Garbanzos salteados con verduras

Solo quienes tenemos gato sabemos cuantísimo se les puede querer. He oído decir, que tienen gato las personas que no pueden tener perro y creo que esto solo lo puede afirmar alguien que nunca ha tenido uno. Al fin y al cabo, los mininos son los únicos animales de compañía que no domesticó el hombre. Ellos solos tomaron la decisión de quedarse a nuestra vera porque a ver, somos un chollo. Donde vive el hombre hay basura y desperdicios, por lo tanto, también roedores así que la comida viene sola a casa. Encima les premiamos por ello, es como con las focas, que aplaudimos cada vez que se comen una sardina pero más guay porque encima les dejamos dormir en nuestra cama, les ponemos un arenero para no tener que complicarse con el mundo escatológico y los mimos están garantizados siempre que el peludo quiere, porque cuando toca que no, nadie hace la culebra con más elegancia en el mundo animal.

También he oído decir que los perros tienen dueños y los gatos tienen sirvientes. Pues va a ser que tampoco. A un perro hay que sacarlo varias veces al día, hay que hacerle caso constante porque sino les come la pena pero un gato hace literalmente lo que le da la gana. Ese es el punto que hay que tener claro con ellos: no hay quienes les manden, no pretendas que te dé la patita ni te haga el pino-puente. Son libres y sí, se creen superiores a nosotros.
El nuestro no comprende como, después de tanto tiempo y esfuerzos para dejarnos clarisísimo que no le gusta la comida seca, seguimos poniéndole ración y medida de las bolas asquerosas y le racionamos el ragú de atún que es lo que le pone. O jamón york, o pollo... y aún así, pese a nuestra estupidez, nos quiere. Con Lucas se pelea por los juguetes; le manga piezas de lego o le muerde los cables. Con Günter, juegos en el sofá y conmigo, con su mami los mimos, los arrullos, las ganas de comer, de salir... si tiene hambre, si quiere que le vacíe el arenero... pues lo mismo que hacen el resto de mis hijos. que la cosa no viene a cambiar tanto.
Es un alfa de gran calibre, territorial y bravucón con los gatos vecinos. Le encanta escaparse al tejado donde es feliz pero nos llaman la atención los vecinos. Tampoco entiende porque no le dejamos zanganear por las alturas ni salir sin correa. Como hacerle entender que vivimos en la sociedad de la cancelación donde todo aquello que no cubre un seguro se convierte automáticamente en ilegal. Cómo hacerle entender que por encima de su derecho a corretear por jardín ajeno, está la libertad de ser atropellado por cualquier coche o envenenado por cualquier desalmado. 

Pero su paciencia es infinita. Cada día, me explica y me cuenta -a su manera- que quiere salir por la ventana de la buhardilla o que le abra la puerta y le deje salir a sus anchas sin tener que escaparse cada vez que alguien entra en casa o no tener que bufarme cada vez que decido que el paseo ha terminado y es hora de volver a casa. Nos lo perdona todo, esa es la verdad. 


Ingredientes:
  • 1 lata de garbanzos
  • 1 calabacín y 1 berenjena pequeños
  • 1 diente de ajo
  • especias para chorizo (sino tex-mex o de pinchos rojos)
  • 1/2 vaso de caldo
  • Un poco de queso fresco de cabra a tu gusto
  • Un poquito de aceite de oliva

Preparación:
  1. Saltea las verduras cortadas en trocitos en una sartén con un poco de aceite de oliva. Sala y reserva.
  2. En la misma sartén, saltea los garbanzos con el ajo machacado, un poco de aceite de oliva y añade las especias. Cubre con un poco de caldo y deja que reduzca por completo.
  3. Añade las verduras a los garbanzos, y sirve con un poco de queso fresco por encima

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