Paté de champiñones al Oporto

Hoy hace 100 años que un señor escocés llamado John Logie Baird retransmitió las primeras imágenes en movimiento a través de las ondas a una frecuencia de 14 imágenes por segundo. Lo llamó televisión. Un año después, consiguió realizar una transmisión de TV a una distancia de 705 km por una línea telefónica y en 1929, la BBC comenzará a emitir públicamente en horario nocturno. Y tan ricamente hasta hoy.

Anda que no ha llovido desde entonces. Hemos visto al hombre pisar la luna, al Arguiñano cocinar rico-rico y al Paco Umbral levantar el dedo en una tertulia y decir aquello de yo he venido a hablar de mi libro. Yo que tengo unos años, he visto publicitar donuts bajo el eslogan de "nutritivo", disfrutar de la chispa de la vida y elegir comprar Colón no sin antes "busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo".
En España, la primera retransmisión se hizo desde Madrid en 1956 y tan solo llegó a los apenas 600 televisores que había en la ciudad pero la locura de la tele se contagió rápidamente y el sueño de cualquier español era el de tener uno de esos aparatos en el salón con la flamenca o la muñeca vestida de legionaria encima del artefacto. Creo que puedo afirmar que los españoles fuimos los primeros osados en engalanar a la tele con puntillas y ganchillos como quien viste a una virgen en una romería. Y es que la cosa no era para menos. La tele nos abrió al mundo, o lo vimos, o creíamos que lo veíamos con series como Bonanza, los Tele Rodríguez o las historias para no dormir de Chicho. 
Cuando era pequeña, nos decían que nos íbamos a quedar tontos de ver tanta tele, que ese aparato rompería muchas familias porque en la hora de la cena ya nadie gesticulaba la boca salvo para zampar mientras se veía el telediario. Decían que era la caja boba, que nos creíamos todo lo que se decía y que no íbamos a saber diferenciar fantasía de realidad con tanto chisme.

Bueno, sea como fuere, la tele lo ha sido casi todo en muchos hogares. Era el primer aparato que se encendía al entrar y el último al salir. Aún conozco a alguien que cuando sale de casa la deja encendida: "para burlar a los ladrones" dicen. Sea lo que sea, ahí está. Se quedó en la familia y aún sigue dando guerra. Ha podido con la radio, los cines y el teatro. Parecía que los móviles se la iban a comer pero oye, ni hablar del peluquín; ahí sigue la tía dando guerra.
Ingredientes:

  • 1 cebolla
  • 1 puñado de almendras o nueces
  • 2 dientes de ajo
  • 350-400gr. de champiñones
  • salsa Worcester
  • sal
  • pimienta
  • hierbas provenzales (o las que más te gusten)
  • 1 vasito (de los de vino) de Oporto
  • 30gr. de mantequilla (no margarinas)

Preparación:
  1. En una sartén a fuego medio, dora la cebolla en un poquito de mantequilla. Cuando empiece a pochar, añade las almendras y el ajo. Baja un poquito el fuego y deja que termine de pochar. Reserva.
  2. En la misma sartén y con otro poquito de mantequilla, dora los champiñones a fuego fuerte para que sellen y no se deshidraten. Añade la salsa Worcester, la sal, la pimienta y las hierbas sin dejar de remover. Por último, añade el vino y deja que reduzca casi por completo a fuego vivo.
  3. Tritura. Pasa el paté a un recipiente y pon un poquito de la mantequilla que te haya sobrado por encima. Termina con un poquito más de hierbas por encima y deja que enfríe por completo en el frigorífico antes de consumir.

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