Galletas de chocolate blanco y nuez para mi chico

A tiempo de todo y sin rato para nada. Así es como me preparo el adviento de este año que oficialmente arrancará mañana. Por lo menos el calendario de Lucas que afortunadamente acabo de terminar de colgarlo. Pero hoy el gran protagonista no son los preparativos navideños que aquí en Austria ya sabes que son algo más madrugadores que en España. Hoy es el cumpleaños de mi hijo mayor. No te digo cuantos cumple que me horrorizo. ¡Madre mía! hace mucho, pero mucho tiempo atrás, en Jaca y después de llevar cumplida más de 2 semanas, en el último tramo que si no nacía ese fin de semana le iban a obligar a nacer contra su voluntad... y es que mis hijos son así, ninguno quiso salir solo y al pobre le tenían ya muy vigilado y el Dr. Luzón sentenció: o nace este fin de semana o venga usted el lunes a primera hora que se lo sacamos en un periquete... decía, así las cosas, quiso mi hijo venir al mundo un sábado tempestuoso y no porque el tiempo no acompañase sino mi suegra que me la lió parda porque estaba cansada de que al niño no le diera la gana de nacer y ella , decía la mujer, ahí estaba haciendo el paripé a lo tonto... 

Y es que no me atrevo a contar la historia entera que es larga de narices pero mi padre, que se jubilaba por esas fechas, se le ocurrió decir "en cuanto me jubile voy pa'llá y te hago compañía hasta que nazca el bebote" y ahí es donde mi suegra, sintiendo peligrar su protagonismo en el nacimiento de su primer nieto, se negó en rotundo que mi padre -¡hombre! qué va a hacer un hombre acompañando a una parturienta- se adelantó y se presentó en Jaca a la carrera -y nunca mejor dicho-.
Y contra todo pronostico -ya te digo que la historia es larga pero se creía que el nene nacería antes o cuando menos, si mi anemia empeoraba planeaban obligarle a desalojar por las bravas- pues resultó que a última hora todo se calmó, mis contracciones también y el muy pachorro se tomó 3 semanas de prorroga con mi suegra ya en casa que no tenía más interés en toda esta historia salvo que yo pariera.. y mira, parecía que no, que no llegaba el día. El caso es que tal fue el rebote que se pilló -decía que no me ponía de parto para fastidiarla- que ese día por la mañana al llamar como siempre mis padres para ver como seguía, escucharon mis pucheros acompañados de los gritos de mi madre putativa -por no utilizar apelativos menos cariñosos- y sin pensárselo dos veces dicen que cogen el coche y que se vienen desde Madrid a calmar a la fiera (la susodicha). Llegaron para la merienda. Le dicen a mi ex: "llévate a tu mujer a dar un paseo que no está para estos números" y allí que se quedan con la consuegra soltando sapos y culebras. Y yo de paseo con mi ex -que en ese momento ya sospeché que las cosas se torcerían tarde o temprano- intentando justificar a su madre con un discurso a lo Edipo donde después de un esfuerzo sobrehumano me autoconvencí que lo mismo él estaba en shock y que si por su boca salía toda esa mole de ñoñerías era porque el pobre estaría con sus órganos vitales desoxigenados a cuenta del número maternal sufrido. Y mientras me decía esto, mordiendome la lágrima para qué mentir, noto así, a lo bestia -o no tan bestia pero claro y alto- que las contracciones vuelven al ataque...
Mira, según entré por la puerta y digo "mamá, han regresado" mi suegra rompe en griterio dicendo "Lo ves Jesús, tú hija lo hace aposta. Ahora que llegáis vosotros se pone de parto" Yo que no sabía donde meterme del bochorno pidiendo por lo bajito al bebé "hijo, espera que mira la que se va a liar" pero él que se hace el sordo y sigue abriéndose camino por mi útero sin ánimo de retroceder. Pasó lo que tenía que pasar. Que a las 4:30 de la mañana, después de haberlas pasado canutas entre unas cosas y otras, nació mi pequeño, el timón en la vida de una Maitechu que aún no había cumplido los 21 pero que alumbró de tal modo mis horizontes que no hubo buque ni fragata que se estrellara en mi trozo de costa. Él, mi playa, mi refugio y mi cueva. Y ya podían subir o bajar las mareas que a nosotros nos importaba poco. Teníamos todo el océano para navegar.

¡Feliz cumpleaños amore!
PD: ¡Y a ti también David!




Ingredientes:
(Receta original, aquí)
  • 100gr. de mantequilla
  • 200gr. harina
  • 100gr. de azúcar (recomiendo usar 70gr.)
  • algo de aroma o extracto de vainilla
  • 1 huevo
  • una pizca de sal
  • una pizca de polvos de hornear
  • 100gr. de chocolate blanco troceado
  • 40gr. de nueces 
  • algo de azúcar glas para cubrir

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 200ºC.
  2. Mezcla todos los ingredientes juntos menos el chocolate y las nueces. Puedes hacerlo con ayuda de la procesadora o unas varillas eléctricas. Añade por último el chocolate y las nueces. 
  3. Con ayuda de una cucharita de café, haz bolitas más o menos del mismo tamaño y las colocas en la placa del horno encima de papel de hornear. Hornea unos 10 minutos o hasta que estén ligeramente doradas. Cuando hayan templado, espolvorea con azúcar glas.

Espaguetis integrales con guisantes y albahaca

Varias veces, mi hermano Luisfer me ha comentado su necesidad de ir por la vida a paso de caracol algo que dicho tal cual, solo arrancaría a cualquier parroquiano un  "pues mira tú qué bien". Pero ésta es una necesidad con truco porque lo cierto es que no estamos preparados para vivir con caracoles alrededor. Eso nos descompensa las prisas, los agobios, los plazos a alcanzar en nuestro curriculo sin que se nos pase el arroz. La gente, como digo, dice "mira qué bien" pero continua su camino sin mirar atrás algo muy lógico porque si no atiende donde pisa se esmorra sí o sí. Y el caracol se siente solo, incomprendido y abandonado. Y tiene razón, claro. Pero el corredor de a pié también porque argumenta con mucho tino eso de que si uno se despista pierde el tren algo que siempre nos han dicho que es algo terrible y muy decepcionante. Tanto, que uno puede perder sus caudales, la honradez o la honestidad que nada pasa pero si pierdes el tren te conviertes casi por decreto en una decepción familiar o un perdedor social, ambas opciones nada apetecibles...
Y ésta es la razón por la cual los caracoles tienen fama de solitarios y sufren de soledades. Y no por pretesto de no ser capaces de entenderse con cualquier lagartija que se cruce en su camino. No, no. El problema es que la susodicha va tan rápido que apenas se la ve. Y sin ver no se admira. Y sin admirar no se empatiza. Y no porque no se quiera. No se puede por un simple problema de física de colegial. Sin más atrezzo. Así que, debes recordar que los caracoles suelen caminar solos, no por afán ermitaño, sino como cobro a su letargo. 

Yo, aunque soy lagartija crónica, he pasado una semana en modo caracol. Lenta de reflejos, lenta en hacer, en pensar y en incentivarme. Ya sabes que sufro del sindrome espejo, no por estar sometida a un estado depresivo sino por vivir expuesta al proceso. Es un efecto secundario muy normal cuando se vive con una persona en fase depresiva diagnosticada, ya que de pura inercia se contagian cosas sin padecer la enfermedad. Cuadros de ansiedad y angustia, presión en el pecho, noches en vela y mañanas que no arrancas... vienen y si no las haces caso, se van. Así que hago como ellos, me pongo en modo caracol y que salga el sol por Antequera...

Pero al tener truco, el del caracol, se sufren soledades. No puedes abordar a cualquiera y contarle tu malestar porque casi sin querer te recriminaran que no te cuidas, que no vas al médico, que qué se yo... y no hay nada más inoportuno que decirle a un caracol "que lento eres, hij@ mi@" Pero también sabes que la angustia se disuelve hablando y riendo pero.... no, no funciona, porque el mundo ve lagartijas y no caracoles...

Y como buena lagartijilla, me falta el sol. El cambio horario me ha hecho trizas. Pero no todo es arrastraste por la acera, no te vayas a llevar una mala impresión. En el proceso de recuperación de Günter, hemos seguido añadiendo varios cambios en nuestros hábitos. Uno de ellos, es que hemos dejado de consumir harinas normales. Todo integral, biológico y con su germen a ser posible. Y como ves, no es sinónimo de comer aburrido.


Ingredientes para 4 raciones:
Adaptada del libro Everyday Supefood, de J. Oliver

  • 300gr. de guisantes congelados
  • 2 cdas. colmadas de almendra molida
  • 1-2 dientes de ajo
  • Albahaca fresca
  • queso parmesano al gusto
  • zumo de limón fresco o concentrado
  • 400gr. de espaguetis integrales
  • taquitos de jamón desgrasado
  • un poco de aceite de oliva,
  • Sal y pimienta
  • 200gr. de yogur
  • opcional: un huevo (lee mis notas)


Notas:
  1. Tras dudar un poco, he optado por seguir la receta y añadirle el huevo, algo que como me temía, ha secado algo la pasta. Estoy convencida que sin huevo la receta gana pero quiero dejar cuenta de mi preparación real. Para las próximas veces (que las habrá, nos ha encantado) irá sin huevo..
  2. En la receta original Jamie O. tuesta la almendras y luego las muele. Yo la he usado cruda porque adoro los pestos de almendra. Dejo nota por si quieres probar..


Preparación:
  1. Pon a hervir agua con sal para cocer la pasta. Cuando hierva, usa un poco de este agua para escaldar los guisantes en un cuenco. Deja un par de minutos que templen.
  2. Mientras, prepara el pesto de guisantes. Pon en la procesadora (o con la batidora eléctrica) el queso rallado, la almendra molida, el limón al gusto, un poquito de aceite de oliva,el ajo machacado, la albahaca y los guisantes y lo trituramos  todo junto.
  3. En una sartén, saltea el jamón y lo reservamos. En la misma sartén, pon el yogur (si lo quieres con el huevo deben de estar batidos ambos antes de echarlo a la sartén) y remueves hasta que hierva. Añade el pesto y dejamos que la salsa tome cuerpo. Salpimienta.
  4. Mezcla la salsa con la pasta y añade el jamón. Sirve rápidamente.

Tacu Tacu peruano

Porque no todo es ceviche ni carne ni pescado. Porque hay cosas universales que parecen distintas solo porque se adaptan a su entorno, a su propia coyuntura. Darwing dijo que quien no evoluciona ni se adapta a sus circunstancias se extinguirá sin remedio y no era un visionario ni un iluminado. Simplemente interpretó lo que la naturaleza le mostraba y creerle o no es pura demagogia humana que no transforma en absoluto la realidad, cosas que los humanos tendemos a confundir. Verdad y realidad. Verdades hay muchas y realidad una. Claro, como somos narcisistas usamos eso de que realidades hay muchas pero si lo simplificas verás que no es cierto. Disponemos de una sola realidad en medio de millones de distintas perspectivas... 

Porque el mundo es lo que y no a costa de nuestros criterios sino de su propia autonomía. No se adapta a nuestras creencias ni criterios. No son de distintos planetas el que piensa que al inmolarse matando cien infieles será recibido por el propio dios en el paraíso y el que sigue el consejo de Horacio y  vive a lo Carpe diem, quam minimum credula postero -aprovecha el día y no confíes en el mañana-.
Porque el mundo no es un invento nuestro. No nos pertenece. No le hemos creado ni le vamos a destruir. Él seguirá tan pancho cuando nosotros nos hayamos extinguido porque lejos de adaptarnos a él jugamos a alfas universales decidiendo qué especies extinguir y cuales rescatar genéticamente porque sí, porque nos da la gana. Deforestamos y repoblamos a nuestro antojo sin respetar los principios naturales. Se añaden especies foráneas que destruyen a las nativas y se protege a especies en amenaza que al super poblarse de tanto proteccionismo amenazan ellas mismas a otras tantas. Históricamente, jamás hemos dado pié con bola. Y por algún misterioso influjo no somos capaces de rectificar. Terminamos una y otra vez en el mismo agujero quizás porque somos zotes de tanto mirarnos el ombligo, de creer que lo sabemos todo, de nuestra arrogancia sin límites.
Sí, debe ser eso. Pero yo, como Darwing, no deseo saber más que nadie ni sentar cátedra culinaria sean cualesquiera ser los colores de su bandera. De ésto, últimamente, vivo harta. Yo interpreto lo que veo y si algo me llama especialmente la atención, son la infinidad de platos mutantes que hay por lo largo y ancho del planeta. El arroz con huevos y plátano es uno de esos, de los que se saltan las fronteras a la torera y se degustan en cada casa, en cada patria, a su manera. En España, Colombia y Filipinas lo llamamos arroz a la cubana, en Cuba a la cartagenera y en Perú tacu tacu... y hay más que ahora no me acuerdo. Yo los quiero probar todos, claro que sí, porque si me ciño exclusivamente a la comida patria me perdería muchas cosas ricas en la vida y no es plan. También la experiencia me ha enseñado a desconfiar y romper ese mito que para comer un rico plato tradicional debe ser cocinado por un nativo. Uf, la de tortillas de patata chapuceras que he visto por el mundo hechas por tipos que no sabían ni hacer el huevo!

No, yo no quiero ser un torquemada del fogón. Viva Mr. Darwing y su receta de la evolución que algunos listillos le ponen una r delante y la terminan liando parda... cuidadito con las revoluciones que funcionan igual que las buenas intenciones. Mi padre decía que el camino del infierno estaba lleno de unas y de otras. A un padre se le escucha sin pensar más allá pero ahora que me hago mayor me ronda una idea de lo más perversa : Papá ¿y tú cómo lo sabías?


Ingredientes para 4 personas:
  • 300-350gr. de alubias
  • 1/2 cebolla o una chalota
  • 400gr. de arroz cocido
  • pimiento o ají verde o amarillo
  • Sal, pimienta y orégano
  • Chili y ajo en polvo
  • Aceite de semillas para freír
  • 1 huevo por comensal
  • 1 banana macho por cada 2 comensales

Notas: 
  • He reducido drásticamente la cantidad de aceite. Leí en un par de artículos que el aceite es fundamental en este receta pero me la he jugado. Dicen que no hay que racanear aceite a la hora de cuajar el arroz en la sartén a modo de tortilla. Pero apenas mojé la sartén (eso sí, en mi sartén no se pega nada) y a pesar que en las fotos puede parecer que quedó seco, nada más lejos.
  • Se puede acompañar este plato con un poco de salsa de tomate, salsa brava o picante. 

Preparación:
  1. Triturar el pimiento y la cebolla muy en fino. Rehogar unos minutos hasta que dore ligeramente y añadir las alubias. Añadir sal, pimienta, orégano, chili y ajo en polvo a gusto.
  2. Trituramos las alubias hasta hacer un puré algo tosco, sin que quede muy liso. Lo mezclamos con el arroz cocido y procedemos a cuajarlo en la sartén a fuego medio y con algo de aceite como si fuéramos a hacer una tortilla.
  3. Paralelamente vamos friendo el plátano cortado en rodajas en una sartén apenas húmeda en aceite o mantequilla.
  4. Damos la vuelta a la tortilla usando un planto llano. Dejamos que termine de cuajarse vigilando que no se queme.
  5. Freímos los huevos y servimos.

Ensalada de otoño

Tiempos malos. No voy a extenderme mucho en ello. Hoy por hoy, la libertad de expresión para con un español es sinónimo de "cuida lo que dices porque de fijo vas a cabrear a alguien". Vivimos en un sin sentido donde unos y otros van perdido el respeto a la democracia con todo lo que eso representa. Democracia es sinónimo de libertad y algunos piensan que hacer uso de ella es hacer lo que les da la gana, como les da la gana y cuando les viene en gana. No, democracia es sinónimo de respeto, empezando por el individuo y terminando por la totalidad pero ante todo, respeto al bien global, al común, al que a la mayoría afecta y no al particular según convenga. Y mayoría no es el grupi que yo instigo, o el que ahora gobierna o el que una institución maneja haciendo más ruido. Porque la democracia no son las instituciones, ni los partidos, ni los gobernantes. Son el pueblo. La gente. Son estas instituciones las que tienen la obligación de representar a todo su pueblo, unido o no, eso ya es harina de otro costal porque ya sabes que eso de todos a una no va con nuestra cultura.
¿Alguien se está preocupando por saber qué va a pasar el día después del referéndum? En esta atmósfera de crispación ¿habrá marcha atrás? ¿Volveremos a convivir en paz? ¿Sobrevive la libertad sin el respeto? Pluralidad, aún recuerdo de niña en la transición cuánto se hablaba de ella, de lo importante que era que en nuestra política estuvieran todos los demócratas representados pero todos ellos respetando sin fisuras las leyes democráticas. Se escuchaba una canción a todas horas del grupo Jarcha: "libertad, libertad, sin ira libertad..." ¿Te acuerdas? había una  estrofa que decía:
Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana
Y no es posible que así pueda haber
Gobierno que gobierne nada
Dicen los viejos que no se nos dé rienda suelta
que todos aquí llevamos
la violencia a flor de piel 
Sinceramente, creo que la democracia no es un derecho. Es nuestro bien más preciado que habría -hay- que guardar de la canallesca. Nadie se la puede saltar a la torera. Nadie. Y en todo este jaleo, veo mucha gente que aún no se ha enterado del peligro. No se trata del sí o del no. Es absurdo un referéndum ilegal. A partir de este hecho los ideales y los patriotismos quedan fuera de contexto. Si no está dentro del marco legal, la democracia se quiebra. No se la puede insultar ni humillar. Porque sin democracia perdemos la libertad y sin libertad llega la represión, el odio, las persecuciones...  y ¿es eso lo que queremos? ¿de verdad? Se ha tirado por la vía rápida, la del puñetazo en la mesa. Conozco gente particular y colectivos que litigan en los juzgados durante años para defender sus causas y jamás se consiente que se tomen la justicia por su mano. Esto debería valer para todos. Pero claro, en política no hay tiempo que valga, se busca fama rápida y los aires de grandeza a lo Alejandro Magno se filtran descaradamente tanto en el gobierno catalán como en el gobierno central. Ambos han perdido el rumbo, unos por ambiciosos y otros por incompetentes y desgraciadamente nos están llevando al desastre.
Y mientras, veo peleas continuas en las redes a cuenta de las banderas. Gente que se las apropia y las ondea a su antojo sin entender que ese trapo no es nada sin su alma. Su alma, su pueblo, todos. Las usan para provocar y para levantar heridas. He tenido una vez más, la sensación que se aman más los símbolos que a las personas. Y sobre todo, que hay mucho interés en que ambas no convivan juntas. Se han olvidado que son hermanas y que, como en todas las familias, los hermanos están condenados a entenderse. Y por encima de todo, a respetarse.

Menos mal que no quería extenderme. Me pregunto si estoy a tiempo de borrar este post y escribir sobre las amapolas.
democracia
Del lat. tardío democratĭa, y este del gr. δημοκρατία dēmokratía.
1. f. Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos.
2. f. País cuya forma de gobierno es una democracia.
3. f. Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes.
4. f. Forma de sociedad que practica la igualdad de derechos individuales, con independencia de etnias, sexos, credos religiosos, etc. Vivir en democracia. U. t. en sent. fig.
5. f. Participación de todos los miembros de un grupo o de una asociación en la toma de decisiones. En esta comunidad de vecinos hay democracia.



Ingredientes:
  • medio cogollo de brocoli
  • 1 manzana grande
  • un par de zanahorias ralladas
  • un puñado de pasas y nueces al gusto
  • 1/2 o 1/4 de cebolla roja (dependiendo de cuanto pique) 
  • 80gr. de mayonesa hecha en casa
  • misma cantidad de yogur griego (sauerrham para los austriacos)
  • un poco de vinagre de manzana
  • 1/2 cucharadita de sirope de ágave
  • sal y pimienta al gusto

Preparación:
  1.  Para hacer la salsa, mezcla en un bol la mayonesa, el yogur, vinagre, el ágave, sal y pimienta. Reserva.
  2. En un bol o ensaladera, mezcla el resto de ingredientes ya lavados y cortados en trocitos a tu gusto. Mezcla con la salsa y listo.

Pasta alla trapanese

A veces es difícil digerir sin desconectar. Tras la tragedia de las Ramblas y Cambrils, he pasado a modo ausente en las redes sociales. La pena se me enquista entre tanta crítica partidista y sacada de contexto. ¿Por qué a los españoles nos gusta tanto criticar? Fíjate en las reacciones de facebook ante una noticia triste. Verás más iconos de enfado que de pena y es que, o bien nos cuesta canalizar el dolor o tenemos una mala hostia y rencor brutal que sacamos en cuanto nos la pintan calva.

Sea como sea, mi capacidad de asimilación la reservo para masticarme la pena que es mucha. Siempre que hay un atentado de cualquier índole el dolor me inunda pero cuando es en tu propia patria las penas se acentúan. Mi hijo trabaja muy cerca y seguí con mucho nerviosismo las horas siguientes al atentado. Así que ayer, como te decía, desconecté. No digo que me aislara, al revés, para disolver esa angustia interior se necesita de contacto, de expresividad y nada mejor para soltar riendas que dejar que galope la creatividad que siempre es sanadora.
Recientemente, haciendo bocetos para una cliente, me enamoré de una de las creatividades que le hice. No eligió la casita y a esas alturas yo estaba enamorada de ella. No sé por qué me identificaba tanto en ella o por lo menos no lo sabía entonces. Regresando del centro a casa, parados en un semáforo vi de dónde la había sacado. Estaba ahí, enfrente mío, en el lado izquierdo del valle medio colgada en la ladera del bosque, lo que le daba esa maravillosa perspectiva de estar rodeada hasta el propio tejado de vegetación y plantas. No es una casa especialmente bonita. Necesita pintura y estoy segura que requiere de una buena renovación. Pero es la misma que yo había dibujado. Supe en ese momento que quería tenerla cerca. Llegué a casa y me puse manos a la obra. Desde ayer mi hierbas y especias tiene una casita llena de hierbas y de semillas. Una casita donde refugiarme de los tormentos del mundo y de la vida. Madre mía, tantos años en esta ciudad, tantas veces parados en el mismo semáforo y tuve que pintarla para poder fijarme en ella...
Ayer también, me pasé la tarde hablado con mi otra heroína que al igual que la inspiradora de este strudel  jamás me deja indiferente una charla con ella. Hablamos de mucho y mucha fue la inspiración y los proyectos para dejar crecer nuestros mundos imaginarios que requieren de espacio y atención. Porque los quehaceres y las rutinas a veces se lo comen todo, y hay que hacer grandes esfuerzos para no abandonar nuestros proyectos personales. Tengo la esperanza de poder contarte muy pronto que tramamos.  Y mientras llegue ese momento, hay que comer. Yo te dejo hoy con esta pasta, hecha con un pesto crudo muy veraniego. Tengo la suerte de hacerla con tomates y albahaca de mi huerto. Un verdadero lujo que hay que saborear despacio y con esmero. Pero es tan fácil y rápida de hacer que sería una pena no poder darte el gusto.



Ingredientes para 3 raciones:
  • 400gr. de pasta
  • 200gr. de tomatitos
  • 2 dientes de ajo
  • un manojo de albahaca fresca
  • 50gr. de almendras sin piel
  • 30-50gr. de queso pecorino o parmesano
  • 30-40ml. de aceite de oliva
  • sal y pimienta al gusto

Preparación:
  1. Hierve la pasta hasta que esté al dente en agua hirviendo con sal.
  2. Mientras tritura todos los ingredientes del pesto juntos menos la sal y la pimienta que es mejor añadirlo al final.
  3. Mezcla la pasta con el pesto y sirve al momento.

Strudel de queso al estilo de las abuelas (Omas Topfenstrudel)

Soy débil. Cuanto más vivo más consciente soy de mis puntos flacos y de hecho, llevan tanto tiempo conmigo que ya les he cogido hasta cariño. A veces los miro con desdén "quita, quita que tengo prisa" y otras me aprovecho y tiño a las susodichas en extravagancias a lo "así soy yo, qué le vamos a hacer". Actúe como actúe mis flaquezas están ahí esperando a saltar sobre mi pescuezo a la menor ocasión. O no. O puede que ellas sean parásitas en nuestro organismo y por si solas no sepan actuar sin la ayuda de nuestro lado retorcido. O puede que tampoco, que sea cosa de la gente oscura que cuando huele a fragilidad se echa encima haciendo leña del árbol caído. No lo sé, la verdad. No sé como funciona ni me interesa saberlo. Con saber cómo sobrevivir en la adversidad me doy por satisfecha.

Fue hace casi un año, en esta entrada de la crema de mascarpone cuando la depresión entró en nuestra casa. Al principio no lo sabíamos, desconocíamos que el estrés acumulativo deriva casi siempre en depresión. Nos ha costado mucho a todos. Al protagonista principal porque ha sido su pellejo el que más ha sangrado. Los actores secundarios hemos sido testigos impotentes detrás del telón unas veces, y otras nos ha tocado salir a escena y comprometer también nuestros pellejos porque esto es lo que tiene el navegar en el mismo barco que los platos rotos los terminamos pagando todos a pachas
Como decía, casi un año de mucho esfuerzo, superación personal, lágrimas, cariño, desesperación y todo tipo de emociones que las hemos trabajado a tope en el conocimiento absoluto de saber que todo importa, que cada día cuenta y que las pequeñas recompensas de la vida hay que cobrárselas a diario. Unos cariños en el sofá, volver a abrazarse y a reírse a pierna suelta a lo tonto, hablar de lo que uno piensa y siente... en fin, tantas cosas que dejamos de hacer de puro sin querer pero que un día se convierten en la clave de todo y a uno no le queda otra que emperrarse en ser feliz por pura cabezonería. Un año en el que algunas personas nos han defraudado y otras no dejan de sorprendernos. Donde llueven puñales y tiritas por rincones que no habíamos reparado en ellos. Un año de aceptación sin hacer teatro, asimilando que es parte del proceso y que juntos podemos con todo.

Porque sí, es cierto, soy fuerte. Tanto que a veces se convierte en mi debilidad. Qué fácil es vivir cada día y qué complicado se hace cuando necesitas dar sentido a lo vivido. En ocasiones tienen que pasar cosas inesperadas para recuperar el norte. Leo frases preciosas por todas las redes y cada día me siento más autista ante sus mensajes. Porque en el conocimiento y en la conciencia, no está la sabiduría -tal y como dicen los monjes tibetanos- sino en la bondad, en la calma espiritual y la claridad mental. Si no deseas lo mejor para los demás, jamás disfrutarás de tus cosas. Es obvio. Si vives frustrado, enojado con cualquiera que se cruce en tu camino, tenso y con la escopeta cargada a la espera de que a cualquier parroquiano se le tuerza el renglón, no dudes que estás -no que caerás- enfermo. Tóxico, venenoso y enfermo. Bondad, generosidad y regocijo. Ese es el camino de una vida sana dejando que las frustraciones no calen y se hagan las dueñas del cotarro.
Y claro, me dirás: palabras Maite, son solo palabras. Pues no, no lo son. Son enseñanzas e inspiración para seguir caminando sin volver a enfermar. Nos hemos curado, eso creo, pero seguimos en un mundo enfermo que puede volver a rompernos. Ahora un año después, sabemos lo que ya nos temíamos. Que nuestra valía no está en lo que tenemos sino en lo que somos. Que no es más quien más tiene sino quien más satisfecho está con lo que tiene. Que la vanidad y la arrogancia son muy peligrosas porque van de la mano del egoísmo y la envidia. Lo sensato es alejarse de quienes la practican y arrimarse a la gente feliz y sana es casi de manual de instrucciones. 

Hemos tenido la dicha de arrimarnos esta semana a una familia que es así, de manual. Él es un hombre maravilloso que conozco de hace mil años aunque no hemos mantenido contacto en otros mil. Nuestras familias no se conocían así que la cita estaba cargada de ilusión y ganas. Pasamos el día en un escenario de lujo, un bosque lleno de animales, caminos, piedras, pinos, columpios, tirolinas y toboganes. Y ¡frambuesas!. Tuve el gustazo de conocer a la que es mi heroína desde entonces, una mujer y madraza de las que derrochan claridad y calma de la que te hablé antes. Gritará y se subirá por las paredes como todas, eso es evidente y más con cuatro mosqueteros en la casa pero ella es de ese tipo de personas que desde el minuto cero respiran vitalidad, sensatez y cariño.
Y como la vida, además de sabia, es golosa, mi destino me ha empujado a encender el horno y publicar este Topfenstrudel al estilo clásico para dejar constancia de que aún existo, de que el blog sigue navegando con el rumbo intacto -o casi- y que no hay mal que cien años dure ni strudel que lo resista. Porque nuestra vida es como este strudel: relleno fresco, dulce y nutritivo, delicado al enroscarse porque se rompe con mirarlo y cuando está en el horno, ese relleno tan especial se escapa por todos lados inundando de jugosidad todos los rincones del recipiente. Porque la debilidad, la fragilidad, no es sinónimo de chapuza. Y si no me crees, prueba, prueba y ya me dirás.


Ingredientes:
  • masa philo
  • 500gr. de Topfen (queso tipo quark)
  • 100gr. de Sauerrham (o yogur tipo griego)
  • 80gr. de mantequilla blanda
  • 4 huevos
  • 120gr. de azúcar
  • 1 pizca de sal
  • 1 limón (ralladura y zumo)
  • 1cda. de polvos de pudding de vainilla o de flan
  • 50gr, de pasas sultanas mojadas en ron
  • algo de aceite o mantequilla para pincelar el molde y superficie

Notas:
  • No intentes hacer este strudel directamente en el horno sin recipiente porque estalla e inunda todo de crema. Si deseas la versión consistente, usa esta otra receta.
  • El momento complicado de esta preparación es enrollar el strudel y transferirlo al recipiente con éxito. Para ello, es fundamental que te ayudes de un trapo limpio de cocina y lo pases directamente con el trapo. De otra forma, la liarás parda casi seguro.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 170ºC y prepara un molde o recipiente engrasándolo bien con un poco de la mantequilla.
  2. Monta las claras de huevo con el azúcar y una pizca de sal hasta que el merengue haga picos. Reserva.
  3. Bate con unas varillas (eléctricas o procesadora) el queso, el yogur, la mantequilla y la cucharada de polvos para pudding. Cuando la crema se empiece a formar, añade las yemas.
  4. Una vez la crema lisa y sin grumos y ahora con ayuda de una espátula, integra el merengue, el limón exprimido, las pasas y ralladura de limón a tu gusto. 
  5. Extiende sobre la encimera un trapo limpio y coloca 2 láminas de masa philo. Echa parte de la crema y enrolla el strudel con dicho trapo. Sin quitarlo transfiere el strudel al recipiente y con cuidado retira el trapo. Repite la misma operación con la segunda pieza. Si se quiebra no te importe porque sin remedio estallará en el horno. Pincela con aceite la superficie si quieres que la masa philo se quede crujiente.Te sobrará algo de relleno. Puedes echarlo por encima (es lo que suelen hacer las abuelas) o hacer un strudel mini en un recipiente pequeño (es lo que yo hice porque deseaba no perder la costra de masa philo)
  6. Hornea un poco a gusto. Si le has puesto el resto de crema por encima, te recomiendo 20 minutos a 170ºC y 10 minutos a 120ºC. si quieres que quede tostadita la masa philo 30 minutos C a 170ºC hasta que se dore la superficie. Lo puedes servir frío o templado con azúcar glas por encima.

Gazpachuelo de Almería. Colombine y Paquita la coja (Parte 4)

( Capítulo anterior ) 

( Parte 4. La recién casada )


Desde la mañana bien tempano, la ciudad se engalanó para su gran día. La Virgen del Mar lucía sus mejores prendas. El paseo y el malecón estaban impecables, limpios como nunca y rebosantes de aromas por las muchas flores y guirnaldas que se lucían en las balconadas. Cantos, risas y  rumor de juerga hacendosa al alimón entre los trasnochadores fiesteros que aún no habían recogido velas y los voluntariosos que el cabildo designó por un par de gordas para tan delicada misión, que no era otra que la de dejar la ciudad más bonica que nunca. En esta efervescencia inusual, algún coplero templó su arte arrancando más de un olé a su concurrencia: 

Tengo que poner espías 
para ver si mi amor viene, 
al pie de Torre García. 
No sé p'a mí que tiene, 
el camino de Almería... 

Este era el trajín que desde la calle se colaba en la alcoba de Carmen. El vestido de novia aún en la butaca, horquillas y restos de florecillas de azahar esparcidas por el suelo. El corsé desgarrado, al igual que el alma de la niñica que quiso casarse con un vestido blanco a la moda inglesa, sin peineta, con flores y bordados que le dieron ese aire de ángel tan inocente y hermoso. Risas, besos y abrazos en medio de la desorientación de su madre que buscó arrimarse a su hija sin mucho éxito ya que la gobernanta, la madre de Arturo, se encargó de todo. Don José, el padrino, llevaba la pena revuelta con la fatiga del viaje. Jamás se perdonaría no haber llegado antes a Almería y haber retrasado el enlace lo suficiente para que Carmen finalizara sus estudios de magisterio como era su deseo.

Y al angelico, en el mismo instante en que el novio cerró la puerta tras sus pasos, se le quebraron las alas. No se afanó en lindezas y en lugar de desflorar a una inocente e inexperta criatura, la embistió como un animal cargado en licores sin distinguir que esa noche no era una mujerzuela acostumbrada a venderse quién se guardaba entre las sábanas. No supo, o no quiso, amaestrar su miembro que persiguió el sexo de la niña sin reparar en su pudor ni en el miedo, arrasando en su acometida con todo el amor y la adoración que sentía por su esposo.  Ni una caricia ni un beso ni unas palabras de sosiego. Rudeza y brutalidad de quien busca descargar su deseo tomando lo que le pertenece por derecho.

Su sexo no había dejado aún de sangrar. Un dolor agudo taladraba sus entrañas cada vez que se movía o intentaba andar.  Entró la criada y se ofreció a peinarla. Don Arturo espera a la señora para desayunar, le dijo. No contestó. Apenas conseguía dominar el pánico –Dios mío, ¿cómo voy a mirarle a los ojos después de esto?– y tan solo pudo desear morirse.   Entró al comedor con paso erguido y pausado. No buscaba hacer teatro. Retenía el dolor para sus adentros. Al sentarse una breve contracción involuntaria de la ceja derecha se escapó de su curvatura produciendo un gesto, que mal entendido, podía pasar por coqueto y seductor. El esposo sonrió sin levantar la vista del periódico.  Ella estaba radiante como era de esperar en una recién casada.  

–¿Tienes el baúl empacado para mañana? 
–Sí. 
–¿El mío también? 
–Sí. 
–El tren sale temprano y ya sabes que no espera a nadie así que no te duermas en los laureles. Aprovecha lo que queda de mañana que luego no tenemos tiempo. Comemos en casa de mi padre y salimos con él en la procesión acompañando a la virgen. Ponte bien guapa que hoy vas a ser la envidia de Almería. 

La besó en la frente, recogió su bastón, el sombrero y salió de la casa sin más ceremonia. Tan satisfecho estaba de sí mismo que no reparó en que Carmen no le había mirado ni una sola vez. Allí quedó durante varios minutos, inmóvil, sin ganas de agitar ni un músculo, sin ningún pensamiento alborotando su pesar. Y así sin más, en el silencio opresivo de su recién estrenado comedor en el cual dos días antes le hubiera resultado imposible permanecer en él tan callada, ahora tras una sola noche de casada, ya se le antojó como su mejor refugio. A una fulana se la paga, se aventuró a pensar. A una esposa se la ignora. Éste es el pago de la decencia... silencio, sí, mejor silencio... mejor no pienses... 
Dolores llegó al rato. Ella sabía muy bien y sin mediar palabra se abrazaron y lloraron sin respetar el recién estrenado silencio del comedor. 

–¿Es siempre así, Lolica? 
–Me temo que sí. 
–¿Por qué? ¿Por qué Lola, nadie nos dice nada? 
–No lo sé. Imagino que si nos dijeran la verdad no nos dejaríamos casar ninguna ¿verdad? –Rieron la broma entre lágrimas– Ea, vamos Carmela, salimos a pasear porque todas esas brujas tienen que verte alegre y radiante. A más de una le ha caído el sobrenombre de malcasada por no cuidar las maneras de puertas para fuera. Que nadie te tache jamás de infeliz y ni un desplante a Arturo en público.  Tú eres su devota y que nadie rasque más de eso... 
–Lola no puedo... no. No sabes la vergüenza que... 
–Sí que lo sé. Yo y todas. Así que cuanto antes te la comas antes la digieres. Venga, vamos. 

Salieron de la casa cogidas del brazo como era de rigor. El Paseo del Príncipe debían tomarlo por la acera de enfrente a los cafés, ya que esa parte de la vía lucía los días de fiesta desde la mañana a la noche abarrotada por jovencitas ansiosas de matrimonio, enamorados esperanzados en poder cruzarse las miradas y con suerte un saludo, sin olvidar a los siempre presentes concurrentes de a diario que de pura inercia ocupan las mismas mesas tomando posesión del mejor ángulo para no perder detalle de los viandantes, ya transitaran de camino a la Puerta Puchena o dirección al Malecón. Es por tanto, que las casadas jóvenes y las comprometidas debían cuidarse muy mucho de exhibiciones gratuitas o miradas comprometedoras, porque la mala hiel abundaba a la par de las envidias  y no hacía falta mucha bulla para cargar la vida entera con un sambenito de tres al cuarto.  

Como era de esperar, toda Almería esperaba el paseillo de la nueva Sra. De Álvarez Bustos. Las familias de alcurnia se paraban a saludar y preguntaban por los pormenores de la celebración entre sonrisas y chascarrillos que pretendían ser finos y delicados pero que a la novia se le clavaban como puñales. "la suegra de usted, encantada ¿no? … vaya suerte que ha tenido el gobernador al dar con una mujercita como usted, tan guapa y tan formal... y es que ya le había advertido a Don Mariano... porque ese don juergas iba necesitando con urgencia que le supieran atar en corto... muy bien hecho hija mía... y ahora que Dios la bendiga con muchos hijos varones que es lo que esta ciudad necesita porque el otro día sin ir más lejos..."  y cada parada de felicitación se le hacía a Carmen un viacrucis horrendo, sonriendo sin ganas y sin descanso, haciendo alarde de la mucha felicidad que su nuevo estado le producía, contestando una y mil veces a las mismas preguntas que correspondía con las mismas respuestas. 

Al llegar a la Puerta Puchena se le había revuelto tanto el ánimo que se sintió desfallecer. Habían pensado seguir el paseo hasta la calle de las Tiendas que pese a ser festivo en toda la provincia, los comercios abrían excepcionalmente para que las damiselas pudieran completar sus perifollos para la procesión de la tarde. Pero tan pálida se la veía que Dolores propuso una horchata fresquita en la terraza de la confitería, ya que allí podrían tener un rato tranquilo protegidas de la solanera. Si bien el refrigerio mitigó la fatiga,  no consiguió alejar al enjambre de preguntonas que se detenían constantemente a enterarse sobre el tipo de ágapes que se sirvieron, si la mesa consistió en un menú a la española o se optó por un buffet a la francesa. ¿Y los vinos? ¿y los postres? ¿y el pastel?. No tuvieron tregua hasta llegar a la misma puerta de la casa del gobernador.  Dolores se despidió con un beso. 

–Te veo en la procesión. 
–Sí, allí estaré y no olvides lo que te he dicho. Tú eres su devota y que eso nadie jamás lo ponga en duda.  
La comida que sirvió la gobernadora este año tenía la doble finalidad de por un lado, agasajar al alcalde como era de rigor en las fiestas de la Virgen y por el otro, celebrar la primera comida del joven matrimonio gesto con el que además de formalizar la feliz unión, se definía sin medias tintas la posición de la nueva esposa. Carmen dejaba oficialmente su familia de infancia para entrar en la definitiva, la de ley, esa a la que se debe ante todo respeto y pleitesía, sin olvidar jamás que su papel es y será siempre de consorte y no de señora. Sin embargo, hubo que invitar a los consuegros algo que incomodaba sobremanera a los Álvarez quienes empujaban pleitos de lejano y aunque ya no sabían muy bien en qué hechos se basaban los rencores, por todos era sabido el sinsabor que ambas familias arrastraban desde que los jóvenes entraron en amoríos. Dicha incomodidad se hacía especialmente extraordinaria teniendo en cuenta que tras los postres, los invitados aprovecharían la sobremesa para renovar vencimientos, firmar acuerdos, pactar ventas y comprometer el patrimonio de cada casa en tal o cual empresa. Así venía siendo desde antaño, como si no hubiera más fechas al año para negociar los caudales. Y si a ésto, le sumamos la fama de mal cumplidor que cada español carga con razón o sin ella, tenía cierta chufa que a la Virgen de Agosto se la diera el sobrenombre de la Patrona de los Embusteros. La gracia se reía por igual entre los caballeros de buena estirpe y los nuevos comerciantes en auge procedentes del pueblo llano.  Los únicos que no participaban en la mofa eran los campesinos y los hombres de mina, porque detrás de cada estafa, eran ellos los que como siempre sufrirían las penurias en forma de hambrunas y miserias. Unos sellaban tratos fumando puros habanos y otros pidiendo a la Virgen por sus cosechas,  contra las sequías y las epidemias. Cada cual con lo suyo.

El menú, como cada año, destacaba por su sencillez y originalidad. Rompiendo con todas las reglas sociales del momento, donde la etiqueta marcaba que debían ofrecerse cinco servicios en un menú de veinticuatro platos, la familia Álvarez ofrecía una lista relativamente corta de platos fríos alrededor de un único principal. Esta vez se eligió un entrecôte asado con guarnición de buen gusto que consistía en unas croquetas de ave, puntas de espárragos y trufas servidas en rodajitas. Pero antes del asado, se habían servido entradas frías compuestas por pastelitos rellenos unos de carnes y otros de mariscos, mayonesa de langosta, gazpachuelo de huerta, foie gras y una exquisita variedad de asados fríos compuestos por una selección de jamones de York, Serrano y de Avilés, gambones rojos, almejas y una generosa oferta de canapés a la rusa. El deleite de exquisiteces y buenos vinos no se detuvo con la llegada de los postres, momento en el cual la anfitriona demostraba y con creces su nivel de buen gusto. Además de servirse las mejores frutas de la temporada, los comensales se deleitaron con una fantástica selección de quesos del país así como una media docena de dulces en los que no faltó el afamado pudín al Jerez de la gobernanta ni los mantecados napolitanos que cada año se encargaban religiosamente en la confitería de Isidoro Padilla. Los padres de Carmen no se quedaron a la sobremesa. Con la excusa de acicalar a los niños para la procesión, abandonaron la velada con discreción.  El obispo con gran pesar, también hubo de ausentarse. En el gabinete quedaron reunidos además del anfitrión y su homenajeado, el Capitán General de la ciudad,  los Heredia, los Lebón y los Sres. Spencer y Roda. Todo un elenco de astucia y poderío cuando las pesetas sonaban en el ambiente. 

Dejaron a los hombres con sus cosas y las primas de Arturo acompañaron a Carmen a su casa a acicalarse para la feria. Se cambió el corpiño pero mantuvo la falda nueva llegada de Madrid, confeccionada en sedas de color marfil y sobrefalda de tul en forma de cascada con encajes en tonos aguamarina. El corpiño, también en seda amarfilada, tenía un generoso escote en forma de corazón atenuado por una blusa de tul hasta el cuello y mangas hasta el codo.  Un pequeño sombrero blanco a la moda parisiense sin más adorno que una banda a juego del mismo color que los encajes, reposaba encima de su tocador. Al lado, descubrió un ramo de violetas acompañado de una nota:

¿Sabías que me gustan las violetas?
Cuida que se vean bien para que toda la provincia
sepa quién es la dueña de Arturo Álvarez. 

La emoción se le escapó a borbotones. El amor que a la mañana creyó sentir muerto, arremetía contra ella con toda su fuerza al igual que una ponientera rompe sus olas contra el puerto. Rabiosa y pletórica en alegría, engarzó las violetas al sombrero y se despachó carmín a gusto. Cuando las primas la vieron aparecer, rieron con ganas la bromita del sombrero. 
–Hay que ser sosa, Carmencica. Mira que ponerte violetas hoy que nos van a engalanar los biznagueros con los mejores jazmines de las Huertas. Anda, déjame que vea tu armario que con unas plumas de colores y uno de mis adornillos te apaño el sombrero tan ricamente. Te advierto que tengo una mano... 
–Muy inquieta sí que la tienes –contestó la menor– porque anda que no le has puesto plumas a ese nido colorea'o que llevas por tocado –y rió su propia gracia al contemplar el enojo que se dibujaba en su prima– ¡Tonta, más que tonta! ¡Qué lo digo en broma! 
–Ea, igual da. Anda bobaliconas, no os vayáis a chinchar ahora por eso –y con cierto desdén más coqueto que afligido tomó camino hacia el recibidor, eligió su sombrilla favorita, se alisó la falda y comprobó que su bonita dentadura no tenía rastro alguno del carmín. Desde el portalón, el hijo de la cocinera gritó que el coche de su señoría enfilaba la calle–Vamos niñicas. No hagáis esperar a mi esposo. 

En el coche esperaban disfrazadas para la ocasión la gobernanta y la alcaldesa enfundadas en un popurrí de bandas, medallitas y perifollos junto a sus mejores joyas. Era el día señalado donde toda dama debe lucir de blanco, color reservado por las casas más pudientes y con amplio servicio doméstico dedicado a mantener las batistas y las sedas inmaculadas. A más fortuna, más largas eran las faldas, colas y faldones que en la mayoría de los casos, después del uso, quedaban inservibles. El mal empedrado y los socavones de las aceras no estaban hechos para tanta finura y al día siguiente de la procesión, las costureras se afanaban en recortar bajos disimulando los desperfectos con la superposición de rasos y encajes. El carruaje, por supuesto, estaba completamente al descubierto, la caballería engalanada y el chofer engomado y de punta en blanco. 

Arturo esperaba a pie del coche cuando las jóvenes salieron del portal una a una. Tras un breve vistazo al sombrero, clavó sus ojos en los de Carmen. Apenas los retiró mientras piropeaba a sus primas por estar tan guapas. Colocó a la mayor entre las señoras y a la menor en los asientos de enfrente. Clavó de nuevo sus ojos en los de ella, besó su mejilla y de forma intencionada retrasó los labios casi hasta el cuello y susurró en su oído –Estás guapísima niña–. A Carmen se le encendió el rostro tanto o más que a un farol de los de la feria. Del corazón se le escapaban los vapores de la pasión que luchaban visiblemente contra el corsé que no concedía tregua alguna a sus latidos. Turbada y emocionada se dejó acomodar sin prisa por su galán que tomó asiento entre las jóvenes.  

A la alcaldesa se le antojó de mal detalle el que Arturito no quisiera sentarse entre ella y su madre como hubiera correspondido y más entendiendo que era un hecho sin precedentes que en el carruaje de las damas hiciera acto de presencia un caballero. En cualquier caso, supo perdonar la incorrección al ser testigo de tanta galantería, gracia y cariño mezcla explosiva para una romántica desengañada por la vida y que, en plena madurez, descubre con cierta nostalgia que pese a no haber triunfado el amor en su flaco destino, no por ello debía negar su existencia –Pero qué bonico es el amor, Doña Dolores. Qué afortunada la parejita, ¿no cree?– Y la gobernanta, sin dejar de hacer pompa con su habitual desdén, forzó un leve gesto con la barbilla que se interpretó como afirmativo. Tan apretada mantenía la mandíbula, tan forzada su mirada semejante a la de una estatua, que Arturo no dudó en detectar el insólito sentir de su madre y sonrió para sí mismo mientras se decía –Quién lo iba a decir, Madre, estás celosa a rabiar–.



Ingredientes para 4 personas:

  • 1 ó 2 pepinos
  • 1 ó 2 tomates
  • 2-3 cucharadas de mayonesa recién hecha
  • agua helada
  • sal y limón al gusto

Nota:
  • La cantidad de pepino y de tomate es, al igual que el gazpacho andaluz, un asunto de cada casa. Mi madre lo hacía largo de pepino pero ni ella ni yo éramos entonces amigas del tomate así que nos solíamos hacer la versión solo de pepino.

Preparación:
  1. Corta el tomate y el pepino en trocitos muy menudos. Añade la mayonesa diluida en agua helada hasta que cubra. Aliña al gusto con sal y limón y deja que repose en la nevera una hora mínimo antes de servirlo.

Bizcocho de nata con coco y vainilla

No sé qué decirte. Por un momento casi descarto publicar hoy por falta de verbo. Hay quien pensará que para ser un blog de cocina aquí sobran palabras y lo que cuentan son los jugos gástricos. Puede ser. Pero yo tengo otro punto de vista, claro. Yo charlo y divago y en compensación dejo a mis tertulianos una receta por el ala porque, ante todo, creeme que me esfuerzo por ser buena anfitriona aunque a veces no lo parezca. Algunos pensaran que cuando llegan a hierbas y especias, entran en un  directorio de recetas pero lo cierto es que quien por aquí se cuela, aterriza en mi casa, en mi mundo verdadero, el más auténtico que puedo ofrecer.

Mis hijos, cuando pasen cien años y entren a ver esta receta, recordarán el suelo de madera de la casa de Seegraben donde se reconocen claramente los picotazos que dejaron los cochecitos de Lucas cuando era renacuajo, cuando sus manitas aún eran bien pequeñas pero sus ansias de jugar muy grandes y en ese afán de transportar el mayor número posible de coches siempre alguno se iba perdiendo por el camino estampandose contra el suelo.
Esa madera de cortar es ya legendaria. La que tenía mi padre estaba cutre a rabiar y compré un juego de tres maderas regalándole a él la más grande. La pequeña del trío desapareció en un buffet que organizamos en el cole hace un par de primaveras. Alguien por error se la llevó a casa y por lo que sea jamás la devolvió. Imagino que así tenía que ser. El trapito, es el que uso regularmente para apoyar mi tetera -que también tiene historia- y por supuesto tiene muchos secretos escondidos. Sin ir más lejos, en este blog hay unas galletas encartadas que cuentan cómo llegó a casa...

En fin. Mi mundo. Entrar aquí es entrar en él, imagino que no descubro nada al aficionado a mis charlas ya sean con pastel, con sopa o lo que se haya terciado servirse en mi mesa. Hace tiempo que ya no cocino para el blog porque quise que él fuera un reflejo de mí y me he esforzado mucho en que no se convirtiera en una tarea más o menos tediosa. Muy al contrario, he querido que fuera mi válvula de escape, mi diario de abordo y mi ratico de charla con amigos... bueno amigas, que comentaristas varones tengo pocos. Lo cierto es que me alegra el día leer los comentarios de quien adoro y me emociona conocer a los que no sabía que estaban. Me hace muy feliz lo que hago y lo que recibo a cambio...
Y aunque mi puerta está siempre sin echar la llave para que cualquiera se pueda colar en mi mesa, sobra decir que cuando he tenido que dar un portazo lo he hecho sin dudar. No atiendo susceptibilidades ni juego a impertinencias, esas que de frente todo son cariños y palabras empalagosas y por detrás te trituro sin anestesia. Ese mundo de cosas no me interesa. Amor franco, afectos sanos. Y eso es todo lo que aquí cabe porque éste es mi refugio. Mira si es grande y hermoso. 
Este bizcocho está deliberadamente recortado de azúcar. Aprovechar el coco para endulzar es un buen truco y más teniendo en cuenta que acababa de ver el film medio documental That sugar, un experimento brutal con la realidad que nos toca lidiar. El azúcar que no vemos está por todas partes y en cantidades insalubres pero de esto prometo hablar otro día porque hay cosas muy interesantes que nos descubre este film. Si ya has hecho más recetas mías no dudes en usar mi misma cantidad de azúcar. Nosotros estamos acostumbrados a recortar el azúcar así que no nos resulta "soso" pero entiendo que quién no tiene la costumbre deberá usar un poco más para que no se sienta decepcionado.


Ingredientes:
  • 125gr. de harina repostera
  • 50gr. de maizena
  • 50gr. de coco molido (mejor que rayado)
  • 3 claras a punto de nieve
  • vainilla (yo uso molida)
  • 80gr. de azúcar (los golosos aumentar hasta 120gr.)
  • 250ml. de nata líquida entera (lo más natural posible)
  • 1 cdta. rasa de polvos de hornear
  • Una mezcla de azúcar glas y coco molido para espolvorear

Preparación:
  1. Precalentar el horno a 180ºC.
  2. Montar las claras a punto de nieve reservarlas.
  3. Batir el resto de ingredientes todos juntos. Añadir las claras y batir brevemente hasta que desaparezcan los grumos. 
  4. Pasar la masa a un molde engrasado si hiciera falta. Yo uso de silicona que no necesita pre-tratarse. hornear hasta que esté dorada la superficie. Cada horno es un mundo pero yo he necesitado unos 40 minutos.

Kipferln austriaco relleno de nutella

Hay dos cosas -entre otras- que sorprenden al visitante cuando llega a Österreich -Austria para los amigos-. Una, lo orgullosos que se sienten de las milanesas -el Wiener Schnitzel- que nada más aterrizar mi suegra me dijo que tenía que probar la super-mega especialidad del país  y cuando me llegó el filete empanado se me quedó la decepción escrita en los mofletes y a falta de recursos para salir del paso alegué "Uy, en España nos gusta mucho el filete empanado sobre todo los domingos en la pisci que en bocata sabe bien rico ". No sé, algo había que decir...

La segunda, darte cuenta que los austriacos no saben hacer cruasanes. O eso aparentan al primer mordisco. Yo, que he sido muy de desayuno de domingo, con zumo de naranja recién exprimido, bajando a comprar el pan y los cruasanes recién hechos, la prensa dominical y desayunar en la terraza como una reina mora... pues imagina el palo. Asumí estoicamente que no tuvieran gaseosa, ni chorizo ni puntas de jamón. Pero con el cruasán reconozco que sentí cierto pánico escénico.  Cuando dejé caer -como con la milanesa, un poco por decir algo- "Uy, que cruasanes más diferentes" con orgullo me respondieron que no, que nada de cruasán, que son Kipferln, que son bollitos tipo brioche y que no me dejara engañar por la versión comercial, que los caseros eran la cosa más rica que uno pueda saborear.
Y el tiempo, aquí, les dió la razón. Del mismo modo que el Wiener Schnitzel para mí es -y será- un filete empanado sin más bandera ni embajada, los kipferln son los cuernecitos más ricos que he probado dejando al cruasán fuera de escena. Inicialmente, van rellenos de masa de nuez, mermelada o de nougat pero los tiempos modernos y los gustos infantiles hacen que les metamos nutella para tener a todos contentos pero desde luego una menda se queda con la versión de nueces, que me chifla por encima de cualquier tableta de chocolate habida y por haber.

Y, como todo desde que el turismo se interesó por lo típico de cada lugar, los Kipferln tienen su historia. En uno de los muchos asedios que la ciudad de Viena tuvo que padecer en los largos siglos a la gresca con el turco, el panadero de las compañías que se encargaban de la defensa de la ciudad sorprendió a la tropa con unos bollitos en forma de media luna, por aquello de bromear sobre la manera tan poco sutil que tenían los austriacos de zamparse a los turcos. "Venir, venir aquí y mirar como os vamos a merendar".. o algo por el estilo. Aquello hizo gracia por lo que se repitió la horneada, que además de guasa, saciaban tan ricamente. Pero el problema de los imperios separados, es que al partirse también separan sus sentimientos nacionalistas y cada cual barre para su casa, y donde hubo un nos ahora se asegura que fue un mío y pa'ti el agua de borraja. Y ésta es la razón por la cual existen dos versiones de la misma historia una ubicando el asedio en Viena y otra en Budapest pero lo que se olvidan unos y otros es que el imperio era austrohúngaro y allí estaban los de Villarriba y los de Villabajo luchando bajo un mismo kaiser y un mismo ejercito...
También se cuenta, que María Antonieta, golosa como ella sola, puso de moda muchos dulces en Versalles entre otros el famoso bollo de batalla que se terminó adaptando al gusto francés por el hojaldre. Quién sabe, lo mismo les pasó a los franceses como a nosotros con la milanesa, que "sí, muy buena pero nada de echar cohetes". Así que hubo que esperar y fueron unos años más tarde cuando se hicieron populares en París gracias al café-panadería de Boulangerie viennoise, establecimiento fundado por un austriaco y que aún continúa abierto en el número 92 de la rue de Richelieu. Pero ésta ya es otra historia, la de cruasán, que bien vale que se le dedique una horneada a en su honor. 

En cualquier caso, son muchas las historias o historietas que nos vienen a decir que el mundo es un pañuelo. Que no hay trozo de suelo en el planeta que no haya sido pisado por nativos y foráneos. Que antes, se llegaba a la gresca, dando guerra y con el sable desenfundado repartiendo tajos a diestra y siniestra y ahora la gente se mueve para huir de los mamporros, para buscar una vida mejor y un futuro para sus hijos. Deberíamos mirar más nuestras propias raíces para ver que están germinadas con semillas de unos y de otros y que son muchas las cosas buenas que nos deja el mestizaje. 


Ingredientes para 8 grandes (o 12 pequeños)
  • 250gr. de harina
  • 50gr. de mantequilla
  • 125ml. de leche 
  • 2 yemas de huevo
  • levadura de panadero para 250gr. de harina
  • 50gr. de azúcar
  • una pizca de sal
  • Nutella para el relleno
  • una yema diluida en 2 cdas. de agua para pincelar
  • opcional: azúcar glas para espolvorear

Notas
  1. Estos bollitos se hacen con harina repostera. Yo uso mi harina rústica con su propia cáscara y germen pero no es necesario. 
  2. Si deseas probar el relleno de nuez deberás hacer una masa con los siguientes ingredientes:
  • 100gr. de nueces
  • 2cdas. de azúcar morena (o un puñado de pasas de sultanas)
  • 2cdas. de pan rallado
  • 75 ml. de leche (suelo necesitar un poco más)
  • una pizca de canela
  • un chorrito de ron (opcional)

Preparación:
  1. Templa la leche y deja que la mantequilla se disuelva. Haz la masa mezclando todos los ingredientes juntos (yo amaso en la procesadora pero se puede también con las varillas eléctricas si tienes las espátulas de amasado). A mano se tarda un poco más pero sale igual de bien. Deja que repose 2 horas.
  2. Precalienta el horno a 200ºC.
  3. Pasa la masa a la encimera enharinada, la extiendes con ayuda del rodillo formando un círculo tipo pizza y cortas 8 porciones triangulares (sí, tipo pizza) o 12 si deseas los bollitos pequeños.
  4. Pon un pegote de nutella en el borde más largo y lo enrollas sobre sí mismo hasta llegar al pico que debes cuidarte de que queda en la parte de abajo del bollito. Le curvas un poco los extremos para darle forma de cuerno y lo pones en la bandeja del horno sobre papel de hornear.
  5. Pincelas cada bollito con yema de huevo batida en u n par de cdas. de agua y horneas los bollitos hasta que cojan color dorado y uniforme. Si tu horno es muy fuerte, puedes bajar la temperatura a 180ºC después de 15 minutos de cocción. Puedes servirlos con azúcar glas por encima.