Pasta alla trapanese

A veces es difícil digerir sin desconectar. Tras la tragedia de las Ramblas y Cambrils, he pasado a modo ausente en las redes sociales. La pena se me enquista entre tanta crítica partidista y sacada de contexto. ¿Por qué a los españoles nos gusta tanto criticar? Fíjate en las reacciones de facebook ante una noticia triste. Verás más iconos de enfado que de pena y es que, o bien nos cuesta canalizar el dolor o tenemos una mala hostia y rencor brutal que sacamos en cuanto nos la pintan pintan calva.

Sea como sea, mi capacidad de asimilación la reservo para masticarme la pena que es mucha. Siempre que hay un atentado de cualquier índole el dolor me inunda pero cuando es en tu propia patria las penas se acentúan. Mi hijo trabaja muy cerca y seguí con mucho nerviosismo las horas siguientes al atentado. Así que ayer, como te decía, desconecté. No digo que me aislara, al revés, para disolver esa angustia interior se necesita de contacto, de expresividad y nada mejor para soltar riendas que dejar que galope la creatividad que siempre es sanadora.
Recientemente, haciendo bocetos para una cliente, me enamoré de una de las creatividades que le hice. No eligió la casita y a esas alturas yo estaba enamorada de ella. No sé por qué me identificaba tanto en ella o por lo menos no lo sabía entonces. Regresando del centro a casa, parados en un semáforo vi de dónde la había sacado. Estaba ahí, enfrente mío, en el lado izquierdo del valle medio colgada en la ladera del bosque, lo que le daba esa maravillosa perspectiva de estar rodeada hasta el propio tejado de vegetación y plantas. No es una casa especialmente bonita. Necesita pintura y estoy segura que requiere de una buena renovación. Pero es la misma que yo había dibujado. Supe en ese momento que quería tenerla cerca. Llegué a casa y me puse manos a la obra. Desde ayer mi hierbas y especias tiene una casita llena de hierbas y de semillas. Una casita donde refugiarme de los tormentos del mundo y de la vida. Madre mía, tantos años en esta ciudad, tantas veces parados en el mismo semáforo y tuve que pintarla para poder fijarme en ella...
Ayer también, me pasé la tarde hablado con mi otra heroína que al igual que la inspiradora de este strudel  jamás me deja indiferente una charla con ella. Hablamos de mucho y mucha fue la inspiración y los proyectos para dejar crecer nuestros mundos imaginarios que requieren de espacio y atención. Porque los quehaceres y las rutinas a veces se lo comen todo, y hay que hacer grandes esfuerzos para no abandonar nuestros proyectos personales. Tengo la esperanza de poder contarte muy pronto que tramamos.  Y mientras llegue ese momento, hay que comer. Yo te dejo hoy con esta pasta, hecha con un pesto crudo muy veraniego. Tengo la suerte de hacerla con tomates y albahaca de mi huerto. Un verdadero lujo que hay que saborear despacio y con esmero. Pero es tan fácil y rápida de hacer que sería una pena no poder darte el gusto.



Ingredientes para 3 raciones:
  • 400gr. de pasta
  • 200gr. de tomatitos
  • 2 dientes de ajo
  • un manojo de albahaca fresca
  • 50gr. de almendras sin piel
  • 30-50gr. de queso pecorino o parmesano
  • 30-40ml. de aceite de oliva
  • sal y pimienta al gusto

Preparación:
  1. Hierve la pasta hasta que esté al dente en agua hirviendo con sal.
  2. Mientras tritura todos los ingredientes del pesto juntos menos la sal y la pimienta que es mejor añadirlo al final.
  3. Mezcla la pasta con el pesto y sirve al momento.

Strudel de queso al estilo de las abuelas (Omas Topfenstrudel)

Soy débil. Cuanto más vivo más consciente soy de mis puntos flacos y de hecho, llevan tanto tiempo conmigo que ya les he cogido hasta cariño. A veces los miro con desdén "quita, quita que tengo prisa" y otras me aprovecho y tiño a las susodichas en extravagancias a lo "así soy yo, qué le vamos a hacer". Actúe como actúe mis flaquezas están ahí esperando a saltar sobre mi pescuezo a la menor ocasión. O no. O puede que ellas sean parásitas en nuestro organismo y por si solas no sepan actuar sin la ayuda de nuestro lado retorcido. O puede que tampoco, que sea cosa de la gente oscura que cuando huele a fragilidad se echa encima haciendo leña del árbol caído. No lo sé, la verdad. No sé como funciona ni me interesa saberlo. Con saber cómo sobrevivir en la adversidad me doy por satisfecha.

Fue hace casi un año, en esta entrada de la crema de mascarpone cuando la depresión entró en nuestra casa. Al principio no lo sabíamos, desconocíamos que el estrés acumulativo deriva casi siempre en depresión. Nos ha costado mucho a todos. Al protagonista principal porque ha sido su pellejo el que más ha sangrado. Los actores secundarios hemos sido testigos impotentes detrás del telón unas veces, y otras nos ha tocado salir a escena y comprometer también nuestros pellejos porque esto es lo que tiene el navegar en el mismo barco que los platos rotos los terminamos pagando todos a pachas
Como decía, casi un año de mucho esfuerzo, superación personal, lágrimas, cariño, desesperación y todo tipo de emociones que las hemos trabajado a tope en el conocimiento absoluto de saber que todo importa, que cada día cuenta y que las pequeñas recompensas de la vida hay que cobrárselas a diario. Unos cariños en el sofá, volver a abrazarse y a reírse a pierna suelta a lo tonto, hablar de lo que uno piensa y siente... en fin, tantas cosas que dejamos de hacer de puro sin querer pero que un día se convierten en la clave de todo y a uno no le queda otra que emperrarse en ser feliz por pura cabezonería. Un año en el que algunas personas nos han defraudado y otras no dejan de sorprendernos. Donde llueven puñales y tiritas por rincones que no habíamos reparado en ellos. Un año de aceptación sin hacer teatro, asimilando que es parte del proceso y que juntos podemos con todo.

Porque sí, es cierto, soy fuerte. Tanto que a veces se convierte en mi debilidad. Qué fácil es vivir cada día y qué complicado se hace cuando necesitas dar sentido a lo vivido. En ocasiones tienen que pasar cosas inesperadas para recuperar el norte. Leo frases preciosas por todas las redes y cada día me siento más autista ante sus mensajes. Porque en el conocimiento y en la conciencia, no está la sabiduría -tal y como dicen los monjes tibetanos- sino en la bondad, en la calma espiritual y la claridad mental. Si no deseas lo mejor para los demás, jamás disfrutarás de tus cosas. Es obvio. Si vives frustrado, enojado con cualquiera que se cruce en tu camino, tenso y con la escopeta cargada a la espera de que a cualquier parroquiano se le tuerza el renglón, no dudes que estás -no que caerás- enfermo. Tóxico, venenoso y enfermo. Bondad, generosidad y regocijo. Ese es el camino de una vida sana dejando que las frustraciones no calen y se hagan las dueñas del cotarro.
Y claro, me dirás: palabras Maite, son solo palabras. Pues no, no lo son. Son enseñanzas e inspiración para seguir caminando sin volver a enfermar. Nos hemos curado, eso creo, pero seguimos en un mundo enfermo que puede volver a rompernos. Ahora un año después, sabemos lo que ya nos temíamos. Que nuestra valía no está en lo que tenemos sino en lo que somos. Que no es más quien más tiene sino quien más satisfecho está con lo que tiene. Que la vanidad y la arrogancia son muy peligrosas porque van de la mano del egoísmo y la envidia. Lo sensato es alejarse de quienes la practican y arrimarse a la gente feliz y sana es casi de manual de instrucciones. 

Hemos tenido la dicha de arrimarnos esta semana a una familia que es así, de manual. Él es un hombre maravilloso que conozco de hace mil años aunque no hemos mantenido contacto en otros mil. Nuestras familias no se conocían así que la cita estaba cargada de ilusión y ganas. Pasamos el día en un escenario de lujo, un bosque lleno de animales, caminos, piedras, pinos, columpios, tirolinas y toboganes. Y ¡frambuesas!. Tuve el gustazo de conocer a la que es mi heroína desde entonces, una mujer y madraza de las que derrochan claridad y calma de la que te hablé antes. Gritará y se subirá por las paredes como todas, eso es evidente y más con cuatro mosqueteros en la casa pero ella es de ese tipo de personas que desde el minuto cero respiran vitalidad, sensatez y cariño.
Y como la vida, además de sabia, es golosa, mi destino me ha empujado a encender el horno y publicar este Topfenstrudel al estilo clásico para dejar constancia de que aún existo, de que el blog sigue navegando con el rumbo intacto -o casi- y que no hay mal que cien años dure ni strudel que lo resista. Porque nuestra vida es como este strudel: relleno fresco, dulce y nutritivo, delicado al enroscarse porque se rompe con mirarlo y cuando está en el horno, ese relleno tan especial se escapa por todos lados inundando de jugosidad todos los rincones del recipiente. Porque la debilidad, la fragilidad, no es sinónimo de chapuza. Y si no me crees, prueba, prueba y ya me dirás.


Ingredientes:
  • masa philo
  • 500gr. de Topfen (queso tipo quark)
  • 100gr. de Sauerrham (o yogur tipo griego)
  • 80gr. de mantequilla blanda
  • 4 huevos
  • 120gr. de azúcar
  • 1 pizca de sal
  • 1 limón (ralladura y zumo)
  • 1cda. de polvos de pudding de vainilla o de flan
  • 50gr, de pasas sultanas mojadas en ron
  • algo de aceite o mantequilla para pincelar el molde y superficie

Notas:
  • No intentes hacer este strudel directamente en el horno sin recipiente porque estalla e inunda todo de crema. Si deseas la versión consistente, usa esta otra receta.
  • El momento complicado de esta preparación es enrollar el strudel y transferirlo al recipiente con éxito. Para ello, es fundamental que te ayudes de un trapo limpio de cocina y lo pases directamente con el trapo. De otra forma, la liarás parda casi seguro.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 170ºC y prepara un molde o recipiente engrasándolo bien con un poco de la mantequilla.
  2. Monta las claras de huevo con el azúcar y una pizca de sal hasta que el merengue haga picos. Reserva.
  3. Bate con unas varillas (eléctricas o procesadora) el queso, el yogur, la mantequilla y la cucharada de polvos para pudding. Cuando la crema se empiece a formar, añade las yemas.
  4. Una vez la crema lisa y sin grumos y ahora con ayuda de una espátula, integra el merengue, el limón exprimido, las pasas y ralladura de limón a tu gusto. 
  5. Extiende sobre la encimera un trapo limpio y coloca 2 láminas de masa philo. Echa parte de la crema y enrolla el strudel con dicho trapo. Sin quitarlo transfiere el strudel al recipiente y con cuidado retira el trapo. Repite la misma operación con la segunda pieza. Si se quiebra no te importe porque sin remedio estallará en el horno. Pincela con aceite la superficie si quieres que la masa philo se quede crujiente.Te sobrará algo de relleno. Puedes echarlo por encima (es lo que suelen hacer las abuelas) o hacer un strudel mini en un recipiente pequeño (es lo que yo hice porque deseaba no perder la costra de masa philo)
  6. Hornea un poco a gusto. Si le has puesto el resto de crema por encima, te recomiendo 20 minutos a 170ºC y 10 minutos a 120ºC. si quieres que quede tostadita la masa philo 30 minutos C a 170ºC hasta que se dore la superficie. Lo puedes servir frío o templado con azúcar glas por encima.

Gazpachuelo de Almería. Colombine y Paquita la coja (Parte 4)

( Capítulo anterior ) 

( Parte 4. La recién casada )


Desde la mañana bien tempano, la ciudad se engalanó para su gran día. La Virgen del Mar lucía sus mejores prendas. El paseo y el malecón estaban impecables, limpios como nunca y rebosantes de aromas por las muchas flores y guirnaldas que se lucían en las balconadas. Cantos, risas y  rumor de juerga hacendosa al alimón entre los trasnochadores fiesteros que aún no habían recogido velas y los voluntariosos que el cabildo designó por un par de gordas para tan delicada misión, que no era otra que la de dejar la ciudad más bonica que nunca. En esta efervescencia inusual, algún coplero templó su arte arrancando más de un olé a su concurrencia: 

Tengo que poner espías 
para ver si mi amor viene, 
al pie de Torre García. 
No sé p'a mí que tiene, 
el camino de Almería... 

Este era el trajín que desde la calle se colaba en la alcoba de Carmen. El vestido de novia aún en la butaca, horquillas y restos de florecillas de azahar esparcidas por el suelo. El corsé desgarrado, al igual que el alma de la niñica que quiso casarse con un vestido blanco a la moda inglesa, sin peineta, con flores y bordados que le dieron ese aire de ángel tan inocente y hermoso. Risas, besos y abrazos en medio de la desorientación de su madre que buscó arrimarse a su hija sin mucho éxito ya que la gobernanta, la madre de Arturo, se encargó de todo. Don José, el padrino, llevaba la pena revuelta con la fatiga del viaje. Jamás se perdonaría no haber llegado antes a Almería y haber retrasado el enlace lo suficiente para que Carmen finalizara sus estudios de magisterio como era su deseo.

Y al angelico, en el mismo instante en que el novio cerró la puerta tras sus pasos, se le quebraron las alas. No se afanó en lindezas y en lugar de desflorar a una inocente e inexperta criatura, la embistió como un animal cargado en licores sin distinguir que esa noche no era una mujerzuela acostumbrada a venderse quién se guardaba entre las sábanas. No supo, o no quiso, amaestrar su miembro que persiguió el sexo de la niña sin reparar en su pudor ni en el miedo, arrasando en su acometida con todo el amor y la adoración que sentía por su esposo.  Ni una caricia ni un beso ni unas palabras de sosiego. Rudeza y brutalidad de quien busca descargar su deseo tomando lo que le pertenece por derecho.

Su sexo no había dejado aún de sangrar. Un dolor agudo taladraba sus entrañas cada vez que se movía o intentaba andar.  Entró la criada y se ofreció a peinarla. Don Arturo espera a la señora para desayunar, le dijo. No contestó. Apenas conseguía dominar el pánico –Dios mío, ¿cómo voy a mirarle a los ojos después de esto?– y tan solo pudo desear morirse.   Entró al comedor con paso erguido y pausado. No buscaba hacer teatro. Retenía el dolor para sus adentros. Al sentarse una breve contracción involuntaria de la ceja derecha se escapó de su curvatura produciendo un gesto, que mal entendido, podía pasar por coqueto y seductor. El esposo sonrió sin levantar la vista del periódico.  Ella estaba radiante como era de esperar en una recién casada.  

–¿Tienes el baúl empacado para mañana? 
–Sí. 
–¿El mío también? 
–Sí. 
–El tren sale temprano y ya sabes que no espera a nadie así que no te duermas en los laureles. Aprovecha lo que queda de mañana que luego no tenemos tiempo. Comemos en casa de mi padre y salimos con él en la procesión acompañando a la virgen. Ponte bien guapa que hoy vas a ser la envidia de Almería. 

La besó en la frente, recogió su bastón, el sombrero y salió de la casa sin más ceremonia. Tan satisfecho estaba de sí mismo que no reparó en que Carmen no le había mirado ni una sola vez. Allí quedó durante varios minutos, inmóvil, sin ganas de agitar ni un músculo, sin ningún pensamiento alborotando su pesar. Y así sin más, en el silencio opresivo de su recién estrenado comedor en el cual dos días antes le hubiera resultado imposible permanecer en él tan callada, ahora tras una sola noche de casada, ya se le antojó como su mejor refugio. A una fulana se la paga, se aventuró a pensar. A una esposa se la ignora. Éste es el pago de la decencia... silencio, sí, mejor silencio... mejor no pienses... 
Dolores llegó al rato. Ella sabía muy bien y sin mediar palabra se abrazaron y lloraron sin respetar el recién estrenado silencio del comedor. 

–¿Es siempre así, Lolica? 
–Me temo que sí. 
–¿Por qué? ¿Por qué Lola, nadie nos dice nada? 
–No lo sé. Imagino que si nos dijeran la verdad no nos dejaríamos casar ninguna ¿verdad? –Rieron la broma entre lágrimas– Ea, vamos Carmela, salimos a pasear porque todas esas brujas tienen que verte alegre y radiante. A más de una le ha caído el sobrenombre de malcasada por no cuidar las maneras de puertas para fuera. Que nadie te tache jamás de infeliz y ni un desplante a Arturo en público.  Tú eres su devota y que nadie rasque más de eso... 
–Lola no puedo... no. No sabes la vergüenza que... 
–Sí que lo sé. Yo y todas. Así que cuanto antes te la comas antes la digieres. Venga, vamos. 

Salieron de la casa cogidas del brazo como era de rigor. El Paseo del Príncipe debían tomarlo por la acera de enfrente a los cafés, ya que esa parte de la vía lucía los días de fiesta desde la mañana a la noche abarrotada por jovencitas ansiosas de matrimonio, enamorados esperanzados en poder cruzarse las miradas y con suerte un saludo, sin olvidar a los siempre presentes concurrentes de a diario que de pura inercia ocupan las mismas mesas tomando posesión del mejor ángulo para no perder detalle de los viandantes, ya transitaran de camino a la Puerta Puchena o dirección al Malecón. Es por tanto, que las casadas jóvenes y las comprometidas debían cuidarse muy mucho de exhibiciones gratuitas o miradas comprometedoras, porque la mala hiel abundaba a la par de las envidias  y no hacía falta mucha bulla para cargar la vida entera con un sambenito de tres al cuarto.  

Como era de esperar, toda Almería esperaba el paseillo de la nueva Sra. De Álvarez Bustos. Las familias de alcurnia se paraban a saludar y preguntaban por los pormenores de la celebración entre sonrisas y chascarrillos que pretendían ser finos y delicados pero que a la novia se le clavaban como puñales. "la suegra de usted, encantada ¿no? … vaya suerte que ha tenido el gobernador al dar con una mujercita como usted, tan guapa y tan formal... y es que ya le había advertido a Don Mariano... porque ese don juergas iba necesitando con urgencia que le supieran atar en corto... muy bien hecho hija mía... y ahora que Dios la bendiga con muchos hijos varones que es lo que esta ciudad necesita porque el otro día sin ir más lejos..."  y cada parada de felicitación se le hacía a Carmen un viacrucis horrendo, sonriendo sin ganas y sin descanso, haciendo alarde de la mucha felicidad que su nuevo estado le producía, contestando una y mil veces a las mismas preguntas que correspondía con las mismas respuestas. 

Al llegar a la Puerta Puchena se le había revuelto tanto el ánimo que se sintió desfallecer. Habían pensado seguir el paseo hasta la calle de las Tiendas que pese a ser festivo en toda la provincia, los comercios abrían excepcionalmente para que las damiselas pudieran completar sus perifollos para la procesión de la tarde. Pero tan pálida se la veía que Dolores propuso una horchata fresquita en la terraza de la confitería, ya que allí podrían tener un rato tranquilo protegidas de la solanera. Si bien el refrigerio mitigó la fatiga,  no consiguió alejar al enjambre de preguntonas que se detenían constantemente a enterarse sobre el tipo de ágapes que se sirvieron, si la mesa consistió en un menú a la española o se optó por un buffet a la francesa. ¿Y los vinos? ¿y los postres? ¿y el pastel?. No tuvieron tregua hasta llegar a la misma puerta de la casa del gobernador.  Dolores se despidió con un beso. 

–Te veo en la procesión. 
–Sí, allí estaré y no olvides lo que te he dicho. Tú eres su devota y que eso nadie jamás lo ponga en duda.  
La comida que sirvió la gobernadora este año tenía la doble finalidad de por un lado, agasajar al alcalde como era de rigor en las fiestas de la Virgen y por el otro, celebrar la primera comida del joven matrimonio gesto con el que además de formalizar la feliz unión, se definía sin medias tintas la posición de la nueva esposa. Carmen dejaba oficialmente su familia de infancia para entrar en la definitiva, la de ley, esa a la que se debe ante todo respeto y pleitesía, sin olvidar jamás que su papel es y será siempre de consorte y no de señora. Sin embargo, hubo que invitar a los consuegros algo que incomodaba sobremanera a los Álvarez quienes empujaban pleitos de lejano y aunque ya no sabían muy bien en qué hechos se basaban los rencores, por todos era sabido el sinsabor que ambas familias arrastraban desde que los jóvenes entraron en amoríos. Dicha incomodidad se hacía especialmente extraordinaria teniendo en cuenta que tras los postres, los invitados aprovecharían la sobremesa para renovar vencimientos, firmar acuerdos, pactar ventas y comprometer el patrimonio de cada casa en tal o cual empresa. Así venía siendo desde antaño, como si no hubiera más fechas al año para negociar los caudales. Y si a ésto, le sumamos la fama de mal cumplidor que cada español carga con razón o sin ella, tenía cierta chufa que a la Virgen de Agosto se la diera el sobrenombre de la Patrona de los Embusteros. La gracia se reía por igual entre los caballeros de buena estirpe y los nuevos comerciantes en auge procedentes del pueblo llano.  Los únicos que no participaban en la mofa eran los campesinos y los hombres de mina, porque detrás de cada estafa, eran ellos los que como siempre sufrirían las penurias en forma de hambrunas y miserias. Unos sellaban tratos fumando puros habanos y otros pidiendo a la Virgen por sus cosechas,  contra las sequías y las epidemias. Cada cual con lo suyo.

El menú, como cada año, destacaba por su sencillez y originalidad. Rompiendo con todas las reglas sociales del momento, donde la etiqueta marcaba que debían ofrecerse cinco servicios en un menú de veinticuatro platos, la familia Álvarez ofrecía una lista relativamente corta de platos fríos alrededor de un único principal. Esta vez se eligió un entrecôte asado con guarnición de buen gusto que consistía en unas croquetas de ave, puntas de espárragos y trufas servidas en rodajitas. Pero antes del asado, se habían servido entradas frías compuestas por pastelitos rellenos unos de carnes y otros de mariscos, mayonesa de langosta, gazpachuelo de huerta, foie gras y una exquisita variedad de asados fríos compuestos por una selección de jamones de York, Serrano y de Avilés, gambones rojos, almejas y una generosa oferta de canapés a la rusa. El deleite de exquisiteces y buenos vinos no se detuvo con la llegada de los postres, momento en el cual la anfitriona demostraba y con creces su nivel de buen gusto. Además de servirse las mejores frutas de la temporada, los comensales se deleitaron con una fantástica selección de quesos del país así como una media docena de dulces en los que no faltó el afamado pudín al Jerez de la gobernanta ni los mantecados napolitanos que cada año se encargaban religiosamente en la confitería de Isidoro Padilla. Los padres de Carmen no se quedaron a la sobremesa. Con la excusa de acicalar a los niños para la procesión, abandonaron la velada con discreción.  El obispo con gran pesar, también hubo de ausentarse. En el gabinete quedaron reunidos además del anfitrión y su homenajeado, el Capitán General de la ciudad,  los Heredia, los Lebón y los Sres. Spencer y Roda. Todo un elenco de astucia y poderío cuando las pesetas sonaban en el ambiente. 

Dejaron a los hombres con sus cosas y las primas de Arturo acompañaron a Carmen a su casa a acicalarse para la feria. Se cambió el corpiño pero mantuvo la falda nueva llegada de Madrid, confeccionada en sedas de color marfil y sobrefalda de tul en forma de cascada con encajes en tonos aguamarina. El corpiño, también en seda amarfilada, tenía un generoso escote en forma de corazón atenuado por una blusa de tul hasta el cuello y mangas hasta el codo.  Un pequeño sombrero blanco a la moda parisiense sin más adorno que una banda a juego del mismo color que los encajes, reposaba encima de su tocador. Al lado, descubrió un ramo de violetas acompañado de una nota:

¿Sabías que me gustan las violetas?
Cuida que se vean bien para que toda la provincia
sepa quién es la dueña de Arturo Álvarez. 

La emoción se le escapó a borbotones. El amor que a la mañana creyó sentir muerto, arremetía contra ella con toda su fuerza al igual que una ponientera rompe sus olas contra el puerto. Rabiosa y pletórica en alegría, engarzó las violetas al sombrero y se despachó carmín a gusto. Cuando las primas la vieron aparecer, rieron con ganas la bromita del sombrero. 
–Hay que ser sosa, Carmencica. Mira que ponerte violetas hoy que nos van a engalanar los biznagueros con los mejores jazmines de las Huertas. Anda, déjame que vea tu armario que con unas plumas de colores y uno de mis adornillos te apaño el sombrero tan ricamente. Te advierto que tengo una mano... 
–Muy inquieta sí que la tienes –contestó la menor– porque anda que no le has puesto plumas a ese nido colorea'o que llevas por tocado –y rió su propia gracia al contemplar el enojo que se dibujaba en su prima– ¡Tonta, más que tonta! ¡Qué lo digo en broma! 
–Ea, igual da. Anda bobaliconas, no os vayáis a chinchar ahora por eso –y con cierto desdén más coqueto que afligido tomó camino hacia el recibidor, eligió su sombrilla favorita, se alisó la falda y comprobó que su bonita dentadura no tenía rastro alguno del carmín. Desde el portalón, el hijo de la cocinera gritó que el coche de su señoría enfilaba la calle–Vamos niñicas. No hagáis esperar a mi esposo. 

En el coche esperaban disfrazadas para la ocasión la gobernanta y la alcaldesa enfundadas en un popurrí de bandas, medallitas y perifollos junto a sus mejores joyas. Era el día señalado donde toda dama debe lucir de blanco, color reservado por las casas más pudientes y con amplio servicio doméstico dedicado a mantener las batistas y las sedas inmaculadas. A más fortuna, más largas eran las faldas, colas y faldones que en la mayoría de los casos, después del uso, quedaban inservibles. El mal empedrado y los socavones de las aceras no estaban hechos para tanta finura y al día siguiente de la procesión, las costureras se afanaban en recortar bajos disimulando los desperfectos con la superposición de rasos y encajes. El carruaje, por supuesto, estaba completamente al descubierto, la caballería engalanada y el chofer engomado y de punta en blanco. 

Arturo esperaba a pie del coche cuando las jóvenes salieron del portal una a una. Tras un breve vistazo al sombrero, clavó sus ojos en los de Carmen. Apenas los retiró mientras piropeaba a sus primas por estar tan guapas. Colocó a la mayor entre las señoras y a la menor en los asientos de enfrente. Clavó de nuevo sus ojos en los de ella, besó su mejilla y de forma intencionada retrasó los labios casi hasta el cuello y susurró en su oído –Estás guapísima niña–. A Carmen se le encendió el rostro tanto o más que a un farol de los de la feria. Del corazón se le escapaban los vapores de la pasión que luchaban visiblemente contra el corsé que no concedía tregua alguna a sus latidos. Turbada y emocionada se dejó acomodar sin prisa por su galán que tomó asiento entre las jóvenes.  

A la alcaldesa se le antojó de mal detalle el que Arturito no quisiera sentarse entre ella y su madre como hubiera correspondido y más entendiendo que era un hecho sin precedentes que en el carruaje de las damas hiciera acto de presencia un caballero. En cualquier caso, supo perdonar la incorrección al ser testigo de tanta galantería, gracia y cariño mezcla explosiva para una romántica desengañada por la vida y que, en plena madurez, descubre con cierta nostalgia que pese a no haber triunfado el amor en su flaco destino, no por ello debía negar su existencia –Pero qué bonico es el amor, Doña Dolores. Qué afortunada la parejita, ¿no cree?– Y la gobernanta, sin dejar de hacer pompa con su habitual desdén, forzó un leve gesto con la barbilla que se interpretó como afirmativo. Tan apretada mantenía la mandíbula, tan forzada su mirada semejante a la de una estatua, que Arturo no dudó en detectar el insólito sentir de su madre y sonrió para sí mismo mientras se decía –Quién lo iba a decir, Madre, estás celosa a rabiar–.



Ingredientes para 4 personas:

  • 1 ó 2 pepinos
  • 1 ó 2 tomates
  • 2-3 cucharadas de mayonesa recién hecha
  • agua helada
  • sal y limón al gusto

Nota:
  • La cantidad de pepino y de tomate es, al igual que el gazpacho andaluz, un asunto de cada casa. Mi madre lo hacía largo de pepino pero ni ella ni yo éramos entonces amigas del tomate así que nos solíamos hacer la versión solo de pepino.

Preparación:
  1. Corta el tomate y el pepino en trocitos muy menudos. Añade la mayonesa diluida en agua helada hasta que cubra. Aliña al gusto con sal y limón y deja que repose en la nevera una hora mínimo antes de servirlo.

Bizcocho de nata con coco y vainilla

No sé qué decirte. Por un momento casi descarto publicar hoy por falta de verbo. Hay quien pensará que para ser un blog de cocina aquí sobran palabras y lo que cuentan son los jugos gástricos. Puede ser. Pero yo tengo otro punto de vista, claro. Yo charlo y divago y en compensación dejo a mis tertulianos una receta por el ala porque, ante todo, creeme que me esfuerzo por ser buena anfitriona aunque a veces no lo parezca. Algunos pensaran que cuando llegan a hierbas y especias, entran en un  directorio de recetas pero lo cierto es que quien por aquí se cuela, aterriza en mi casa, en mi mundo verdadero, el más auténtico que puedo ofrecer.

Mis hijos, cuando pasen cien años y entren a ver esta receta, recordarán el suelo de madera de la casa de Seegraben donde se reconocen claramente los picotazos que dejaron los cochecitos de Lucas cuando era renacuajo, cuando sus manitas aún eran bien pequeñas pero sus ansias de jugar muy grandes y en ese afán de transportar el mayor número posible de coches siempre alguno se iba perdiendo por el camino estampandose contra el suelo.
Esa madera de cortar es ya legendaria. La que tenía mi padre estaba cutre a rabiar y compré un juego de tres maderas regalándole a él la más grande. La pequeña del trío desapareció en un buffet que organizamos en el cole hace un par de primaveras. Alguien por error se la llevó a casa y por lo que sea jamás la devolvió. Imagino que así tenía que ser. El trapito, es el que uso regularmente para apoyar mi tetera -que también tiene historia- y por supuesto tiene muchos secretos escondidos. Sin ir más lejos, en este blog hay unas galletas encartadas que cuentan cómo llegó a casa...

En fin. Mi mundo. Entrar aquí es entrar en él, imagino que no descubro nada al aficionado a mis charlas ya sean con pastel, con sopa o lo que se haya terciado servirse en mi mesa. Hace tiempo que ya no cocino para el blog porque quise que él fuera un reflejo de mí y me he esforzado mucho en que no se convirtiera en una tarea más o menos tediosa. Muy al contrario, he querido que fuera mi válvula de escape, mi diario de abordo y mi ratico de charla con amigos... bueno amigas, que comentaristas varones tengo pocos. Lo cierto es que me alegra el día leer los comentarios de quien adoro y me emociona conocer a los que no sabía que estaban. Me hace muy feliz lo que hago y lo que recibo a cambio...
Y aunque mi puerta está siempre sin echar la llave para que cualquiera se pueda colar en mi mesa, sobra decir que cuando he tenido que dar un portazo lo he hecho sin dudar. No atiendo susceptibilidades ni juego a impertinencias, esas que de frente todo son cariños y palabras empalagosas y por detrás te trituro sin anestesia. Ese mundo de cosas no me interesa. Amor franco, afectos sanos. Y eso es todo lo que aquí cabe porque éste es mi refugio. Mira si es grande y hermoso. 
Este bizcocho está deliberadamente recortado de azúcar. Aprovechar el coco para endulzar es un buen truco y más teniendo en cuenta que acababa de ver el film medio documental That sugar, un experimento brutal con la realidad que nos toca lidiar. El azúcar que no vemos está por todas partes y en cantidades insalubres pero de esto prometo hablar otro día porque hay cosas muy interesantes que nos descubre este film. Si ya has hecho más recetas mías no dudes en usar mi misma cantidad de azúcar. Nosotros estamos acostumbrados a recortar el azúcar así que no nos resulta "soso" pero entiendo que quién no tiene la costumbre deberá usar un poco más para que no se sienta decepcionado.


Ingredientes:
  • 125gr. de harina repostera
  • 50gr. de maizena
  • 50gr. de coco molido (mejor que rayado)
  • 3 claras a punto de nieve
  • vainilla (yo uso molida)
  • 80gr. de azúcar (los golosos aumentar hasta 120gr.)
  • 250ml. de nata líquida entera (lo más natural posible)
  • 1 cdta. rasa de polvos de hornear
  • Una mezcla de azúcar glas y coco molido para espolvorear

Preparación:
  1. Precalentar el horno a 180ºC.
  2. Montar las claras a punto de nieve reservarlas.
  3. Batir el resto de ingredientes todos juntos. Añadir las claras y batir brevemente hasta que desaparezcan los grumos. 
  4. Pasar la masa a un molde engrasado si hiciera falta. Yo uso de silicona que no necesita pre-tratarse. hornear hasta que esté dorada la superficie. Cada horno es un mundo pero yo he necesitado unos 40 minutos.

Kipferln austriaco relleno de nutella

Hay dos cosas -entre otras- que sorprenden al visitante cuando llega a Österreich -Austria para los amigos-. Una, lo orgullosos que se sienten de las milanesas -el Wiener Schnitzel- que nada más aterrizar mi suegra me dijo que tenía que probar la super-mega especialidad del país  y cuando me llegó el filete empanado se me quedó la decepción escrita en los mofletes y a falta de recursos para salir del paso alegué "Uy, en España nos gusta mucho el filete empanado sobre todo los domingos en la pisci que en bocata sabe bien rico ". No sé, algo había que decir...

La segunda, darte cuenta que los austriacos no saben hacer cruasanes. O eso aparentan al primer mordisco. Yo, que he sido muy de desayuno de domingo, con zumo de naranja recién exprimido, bajando a comprar el pan y los cruasanes recién hechos, la prensa dominical y desayunar en la terraza como una reina mora... pues imagina el palo. Asumí estoicamente que no tuvieran gaseosa, ni chorizo ni puntas de jamón. Pero con el cruasán reconozco que sentí cierto pánico escénico.  Cuando dejé caer -como con la milanesa, un poco por decir algo- "Uy, que cruasanes más diferentes" con orgullo me respondieron que no, que nada de cruasán, que son Kipferln, que son bollitos tipo brioche y que no me dejara engañar por la versión comercial, que los caseros eran la cosa más rica que uno pueda saborear.
Y el tiempo, aquí, les dió la razón. Del mismo modo que el Wiener Schnitzel para mí es -y será por siempre- un filete empanado sin más bandera ni embajada, los kipferln son los cuernecitos más ricos que he probado. Inicialmente, van rellenos de masa de nuez, mermelada o de nougat pero los tiempos modernos y los gustos infantiles hacen que les metamos nutella para tener a todos contentos pero desde luego, una menda se queda con la versión de nueces que me chifla por encima de cualquier tableta de chocolate habida y por haber.

Y, como todo desde que el turismo se interesó por lo típico de cada lugar, los Kipferln tienen su historia. En uno de los asedios que la ciudad de Viena tuvo que padecer en los largos siglos que estuvo a la gresca con el turco, el panadero de las compañías que se encargaban de la defensa de la ciudad sorprendió a la tropa con unos bollitos en forma de media luna, por aquello de bromear sobre la manera tan poco sutil que tenían los austriacos de zamparse a los turcos. "Venir, venir aquí y mirar como os vamos a merendar".. o algo por el estilo. Pero el problema de los imperios separados, es que al partirse también separan sus sentimientos nacionalistas y cada cual barre para su casa, y donde hubo un nos ahora se asegura que fue un mío y pa'ti el agua de borraja. Y ésta es la razón, que hace que existan dos versiones de la misma historia una ubicando el asedio en Viena y otra en Budapest pero lo que se olvidan unos y otros es que el imperio era austrohúngaro y allí estaban los de Villarriba y los de Villabajo luchando bajo un mismo kaiser y un mismo ejercito...
También se cuenta, que Maria Antonieta, golosa como ella sola, puso de moda muchos dulces en Versalles entre otros el Kipferl que se terminó adaptando al gusto francés por el hojaldre. Pero fue unos años más tarde cuando se hicieron populares en París gracias al café-panadería de Boulangerie viennoise, establecimiento fundado por un austriaco y que aún continúa abierta en el número 92 de la rue de Richelieu. Pero esta ya es otra historia, la de cruasán, que bien vale que se le dedique una horneada a en su honor. 

En cualquier caso, son muchas las historias o historietas que nos vienen a decir que el mundo es un pañuelo. Que no hay trozo de suelo en el planeta que no haya sido pisado por nativos y foráneos. Que antes, se llegaba a la gresca, dando guerra y con el sable desenfundado repartiendo tajos a diestra y siniestra y ahora la gente se mueve para huir de los mamporros, para buscar una vida mejor y un futuro para sus hijos. Deberíamos mirar más nuestras propias raíces para ver que están germinadas con semillas de unos y de otros y que son muchas las cosas buenas que nos deja el mestizaje. 


Ingredientes para 8 grandes (o 12 pequeños)
  • 250gr. de harina
  • 50gr. de mantequilla
  • 125ml. de leche 
  • 2 yemas de huevo
  • levadura de panadero para 250gr. de harina
  • 50gr. de azúcar
  • una pizca de sal
  • Nutella para el relleno
  • una yema diluida en 2 cdas. de agua para pincelar
  • opcional: azúcar glas para espolvorear

Notas
  1. Estos bollitos se hacen con harina repostera. Yo uso mi harina rústica con su propia cáscara y germen pero no es necesario. 
  2. Si deseas probar el relleno de nuez deberás hacer una masa con los siguientes ingredientes:
  • 100gr. de nueces
  • 2cdas. de azúcar morena (o un puñado de pasas de sultanas)
  • 2cdas. de pan rallado
  • 75 ml. de leche (suelo necesitar un poco más)
  • una pizca de canela
  • un chorrito de ron (opcional)

Preparación:
  1. Templa la leche y deja que la mantequilla se disuelva. Haz la masa mezclando todos los ingredientes juntos (yo amaso en la procesadora pero se puede también con las varillas eléctricas si tienes las espátulas de amasado). A mano se tarda un poco más pero sale igual de bien. Deja que repose 2 horas.
  2. Precalienta el horno a 200ºC.
  3. Pasa la masa a la encimera enharinada, la extiendes con ayuda del rodillo formando un círculo tipo pizza y cortas 8 porciones triangulares (sí, tipo pizza) o 12 si deseas los bollitos pequeños.
  4. Pon un pegote de nutella en el borde más largo y lo enrollas sobre sí mismo hasta llegar al pico que debes cuidarte de que queda en la parte de abajo del bollito. Le curvas un poco los extremos para darle forma de cuerno y lo pones en la bandeja del horno sobre papel de hornear.
  5. Pincelas cada bollito con yema de huevo batida en u n par de cdas. de agua y horneas los bollitos hasta que cojan color dorado y uniforme. Si tu horno es muy fuerte, puedes bajar la temperatura a 180ºC después de 15 minutos de cocción. Puedes servirlos con azúcar glas por encima.

Paté de atún y 85 milagros

A una amiga mía le oí decir que ella creía que había nacido madre. Es verdad, hay personas que nacemos con ese don dentro así que nuestro destino emocional estará siempre cosido a la infancia, a lo tierno y desprotegido, a la fragilidad de un cuerpecito que necesita caricias, mimos y arrumacos. Tampoco es menos cierto que, a la que he ido viviendo, he  tomado conciencia -y respeto- a la responsabilidad que ello conlleva porque hacerte faro en la vida de un crío es un arma de doble filo. El amor desmedido puede terminar en esclavitud emocional. Cuántas madres han dominado a sus hijos sin dejarles volar por sí mismos, cuántos han crecido consentidos sin saber dónde está el norte ni el sur; cuántos llegan a adultos sin una caricia o un beso y el único contacto maternal consiste en arrancarles los mocos de la comisura de los labios o un bofetón desmerecido cuando menos se lo esperan...

Y digo maternidad porque es lo que me define a mí misma. Sobra decir que hay hombres que también nacen con este instinto en el alma. Un amigo mío me contaba que, por lo general, los hombres tejen el cordón con sus hijos cuando estos nacen a diferencia de una madre que lo posee desde el mismo instante que una vida crece dentro de su ser. Así que cuando una pareja se separa con los niños muy chicos, es relativamente normal que algunos hombres aún no hayan desarrollado plenamente los lazos filiales y, o bien, desaparecen de escena o son padres canallas. Pero cuando un padre nace con ese lazo -aunque él no lo sepa- le resultará insoportable vivir alejado de sus hijos y es por eso que algunos se enredan en guerras despiadadas por la custodia de sus hijos o simplemente -como hizo él- optan por aguantar carros y carretas junto a una esposa despótica y egoísta tan solo porque el amor y alegría que comparte con sus hijos le basta para vivir feliz.
Pero cuando un niño vive en un país de los más pobres del mundo, cuando su padre es alcohólico, cuando su madre vivió trabajando como una mula y murió abandonada como una alimaña. Cuando a un ser de cinco años que derrocha energía, pura vida, le son robados los afectos de mala manera... ¿qué esperanza tiene? ¿los traumas de la infancia pueden superarse cuando la miseria es el único pan diario? 

Tashi llegó Jhamtse Gatsal (nombre tibetano que significa el jardín del amor y la compasión) con cinco años, salvaje y emocionalmente descontrolada. Abandonada por el padre y traumatizada por la enfermedad mortal de su madre llegó a la comunidad con su alma hecha un lío, dolida a rabiar pero con un espíritu alegre y cordial luchando por imponerse. En el documental Tashi and the Monk, he sido espectadora no solo de la vida en Jhamtse Gatsal sino también de la cura de la pequeña Tashi. He sido testigo de cómo el amor se impone a todo, de cómo actúa en estos pequeños a modo de virus que se cuela en sus corazones sanando heridas, rotos y descosidos.  ¿Pero cómo?

Aquí en occidente, una legión de psicólogos, pedagogos y demás "ogos" de la ciencia, trabajarían por destraumatizar y reinsertar en la sociedad a estos peques. ¿Tanto por ciento de éxito? escaso o nulo. Una tirita con dibujitos de la sirenita en la vía de escape de un petrolero. El ángel de este milagro se llama Lobsang Phuntsok, un monje budista discípulo del Dalai Lama que, llegado un momento clave en su vida, decide regresar a su tierra para crear un hogar permanente a niños huérfanos y abandonados. 85 críos le llaman padre. 85  criaturas "uninvited guests of the univers" (huéspedes no invitados del universo) han sido inundados por su amor y aleccionados para que los mayores cuiden y amen a los pequeños. Lobsang ha creado un paraíso en la tierra a expensas de dios. Solo con su alma y su conciencia. Y con dolor. Sangra sentir la lucha de este padre por sus hijos y en tan solo 15 segundos de film jugando con sus pequeños notas como el amor compensa la angustia por sacarlos adelante. 

85 milagros que crecen y a medida que deben abandonar su casa para convertirse en adultos, nuevos pequeños entran en la familia. Lobsang le pregunta a Tashi: 

-¿Qué quieres Tashi, ser siempre una niña pequeña o quieres convertirte en una hermana mayor? 
-Quiero ser hermana mayor, contesta.
-Pues entonces tienes que aplicarte para estar lista cuando vengan los nuevos hermanos pequeños.
-¿Y también serás su padre?
-Sí.
(Sonrisas)


Ingredientes:
  • 1 lata de 200-250gr. de atún (en aceite o al natural como quieras)
  • 3-4 anchoas y alcaparras
  • 2 porciones de quesitos tipo el caserío (yo una grande)


Notas:
  1. Este paté lo hacía mi madre y creo recordar que era una receta sacada del recetario de la thermomix. No estoy segura pero la empezó a hacer por aquella época. 
  2. Sé que las alcaparras no son muy populares pero son imprescindibles. Le da un toque fantástico. La cantidad de anchoas depende de cuanto salen. Precaución porque el paté soso tiene remedio, salado se echará a perder. 


Preparación:
  1. Tritura todos los ingredientes juntos.
  2.  

Gofres de chocolate al estilo selva negra

Hoy es el día internacional de la mujer y yo estreno lavadora. Sé que suena fatal pero así es. La vida cotidiana tira para un lado y las grandes hazañas para otro. Mi antigua lavadora decidió hace unos días despegar y nos abandonó para siempre. Solo ahora, viendo centrifugar a la nueva sin dar ni un ruido es cuando tomo verdadera conciencia de hasta qué punto exprimimos a la pobre anterior que en sus últimos meses se asemejaba más a uno de esos cohetes que lanza la NASA haciendo la cuenta atrás. De hecho, en su última intervención nos montó el espéctaculo por todo lo alto, dando botes y rebotes a lo bestia, sin pudor y sin vergüenza alguna. Nos dijo ahí os quedáis cochinetes, que anda que no me habéis dado trabajo, familia.

La nueva es como el cuadro de manos de la Enterprise. Ocho lucecitas encendidas para un lavado normal, 16 programas adaptables a elegir, programas cortos, minis, higiénicos, ecológicos, doble aclarado, termostato silencioso que nada tiene que ver con la kla-klá tras kla-klá del anterior mando que si se me iba la olla y le daba un klá de más decía que nones, que le diera la vuelta entera a la kla-klá y que más tino a la hora de darle al 3 o al 4 que sino me penalizaba de nuevo a dar la vuelta entera. Y encima programable. Te vas de casa y le dices, en 8 horas quiero que me tengas la ropa recién lavada para tenderla bien fresquita sin que me coja mal olores y la muy bruja te lo hace. Tiene Aquasafe -ni idea- 12 años de garantía y es de bajo consumo. Es marca nacional y no se la hemos comprado a una multinacional sino al técnico local que es un tipo estupendo con el que ya estuvimos en tratos cuando el frigorífico decidió perder gas. Sus precios son algo más elevados porque no puede competir con gigantes como Media Mark pero viene a casa a enseñarnos las marcas, nos asesora, nos recomienda, nos la trae, nos la monta y se lleva la vieja. Y lo mejor, nos la garantiza. Cualquier ruido y él viene y se encarga. Mira, en otras cosas bien está ahorrar pero aquí es bueno hacer un esfuerzo y contribuir a que estos profesionales no desaparezcan, que no se los zampe una gran superficie impersonal y canalla que te vende churras a merinas con eso de que nadie vende más barato. Y mira, nos la ha instalado en un momentín, sin que se salga el agua de la manga -tela la lata que nos dió la anterior- sin encharcamientos y sin oirle al Günter despotricar cual poseso. Calidad de vida para el que compra y el que vende. Me gustan los negocios así.
Y mientras ella centrifugaba y yo tendía, el día me ha dado para mucho. Cosas muy bonitas se han compartido hoy por las redes y a ratillos, he ido leyendo algunas historias relacionadas con este maravilloso homenaje. Inicialmente, se celebraba el día de la mujer trabajadora pero con el paso de los años las reivindicaciones han ido creciendo, así como las denuncias de desigualdad e injusticias de sexo, ideal que no sugiere que las injusticias hayan aumentado en estos cien años largos, no, sino que gracias al cielo, hoy en día son muchas las personas y los medios que luchan por acabar con la explotación y vejación femenina que con tanto arraigo y empeño hemos sembrado a lo largo de los siglos.

Así pues, mientras yo me maravillaba de mi lavadora supersónica, en 1909 cientos de mujeres en Nueva York protestaban por las penosas condiciones de trabajo en las fábricas textiles -las llamadas las camiseras- que fueron a la huelga reivindicando mejores salarios -eran de miseria- y mejoras en las condiciones de seguridad y salud en las fábricas. No fueron escuchadas por los magnates ni por el gobierno pero las protestas se extendieron por otras ciudades estadounidenses y llegaron a Europa. Un año más tarde, en Dinamarca, en el II Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas, se acordó celebrar cada 8 de marzo el día de la mujer trabajadora como homenaje al coraje y determinación demostrado por estas mujeres.
La tragedia, o la vida que se ceba siempre con los mismos, quiso que un año después, en 1911, también en el mes de marzo, una fábrica de camiseras ardiera llevándose por delante a 123 mujeres, crías en su mayoría de entre 14 y 23 años de edad. Este terrible suceso obligó al gobierno norteamericano a reformar las normativas de seguridad y salud en la industria textil pero para estas trabajadoras y sus familias fue demasiado tarde.

A la lucha por las paupérrimas condiciones de trabajo se sumaron las sufragistas, la lucha por conseguir el voto, el ingreso a las universidades, el derecho a la educación y poco a poco, por la defensa de los derechos universales de las mujeres. Mucho queda por hacer, es cierto, pero todo lo que poseo, se lo debo a ellas. 


Ingredientes para 10 gofres:
  • 3 huevos
  • una pizca de sal
  • 100 gr. de azúcar morena
  • vainilla
  • 40gr. de cacao puro
  • 250 gr. de harina repostera
  • 1 cda. de polvos químicos de hornear
  • 250ml. de leche 
  • 70gr. de mantequilla (usé 50ml. de aceite suave)
  • un poco de mantequilla para frotar la plancha de gofres

Ingredientes para la crema de cerezas:
  • 1 bote de cerezas sin endulzar
  • el zumo de las cerezas (son 125ml. de zumo)
  • 2 cdas. de azúcar
  • 1/2 sobre (20gr.) de pudding de vainilla

Ingredientes para la crema:
  • 250ml. de nata para montar
  • 50gr. de queso mascarpone
  • 2cdas rasas de azúcar glass
  • virutas de chocolate


Preparación:

  1. Pon todos los ingredientes juntos y los bates con ayuda de la minipimer. 
  2. Calientas la plancha de hacer los gofres. Justo antes de verter la masa, unta las placas con mantequilla.
  3. Vierte masa hasta cubrir las placas, cierra la plancha y espera a que se doren. Consumir aún tibias.
  4. Para la crema de cerezas, mezcla el azúcar con el polvo para pudding, lo añades a un cazo con el zumo de cerezas y lo pones a fuego medio hasta que espese la crema. Mezcla la crema con las cerezas y deja que enfríe.
  5. Para la crema de nata, monta la nata junto con el azúcar. Cuando esté montada pero aún bastante cremosa, añade el mascarpone y las virutas de chocolate. Mezcla brevemente para que no se pase el punto de la nata.

Crema de calabaza y manzana asadas

Bastante lectura ha caído desde la última vez que te conté acerca de lo que andaba leyendo y es que, como parte del proceso desestresante a favor de recuperar el disfrute perdido en que andamos sumidos en casa desde que Gü está de baja, una de las medidas reformistas que me he aplicado a mí misma ha sido la de no arrinconar la lectura solo al cuarto de hora previo de caer en la cama rendida, con el cerebro congestionado por las mucosidades del día y dispuesta a roncar al más puro estilo marmotil sin apenas haber cogido el hilo de por dónde iba.  Ahora religiosamente, como si de ganarme el cielo o merecerme arder en el infierno dependiera, me tomo un rato más o menos largo -una o dos horas, algo que hoy en día es un lujazo- para leer a pierna suelta, con luz del día, a media tarde, llenando mi cabeza de palabras, hechos, vidas y circunstancias nacidas de las mentes retorcidas de las más ilustres plumas de nuestro pasado. Sí, también leo de vez en cuando algún presente continuo aunque últimamente pocos contemporáneos me llaman la atención. Me propuse hacer renacer en mi imaginación a los tres mosqueteros, las obras completas de Jane Austen, Dumas o Conan Doyle. Me puse en la piel de un cosaco gracias a La hija de capitán, rocé la locura con El coronel Chabert y me devoró la pena leyendo a Pardo Bazán...
Ahora estoy enfrascada con la historia de Marguerite -cortesana conocida en París como la dama de las camelias- y el joven Armand. El cine, el teatro y la ópera nos han contado infinidad de veces su maravillosa historia de amor donde sus frases célebres han inundado internet y más de una pared. Pero lo que no sabía hasta que metí el ojo al libro, es la dulzura con la que Dumas introduce la historia, advirtiendo al lector que se trata de una historia verdadera donde cambia nombres y algún detalle para no delatar a sus protagonistas. Como es lógico, no dejé pasar la invitación de curiosear y buscar a la verdadera dama de las camelias y gracias a Mr. Google he sabido que se hizo llamar Marie -aunque su verdadero nombre era Alphonsine- y que efectivamente era una cría bellísima a quien la dura existencia que le tocó en suerte no hizo de ella un ser miserable y despiadado. Muy al contrario, su belleza embelesaba a sus amantes y su corazón los capturaba para siempre, haciendo que los caballeros que la llegaron a poseer, hubieran lamentado tarde o temprano el haberla abandonado.

Y a pesar que Alexandre nos asegura que será fiel a la realidad nos engaña en varias ocasiones. La más notable, al hacernos creer que Marie murió sola y abandonada por todos, embargada su casa y sus bienes mientras ella expiraba el último aliento de vida. No fue así. Su entierro fue muy concurrido y su esposo, un conde ruso que se casó con ella después de ser abandonada por sus amantes -entre ellos, el propio Dumas- no se separó de su lado desde que la enfermedad se agudizó y la mantuvo postrada en cama. Se mantuvo fiel y servicial no a Marie la cortesana, sino a Alphonsine, aquella joven de 24 años que con 13 fue obligada a prostituirse por su propio padre y que llegó a la capital francesa junto a unos gitanos que se la habían comprado al borracho de su padre.  
Ningún hombre de honor reconocería abiertamente que es un canalla y menos en aquella época de pudores sociales donde solo los pobres eran menos respetables que las cortesanas. Alexandre dejó a Marie a través de una bonita y concisa nota aunque detrás de su despecho ocultaba una verdad carente de delicadeza. Su abandono fue producto del miedo a ser contagiado por tuberculosis y para que no se cuchicheara mucho sobre el asunto, puso pies en polvorosa acompañando a su padre -el Alexandre Dumas de Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo- de viaje a España. Ni siquiera estaba en París cuando un amigo le anunció la muerte de Marie. Sufrió al saberlo y su amor -o el recuerdo de su falta del mismo- hizo que una espina se le clavara en el alma, la cual no pudo extraerla hasta que escribió su Dama de las camelias.  
Querida Marie,
No soy lo bastante rico para amarte como quisiera ni lo suficiente pobre para ser amado como quisieras tú. Olvidemos todo entonces, tú un nombre que debe serte casi indiferente, yo una felicidad que se me hace imposible. Es inútil decirte cuánto lo siento porque tú sabes bien cuánto te amo. Entonces, adiós. Tienes demasiado corazón como para no entender el motivo de mi carta y demasiada inteligencia como para no perdonarme.
Mil recuerdos.
30 de agosto, a medianoche.
A.D.
Y así es como entendí esa dulzura moralista que rezuma el comienzo del libro. Sabiendo ahora lo que sabía, he regresado a esas primeras páginas y las he leído, ésta vez, con  la compasión que inspira el detectar el remordiendo de quien no tuvo valor de amar más y mejor. Alexandre ha dejado en sus escritos reconocida memoria de cuán culpable se sintió siempre de sus locuras de juventud. El recuerdo de Marie parece que siempre estuvo a su lado. Lo que nadie sabe ahora, es si las camelias, que nunca han faltado en la lápida de mármol blanco que acompaña a Alphonsine en su viaje eterno, llegaron anónimamente cuando la Dama de las camelias se hizo célebre o si ya antes, algún enamorado penitente, comenzó tan bonita y romántica rutina. Sea como fuere, Marguerite, Marie y Alphonsine son amadas eternamente gracias a un libro.


Ingredientes:
  • Más o menos 800gr. una vez pelada y sin pepitas
  • 2 manzanas
  • 1 litro de caldo (incluso algo más)
  • 1 cebolla
  • 2-3 dientes de ajo
  • Un chorrito de aceite de oliva
  • Sal y pimienta
  • Opcional: un vaso de leche para suavizarla

Preparación:

  1. Precalienta el horno a 200ºC.
  2. Pela y corta los ingredientes (la manzana no es necesario que la peles) y las colocas en una fuente de horno con un chorrito ligero de aceite. Hornea hasta que la calabaza esté blanda.
  3. Pon el caldo con las verduras asadas a calentar. Salpimienta y pasa por la trituradora. Añade la leche si optas por suavizar el sabor. Lista para servir.


Pastel cremoso y ligero de manzana

Simon Sinek es un tipo muy majo que se hizo famoso hace unos años por dar una charla y hablar de su circulo. El circulo dorado. Mira que a lo tonto algunos llegan y besan el santo. El tipo no gasta mucho en rotulador cuando expone su idea: un circulillo pequeño, en el centro con un why, otro más grandote que lo rodea con un how y el requete grande y exterior con un what. Imagino que sus oyentes, en ese momento, se echarían las manos a la cabeza con vaya con este cantamañanas que viene a reinventar la piruleta. Pues sí. Lo hizo. Ha marcado un antes y un después en los conceptos marketinianos del planeta tierra.

Te cuento como funciona el círculo. El exterior, la corteza, es el facilón que todos sabemos hacer. Tenemos un lugar, un puesto, sabemos qué nos venden y qué compramos. Danone yogures, Virgin vida loca y Microsoft tecnología. Esto es el what, el qué de las cosas. Cuando se profundiza la cosa se complica un poco. Cómo (how) hacemos para tener éxito. Esto es algo que nos convierte en especiales, en saber hacer bien las cosas frente a los que no dan pié con bola. A veces por instinto, por formación o porque te lo curras mogollón. Si estás en el sitio adecuado, en el momento adecuado, con los fondos adecuados, con la gente competente y tienes un producto requetecojonudo, ¿significa que el proyecto tendrá éxito? Sabemos que no. ¿Y dónde está la madre del cordero? en el why, eso es. El porqué de las cosas... de niña yo tenía una enciclopedia que se llamaba así pero iba de otra cuerda.
Y es que es el why el meollo de todo, la leche sin manipular y sin viajar en silos. Muy poca gente en el mundo sabe entender el why simplemente porque no es un tema que llegue con manual de uso. Cuando preguntas a un directivo por qué haces esto, casi el 100% contesta para hacer dinero y con un poco de suerte ser no sólo rico sino también famoso. Y todos nos dábamos por contentos con esta respuesta hasta que llegó el Simon con su círculo y con un par de canicas se plantó en el escenario y dijo: Pues no, ese (el éxito) es el resultado. Yo pregunto por el porqué. Y aquí es donde se lió parda. El tipo profundizó en el lado humano del negocio. ¿Quién está triunfando? la gente que conecta con las emociones de las personas, con sus ideales y principios. ¿Apple revolucionó porque Steve Jobs era más majo que Bill Gates? no, de hecho un Macintosh jamás le hizo competencia a un PC. Llegó el Steve y se metió al personal en el bolsillo conectando con la gente que deseaba un mundo mucho más fácil, sencillo y bello. Algo fácil de usar, respirando diseño por todas partes y a vivir la vida que son dos días. Llegó a las emociones, al concepto de calidad de vida de las nuevas generaciones. Lo mismo hizo Richard Branson primero con Virgin Records y ahora con Virgin Galatic o mi paisano aquí en Estiria Dietrich Mateschitz con su Red Bull. Todo ellos han usado y transmitido el verbo sentir en sus mensaje publicitarios. Y por encima del verbo, la clave está en el comportamiento en sí, porque al fin y al cabo es éste último quien toma las decisiones en nuestro cerebro. Un buen slogan hace famosa una marca pero la decisión de comprar, usar o contratar nace de lo que nos hacen sentir. 
Pero el why necesita de algo más. No funciona solo con sentir, con tener alma. Se necesitan personas que lideren. Los líderes tienen el poder, la autoridad. Se les respeta por eso aunque pensemos que son canallas. Pero en cambio, los que lideran nos inspiran. Con su why nos dicen "eh, no tienes que hacerlo si no quieres" pero los seguimos -vaya si lo hacemos- porque lo deseamos, porque nos apetece y ¡qué caramba! porque nos da la gana. Y como suele pasar con todo lo inspirador, hacen que las personas de a pié, los how de este mundo, les de por comenzar a usar el "¿por qué?" y así, inspirándose primero en ellos mismos, hacen lo propio con los que vienen detrás. Es por esto, por lo que en las últimas décadas están pasando tantas cosas. Casi siempre censuramos y criticamos a los what por hacer mal uso o desmedido de las cosas pero la grandeza de todo lo que nos acontece, es que hay un movimiento inspirador que hace que hagamos cosas bonitas.

Mi blog es un ejemplo. Y la importancia de las manzanas en él, es una de las respuestas principales a mi why en la vida:-)

Pero no era esto lo que te quería contar. Ya sabes como me desvío de la ruta. Yo me acordé de este tipo porque hace un par de días ví esta entrevista suya donde analiza de forma brillante la generación Millennials, la que aquí en España se les ha dado en llamar -con tan poco acierto,- la generación ni-ni. Su exposición es precisa y muy bien planteada y sobre todo, no solo culpa de sus errores a los jóvenes que la componen sino que nos pasa por la trituradora a los padres y adultos que los hemos criado así. Muy muy interesante.


Ingredientes: (para 6 raciones)
  • 100gr. de azúcar
  • 50gr. harina (uso de molienda rústica con cáscara y germen original)
  • 2 huevos
  • vainilla a gusto
  • ralladura de naranja o de limón
  • 1/2 cta. de polvos de hornear
  • 50ml. de aceite suave (no oliva ) o mantequilla derretida
  • 100ml. de leche
  • 4 manzanas (400gr. mínimo)

Notas:
  1. Explico la receta de la manera rápida y facilona que es como yo la hago. Es cierto, que con algo más de mimo quedaría más resultona pero lo cierto es que si algo me gusta de ella, es como en un abrir y cerrar de ojos tienes un pastel maravilloso en el horno.
  2. Las cantidades de este pastel no son muy generosas. Para nosotros está fenomenal pero cuando tengo visita aumento las cantidades. Lo que hago es añadir como extra la mitad de las cantidades (50gr. de azúcar, 25gr. de harina, 1 huevo, etc.) 
  3. Nota añadida el 11-02-2017: a mi querida María le ha fallado este pastel. De sabor rico pero textura como de pudin para comer con cuchara. Muy amablemente, me ha hecho fotos de su masa y así hemos visto que el fallo estaba que la manzana se había quedado completamente triturada. Mi consejo es que si tu procesador (creo que era la thermomix) no puede trocear, es mejor hacerlo a mano.  Lo hemos intentado arreglar duplicando la cantidad de harina (ella está usando harina de arroz integral) para conseguir un pudin espeso tipo bizcocho húmedo.

Preparación:
  1. Precalienta el horno a 180ºC.
  2. Usa un procesador de alimentos si quieres simplificar la preparación. Pon en el procesador todos los ingredientes juntos menos las manzanas que pelaras y quitarás las semillas previamente. Añade las manzanas y tritura apenas 3-5 segundos para que no queden los trozos demasiado pequeños.
  3. Pasa la masa a un molde previamente enmantecado y enharinado para que no se pegue. Hornea hasta que esté bien cuajado (unos 40 minutos)