Panecitos de espinacas rellenos de queso y tomate

Cuantas cosas pasan los 23 de febrero. En España, hace ya años, tuvimos un intento de golpe de estado, y si no fuera por la trascendencia de aquel ataque a la libertad y soberanía como nación, la toma del congreso fue un poco a lo Berlanga, con el tricornio, ese bigote pegando tiros al techo y gritando "que se sienten coño". Hoy, ahora mismísimo, el espectáculo es la versión pepera de La guerra de los Rose, sin Michael Douglas ni Kathleen Turner pero con Casado y la Ayuso que también tienen sus tablas en eso de la interpretación. De esta guerra, lo que más me está alucinando es el público en general y esa costumbre tan nuestra de perdonar con tanta facilidad la corrupción, el robo del dinero público, pero con que saña castigamos la traición. Y ahí queda la ganadora del pleito, una Ayuso con trazas a lo Robin Hood de los bosques aunque ella roba para los suyos y no para los pobres. Que nadie se traiga a engaños.

También un 23 como el de hoy pero de 1940, la Disney estrenó Pinocho, uno de sus grande éxitos que nos lo han metido con calzador a todos los niños desde entonces, dejando a su paso generaciones enteras traumadas por lo siniestro de su trama y sus detalles, como esos relojes de cuco y su simbología, mostrando la cara más fea de la sociedad: sus vicios (el borrachín),  el maltrato (infantil y animal)... en fin, que yo la recuerdo de pesadilla. Qué angustia pasé, qué miedo a ser mala, a que me dejaran de querer, al abandono... y mira, lo de menos eran las orejas de burro y la nariz grandota, con eso hubiera podido vivir requete feliz pero hay que ser retorcido para aleccionar a los más peques con eso de "como seas malo, te vas a enterar tú de lo que vale un peine". O algo peor.
Y digo bien: peor. Porque el cuento original, que se fue publicando por capítulos en un periódico italiano -Il Giornale dei Bambini- por el periodista Carlo Collodi, donde el tierno e ingenuo Pinocho es una pieza de mucho cuidado que miente, roba, incluso mata -sí, sí, como lo oyes. Al grillo lo mata de un martillazo- pero que al mismo tiempo, es un crío que sufre toda clase de calamidades, las mismas a las que en aquella época, muchos huérfanos sufrían a diario. Después de todo, Collodi nos mostró a través de este cuento, lo más inmoral y canallesco de una sociedad insensible ante las penurias de miles de niños de la época.

Pero, ¿y Walt Disney? ¡qué mente más retorcida la suya!  si decidió hacer un film ligerito para niños ¡cómo se le ocurrió camuflar tanta perversidad entre musiquita de violines y flautas!  pero ¡pero! cuantas generaciones traumadas y ea, ahí lo tienes, que gracias a él el cuentito de Pinocho es uno de los más editados en el mundo. Sí sí, juventud, divino tesoro... !de milagro! porque quien sobrevivió a Pinocho sin terminar siendo carne de psicoanálisis, tuvo también que enfrentarse a Bambi y a Dumbo. ¡Qué quieres! bastante bien hemos salido.

Y solo una mente que sobrevivió a Pinocho pero tuvo que salir del cine con Bambi y con Dumbo a moco tendido, puede maquinar semejante amasadero: pan verde. Y ni te imaginas el éxito que ha tenido en casa y entre mis vecinos. Esto desde luego es más entrañable que ver como enjaulan a los niñitos burro para trabajar como esclavos en minas de sal... ¿o de oro? ni me acuerdo, gracias a dios.


Ingredientes:
  • 100gr. de espinacas frescas
  • 450ml. de agua templada
  • 1 y 1/2 cdta. de sal
  • 1 cda. de miel
  • 1 sobre de levadura seca para pan
  • 700gr. de harina para pizza
  • un chorrito de aceite de oliva
  • Salsa de tomate y queso mozzarella para rellenar

Preparación:
  1. Licua las espinacas con el agua templada, la cda. de miel y la sal. Amasa este licuado con la harina y la levadura. Deja reposar la masa un par de horas en un bol o recipiente engrasado con aceite de oliva.
  2. Una vez que la masa a levado, la pasas a la encimera (tus manos engrasadas en aceite de oliva)  y la estiras en forma de rectángulo. Extiendes el tomate y espolvoreas queso rallado. 
  3. Enrolla la masa, la cortas en caracolas del grosor que desees (yo las hice gorditas, de 2 dedos de grosor) y las vas colocando en una fuente engrasada. Termina colocando trocitos de mozzarella por encima y deje que leve de nuevo entre 20-30 minutos más.
  4. Calienta el horno a 200ºC.
  5. Hornea hasta que cojan un color dorado. Puedes comerlos templados o fríos.

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1 comentario

  1. Hola Mai! Sabés que de Pinocho no tengo tantos recuerdos macabros, pero sí me acuerdo de llorar a moco tendido con Bambi. Por favor! Que manera de sufrir. Es que los cuentos de niños incluyendo a los hermanos Grimm eran bastante tremebundos. Por suerte después en mi infancia por acá aparecieron autores nuevos que con mucho ingenio escribieron cuentos infantiles fantásticos. Mi papá vendía libros así que muchos de ellos terminaban en nuestra biblioteca. Todavía guardo una colección que es muy preciada para mí y que les leí a mis hijos cuando eran chiquitos. Qué intriga me da este pan, este va a ser unos de los que seguramente pruebe estos días. Ya te contaré como salieron. Abrazo grande!

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