Queso sin curar en aceite

Existen padres helicóptero, madres tigre, papás quitanieves, bocadillos, mayordomos, guardaespaldas... hasta padres secretarios. Como lo oyes. A todos estos tipos de progenitores se les conoce como los hiperpadres. Es un concepto de crianza que se puso de moda en Estados Unidos aunque se dispersó por todo el planeta en poco tiempo. Se trata de hacer y dar todo lo necesario a nuestros hijos para que triunfen, concepto que dicho así, a lo grueso, suena fantástico pero a la que pasa el tiempo y empiezan a verse las consecuencias, los especialistas han activado todas las alarmas sociales advirtiendo de los muchos y graves riesgos que nuestra educación está causando en los críos.

Niños que no saben desear porque lo tienen todo antes incluso de imaginarlo. Niños que no saben aburrirse, que no aceptan un no, que nada es suficiente porque no saben qué quieren. Son los reyes de la casa, sí, pero no logran afrontar nada por sí mismos, impacientes ante los imprevistos y casi siempre con estima baja porque ser un superhijo es, por sí mismo, un concepto inalcanzable. Cuando los padres vemos que el niño se desorienta o reacciona a nuestra forma de crianza, los llevamos a los terapeutas infantiles. Casi nunca es el padre el que se presenta diciendo: mi hijo está descentrado y creo que soy yo quien no sabe hacerlo bien. Les llevamos al psicólogo, interpretamos el feedback de aquella manera, y por lo general, apretamos las tuercas al peque por miedo a que el niño se tuerza y fracase. Sí, digámoslo a las claras, miedo a que sea un fracasado. Cuántas veces habremos oído -o dicho- mi crío es problemático y cuántas de esas veces habremos intuido que el problema del niño está en que no sabe escapar a la presión de sus padres. 

La vida me ha enseñado a ser una madre corriente y moliente. Ser mami me ha obligado a reconocer ante mis hijos que ni soy una madre perfecta, mi una mujer brillante ni he sido una hija excepcional. He compartido con ellos mis errores, en la esperanza de que decidan no cometer los mismos que yo. Creo que mi mayor sacrificio -y acierto- como madre fue dejar volar al mayor cuando él quiso, no cuando yo creí que debía hacerlo. Aquel error marcó su vida y yo no lo impedí. Acepté -a regañadientes- que no era mi cometido. Mi misión será siempre la misma: estar lista para cuando él me necesita. Porque la mejor ayuda a nuestros hijos es justo en esa dirección y no al revés. Tenemos que estar para cuando ellos nos necesitan y no cuando decidimos que tenemos que ayudarles.


Ingredientes:

  • Queso sin curar del tipo que más te guste
  • Aceite de oliva, la cantidad que te admita cada tarro
  • 1/2 pimiento seco o una ñora
  • especias en grano a tu gusto (popurrí de pimientas, bayas de enebro, comino e hinojo)
  • hierbas frescas en rama a tu gusto (romero, tomillo, estragón, hinojo y salvia)
  • 3 hojas por cada tarro de hojas de laurel
  • 1 ó 2 tarros de cristal 


Preparación: 

  1. Esteriliza los frascos y las tapas.
  2. Corta el queso en trozos. Vas rellenando los botes con todos los ingredientes. Finalmente, cubres de aceite de oliva hasta el borde y cierras los tarros. 
  3. Deja macerar 4 ó 5 días antes de consumir. Dura meses en la despensa en un lugar fresco y oscuro.

8 comentarios. ¿te animas?:

  1. Muchas gracias por sincerarte, te he leido con mucha atención y es tal como lo dices.Me a gustado mucho tu receta, yo suelo hacerlo también y me encanta.Bssss

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  2. Una reflexión muy acertada Maite y el queso delicioso preparado de esta forma.
    Bss

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  3. Los niños deberían venir con un manual de instrucciones bajo el brazo, nos evitarían muchos dolores de cabeza, pero como no es así, lo mejor yo creo es usar el sentido común e ir aprendiendo juntos de los avatares de la vida.
    Muy bueno ese queso que has preparado, debe quedar cargadito de sabor y aromas.
    Un besete.

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    1. jajaja! sí y cada nene vendría con un manual distinto porque cada uno se cría diferente. Pero lo importante como dices es sentido común e ir aprendiendo juntos :-) un besazo

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  4. Qué te voy a contar Mai, pues que como en todo nadie nace enseñado... uff ya no me acuerdo de cómo lo hice, a veces me arrepiento de algunas cosas, otras no tanto. Cuando veo a mis hermanas o amigas que están en esa etapa pienso madre mía, menos mal que ya pasó, lo que más me duele es el sentimiento de culpa que veo en algunas y al final... es todo más sencillo. Un queso que no me voy a perder!!! Besazo para ti.

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  5. Hola Maite. Dirás qué te tenía olvidada, no es así. Sigo detrás del visillo. Buena reflexión. Llevo muchos años pensando y diciendo que la educación de los hijos siempre ha sido complicado, pero que el mayor error es autoprotegerlos. Darles todo sin un minimo esfuerzo por su parte. Desde que comienzan a caminar hay que tenderles una mano, pero para aprender tienen que caerse de vez en cuando y hay que enseñarles a levantarse. Que nosotros estamos siempre ahí, cerca, pero las cosas hay que aprender a ganarselo. Yo creo que una parte fundamental es que estemos ahí, para lo bueno y lo malo. Ya me entiendes. Creo haberlo hecho bien hasta ahora. 31 y 23 es la edad de los míos y se habrán dado en las narices alguna vez, se habran llevado algun desengaño, pero han sabido salir y superarlo. Ya hablamos. Un beso dulce. Muakkkkkkkkk

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