Ensalada de patata y col china
verdad
Del lat. verĭtas, -ātis.
f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
f. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
f. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
f. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.
f. Cualidad de veraz.
f. Expresión clara, sin rebozo ni lisonja, con que a alguien se le corrige o reprende. U. m. en pl. Cayetano le dijo dos verdades.
f. realidad (‖ existencia real de algo).
Uf, la verdad, esa verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Qué traicioneras pueden ser nuestras expectativas. A ella acudimos cuando necesitamos diferenciar entre realidad o sueño, o cuando nos urge aportar luz a ciertos hechos sin que la manipulación los difumine o nos confunda de puro sin querer. Podría ser, no digo que no, que sea tan solo un ideal o parte de él; podría ser un valor moral que nos enseñan desde niños y a falta de más datos, va a misa. De hecho, mira donde dice "Cualidad de veraz" que no es otra cosa -siempre según su definición- que aquel o aquello que dice, usa o profesa siempre la verdad. Y la RAE -que en verdad de palabras sabe un rato- añade sinónimos de la talla de honesto, honrado, noble o auténtico.
Conque mira la responsabilidad tan grande que nos ha caído encima. De verdad que sí, porque tenemos medio claro que existen tantas sinceridades como personas, puesto que cada cual lo interpretamos todo mediante nuestros propios filtros. Esto no significa que uno posea una verdad más grande que la de otro. Y si lo creemos así, muy posiblemente esas afirmaciones se avalan con arrogancia y superioridad moral cuando menos. O nos ofuscamos simplemente y no vemos lo que tenemos delante.
Bueno, habría que darle vueltas a esta posibilidad pero de momento, la aparcamos. Vamos a ponernos todos al mismo nivel de humanos con taras que estamos porque estamos y somos lo que somos. Disculpa si empiezo a sonar dispersa, cosa que no voy a negar porque podría ser verdad. Hay que tener en cuenta que contamos con demasiadas versiones de verĭtatis y no quisiera yo incurrir en falsedades a cuento de no saberme explicar.
Decía -o quería decir y no llegué a expresarlo- que por un lado, hay verdades que cada cual hemos atesorado con nuestras propias vivencias, emociones, valores y creencias; es evidente que no podemos ignorar, que la verdad también se nos enseña, incluso con adoctrinamiento y su color y textura va a depender del entorno en el que nos toque crecer. Luego iremos de reaccionarios, de iluminados o de pasotas. Luego cada uno moldearemos la verdad conforme al adiestramiento que hayamos recibido, o no; porque puede que luego la verdad no nos salga mansa y reniegue del amansamiento... Ay no, perdón: quería decir del amaestramiento.
Pero por otro lado, también está la mente que interpreta la verdad a su manera porque biológicamente, por lo que sea, a nuestra cabecita no le gusta la incertidumbre así que añade sesgos por aquello de sentirse "a salvo", sin desasosiegos ni alarmas. A lo mejor nuestro cerebro no quiere complicarse en exceso y por aquello de no enmarronarse a lo tonto, toma atajos para salir del apuro o directamente zanjar el asunto. Y esos sesgos cognitivos a veces nos solucionan la papeleta -no digo que no- pero lo normal es que todo termine patas arriba.
Y ahora sí, querido lector, pongamos ejemplos: hablemos del efecto de la verdad ilusoria que impulsaron Hasher, Goldstein y Toppino. Esto va de ese algo que repetido muchas veces parece más verdadero, aunque intuyamos que es falso. Porque cuando lo escuchas por primera vez, te puede parecer raro; la segunda pues oye, cuando el río suena, ya se sabe; y después el cerebro se pone en modo ahorro y total, como le resulta familiar lo interpreta como seguro. No es falta de luces, de sentido lógico o de información. Es manipulación pura y dura porque de tanto repetir una mentira nos empieza a sonar hasta bien por muy absurda que sea. En fin, en peores plazas nuestro sentido común habrá toreado, así que nos lo creemos y a otra cosa mariposa.
Lee Ross expuso al mundo lo que llamó el realismo ingenuo que a grandes rasgos viene a describir esa tendencia masiva -pero personal- de pensar que cada cual vemos las cosas tal y como son, de forma cristalina, objetiva y sin música de violines. A ver que piense: sí, después de reflexionar largo y tendido puedo afirmar que yo veo la realidad sin filtros y que cualquier persona sensata estará de acuerdo conmigo... de hecho, casi todas las personas inteligentes que conozco piensan como yo. ¿Te suena, eh? Ojo con este asunto que aquí no se libra ni el apuntador.
Pero la reinona de la fiesta es sin duda el sesgo de confirmación. Uno de los primeros en rayarse con este asunto fue un tal Peter Wason y sus experimentos abrieron el melón de esta tendencia por buscar, interpretar, recordar o investigar aquella información que coincide con nuestras creencias. Y lo que nos puede contradecir, pues se ignora, se descarta o se minimiza. Casi todo vale con tal de llevar la razón. Y como uno no puede luchar solo contra la corriente, se recurre a hacer campaña para vender mi verdad y todo termina en un conmigo o contra mí. Y si estás contra mí, lo mismo te va a ir muy mal. Es cierto que la idea la expongo requetecomprimida; que lo mismo piensas que no, que no hay que llevarlo todo al extremo que lo mismo... que lo mismo no tengo razón. O sí. O quién sabe.
Porque dime: ¿la verdad es una, son todas o es una ilusión?
Hala, a la receta. Es verdad que mucha gente piensa que las ensaladas son para el verano pero yo creo que no, pese a correr el riesgo de ser víctima del realismo ingenuo. Yo tiro de ellas el año entero y a estas alturas de la vida ya habrás llegado a la conclusión de que hay mil maneras de preparar una ensalada de patata y que no hay una más rica que otra. Yo no sé tú pero a mí siempre la última es la que me parece la definitiva. Esta te va a encantar.
Ingredientes:
- Patatas cocidas a tu gusto
- Col china a tu gusto (o cualquier otro tipo de col)
- 1-2 cebolletas pequeñas
- Unos rabanitos a tu gusto
- Opcional: unos pepinillos en vinagre
- Sal y pimienta
- Un chorrito de aceite de oliva
- Un chorrito de vinagre de vino
- Mayonesa casera mezclada con yogur
- Un poquito de mostaza
Preparación:
- Una vez cocidas las patatas, las pelas, las cortas en trozos menudos y las pones en un bol.
- Añade la col china cortada en tiras muy finitas y haz lo mismo con las cebolletas y los rabanitos. Si la quieres con un poco más de carácter, añade unos pepinillos picados.
- Salpimienta, añade un chorrito de aceite y de vinagre y termina con la mayonesa a tu gusto y un poquito de mostaza para realzar. Listo.











