Mailänderli y hoy más que nunca, cosas de la vida, recetas y amores
Unas galletas de navidad típicas suizas, con denominación italiana, aprendidas de una argentina y horneadas por una española en suelo austriaco; dime tú que cuerpo diplomático es capaz de formalizar la tarjeta de visita de estas galletas porque el horno no entiende de aduanas, de fronteras, de permisos de residencia ni nada de ese palo. Las cosas del comer, se saltan a la torera las normativas internacionales y pueden hacer llorar de nostalgia al expatriado, soñar al que nunca viajó y saciar de gusto al glotón que no entiende de matices: "oiga usted, ¿y estas galletas de dónde son?" "¿pues no lo ve?! son de este menda lerenda que en cuanto usted deje de hacer preguntas absurdas, se va a zampar las galletas a dos manos y luego, si usted lo estima oportuno, pregunte a mi píloro a ver que le cuenta".
Pero desde que tengo blog, las cosas no son tan sencillas. Las recetas ya no son un preámbulo a un atracón de placer gástrico. Las recetas tienen historias detrás, más allá de la procedencia de un dulce o una salsa. Contienen lazos invisibles de muchos sentimientos. Llamadas a media tarde desde el supermercado contando que el chorreante de chocolate va a entrar en el horno. Más llamadas, porque el chorrenate salió con una pinta tremenda y será el postre de un gigantesco pavo de acción de gracias. Este año, relleno de chorizo criollo y calabaza... uhmmm, y yo tan lejos.
Otras veces, esos lazos los ato yo misma, fruto de mis pasiones inconfesables -o no- por otros blogs, otras manos que amasan, hornean, degustan y comparten. Amistades invisibles aún, donde nuestra única prueba de vida real es una webcam y esas panorámicas desenfocadas que nos hacemos a lo "mira, mi cocina" "aquí amaso" "desde aquí te escribo" "mi terraza" "mis..." mis destellos de cariño a una nueva forma de entender la amistad.
Y como ya sabes, ando haciendo kilos y kilos de galletas. Este año los encargos se han dado muy bien y mi horno no da para otra cosa. En este sin parar, se me ha echado encima el adviento. El primer domingo de adviento del mes de noviembre más soleado que ha tenido Austria desde que le da por apuntar este tipo de cosas; más de cien años, parece, que al primero que se le ocurrió ir dejando las cosas del tiempo por escrito fue en 1910 creo recordar. Mucho frío y mucho sol. Una combinación que sabe muy rica, la verdad. Mucha luz, mucho oxígeno concentrado en el aire y ese olor a escarcha. ¡ Y mi horno echando fuego!
Tanto que no tuve tiempo de hornear unas galletas especiales para el Kranz, la corona decorada con 4 velas, que iremos encendiendo cada domingo una a una hasta llegar a Navidad. La costumbre es que, cada tarde de domingo, a la que se va el sol, se enciende el Kranz, se sirve una bebida caliente y se acompaña con unas galleticas surtidas. Hoy no tengo ninguna. Las he entregado todas y las pocas que sobraron los chicos se las zamparon ayer. Y media docena de estrellitas que aparté para decorar el centro de velas, menos mal. En cualquier caso, ya puedo correr si quiero seguir con la tradición.
Estas galletas son -como no- de la Majuluta. Son las clásicas Mailänderli suizas. Muy sencillas y geniales para hacer un surtido. Este año las he rellenado con nutela y con crema de almendras además de decorar cada surtido con una variedad de formas y decoraciones. Me gusta mucho decorarlas con glasas de colores. Usa una cucharada de mermelada tipo gelé -sin trozos- y la mezclas con 3 ó 4 de azúcar glas -tiene que quedar bien espesa porque sino no se secará-. Así, tendrás sabor y color sin usar colorantes.
Ingredientes:
- 125 gr. mantequilla reblandecida
- 100 gr. azúcar
- 1 cdta. ron
- ralladura de limón
- 1 huevo grande batido (1/2 se reserva para pincelar)
- 200 gr. harina
- 50 gr. maicena
- pizca de sal
Preparación:
- Bate la mantequilla con el azúcar, hasta que quede una crema suave. Añade el ron, la ralladura de limón y el huevo. Bátelo un poco antes de echarlo y separa un poco para usarlo después para pincelar las galletas.
- Incorpora las harinas previamente mezcladas y tamizadas con una pizca de sal. En este caso no debes amasar. Trabaja la masa como si fuera una quebrada. La trabajas con las manos sin mucha ciencia. Envuelve la masa en un film de cocina y deja que repose en el frigorífico una hora más o menos .
- Precalienta el horno a 180ºC.
- Estira la masa sobre la encimera ligeramente enharinada. No te pases echando harina que luego las galletas se secan y cogen sabor harinoso. El espesor, el que tu quieras. Para rellenar, más finitas y para lucir solas, más gordicas.
- Corta las galletas con las formas deseadas y pásalas a la bandeja de hornear con un papel de horno encima. El huevo batido que hemos guardado, lo mezclamos con una cucharada de leche. Pinta la superficie de cada galleta antes de meter al horno. Si vas a hacer mucha cantidad de hornadas, baja el horno a 170ºC después de la 2ª ó 3ª tanda.
Te dejo con esta foto con esta bonita luz:-) besos
Y regreso para enseñarte esta otra. Es de la Ventolera, con quién enciendo velas desde hace tiempo pero es la primera vez que nuestros reflejos quedan grabados en el cristal. Y ahora dime tú, si el mundo no hace magia:-)














