Muffins de zanahoria y naranja sin harina ni grasa
verbalizar. De verbal e -izar.
tr. Expresar una idea o un sentimiento por medio de palabras.
tr. Gram. Convertir en verbo una palabra o un grupo de palabras.
Querido lector del presente y del futuro -al del pasado le dejo fuera para cuando me anime a hacer una huija- hay un consejo universal que es la madre de todas las ciencias, el sistema decimal de nuestras emociones, la piedra roseta del entendimiento; es el consejazo que con mucho gusto voy a compartir contigo porque tú te lo vales más que un champú de L'Oréal.
No importa cual es tu circunstancia presente y pasada, no importa tu estatus, nivel de estudios o experiencias vividas; da igual, siempre pero siempre y digo siempre -o casi siempre- hay que verbalizar, verbalizar y verbalizar. Y no te embales alma cándida, que como comprenderás no se trata de verborrea irreflexiva, autolabia abusiva que suele dejar al oyente en un estado de agotamiento crónico e irreversible... no, no. No es ésto.
A los que les cuesta chaspar, tendrán que hacer un esfuerzo para lanzarse y los que estamos abonados a la charlatanería tendremos que focalizar nuestro relato y hablar con el cúter en la lengua para cortar a tiempo esas historietas que se mezclan unas con otras y que suelen concluir en guisos de poca sustancia... y porque nos cortan el gas, que sino seguiríamos chaspa que chaspa.
No. Quédate con el concepto y los contextos ya los dejamos para más adelante. Verbalizar quita hierro a los problemas; espanta fantasmas; reduce la congestión emocional y aligera la carga evitando caer en ansiedades y demás dramas vitales que nos pueden destrozar la vida o cuando menos, amargarnos innecesariamente.
Verbalizar no solo ayuda a nuestra salud mental, sino que también mejora nuestras relaciones, aplaca malos modos en los conflictos y fortalece los vínculos con la gente que nos importa. Pero claro, no nos han enseñado a hacerlo y eso supone, por un lado, dejar a las claras nuestra incapacidad de instruir en tan sana costumbre a nuestros pequeñajos; y por otro, pues pasa que cuando un marcianito de a pie se lanza a contar sus cositas, el supuesto oyente en lugar de hacer lo que le corresponde, salta con saña y cierta inquina como si tuviera que defenderse o hacer de menos las cosillas de los demás.
Porque claro, verbalizar no sirve sin un oyente experto en ponerse en zapatos ajenos; tampoco aporta mucho si quien verbaliza nunca ha ejercitado el necesario arte de compartir silencios, dejar hueco al de al lado para reiniciar el espíritu porque hay voces interiores que tienen que asimilar sus movidas.
Pero a ver ¿Qué te creías, que eso de verbalizar es coser y cantar? Ni modo. Hay gente que habla de más y con mala chufa, consciente o inconsciente, porque la mala chufa no atiende a razones. Algunos ejemplos:
- Era solo una broma, no tienes sentido del humor.
- Es broma, que piel más fina, ¿no?
- No es para tanto con la de gente que...
- Te soy muy sincera así que...
- No es culpa mía que...
- No esperes que cambie.
- No me extraña que nadie te aguante.
- A ver, a mí que me cuentas.
- No, si yo solo...
- Todos piensan como yo menos tú.
- 250gr. de zanahorias
- 1 naranja bio
- 3 huevos
- 150ml. de yogur griego
- 250gr. de almendras molidas (ó 200gr. almendras y 50gr. nueces molidas)
- 1 sobre de polvos de hornear (yo uso cremor tártaro)
- 60gr. de jarabe de arce
- 60gr. de azúcar de coco o panela
- un poco de allspice o pimienta de Jamaica
- un poco de canela
- vainilla
- cobertura: mezcla a partes iguales de crema de coco y yogur griego
- Precalienta el horno a 170ºC.
- Tritura la zanahoria y media naranja con su cáscara y la otra mitad solo el zumo. Luego añade el resto de ingredientes. Pásalo a moldes de silicona así no tendrás que engrasarlos.
- Hornea hasta que estén doraditos y firmes. Deja enfriar antes de desmoldar. Cubre con la cobertura que más te guste. Yo he hecho una de crema de coco y yogur que le ha dado un toque fantástico.













