Sopa ranchera y el cazo a la sopera
Existe un tipo de hombres que, por alguna extraña razón que nunca alcancé a entender -hablo en pasado porque desde hace unos añicos ando fuera de circulación en lo que a hombres en plural concierne-, decía, estos tipos piensan que van a conmover más a una señorita haciendo gala de sus muchas penas, disgustos y tragedias... ¿pero qué mente humana es capaz de gestar un plan tan absurdo? a ver "pillo una chica por banda, la aburro con mi pena-penica-pena hasta dejarla k.o. y cuando esté inconsciente me tiro a su chepa..." ¿ese es el plan? porque cualquier otro argumento me parece digno de aquel que asó la manteca y se quedó sin almorzar.
Nunca lo he entendido, en serio, y pese a todo en más de una me he visto aguantando con autentico estoicismo a un tipo con cara de cordero degolla'o contándome la triste historia del rancherito enamorado que se le quemó en maizal. Y después del latazo digerido, haciendo acopio de valor y a la que te dispones a darle una palmadita a lo "hombre, venga, qué no será para tanto" el muy burro se lanza a tu cuello como un energúmeno, no sé muy bien si con intención de morderte la yugular y desangrarte o buscando la forma llegar a tus morros para succionarte las amígdalas a la que tú, hábilmente, estiras el cuello todo lo humanamente estirable para que el susodicho no culmine su asquerosa tentativa. Porque sí, ciertas cosas cuando no hay filin dan mucho asco.
De éstas, por desgracia, tengo varias anécdotas -entiéndase por anécdota situación kafkiana de difícil digestión-. El destino -que se lo pasa pipa con nosotros- quiso que despidiera mi soltería conociendo a un muchacho rancherito a más no poder. Esto pasó el mismo día que conocí a Günter. Una amiga y yo tomábamos unos mojitos en la Otra Habana y un buen amigo nos presentó a una panda de chicos la mar de simpáticos; todos menos uno, que estaba con una cara de malas pulgas tremenda.
A la que cerramos el bar y pillamos la cuesta arriba camino del Capote- el único bar abierto a esas horas- el tipo me contó que su novia -la muy asquerosa- le había abandonado por un tipo que había conocido en... ¿el gimnasio? sí, creo recordar que sí, porque recuerdo que me pareció bastante teatral imaginar al tipo como un cachitas atiborrado a esteroides mirando al rancherito que medía como metro sesenta y pesaba unos 40 kilos al puro estilo del primo del zumosol. El caso es que la ex-malvada además se había quedado con el bonito apartamento que compartían en París -sí, era francesito y muy cabreado- y a la que él intentaba dialogar con ella y entender lo que falló, le había amenazado con acudir al juez y ponerle una orden de alejamiento. Para poner un poco de tierra de por medio, había venido a pasar una semanita a España a ver si se le pasaba la mala leche.
A esas alturas de mis taitantos -yo ya había espabilado lo mío- sabía perfectamente que no debía entrar al momento golpecitos en la espalda con aquello de "venga hombre, no será para tanto con lo majo que pareces". No, mejor callar y sobre todo no dar ni un ruido. Algún breve e inexpresivo "ahá" de vez en cuando y huir en cuanto me diera un respiro. Como ves, el plan de fuga estaba estudiado de antemano -ahhh, la experiencia, de algo tiene que servir-.
Pero mira que el hombre me tenía contra las cuerdas. Intenté huir un par de veces -las que trocepé con Günter- pero según regresaba directa a la vera de mi amiga con la esperanza de poder compartir juntas los pormenores de la malvada, me hacia un quiebro el tío y me volvía a pillar por banda siguiendo escrupulosamente justo por donde lo dejó, reanudando su ataque con aquello de "pero que malas sois las mujeres"... uf, solo de recordarlo me entra un agotamiento mental de los gordos.
En fin, que llegados a un punto -ese en el que ya no hay más zumo que sacar del tetrabrick- y pocos segundos antes de irme redonda al suelo presa de la desesperación, hizo una breve pausa, me miró de arriba a abajo y me dijo "vaya! qué bien que hemos congeniado, eh!" a la que contesto "buuuf, no me atrevo a decir tantooo" cosa que dije con cara escéptica, la más amable que fui capaz de poner... breve pausa de nuevo y me suelta "mi hotel no está lejos de aquí..." ¡Qué quieres! le dije de todo menos guapo; a ver, si es que algunos o no se enteran o no quieren enterarse y prefieren que seamos brujas, malvadas y malotas pero, caray, algunos van pidiendo a gritos "dame un par de cachetes a ver si me espabilo". En cualquier caso, que sepas que soy otra muescas más en el cachete de su revolver debajo de la inscripción: mala, más que mala.
Hoy toca sopa ranchera, porque las penas son penas y las sopas son sopas. No lo confundamos. A comer, muchachotes despistados, olviden esas tácticas de ligoteo y regalen a las mozas su mejor sonrisa, pelillos a la mar y el cazo a la sopera, así que vamos a dejamos de bobadas y saquemos las cucharas. Por cierto, con esta sopa quería participar en el HEMC pero llegué tarde... oveja que bala.
Ingredientes:
- agua
- 2 pechugas de pollo
- 1 cebolleta
- 1 zanahoria
- unas patatas
- pimiento rojo en trocitos a tu gusto
- algo de ajo en polvo
- especias texmex (o comino, orégano y chile en polvo)
- 3 cdas. de tomate en trocitos
- 1 latita de maíz cantidad a tu gusto
- 3-4 lonchas de queso cheddar tipo tranchetes
- unos jalapeños a tu gusto
- sal, pimienta y perejil o cilantro para espolvorear
Preparación:
- Pon en una olla las pechugas a cocer en agua con sal. Espuma si hiciera falta. Dejar cocer 5 minutos.
- Corta las patatas, zanahoria, el tomate y el pimiento en trocitos pequeños. Añádelo a la olla, además de las especias, el ajo y el tallo verde de la cebolleta. Deja cocer 20minutos.
- Saca el pollo y añade el maíz, la parte más blanca de la cebolleta en rodajas y unos jalapeños picaditos.
- Desmenuza el pollo y lo añades a la sopa junto con las lonchas de queso. Rectifica de sal y pimienta y sirve con un poco de perejil o cilantro.













