Cobbler de nectarinas y arándanos

Acabo de darme una vuelta por Twitter y me he encontrado -además del féretro de cuerpo presente de la difunta royal- con un tuit de esos que dejan ojiplático hasta al más templa'o,  porque mira que estamos hartos de ver barbaridades, pero oye,  hay locuras y locuras... me explico. Además de esta publicación, he visto otra con la gresca entre Tayikistan y Kirguistán, los saqueos en Tahiti, a una leona abriendo la puerta de un coche en un Safari Park y la historia requete curiosa de la ciudad que Henry Ford construyó en medio de la Amazonía en plan Detroit en la selva, y donde sus habitantes -empleados- debían ser vegetarianos y abstemios, pero que mira tú por donde, acabó destruida en una revuelta de nativos borrachuzos. Hasta aquí, un día de lo más normal en Twitter.

Pero ¿Qué tiene de ojiplático este tuit? ¿Por qué esta noticia pone los pelos como escarpias? Allá voy: en una playa brasileña hay una invasión de cocodrilos tal y como muestra el vídeo de abajo. Los lugareños -y los turistas, supongo- están en pánico. Joderse. Lo que nos faltaba. Además del cambio climático ahora nos llegan las plagas de mini godzillas que ya no solo atacan a los turistas en Florida y Puerto Vallarta sino que la invasión ha llegado a las costas Brasileñas. De ahí a que remonten las corrientes transatlánticas e invadan Benidorm hay un par de telediarios. 

Todos los turistas de este mundo estamos en peligro de extinción por culpa de una crisis económica que mutó en climática y las hordas de animales caníbales  campan ahora a sus anchas. Lo siento pero ésta no la vi venir. Los turistas tenemos los días contados porque entre guerras, pandemias, catástrofes naturales e invasiones lagarto ya no hay crucero que lo resista ni operador turístico que nos proteja. Podemos pasar sin calefacción en invierno, sin filetes en la nevera y sin dinero en la cuenta corriente pero sin turisteo... ah, no, por ahí no pasamos. ¿Qué va a ser de nosotros? ¿Y de Instagram cuando todos tengamos las mismas fotos de gira por Chinchón?
Pues tranquilo querido lector porque leyendo los comentarios de esta tragi-publicación, otros tuiteros mejor informados,  han tenido a bien aclararnos la catástrofe: primero, no son cocodrilos sino caimanes. No sé como afecta este dato en tan dramática circunstancia pero ahí queda. Segundo, el vídeo está recortado de forma que parezca una playa pero no lo es. Es un río que forma parte de unos pantanales tropicales famosos por sus colonias de caimanes yacaré que, cuando Lorenzo atiza, se acercan a las orillas a refrescarse como cualquier hijo de vecino. Llevan allí toda la vida y ojalá que -si les dejamos en paz- sigan vagando por muchos siglos más. De hecho, son humedales protegidos. Y tercero, solo en plan anecdótico, aclarar que estos bichos no se comen entre ellos -normalmente- porque son carnívoros pero no caníbales.

Pero esa no es la intención del Ken R., podría haber borrado el tuit a tiempo pero ¡para qué! Ahí está, miles de retuit, ciento y pico de miles de likes y suma y sigue. La mentira y el sensacionalismo molan más que la decencia.

Este cobbler -sí otro más para la saca- es una obra de caridad para rescatar unas nectarinas y arándanos en peligro de extinción que por algún motivo, no consiguieron calar en nuestros frugales picoteos y me vi en la obligación de tomar medidas drásticas. No era mucha cantidad, así que las medidas van recortadas. si lo haces con más fruta, no dudes en doblar la apuesta.


INGREDIENTES:
  • 4 nectarinas y unos 125gr.
  • de arándanos
  • 2 cucharadas de azúcar moreno
  • 2 cucharadas de sirope de arce
  • vainilla
  • zumo de medio limón

  • 125g. de harina
  • 60 gr. de mantequilla
  • 1 cucharada de azúcar morena
  • 2 cucharadas de suero de mantequilla (o Yogur natural mezclado con agua)
  • una pizca de sal
  • 1/2 cdta. de polvos de hornear

PREPARACIÓN:
  1. Precalienta el horno a 180ºC (170º si es de aire)
  2. Pela y corta las nectarinas que mezclarás con los arándanos, el azúcar, el sirope, el limón y la vainilla.
  3. Para la masa, mezcla el harina con el azúcar, la sal y los polvos. Añade la mantequilla en trocitos y con las manos haz migas con esta mezcla. Añade el suero de mantequilla y haz una masa homogénea pero algo blanda que suelte pegotes sin dificultad.
  4. Reparte la masa echándola a modo de pegotes por encima y hornea hasta que tenga un bonito color dorado.

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