Pasta gratinada con espinacas y champiñones

tristeza
Del lat. tristitia.
1. f. Cualidad de triste.
2. f. germ. Sentencia de muerte.

triste
Del lat. tristis.
1. adj. Afligido, apesadumbrado. Juan está, vino, se fue triste.
2. adj. De carácter o genio melancólico. Es una persona muy triste.
3. adj. Que denota pesadumbre o melancolía. Cara triste.
4. adj. Que ocasiona pesadumbre o melancolía. Noticia triste.
5. adj. Pasado o hecho con pesadumbre o melancolía. Día, vida, plática, ceremonia triste.
6. adj. Funesto, deplorable. Todos le habíamos pronosticado su triste fin.
7. adj. Doloroso, enojoso, difícil de soportar. Es triste haber trabajado toda la vida y encontrarse a la vejez sin pan.
8. adj. Insignificante, insuficiente, ineficaz. Triste consuelo. Triste recurso.
9. m. Canción popular de la Argentina, el Perú y otros países sudamericanos, por lo general amorosa y triste, que se acompaña con la guitarra.

Tristeza, triste palabra (en su 8 acepción) que sin su cualidad parece que se queda en nada, aunque por todos es sabido que ella, por sí misma, es más vieja que el mundo tal y como lo conocemos. Sus orígenes se remontan a la formación del universo. Seguro que hay tristeza en Marte o en Saturno, y sí me apuras, me aventuro a sentenciar que no es sentimiento propio de nuestra galaxia y a buen seguro, más allá de la Láctea, la tristeza también hace de las suyas.

Como te decía, su historia es larga, más que la nuestra. Imagino que los dinosaurios la sentían a su manera, tal vez no en todos nuestros significados pero los científicos nos han asegurado que los pobrucos terminaron como la 6. Y antes de las largatijas gigantes, mi instinto me dice que hasta los ammonites, protozoos, plancton y otros bichejos primarios debieron de sentir melancolía a su manera, sino como entender ese reflujo meláncolico que el mar nos salpica en cada ola, en cada marea. La tristeza está en el código genético del universo y por eso sentimos más de lo que somos capaces de explicar.
La RAE insiste en hablar de ella con melancolía y pesadumbre pero nada dice de la pena a secas, esa que se enquista en el alma ante la perdida de lo más querido; nuestros hijos, hermanos, padres, madres, amigos... esa tristeza se vuelve dolorosa e insoportable. El tiempo la calma y la sosiega pero no la borra. Hay también quien nace con la mirada triste, con el gesto eternamente melancólico y abatido. Algunos también con tristeza crónica sin saber el porqué. Otras veces es amiga de la desidia, del aburrimiento atroz, se dice que las sociedades del bienestar la sufren con frecuencia porque quienes las pasan canutas, no tienen tiempo ni fuerzas para lamentarse.

Ella es, ni buena ni mala, solo existe y son sus circunstancias las que la definen. Todos la conocemos pero muy pocos la soportan día y noche. Es símbolo de vida y estigma del tormento. No se la puede mantener fuera de la ecuación, tan solo podemos superarla o modificarla. Asumir que nos acompañará hasta el final, es jodido de encajar. Pero no hay otra. De ti y de mí y de aquel de más allá, dependerá cuánta vida y entusiasmo estamos dispuestos a dejar que nos arrebate. Que nunca, por miedo, llegues a dejar de vivir algo bonito por su culpa. Si el precio es ella, sea. Aunque duela.

Esta pasta en mi casa, se come las penas.


Ingredientes:

  • 400gr. de pasta a tu gusto (yo usé cintas de espelta)
  • 2 chalotas o 1 cebolla pequeña
  • 250gr. de champiñones
  • opcional para los champis: especias provenzal
  • 1 paquete de espinacas (el mío de 400gr)
  • 800ml. de leche entera
  • 3 lonchas de queso fundido para sandwich
  • 2cdas. de maicena
  • sal, pimienta, algo de mantequilla y algo de aceite
  • queso mozarella rallado para gratinar

Preparación:
  1. Gratina los champiñones cortados en láminas con un poco de aceite de oliva. Puedes añadirles algún combinado de especias (provenzal por ejemplo) o simplemente salpimentar. Reserva.
  2. En la misma sartén, añade una nuez de mantequilla y rehoga las chalotas cortadas muy muy en fino. Añade las espinacas y la leche. Guarda un poco de leche done diluir la maicena. Cuando rompa a hervir, añade el queso en lonchas y lígalo bien. Deja cocer unos 5 minutos. Añade la maicena disuelta sin dejar de remover hasta que espese. Si ha espesado demasiado, añade algo más leche hasta que quede muy cremoso y ligero.
  3. Mientras, habrás cocido la pasta en agua con sal y habrás precalentado el horno con el grill.
  4. En una fuente de horno, pon la pasta escurrida, liga con las espinacas y finalmente, pon por encima los champiñones y el queso. Gratina hasta que esté dorada la superficie,

7 comentarios. ¿te animas?:

  1. Que la tristeza y la pena forman parte de la vida es tan cierto como que el dia sigue a la noche. De nosotros depende estirarlas o encogerlas por duro que nos parezca, pero como se instalen en la vida de alguien "aviaos vamos" que decía mi abuela, impiden continuar en el mundo de forma natural. Espero que tu pasta sea una forma de calmarlas ya que la aconsejas para ello, maneras apunta porque la vista es buena y seguro que no engaña en sabor. Pues me quedo con ella.
    Un beso.

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    1. Así es, cumple perfectamente con su misión. Nutrir por dentro y por fuera. Frida Kahlo dijo "“Quise ahogar mis penas en licor, pero las condenadas aprendieron a nadar” pues con esta pasta no tienen escapatoria, son exterminadas sin más! un besazo

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  2. Hola Maite!!
    Menudo relato nos traes hoy, había una vecina nuestra que era muy mayor y que nunca salía de casa y que daba la sensación de una persona enferma. Mi abuela me contaba que la señora tuvo un novio en su juventud, ella era muy pobre pero muy guapa, y tuvo un hijo de ese novio. Los padres del novio no querían que el se casara con la novia porque era pobre y lo obligaron a casarse con una rica. Dejo a mi vecina la pobre y mi abuela siempre decía que ella murió de pena, nunca más salió de casa, jamás, y siempre estaba enferma y todo el mundo cuenta que murió de pena la mujer. El se caso con la rica y nunca fue feliz hasta el punto que en aquellos tiempos se tuvo que separar,, pero la pobre ya había muerto.
    Nada más leer tu relato ya me vino a la cabeza la historia de nuestra vecina, yo la recuerdo muy poco. Y nunca olvide esta historia que mi abuela me contaba siempre y que decía que dios a el lo castigara por calzonazos.

    La pasta eta impresionante y muy de mi gusto, esa pasta nunca la he visto por aquí, me fijaré, me parece muy interesante...Bess

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    1. Sí que es triste, imagino que también al ser otros tiempos, todo el mundo la daría la espalda y así, además de la pena, la comería la soledad. Muy triste. Un besazo

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    2. Respecto al estilo de pasta son unas cintas en este caso de espelta que por aquí se comen mucho. Otro besazo

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  3. Con lo que me gustan a mí las espinacas, me pasaría la vida combinándolas con mil cosas, y la pasta es una buenísima opción.

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