, que se conocían todas, porque cualquiera de ellas hubiera confirmado que era Jean. La propia Hazel incluso. En ese momento, cuando se hizo popular la foto, estaban todas vivas, localizables, con nombre y apellido en las nóminas de una empresa colaboradora de la NASA. Cualquiera habría corregido el error si alguien se hubiera molestado en enseñarles la foto y preguntar "¿esta eres tú?".
Y aquí es donde tiro el micro al suelo. Nada que añadir, señoría. A ver quién ahora viene a cuestionar que a estas magníficas mujeres no se las ninguneó cuando se dejaron el pellejo por mantener vivos a los de Apollo XI y a los que vinieron después.
La ceguera de la NASA, que tanto ha escurrido el bulto, aquí ha quedado retratada: esos ingenieros y astronautas que visitaban la planta constantemente para los ajustes de los trajes, las conocían. Sin embargo, durante 57 años, ninguno de ellos corrigió el error al ver la foto publicada con el nombre equivocado. Puede que cuando estás en las alturas, las caras individuales de las costureras terminaron siendo intercambiables. Porque dieron más valor a sus puntadas y zurcidos que a sus desvelos, ataques de nervios y de ansiedad. Menuda ironía: ellas han sido como los sujetadores de Playtex que sostienen lo que hay que sostener, hacen su trabajo y nadie los ve.
Por mi parte, no imagino mejor tributo a todas ellas que rescatar sus nombres y dejar constancia de sus propias voces. ¡Va por vosotras, chicas!
Iona Allen, Delema Austin, Julia Avery, Doris Boisey, Velma o Thelma Breeding, Julia Brown, Francine (Fran) Burris, Jane Butchin, Ethel Collins, Delema Comegys, Henrietta Crawford, Lillie Elliott, Ruth Embert, Evelyn Everett, Hazel Fellows, Eleanor Foraker, Madeline Ivory, Evelyn Kibler, Beverly Killen, Anna Lee Minner, Roberta Pilkenton, Ruth Anna Ratledge, Sue Roberts, Gail Smith, Arlene Thalen, Joanne Thompson, Mary Todd, Michelle Trice, Ceil Webb, Jeanne (Jean) Wilson, Clyde Wosylkowski y Delores Zeroles
"Había noches en las que llegábamos a casa, nos preocupábamos y pensábamos: 'Dios mío, ¿habré dejado un alfiler dentro?'. Y perdías un poco de sueño por la noche. A veces realmente te derrumbabas y llorabas... sé que yo lo hice".
Jean Wilson. Entrevista BBC
"Salía de la planta a las cinco de la mañana y volvía a las siete, pero valía la pena, realmente lo era". (Ella confirmó haber trabajado sin vacaciones durante tres años seguidos y sufrir dos crisis nerviosas).
Eleanor Foraker. CBS News
"Teníamos que hacer diferentes tipos de muestras de costura y las enviaban al laboratorio de pruebas donde las rompían hasta que se rasgaban. Solíamos hacerlas todo el día sabiendo que iban a ser destruidas. Pero sabíamos que la vida de un hombre dependería de ello, así que simplemente seguimos adelante".
Joanne Thompson. BBC Future
"Una vez que empezaron a bajar la escalera y él puso el pie en la Luna, ese fue el punto culminante de ver algo en lo que habías ayudado... Pero luego pensaba: 'Dios mío, me pregunto si eso aguantará. Espero que esa puntada no se haya soltado'".
Lillie Elliott. CBS News
"Todas éramos buenas y éramos un equipo. No se consigue hacer nada a menos que seas un equipo".Ingredientes para 3-4 personas:
Roberta Pilkenton. Smithsonian
- 6 lonchas de bacon
- 2 calabacines medianos
- 200gr. queso cremoso de cabra
- 100ml. de nata líquida
- algo más de nata líquida para el fondo
- 8 láminas de lasaña sin necesidad de cocer
- 1-2 tomates
- pesto verde
- algo de pimienta
- algo de mozzarella para gratinar
Preparación:
- En una sartén, haz el bacon hasta que quede crujiente. Reserva.
- En la misma sartén, marca un poco el calabacín cortado en lonchas finas. Reserva.
- En un bol, mezcla el queso de cabra cremoso con la nata hasta que tengas una crema lisa. Si es necesario, añade algo más de nata. Reserva.
- Calienta el horno a 190ºC.
- En un recipiente de pyrex (o dos, como en mi caso) pon una base de nata, coloca la primera lámina de pasta, pon encima unas láminas de calabacín, un loncha de bacon cortada en 3 trozos, un poco de la crema de queso y de pesto. Pon otra capa de calabacín, de rodajas de tomate, otra loncha de bacon en 3 trozos, crema de queso y pesto. Repite esta misma capa y termina con una cuarta lámina de pasta que cubrirás con queso crema de cabra.
- Hornea. Los primeros 20 minutos con papel de aluminio. Después lo destapas y dejas que coja color y el crocante. Termina con trocitos de mozzarella por encima para que gratine bien la lasaña.
- Una vez fuera del horno, añade pimienta, un poco de pesto y si puedes, unas hojas frescas de albahaca.










