Frangipane con ciruelas

Con el paso de los años, este blog ha cambiado y mucho. Ahora para contarte historias debo inventármelas o recurrir a la RAE y divagar con palabrejas cada poco tiempo.  Si vienes por aquí de lejos, sabrás que hace unos años las historietas caían solas y mi papel era de mera reportera, más o menos dicharachera, contando las aventuras de Lucas casi siempre y alguna que otra del resto de la familia para rellenar los huecos; salvajadasrabietas, pellizcos de la vida, cocos, fiestas, cumpleaños... ¡hasta escarlatina!

No sé si es que entonces tenía más chispa para escribir o que mi vida en sí era más chisposa con el cartel de madre colgado a jornada completa. Lo cierto es que siempre pasaban cosas divertidas de relatar y hasta los sustos y sofocones sonaban chisposos a toro pasado. Y esa chispa, ¿cuando se jubiló la muy canalla? porque no recuerdo que se largara con un portazo, o me reuniera con ella en petit comité y me soltara eso de que llegó la hora de explorar nuevos proyectos y experiencias. Tampoco recuerdo ningún ultimatum a lo "o me cuidas o me largo". Solo sé que en algún momento mientras Lucas crecía y se hacía independiente, la susodicha me dejó compuesta y sin novio. 

Somos alegres por naturaleza así que esta es una casa en la que no faltan risas. Ni siquiera en las grandes tragedias. En ellas también se han filtrado las bromas y los mimos. No es falta de jolgorio, no. Son las aventuras, que ya no abundan. En menos de un mes, mi hijo pequeño cumplirá 14 años. Y su vida, como la de cualquier adolescente, está enfrascada en agobios: los deberes, las fragilidades, los miedos, la angustia vital que los lleva a decir cada dos por tres "no aguanto más", la injusticia cada vez que le recuerdo que tiene que recoger la cocina o bajar la basura... está en esa fase volcánica emocional que le absorbe por completo y le impide la mayoría de las veces disfrutar del mundo con la inocencia y frescura de cuando era un enano. Y mi mayor, que en dos meses cumplirá 20 años más que su hermano, continua en el mismo limbo emocional, sin acné y bajando su propia basura, pero aún lidiando con las fragilidades y la angustia vital.
De hecho, me pregunto si yo estaría aún con esas angustias si no hubiera tenido a mis hijos. Si no hubieran estado ellos para dar forma a mi existencia llenándola de aventuras, de cajas de cartón con tirantes convertidas en super bólidos, de playmobils, de legos y de las carreras a urgencias con varios dientes rotos.

Y es que como madre, nunca he tenido mucho tiempo para mis dramas. Cada bajonazo, disgusto, pena o tristeza ha tenido que ser rápidamente superada al ver como les afectaba a ellos. A los niños se les pone esa carita tan asustada cuando sienten que sufres pero no saben del todo por qué. Cuando no tienes a nadie cerca que refleje tu dolor es más fácil dejarte llevar por él pero en el momento en que un enano te clava la mirada con esa mezcla de angustia e impotencia en los ojos, de forma casi instantánea aparcas tus temas y te dejas guiar por ellos, que con las cosas del querer los peques hacen milagros.

No sé por qué hoy me ha dado por pensar en esto. Quizás porque he releído un par de entradas de hace mogollón de años y me ha chiflado ver esa chispa e ingenio que antes calzaba. Y si tenemos en cuenta que estoy en segunda oleada de menopausia prematura, pues el dramón nostálgico está servido.

Esta frangipane ya lo publiqué hace siglos aquí pero sin compañía. El de hoy es la misma receta de mi querida Yvonne pero con ciruelas de nuestro jardín que le da un toque fantástico. A disfrutarlo.


Ingredientes:
  • 1 plancha de masa de hojaldre
  • 150 gr. mantequilla reblandecida
  • 150 gr. azúcar
  • 175 gr.  almendras molidas
  • 3 huevos
  • unas gotas de extracto de almendras
  • 3 cdas. de maizena
  • 400gr. de ciruelas (o a tu gusto)
Para el glas:
  • 50 gr azúcar glas
  • 1/2 cda. de jugo de limón

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC. 
  2. Pon la mantequilla, la almendra, la maizena, el azúcar y los huevo (así como un par de gotas de esencia de almendras) en la batidora y lo meclas hasta que esté cremoso y sin grumos.
  3. Forra un molde con la masa de hojaldre. Echa  la masa de frangipane dentro del molde y adórnalo con las ciruelas (deshuesadas y partidas en 4 trozos.)
  4. Hornea hasta que la tarta tenga un dorado uniforme.
  5. Prepara el glaseado: mezcla el azúcar glas con el limón hasta que tengas una crema firme y cremosa. Lo añades por encima del frangipane cuando esté casi frío.

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4 comentarios

  1. No conozco tu vida anterior, pero a mi me parece que tienes ingenio, chispa, humor y mucha guasa, que decimos en Andalucía, así que yo creo que aunque las historias ahora sean otras, hayan evolucionado o que se yo, tus entradas me parecen estupendas.
    Y tu frangipane más aún, de hecho pienso copiarlo ahora mismo.
    Bss

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  2. Justo antes del desayuno, y ahora tendré que ir a la panadería porque necesito algo dulce y a poder ser con arándanos o ciruelas. ¿Tendré suerte?

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  3. Lo siento pero no estoy de acuerdo: no has perdido un ápice de chispa en todos estos años. Me sigue encantando lo que escribes y cómo lo escribes, me sigue enganchando igual y no has perdido esos toques de humor que crees haber perdido. La vida evoluciona y las chispas también (porque las chispas quieren ser personas jaja) tus niños ya están crecidos y ahora tienes más tiempo para ti quizá pero eso no importa. Esta receta me ha fascinado y voy a hacerla ya! Por cierto, yo he usado aguacates en caliente y no he notado amargor pero dependerá de el proceso ,no sé. Un beso muyyyy fuerte :)))

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  4. ¡Hola tesoro!
    No sabes como te comprendo, también he pasado por eso, aunque tu estés ahora en plena efervescencia, leyéndote le he dado gracias a Dios por tener a mis hijos, ahora veo que ellos son los que no me han dejado hundirme en mi miseria y los que me han hecho ser un poquito mejor persona día a día.
    No creo que te falte la chispa, solo es que la chispa está madurando, es hora de salir tu, de dedicarte tiempo, ya no hay dientes rotos, ahora nos quedamos nosotras y debemos recorrer ese camino solas.
    Además tu precisamente siempre has sido alegre y estoy segura que esa chispa está, aunque no cuentes cosas de tus hijos, tu chispa está.
    Esta Frangipane debe estar deliciosa y jugosa, como la vida misma, busca y encontrarás, pero mientras ves cortando trocitos que tienes a las amigas con ganas de probarlo.
    Un besazo preciosa, me alegra verte.

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