Pizza bianca Detroit style con calabacín

Rosa Parks tenía 81 y ya llevaba 17 sin Raymond, su amor, compañero e inspiración en la vida. Él la alentó a la militancia y fue su gran apoyo a la hora de terminar sus estudios. También perdió ese mismo año a su hermano Sylvester y poco después a su madre. Las desgracias tienen esa manía, la de venir juntas.

Llevaba mucho tiempo viviendo sola y sus amistades insistían que el barrio no era seguro. Wildemere Street ya no era lo que fue, así que estaba interesada en cambiar de apartamento pero, lo cierto es que no terminaba de encontrar algo que pudiera permitirse. Y en el fondo, algo en sus entrañas con voz de reuma, le decía: "Rosa, tú ya no estás para estos trotes".

Lo que pasó en la noche del 30 de agosto de 1994 no fue nada extraordinario. En Detroit, como en tantos sitios, los robos eran el pan de cada día. La mala chufa es que le tocó a ella: ya caía la tarde cuando oyó un fuerte ruido y vio que alguien le había reventado la puerta trasera. Allí se encontró con un joven que le explica algo así como "Señora, estaban intentando entrar en su casa y yo lo he impedido". Se sintió aliviada, para qué mentir. Puede que el hombre la reconociera: "Vaya, ¿no es usted Rosa Parks? Ella medio sonrió agradecida. ¿No tendrá usted tres dólares que darme como recompensa?. Qué menos puedo hacer por ese agradable muchacho, pensó Mrs. Parks.

Subió las escaleras en busca de la recompensa para el joven, llamado Joseph Skipper y que resultó ser un sinvergüenza de manual; la siguió y dijo que mejor se quedaba con todo, que tres dólares no lo llevaban a ningún sitio. Pero claro, estaba ante Rosa Parks, la mujer que no cedió su asiento en un autobús a pasajeros blancos porque estaba cansada de abusos. Fue detenida, juzgada y condenada por ello y no retrocedió jamás ante la injusticia. Así que ¿por qué iba a permitir que la asaltaran sin poner resistencia?

Supongo que por un momento se olvidó de los 80 años que llevaba encima y su espíritu activista, siempre en contra de la injusticia, se puso en modo boicot sin darle tiempo a pensar que no merecía la pena llevarse los palos que se llevó por 53 dólares. Pero así era ella.  
El suceso tuvo cobertura en prensa y algunos medios -tal y como hacían por costumbre- tiraron del filón sensacionalista: pintaron a la anciana Rosa Parks, icono del famoso boicot de autobuses de Montgomery que terminó en una protesta civil que duró 381 días, con una mujer olvidada por todos que vivía en la indigencia. 

Es cierto que la comunidad se había olvidado un poco de ella, tampoco vamos a mentir. Entre tanto ruido y tantas cosas, a veces pasa de puro sin querer; no porque la gente sea cruel, sino más bien algo olvidadiza y sin no les recordamos las cosas, pues caen en el olvido.

Así que esta agresión con robo fue el aviso que Detroit necesitaba para movilizarse y ayudar a Rosa Parks; el juez Damon Keith y la locutora Martha Jean Steinberg crearon el Rosa Parks Trust, una fundación de recogida de donaciones que inicialmente pretendía poder reunir el dinero suficiente para que Mrs. Parks pudiera mudarse a un barrio más seguro y saludable. En poco tiempo ya se habían recaudado más de 100.000 dólares; varias personas incluso donaron dinero mensualmente para asegurarse de que los gastos de vivienda estuvieran cubiertos de por vida. Y cuando su salud empeoró, los dueños del bloque de apartamentos donde vivía, dejaron de cobrar la renta para que se pudieran cubrir holgadamente los gastos médicos.

Para que veas cómo era Mrs. Parks: al día siguiente, con la cara todavía hinchada, no convirtió aquello en un discurso que pudiera alentar a nadie a realizar un discurso contra los jóvenes negros. Muy al contrario, dijo que lamentaba que hubiera personas capaces de robar y hacer daño y que eso era una prueba de que quedaba mucho camino por recorrer. Y cuando los medios usaron su agresión para criticar a la juventud de color, mostró compasión por las circunstancias que habían llevado a Skipper hasta su puerta. Para ella todo era lucha para mejorar, no para criticar.

Y Detroit ya nunca más la defraudó. La General Motors o la cadena de pizzerías Little Caesars, entre otros muchos donantes, estuvieron ayudando a la fundación hasta el final de sus días. 
munificencia
Del lat. munificentia.
f. Generosidad espléndida.
f. Largueza, liberalidad del rey o de un magnate.
Y es que ella y su esposo Raymond sufrieron a lo largo de su vida un alto precio por su lucha a favor de los derechos civiles. Después del suceso del autobús, perdieron sus trabajos y sufrieron amenazas terribles: desde el Ku Klux Klan, supremacistas de poca monta o el acoso social y económico orquestado por los White Citizens' Council, que ya te imaginarás de qué palo iban. Así que entre amenazas de muerte y falta de trabajo, deciden mudarse a Detroit, donde viven Sylvester y su madre. La cosa tampoco resultó fácil.

Pasaron varios años de penurias hasta que en 1965, el congresista pro derechos civiles John Conyers la incorpora indefinidamente a su oficina. Tuvo la suerte de trabajar allí hasta jubilarse en 1988.

Así que, no sé tú, pero a mí esta historia de justicia social me ha encantado. Me genera una sensación de esperanza en la comunidad brutal. Es ver cómo uno conoce a alguien que puede conseguir un apartamento, otro que pone dinero, los de más allá que se ocupan de sus gastos médicos; algunos tenían muchísimo dinero, pero otros no. Cada uno como buenamente podía. Pero todos compartieron la responsabilidad de cuidarla con el cariño que se merecía porque a esas alturas del siglo pasado, Rosa Parks era de todos.

Esta pizza de hoy, tenía que ser al estilo de Detroit, más parecida a una focaccia con cosas que a una pizza al uso pero tan popular se volvió esta masa en Estados Unidos que hablar de pizza americana es hablar de la pizza de Detroit. La he hecho bianca, sin tomate, y te prometo que nada tienen que ver los supremacistas de las narices que tanto daño y dolor dejan a su paso. Lo suyo es que hubiera añadido unos trocitos de las famosas cerezas del estado de Michigan. Pero ahora lo que hay son granadas, así que: es lo que hay. 
Ingredientes:
  • 500gr. de masa para pizza (técnica de los tres 5)
  • 2 cebollas
  • 2 cdas. de mantequilla
  • 1 calabacín marcado en el grill
  • mezcla de quesos: cheddar, mozzarella, gouda... e italianos como robiola o scamorza ahumada a tu gusto
  • Para terminar: cerezas o granada y romero

Preparación:
  1. Sigue los pasos del tutorial de pizza y aplica la técnica de los tres 5. 
  2. Carameliza la cebolla cortada en tiras finas con una cda. de mantequilla a fuego medio alto y sin dejar de remover hasta que esté bien dorada.Reserva.
  3. Corta el calabacín en rebanadas del tamaño que quieras y los marcas un poco en el grill o sartén. Reserva.
  4. Precalienta el horno a 220ºC.
  5. Engrasa con un poco de mantequilla un molde rectangular (mínimo de 38 x 28,5 cm que equivale a 15" x 11") y reparte la masa como si fuera una focaccia, presionando bien con los dedos la masa. 
  6. Coloca encima de la masa la cebolla bien repartida y añade después la capa de queso, que al ser la versión bianca sin tomate, puede ser un poco más prolija.
  7. Hornea la pizza en su molde colocándola en la parte baja del horno para que se haga bien la masa sin que tueste en exceso el queso. Cuando veas que ya casi está, abre el horno y coloca las tiras de calabacín.
  8. Aunque yo he preferido poner los granos de granada sin horno, si lo haces con cerezas, añádelas junto al calabacín. Cinco minutos más y la pizza estará lista.

 
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