Ensalada de tomate y espárragos con pesto ligero de nueces
Hace diez años, un poco sin ton ni son -como suele ser norma en mí- me lié la manta a la cabeza y te hablé de OCEAN y el Big Data a costa de un artículo que leí por la red. Sin saberlo, estaba divagando con algo que se destapó un año después: en marzo de 2018 salió lo de Cambridge Analytica, que había explotado el modelo Big Five con datos de 50 millones de usuarios de Facebook (sacados de una app de personalidad que también absorbía datos de los amigos de quien la usaba) para construir perfiles psicográficos que se vendieron a campañas como la de Cruz y luego la de Trump. Este caso fue un misil moral que nos dejó un poco hechos polvo a todos por aquello de lo fácil que es para las élites demoler los procesos democráticos.
Claro, esto ahora da risa. Suena casi hasta infantil. Porque en tan solo una década hemos elevado el concepto de la ciber-manipulación al nivel dios. Hoy pueden no solo leer nuestras mentes para saber qué nos asusta o nos emociona, sino que además los algoritmos escriben y generan contenidos concretos y deliberados para desbocar ciertas emociones dónde y cuándo quieran. El bombardeo emocional es tan brutal que primero, nos manejan y malean con sus temas y luego, casi sin tiempo para reflexionar, nos noquean en un periquete generando saturación de fakes. Porque las ciber-milongas pueden con la mente más templada, eso es seguro.
Pero lo mismo estoy corriendo demasiado. ¿Qué es eso del Big Five? Te lo cuento bien picadito: los humanos somos más sencillitos de lo que parece y todos nosotros estamos clasificados en tan solo 5 perfiles:
Openness: Evalúa la creatividad, la curiosidad; personas que siguen páginas de arte, ciencia, viajes o consumen contenidos fuera de la corriente principal.
Conscientiousness: Mide la autodisciplina, la organización; personas que buscan publicaciones estructuradas, un uso frecuente de herramientas de productividad y planificación.
Extraversion: Señala la sociabilidad; personas que se identifican por la cantidad de amigos o seguidores, la frecuencia de publicaciones, las fotos o interacciones.
Agreeableness: Mide el nivel de empatía y confianza; son personas que usan palabras positivas, interacciones pacíficas, apoyos en campañas sociales y evitan la confrontación.
Neuroticism: Evalúa la tendencia a emociones como la ansiedad o la vulnerabilidad; personas que recurren a palabras con carga emocional negativa, quejas y demás mierdis.
Así que cuando los Big Five los cruzaron con el Big Data, a todos nos calaron con el OCEAN que no deja rastro de sal ni resaca. Sin decir esta boca es mía, nos empujan a sus profundidades. Sean las que sean.
Dicho lo dicho ¿qué es lo que ha cambiado desde las trufas de Baileys? Todo querido lector. No es por asustarte -o sí- pero se han trasformado mucho tanto el campo de acción como las herramientas necesarias para que no solo las élites se zampen el pastel. Necesitan ruido de por medio para que no nos fijemos en sus movidas. Además, ya no hace falta robar likes de Facebook para perfilar a alguien; ahora la IA generativa hace todo el trabajo. Desde analizar los patrones de navegación y redes para segmentar a los parroquianos en microgrupos, hasta generar contenidos a imagen y semejanza de cada internauta. Ya ni siquiera hace falta que sean deepfakes requeteelaborados. Los cheapfakes -manipulaciones con IA mucho más cutres- funcionan de maravilla y solo hay que ver el éxito que tuvieron en las elecciones argentinas de 2025. O ver las redes sociales de la Casa Blanca, que son puro insulto a la inteligencia humana. Y ahí están.
Saben cuándo y qué compramos, a dónde vamos, costumbres y rutinas. Saben cuáles son nuestras dinámicas domésticas y familiares porque cruzan información de los dispositivos de una misma red Wifi o router. ¿No has tenido la certeza de que te están escuchando o viendo? Pues la verdad es mucho más retorcida. Si esto pasara, lo sabríamos porque dejarían rastro: batería, indicador visual y tráfico de datos detectable. No, no necesitan exponerse tanto porque con toda la información que recogen de nosotros, de nuestro entorno, de las cookies y de nuestros pasos -porque ya no somos capaces de irnos a hacer pis sin la pantalla en la mano- tienen más que de sobra para bombardearnos con publicidad o con manipulación político-social; o simplemente para influenciar en nuestros hábitos por lo que sea, que mi mente retorcida no llega a tanto. Y sobre ese "lo que sea" que bien podríamos llamarlo adicción, si te interesa lo hablamos la próxima vez.
No hay salida. Esa es la realidad. Qué bonito es tener tanto conocimiento al alcance de la mano. Poder seguir la actualidad del mundo -en mi caso, seguir conectada a mi Heimat-, no perder del radar emocional a amistades, familiares, colegas... inspiración, diversión, divulgación; calidad de contenidos que están enterrados en toneladas de basura, tendencias virales absurdas y demás tontadas que entrenan nuestra mente para absorber lo que sea sin pestañear.
En fin, que en una década hemos pasado de las fábricas de datos a las fábricas de contenido. Ya no merece la pena clasificarnos porque por el mismo precio, caballero, se lleva usted un dos por uno: porque para qué etiquetarnos respetando el libre albedrío si con el mismo esfuerzo, es factible manipularnos de forma que si el Five nos considera una C o E, una IA generativa nos puede convertir de un plumazo en N; para qué acumular perfiles a lo tonto cuando pueden cambiarnos -reclutarnos- a su antojo cuando sea necesario. Mira lo que ha pasado en Ceuta y dime tú cómo hubiera sido posible polarizar y generar esta crisis política, social y humanitaria sin las pantallas. Piensa en ello.
Y ahora ¿en qué punto estamos?
Mientras el mundo se esfuerza en querer legislar las redes sociales y las IAs, las compañías y corporaciones se escapan una y otra vez. No cumplen con sus compromisos éticos, lo arreglan todo pagando multas e indemnizaciones que en los titulares quedan como cifras espectaculares -para unos pobretones como tú o yo- pero que para ellos es pura calderilla.
Y por más que los legisladores quieren avanzar, más rápido se escapan ellos de sus deberes, obligaciones o responsabilidades. Hacen lo que les da la gana y sin ruborizarse. El RGPD europeo de 2018 obliga a pedir consentimiento para este tipo de rastreos y espionajes a los que nos someten y tendríamos derecho a oponernos. El problema es que la ley está bajo un asedio infinito y requetebien financiado para salirse por la tangente y que quede en papel mojado.
Por su parte, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, ha advertido sobre cómo las capacidades de los agentes de IA autónomos están avanzando mucho más rápido que las regulaciones para frenarlos. Es decir, hasta ahora la IA generativa ha sido reactiva: un humano tiene que intervenir para que la máquina genere un texto o una imagen falsa.
En cambio, la IA Agéntica opera con total autonomía. Se le da un objetivo general y ella aplicará su propia estrategia y medirá los resultados sin intervención humana. Y no es disparatado imaginar, que esos ataques incontrolados de desinformación llegarán a destruir, por un lado los sistemas democráticos por razones obvias; y por otro llegarán a intoxicar tanto la información que perderemos nuestras referencias pasadas y futuras. Y es de suponer que la competencia entre ellas -si nadie lo impide-, las llevará a querer engañarse unas a otras hasta que un día ya no queden "hechos". Ya no habrá diferencia entre la verdad y el relato que nos quieran inculcar.
Así que ya es hora de que pensemos todos juntos en qué hacer y cuáles van a ser los próximos pasos para detener toda esta locura. No frenar el progreso, sino regularlo ahora que estamos a tiempo. Las redes sociales, las IAs no son el problema sino los que están tomando las decisiones sobre ellas. Estos tipos están pirados y son peligrosos. Se han despegado de la realidad y de la ética. Es hora de que nosotros, los adultos, hagamos más ruido pidiendo más transparencia y control legislativo. Es hora de que los niños y adolescentes sepan lo que les viene encima. Expertos deberían recorrer los colegios e institutos informando a los más jóvenes sobre cómo protegerse del peligro.
No es solo controlar la exposición a las pantallas o alertarlos de las adicciones. Es contarles que o se para esto, o el mundo tal y como lo conocemos se irá a la mierda. Y de paso, también informar a todo dios -como siempre, aunque no sirva de nada- de que el progreso no es el enemigo. Es la ignorancia.
Ingredientes a tu gusto:
- Tomates variados
- Espárragos blancos
- Huevo duro
- Nueces a tu gusto
- Unas hojas de albahaca
- 1-2 dientes de ajo
- Un buen chorro de limón
- Un chorrito de aceite de oliva
- Sal y pimienta











