Pastel de pollo para soñadores
Soñar. Qué bonito. O no. Si lo piensas, así a secas, tan solo es la acción del sueño, ese acto necesario de autorregulación corporal que cada hijo de vecino debe realizar a diario. Quien se lo salta, lo paga. Quien abusa, también. Yo tengo insomnio desde que comencé la menopausia. Casi todos mis síntomas han desaparecido menos un par de noches en vela a la semana. A mi modo de ver, solo hay dos cosas que te pueden acompañar en un duermevela: doble ración de estoicismo y un libro. Y así, en plena nocturnidad, me he terminado de leer Madame Bovary.
No sé porqué pero la tenía por una novela romántica y nada más lejos. Historia realista, casi costumbrista y sobre todo, una crítica social a la burguesía napoleónica brutal. Nadie se va de rositas. Cada personaje con sus rotos y los de Emma son prácticamente insuperables. Una chica bonita, elegante y resultona a la que sus sueños de grandeza la despegaron de su mundo. Esos sueños desmedidos, tanta insatisfacción con lo poseído -que no era poco- pintaron su alma de una ambición sin límites, hasta el punto de olvidarse amar a su pequeña, a su familia y a ella misma. Sueños alimentados de avaricia por no querer aparentar lo que era. Y claro, se la zamparon en un abrir y cerrar de ojos.
Mecachis, cuánto cuidado hay que tener con lo que se sueña, ¿verdad? O no, porque muy posiblemente no se trate del qué ansias sino del cómo. Ya sueñes con ser princesa o astronauta lo importante es no despegar los pies del suelo y sobre todo, mantener a la codicia en cuarentena. Puede que antes de llevar a cabo un sueño uno debería aprender primero a desgranarlo, a darle forma sin estirar demasiado el chicle. O no, porque lo mismo se pierde ingenuidad y la magia dejaría de funcionar... vaya lío. ¿Hacer un sueño realidad o fingir que lo alcanzas como hizo Emma?
¿Pero que sería del mundo sin soñadores? La NASA no habría llegado a la Luna, ni habría submarinos ni máquinas de coser. Casi todos los inventos del mundo fueron previamente soñados. Da Vinci soñó con muchos de ellos y no los puedo llevar a cabo. Tuvo que ponerse en marcha la industrialización para que otros lo consiguieran por él. Julio Verne los soñó y escribió fantasías en torno a ellos. Otros tuvieron que llegar después para cumplirlos.
soñar
1. Representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme. U. t. c. intr.
2. tr. Discurrir fantásticamente y dar por cierto y seguro lo que no lo es. U. t. c. intr.
3. tr. Temer a alguien, acordarse de su venganza o castigo. U. m. c. amenaza. Yo os haré que me soñéis. Me vas a soñar.
4. intr. Anhelar persistentemente algo. Soñar con grandezas.
Según la RAE, soñar es fantasear durmiendo, o fantasear dando mentiras por verdades, temer a alguien o anhelar lo que no se tiene. Demasiadas definiciones encontradas. De nuevo no es que nosotros nos embrollemos sacando los sueños de quicio sino que la propia verborrea oficial nos hace el lío. Le cuentas un sueño a un amiguete y este no sabe si temerte o anhelarte. Sueñas con un mundo fantástico y no sabes si escribir una novela a lo Tolkien o acudir a un psicólogo que te ayude a dar lo cierto por seguro o lo surreal por sueño o por amenaza o... ¡mecachis!
Al final, voy a tener que darle las gracias al cielo por tener insomnio y no sumergirme en sueños porque luego me bloqueo y ya no sé ni con qué fantasear. Y la verdad, vivir siempre con la ficción en modo off como que no es para mí; yo necesito viajar a la luna un par de veces al día o mi psiquis se me joroba la muy canalla. Y a veces, incluso en sueños, uno siente que come algo y despierta con un ansia brutal. Como con este pastel de pollo que antes lo hacía sin mostaza pero lo soñé y unos días después se lo vi al Jaime Oliver con mostaza y me lo tomé como una señal. Y sí, de ensueño.
Ingredientes para 4 raciones:
Preparación:
- 1/2 kilo de pechuga de pollo
- 1/2 docena de champiñones
- 2 cebolletas (o el doble si son pequeñas)
- un poco de aceite y otro poco de mantequilla
- 1 cda. de mostaza (si es de sabor fuerte algo menos)
- 200ml. de caldo de pollo o de verduras
- 2 cdas. de crème fraîche o queso tipo philadelpia
- 1 cda. rasa de harina o maicena
- sal y pimienta a gusto
- 1 plancha de masa quebrada o de hojaldre
- Yema de huevo mezclada con 1 cda. de agua para pincelar
Preparación:
- Calienta el horno a 200ºC.
- Trocea el pollo, los champiñones y las cebolletas. Pon a calentar unas gotas de aceite en una sartén y saltea estos ingredientes a fuego vivo hasta que cojan un poco de color. No lo hagas a fuego suave porque perdería jugosidad el pollo y los champiñones se deshidratarían.
- Añade el caldo, la mostaza y lo pones a fuego medio. Cuando rompa a hervir, disuelve la crème fraîche y añade la maicena disuelta en un poquito de agua (sin grumos). Lo añades poco a poco sin dejar de mover con una cuchara de madera para que quede cremosa y sin grumos. Apaga el fuego y derrite un poco de mantequilla sin que se cocine (así mantiene todo su sabor). Lo mezclas para repartir el sabor.
- Pasa el pollo con toda su crema a una fuente de horno o recipiente. Le colocas encima la masa quebrada u hojaldre recortando el tamaño si fuera muy grande. Con los dedos sellas los bordes al estilo rústico, sin grandes peripecias. Si te sobró un poco de masa puedes adornar la superficie. Pincela con la mezcla de yema de huevo y agua y antes de hornear no olvides hacer unas agujeritos con un cuchillo o tijetas para que el pollo respire sin que se hinche la costra. Hornea hasta que esté dorada la superficie.












