Mostrando entradas con la etiqueta pastel de manzana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pastel de manzana. Mostrar todas las entradas

Apple Matilda dumplings

junio 21, 2026
Para el Clan del Lobo de la Nación Mohawk ella fue Karonienhawi, la que sostiene el cielo. Para las sufragistas, una subversiva que al atacar a la iglesia alejaba el apoyo político de los conservadores y fue borrada de un plumazo de los libros de historia. Para su familia, Glinda, la bruja buena del Mago de Oz y, si tienes la paciencia de leerme hasta el final, descubrirás de dónde viene esta fantasía tan maravillosa.

Y para nosotros, los de hoy, es Matilda. La grandiosa, la primera, la que da nombre al Efecto Matilda de Margaret W. Rossiter. Ella es la voz de todas, no solo de las científicas, sino también de las silenciadas habidas y por haber. Porque escuchar su lucha, sus ideas, sus propósitos, es entender que lo mismo no hemos avanzado tanto desde entonces; porque las mujeres de tres cuartas partes del mundo aún no son dueñas de sus aspiraciones ni destinos. Y las que vivimos bajo constituciones que presumen de igualdad, nos hemos cambiado las cadenas por la conciliación: una carga invisible que a nosotras se nos exige por triplicado y a ellos jamás se les pasa por la cabeza.

Porque si bien es cierto que siempre ha habido mujeres que han reclamado lo nuestro, la realidad habla de que todas esas mechas chisporroteantes que auguraban grandes cambios fueron apagadas. Y se ha tardado mucho, con demasiada frecuencia, en rescatarlas del limbo del ostracismo. Lo reconfortante, la esperanza, está en que aunque esas voces se silencien, siempre habrá quien las libere. Tarde o temprano, como con Matilda. 

Fueron las feministas de los años 70 quienes la recuperaron del olvido y le devolvieron su lugar en el movimiento. Lúcida, mordaz, culta y comprometida, denunció las taras de la sociedad decimonónica que se empeñaba con uñas y dientes en convencer a la mujer de que el mundo le quedaba grande. Y ella les habló de autodeterminación, de autodesarrollo, de ser dueñas de su propio juicio y destino. De libertad. 
¡Una rebelde! Qué glorioso suena ese nombre cuando se aplica a una mujer. Oh, mujer rebelde, hacia ti el mundo mira con esperanza. Sobre ti ha caído la gloriosa tarea de traer la libertad a la tierra y a todos sus habitantes.
Y no lo decía por decir. No era demagogia ni frases bonitas en los mítines. Por cosas de la vida, tuvo la oportunidad de conocer de cerca a los Mohawk porque Nueva York perteneció históricamente a la Confederación Haudenosaunee y aunque no lo parezca, los nativos de las Seis Naciones son más neoyorquinos que el puente de Brooklyn o el bagel. A su lado, aprendiendo de ellos, quedó profundamente convencida de que una sociedad matrilineal era posible y que las relaciones entre hombres y mujeres podían ser equilibradas.

Las Madres del Clan tenían el poder de nombrar, aconsejar y destituir a los jefes varones. Tenían la última palabra sobre las guerras y los tratados.  Controlaban la agricultura y la distribución de alimentos. Y si una pareja se separaba, la mujer conservaba su hogar, sus bienes y a sus hijos.  Documentó admirada que el abuso físico y las violaciones eran prácticamente inexistentes y de producirse, eran delitos severamente castigados.

Los admiraba y quería a rabiar. Tanto que los defendió centrando su activismo en favor de los derechos indígenas y denunció sin descanso los abusos del gobierno de EE. UU. Pero era incansable y ese activismo también clamaba por los derechos de los esclavos. De hecho, ella creció en una casa que fue estación del ferrocarril subterráneo, la red clandestina que ayudaba a escapar a los esclavos; la misma de Harriet Tubman quien por cierto, vivía a muy pocos kilómetros de Matilda. No hay constancia escrita de que ambas se conocieran pero yo me juego mi mejor cacerola a que entre ellas había secretos y muchas vidas salvadas.
En Woman, Church, and State, Matilda dedicó un capítulo entero a la caza de brujas en la Europa de la Edad Moderna. Con una valentía encomiable, describió esta barbarie como un ataque deliberado y sistemático del patriarcado eclesiástico y de estado contra las mujeres. Un ginocidio que buscó a las mujeres más sabias, independientes, científicas, parteras y curanderas de sus comunidades porque eran peligrosas e influyentes sobre las demás mujeres. Poseían, entre otros, conocimientos médicos y ayudaban a las mujeres en cuestiones de natalidad desafiando descaradamente el poder de la Iglesia. Y claro, heredábamos el pecado de Eva. Éramos lascivas y lujuriosas entre otras lindezas y el mejor remedio contra esa lacra fue instaurar el terror entre sus parroquianas. Tortura, fuego y luego, a rezar. Y a callar.
Tanto la Iglesia como el Estado, pretendiendo ser de origen divino, han asumido el derecho divino del hombre sobre la mujer; mientras la Iglesia y el Estado han pensado por el hombre, el hombre ha asumido el derecho de pensar por la mujer.
Y estos ataques directos a la iglesia y al estado no gustaron nada a sus compañeras sufragistas. En este momento, el movimiento estaba estancado. Para ganar fuerza, necesitaban aliarse con las mujeres del oeste y del sur del país, que eran profundamente conservadoras y cristianas. Y si de paso, se ganaban el apoyo de la iglesia, pues mira que bien. 

Pero Matilda se mantuvo en contra. Argumentaba que dar el voto a las mujeres adoctrinadas solo serviría para que votaran lo que sus pastores les dijeran, creando una especie de teocracia constitucional. Y aquí permíteme una sospecha que no consta en ningún acta pero ya sabes que me gusta seguir la línea de puntos y yo aquí la veo con claridad: una diferencia táctica se resuelve con un comunicado o un portazo, no con la desaparición total de un nombre en tres tomos que la propia interesada ayudó a escribir y financiar. A Matilda no la apartaron por incómoda. La borraron, la tacharon, la reescribieron por lo que sea, no voy a especular. Pero desde luego, eso huele a venganza con membrete de hermandad. 

Y el precio de toda esta purga fue que el nombre de Matilda fuera eliminado de los tres tomos de la History of Woman Suffrage. Se alteraron actas de reuniones y tratados firmados en las convenciones feministas de Seneca Falls. Fue desacreditada, tachada de anarquista, destructora de la moral y demasiado radical para ser escuchada. No la quemaron por bruja porque ya no estaba de moda. 

Así que imagina lo que tuvo que sentir Margaret cuando conoció la historia de Matilda Joslyn Gage y leyó su libro Woman as an Inventor. Qué emoción tan brutal debió de recorrer su espina dorsal al saber que antes que ella, muchos años antes, Matilda ya había denunciado públicamente el apropiamiento indebido de inventos y descubrimientos. Y encima, qué ironía, la propia Matilda había sido también borrada sin que nadie clamara justicia.
Si bien muchas de las invenciones más importantes del mundo se deben a las mujeres, la proporción de inventoras femeninas es mucho menor que la de los masculinos, lo cual surge del hecho de que la mujer no posee la misma cantidad de libertad que el hombre. Restringida en la educación, en las oportunidades industriales y en el poder político, este es uno de los muchos casos donde su degradación reacciona de manera perjudicial sobre toda la raza humana.
Matilda siguió con su vida y su activismo que no cesó nunca. Nunca descuidó su vida familiar y cuando su hija Maud se casó con Frank Baum, quien por aquel entonces era un actor frustrado con alguna obra de teatro escrita pero poca cosa, tuvo que comerse su opinión y predicar con el ejemplo dejando que su hija decidiera su futuro por sí misma. Pero Frank y Matilda congeniaron a las mil maravillas. Ella pasaba largas temporadas con ellos en Chicago. Animó a su yerno a que escribiera esos cuentos tan bonitos que le contaba a los niños cada noche.

Cuando Frank escribió El Mago de Oz, la influencia de su suegra estaba por todos lados: la tierra de Oz se presenta como una utopía matriarcal, una sociedad sin dinero, pobreza ni cárceles. La bruja Glinda, que gobierna su propio país, es una mujer de ciencia y de una erudición envidiable. Dorothy es una niña autosuficiente que no busca un príncipe que la salve. Supera las trabas y ayuda a sus compañeros en sus fragilidades. Al final, comprende que la solución siempre estuvo en sus zapatos. 
Mi suegra siempre me decía que el progreso del mundo dependía de liberar la mente de la mujer de las supersticiones del pasado.
Frank Baum

Matilda murió en casa de Maud y Frank, arropada por los suyos. En su lápida no hay mención alguna al movimiento sufragista que ayudó a fundar. Lo que se puede leer es tan Matilda que pone los pelos como escarpias. 

Hay una palabra más dulce que madre, hogar o cielo. Esa palabra es libertad.

Y si la libertad se pudiera comer, sabría a estos apple dumpling sin el azúcar refinado de los colonos. Van bañados en el oro líquido de los Haudenosaunee, el alma de los bosques del noreste americano. Tampoco esperes una masa quebrada al estilo victoriano, fina y con remilgos. Aquí se impone esa avena y almendra molidas, formando una textura rústica, crujiente y jugosa que te atrapa desde el primer mordisco. Y el toque rebelde: un chupito de Jack Daniel's en el almíbar de manzana para darle ese punto subversivo que tanto le criticaron a Matilda sus compañeras sufragistas. Un dulce indomable, que puedes servir con o sin bola de helado pero lo que no va a faltar, es doble ración de memoria histórica.
Ingredientes para 12 dumplings con manzanas pequeñas o 6 medianas:
  • 150 g de harina repostera
  • 50 g de avena molida
  • 50 g de almendra molida
  • 1 cucharada de azúcar moreno
  • 110 g de mantequilla fría en cubitos
  • 80 g de Buttermilch
  • Una pizca de sal

Para macerar las manzanas:
  • 6 manzanas pequeñas o 3 medianas
  • 25 g de sirope de arce
  • Zumo de medio limón
  • Canela a tu gusto
  • Nuez moscada a tu gusto

Para la salsa:
  • 250 ml de zumo de manzana turbio
  • 100 ml de sirope de arce
  • 1 chupito de Jack Daniel's
  • Reducir 2-3 minutos a fuego medio para concentrar

Preparación:
  1. Mezcla la harina, la avena molida, la almendra molida, el azúcar moreno y la sal. Añade la mantequilla fría en cubitos y trabaja con las yemas de los dedos hasta obtener una textura arenosa.
  2. Incorpora el Buttermilch poco a poco hasta que la masa se integre, sin amasar de más. Envuelve en film y deja reposar en la nevera al menos 30 minutos.
  3. Pela las manzanas, retira el corazón y córtalas en dos mitades. Macéralas unos minutos con el sirope de arce, el zumo de limón, la canela y la nuez moscada.
  4. En un cacito, pon el zumo de manzana, el sirope de arce y el Jack Daniel's. Reduce la salsa unos 2-3 minutos a fuego medio para concentrarlo ligeramente.
  5. Estira la masa y corta porciones suficientes para envolver cada mitad manzana por completo. Envuelve cada trozo, sellando bien los bordes para que no se abra el dumpling durante el horneado. 
  6. Coloca los dumplings en un recipiente no muy hondo de pirex o cristal. Cuida que la unión de la masa esté hacia abajo. Riega con la salsa.
  7. Hornea a 180°C unos 35-40 minutos, hasta que la masa esté dorada y el caldito prácticamente se haya reducido por completo. Si ves que se han secado demasiado pronto, no dudes en añadir un chorrito extra de zumo de manzana. 
  8. Cuando apagues el horno, pincela los dumplings con la salsa que aún no se ha consumido. Hazlo en caliente porque la masa seguirá absorbiendo líquido mientras se enfría. Están ideales templados o fríos. Pero templados con una bola de helado de vainilla, está brutales.

Tarta de queso y manzana baja en carbohidratos

septiembre 21, 2025
Si todavía no has leído nada del filósofo alemán Arthur Schopenhauer, pues mira, esa suerte que tienes porque este hombre fue un gran sabio -que yo no lo discuto- pero te aseguro que leer sus libros es realmente infumable. A ver, que solo lo intenté con uno y nunca más virgencita. Puede que eso no me capacite para hablar mal de su obra pero, en serio, que no es que lo diga yo, lo dice todo el mundo que sí sabe, o casi pero vaya, que famoso sí que es pero su pensamiento filosófico es para darle de comer aparte. 

La fama le llegó tarde y no me extraña. Le costaba vender libros pero qué quieres, si es que el hombre decía cosas como que la felicidad lo que produce es aburrimiento y sufrimiento porque claro, desear cosas para sentirse uno feliz pues es cansino y frustrante ya que cuando por fin realizas un sueño, hala, a por el siguiente y eso agota. Y la vida -decía- no se basa en ser feliz, sino en preparase para despegarse de la vida... toma ya, y tan fresco. Así que su consejo para llevar una vida sabia es no perseguir la felicidad a lo tonto y, a cambio, hay que centrarse en no sufrir, en conseguir una existencia libre de dolor. Y tirando millas.
Como ves, el tipo era un poco derrotista. No del tipo de los agonías siempre con algún "ay" en la boca, al contrario, todo apunta que tenía un genio predominante al más puro estilo prusiano, pero pesimista y rígido hasta el aburrimiento. Decía que el intelecto es algo secundario, que no viene a aportarnos mucho en nuestra existencia, y lo que nos mueve en la vida son los impulsos -o voluntades- de tener, querer, rezar, huir... verbos más o menos mezquinos o no, pero en resumidas cuentas, este hombre nos tenía a los mortales en muy baja estima; y sobre las mujeres, ya ni hablamos. Misógino de manual, que nos desprecia y desea con el mismo ímpetu y rencor. Nos pinta como las eternas niñas, sin interés más allá del sexual y por supuesto, nuestro único aporte social es la de parir como conejas. 

Antipático. Eso es lo que es. Y no te lo pierdas, el rey del pesimismo moderno, se tira el rollo predicando la compasión como la auténtica moralidad del ser humano -o del hombre que nosotras no valemos nada más que para parir- porque ya que vivimos en un mundo de mierda, la única forma de salir de las tinieblas es ayudándonos unos a otros a través de la compasión. Pero que voy a saber yo que después de todo no he sido capaz de terminar sus aforismos y me he conformado con leer el resumen de sus obras que hacen las editoriales. 
En fin, que hoy hace 164 años que estiró la pata y aquí estoy dándole bombo y platillo a un tipo que, a mi modo de entender las cosas, no se lo merece. Pero mira, el hombre se convirtió en uno de los filósofos de mayor influencia en Europa y aún así las mujeres salimos del yugo de los machistas y logramos primero el voto, luego tener voz, derecho a una educación digna, a independencia económica y por fin, a poder mandar a hacer puñetas a todos los abanderados "de la mujer y la sartén en la cocina está bien". Porque si estamos en la cocina es porque nos sale del higo y punto, que desde luego algunos solo os merecéis alimentaros de multiprocesados, coila.

Esta tarta es un dulce antídoto contra los pesimistas catastrofistas de poco o mucha monta, ya sean famosos y transcendentes para la humanidad o cuñaos del bar de la esquina. Esto vale para un roto y descosido siempre en aras de la ilusión, del aliento por vivir y la lucha indiscriminada por la felicidad, sea lo que sea eso porque no descarto que nos la hayan explicado mal pero aun así, yo siempre en el equipo de los luchadores pro esperanza y alegría de vivir aunque nos cueste la vida.
Y una temporada más que me apunto al reto de Elvira y Estela de Homenajeblog. Esto va de entrar en cocinas ajenas y versionar alguna receta del homenajeado del mes. Hoy publicamos todas las compis recetas de Inma. Yo me decidí por esta tarta de queso y manzana baja en carbohidratos que es la mejor manera de golosinear sin abusar de muchas calorías y con cierto aire saludable más allá de tener requete claro que no hay dulces sanos pero puestos a ello, que sea de la forma menos agresiva y nociva para nuestro cuerpo. Muchas gracias Inma por la receta, nos ha encantado y te aseguro que se queda en mi casa para siempre.

Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 100gr. de azúcar de abedul o eritritol
  • 500gr. de queso quark (o tipo Philadelphia)
  • 125gr. de yogur griego
  • ralladura de limón
  • vainilla
  • 2 cdas. de harina de plátano
  • 2 cdtas. de harina de almendras (o molidas)
  • opcional: unas gotas de Stevia
  • 2 manzanas grandes
  • mermelada de albaricoque rebajada con un poco de agua

Nota:
  • A mi versión, le he añadido yogur griego para alargar un poco más la masa para un molde de 22cm.
  • También le he puesto ralladura de limón y vainilla ya que, al estar muy ajustado el dulzor, no quede sosa.
  • He reemplazado la maicena por harina de plátano. Se puede comprar en cualquier tienda latina.
  • Prueba la masa antes de pasarla al molde y si la notas poco dulce, puedes añadirle unas gotas de Stevia.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 170º C.
  2. Mezcla los huevos y azúcar con varillas o con batidora hasta que están espumosos. Añade después el resto de ingredientes menos 1 manzana y la mermelada de albaricoque.
  3. En un molde de 22cm. forrado con papel o untado con mantequilla, pasa la masa y hornea unos 20 minutos para que coja algo de consistencia y coloca la manzana pelada y cortada en láminas encima del pastel y así evitamos que se hundan al fondo. Horneamos hasta que veas que está casi cuajada por el centro. Mi horno necesito 20 minutos.
  4. Ahora pincelas la superficie con mermelada de albaricoque. Yo la rebajé con agua para que quedara más ligera. Pon sólo el grill (o la parte superior del horno) y espera a que se caramelice un poco la mermelada. Cuidado porque no llevará mucho tiempo. Deja que enfríe por completo antes de desmoldar.

Manzana en hojaldre

noviembre 23, 2023
sueño
Del lat. somnus.

1. m. Acto de dormir.

2. m. Gana de dormir. Tengo sueño.

3. m. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes.

4. m. Sucesos o imágenes que se representan en la fantasía de alguien mientras duerme.

5. m. Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse.

6. m. Cierto baile licencioso del siglo XVIII.

7. m. Bot. Posición que adoptan las hojas, folíolos, pétalos, etc., de una planta, en relación con las alternativas de día y noche, o con luz y calor muy intensos.

En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños. Mirko Badiale

Les contamos a nuestros niños fantasías que enturbian sus propios sueños, que no les dejan ver con claridad ni la vida ni el alma; cuentos para no dormir dejando que los monstruos se coman todo a su paso para que el miedo sea en el futuro, el sentimiento más instintivo y perturbador allanando el terreno a los dictadores y canallas porque quien controla los miedos, también tiene el poder de controlar la ira y sembrar el odio. Y en este punto, solo los sueños nos pueden salvar de la devastación. 

Cuando nos roban los sueños, ese día -creo yo- nos volvemos insensibles. Yo personalmente, cuando sueño por ejemplo, con un mundo mejor, me siento avergonzada, ingenua e ilusa. Pero creo que cualquier logro en la vida, grande o chico, pasa por ser sueño antes de nada. Sin magia. Con voluntad.
No es verdad que la gente pare de perseguir sus sueños porque sean mayores, se hacen mayores porque dejan de perseguir sus sueños. Gabriel García Márquez

No sueñes pequeños sueños, porque no tienen el poder de mover el corazón de los hombres. Johann Wolfgang von Goethe

Tienes que tener un sueño para poder levantarte por la mañana. Billy Wilder

La esperanza es un sueño despierto. Aristóteles

Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. ¡Yo tengo un sueño hoy! Martin Luther King, Jr


Sueños de manzana con azúcar y canela abrigados en hojaldre
Ingredientes:
  • 1 lámina de hojaldre
  • 2 manzanas
  • azúcar y canela

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Corta las manzanas en rodajas, le quitas el corazón y las rebozas en una mezcla de azúcar y canela.
  3. Corta en tiras la lámina de hojaldre y envuelve cada rodaja de manzana. Vuelve a pasarla por el azúcar y canela.
  4. Colocas las rodajas de manzana en una placa de horno con papel de hornear y horneas hasta que esté dorado el hojaldre.


Brown butter cake de manzana

noviembre 02, 2023
Será por manzanas. Las tengo para dar y tomar. Este otoño he sido muy buena por lo que me han regalado un montonazo, así que este despliegue manzanero de las últimas semanas tiene su razón de ser más allá de lo mucho que nos gusten en casa o que a esta bloguera de guiso y cucharón, se le haya ido la perola. 

Este de hoy es un pastel que ya publiqué hace siglos -pero siglos- en su versión con ciruelas. Varias cosas tengo que decir de este pastel. Primero, que había olvidado lo mucho que le gustaba a Lucas. Hoy, de nuevo, ha dado buena cuenta de él porque hay gustos que no cambian con el paso del tiempo -al revés-  y yo, en mi papel de mami satisfecha, tengo que decir que me hace mucha ilusión comprobar que aquellos primero años de blog dejaron recetones aunque por cosas de la vida -la tecnología y la experiencia- lucen fotos que a lo mejor desmerecen un poquito pero que esconcen cosas maravillosas. 

Segundo, que los americanos hacen muchos tipos de pasteles con brown butter pero yo creo que toda esa furia vino después de este pastel. En mis primeros años blogueando te juro que no había la bestialidad de versiones de todo que hay hoy y no digo que las recetas de ahora sean menos genuinas, tan solo insinúo que son un poco forzadas a veces y que hay una chispa de afán por rizar el rizo y eso no siempre  termina de funcionar. Y con esto, lo que quiero decir, es que en ocasiones, trae más a cuenta tunear lo que ya sabes que no falla y no meternos en berenjenales de última moda que no aportan nada o casi nada. 
Y tercero, los pasteles con fruta son lo más fantástico que hay porque una misma receta, dependiendo de la fruta, cambia por completo pudiéndose usar una misma preparación en cada estación de año con la estrella frugal del momento y parece que estás inventando la rueda en casa ocasión. Ésta es de esas e igual que esta otra de aquí que con ciruelas o moras o albaricoques parece que estás haciendo un despliegue culinario del ocho pero lo cierto es que son recetas genéricas de las que nunca fallan. Las mejores, vaya.

Por eso, es bueno tener siempre un "fondo de armario" en tu recetario. Esas joyitas que uno acaudala con el paso del tiempo y que no se deben de olvidar por mucho que nos guste la variación y presumir de novedoso. No hay nada más genuino que el mestizaje entre lo de siempre, lo tuyo y lo original. Y tira millas.
Ingredientes (para un molde de 20 a 23cm de diámetro)
  • 115gr. de mantequilla
  • 140gr. de azúcar
  • 2 huevos
  • 130gr. de harina repostera
  • 2-3 manzanas (dependiendo del tamaño)
  • 1 y 1/2 cdas. de azúcar 
  • 1/2 cdta. de canela
  • Una pizca de nuez moscada
  • Un chorro de limón a tu gusto

Preparación:
  1. En un cazo o sartén, pon a calentar la mantequilla a fuego hasta que empiece a coger un color dorado intenso.
  2. A un bol con el azúcar, le añades la mantequilla dorada. Deja que temple un poco antes de añadir los huevos y batir todo con las varillas eléctricas hasta que tengas una crema suave. Añade el harina y vuelve a batir de nuevo.
  3. Precalienta el horno a 170-180ºC dependiendo del horno.
  4. Mientras, pela y corta la fruta, le añades la cucharada y media de azúcar, e zumo de limón, la canela y la nuez moscada. Pasa la fruta a un molde previamente untado en mantequilla y cubre con la masa. Si quieres, puedes añadirle un poco de azúcar por encima aunque yo en la versión de manzanas no lo hago.
  5. Hornea unos 40 minutos más o menos hasta que la capa de arriba esté cuajada y ligeramente dorada.

Tarta de manzana asturiana

octubre 22, 2023
Al hilo del anterior pastel de manzana donde Agatha Christie flotaba entre manzana y manzana, me aventuro a contarte el capítulo más sórdido de la vida de la escritora que lo mismo ya sabes pero, en cualquier caso, te lo recuerdo.

Inglaterra, diciembre de 1926. Mi abuelo Saturnino tenía 17 años pero este es un dato completamente irrelevante en esta trama. Lo cuento por aquello de aportar datos que queda muy de periodismo de investigación. Al lío: la Mrs. Christie está la pobre hecha polvo. Hace unos meses que su madre murió dejándola con una depresión de caballo. Su niña apenas consigue atenuar esa pena. Se centra en su vida familiar y en escribir.

Sus muchos fans le alientan a seguir adelante cosa que su marido, el Coronel Christie, parece que no pilla. El hombre anda como ausente. De hecho, está super ausente pero no es hasta aquel verano del 26 cuando le soltó el bombazo :  el tipo, en lugar de cuidar de su mujer en sus horas bajas, se ha enamorado de una chica más joven, Nancy Neele, hasta el punto de querer dejar a su mujer e hija para iniciar una vida con ella. Sin mucha mano izquierda le pide el divorcio.

El otoño ha sido un infierno en casa de los Christie. Archie sigue viviendo, por lo menos de vez en cuando, en la casa familiar que comparten en Berkshire. El ambiente se hace irrespirable. El Coronel, en plan ofendido o puede que solo hastiado de su matrimonio, en una escena de las muchas que se gastan, pilla puerta y se larga a la francesa, excusa perfecta para marcharse de fin de semana con su periquita y unos amigos. Y aquí es cuando a la aún todavía legítima Mrs. se le cruzan los cables. Vaya, que la lía parda.
Puede que por despecho, venganza o simplemente porque sentía que no podía más con su cuerpo serrano, decidió tomarse unos días en un balneario de Yorkshire. Dejó tres cartas -a su secretaria, a Archibald y otra a su cuñado- informando de sus planes, fue a la habitación de su hija Rosalind, le dió un beso de buenas noches y en un aquí te pillo aquí te mato, coge su Morris Cowley de color gris y sin más se larga.

El coche apareció estrellado en un barranco en Surrey. La policía encuentra una maleta y un permiso de conducir. Caducado (en la escena de un crimen, todos los detalles son importantes). Agatha Christie, la reina del misterio y el crimen de ficción, ha desaparecido.

Scotland Yard se pone manos a la obra. Encuentra al marido traidor con su amante y unos amigos de parranda. La carta que le había dejado Agatha ya no la tiene. Vaya. La quemó. Cuando le preguntaron por el contenido, dijo que eran asuntos personales. Domésticos. Sin importancia. Un hombre que quema la carta de su mujer desaparecida y se va de fin de semana con la amante mientras Scotland Yard busca un cadáver. Sin importancia. Trasciende que habían tenido una fuerte pelea. Sin importancia. Es más, que tenían mil y una broncas día sí y día también. Sin importancia.

Eso de que el asesino es el mayordomo como que no les coló a los de Scotland Yard. Se centran en buscar el cuerpo -pensaban- sin vida de la escritora. 1.000 policías y 15.000 fans participaron en la búsqueda. Los días pasan sin rastro alguno y la moral decae. Conan Doyle, que para esto era muy creyente, acude a una medium en busca de alguna pista que poder seguir. Nada.

El misterio era a esas alturas temazo nacional. No hubo periódico que no se hiciera eco de la noticia y unos músicos que trabajaban en el Swan Hydropathic Hotel, informan que una de las huéspedes, llamada Tessa Neele -sí has oído bien, Neele como la periquita de Archie- es igualita a la Sra. Christie. Y bingo. Allá que dan con ella, vivita y coleando pero con una amnesia del ocho. En plan resumido la cosa fue así: llevaba meses deprimida, con insomnio, sin comer apenas, con el corazón hecho trizas y el alma malparada. La bronca le hace tocar fondo. Mientras conduce -¿con algún ataque de ansiedad encima?- pierde el control del coche, se estampa contra un árbol, se golpea la cabeza y no recuerda más.

La prensa, que por aquel entonces también estaba abonada a las historias amarillas, acusó a la escritora de fingir su desaparición para vengarse del marido infiel e intentar que fuera acusado de su asesinato. Lo cierto es que dos médicos diagnosticaron la pérdida de memoria transitoria. No menos cierto es que recibió tratamiento psiquiátrico tras el suceso, que le despejó al Coronel el camino del divorcio y que ella, junto a su pequeña, hizo mutis por el foro refugiándose en las Islas Canarias alejándose todo cuanto pudo de la escandalera.

En sus memorias ella omite este asuntillo. Hay mucho indignado por ello pero mira, por muy famosa que fuera, ella fue dueña de su vida y si no quiso jamás hablar de ésto en público pues se le respeta y punto. Y ya que me lo preguntas, yo lo tengo claro: Agatha no fingió nada. No encaja. Una mujer que adora a su hija no le hace eso. No le monta ese espectáculo a una niña de siete años por vengarse de un botarate. Estaba rota, se estrelló, y necesitaba recomponerse lejos del ruido. 

A mí, como buena fan, me da igual si fue amnesia o venganza. El Archibald se mereció el susto. Mi veredicto: karma por canalla porque no pestañeó cuando la cortejó en Francia durante la 1ª Gran Guerra -él herido y ella enfermera- ni mientras le dedicó con absoluta devoción sus mejores años volcada en cuerpo y alma a él y a Rosalind. 

Pero mira, eso que ganó ella. Un par de años después del divorcio conoció al arqueólogo Max Mallowan, diez y bastantes años menor que ella y con quien vivió feliz hasta su muerte. Y como decía ella: “Cásate con un arqueólogo porque cuanto más envejezcas, más atractiva te encontrará”.
"los mejores crímenes para mis novelas se me han ocurrido fregando platos. Fregar los platos convierte a cualquiera en un maníaco homicida de categoría"
Doña Agatha

Una vez más, participo en el reto de Homenajeblog y este mes nos ha tocado homenajear a Marga de La cocina de las casinas.  Me hace mucha ilusión porque conozco su blog desde sus inicios, allá por el 12 cuando éramos menos los cocinillas por estos lares y nos era más fácil seguirnos la pista. Luego esto se volvió una locura y se hizo imposible mantener tanta "vida social". Creo que acierto si digo que todos hemos pasado nuestros baches -grandes o chicos- buscando ese equilibrio tan necesario entre nuestra vida real y la del blog.

Y es que lo que hacemos, se lleva mucho de nuestro tiempo por delante y sobra decir, que no nos lucramos de ello; lo hacemos por cariño al fogón y a los nuestros. Porque los que llegaron buscando fama y recompensas se han quedado casi todos por el camino. Los que seguimos al pie del perol lo hacemos por puro cariño. Así que, después de tantos años perdiendo y reencontrando la pista de Marga y su cocina, me hace muy feliz homenajear su buen hacer con esta receta tan asturiana que de algún modo, es también tan austriaca (a su manera) porque la manzana es la prota en este país que es como Asturias pero sin mar.

Ingredientes: (para un molde de 23cm)
  • 50gr. de almendra cruda molida
  • 160gr. de harina común
  • 75gr. de azúcar
  • 150gr. de mantequilla fría
  • una pizca de sal

  • Dulce de manzana (receta aquí)

  • 2-3 manzanas

  • 2cdas. de mermelada de albaricoque
  • 50ml. de agua
  • Opcional: 1 hoja de gelatina (yo no la he usado)

Nota:
  • He usado menos almendras molidas porque no tenía. Lo he compensado poniendo más harina. Si ves que la masa se queda muy dura, añade una cucharada de agua fría y si por el contrario está algo pegajosa, añade más de harina.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Para la masa sablé: en un bol, pon la harina, las almendras molidas, el azúcar, una pizca de sal y la mantequilla fría en cubitos. Mezcla brevemente con las manos hasta ligar los ingredientes en una especie de migas. Puedes seguir amasando a mano, pero yo recurro a las varillas eléctricas para ir más rápido. Se amasa hasta que la masa queda suave.
  3. Engrasa el molde con un poco de mantequilla. Forra el molde con 2/3 de la masa.
  4. Cubre con una buena capa de dulce de manzana a tu gusto.
  5. Pela y corta las manzanas (primero en cuartos y luego en láminas). Colócalas sobre la tarta.
  6. Con el resto de la masa, la estiras con el rodillo y cortas tiras que colocarás a modo de rejilla sobre la tarta.
  7. Hornea hasta que empiece a coger color dorado. Si ves que coge demasiado color, baja el horno a 170ºC. Como 10 min. antes de sacarla del horno, pincela la superficie con la mezcla de mermelada de albaricoques y agua. Si optas por ponerle una capa final con la gelatina, sigue las instrucciones de Marga aquí.

Pastel de manzana cremoso con costra

octubre 05, 2023

Pues la cosa es que ando estos días leyendo El problema final de Pérez Reverte -el de Conan Doyle donde Holmes termina muriendo en las Cataratas de Reichenbach peleando con Moriarty ya lo leí hace unos años- y lo estoy disfrutando de lo lindo porque, sin destripar nada, puedo decir que el protagonista es un actor retirado famoso por interpretar a Sherlock y que se ve envuelto en un crimen en una pequeña isla griega perdida -e inventada- en medio del mar Jónico. 

Como buena fan de Conan Doyle y Agatha Christie -me inicié en la lectura con uno de sus libros y no paré hasta fundirme la colección entera, una edición de bolsillo que se vendía en los quioscos de prensa- decía, que como buena fan, El problema final de Reverte me desafía como lectora haciéndome creer mediante sus muchos guiños, que el libro pretende homenajear a Holmes, Miss Marple o a Poirot y me siento irremediablemente confiada en pensar que me voy a encontrar con un Moriarty entre los turistas del pequeño hotel o algo peor. O no, que lo mismo es todo un truco entre realidad y ficción, ficción entre la realidad de la ficción o ficción ficción y tonto el que no corra.
En este género, el qué y el quién son lo menos relevante en la historia. A veces lo cazas casi al principio pero el verdadero reto es el cómo y el porqué. Ahí es donde cualquier pequeño detalle cuenta, nada se debe pasar por alto porque a diferencia de muchas novelas actuales -que hacen el truco del almendruco omitiendo hasta el final los hechos claves para entender el crimen- las de Doyle y Christie te van dejando un reguero de miguitas hasta poder descifrar los motivos, las casualidades y los entresijos más allá de los hechos. 

Y si esto es posible, es gracias a que sus protagonistas son unos cotillas y entrometidos de mucho cuidado y eso despierta en nosotros, los lectores, un morbo indescriptible al sentir que es nuestro deber dar un repaso de arriba a abajo a todos los secretillos y debilidades de los sospechosos. Porque todos, cuando nos miran con lupa, tenemos guarrería que ocultar. Menos el lector, que piensa que está por encima de la lente de aumento y el autor, que actúa de mensajero con aire a lo "yo solo pasaba por aquí" pero que es la mano que mueve los hilos. Y el crimen.

Pero como te decía, estoy al principio de la novela. Ya hay fiambre pero aún no saben si es un asesinato o un suicidio. Hay un personaje que tiene una cicatriz y un pequeño comentario, tal vez inocente, me ha puesto en guardia. No tenía ni idea de esa practica y encima es real. Te la contaré más adelante si puedo. De momento me debo a la discreción no vaya a ser que la lie parda de puro sin querer.

Esta receta de hoy va de manzanas y no va a ser la última. Estamos en tiempo de recoger y me entran manzanas en casa por oleadas. Cuántas cosas ricas están saliendo de mi cocina y se merecen que hablemos de ellas. Seguiré manzaneando. Prometido.

Ingredientes para un molde de 22cm:
  • 80gr. de harina
  • 80gr. de azúcar
  • opcional: una pizca de sal
  • vainilla
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • 2 huevos
  • 80ml. de leche
  • 2 cdas. de aceite suave
  • 4 manzanas (más o menos 1 kilo)

Ingredientes para un molde de 24cm:
  • 100gr. de harina
  • 100gr. de azúcar
  • opcional: una pizca de sal
  • vainilla
  • 1 cdta. de polvos de hornear
  • 3 huevos
  • 80ml. de leche
  • 2 cdas. de aceite suave
  • 4 manzanas (más o menos 1 kilo)

Para la costra:
  • 50gr. de azúcar
  • 40gr. de mantequilla derretida
  • 1 huevo

Preparación:
  1. Pela y corta las manzanas en láminas. Mientras calientas el horno a 170ºC.
  2. En un bol, bate el harina, el azúcar, la vainilla, los polvos, los huevos, la leche y el aceite. Añade una pizca de sal si quieres. 
  3. Sobre el molde (o engrasado o con papel de hornear mojado) coloca las láminas de manzana y cubre con la masa. Hornea unos 25-30 min (dependiendo del horno).
  4. Mientras, hacemos la costra: bate el azúcar y el huevo hasta que tengas una masa muy cremosa. Añade la mantequilla y sigue batiendo.
  5. Una vez pasado el tiempo, sacas el molde del horno y le añades por encima esta crema que deberás hornear de nuevo unos 20-25 minutos más hasta que veas que coge color dorado. Si cogiese el color demasiado rápido sin notar que se hace la costra, baja la temperatura del horno y prologa el tiempo de horno. Deja enfriar por completo. Puedes servir con un poco de azúcar glas por encima.

Bizcochito de manzana y queso fresco

febrero 25, 2023
Doña Asunción era una señora de altos vuelos. Y no exagero en absoluto. Nació en la Sierra de Codornices mientras su padre hacía prospecciones mineras en el Municipio de Salamanca para una hacienda de mineros con bienes de largo abolengo, de ascendencia española para más señas y muy encopetados dentro de las familias importantes de Guanajuato. De padre austriaco y madre mexicana, fue bautizada en la fe católica en La Joyita de Villafaña, a más de 2 mil metros de altitud y aunque su madre quería haberla llamado Carlota, su padre insistió en que a la niña le pegaba mucho más llamarse Asunción, que si su cuerpecito había nacido tan en lo alto, fijo que su alma también frecuentaría las alturas.

Mientras su padre buscaba nuevas vetas de azogue y plata por las Sierras de Guanajuato, su madre contrajo unas fiebres que se la llevaron en menos de lo que cantó el primer gallo de la madrugada y para que la niña quedara a buen recaudo, mandó traer a su madre que, aunque de español la mujer ni papa, de cariño y buenos cuidados iba sobrada. Y así es como se crió Doña Asunción, con una abuela que le enseñó a hablar alemán y hacer kuchen de frutas, de queso fresco, de chocolate, de crema, de nueces, de nata... de mil maravillas que a sus vecinos y amistades se les hacía que esos manjares con sabor al viejo continente eran divinos.

Asunción se casó joven y enviudó rápido. Le quedó una renta más que holgada, por lo que decidió no volver a casarse. No le había ido mal con su marido pero mira, para qué jugársela dos veces. Su amiga Juanita, que se casó más joven aún y con el muchacho más guapo de todo el estado, tuvo 8 hijos y vivió, literalmente, solo para criarlos porque el guaperas le salió machote bien pronto y mientras se encamaba con una y con otra, tenía a Juanita más recta que un poste. No podía leer, ni hacer labor, ni cocinar más allá que para dar de comer a sus hijos. "Tú no le quitas el ojo a mis hijos, ¿me oyes? Tú me los crías y nada más"... así que Asunción se dedicó a pasarle libros de contrabando a su comadre que escondía debajo del colchón porque desde bien pronto, el marido abandonó su habitación primero, y se mudó a casa de su amante después. Con los años, Juanita se atrevió a pedirle la separación. Para su sorpresa, éste no solo se la dio, además le pasó una pensión para que a sus hijos no les faltara de nada pero dejó bien claro que de divorcio ni hablar. Eso jamás. Y mira, ella tan contenta porque con esa experiencia, cuarenta años, ocho hijos a su cargo y un marido canalla tenía a los hombres atragantados. 
Y Juanita, que a menudo se lamentaba no haber podido aprender nada de provecho en su vida, descubrió que podía mantenerse por sí misma haciendo lo que siempre había hecho; cuidar de los demás, y montó una casa de huéspedes donde alojaba estudiantes, casi todas chiquillas que acudían a estudiar a la Universidad de Guanajuato. 

Asunción vivía en una casona colonial cerca de la Presa de la Soledad y cuando la susodicha la invadía, hacía el bizcochito preferido de Juanita y allá que se iba a la ciudad a platicar y mascar con el mismo entusiasmo porque sobra decir que desde que Juanita recuperó su libertad, las amigas no podían vivir la una sin la otra, del mismo modo que una no podía vivir sin los bizcochos de la otra, y la otra sin el pozole de la una que era, por cierto,  igual de famoso que los bizcochitos de Asunción.

El destino, que a veces la lía parda de puro sin querer, quiso que una de las hijas más jóvenes de Juanita se enamorara de otro austriaco y se fuera a los Alpes a vivir donde nacieron sus nietos más pequeños. Y necesitada de disfrutar de ellos, hizo las maletas y allá que se fue a hacer de abuela a tiempo completo. Pero cada día, cuando se quedaba sola, a la que unos se iban a trabajar y otros al colegio, a Juanita le mordisqueaba la añoranza, echaba de menos los bizcochitos de su amiga porque aunque estaba en el reino de los Kuchen, a ella no le sabían tan ricos como los de Asunción.

A su hija, que la melancolía de la madre no le pasó desapercibida, le apenaba enormemente la situación así que sin pensárselo mucho escribió la siguiente nota:

"Doña Asunción, tiene usted que venir. No hay más remedio. Mi madre languidece sin su compañía. No sé qué hacer ni cómo remediarlo. Muero de pena al verla así."

La carta llegó por correo aéreo urgente en tiempo récord. El cartero la entregó en el mismo instante en que Asunción sentía que la presa también se la iba a tragar a ella. La emoción se enjuagaba en pánico. "Sí, tengo que ir inmediatamente" "¡oh dios mío! pero si jamás he volado" "Ni modo voy a saber yo llegar a Austria" "pero tengo que ir, rápido, no hay tiempo que perder". Preparó en un santiamén, tres hermosos bizcochos de manzana con queso fresco. Uno se lo regaló a la empleada de la agencia que gestionó el boleto. Tenía que ser el más rápido y con menos escalas posibles: "no olvide contratar que me lleven y me traigan por el aeropuerto que yo no he viajado en esos pájaros antes". Otro se lo regaló a Don Felipe, el taxista que siempre la llevaba y traía de la ciudad, para que pusiera rumbo a Ciudad de México lo antes posible y mientras hacían millas, el hombre iba dando buena cuenta del manjar. 

El tercero, bien empaquetadito en un tupperware, lo llevaba para Juanita, aunque no supo afrontar los ojos de deseo del operario que la trasladó hasta el avión en Ciudad de México, ni la carita de deseo de la azafata, tan mona y tan simpática, ni del otro operario en la terminal de Madrid. Rezó para que en el otro avión, camino de Viena, no le pusieran más caritas ni más ojitos porque el bizcochito empezaba a escasear. Aún así no se contuvo de repartir lo que quedaba con el operario de Viena que localizó una de sus maletas que se había despistado en la cinta de equipajes. El último trozo, al viajar tan solitario dentro de ese tupper tan grandote, se fue estampando en las paredes del envase a la que realizaba el último tramo de su viaje. Cuando por fin se reencontró con su amiga, el bizcocho estaba desmigajado y algo desparramado, detalles superfluos que Juanita no atendió a ver saboreando con tanto gusto el bizcochito de manzana y queso fresco de su amiga Asunción.

PD: dedicado a María Luisa, a Juanita y a la hija de Juanita. 


Ingredientes:
  • 3 huevos
  • 170gr. de queso fresco (tipo Philadelphia o queso quark por ejemplo)
  • 115gr. de mantequilla
  • 150gr. de azúcar
  • vainilla
  • 200gr. de harina
  • 1 cdita. de polvos de hornear
  • una pizca de sal
  • 3 -4 manzanas peladas y cortada en daditos
  • 1/2 cdita. de canela
  • 1 cda. de zumo de limón
  • 2 cdas. de azúcar moreno

Preparación:
  1. Enciende el horno a 180ºC.
  2. Con ayuda de unas varillas o batidora eléctrica, mezcla los huevos, la mantequilla, el azúcar, la vainilla, el zumo de limón y el queso fresco. Una vez hecha una masa suave, añade la harina, una pizca de sal y los polvos de hornear. 
  3. Mezcla la manzana troceada con el zumo de limón, el azúcar moreno y la canela. Una vez bien ligado lo añades a la masa.
  4. Engrasa el molde, vierte la masa y hornea hasta que tiene un color dorado suave y uniforme. Puedes servir con azúcar glas por encima.

Pastel cremoso y ligero de manzana

febrero 08, 2017
Simon Sinek es un tipo muy majo que se hizo famoso hace unos años por dar una charla y hablar de su circulo. El circulo dorado. Mira que a lo tonto algunos llegan y besan el santo. El tipo no gasta mucho en rotulador cuando expone su idea: un circulillo pequeño, en el centro con un why, otro más grandote que lo rodea con un how y el requete grande y exterior con un what. Imagino que sus oyentes, en ese momento, se echarían las manos a la cabeza con vaya con este cantamañanas que viene a reinventar la piruleta. Pues sí. Lo hizo. Ha marcado un antes y un después en los conceptos marketinianos del planeta tierra.

Te cuento como funciona el círculo. El exterior, la corteza, es el facilón que todos sabemos hacer. Tenemos un lugar, un puesto, sabemos qué nos venden y qué compramos. Danone yogures, Virgin vida loca y Microsoft tecnología. Esto es el what, el qué de las cosas. Cuando se profundiza la cosa se complica un poco. Cómo (how) hacemos para tener éxito. Esto es algo que nos convierte en especiales, en saber hacer bien las cosas frente a los que no dan pié con bola. A veces por instinto, por formación o porque te lo curras mogollón. Si estás en el sitio adecuado, en el momento adecuado, con los fondos adecuados, con la gente competente y tienes un producto requetecojonudo, ¿significa que el proyecto tendrá éxito? Sabemos que no. ¿Y dónde está la madre del cordero? en el why, eso es. El porqué de las cosas... de niña yo tenía una enciclopedia que se llamaba así pero iba de otra cuerda.
Y es que es el why el meollo de todo, la leche sin manipular y sin viajar en silos. Muy poca gente en el mundo sabe entender el why simplemente porque no es un tema que llegue con manual de uso. Cuando preguntas a un directivo por qué haces esto, casi el 100% contesta para hacer dinero y con un poco de suerte ser no sólo rico sino también famoso. Y todos nos dábamos por contentos con esta respuesta hasta que llegó el Simon con su círculo y con un par de canicas se plantó en el escenario y dijo: Pues no, ese (el éxito) es el resultado. Yo pregunto por el porqué. Y aquí es donde se lió parda. 

El tipo profundizó en el lado humano del negocio. ¿Quién está triunfando? la gente que conecta con las emociones de las personas, con sus ideales y principios. ¿Apple revolucionó porque Steve Jobs era más majo que Bill Gates? no, de hecho un Macintosh jamás le hizo competencia a un PC. Llegó el Steve y se metió al personal en el bolsillo conectando con la gente que deseaba un mundo mucho más fácil, sencillo y bello. Algo fácil de usar, respirando diseño por todas partes y a vivir la vida que son dos días. Llegó a las emociones, al concepto de calidad de vida de las nuevas generaciones. 

Lo mismo hizo Richard Branson primero con Virgin Records y ahora con Virgin Galatic o mi paisano aquí en Estiria Dietrich Mateschitz con su Red Bull. Todo ellos han usado y transmitido el verbo sentir en sus mensaje publicitarios. Y por encima del verbo, la clave está en el comportamiento en sí, porque al fin y al cabo es éste último quien toma las decisiones en nuestro cerebro. Un buen slogan hace famosa una marca pero la decisión de comprar, usar o contratar nace de lo que nos hacen sentir. 

Pero el why necesita de algo más. No funciona solo con sentir, con tener alma. Se necesitan personas que lideren. Los líderes tienen el poder, la autoridad. Se les respeta por eso aunque pensemos que son canallas. Pero en cambio, los que lideran nos inspiran. Con su why nos dicen "eh, no tienes que hacerlo si no quieres" pero los seguimos -vaya si lo hacemos- porque lo deseamos, porque nos apetece y ¡qué caramba! porque nos da la gana. Y como suele pasar con todo lo inspirador, hacen que las personas de a pie, los how de este mundo, les de por comenzar a usar el "¿por qué?" y así, inspirándose primero en ellos mismos, hacen lo propio con los que vienen detrás. Es por esto, por lo que en las últimas décadas están pasando tantas cosas. Casi siempre censuramos y criticamos a los what por hacer mal uso o desmedido de las cosas pero la grandeza de todo lo que nos acontece, es que hay un movimiento inspirador que hace que hagamos cosas bonitas. 

Pero no era esto lo que te quería contar. Ya sabes como me desvío de la ruta. Yo me acordé de este tipo porque hace un par de días ví esta entrevista suya donde analiza de forma brillante la generación Millennials, la que aquí en España se les ha dado en llamar -con tan poco acierto,- la generación ni-ni. Su exposición es precisa y muy bien planteada y sobre todo, no solo culpa de sus errores a los jóvenes que la componen sino que nos pasa por la trituradora a los padres y adultos que los hemos criado así. Muy muy interesante.


Ingredientes:(para 6 raciones)
  • 100gr. de azúcar
  • 50gr. harina (uso de molienda rústica con cáscara y germen original)
  • 2 huevos
  • vainilla a gusto
  • ralladura de naranja o de limón
  • 1/2 cta. de polvos de hornear
  • 50ml. de aceite suave (no oliva ) o mantequilla derretida
  • 100ml. de leche
  • 4 manzanas (400gr. mínimo)

Notas:
  1. Explico la receta de la manera rápida y facilona que es como yo la hago. Es cierto, que con algo más de mimo quedaría más resultona pero lo cierto es que si algo me gusta de ella, es como en un abrir y cerrar de ojos tienes un pastel maravilloso en el horno.
  2. Las cantidades de este pastel no son muy generosas. Para nosotros está fenomenal pero cuando tengo visita aumento las cantidades. Lo que hago es añadir como extra la mitad de las cantidades (50gr. de azúcar, 25gr. de harina, 1 huevo, etc.) 
  3. Nota añadida el 11-02-2017: a mi querida María le ha fallado este pastel. De sabor rico pero textura como de pudin para comer con cuchara. Muy amablemente, me ha hecho fotos de su masa y así hemos visto que el fallo estaba que la manzana se había quedado completamente triturada. Mi consejo es que si tu procesador (creo que era la thermomix) no puede trocear, es mejor hacerlo a mano.  Lo hemos intentado arreglar duplicando la cantidad de harina (ella está usando harina de arroz integral) para conseguir un pudin espeso tipo bizcocho húmedo.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Usa un procesador de alimentos si quieres simplificar la preparación. Pon en el procesador todos los ingredientes juntos menos las manzanas que pelaras y quitarás las semillas previamente. Añade las manzanas y tritura apenas 3-5 segundos para que no queden los trozos demasiado pequeños.
  3. Pasa la masa a un molde previamente enmantecado y enharinado para que no se pegue. Hornea hasta que esté bien cuajado (unos 40 minutos)

pastel de queso con sémola y manzana para degustar clásicos

marzo 31, 2015
Uno de los efectos de la crisis -esta señora empieza a ser plasta y cansina- es que la gente compra menos libros. Y digo comprar, no leer. A lo largo de mi vida -y sin entrar en detalle de longitudes que nada afecta a la trama de hoy- he conocido gente que compraba libros regularmente pero jamás les vi leer alguno. He sido asidua en las colas de caja en FNAC con mogollón de personal comprando libros para regalar, casi nunca para disfrutar. He sido beneficiada regularmente -en las fiestas de guardar- de estos regalos empapelados entregados por benefactores que jamás traspasaron la introducción de ningún ejemplar.

A estos usos -o desusos- hay que añadir el factor calidad que ha venido menguando a lo largo de los años. Las editoriales ya no valen para nada más que para mandar las tiradas a imprenta. Libros insustanciales, repetitivos unos de otros, con hilos cansinos y finales que dan fatiga de pura flojera...  un baturrillo, entre unas cosas y otras, que le quitan las ganas a uno de comprar literatura. Es este, el momento ideal para tirar de biblioteca pública y rescatar clásicos... quien pueda, claro. Una de las desventajas de vivir a lo expatriada en país con lengua retorcida e incomprensible, es que las bibliotecas públicas no tienen sección de libros en español. En alemán, ni loca. Cómo algo tan apasionante puede convertirse en un suplicio tan atroz, viéndome forzada a tirar de diccionario 30 veces por página para que al final, sin remedio, deba quedarme patidifusa -física y metafísicamente hablando- sin saber dar un sentido coherente a lo leído... no, no, fuera encanto, fuera imaginación y fuera magia. No. De ningún modo.

Yo leo en hispano que es lo mío, donde cada doble sentido cobra su comisión en el relato. Donde no solo se disfruta del argumento sino de cada palabra, puesta en su sitio y expresada con toda la intención... placer mayúsculo que se convirtió en pánico cuando después de terminar la última remesa de libros traídos de España, esta bebedora compulsiva de páginas y epílogos comprendió -insisto, no sin su dosis de terror- que ya no quedaba más bacalao salvo volver a releer los ejemplares del estante. Y en estas estaba -hace tres o cuatro años ya no me acuerdo- cuando mi chico me regaló la Kindle. Inicialmente frialdad. No por desagradecida, que nadie me malinterprete. Fue esa sensación metálica que nada me transmitía. No puedo explicar que gusano recorre mis entrañas cuando huelo a papel -viejo o recién impreso, poco me importa- o cuando manoseo unas tapas o un lomo desencajado... sí, es pura excentricidad, nada puedo decir en mi defensa, salvo.
Qué sí. Que es misticismo puro y duro. Mira si soy retorcida, que uno de mis anhelos, de estos que uno cuaja cuando marea la perdiz, es lo interesante que sería poder revolver en un cajón lleno de libros con dedicatoria y así entrar a curiosear entre los lazos que gente anónima ha ido tejiendo a mano alzada y casi siempre en oblicuo con sus conocidos... en alguna ocasión, lo confieso, sí que rebusqué en algún que otro cajón de libros usados y no en interés de títulos y autores sino en la búsqueda de rubricas y declaraciones: Si decides abrirlo sé que te va a gustar o Para que no me olvides y se te haga más corta la espera o esos galimatías intimistas que imagino que para comprenderlos habría que conocer al dedicado y al dedicador. Y así, entre un con cariño y un siempre tuyo el cotilleador de dedicatorias -osea, yo- especula con quién es quién y quién dedicó a quién y quiero pensar, que un medio borrado Con todo mi amor escrito en un viejo ejemplar de La Regenta influenció irremediablemente en el carácter de Ana Ozores... no sé si mis palabras suenan a pirada o a estúpida mental... vete tú a saber. Lo que sí y aquí estarás conmigo, es que los libros respiran  humanidad de la buena por sus cuatro costados y se pueden toquetear sentimientos más allá de lo que sus autores nos quieren contar.

Porque los libros son así. La raza humana los ha querido esconder, enclaustrar, quemar, prohibir incluso bajo pena de muerte. Vasili Grossman logró esconder un ejemplar de Vida y destino que el comunismo ruso quiso eliminar. Él murió antes de saber que alguien con un par de capítulos logró sacar la obra clandestinamente en un microfilm. La crítica en aquellos años fue cruel con este libro. Aún así, Vida y destino se abrió camino y su lectura a nadie deja indiferente. Matar un libro es difícil, y desde luego, lo que no han conseguido dictadores y demás cenutrios no lo logrará ningún invento por muy libro electrónico que sea y por mucho cuento chino que nos vendan.

Anna Karenina, Dorian Grey u Oliver Twist sobrevivirán por muy empobrecidas -de espíritu- que estén las editoriales y los editores. Al capitán Alatriste ya no hay quién se lo cargue, ni a un día de cólera ni a la sonrisa etrusca o la caverna. Caín, el monje, el idiota, la historia de dos ciudades o el collar de la reina... muchos clásicos de siempre o recién inscritos al club de los libros inmortales. Pues todos, están en las bibliotecas públicas y la mayoría, por menos de 2 € en la kindle. Los clásicos son fantásticos. Buena letra, relatos fascinantes y son baratos. ¿Quién da más?
Y para acompañar esta lectura, traigo este clásico de la cocina germana rediseñado al gusto de esta casa. Es una mutación de una receta del Dr. Oetker que aquí es un poco el rey del manbo en cuanto a postres se refiere. Eliminé la mantequilla para que quedara más jugoso y rebajé el azúcar. A cambio, le aromaticé a naranja, ron y especias. Todo muy sutil para no asesinar el sabor a queso fresco y manzana. Hay clásicos que jamás pasarán de moda, Aleluya! y por la crisis ni te preocupes, sale baratito :-)



Pastel de queso con sémola y manzana
Basado en una receta de Dr. Oetker
  • 4 manzanas medianas
  • 1 chorro generoso de limón concentrado
  • 1 pizca vainilla molida (bourbon vanille)
  • 1 pizca de nuez moscada
  • 5 claras
  • 1 pizca de sal
  • 5 yemas
  • 180gr. de azúcar
  • 50ml. aceite (de canola o maíz)
  • un poco de ralladura de naranja
  • aroma de ron (o un chorrito en su defecto)
  • 1/2 cda. de azúcar avainillada
  • 500gr. de queso fresco tipo quark (topfen)
  • 100gr. de sémola 
  • 1/2 cdita. de polvos de hornear
Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180º C. Pela y corta las manzanas en dados menudos para evitar que se vayan al fondo del molde a la hora de hornear. Los adobamos ligeramente con limón concentrado, vainilla molida y nuez moscada. Reservamos.
  2. Mi consejo es que lo hagas con una procesadora de alimentos o unas varillas eléctricas. A mano te vas a quedar tonto de levantar las claras. Separa las claras de las yemas y monta las claras a punto de nieve con una pica de sal. Lo reservamos también. 
  3. En otro bol, batimos las yemas con el azúcar y cuando la crema está formada añadimos el aceite poco a poco. A esta crema le añadimos el azúcar avainillada, la ralladura de naranja y el aroma de ron. Añadimos el queso quark y por último la sémola y los polvos de hornear (en principio no hacen falta pero deja la masa más esponjosa).
  4. Integramos a la masa las manzanas y finalmente las claras montadas que ya no batiremos sino que la ligaremos con una espátula y movimientos suaves. 
  5. Untamos el molde con mantequilla que al enfriarse no deja esa sensación aceitosa en la corteza del pastel. Horneamos entre 3/4 de hora a 1 hora dependiendo del horno. Lo importante es que la superficie quede dorada de forma uniforme. Si ves que coge demasiado color, no dudes en bajar la temperatura.
 
Copyright © Hierbas y especias. Diseñado con por Las Cosas de Maite